Hola, los personajes del Twilight no me pertenecen, y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.
Disfrútenlo
Capítulo 10
La semana de exámenes de Bella terminó en el mejor momento posible. Se sentía confundida con todo lo que estaba pasando con Edward y el tiempo que llevaban separados por culpa de los estudios; fue necesario para que pudiese reflexionar sobre si quería continuar saliendo con una persona comprometida o alejarse de una vez.
―Ahora solo tenemos un trabajo que entregar la semana que viene ―dijo Tyler, mientras caminaban por el campus.
―Aham, tendremos nuestras vidas de regreso ―bromeó ella.
―Pues sí. ¿Cómo están las cosas con tu amigo?
―Todo bien, creo. No nos vemos desde el día del cine porque estaba ocupada estudiando y trabajando hasta tarde, pero nos hemos hablado de vez en cuanto durante algunos minutos por teléfono, cosas así ―continuó―. Espero que no estés pensando mal de mí desde ese día.
―¿Cómo así?
―Te conté que es un tipo comprometido. Ese no es mi estilo. La verdad no estamos juntos, solo mantenemos una amistad con derechos ―confesó incómoda.
―Está bien, Bella. No te voy a juzgar, no necesitas justificarte ―aseguró.
―Lo sé. Es que… no sé, creo que necesito a alguien para conversar sobre eso. Alice me va a estar colmando la paciencia y no sabe algunos detalles. Edward… es difícil, no hay manera de que hable con él sobre esto. Sobre él.
―Está bien ―dijo, sentándose en un banquito que estaba cerca a los dos―. Estoy escuchando.
―Comenzamos siendo amigos, ¿recuerdas que te dije que cometí la burrada de besarlo y tal? Entonces, hace dos semanas él me besó. Fue él quien tomó la iniciativa y me dejé porque quería. Tenía ganas de salir con él, Edward me interesa de una manera que nadie más me ha interesado. Me siento atraída físicamente por él, y cuando conversamos sobre la vida o cualquier asunto bobo, me siento feliz ―reveló, sin mirar mucho al rostro del chico frente a ella, pues se sentía avergonzada con toda la situación en la que se había metido y, principalmente, porque no le gustaba exponerse así para nadie. Ese asunto la dejaba bastante vulnerable.
―¿Y no tiene la intención de dejar a la mujer con la que está? Porque si está traicionándola, alguna cosa debe estar mal con la relación de los dos.
―Creo que no la ama. No sé ni siquiera si un día la amó. No sé si piensa en dejar a la mujer, pero creo que no. Edward es un amor como amigo y creo que lo que realmente siente por mí es amistad.
―Si solo fuese eso no se hubiesen enredado.
―Pero cuando me besó dijo que tenía curiosidad de saber cómo sería besarme. Que necesitaba saber cuál era la sensación. Fue eso.
―Si solo fuese eso, habría parado ahí, ¿no crees? ―indagó.
―No sé. Estoy confundida. De cualquier manera, no puedo esperar que él cambie todo lo que tiene para estar conmigo. No sé lo que siente además de amistad, si es que siente algo de eso. Estoy completamente confundida.
―¿Vale la pena, Izzy? ―cuestionó―. Quiero decir, ¿crees que al final de todo, valdrá la pena arriesgarse?
―No sé. ―Rió, sin un poco de humor―. Si supiese lo que pasará al final de todo, sería mucho más fácil tomar una decisión, hacerme a una idea. Quisiera estar con él sin tener sentimientos de por medio, sería todo más simple.
―¿Estás enamorada de él? ―preguntó Tyler.
―No sé. Me gusta y eso ya es bastante peligroso, no sé si lo amo, pero es adorable. Si continuamos así… va a ser demasiado fácil amarlo.
―Es complicado.
―¿Y no lo sé? ―Rió. Iba a volver a hablar pero fue interrumpida por el timbre de su celular.
―¿Edward? ―preguntó Tyler.
―Sí. ¿Cómo lo sabes?
―Sonreíste por primera vez hoy.
