~Vínculos de sangre~
(parte I)
"Nunca te burles de la muerte, que ella siempre te observa por detrás sintiendo el frío de su aliento en tu oído."
Lucius no tardó apenas un suspiro en levantarse del sillón de su despacho. Ignoró al elfo, que además lo apartó con una patada y todo lo rápido que pudo, sin perder su elegancia, ni mostrar un solo gesto de nerviosismo, bajo las escaleras hasta el recibidor y allí esta ella. Firme, con su melena rojiza descendiendo por sus hombros, con aquellos ojos grandes y verdes que se le clavaban. Se alegraba de verla, no lo negaría, al menos así mismo no se lo negaría, a ella ya era otra historia.
- .. ¿Qué haces aquí? -se acercó a Liliana firme mientras su bastón daba pequeños golpes metálicos en el suelo- si el Lord te ve aquí..
Una pequeña risa salió de entre los labios de Evans interrumpiendo por completo la frase de Lucius - ¿Acaso crees que me importa? si fuera así ten por asegurado que estaría escondida. -aquellas palabras sonaban con fuerza, igual que ella. ¿dónde se habría estad escondiendo para que ni el mismísimo Lucius Malfoy la encontrara? Mejor no pedir explicaciones.. de momento.
- Puede que no te importe, pero podría matarte -sonrió arrogante mientras la rodeaba con la mirada- Y sería una tragedia, ¿no crees querida?
Era más que evidente que Malfoy no iba a perder su arrogancia simplemente porque ella estuviera allí delante, tan bella y esbelta como siempre.
-Tragedia es lo que ha ocurrido… no me vengas con esas Lucius -susurró Liliana. Sabía perfectamente que Malfoy tenía razón, sabía que si la encontraban sería el fin de su vida, y aquello no lo podía permitir, al menos su orgullo no se lo permitía y tampoco se pensaba rendir tan fácilmente. - Necesito tu ayuda, o parte de ella.
Aquellas palabras resonaban en la cabeza de Lucius. ¿Liliana pidiendo ayuda? ¿a él? quien le diría a él en su estancia en Hogwarts que este momento llegaría tarde o temprano. Una sonrisa arrogante y ladeada se dibujo en su rostro.
-Bien.. te escucho, intenta sorprenderme.
La mujer tuvo que llenarse los pulmones de aire antes de poder decir una sola palabra ¿acaso tenía miedo de que Lucius le rechazara su mano ahora que la necesitaba? No, eso no era. Pero por alguna razón que desconocía, o que al menos no quería admitir, aquello le imponía una sensación en el cuerpo de respeto, una sensación un tanto difícil de explicar sin duda.
-Necesito un lugar para esconderme de los carroñeros y mortífagos. Tú mejor que nadie debes de saber cual es mi situación en este momento ¿verdad?
- ¿Esconderte aquí? El Lord ronda por esta casa más que mis hijos, ¿que te hace pensar que este es un lugar seguro para ti? O mejor dicho, querida Evans, ¿Qué te hace pensar que voy a ayudarte?
En aquel instante entonces, Liliana le plantó cara, se colocó delante de sus narices y le tomo por la túnica para acercarlo un poco más a ella. Alzó una ceja e hizo una mueca.
-Porque en el fondo sabes que te alegras de que siga viva y quieres que siga siendo así Lucius… eres un hombre de hielo.. pero puedo notarlo -le soltó de golpe al ver como los ojos de Lucius se clavaban sobre ella y como sus manos le ejercían presión en la espalda.
Malfoy guardó silencio unos segundo, lo que tardaba en ajustarse la túnica y volver a la normalidad. - Elige la habitación que gustes.. -se volteó y volvió a subir las escaleras para ir a su despacho- Pero mientras estés bajo mi techo, acomodare a mis órdenes - le dedico una ladeada sonrisa llena de frialdad antes de irse.
Pese aquellas palabras, en la cabeza de Lucius resonaban otras muy distintas.
"NO DEJES QUE LE PASE NADA MALO"
Flasback Meiga
En aquel momento en el que cada mortifago había desaparecido para acatar el mandato de Voldemort y ocuparse de los supervivientes, Meiga había encontrado el momento que tanto deseaba. Se aseguró de que estaba completamente sola cuando clavó las rodillas en el suelo y entre sus frías y temblorosas manos recogió el cuerpo de Scabior. Lo observó en completo silencio.
Quería llorar, pero no podía. Quería gritar, pero no le salía la voz.
Sin saber como, aquello más que una decisión había sido un acto impulso se acercó por última vez para, si era posible, disfrutar el último suspiro que pudiera quedar de él, y le besó.
