Los personajes de Naruto no me pertenecen son de Masashi Kishimoto.
Capitulo 11: Admitelo
"Espero un reporte semanal sobre mi escritorio."
Gaara.
-¿Y esto, Temari? –Mei señalo la nota que reposaba arriba de un flamante chaleco sobre la mesa.
-Supongo que es para ti. ¿Quién rompió el uniforme en batalla antes de comenzar a trabajar? A parte, la mía decía: "No me importa que estés enojada. Cumple con tus obligaciones." –Respondió con tono burlón moviendo sus manos en el aire como si la nota estuviera escrita allí. – ¡Como si él no se hubiese quitado de encima lidiar con ese…! ¡Haaay!
-¿Quién? ¿Naruto? …No es tan complicado, solo háblale de Ramen…
-¿Cómo le hablas a alguien de comida cuando lo que debe tratarse es la relación comercial que mantenemos entre aldeas?
-Pregúntale a Sakura o a mi padre ellos te lo van a explicar mejor. –Re ojeo la prenda dubitativa. –Es extraño. Lo vemos todos los días ¿Por qué dejarnos notas?-Cambio la conversación a la vez que tomaba la ropa y se la colocaba sobre una prenda de red azul.
-No sé, Gaara hizo cambios en su agenda, puede que haya salido de la villa. –Respondió señalando el libro que se encontraba en un anaquel. –Pero no me molesta… ¡cuanto menos vea a cualquiera de esos dos mejor!
Se dirigió a la repisa y tomo el objeto. Temari estaba en lo cierto, todas las actividades programadas habían sido repentinamente suspendidas por un lapso de tres días comenzando desde esa tarde... Lo coloco en su sitio y tomo el pesado libro que se encontraba debajo: "Breve historia de Sunagakure".
-¿Ya te vas? – cuestiono la rubia. –Todavía no desayunaste.
-Voy a comprar algo por el camino. No quiero llegar tarde en mi primer día… Te veo a mediodía, supongo que vas a ir a despedir a Shikamaru…
-Sí. Nos vemos luego.
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Lo tenía sentado frente a él. No hablaban a solas desde aquella tarde en Konoha en la que la había elegido. No parecía molesto. Solo guardaba silencio... Descubrió su ojo y bajo la máscara, la situación lo ameritaba. Podía contar con los dedos las personas que conocían su rostro… ahora existía alguien más. Bajó la mirada subiéndola casi de inmediato, fijándola en el muchacho.
-Todavía te debo una explicación acerca de lo sucedido. Y quiero dártela antes de irme. –No parecía él, habló sin dudas y sin rodeos ostentando una gran seguridad en su voz.
Gaara cruzo los brazos y se echo contra el respaldo de su gran sillón de escritorio sin quitarle los ojos de encima.
-No. Déjalo así Kakashi... Hable con ella. Se lo suficiente como para cerrar el reporte. Los detalles son innecesarios y no me incumben. –Acoto con frialdad.
-¿De veras crees eso? ¿Acaso no lo escuchaste? –El hombre del Sharingan frunció el entrecejo al tiempo que dibujaba una sutil mueca de evidente insatisfacción en su rostro.
El muchacho suspiro regresando a su posición inicial erguida y con los codos sobre la mesa.
-Si te refieres a tus nietos… –respondió con cierta resignación –por el momento, yo no me preocuparía por eso.
El ninja de Konoha reemplazó la mueca por una leve sonrisa.
-Ella va a ceder, solo debe poner su mente en orden.
-¿Como lo supiste? –le devolvió la risa, no esperaba terminar hablando de eso pero él parecía saberlo todo.
-Es mi hija, la conozco mucho más de lo que ella misma se conoce… Lo supe apenas vi como se trataban. Es una chica complicada, no suele tomar decisiones si en algún punto las cree incorrectas, o disfuncionales... Que algo salga del camino que considera que debe seguir la enloquece. Y eso es lo que le pasa ahora.
-Tienes permiso para irte con Naruto en unos días más. ¿Por qué lo haces ahora? –Cambio radicalmente el incomodo tema.