―Mierda. Estoy jodida, ¿verdad? ―preguntó retóricamente.
―¿No vas a atender?
―No lo sé. Va a querer verme.
―¿Y no quieres verlo?
―Quiero, pero…
―No sé lo que puedo decirte para ayudar, Izzy, pero si quieres… adelante. Después el tipo se va a casar y vas a quedar con la duda de si podría haber funcionado, si podría haber dejado todo y a su prometida para estar contigo. Qué tal y se enamoran, ¿quién sabe? Todo es demasiado incierto.
―Sí… no sé si el hecho que la vida sea tan incierta es bueno o malo ―dijo, apretando el botón para atender el celular―. Hola, Edward. Lo sé, también te extraño. Puede ser. Sé dónde es. Ok, salgo de la facultad dentro de poco y te veo allá. Besos.
―Creo que ya tomaste una decisión, ¿verdad?
―Aparentemente sí. No sé ni por qué lo pensé tanto esta semana. Creo que la decisión fue tomada el día en que me senté para conversar por primera vez con él, en un día al regresar del trabajo ―confesó.
Edward no se paró a pensar ni un momento en dónde ese acercamiento físico con Bella iba a parar. No quería tener que preocuparse con eso ahora. Por ahora, aprovecharía el contacto que tenía con la chica mientras era algo permitido para los dos.
Se encontraron en frente del restaurante italiano y, cuando se abrazaron, sintieron ganas de besarse, y casi lo hacen, pero se apartaron rápidamente y miraron a su alrededor, como si estuviesen buscando a alguna persona conocida que podría verlos.
―Bonito vestido ―dijo, señalando la ropa de Bella.
―¿Es alguna manera que estás usando para esconder otra cosa o algo del tipo? ―preguntó.
―No. ―Rió―. Solo lo encuentro bonito.
―Ah, sí, es que nunca comentas sobre la ropa que uso. Lo que es una buena señal, creo. Si comentaras sobre cada modelito mío, lo encontraría un poco gay de tu parte.
―Digamos que lo que llama mi atención no es tu vestido en sí, más bien cómo hace ver a tu cuerpo.
―Edward… ―dijo, en un tono de reprobación, sacudiendo la cabeza de un lado para otro.
―Disculpa.
―Vamos a cambiar de tema. ¿Qué vine hacer aquí hoy además de tener tu increíble presencia?
―Nada. ―Rió―. Creí que podríamos salir por ahí a conversar. ¿Ya almorzaste?
―Sí, comí en la universidad. ¿Cómo estás? Disculpa por no haber contestado anoche, el examen que hice hoy en la mañana exigió toda mi atención. Tuve hasta que implorarle a Patrick para que me dejara salir temprano.
―Está bien, estaba contando con la posibilidad de vernos hoy. Lauren está trabajando, temprano fui con ella a la empresa.
―¿Y te dejó escapar así de fácil? ―bromeó.
―Está demasiado preocupada con las cosas que están pasando allá. En fin, no estamos aquí para hablar de Lauren. ¿Ya te dieron el resultado de algún examen? ―preguntó―. ¿Ya se acabó la pesadilla? ¿Ahora puedes ser mía?
Bella casi responde que para ser de él era mucho más sencillo. La cuestión era si algún día él permitiría ser de ella.
―Sí, ya terminó la pesadilla. Solo un trabajo más que debo acabar con Tyler el lunes y después estoy libre para pasar mis vacaciones como bien me plazca.
―Espero estar incluido en tus planes ―bromeó, pinchando la cintura de la chica.
―Nadie te consiente como yo, ¿verdad? ―reclamó, sintiéndose confiada. Le gustaba cuando Edward daba algún indicio de que apreciaba la compañía de ella. Era un elogio implícito para ella, era lo mejor que podía tener.
―Por supuesto. Y también extraño demasiado besarte.
―Te voy a golpear.
―¿Por qué? ―Se carcajeo cuando vio la cara enfadada de Bella.
