Editado: 02/06/2011. Solo corrijo las faltas que veo, pero igual se me pueden pasar. La narrativa la dejo igual, porque así es como yo escribía en aquellos tiempos de niñez (*melancolica*)
MOON GOSHT
Mala cosa es tener un lobo cogido por las orejas,
Pues no sabes cómo soltarlo ni cómo continuar aguantándolo.
(Publio Terencio Afer)
|Capitulo once: Esperanza
Estornudé y un escalofrío recorrió mi espalda. Era un perfecto pretexto para apoyarme más contra InuYasha y que él me brindara todo su calor corporal cuando me pasó el brazo sobre los hombros y sujeta mis manos frías. ¿Podía haber lugar más feliz que este?
Luego de que llegáramos a casa, comprobamos que no había nadie, ni siquiera el pequeño Shippô. Por lo tanto, era la ocasión perfecta para estar apegados el uno al otro sin miradas indiscretas. Me encogí aún más en el sofá y me tapé hasta los hombros con la pequeña manta que InuYasha me había prestado. En la tele, estaban pasando la película 'the others' y yo no podía estar más confundida, ¿Quién era fantasma y quien no? Mejor, me concentraría en cosas que realmente fueran importantes, como por ejemplo; InuYasha.
Levanté un poco el rostro para poder ver su cara, ¿Era posible aburrirse de él? Para mí, era prácticamente imposible. Mi vida —siendo lo más sincera que una mujer de veintidós años puede ser— se dividía en un antes y un después de InuYasha, ¿Cómo había logrado pasar los días cuando él no estaba? Ya no podía recordarlo. Y si lo hacía, era como un ver una película casera vieja, donde todo es gris y deprimente.
La conversación de ésta tarde me hizo por fin, luego de muchos mareos, mariposas en el estomago y fuertes ganas de besarlo, entender que todo lo que había sentido hasta el momento era simplemente una palabra. Fruncí el ceño y arrugué la nariz, ¿Cómo podía ser malo sentir lo que estaba sintiendo? ¡Totalmente absurdo! No había nada realmente malo en sentir esto. Si hasta el momento, ellos solo se casaban entre ellos, era por esa tonta regla que impedía que las 'razas' se juntaran, porque estaba un 99,9% segura de que habría más de una pareja mixta a estas alturas.
—No entiendo como pueden haber reglas tan tontas —dije totalmente fuera de contexto, pero las palabras salieron como veneno de mi boca. InuYasha se acomodó un poco para poder mirarme, su mejilla estaba casi rozando mi frente.
—No puedo creer que aún pienses en eso —me dijo casi divertido. Yo volví a fruncir el ceño, ese era un tema delicado, por lo menos para mí.
—Y lo seguiré pensando por mucho tiempo más —claro que lo haría —. Es que es… ¡Tonto!
—Tienes un grabe problema para encontrar palabrotas —rió y yo inflé las mejillas.
—Ese no es el punto. ¡A mí realmente me molesta! ¿A ti no?
—Humm, hay cosas que me molestan más.
— ¿Cómo qué?
—Que sigas pensando en eso.
— ¡InuYasha!
—Lo digo muy seriamente. No te rompas la cabeza pensando en eso, es 'tonto' —sonrío.
—Siento que soy la única que realmente esta sintiendo… esto —me encogí de hombros y me separe un poco de él. Hasta ahora, el rechazo jamás había formado parte de mi vida. O así es como yo lo tomaba.
Ahora comenzaba a tener dudas, ¿Él realmente sentía algo por mí? Y si ese fuera el caso, ¿Rompería una regla que ha estado por millones de siglos en su familia, solo por mí?
Me sentí desconcertada y temerosa al no saber lo que pensaba. Seria demasiado fácil entrar en su mente y saber que era lo que pensaba con respecto a mí, pero lo malo, es que me detectaría incluso antes de poder saber completamente. Y eso ciertamente me irritaba más de lo debido.
Apreté los labios y bajé el rostro, ¿Qué se supone que se debía hacer cuando uno era rechazada? ¿Correr a casa de su mamá y llorar mientras le cuentas todas tú penas? ¡Error! Estaba a horas de distancia de mi madre. Y en ese pueblo no conocía a nadie además de la familia de InuYasha, ¡Ni siquiera había salido de la casa a la ciudad desde que llegué! ¿Cómo se supone que corra y me esconda en el regazo de alguien que ni siquiera conozco?
— ¿Sentir esto? —preguntó tan bajillo que su aliento acaricio mi cara. Con sumo cuidado, tomó mi mentón y me hizo mirarlo. Quede prendada a sus ojos en ese preciso instante.
—Esto —asentí más inconsciente que consiente. Él sonrío de lado.
—Ya, pero ¿Qué es 'esto' precisamente? —volvió a hablar bajito. Una parte de mí subconsciente gritó que estaba cayendo en su telaraña, pero estaba demasiado inconsciente como para saber a que se refería.
— ¿Amor? —pregunté más que afirmando. No sabía específicamente a que lugar quería llegar.
— ¿Amor? —me preguntó y acaricio mi mejilla. Lo áspero de su mano me hizo cosquillas.
—Sí —asentí levemente. Si no estuviera sentada, ya estaría desmallada en el suelo.
— ¿Entonces ti sientes 'esto' por mí? —Ya, ¿Era totalmente necesario preguntarlo? Y más aún ¿Era necesario responder? Por lo profunda de su mirada y el creciente silencio incomodo que estaba entre nosotros, debía suponer que sí era necesario. Cerré los ojos y tomé un gran bocado de aire y los volví a abrir para contestarle. Pero su mirada no miraba la mía, si no más bien a través de mí. Volteé levemente para encontrarme con Shippô, a través del pasillo y con un helado a medio comer en la boca. Nos miraba sereno, aún saboreando su helado y sin expresión de asombro en el rostro. No atine a nada más que saludarlo con la mano, él me sonrío de lado y me devolvió el gesto caminando directamente al televisión y prendiendo su juego de video. Ahora recordaba que en algún lugar de toda esta historia, estuvimos viendo una película.
