Jugando con Edward Cullen.-
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Capítulo 11 – Game Over [Primera Parte]
[Edward Cullen Pov]
Si espías eresresponsable delo que ves. El problema de espiar no es lo que se ve, sino todo lo que no se ve. Toda mentira y verdad tiene su consecuencia. La verdad y la Mentira siempre tiene un precio ¿Estamos dispuestos a pagarlo?
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- Esto esta que explota. –gritó James, detrás de mi espalda.
- Tú estás que explotas, idiota. –recriminé. James sonrió. Luego de tres botellas de no se que mierda, estaba eufórico.
Me fui hacia la otra punta, no quería tener que soportar a un ebrio como James.
- Que amargo que eres, Eddy. –escuché gritar a James. Es sólo un pobre idiota, Edward. No lo golpees. No vale la pena.- Sólo porque tu novia te dejó plantado, búscate otra y ya.
Me pinché el puente de nariz, visiblemente fastidiado, y me largué de allí lo más pronto posible.
La música resonaba por todo los rincones. Las luces de neón hacían que la ropa de todas las personas brillara. Tyler era el encargado de la música, James se había encargado del alcohol y Alec de las luces. Yo tuve que encargarme de lo más difícil, de desviar del camino a los profesores.
Esta fiesta sería una de las mejores de año, y todo gracias a mi, que me había encargado de decirles a todos que hacer. Porque la verdad tenía un equipo de buenos para nada... Como James.
La verdad era que me merecía un poco de diversión, para eso hice la fiesta, ¿Verdad? ¿Dónde carajos estaba Bella?
Volví a revisar mi celular. Ningún mensaje, ninguna llamada.
- Ey, Eddie. –levanté la mirada, fastidiado. ¿Nadie entendía que odiaba ese maldito sobrenombre?- ¿Bailamos?
Lauren, una compañera de curso, me arrastró a la pista antes de que pudiera negarme. Qué desesperada.
Ella comenzó a bailar provocativamente, pasando sus manos por mis hombros. Mi mirada fue hacia su escote, bastante tentador. Sí, admitía que Lauren era una chica bien agraciada. Pero no tenía encanto, y era una chica muy fácil para enredar en tus sabanas. Nada interesante. Chicas como ella, sobraban.
Sin importarme, me separé de ella y le dije que tenía que encargarme de algo. Quiso forcejear por un rato, pero mi mirada dejo todo más que claro.
Mientras salía de la cabaña, hubo un detalle que no pasé por alto. Jasper tampoco estaba en la fiesta. Y de este último estuve muy pendiente esta semana. Jasper esta actuando extraño, lo sé. Que me haya estado haciendo el estúpido, sin pedirle explicaciones de porque se borra de algunos de nuestros planes, no significa que no me de cuenta de que se esta alejando. Razón para estar alerta.
Esto me estaba cansando. Llamaría a Bella de una buena vez por todas. Ya me inventaría alguna excusa convincente.
Estaba a punto de llamar, cuando divisé dos figuras femeninas, saliendo de entre los árboles.
Y Joder. Bella era extremadamente sexy. Demasiada tentativa para su propio bien.
Llevaba una camisa a cuadros roja y negra, que debía ser de una talla pequeñísima, ya que marcaba sus agraciados senos y dos últimos botones sin abrochar dejaban su vientre al descubierto. Seguí devorando con la mirada lo que era mío, disfrutando de la vista de sus largas piernas, gracias a ese short de jean desgastado y terriblemente ajustado.
Estaba hecha para matar a cualquier hombre.
¡Era mía, Era mía!
Era una lastima que viniera acompañada de Hale, quién también estaba vestida de infarto, pero a un lado de Bella no tenía comparación. Las prefería morenas.
Bella se encontró con mi mirada, y yo le sonreí descaradamente. Rosalie la tomó del brazo, le susurró algo en el oído y luego se fue hacía otra dirección, entrando a la cabaña. Mejor para mí.
Bella llegó a mí, con una sonrisa preciosa, y mis manos instantáneamente se prendieron de su cintura, acariciándola, acercándola a mi cuerpo. Mis labios se estrellaron en los suyos, demandantes de atención.
La besé con anhelo. Esta era una de las cosas que no tenían explicación para mí. ¿Cómo hacían los labios de Bella para retenerme cautivo? ¿Tendrían algún adictivo químico? No lo sabía, lo que si sabía era que una vez que sus labios estaban lejos de los míos, los sentía incompleto. ¿Qué será lo que tiene el cuerpo de Isabella Swam, qué me tiene envuelto? Envuelto en un huracán sin fin.
Todo suena realmente estúpido, pero así me sentía. Adicto a ella. Envuelto a ella. Encadenado a ella. Y muchas veces, cuando mi mente se pone a vagar, eso es algo que siempre me pregunto.
Nuestro beso continuaba, cada vez más subido de tono. Capaz de hacerme olvidar de nuestro alrededor, sus manos recorrían mi espalda y mis hombros, mi cuello y mi pelo. Escalofríos me recorrían por todo mi cuerpo. Mis manos la tomaron del culo, y la impulsaron para que puedan engancharse sus piernas en mi cintura. Así mis manos, estuvieran libres para recorrerla completa.