―Porque parece que te gusta torturarme.
―¿Y? Acordamos que seríamos solo amigos que se besan. Además de eso, extraño besarte ―dijo, apuntando a los dos.
―Acordamos no besarnos en público.
―Lo sé. No dije que nos besáramos en medio de la calle… solo dije que extrañaba besarte.
―Ok. También lo extraño ―dijo y ambos quedaron en silencio, caminando por la 6ta avenida.
―Bonito clima, ¿verdad? ―dijo Edward y Bella se carcajeó.
Los dos caminaron un poco más, solo intercambiando sonrisas y a veces Bella hacía muecas hacia el hombre a su lado, lo que dejaba a Edward balanceando la cabeza de un lado a otro, pensando que solo podría estar loca, pero a la morena poco le importaba. El tipo de felicidad que sentía, solo aparecía cuando él estaba a su lado.
―¿Entremos a esa librería? Siempre compro libros ahí.
―Ok.
Al entrar al local, Bella haló a Edward de la mano y caminaron ―aparentemente―, hasta la sección de preferencia de la morena.
―¿Desde cuándo te interesa el esoterismo? ―preguntó cuándo estaban detrás de varios estantes de libros esotéricos.
―Desde nunca ―dijo, acercándose a él―. Solo creí que aquí nadie nos vería y te podría besar en paz.
―Ah, ya… ―dijo con la boca medio abierta. Edward estaba estupefacto, jamás esperaba algo así de Bella.
―Y siempre quise hacer cosas como esas que la gente hace en las películas ―admitió.
Edward iba a rebatir lo que la chica dijo, pero ella se puso en punta de pies y juntó sus labios a los de él. A partir de ahí no tuvo más cosas que decir. Él tenía los brazos alrededor de la cintura de ella, y Bella lo agarraba del cuello. Cómo les hacía falta eso. Era un contacto simple, cosa que cualquier parejita lo hacía, pero ellos no eran cualquier pareja. Al menos, si lo eran, no lo admitían. Ellos se compenetraban, era claro; si alguien pasara a su lado en ese momento, hasta se detendría y diría que era un beso de enamorados.
―Estoy sin aire ―dijo Bella, respirando profundo después de despegar sus bocas.
―Respiramos después ―dijo, inclinando la cabeza y besándola. Mordisqueó el labio inferior de la morena y en seguida dejó que su lengua entrara en la boca de la chica, sintiendo su sabor. Él, sin ningún problema, podría pasar el resto del día así.
Lo que Edward sentía al besar a la chica lo asustaba. Parecía demasiado, parecía que iba a sofocarlo, que solo conseguiría parar cuando sus labios quedaran demasiado adoloridos para besarla. Bella no pensaba muy lejos de eso.
―Pronto, vamos a quedarnos así para siempre ―dijo él, dándole un piquito en los labios y en seguida bajando su boca para dejar un beso en el cuello de la morena. Bella sentía que los vellos de sus brazos se estremecían. Esa era un lugar de verdad sensible.
Bien que se quería quedar así para siempre. Era fácil y delicioso.
―No me incomodaría ―admitió, pasando la mano por las hebras del cabello de él―. Tus ojos son tan verdes.
―Los saqué de mi mamá ―contó, robándole un beso más.
―Rose tiene los ojos azules ―dijo, sin quitar los ojos de él. Sus manos hacían caricias, tan agradables que Edward inclinó un poco la cabeza para facilitarle el trabajo a la morena.
―Por culpa de mi papá. Rose es igual a papá, pero es fácil ver algunos rasgos de mamá en ella, como los labios, que son iguales a los míos. Recuerdo mucho a mamá.
―¿Cómo se llaman tus padres? ―preguntó, sintiendo la mano de él en su espalda, bajo la camisa. Sus dedos hacían movimientos circulares que dejaban a Bella con una sonrisa en el rostro.
―Carlisle y Esmeralda, o Esme, como prefiere ser llamada ―contó mientras sentía la cálida piel de la morena en sus yemas.
