FIC SEDUCIDO POR UNA RUBIA
CAPITULO # 11

Por: Tatita Andrew

Estaba sumida en sus pensamientos y se dio cuenta que el rubio estaba subiendo por la colina intento correr no tenia ganas de hablar con el.
Pero muy pronto el rubio le dio alcance. Pudo ver que venia vestido con el kirt escoces, igual que la primera vez que lo vio igual que el día que le confeso que el era su príncipe de la colina.
La tumbo sobre el césped y se trepo encima suyo.
-Pero que testaruda Candy. ¿Por qué razón huyes?
-Déjame Albert. ¡Vete por favor!
-No me pidas eso, sabes que no puedo alejarme de ti. Nunca he podido Candy.
Ella suspiro rindiéndose cuando el tomo su boca entre la suya. Deseaba luchar contra el. Golpearlo por todo pero se rindió y suspiro contra su boca.
El la sujetaba por las muñecas y ella correspondía a su beso con pasión con locura, con ardor. Deseaba saborearlo no se imaginaba el futuro sin el. Pero no quería ser solo su amante siempre pensó que al hacer el amor con el. Se contentaría con aquello, pero no, ella quería mucho mas. Cada vez que estaba con el quería mucho mas. Pasar el resto de sus días con el.
Cuando sintió que había ganado soltó sus muñecas y ella acaricio su cabello. Amaba su cabello sedoso y lacio no rebelde como el suyo.
-Albert suspiro complacida.
-Candy... llevo sus manos hacia sus caderas. Y luego mas abajo. Vine a buscarte para aclarar todo entre ambos pero no me puedo resistir necesito tomarte ahora, aquí mismo o me muero.
-Si, Albert por favor hazlo ahora te necesito dentro de mi.
El alzo su vestido y metió los dedos a través de sus bragas. Comprobó lo que ella le decía que estaba lista y dispuesta.
-Voy a tomarte ahora sin mas. Y sin seducción porque solo dentro tuyo encuentro mi lugar.
El kirt le daba acceso fácilmente para sacar su verga de su ropa interior y mientras Candy lo miraba lujuriosa acostada sobre la hierba pensó que no había una escena mas erótica que aquella con su cabello revuelto sobre la hierba su vestido levantado hasta la cintura. Y el vestido con sus ropas de gala para tomar posesión de algo que era suyo. Que el destino había puesto en su camino desde el primer día.
Bajo nuevamente a besarla y sin mas preámbulo se zambullo en esa cueva sedosa. Mientras todo su miembro era apretado por la vagina de Candy.
-Que delicia.
Si en aquel momento le tocaba morir no le importaba ya estaba en el cielo.
Se salió y entro nuevamente con mas fuerza.
-Coloca tus piernas sobre mis hombros.
Aquella posición le daba total profundidad a sus embestidas.
-Se podía ver el rostro de Candy bañado en sudor y la expresión de que estaba dejándose llevar por las mimas emociones que el.
-¿Te hago daño amor?
-Oh Albert continua por favor. Te siento tan rico. Con sus manos hacia mas presión y fuerza para introducirse hasta el rincón mas recóndito de su ser. Había nacido para ser suya. Siempre lo había sabido. No se podía explicar de otro modo el rugido salvaje que salía de su interior aquella unión casi cósmica. Y la sensación de que era algo mágico.
Ella movía sus caderas hacia adelante para ir a su encuentro se frotaba contra su verga apretándola de una forma casi dolorosa.
Había estado con muchas mujeres en la vida.
Pero aquella rubia era puro fuego y pasión.
Era algo natural en ella. No fingía se entregaba por completo. Cualquier personas que hubiera visto aquella escena tacharía de inmorales a la pareja de rubio.
Pero era el encuentro de dos seres que estaban predestinados a estar juntos. Y a unirse en su forma mas salvaje y primitiva. Ella sabia como sacar de su interior aquel lado salvaje y libre que toda la vida había ansiado.
Sin poder prolongar por mucho mas tiempo el éxtasis Candy lo apretó aun mas mientras se prendía de sus hombros y lo mordía a la misma vez y el también estallo gritando en un poderoso orgasmo.
Albert rodó a un lado y la atrajo hacia si como le gustaba la hierba fresca sentirla sobre su espalda. Y aquella vista desde la colina era un sueño. El rubio sabía que las cosas entre ambos se iban a solucionar, pero no entendía porque Candy después de hacer el amor estaba rígida a su lado. Aparto en cabello de su rostro y le pregunto.
-¿Qué sucede Candy? ¿Por qué saliste huyendo así de mi? Y no pongas de excusa a la señorita Ponny porque acabo de hablar con ella antes de subir a buscarte y me dijo que tiene una salud de hierro. Que hace muchos años que no se enferma.
-No podemos hacer esto Albert, no esta bien que terminemos así cada que estamos cerca.
-¿Acaso sientes culpa? Jamás debes sentirte así. Lo que pasa entre nosotros no debe ser pecado, porque lo hacemos con el alma. Porque yo quisiera que durara para siempre.
-¿Y que hay con Allison?
-¿Qué sucede con Allison? Pensé que te gustaría tanto como me gusta a mi. Y que lograrían ser grandes amigas. Se que tal vez te pido demasiado. Siempre le he hablado de ti, es mas ella es la única que sabe lo que yo siento.
-Claro que me gusta Allison, ahora entiendes porque me resulta tan difícil estar contigo, cuando ella es tan linda y buena. No se merece esto.
-No te entiendo nada Candy. ¿Qué tiene que ver Allison con lo que pasa entre los dos? A ella no le afecta en nada esto.
Candy lo empujó con todas sus fuerzas.
-Eres peor de lo que pensé. Albert pende que eras diferente pero todo este tiempo has estado engañándonos a las dos. Por lo menos yo abrí los ojos, si piensas que voy a seguir siendo tu amante por siempre te equívocas. Yo me merezco mas y ella también. Esto se termina aquí no quiero volver a verte Albert.
Ella salió corriendo colina abajo. Albert pensó que fue una mala idea hacerle el amor antes de aclarar las cosas. Es que cuando la tenia cerca ni pensaba con claridad. Siempre le pasaba lo mismo al verla solo quería poseerla y hacerle el amor salvajemente.
Espero pacientemente que se calmara y junto a la señorita Ponny y a la hermana María tomaron te.
Pero casi anochecía y ella no volvía.
-No se que le sucede a Candy Sr. Andrew. Solo hizo esto una vez cuando la iban a enviar al colegio San Pablo en Londres.
-Descuide Señorita Ponny imagino donde esta. Yo solucionaré las cosas se lo prometo. Saldré a buscarla ustedes desancasen seguro estará bien.
Albert sabía donde estaba Candy el único lugar al que podía ir y no estaba tan lejos del Hogar de Ponny era su cabaña. La que utilizaba cuando vivía de vagabundo.
Esta vez no le daría escapatoria haría que lo escuchara aunque tuviera que darle unas nalgadas nuevamente. O hasta amarrarla. Ya era hora de que Candy se dejara de jueguitos tontos. Y que por una vez en su vida aprenda a escuchar primero antes de sacar conclusiones.