Canción: Trenes, camiones y tractores/ Árbol y Tag your it/Melanie Martínez
-*De vuelta a casa*-
Los primeros rayos de luz inundaban el lugar, Karin despertó con la luz solar molestándole en la cara. No podía creer que se había quedado dormida en medio de la playa. Tenía la cabeza reposada sobre algo cómodo, firme pero suave, levantó la cara para ver de qué se trataba y el corazón le fue a mil. Era el hombro de Suigetsu. La pelirroja se movió rápidamente, lo único que le faltaba era que ése cerebro de pez se despertara y le jugara una broma al respecto. Aunque parecía dormir muy bien. Profundamente. La chica se levantó, se acomodó rápidamente el cabello con las manos, se refregó los ojos para quitarse las lagañas mañaneras y se sacudió la ropa, antes de ponerse las manos en la cintura, adoptar una pose de 'madre molesta' y tirarle arena en la cara a su acompañante, con el pie.
Suigetsu se despertó tosiendo, al haber inhalado y tragado arena, se quitó los granos de la cara de manera exhaustiva, y después de sacudirse todo, se incorporó y miró a Karin que le dedicaba un ceño muy fruncido.
—¿¡Tanto vas a dormir, cerebro de mosquito?!... No me animé a irme sin ti, pero hace horas que desperté —Suigetsu la miró recién levantado, sin saber bien de qué hablaba Karin.
—Mierda, van a dejarme aquí.
—¿De qué hablas? —Preguntó la pelirroja mirando hacia la vereda, detrás del muelle, detrás del largo suelo cubierto de arena que se extendía frente a ellos, cubriendo algunos edificios de la vista con médanos.
—Mis hermanos y Sasuke, van a dejarme aquí. Se van a ir a la ciudad sin mí.
—No creo que te abandonen —Karin movió la mano como si espantara a una mosca. Era inadmisible para ella, que incluso siendo Suigetsu de quien se trataba, lo abandonaran. Karin revisó su celular, tenía una llamada perdida de Ino y varios mensajes en su grupo de WhatsApp. Los mensajes preguntaban en dónde estaba y a qué hora iba a poder volver, cada vez eran más desesperados; le comunicaban que Naruto había ido a buscarla pero que lo habían tranquilizado y despistado, y que el joven se había vuelto a su habitación. Contestó rápidamente sin ánimos de ponerlas más intranquilas. «Ya voy, perdón».
Sakura se despertó con el sonido de su celular, abrió el mensaje y suspiró aliviada al comprobar que era de Karin. A su lado, Ino dormitaba por fin; había llegado pasadas las cinco de la mañana, asustada y sin saber qué ocurría, Sakura y Tenten le habían contado todo lo que sabían.
Cuando Ino llegó, Hinata y Neji ya se habían marchado. Después de que el último les contó todo lo que sabía sobre la chica muerta, la intervención policíaca y cómo se dirigirían los trabajadores de Konoha's Rock a la prensa se marchó con su prima pidiendo disculpas por haber difamado su negocio; a lo que Sakura le contestó todo el tiempo que no era culpa de ellos y que todo estaría en orden. Naruto se había marchado media hora después, se encontraba nervioso por su prima, repetía una y mil veces que le había prometido a su tía Kushijo que cuidaría de Karin, y una vez que Tenten y Sakura pudieron calmarlo, se dirigió a su habitación, al lado de la de las chicas, para reunirse con su banda y amigos. Ino había llegado justo en ese momento, Tenten y Sakura le habían relatado todo con lujos de detalle, le habían contado que Karin se había desaparecido y que ahora se encontraba con Suigetsu sin poder acercarse al edificio y luego le contaron lo que Neji había informado. Ino hizo silencio todo el relato y luego se mostró muy impaciente toda la noche. Se había quedado dormida después un rato en silencio, y al poco tiempo Sakura sucumbió en el sueño también. Ahora, eran las nueve y media de la mañana. No había dormido casi nada, pero al menos, tenía noticias de Karin.
Tenten se movió en su lugar inquieta, estaba dormida en la cama que le correspondía, aunque Ino se había quedado dormida a un lado de Sakura. La china abrió los ojos y miró hacia los lados. Sakura le sonrió tímidamente, sin saber muy bien qué decir o qué hacer. Tenten se talló los ojos y se desperezó en silencio, antes de levantarse de su lugar, con la ropa diaria absolutamente arrugada.