-Un escuadrón debe salir y regresar completo… En primer lugar, no me gustan las excepciones. Y en segundo, ella ya no me necesita, me aseguré de dejarle en que pensar.
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El calor resultaba más que agobiante. El próximo cambio de estación en lugar de mejorar las cosas preludiaba ser catastrófico. Tomo unos shorts y un corto vestido blanco con breteles. Ató su cabello en una coleta, la tarde era demasiado sofocante como para tenerlo suelto, y dejo la bandana sobre la cómoda observando el símbolo grabado en ella detenidamente. "Ya no eres un ANBU ni perteneces a Konoha. Recuérdalo".
–Sunagakure no sato –Se filtro entre un suspiro frente al espejo –Va siendo hora de que lo aceptes, Mei.
Asió el recientemente escrito pergamino entre sus manos y se dirigió a la salida. Estaba fuera de servicio y su semana había sido bastante buena. Kakashi partió ese mismo lunes, como siempre dejándola con más dudas que certezas, aunque a decir verdad no esperaba mucho de él, su constante parsimonia la desesperaba, pero el amor ( a veces disimulado con indiferencia )que le profesaba era tan grande que eso carecía de importancia... El grupo de diez alumnos resulto bastante prometedor pero necesitaban entrenamiento duro. Por otra parte, luego de dos días de eternas discusiones, y tras la intervención piadosa de Sakura, Naruto y Temari habían logrado entenderse un poco, no fue mucho pero si lo suficiente como para que la impaciente rubia deje de intentar matarlo de una vez por todas…
La temperatura, la golpeo haciéndola retroceder al abrir la puerta, estaba oscureciendo y, sin embargo, el calor no cedía. Deseo quedarse pero debía entregar su reporte semanal, por lo que decidió enfrentar las dos calles que la separaban de su meta… Pensó en él, no lo había visto a solas desde aquella noche, mejor dicho, no lo había visto salvo por ese momento en la casa de sus huéspedes en la que había sido hosco y rotundo con ella.
-¿El Kazekage se encuentra en su oficina? –Pregunto a la chica cuyo escritorio se encontraba en el pasillo.
-No, Mei sama. Acaba de salir. Creo que se dirigía hacia la azotea.
-Gracias Natsumi.
Subió dos pisos más. Estaba apoyado en el barandal contemplando la ciudad.
-¿Qué haces aquí? –Dijo sin apartar la vista de la villa.
-Vine a entregarte el reporte semanal que me pediste.
-Pudiste haberlo dejado en la casa.
-Hace rato que no la pisas… Quería que lo tuvieses a tiempo. –Respondió acercándose a su lado y extendiendo el pergamino.
Lo tomo, viéndola por primera vez luego de mantenerse alejado por varios días.
-No te ves bien. ¿Tomaste la medicina?
-Faltan dos horas… No es nada y ya voy de regreso. –Se dio la vuelta dispuesta a emprender el retorno. "Así que te enamoraste ¿Eso estaba en tus planes?".La frase estrujó brutalmente su pecho haciéndole difícil respirar –Maldición. –Mascullo en voz sumamente baja.
-Sígueme. –No espero respuesta se adelanto a ella enseñándole el camino. Bajo un piso. Se detuvo ante una de las once puertas que allí se encontraban y la abrió. –Puedes quedarte aquí hasta que te sientas mejor. En una hora un shinobi va a acompañarte.
El lugar era una barraca, estaba limpia, acomodada y con señales de su presencia allí. La gran calabaza y el chaleco que solía sostenerla se encontraban en un rincón cercano, mientras que una de sus túnicas pendía de un improvisado perchero a su lado, y varios libros y pergaminos yacían esparcidos en un gran escritorio junto a la ventana.
-No. Gracias. Mejor vuelvo a casa. –Espeto intentando desandar sus pasos.
-No lo entendiste… Es una orden. ¡Quédate aquí! –Pronuncio con voz firme pero suave apoyando su mano en el marco de la puerta evitando que la abriera, dejándola entre él y la pared.