Miré nuevamente a InuYasha, él también me miró y quedamos en esa posición por unos segundos. Izayoi entro con un montón de bolsas en las manos, y dijo:
— ¡Jo! ¡La segunda guerra mundial se estaba repitiendo en el mercado! ¡La rebaja de carne es una verdadera bomba! —entonces, InuYasha y yo comenzamos a reír sonoramente sujetando nuestros costados. Esa escena era como una telenovela de clase barata donde los protagonistas nunca podían estar juntos sin que los interrumpieran —.Ya, ¿Qué bicho les picó? ¿Es acaso la rebaja de la carne alguna broma que no entiendo?
—No, no es eso —pudo decir InuYasha controlando su carcajada. Yo poco a poco fui tranquilizándome —.En realidad, no es nada. Quédate tranquila.
—Si tu lo dices… —arrugó la nariz. Hasta el momento, no me había dado cuenta lo joven que se veía Izayoi. Las arrugas de la edad solo se marcaban cuando reía o hacía algún gesto — ¿Por qué Kagome esta tan roja? —preguntó mirándome. Me encogí de hombros.
—Tenía algo de fiebre hace algunos momentos —contestó InuYasha y puso su mano sobre mi frente. Una quemazón surgió en ese lugar —. Pero ya no tiene, creo. Probablemente aún tenga pero no mucha.
— ¿De verdad? Déjame ver —dejó las bolsas en el suelo y caminó hacía nosotros. Se sentó a mi lado y alargó sus manos para tocar mis mejillas y mi frente. Me recordó a mi madre—.Hum, ¿Puedo tocar tu estomago? —parpadeé, y asentí. Levanté un poco mi camisa y dejé que su tibia mano tocara mi estomago. Absolutamente me recordaba a mi mami —.Tú cuerpo tiene la misma temperatura, no tienes fiebre. Pero es mejor ir por medicina —miró a InuYasha —. InuYasha, querido. ¿Puedes ir a la farmacia por algún medicamento para resfriados? —volteó a verme —. Como sabes, es muy difícil que alguno de nosotros se enferme. Por eso no tengo medicamentos.
—No es necesario. Solo es un resfriado pequeño por el cambio de clima. Ya pasara.
—Aunque digas eso, todavía así no puedo dejar que te pase a mayores —dijo firmemente —InuYasha, por favor.
—En seguida —respondió poniéndose de pie, y cuando lo hizo, ambos nos dimos cuenta que estábamos sostenidos celosamente de la mano. Izayoi miró la unión entre nosotros por unos segundos. Me sonrojé furiosamente y solté su mano, entonces, un pensamiento cruzo por mi mente.
— ¿Puedo ir?
— ¿Qué? —preguntó InuYasha — ¡Pero si voy precisamente para que no te enfermes más!
—Pero… —me encogí de hombros.
—Kagome, amor ¿Por qué no te quedas aquí y yo te preparo una sopa de pollo? Así podremos hablar y platicar para conocernos más.
—Yo… —la miré y miré a InuYasha. En realidad, lo único que quería era estar con él –y salir un momento de la casa- pero, poniendo mi mejor cara y mi mejor voz de sinceridad, le sonreí —. Me encantaría —no era mentira, pero tampoco era una verdad.
—Genial —me devolvió la sonrisa y se levantó —. Iré a prepararte la sopa ahora mismo.
—Gracias.
—Yo voy partiendo —escuché decir a InuYasha y me despedí con la mano. 'Solo serán unos momentos' me repetía.
De un momento a otro, estaba sola en el salón con Shippô y el ruido del videojuego. Me puse de pie, y caminé un poco hasta sentarme junto a él. Era el único miembro de esa familia con la que aún no tenía una cierta 'amistad' y lo mejor para una buena convivencia, era empezar ahora.
Lo miré detenidamente encontrando enseguida sus ciertos rasgos parecidos a InuYasha. Para comenzar, la nariz, recta y empinada en la punta, después, la forma de sus cejas que siempre le hacía parecer enfadado o serio. Y lo que más me llamó la atención –ya que fue muy raro que no lo hubiese notado antes- el color de sus ojos. Azules con tintes dorados, pero a diferencia del azul eléctrico que tenían los ojos de InuYasha, éste era oscuro. Era como mirar el mar en su parte más profunda. Podían llegar a ser tan o más llamativos que los de su hermano.
— ¿Qué juegas? —le pregunté amistosa. Luego de encontrar todas sus similitudes con InuYasha, cuando se volteo a verme para contestarme, no pude no encontrar las miles y una similitudes que tenía con Miroku.
— 'Destrucción en la calle 13 parte 2' —me respondió con la admiración que solo un niño podía tratar a un juego.
—Ohh… ¿Y de que se trata? —error, yo no entendía nada de esos juegos. Pero bien no perdía nada en probar.
—Matar zombies —ya. Claramente InuYasha no era el único con el instinto de matar tan desarrollado. Miré la pantalla en el preciso momento en que un zombie explotaba y la sangre saltaba. Sí, InuYasha no era el único — ¿Quieres jugar? —me extendió el otro mando.
—Yo… no creo que pueda. Jamás he jugado. ¡Debo de ser pésima! —reí de lado y Shippô también lo hizo.
—Se puede intentar —me dijo. Arrugué la nariz e intenté sonreír.
—Kagome, tu sopa esta lista —me llamó Izayoi y me puse de pie de un salto.
—Sí, ya voy —miré a Shippô — ¿Jugamos después?
—Hecho —me sonrío.
Esperaba que el 'después' fuera mucho, pero mucho 'Después'.