―¿Ella es extranjera? ―preguntó.
―Sí. Es venezolana. Vino cuando era muy joven, con mis abuelos que eran ilegales. Mamá vivió en Bronx su vida entera, creo que es por eso que no quiere salir de allá ―relató, bajando la cabeza y dándole un beso suave a la chica que tenía en sus brazos.
―¿Tu cabello es por causa de ella?
―No, mi mamá tiene el cabello castaño. Mi cabello recuerda al de mi bisabuela paterna, pero creo que fue una mezcla en medio del camino. ―Rió.
―Es hermoso. Poco común, al contrario del mío.
―Tu cabello es hermoso. Es diferente.
―Es ondulado ―reclamó.
―Es hermoso, puedes estar segura.
―Lo saqué de mi padre ―contó, pasando un dedo por las cejas de Edward, intentando arreglar los pelitos rebeldes, pero era en vano.
―¿Extrañas tu casa? ―preguntó, quitando una mano que estaba bajo la blusa de ella y ahora pasando los dedos por los largos cabellos castaños de la chica.
―A veces mucho ―confesó, pasando la nariz por el cuello del hombre y sintiendo el aroma de su perfume―. Siempre estuve pegada a mi papá y a mi mamá. Pasaba buen tiempo es su casa, a veces extraño la comida casera de mamá, ya que infelizmente no cocino como ella. Extraño jugar videojuegos con mi papá o estar acostada en frente del televisor con un bote de palomitas, viendo la película que estaban pasando en ese momento, sea buena o mala. No necesitaba de mucho para divertirme, ¿sabes? Aquí todo es mucho más agitado, parece que tienes que vivir a cien kilómetros por hora para sentir que estás aprovechando tu tiempo.
―Sí, aquí definitivamente las cosas tienen un ritmo acelerado.
―Intento igualarme o sería tragada por la ciudad. ―Rió―. Mi mamá me advirtió eso.
―¿Hablan mucho?
―Ahora es un poco más difícil, pero intento hablar con ellos por lo menos una vez cada dos semanas, mi familia se preocupa mucho por mí estando lejos. ¿Los tuyos quedaron así cuando saliste de Bronx?
―Creo que un poco. Mi papá no es mucho de hablar de cosas sentimentales y esas cosas, aunque se angustió un poco cuando salí de casa. Por otra parte, doña Esmeralda… ―Rió.
―¿Qué pasó?
―Para mi madre fue como si me estuviese yendo a otro país. ―Se carcajeó, recordando―. El día que conozcas a mi mamá vas a ver que tiende a ser muy dramática. Llevo un tiempo que no la visito.
―Cuando cumplas con tu promesa de llevarme a Bronx, podemos pasar por ahí para que dejes de extrañarlos tanto ―sugirió.
―Sí, ese es el plan. ¿Por qué crees que dije que ibas a ver cómo era de dramática mi mamá? Cuando aparezca en su puerta, va a ser algo como: "abandonaste a tu familia", por un lado; "abandonaste a tu vieja madre", por otro. Y tiene 53 años, llena de energía; tiene la piel tan bonita que no le pones esa edad. Un drama que solo las mamás saben hacer.
―Ya estoy loca por conocer a la señora Esme ―dijo Bella, con una carcajada, pero paró apenas sintió la mano de Edward vagar un poco más en su espalda, logrando que se estremezca.
―Una Cullen más que va a caer en tus encantos, lo apuesto ―comentó, dándole un beso más a la morena, esta vez halando su labio inferior levemente con los dientes.
―Tenía miedo de verte, ¿sabes? ―confesó y enseguida se sintió tonta por tocar el asunto. Su dedo índice trazaba la boca de él. Jamás había besado labios tan voluptuosos, y no sabía si los besos de él eran los mejores por eso o porque simplemente la química de los dos era muy buena.
―¿Por qué, baby? ―inquirió curioso. La observaba atentamente, intentando buscar respuestas, incluso antes que ella abriera la boca.
―Tengo miedo de lo que pueda pasar con nosotros.