End Flackback Meiga
Meiga llevaba noches sin dormir, sin comer ni beber absolutamente nada. Su piel, que ya era pálida de por si, ahora tenia un color aún más blanco y enfermizo. Las negras y profundas ojeras comenzaban a ser más que visible en su rostro. Últimamente no hacía nada más que temblar constantemente, o bien estaba tumbada en la cama, o en un rincón en el suelo de su habitación.
En aquel instante se encontraba frente al espejo, se miraba fijamente mientras una dolorosas lágrimas le recorrían por todo el rostro. Realmente presentaba un aspecto horrible, nadie diría que ella era la hija mayor de Lucius, estaba casi irreconocible.
Se llevo ambas manos a la cabeza mientras se tiraba del pelo y lloraba amargadamente casi gritando de cólera. No podía quitarse aquella horrenda imagen de su cabeza, si dormía, que apenas eran unos minutos, la muerte de Scabior le atormentaba día, tarde y noche.
En un acto impulso, sin saber como, dio un fuerte puñetazo al espejo. Miles de trozos de cristales se clavaron en su puño cerrado. La herida sangraba y aquello no le importaba en absoluto. Camino débilmente como pudo y se dejo caer en un rincón de la habitación.
La puerta sonó e ignoro la llamada de alguien que reclamaba su atención. Volvió a sonar y lo volvió a ignorar hasta que sin permiso alguno se abrió y ante sus ojos llorosos y rojos se presentó Lucius.
La examinó cuidadosamente, se detuvo unos instantes en la herida reciente de su puño y golpeó el suelo con el bastón.
-Meiga… querida -su voz carraspeo intentando mantener la calma- El lord quiere vernos y ahora. No le hagas esperar. -la observó nuevamente y llamo a un elfo para que se encargara de ella. La criatura no tardó en aparecer en la habitación y acató las normas del cabeza de familia.
Unos minutos más tarde, Meiga bajaba las escaleras. Llevaba el pelo recogido en un elegante moño y vestía completamente un traje negro que resaltaba el rubio platino de su cabello. Lucius aguardaba en el recibidor y al verla tuvo que esbozar una pequeña sonrisa. Le ofreció su brazo como en antaño y caminaron hasta donde Voldemort aguardaba.
Era la misma sala donde se habían hecho todas y cada una de las reuniones de mortífagos antes de la guerra, y obviamente, donde se seguirían haciendo. Como de costumbre la mesa la presidía Voldemort y para sorpresa de ambos Malfoy, había alguien más allí, Yaxley sentado a la izquierda del Lord con los antebrazos apoyados en la mesa y un poco inclinado.
- Lucius. has traído a tu hija.. -los ojos rojizos de Voldemort la examinaron- No esta tan mal como me imaginaba.
Tras ocupar sus respectivos asientos, uno al lado del otro, las manos del Lord se posaron sobre la mesa y dio un largo suspiro mientras miraba a los tres alternadamente.
-Lucius.. amigo mío… imagino que deseas recuperar el honor que Abraxas dio a tu familia y apellido ¿verdad? -miró de reojo a Meiga- Honor que tu hija eliminó por completo cuando casi se entrega a un carroñero y nos traiciona -Voldemort escupió aquellas palabras con asco y rencor-
Lucius simplemente asintió serio con la cabeza mientras escuchaba aquellas palabras con atención. ¿Qué se traería entre manos? Seguramente nada del todo bueno.
-He decidido ofrecerte una oferta… y Yaxley también. Un matrimonio entre sangres pura te devolverá aquello que te arrebataron ¿no crees? y como ella es tu hija mayor y la culpable, deberá aceptar mis órdenes y las de su padre.
Aquello golpeó a Meiga de sorpresa, pero no a Lucius. La rubia se levantó de golpe y dio un fuerte puñetazo sobre la mesa. ¿Casarse? ¿ella? No, ni pensarlo y mucho menos con Yaxley. -¡No! - la voz de Meiga resonó con fuerza- Me importa una mierda el honor o el apellido si tengo que casarme con semejante hombre..¡ME NIEGO!
-Harás lo que se te ordene… deja de poner a tu familia en evidencia -gruñó Lucius entre dientes- Y muestra tus disculpas… y un poco de educación.
Yaxley mientras tanto se mantenía frío y firmen en la mesa. Observaba todo con cierta gracia y curiosidad, los rumores del Ministerio eran ciertos, la hija de Malfoy estaba loca, excitantemente loca. La observaba en todo momento con ojos lascivos, con curiosidad, pero serio mientras bebía whisky.
-¡LUCIUS!-gritó Voldemort al ver salir a Meiga echa una furia de la habitación y dando un sonoro portazo.
Lucius asintió con la cabeza y apretó las manos por debajo de la mesa -se casará mi Lord…os aseguro que lo hará.- Malfoy sonaba totalmente seguro de ello y no se inmuto a ir a buscar a Meiga en ningún instante.
CONTINUARÁ