Caminé hasta sentarme en la mesa familiar donde Izayoi me esperaba con el tazón de caldo de pollo humeando. El olor del caldo me recordó nuevamente a mi mamá. ¿Es que todas las mamás eran iguales? O ¿Todos los caldos de pollo eran iguales?
Tomé el primer sorbo y lo sentí cruzar por mi garganta aliviando el pequeño ardor que había comenzado a sentir. Le sonreí a Izayoi y ella me devolvió la sonrisa. Lleve otra cucharada a mi boca.
—Y dime, Kagome ¿Has llamado a tu madre? —me encogí de hombros.
—Aún no…
— ¿Y qué esperas?
—Bueno… quizá… —me mordí el labio y la miré. Al final, solté los hombros —.No quiero que me regañe —ella me miró sin entender.
— ¿No le dijiste que te irías de viaje?
—No es eso. Sí se lo dije y ella aceptó.
— ¿Entonces?
—No me despedí. En realidad, me fugué la noche antes —enarcó una ceja —. Suena tonto, pero era lo mejor para ambas.
— ¿Cómo seria no despedirse una mejor opción? —claramente, ella estaba hablando a punto de madre.
—Ambas, ella y yo, somos bastante… especiales, por así decirlo —y valla que lo éramos —.Estoy segura de que ella también piensa que fue lo mejor. Pero sé que no lo pasará por alto.
—Ya. Lo entiendo —me sonrío de nuevo — ¿Pero la llamaras?
—Sí, tenía planeado hacerlo.
—Bien.
Tomé otra cucharada del caldo. Mi cuerpo lentamente estaba entrando en calor.
— ¿Puedo preguntarte algo? —me miró expectante y yo asentí. Mala idea —. ¿Te gusta mi hijo?
Mi cuerpo se tensó y el caldo que cruzaba por mi garganta se atoro, —como si fuera posible. Comencé a toser levemente golpeando mi pecho, ¿Por qué nunca podía esperar a preguntar cuando yo no estuviera comiendo?
Izayoi se alargó a través de la mesa y me dio una palmaditas en la espalda.
— ¿Por qué siempre te arotas? —me preguntó bastante divertida —. ¿Estás bien?
—Sí —asentí.
— ¿Te incomodó mi pregunta? —y volvíamos nuevamente al tema…
—No —mentí.
— ¿Entonces puedes contestarme? —preguntó calmada.
—Depende —me atreví a decir. Ella me miró curiosa.
— ¿De qué?
— ¿Seria bueno o malo un 'Sí'? —pregunté dudosa y algo temerosa.
—Hum… Buena pregunta —me miró por un segundo completamente seria y yo me encogí en el asiento. Y entonces, cuando yo creía que se transformaría y me atacaría, me sonrío amablemente —. Para mí, no es bueno ni malo que tú estés con mi hijo —eso era un alivio —Pero no sé si para mi marido lo será.
—Genial —repuse bajo. Ella rió y supe que me escuchó.
— ¿Entonces es un sí?
—Creo que es un… 'bastante' —me sonrojé y tomé otra cucharada.
—Ya veo —se puse de pie —. Tengo que colgar la ropa, ¿Te importa si te dejo sola por unos segundos? InuYasha viene a dos metro de la puerta —me sonrío y se marcho. "¿Cómo demonios le hacían para escuchar de esa manera?"
Entonces la puerta se abrió e InuYasha entró con una bolsa blanca diminuta.
—Volví. ¿Me perdí algo interesante? —entrecerré los ojos ¿Él habría escuchado algo? Miré sobre mi hombro a Izayoi que cruzaba por ahí, me sonrío y negó levemente con la cabeza.
—Mamá le preguntó a Kagome si ella te quería —gritó Shippô desde el otro lado de la sala. Volví a atorarme con el caldo.
—Oh… —me miró por un segundo. Arrugué la nariz y no pude pensar en hacer nada mejor que sacarle la lengua— ¿Qué significa eso?
—Nada —respondí cortante y terminé mi caldo. Me levanté y lavé el plato en el fregadero. Tomé un baso de agua y tome la aspirina que InuYasha me había comprado. Luego volví y lo vi sentado en el sofá. Me senté a su lado y me volví a cubrir con la manta que olía a él. Inhalé profundo y relajé todo mi cuerpo. Miré el reloj, las tres de la tarde.
— ¿A que hora llega tu papá hoy?
—No sé.
—Ya debe estar por llegar —dijo Izayoi de la cocina —. Se tomó la mitad del día libre para poder venir con Kagome para hablar.
—Oh, ya —me acerqué a InuYasha — ¿En que trabaja tu padre?
—Es dueño de una fábrica de nieve sintética. Se gana montones en época de navidad.
—Ya veo —no le pregunté como había llegado a ser dueño de ese tipo de fabrica. Lo más seguro es que la haya comprado o heredado —. De seguro nunca han sufrido hambre ¿O me equivoco?
—Bueno, la verdad es que 'siempre' sentimos hambre —me sonrío.
—No sé ni para que pregunto.
Me acomodé mejor en el sofá y miré por la ventana. El cielo tenía pinta de querer llover nuevamente y me pregunte si en San Luis estaría despejado. Y eso me recordaba…
—InuYasha ¿Me prestas tu celular un momento?
—Seguro ¿Pero para qué?
—Quiero llamar a mí mamá.
—Oh. Ya. Ten.
—Gracias —pensé en irme a la habitación pero luego de unos segundos entendí que aunque lo hiciera, todos escucharían mi conversación. Comenzaba a añorar un poco la intimidad. Marqué el número de mí madre. Sonó tres veces antes de contestar.
— ¿Diga? —ah, que bien se sentía escuchar su voz.
—Hola mamá —saludé tímida.
— ¡Oh, Díos! Kagome, hija. Que bueno que llamas, estaba tan preocupada por ti, ¿Estás bien? ¿Estas comiendo bien? ¿Te hace falta algo? ¿Te tratan bien? ¿Cuándo volverás a casa? ¡Te extraño!