―¿Cómo así?
―Tengo miedo, Edward. No es posible que no lo tengas. Quiero decir, quizá no sientas las mismas cosas que yo cuando nos besamos.
―Las siento.
―¿Y no te asusta?
―Procuro aprovechar en lugar de atormentar mi cabeza.
―No puedo evitarlo. Sé que somos solo amigos, pero…
―¿Qué?
―Déjalo ―dijo, sacudiendo la cabeza de un lado a otro, como si ese gesto fuese suficiente para que los dos olvidaran el asunto que estaban abordando.
―No, vamos a conversar. Dime.
―¿Y si un día no es suficiente para mí? Al final de toda esta historia, quien tiene todo para joderse soy yo ―dijo, de la manera más sincera que pudo.
―Podemos parar cuando quieras.
―¿Si lo puedo? Edward, si hubiese sido más racional, no me habría detenido jamás para charlar contigo, aceptado salir contigo, permitir besarte… tengo miedos, temores… solo por ahora ellos no me asustan lo suficiente como para huir de esto. Solo temo el día que llegue.
―Si es que llega.
―Va a llegar. ―Soltó una risa apagada―. Si las cosas continúan así, ese día va a llegar.
―Entonces, tal vez sea mejor que paremos.
―Quizá sí, pero mientras hablamos de eso, tú no quitas las manos de mí, ni yo de ti.
―Sí… ―Y ahora fue el turno de él de reírse sin humor―. Tal vez evitar eso sea solo una manera nuestra de querer evitar lo imposible.
―Cuanto más pienso en eso, más parece que voy a enloquecer ―confesó.
―Entonces, vamos a parar de pensar en eso. ¿No habíamos acordado que íbamos a vivir el momento? ¿Dejar que la marea nos lleve? Que sea así ―dijo, intercambiando miradas con ella.
―Es difícil parar de pensar en algo que se metió en tu mente y no quiere salir de ahí, pero lo voy a intentar ―habló, acercándose a su rostro―. Bésame. Cuando me besas logro olvidare de todo.
No era nada difícil para Edward hacer eso, y no tardó en satisfacer el pedido de la chica. Estaban tan concentrados en el momento que apenas escucharon a una chica que se aclaraba la garganta al lado de los dos.
―¿Con permiso? ―La tímida chica finalmente pudo obtener la atención de la pareja.
―Disculpa ―dijo Bella, distanciándose inmediatamente de Edward. Su corazón estaba disparado y se sentía profundamente avergonzada de haber sido interrumpida en un momento como esos.
―Está bien. Mi gerente solo quería avisarles que es posible verlos por la cámara de ahí ―informó, apuntando a la cámara que estaba en la pared, apuntando hacia ellos.
―Disculpa ―dijo Bella una vez más. Quería enterrarse en el primer hueco que encontrara.
―La verdad es que voy a llevar este libro de aquí ―dijo Edward, agarrando el primer libro que vio en el estante―. Muchas gracias por la atención y por la ayuda, ¿vale?
―Ok. Disculpe, pero él me mandó a decir eso ―justificó tímida. La chica debía tener unos 18 años y aparentaba estar tan avergonzada como Bella.
―Está bien. Ya vamos a la caja para pagar ―dispensó a la chica.
―Qué vergüenza, Dios mío. Siempre venía a comprar libros, nunca más pongo mis pies dentro de esta bella y barata librería. Compraré online por el resto de mi vida ―se lamentó la morena.
―¿Qué libro es ese? ―preguntó.
―No sé. Fue el primero que agarré ―dijo, girando la tapa para leer el nombre―. El sexo y los signos del zodiaco.
―¡Cambia ese libro, por el amor de Dios! ―dijo Bella, quitándoselo de la mano.
―No, voy a llevar éste. Si voy a llevar un libro esotérico, que por lo menos tenga alguna cosita de pornografía para entretenerme ―lo agarró de nuevo.