Y siempre me lo preguntaba. ¿Por qué? ¿Por qué ella era diferente al resto? ¿Por qué ella era diferente para mí? ¿Porque empecé a extrañarla, y ahora la necesito? ¿Cómo causaba esas sensaciones en mí?
Ella suspiró sobre mis labios, y se bajó de mí.
- ¿Cómo has estado? –me preguntó, débil. ¿Causaría yo el mismo efecto en ella?
- Ahora, perfecto. –ronroneé. Con mi dedo rocé la piel de su cuello, justo donde había un chupón. El mismo que le había hecho ayer. Sonreí orgulloso.
- Eso me picó bastante. –murmuró, reprochándome. Sonreí más, junte sus labios con los míos, y luego volví mis labios a su cuello, mordiéndola suavemente.
- No te quejaste ayer en la noche, mientras lo hacía. –la pinché.
Bella rió, y de nuevo esa sensación de picazón en el alma. Me abrazó más fuerte por la cadera.- ¿Vamos adentro?
- No. Quiero mostrarte algo.
Esa era mi táctica. Si planeé la noche de fiesta, fue para tener algo de intimidad con Bella, sin que nadie molestara.
- ¿Qué? –preguntó, mientras la guiaba dentro del bosque, alejándonos de la cabaña y de la música de la fiesta.
- Sabes, cuando era chico mi papá me traía casi todos los fines de semana a acampar aquí mismo. Al principio Alice también venía, pero se terminó hartando con el tiempo. Los mosquitos no le hacían mucha gracia. –le relaté, recordando tiempos pasados.- La cuestión, es que conozco este bosque como si fuera la palma de mi mano. No, perdón. Conozco más a este bosque que a la palma de mi mano. –bromeé.
- Deja de alardear. ¿Quieres? –Aunque llevaba a Bella delante de mi, me pude imaginar que había rodado los ojos.
Esas eran las pequeñas acciones que me hablaban más de ella. ¿Por qué le prestaba tanta atención? ¿Por qué guardaba en mi memoria todas sus acciones? ¿Por qué en tan poco tiempo era tanto para mí?
- En fin, en una de esas tantas acampadas, encontré un terreno sin nombre, un prado. La verdad es que planté algunas flores a su alrededor para que fuera "más agradable" y lo tomé como mío. –Bella escuchaba atentamente, mientras yo trataba de mantenerla lejos de las raíces de los árboles. No quería un accidente.- Siempre me escabullía allí para relajarme, para reflexionar e, incluso, para estudiar. Nadie lo conoce, además de mí.
- ¿Estás seguro que quieres mostrarme tu lugar secreto?
- Confío en ti, Bella. Tal como tú en mi, sino, no hubieras caminado conmigo a solas dentro de un bosque lejos del grupo, ¿Verdad? -
Bella hizo una mueca.
- ¿Pasa algo, Bella? –paré nuestra caminata. - ¿Es que quieres volver? – le pregunté, algo temeroso de su respuesta.
- No, no es nada. Solo fue algo que se me metió en el ojo. –Me sonrió.- Quiero estar contigo.
- Cierra los ojos. –Le susurré.- No hagas trampa.
Todo estaba preparado de ante mano. Todo era un gran show. La fiesta era la distracción, para poder hacer mi truco a la perfección. La frazada negra en el piso, las almohadas de plumas blancas, la sabana suave, la luz de la luna, un par de velas rojas... Todo estaba planificado.
Tampoco sabía como hacía ella para sacar lo mejor de mi, lo que creí nunca haber tenido. Es que todo con ella era una sensación nueva. Jamás me sentí tan lleno, al estar con alguien.
Ella era mi complemento, por así decirlo. Cuando la sostenía en mis brazos sentía esa tranquilidad, esa paz que nunca había sentido con alguien más. No sólo era tremenda amante, era tremenda mujer.
- Ahora, puedes abrirlos. –susurré, procurándome que mi aliento roce su divina piel.
Bella pestañó, sin creerse lo que estaba viendo.
- Quería estar a solas contigo. Una noche sólo para nosotros dos. –Serví dos copas de champagne, como "frutillita de la torta".- ¿Me lo concedes?
- Por supuesto.
Nos sentamos sobre la colcha y brindamos, silenciosamente.
Nos encontrábamos arrodillados. Uno enfrente del otro. Mirándonos con algo más que pasión, fuego y deseo. ¿Ternura? ¿Paz? ¿Amor?
Ayer mismo estuve aquí en el prado. Reflexionando. ¿Qué era lo que sentía con Bella? ¿Y Por qué?
Todavía no encontré una respuesta, a ninguna de las preguntas que me vengo formulando. Quizás no este preparado para saberlas.
Todo con Bella ocurre sin saber por qué, tendré que aceptar que en la vida hay cosas que no tienen explicación... o sí, pero la desconozco.