—Ya, mamá ¿Más lento sí?
—Ok, me calmo. ¿Estás bien?
—Perfectamente.
—Tu voz suena extraña.
—Me afectó un poco el cambio de clima. Nada más.
— ¿Cambio de clima? ¡Estas en el polo norte!
—No mamá. No estoy con los pingüinos.
—Lo siento. Últimamente mi imaginación vuela mucho. ¿Tomaste algo para el resfriado?
—Sip.
— ¿Te estas quedando en una casa verdad?
—Absolutamente.
— ¡Quiero verte!
—Habrá que esperar mamá —también me moría de ganes de verle, pero estaba total y completamente segura de que ella me diría algo como 'entonces vuelve' y no podría contra eso — ¿Cómo estas tú?
—Estoy lo que se pueda decir de bien —la escuché suspirar —. Pero no te preocupes, me recuperare de tú 'desaparición' repentina.
—Oh… sí, lamento eso. Pero…
—Ya. Está bien, no estoy enojada.
—Gracias —sonreí — ¿Algo nuevo por allí?
—Hum, no sé. Sabes que yo tengo un horario nocturno, pero Gabriel me ha contactado y preguntado si sé algo de ti, Ayumi también me llamó… y Kikyô, o esa niña, me llenó de preguntas.
—Sí, ella es así —miré a InuYasha ¿Cómo él era capas de dudar de mis amigos?
—Pregúntale que era lo que le preguntaba —me susurró muy bajo InuYasha, fruncí el ceño y le susurré que era de mala educación escuchar las conversaciones de otros —. Solo pregúntale —rodeé los ojos, ¿Esto era totalmente necesario?
—Mamá, y Kikyô… ¿Qué tipo de preguntas te hacía?
— ¿Qué tipo? Ahm —hizo una pausa —. Que si había sabido de ti, que donde estabas, con quien estabas, si tenias un celular, ese tipo de cosas.
—Ya, okay —volví a mirar a InuYasha y alejé el teléfono de mi boca —. Ella pregunta lo que toda persona preguntaría.
— ¿Kagome, cariño. Puedes escucharme?
—Sí, aquí estoy.
—Tengo que colgar, acaba de haber un choque múltiple y necesitan toda la ayuda posible.
—Ya, ve. Te llamaré en otro momento. Adiós.
—Adiós.
Colgué y le extendí el teléfono a InuYasha. Lo miré con el ceño fruncido y guardó el celular en su bolsillo.
— ¿Por qué me miras así?
—Por tu desconfianza. Si te digo que mis amigos no son parte de 'ellos' ¿Puedes creerme?
—Creo el hecho de que tú creas en ellos.
—Pero no en el hecho de que ellos son normales ¿Verdad?
—Vamos entendiéndonos —me sonrío y yo bufé por lo alto.
En ese momento, la puerta principal se abrió e Inu No entró con una capucha larga y algunas gotas resbalando de ella. Miré por la ventana, estaba lloviendo de nuevo.
—Hola cariño —le saludó Izayoi dejando un beso en sus labios y volviendo a sus labores. Inu No cruzo la habitación hasta sentarse frente a nosotros. Una parte de mí recordó 'Pero no se si mi marido lo será' e inconscientemente me alejé de InuYasha disimuladamente, pero por la forma en que me miró, supe que lo notó. Intenté parecer indiferente.
—Bueno chicos. Ya estoy aquí —nos dijo y apoyó sus codos en sus rodillas — ¿Algo que decir antes de comenzar a relatar?
Negué rápidamente con la cabeza cuando un sentimiento de pánico me atravesó. Mi estomago comenzó a revolverse y sentí la necesidad de recostarme. Las puntas de mis dedos se volvieron heladas cuando apreté los puños y mi corazón comenzó a latir deprisa.
— ¿Qué pasa? —InuYasha se inclino hacía mi. Claramente consiente de lo acelerado de mí corazón.
—Creo que… creo que ya no quiero saber —le dije bastante asustada.
— ¿Qué? —arrugó la nariz — ¿Por qué?
—Tengo miedo.
— ¿Miedo de que? —me miró con el ceño fruncido, no por enojo, si no por no entender mis palabras.
—De nada —contesté con toda la verdad que pude haber dicho en toda mi vida y él bufó.
—Miedo de nada. Ese es un miedo que no conocía —ahora fue mi turno de fruncir el ceño.
—Bien. ¡Oiré la historia! — ¡No!
Apreté aún más los puños y miré a Inu No que se mantenía sereno y con un sentimiento extraño reflejado en sus ojos. Mi cuerpo comenzó a temblar y tanto consiente como inconscientemente, me acerqué hasta pegar mi hombro al del InuYasha y bajo la manta, tomar su mano. Inhalé profundo cuando Inu No abrió la boca. ¿Por qué estaba tan nerviosa? No, no estaba nerviosa, definitivamente estaba asustada.
—Todo comenzó en Inglaterra, donde la historia aun no puede llegar. Mucho antes de sus primeros manuscritos y todo lo demás. Cuando las islas británicas eran enormes y los indios vivían manteniéndose vivos unos a otros.
Mi respiración se entrecorto. Algo no estaba bien conmigo.
—Y entre muchas de las tribus de esos tiempos, una muchacha fue destacada entre otras. Su nombre significaba esperanza.
'Esperanza' repitió automáticamente mí mentí y algo hizo corto circuito dentro de mí.
De pronto, estaba corriendo entre los árboles de un lejano paisaje. La angustia me estaba llenando el pecho y no podía controlar el dolor de mi corazón. Miles de lagrimas de una agonía interna volaban por los aíres a medida que yo corría. Abrí la boca cuando sentía que no podía respirar, pero solo lograba quemar mi seca garganta.