Edward pagó por el libro mientras Bella intentaba disimular mirando la sección de más vendidos, y los dos salieron del lugar, sin destino. Finalmente le encontraron humor a que la niña los haya interrumpido en mitad de la librería e intercambiaron risas. Se distraían hablando de los asuntos polémicos de la semana y solo pararon cuando Bella vio algo que llamó su atención, más que el hecho de que un famoso actor Hollywoodense saliera del armario.
―¡Mira que conejillo de indias más lindo! ―comentó, mirando dos mascotas que estaban en venta en un pet shop.
―Sí, es muy bonito ―concordó.
―¿Puedo ayudarlos en algo? ―preguntó un vendedor del pet shop.
―La verdad solo estaba mirando. Es muy bonito. ―Bella apuntó hacia el animal.
―Lo cierto es que esa que está toda manchadita es una niña. Son adorables ―contó mientras sacaba a la mascota del lugar en el que estaba.
―¡Dios mío, qué cosa más linda! ― dijo la morena, pasando el dedo por el pelito de animal.
―Lo vendemos por un precio en descuento. Es un animal genial para mascota, no es tan dependiente como un perro, en el caso que seas una persona ocupada, pero es astuto y un compañero genial. Además adorable ―intentó convencer al cliente.
―No sé ―dijo Bella, mirando a Edward. El chico se encogió de hombros, como si no tuviese una opinión sobre el asunto―. Mi apartamento es tan pequeño.
―Boberías, ellos se adaptan a cualquier ambiente. Es solo tener una casita para ella, más o menos de esa dimensión, tenemos algunas un poco más pequeñas y más grandes allá dentro que puedes escoger. Ellos se alimentan como conejos, hierba, verduras y frutas. Mi único consejo sería que además de llevar a esta pequeña llevases al macho. Ellos no se sienten bien solos.
―Nunca tuve una mascota… ―dijo Bella a Edward.
―¿Los quieres, Baby? Parecen no dar mucho trabajo, pero son animales y siempre exigen atención.
―Lo sé… ―dijo, aún un poco dudosa―. Pero son adorables. Y ella es demasiado linda. Él también es tierno.
―¿Quieren entrar en la tienda? ―preguntó el vendedor.
Cuando Bella se dio cuenta, ya estaba tomando a los animalitos y los accesorios que llevaría a casa. Edward quería reír de la cara de felicidad de la morena mientras estaban en el taxi, yendo al edificio en el que ella vivía.
―El chico dijo que tengo que dejarlos en un lugar donde reciban luz, ¿verdad? Creo que es mejor cerca del sofá ―habló y Edward llevó la casita de los animales al lugar que Bella indicó. En seguida colocó a los pequeñitos en su nuevo territorio―. Dios, solo yo para inventar colocar una cosa más en mi humilde residencia.
―Creo que aquí están bien. No están ocupando tanto lugar.
―Sí ―dijo, agachándose para observar a los animales. Estaba encantada―. Deja que llene sus platitos con agua y colocarles comida. Parecen asustados.
―Normal… nuevo ambiente, deben estar intentando adaptarse. ¿Qué nombre les vas a dar? ―preguntó a Bella, sentándose en el suelo y tocando a uno de los conejillos.
―No he pensado aún en eso. ―Regresó con el alimento y agua para los animalitos―. ¿Alguna sugerencia?
―No sé. Podrías clocarle mi nombre al macho, en mi honor: Edward. O Anthony, mi segundo nombre ―sugirió.
―Ok. Anthony y Marie ―decidió, sentándose entre las piernas del chico.
―¿Marie?
―Sí. Mi segundo nombre.
Anthony y Marie parecían tener por completo la atención de la pareja, y solo se acordaron que el mundo de afuera existía cuando Alce llamó a Bella para preguntar dónde estaba su amiga, ya que debía haber llegado al trabajo hace diez minutos. Se despidieron en el elevador con un apresurado beso, mientras Bella se iba al pub y Edward al edificio de enfrente.
―¿Cuál es la disculpa de hoy, Isabella? ―Patrick cuestionó a la morena apenas colocó los pies en el bar irlandés.