Simplemente sentirlo, disfrutarlo.
Y hoy estaba dispuesto a disfrutarlo todo.
Toqué su mejilla, suavemente. Nuestros ojos hablaban por sí mismos.
- Mi corazón te estaba esperando desde hace mucho tiempo, Bella. –susurré. Tomé su mano y la puse en mi corazón.-
- ¿Tu corazón buscaba ser amado? –me sonrió, y un brillo sincero relució en sus orbes.
- No. El corazón no es tan egoísta. El corazón sólo busca alguien a quien amar. Y te encontró a ti, por fin. –Solté su mano, y la bese profundamente.
Dicen por ahí que el cambio es inevitable. ¿Será que Bella me cambió?
Sus manos se enredaron en mi cuello. Las mías en su cintura. El beso se siguió prolongando, hasta necesitar respirar. Bella puso las manos en mis hombros, y arrastró consigo mi campera. Mis ojos no podían despegarse de ella. Luego siguió su camisa, mi remera... toda nuestra ropa se encontraba descansando en el pasto.
Bella se recostó sobre la colcha y yo la seguí. La visión del cuerpo desnudo de Bella era indescriptible. Una obra de arte, una maravilla más.
- Edward. –
La callé con un beso.- Yo sé lo único que tengo que saber en este momento. Te amo. –
Siempre dije que aquellas palabras, eran simplemente palabras. Te amo, te quiero, te adoro... no parecen tener un valor significativo. Pero, ¿Y si se las dice de verdad? ¿Si uno las dice con el corazón?
Besé a Bella, de tal manera que quedara claro cuanto la deseaba, cuanto la quería. Y Cuanto quisiera que gimiera en mis brazos.
Ninguna parte de su cuerpo me quedó sin explorar. Hubo caricias y besos por toda su piel. Pero todavía quería tentarla un poco más.
- Basta de Juegos, Edward. Te quiero a ti, dentro mío y en este mismo instante.
Ella sabe la contraseña, sabe la frase. Tomé sus piernas y me adentré en ella lo más profundo, disfrutando de la cima total. Bella me aprisionó con sus piernas, lanzando un gemido que me excito mucho más. Comencé a moverme muy rápidamente.
Gritamos juntos cuando llegamos al éxtasis total.
Recobré fuerzas y me separé de ella.
Bella me comunicó que volvería con sus amigas a Forks. Dentro de mí sonreí. Eso me dejaba las puertas abiertas para mi plan.
Sabía que Jasper se traía algo entre manos, y debía enterarme que. Por eso llegaría antes que nadie a Forks, y entraría a su casa, especialmente a su habitación para hurgar sus cosas. Sus padres jamás estaban en su casa, no debía preocuparme por ello.
Y Alice, también tenía que controlar a Alice... Alice es una de las muy pocas mujeres que amo, y por quién daría todo. Nadie tocaría a mi hermana, mucho menos el mugroso traidor de Jasper. Ella es muy ingenua, y yo sé cuan buen manipulador es Jasper con las mujeres, y cuanto a Alice le gusta.
También estaba Rosalie. Una harpía. De ella también desconfiaba. Ella tenía la información suficiente, como para alejar a Bella de mí. Lo más extraño es que todavía no la haya usado en mi contra, pero no dudo que lo haga dentro de poco.
Escondí mi Volvo a dos cuadras de la casa de los Hale. Caminé rápidamente hacia la casa de Jasper, y trepé por la enredadera que daba a la ventana de la Barbie.
La habitación de Rosalie se reducía a todas cosas rosas. Realmente asqueroso. Sonreí. Quizás podría buscar alguna cosa comprometedora para amenazarla.
Apenas fijé mi mirada en el piso, algo cautivó mi atención. Una foto mía descansaba en el piso de su habitación. Já. Ya me imaginaba yo que la ilusa de Rosalie seguía sintiendo cosas por mí. Pero, ¿Cómo carajos consiguió la foto?
Si mal lo recuerdo, esta es una de las fotos del instituto...
Dejé la foto en el piso. Lo que en realidad debía buscar esa su diario. Ese diario que todas las mujeres tienen, en donde escriben sus más oscuros secretos.
¿Tendrá uno Bella? Debía de tenerlo en cuenta.
Divisé un cuaderno rosa asqueroso abierto sobre el buró. Lo había encontrado. Qué fácil resultó. Sólo tendría que buscar algún morboso o muy malo secreto para chantajearla con eso.
Apenas lo tuve en mis manos, comencé a leer aquella página que se encontraba abierta.
Cuarta Fase: "Game Over"
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Próximo Capítulo: Game Over. [Segunda Parte] Edward Cullen Pov.
Sé perfectamente lo feo que es cuando la autora tarda horrores es actualizar su fanfic. Lo sé, y por eso les pido perdón y les digo, "Gracias" a las que estuvieron esperando este capítulo y se toman la molestia de leer, y quizás aceptar, mis disculpas. Trataré de actualizar más seguido...
SunMile.
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