Me sentía aterrada y, a la vez, humillada. Su rostro se formo en mí mente como si estuviera viéndolo a la cara. Sus ojos negros que me miraban con tanta lastima me hicieron gemir de odio, ¡Como lo odiaba! Me sentía utilizada y tirada como un paño, quería correr tan rápido escapando de él y de todo lo que alguna vez me hizo feliz. En cada paso, mi corazón se rompía lenta y dolorosamente, como si la vida se me estuviera acabando. Ni siquiera sabía como seguía corriendo.
Cerré los ojos sin importarme si pudiera chocar contra algún árbol, era mi ultimo intento por alejarme. La imagen de él apareció en mi mundo negro y, junto a ella, la imagen de mi odio y rencor, ¿Cómo fue capas? ¡Como pudo hacerme esto! ¡Él! ¡Él!
¡Maldito desgraciado! ¡Espero que te pudras en el mismo infierno por todo lo que me hiciste! ¡Espero que sufras aunque sea una milésima del dolor que yo estoy sintiendo!
Las palabras murieron en mi garganta cuando tropecé y me arrastré por el suelo dañando todo mi cuerpo. Abrí lentamente los ojos, las hojas secar estaban amontonadas a mi alrededor y algunas estaban en mi cabello y otras pegadas a mis rodillas sangrantes. Me volteé hasta quedar mirando la estrellada noche. Y de un segundo a otro, me sentía vacía, agónicamente vacía.
Levanté mi mano por donde una pequeña hilera de sangre se deslizaba a través de mi piel opaca. La voz de mi inexistente alma en este momento me gritaba que parara la hemorragia, que ellos la olerían y vendrían por mí. Pero eso ya no importaba. Si venían por mí, lo único que conseguirían era un cuerpo hueco, sin nada adentro. Y de pronto, me encontré deseando que se apresuraran, que no se tardaran, porque sentía que el dolor volvería en cualquier segundo.
Sonreí cuando sentí ruidos a mi alrededor. Cerré los ojos y dejé que las últimas lágrimas rodaran por mi piel ya marchita por la edad. Me lamentaba por mis hijos, pero ellos entenderían y comprenderían lo que yo no puedo comprender ahora. Lentamente, como un susurro, las mentes felinas llegaron a mis oídos dañándome la inexistente alma. Esto sería rápido, no podía haber en este mundo más dolor del que ya había sentido.
Un peso ligero se poso sobre mí y supe que ya no habría marcha atrás. Apreté más los ojos sintiendo una ligera pizca de miedo pero me era imposible levantarme y correr, mi cuerpo ya no tenía fuerzas. Las fuerzas me habían dejado al igual que mi corazón cansado de sufrir.
¡Esperanza!
Que bella era su voz para mis oídos. Una flama se encendió en mi pecho al saber que él venia por mí, pero mi alma estaba tan muerta y enterrada que nos seria imposible seguir juntos, o por lo menos, para ambos, vivos. El daño hecho era tan grande que no se podía olvidar y viviría dentro de mi corazón siempre, marchitándolo aún después de la muerte.
¡Esperanza!
Un dolor punzante y bruto me desgarró la garganta, los brazos y las piernas. Mi cuerpo convulsiono inconscientemente y sentí el líquido vital asomarse por mi boca. El dolor terminó por partir toda mi vida y mis sueños. Solo esperaba morir ya. Pero un sentimiento me ataco de pronto, y quise luchar por mi vida, pero podía ver las puertas del infierno asomarse ante mí. El horror y la angustia me golpearon tan fuerte que mi cuerpo se retorcía en agonía. Yo iba a morir sola.
¡Esperanza!
Ya no me llames, es demasiado tarde. Te odio, te odio tanto que sería capas de matarte. Seria capas de enterrarte una daga y quitarte el corazón con mis propias manos. Te odio tanto por hacerme esto. Te odio tanto por convertirme en esto y te odiare siempre.
Y escuché el aullido de un lobo.
— ¡Kagome! —mi corazón se sobresalto y abrí los ojos.
Cuatro rostros me miraban impacientes y preocupados. Abrí la boca desesperada en busca de aíre y mis pulmones se quemaron en el proceso, mis ojos estaban tan abierto que me dolían las corneas y mi corazón palpitaba dolorosamente en mi pecho. Busqué desesperada esos ojos azules y cuando los encontré, las lagrimas vinieron a mí en torrentes. Llevé las manos a mi cara y grité, lloré y maldije a aquel hombre. ¡Dolía tanto!
—Kagome, demonios —escuché la voz de InuYasha demasiado preocupado. El dolor aumentó en mi pecho y la soledad me invadió— ¡Papá, ¿Qué demonios pasa?
Eso era, ¿Qué había pasado? ¿Qué había sido todo aquello? ¿Por qué me sentía capas de morir?
Intenté tranquilizarme. Respiré profundo y los sollozos cada vez se iban asiendo más pequeños. Poco a poco, el dolor de mi pecho disminuyó hasta dejar solo pequeñas quemaduras. InuYasha secó los surcos de lágrimas que estaban en mis mejillas delicadamente. Inevitablemente me lancé a sus brazos apresando su cuello y escondiendo mi cabeza en el. Inhalé su olor y mi corazón se puso en calma. El dolor de la perdida había desparecido casi completamente.
—Kagome —susurró contra mis cabellos, acariciando levemente mi espalda. Sonreí — ¿Qué es lo que te acaba de pasar?
—Yo… —mi voz estaba quebrada, y ronca. Me despegué un poco de InuYasha y lo miré a los ojos. Podía ver la aflicción por no saber que me pasaba en ellos —. Yo no… —apreté los dientes intentando no recordar. Miré a Inu No —. Usted sabe que me paso.
—Supongo que sí —sonrío de lado volviendo a sentarse en el sofá.
—Papá, explícate —demandó InuYasha sin dejar de acariciar mi espalda. Lentamente reposé mi cabeza en su pecho, aún mirando a Inu No.