―Ninguna. Me retardé, no fue a propósito ―justificó.
―Intento ser bueno contigo, ¿te di permiso antes y así me lo pagas?
―¿Qué quieres que diga, Patrick? No estoy acostumbrada a trabajar el viernes, por eso mi despertador no sonó y me distraje con algo personal. Esto no se va a repetir, sabes que son raras las veces que me retardo. Si quieres, mañana puedo intentar llegar más temprano ―rebatió sin paciencia, sabía que estaba mal llegar tarde al trabajo, pero no era una niña de diez años a la que debían llamar la atención de esa manera.
―Está bien que compenses el tiempo perdido del trabajo de hoy.
Bella lo ignoró y se fue directo al baño para cambiar su camisa por la verde con el apellido del infeliz del dueño. Cuando salió, Alice la esperaba en la puerta.
―¿Qué pasó esta vez? ―preguntó la amiga―. ¿Patrick te dio un sermón?
―¿Qué crees? Obvio, no pierde oportunidad. ―Bufó―. No me di cuenta de la hora. Compré dos conejillos de indias y me quedé jugando con ellos. Cuando vi la hora ya se había pasado y me estabas llamando.
―¡Ay, quiero ir a tu casa para verlos! ¡Deben ser hermosos!
―¡Sí, lo son! Anthony y Marie.
―¿Marie como tú? ―preguntó.
―Sí.
―¿Y Anthony? ―preguntó, arqueando una ceja, como si el tono de su voz fuese suficiente para que Bella sepa que estaba sospechando de alguna cosa.
―Me gusta Anthony.
―¿Te gusta Anthony o te gusta Anthony?
―¡Detén las payasadas, Alice! Vamos a trabajar que es lo mejor que hacemos.
―¡Escondes algo, lo sé!
―¡Shiu! Quédate quieta. Hoy esta porquería de bar está lleno, ¿eh? Esa gente no tiene nada mejor que hacer que colmarme la paciencia, ¿no? ―comentó Bella, observando la cantidad de personas que ya llenaban el lugar.
―Piénsalo por el lado positivo que son las propinas.
―Sí… lo veo por ese lado.
―Hey… sea lo que sea que no quieres contar, espero que estés feliz, ¿vale? ―dijo Alice, antes de que su amiga se alejara para atender a un chico que estaba alzando el brazo, intentando llamar la atención de la mesera.
―Gracias, Alice.
―Y solo porque no puedo aguantarme y creo que somos personas completamente opuestas, necesito contarte una cosa ―dijo animada, mientras batía las palmas.
―¿Qué pasó? Dios mío, si sigues aplaudiendo y balanceando la cabeza de esa manera, voy a conseguir una pelota y jugar contigo, pareces una foca.
―Esta tarde, Jasper me pidió ser su novia ―contó, con una sonrisa que haría sentir envidia al Guasón.
―¿De verdad?
―¡Sí! Me contó que quería pedirme salir desde nuestro segundo encuentro, pero solo hoy tuvo coraje de hacerlo. Fue por causa de los jeans, estoy segura. Nada sale mal cuando uso ese jeans. Mi dieta valió la pena ―dijo alegre.
―Que bobería, apuesto que fue porque descubrió que por dentro de una persona pequeñita y eufórica existe una dulce mujer.
―Creo que es muy bueno que sean amigas, pero tenemos clientes que necesitan ser atendidos ―dijo Patrick, acercándose a las dos ―Alice, aprovecha ese ánimo y sé extra simpática con los clientes de hoy.
―Claro ―habló la chica, saliendo de detrás del mostrador y tomando un talonario para anotar los pedidos.
―Jesús, estás hiperactiva hoy, ¿no? Para que te riña a ti es porque de verdad es serio ―Bella comentó con su amiga después que el jefe se alejó.
―Ni me digas ―bufó, alejándose de la morena y partiendo para atender una mesa.