-Hace cinco días que no nos vemos. Desapareciste ¡No finjas que te preocupo! ¡Solamente vine a entregar el maldito reporte! Estoy bien… ¡Ya deja de jugar conmigo! –vocifero antes de pasar por debajo de su brazo, dirigirse hacia la ventana y golpear con fuerza sus manos en el escritorio para voltear y sentarse en el con la cabeza gacha.
Una mueca traviesa se plasmo en las comisuras del joven. Se acerco dejándola acorralada, colocando una mano de cada lado del cuerpo de Mei sobre la mesa. Levanto su mentón y la miro a los ojos, parecía asustada, temblaba presa de los nervios que intentaba controlar… La tomo por las caderas y la deslizo bruscamente hacia él obligándola a abrir las piernas para quedar justo en medio, y luego recorrer con su dedo índice lentamente su largo y esbelto cuello.
-¡Pero qué…!
-Sshh. –El dedo interrumpió su recorrido de vuelta para posarse en los finos labios de la muchacha. – ¿Quien te dijo que esto era un juego? –Le susurro al oído mientras una cascada castaña y brillante caía enmarcando su rostro y sus labios seguían el camino que antes había marcado con sus manos… Ella arqueo su espalda haciendo que él se desviara hacia su exaltado pecho trazando espirales con su cálida lengua. Bajando cada vez más, hasta ser interrumpido por la prenda que cubría sus senos... Se incorporo agitado, mirándola fijamente a los ojos, coloco su mano izquierda en la espalda de Mei sosteniéndola y tomándola del cabello, la acerco a su sedienta boca, que busco la humedad de esos labios ajenos con un profundo y excitante beso, correspondido de la misma pecaminosa manera… Gaara sintió con perplejidad como su gabardina era lentamente desprendida por unas manos traviesas, que se deslizaban con suavidad por su pecho, para luego quitarla y seguir con la prenda de red hasta dejar su torso desnudo… Se aparto unos instantes.
-Todavía estas a tiempo de arrepentirte. –Le dijo agitado aun sin poder creer lo que sucedía. Preso del éxtasis que le generaba sentir el cálido cuerpo de su esposa aferrado al suyo por primera vez.
Ella rió con un marcado rubor impreso en sus mejillas, ya no temblaba pero su cuerpo permanecía tenso y su piel se erizaba al compas de las caricias del joven.
-Eso no solucionaría las cosas. –Desato el bretel de su espalda y tomando el vestido por el ruedo lo deslizo hacia arriba deshaciéndose de él. –Quiero hacerlo... Ya no puedo mentirme más. Pero… hay algo que me molesta un poco. –Intento reclamar acariciando el terso y trabajado pecho… Cerrando sus ojos de una extraña manera, casi tímida.
-¿Qué es? –Cuestiono, disfrutando de las sensaciones que el tacto femenino le transmitían con cada roce.
-Que quieras seguir teniendo el control sobre mí. –No pudo moverse más, su cuerpo estático pesaba demasiado. La mano de la muchacha seguía abierta sobre el pero sus ojos, ahora de color violeta, parecían disfrutar su incertidumbre. –No te resistas. –Sugirió al bajar del escritorio, haciéndolo retroceder involuntariamente hasta la punta de la cama, donde al percibir el empujón, logro sentirse ligero nuevamente para caer de lleno en el incomodo colchón. Ella monto de frente en su regazo, exponiéndose completamente sobre su pelvis, percibiendo, uno a uno, los latidos que anunciaban su inminente erección. La tibia y aterciopelada lengua de Mei se deslizo de forma suave desde su cintura hasta el cuello, mientras que sus manos revoloteaban sobre él en sentido opuesto hasta desabrochar el pantalón… Liberando su pétreo pene de su prisión.
-Mei… -El pulso de Gaara se acelero aun mas, los pechos de la muchacha le recorrían la piel mientras ella trazaba con besos el camino de regreso al punto de partida. Para lamer longitudinalmente el miembro erguido y succionar con esmero los pliegues de la pálida y exquisita piel que lo recubría. Haciéndolo gemir y retorcerse. – ¡Ya basta! –La sujeto con fuerza de los brazos y la obligo a voltear quedando justo encima de ella. –Es mi turno. –Observó lascivamente el torso desnudo para luego acercarse y tomar entre su lengua y los dientes el delicado botón rosa que parecía llamarlo al más placentero de los pecados carnales, acariciando el otro con sus precisas y expertas manos sobre su seno. Recorrió cada centímetro de esa perfumada piel dejando, en algunas ocasiones, leves marcas de su paso por ella. Bajo por el eje de su cuerpo hasta llegar al pequeño hueco en medio de su vientre para hacerlo nido de uno de sus más profundos besos.