—Esto es algo normal de ella —dijo sin muchas ganas. InuYasha frunció el ceño y gruñó por lo bajo —. He, no es mi culpa. Ella solo revivió la historia que no quería escuchar.
—No entiendo —dije rápidamente.
—No creo que lo entiendas en este momento, tampoco —me respondió— ¿Estas muy cansada verdad?
—Eso creo —froté mis ojos enrojecidos.
—Ven, te llevare a la cama —susurró InuYasha en mi oído y luego me levanto del sofá y me llevó a su habitación.
Me dejó sobre la cama y mientras recogía las sabanas para ponerlas sobre mí, yo me quité la chaqueta y los zapatos. Acomodé unas almohadas a mi espalda y me apoye allí. InuYasha se sentó junto a mí.
— ¿Estas mejor? —pude notar cuan cuidadoso fue cuando hablo.
—Mejor —asentí y mi labio se curvó en una pequeña sonrisa.
Llevé una mano a mi pecho e inhalé profundo. Aún no podía creer que hubiera llorado, y aún más, no podía creer que hubiera llorado y sentido todo aquello, ¿Qué fue exactamente lo que me pasó? ¿Acaso sabía inconscientemente que eso me iba a pasar, cuando sentí miedo? ¡Que había sido todo eso! Aún dolía, muy adentro, una pequeña llama de agonía seguía palpitando y flameando con odio y tristeza.
—Quien era aquel hombre —me preguntó InuYasha. Parpadeé.
— ¿Qué hombre?
—Al que maldecías mientras llorabas —me dijo —. En un principio, pensé que era a mí, ya que me miraste desesperada.
—Oh, ya… ¿De verdad? —intenté recordar mis maldiciones, pero solo podía recordar la profunda oscuridad rodearme —. No lo se. Ya no recuerdo.
—Comenzaste a llorar sin motivo, realmente me preocupe —suspiró cabreado.
—Lo lamento —me moví un poco volteando mi cuerpo para poder apoyarme en su pecho. Una extraña necesidad primaría me exigía sentirlo cerca de mí —. Realmente no sé que me pasó… —escondí mi rostro en su pecho —. Pero no me gustó.
—Creo que a nadie le gustó, Kagome. Mucho menos a mí —volvió a suspirar y me cubrió con sus brazos. Mis mejillas comenzaron a arder — ¿Qué fue lo que viste?
—Dolor —respondí automáticamente con la voz quebrada —. Traición… —me apegué más a él si eso era posible y me apretó más fuerte entre sus brazos.
Si intentaba recordar, solo conseguiría lastimarme por dentro. Ese dolor palpitante, esa quemazón asfixiante y el horroroso rencor. Yo había sentido todo eso, corriendo por un lugar que desconocía, odiando a un hombre que no conocía y sintiéndome apenada por hijos que no tenía. ¿Era alguna especia de visión del futuro, quizá? Era posible, tanto así como no.
Para comenzar, vi mis brazos, mis ensangrentados brazos, y mi tez era oscura, casi quemada. Y esos ojos, negros como el carbón no eran de InuYasha, eran de alguien más. Alguien a quien amé, odié y deseé que muriese, y todo aquello en unos minutos.
Y luego… el dolor físico. Mi cuerpo se estremeció en dolor mental con solo recordarlo. El desgarro de la piel, la sangre saliendo a borbotones y la muerte pisándome los talones. Nunca en mí vida había sentido tantos dolores a la vez.
Los dolores del alma y los dolores físicos. Unidos únicamente en una visión sin sentido aparente. Tenía claro que tanto mi mente como mi cuerpo, tardarían en no recordar aquellos dolores.
Me levanté lo suficiente como para volver a encarcelar su cuello con mis brazos y esconderme en él. La extraña necesidad primaria llamaba nuevamente, esta vez con más fuerza. Una fuerza agónica que exigía su calor.
—Kagome —susurró InuYasha y la preocupación estaba nuevamente flameando en su voz. Y con cuidado, acaricio nuevamente mi espalda intentando tranquilizarme.
—Estoy bien. Solo no me sueltes —le dije y me vi envuelta en la agonía de mis propias palabras —. Solo abrázame —y lo hizo, quizá demasiado fuerte, pero no demasiado concentrado en mí.
—Que te está pasando… —me susurró y sentí como tomaba mis cabellos y los dejaba sobre mi hombro izquierdo. Dejando el derecho libre para apoyar su mentón en el. Mi cuerpo tembló levemente.
—Lo sabremos mañana —le susurré separándome un poco—. Tu padre sabe todo esto.
—Preferiría saber hoy, y si es posible ahora. Creo que iré a hablar con él —quiso separarse de mí, pero apreté aún más mis brazos alrededor de su cuello y nuestros rostros quedaron inevitablemente más cerca de lo que mi cordura pudiera soportar. Intenté tranquilizarme…
—Yo también quiero estar presente cuando lo sepa —dije de corrido y rápido. Mi rostro estaba ardiendo —. Después de todo, esto me pasó a mí. ¿Podrías esperar paciente hasta mañana? —intenté poner mi mejor cara de persuasión que tuviera. Y que, al parecer, dio bastante resultado.
—Bien —refunfuñó y acarició mi mejilla con delicadeza. Suspiré.
Entonces, cuando le vi a los ojos —casi inconsciente por su caricia— pude apreciar algo nuevo en ellos. Algo salvaje y, por qué no decirlo, tentador. Y por consecuencia. Mi cuerpo comenzó a arder.
Mi corazón comenzó a bombear desesperado y no dude que él lo oyera. Tragué y suspiré. Dejé de respirar cuando su aliento chocó contra mis labios y cerré los ojos.