El día de trabajo fue difícil. Cuando el bar se llenaba de esa manera Bella siempre tenía que desdoblarse para atender a todos. Al fin terminó valiendo la pena cuando contó todo el dinero que recibió. Salió sin hacerle mucho caso a su jefe, y su amiga le dio un aventón. Alice estuvo todo el camino hablando sobre el nuevo novio y cómo ya estaba sintiéndose enamorada de él.
Bella estaba feliz de ver a la chica así, y hasta se animó a decirle que también estaba pasando por una situación parecida. Excepto que no sabía que estaba enamorada de Edward y que no era el novio de ella, sino el prometido de otra mujer. Cuando todos esos pensamientos vinieron a la cabeza de la chica, encontró que era mejor mantener la boca cerrada y guardar ese pequeño secreto de su amiga.
―Nos vemos mañana en el trabajo, ¿ok? ―dijo Bella, saliendo del carro.
―Mañana no. Pedí permiso. Voy a salir con Jasper.
―Ah, que mierda. Voy a tener que llegar más temprano y no vas a estar ahí.
―Disculpa, amiga.
―Está bien. ¡Chao!
Bella subió a su apartamento y se fue automáticamente hasta la casita de sus nuevas mascotas. Eran muy tiernos y estaban quietitos en un lado, probablemente no querían ser molestados. Llenó una vez más el platito de los animales con agua y se fue al baño. Al regresar se acostó en la cama, cansada por el esfuerzo que había hecho en el trabajo, corriendo de un lado a otro para atender a todos los pedidos. Entretanto, el cansancio no era suficiente como para no dejarla espiar al edificio de enfrente.
Edward estaba acostado en la cama, solamente en calzoncillos y mirando a su celular. No veía ni una señal de Lauren. Pensó en que quizá el chico estuviese esperando una llamada de su prometida, pero dio un gritito cuando oyó el sonido, haciéndose eco por el cuarto, indicando que había recibido un mensaje.
¿Cómo te fue en el trabajo? ~ Edward.
Una mierda, pero obtuve buenas propinas.
¿Y los conejillos? ~ Edward.
Están bien. Creo que están descansando, cosa que debería estar haciendo.
Disculpa estar interrumpiendo tu sueño. Creo que también debería hacer lo mismo e ir a dormir. ~ Edward.
No hay problema, podemos hablar su quieres.
Mejor no. Nos hablamos mañana, cuando estemos sin un poco de sueño. ~ Edward.
Ok. Buenas noches, Edward. Valió la pena llegar demorada al trabajo para estar aquí en casa contigo.
Esta vez tuvo que mirar por los binoculares en dirección al apartamento de él, para ver la reacción que él había tenido al leer el mensaje. Él mostró una sonrisa y digitó una respuesta. Bella estaba encantada, no quería quitar los ojos de él para leer lo que estaba escrito en el celular, pero aun así, terminó colocando los binoculares a un lado y leyó lo que estaba escrito.
Nuestro tiempo juntos siempre vale la pena para mí, baby. Buenas noches. ~ Edward.
Ella aún tenía miedo de lo que el futuro reservaba, pero aquello ―en ese momento―, fue suficiente para que la morena durmiera con una sonrisa en el rostro y olvidara que su corazón estaba en juego.
Antes que todo, dejen que me ría jajajaja DIOS MIO SANTO, los famosos Anthony y Marie ya estuvieran en mi plato jajaja, en mi tierra, sólo en mi tierra, suroccidente de Colombia, los comemos :P acá los llamamos "cuy", y NO SON RATAS… son taaaan ricos, jajajaja… ok, muchas dirán QUE ASCO, y yo les digo: de lo que se pierden :P
Bien, ¿qué tal? ¿Opiniones? Muchas gracias por sus alertas y favoritos es un pago lindo :3 Me encantan sus reviews, gracias por ellos.
PREGUNTA DE LA AUTORA: ¿Cuál es el momento más incómodo de tu vida? (El que te acuerdes ahora)
Nos leemos en quince días…
Beijos
Merce