-Gaara… -Mei no pudo contener el jadeo y los gemidos. La sensación era demasiado sublime como para hacerlo.
La mueca perversa surgió al llegar a lo que le quedaba de ropa, muy poco era lo que lo separaba de su ansiada meta. No se molesto en desabrocharla. Tomo la prenda con ambas manos y las separo con fuerza haciéndola trizas, tirándola a un costado de la cama. Solo quedaba un pequeño y fino obstáculo más que retiro con sumo cuidado a lo largo de sus delgadas piernas y volver por ellas hasta apoyar su boca en la femineidad de su compañera, que estrujaba las arrugadas sabanas entre sus dedos emitiendo gemidos cada vez más audibles.
-Por favor… Hazlo ya. –Suplico tomando su cabello para acompañar los rítmicos y excitantes movimientos de la cabeza del joven que jugueteaba en su intimidad. Subió de golpe por el cuerpo de la chica… penetrándola de una brutal estocada que ella recibió con un sonoro quejido, enterrando las uñas en el cuello y espalda del hombre que la poseía.
-¿Quién tiene el control ahora, Mei? Pregunto riendo luego de terminar en ella, que lo veía fijamente acariciando su Kanji.
-Siempre lo has tenido tú… Gaara.
Despertó aferrada a él. Subió con somnolencia su mirada café para encontrarse con la suya y sentir los cálidos brazos que la rodeaban en silencio.
-Señora Sabaku No… ¿te das cuenta de lo que hicimos?
-El Hatake sonaba mejor. –Se burlo divertida.
-Es en serio Mei, esto implica mucho, te transformaste realmente en mi mujer.
-Estoy jugando a serlo hace meses. Las cosas no cambian demasiado, al menos para mí. –Se incorporo un poco para besarlo en la mejilla con ternura y regresar a su cómodo lugar donde podía respirar el sutil aroma de su sudorosa piel.
-¡Maldición! …Tengo en mi oficina un pergamino que te da la libertad. –Soltó expectante, aguardando una respuesta.
-¿De qué rayos me estás hablando? Le dijo sentándose para verlo a la cara mientras cubría su desnudez con la sabana.
-El desierto te enferma, y el cambio de estación solo empeora la situación. El calor aumenta al menos seis grados durante el día y disminuye abruptamente varios grados bajo cero por la noche… No puedo ser tan egoísta. Te aleje de tu casa de las cosas y personas que amas por algo que ya ni siquiera existe. Ese documento te permite regresar y tomar un puesto en la embajada de Suna en Konoha. Es lo máximo que puedo hacer por ahora.
-Es cierto, el desierto me debilita. Pero Sunagakure, aunque me cueste admitirlo, con el tiempo se convirtió en mi casa, tengo amigos y mi nuevo Kage no esta tan mal. –Afirmo inclinándose y enredando amorosamente sus dedos en el cabello carmesí. –Así que no lo quiero. Salvo que desees librarte de mí.
-Lo único que deseo es despertar y ver tu risa cada mañana. Pero… quiero que lo tengas de todos modos.
-Está bien, sus deseos son órdenes. –Bromeo. Lo beso en los labios y busco su vestido. –Prométeme algo: cuando ella regrese me lo dirás primero.
-Nunca soy el primero en saber quien regresa, Mei.
-No estoy hablando de la villa, estoy hablando de tu vida. –Espeto mientras se vestía.
-Eso no va a pasar. Te lo juro.
-No prometas algo que no vas a poder cumplir. Solo te pido que me lo digas. Nada más.
Me costo mucho pero aquí esta. ¿Por que nadie me dijo que escribir un lemon era tan difícil? Es el primero así que por fa tengan piedad. Ojala les haya gustado. Saludos :)