El primer rose fue lento, quizá tan lento que algo dentro de mi comenzó a agonizar. Alargué un poco mi cuello totalmente inconsciente y perdí la cordura por un momento cuando por fin, después de tanto tiempo deseándolo, nuestras bocas se encontraron en una lenta unión. Mis labios estabas serrados y presionando contra los de él con fuerza controlada, si había en el mundo algo que se pudiera llamar 'casto', éste beso, total y definitivamente, lo era. Nos separamos casi enseguida, mi corazón quería escapar por mí boca y mi rostro ardía como si estuviera envuelta en llamas. Abrí los ojos para mirarlo totalmente avergonzada y, cuando él lo hizo, sonreír totalmente feliz.
Y el juego se volvió a desatar.
Su boca volvió a reclamar la mía de forma casi desesperada, dándome poco tiempo de cerrar los ojos y abrir mis labios. De un impulso, caímos sobre la cama intentando devorar al otro. Mi cabeza quiso decirme que en la habitación que daba el pasillo, estaba toda la familia, pero la ignore tal y como él lo hacía. Me concentré totalmente en lo que estaba asiendo y sintiendo. Me abrasé más fuerte a su cuello en un intento desesperado de acercarnos más y él puso la mano bajo mi nuca haciendo presión. Todo comenzó a dar vueltas a mí alrededor.
Entonces giramos, y yo quede sobre él, sosteniendo sus mejillas —casi tan calientes como las mías— y evitando que pudiéramos separarnos. La quemazón que me ocasionaba cada ves que sus labios rozaban los míos era dolorosa, deliciosamente dolorosa.
Un corto circuido se formo en mi cabeza cuando sentí sus manos en mi espalda desnuda, bajo mi blusa, quemando en el acto. Comencé a preguntarme si íbamos demasiado rápido, demasiados desesperados de tener al otro. Pensé en parar y me retracté en el instante, tenía claro que de esto no pasaría, ya que por muy idos que estuviésemos, nuestros consientes nos gritarían que habían personas en la casa. Entonces lo escuché gruñir, casi tan bajo como un susurro, y nos separamos desesperados por un poco de aire. Él volvió por mí un segundo después. Jamás, en todo lo que se pudiera llamar vida, habría sabido cuan salvaje y posesivo era un lobo.
Y entonces me formulé una pregunta, ¿Era relativamente importante? Porque no importa cuan avergonzada pudiera ponerme luego, a mí me gustaba su lado salvaje. Era un beso casi desesperado, y lo que me sorprendió más, fue el hecho de cuan desesperada estaba yo. Volvimos a rodar y el borde de la cama pego en la mitad de mi espalda y ambos caímos al suelo. Medía pierna izquierda mía quedo sobre la cama.
Abrí los ojos desconcertada y tratando de recordar que había pasado. Podía sentir el peso de InuYasha sobre mí y una de sus manos en mi nuca, impidiendo que pudiera golpearme la cabeza. Mi corazón aún latía rápido, mi respiración estaba entrecortada y mis pulmones me quemaban. Ahora la vergüenza me atacaba. Él apoyó su peso sobre sus codos y levantó el rostro hasta dejarlo sobre el mío, nariz con nariz.
— ¿Te golpeaste? —preguntó preocupado y pude ver que al igual que la mía, su respiración estaba entrecortada. Mi sonrojé aún más.
—No. Demasiado abstraída como para sentir dolo, creo —intenté bromear y alivianar mi pesado sonrojo. Rió y se levantó llevándome con él. Quedamos sentados en el frío suelo –si no supiera que es imposible, podría haber pensado que hubiera comenzado a salir vapor de mi cuerpo caliente al hacer contacto con el hielo.
—Esto me traerá algunos regaños —sonrío con poco entusiasmo. Me encogí de hombros —.Pero no seria la primera vez que me regañarían desde que llegué aquí —parpadeé.
— ¿Te han regañado? ¿Cuándo?
—Casi todas las mañanas —arrugué la nariz. ¿Cuántas cosas me perdía en esta casa? Primero, no poder escuchar las conversaciones, segundo, ¡Perder tiempo durmiendo!
— Y ¿Por qué?
—Si sito textual lo que me dijeron, era 'muy obvios en las muestras de cariño'
—Oh… —enrojecí. ¿Tan obvio era? —. Ya veo…
—Supongo que nos 'hablaran' de eso en cualquier momento —bufó bastante fastidiado.
— ¿Te refieres a la abejita y la flor? —bromeé y sonreí de lado. Él rió y pellizco la punta de mi nariz — ¡Ay!
—Que graciosa. ¿Por qué no te duermes?
—Buena idea —me subí a la cama y estiré las sabanas que se encontraban arrugadas — ¿Tú te iras a dormir ahora?
—Aún no tengo sueño. Iré a comer algo —me dijo y entrecerré los ojos, desconfiada —. ¿Qué?
—Dijimos que esperaríamos hasta mañana —arrugué la nariz. Sonrió y puso los ojos blancos.
—No preguntare nada. Solo quiero comer.
—Más te vale. Estaré escuchando desde aquí.
—Claro. Olvidaba el hecho de que tienes un súper oído.
— ¡Por supuesto! No dudes de mis habilidades humanas. Puedo sorprenderte.
—Ya. Duérmete.
— ¿Es una orden?
— ¿Si lo es, Te dormirás?
—Posiblemente.
— ¡Duérmete! —gritó divertido y yo me tapé con las sabanas sonriendo. Se acerco a mí y dejó un suave beso en mis labios —. Buenas noches —Ok… ¿Alguien no podría acostumbrarse a esto?
—Buenas noches —respondí y esperé hasta sentir la puerta cerrarse para cerrar los ojos. Suspiré.
Éste había sido, pese a todos lo que había sucedido, el día más… extraño de mi vida. Si no estuviera agotada, seguramente seria anormal. Me revolqué entre las sabanas sintiendo el olor de InuYasha aún más potente a mi alrededor y en mi cuerpo. Cerré los ojos sintiendo las mariposas revolotear intranquilas en mi estomago. Me quedé dormida enseguida.
Sentí un frío en mis piernas, y vi el agua del río arrastrar la suciedad de mi cuerpo. La desesperación y la traición palpitaban en algún lugar, fuera de mí. Me sentía temblar, y no estaba asustada. Me sentía llorar, pero no estaba triste. Los sentimientos eran un tercero para mí, o mejor dicho, yo era un tercero en ese cuerpo.
Mis tobillos estaban resentidos por golpearse con las rocas y mi respiración estaba entrecortada. Levanté el rostro y suspiré. Ya estaba en la orilla.
Abrí los ojos y lo primero que pude apreciar fue el techo blanco de la habitación de InuYasha. Una pequeña capa de sudor me cubría y mi corazón bombeada demasiado rápido y fuerte. Pero esta vez, a diferencia de esta tarde, no tenía ningún sentimiento extraño. Pero estaba realmente agitada.
La puerta se abrió e InuYasha entró enseguida. Sus cabellos estaban revueltos y su cara estaba contraída por culpa del sueño. Me senté en la cama.
— ¿Grité? —le pregunte tímida.
—No —me respondió y se apoyó en el marco de la puerta.
— ¿Entonces, qué haces aquí?
—No gritaste, pero tienes un tambor incrustado —señaló con su índice la zona de su corazón.
—Oh. Lo siento —me encogí de hombros —. Tuve un sueño.
— ¿Sí? —rápidamente se incorporo — ¿Una pesadilla?
—No… —bien, daba el caso de que tendría que haber sido una pesadilla, pero no lo fue. ¿Así que para que preocuparlo? —. Estoy bien. Solo soñé que estaba corriendo en una maratón —probablemente pude haber inventado algo mejor, pero no pensé antes de hablar.
—Una maratón —repitió claramente nada convencido —. Pero, ¿Estas bien, verdad?
—Perfectamente —le sonreí y me volví a recostar —. Buenas noches.
—Buenas noches.
Me acomodé nuevamente en la cama e inhalé profundo.
¿Por qué había vivido eso nuevamente? ¿Había algo que yo sabía pero desconocía? Y sobre todo, la pregunta más importante que puedo hacer, ¿Quién es la mujer? ¿Por qué sufría tanto? ¿Qué fue aquello tan terrible que había pasado? Díos, tantas preguntas y saber que no habían respuestas aparentes por el momento.
Había una extraña conexión entre aquella mujer y yo. Una extraña e inexplicable conexión. ¿Cómo era capas de sentir, de tal modo, todas sus emociones? Y ¿Por qué ahora me sentí como una tercera? Era como dos almas en un mismo cuerpo, y yo claramente era la que no sufría. ¿Entonces? ¡Que estaba pasando!
El amanecer llegó pronto, más pronto de lo que mis ojos cansados pudieran haber deseado, pero sabía que no podría dormir más. Las preguntas aún revoloteaban en mi cabeza y me impedían conciliar cualquier tipo de sueño. Entonces, cuando me revolví nuevamente en las sabanas, me levanté.
Me bañé y vestí rápidamente. La medicina que había tomado el día anterior me había ayudado bastante ya que no sentía mi cuerpo pesado ni nada de eso. Entré en el salón principal cuando todos estaban listos para desayunar. Izayoi me recibió con una sonrisa.
—Buenos día, querida. ¿Pasaste buena noche? —me senté en el asiento conjunto de InuYasha y le saludé con la mano. Luego volví a mirar a Izayoi.
—Sí, perfecta —mentí un poco.
— ¿Cómo está el resfriado?
—Curado totalmente. Gracias por las aspirinas.
—No hay de que —sonrío y se fue a la cocina por unos instantes y volvió luego para sentarse en la mesa. Shippô comenzó a comer primero que todos seguido por InuYasha e Izayoi. Yo no tenía tanto apetito como para zambullirme unos huevos fritos y un enorme trozo de carne, pero sabía a ciencia cierta que si no me alimentaba bien, el resfriado volvería.
Luego de un rato, cuando todos ya estaban satisfechos —sacando a InuYasha como la excepción— y los platos lavados, yo me acerqué a él, que estaba tratando de construir la casa del árbol. Parecía una pajarera.
—Creo que esa tabla no va ahí —intenté molestarlo, por que claro ¿Qué sabía yo de carpintería? Absolutamente nada.
—Gracias. Lo tendré en cuenta —me contestó fastidiado y yo solté una risita.
—Tengo una idea.
— ¿Convencerás a Shippô de que se olvide de la casa del árbol?
—Ham… No. Pero es muy interesante y lucrativa.
—Dila —ahora yo tenia su total y completa atención. Sonreí.
—Llévame a dar una vuelta por la ciudad —entornó los ojos.
— ¿Qué tiene de lucrativo eso?
—Que yo seré feliz. Y si soy feliz, no te fastidiare y puede que se de el caso, sin comprometerme, de distraer a Shippô jugando con el videojuegos para que se olvide de la casa del árbol. ¿Interesante, verdad?
—Podrías agregarle algo más, no sé, para terminar de convencerme… —sonrío mostrando sus dientes.
— ¿Algo más? Pues…
—De acuerdo. Me convenciste. Iremos —de un salto bajó del árbol. Solté una carcajada y golpeé su antebrazo.
—Tonto.
Salimos enseguida. Y yo pude apreciar lo que tantas veces me había preguntado. A los alrededores, solo se podía ver hierva y, en el centro, una calle de cemento. Si miraba con más atención, podría distinguir algunas casas a lo lejos, bastante cercas para lo solitario que había pensado yo que seria.
— ¿Vamos? —me preguntó casi acariciando mi mejilla. Me sonrojé.
—Sip —le contesté y tomé su mano.
Definitivamente, era imposible no acostumbrarse a esto.
|Nota autoria: Kiss ~Kiss ~