—¿Hay noticias? —Preguntó la castaña con voz cansada, Sakura sonrió y asintió con la cabeza.
—Sí, Karin está en camino. Al parecer tuvo problemas en la noche… Tal vez… ¡No, imposible! —Se rio de su propio pensamiento y Tenten la miró sabiendo exactamente lo que había pensado: que tal vez se había quedado a dormir con Suigetsu, pero eso era tan posible como que cayera pipí congelado del cielo y asesinara a alguien….¡Un momento! Eso sucedió una vez en la realidad.
—¿Y hace mucho que está en viaje? —Sakura negó a la pregunta de su amiga.
—No, pero no debe estar lejos —Ambas amigas miraron a Ino, lo último que habían sabido de su aventurita de anoche era que se había ido con Itachi Uchiha y luego todo el alboroto de la fiesta las había dejado sin enterarse de los detalles. Ahora la rubia dormía tan plácidamente que era inadmisible despertarla. Tocaron la puerta con vehemencia e impaciencia. Tenten se levantó de un salto de su lugar y corrió a abrir la puerta. Karin estaba allí, sola, Suigetsu no se encontraba con ella. Entró rapidísimo en la habitación y miró hacia adentro. Antes de decir nada, esbozó una sonrisa pícara al ver a Ino dormir en la cama de Sakura.
—¿Qué les dijo? ¿Cómo le fue con el bombón de Uchiha? —Fue lo primero que dijo al entrar mientras se quitaba sin ningún pudor la blusa que llevaba puesta y la tiraba al suelo, sacudiéndose con las manos el sostén lleno de arena. Sacudió la blusa para que cayeran los granos de arena al suelo, cerrando los ojos para que no se introdujeran en ellos, a pesar de que los lentes la resguardaban un poco.
—No habló. Estaba muy nerviosa por lo de la fiesta, en cuanto le dimos la información que buscaba se quedó dormida. Estaba nerviosa por ti… Igual que Naruto —La que contestó fue Tenten, aún con voz de cansancio, y se dirigió al baño seguida por Karin. Sakura se acercó a la puerta que dejaron abierta para continuar oyendo la conversación. Dentro, Karin prendía el agua de la ducha y Tenten se lavaba la cara en el lavabo.
—¿Ese es el abrigo de Suigetsu?— Preguntó Sakura señalando la cadera de su amiga, a la cual le colgaba el abrigo que seguía amarrado a la cintura.
—Sí, claro… No me quería arriesgar a quitármelo y estar manchada; ¿Quién me manda a vestirme de blanco?
—No es tu culpa… Debe ser horrible ser tan irregular —Dijo Sakura restándole importancia al asunto para que Karin no se sintiera aún más incómoda. Tenten salió del baño y antes de cerrar la puerta para que su amiga se diera una ducha le dijo:
—Hazlo rápido, queremos llegar cuanto antes a casa. Mientras tanto, le avisaremos a Naruto para que se vayan preparando para la partida.
Sasuke miraba a su amigo, cruzado de brazos. Se había reunido con Hidan apenas había llegado al hotel la noche anterior, pero éste les había comunicado que había perdido a Suigetsu por el camino pero que no se preocuparan «Seguramente la pasará de maravilla, estaba con una linda chica pelirroja de ojos fieros y anteojos» Sasuke supo que eso era un problema, pero no dijo nada. Mangetsu y Kisame sin embargo no dejaron de intentar comunicarse con Suigetsu en vano, sabiendo que Karin y él juntos eran un problema. Se rindieron cuando recordaron que ellos mismos habían traído las cosas de su hermano menor al hotel, ya que cuando éste decidió ir a nadar, dejó todas sus prendas de vestir (a excepción de sus shorts y su abrigo) al cuidado de sus hermanos, con estas, incluyó su teléfono celular y billetera. El abrigo lo había dejado en el guardarropas que la gente de Konoha's Rock habían proporcionado, pero ahora, parado frente a Sasuke, no llevaba el abrigo con él.
—No me interesa, Suigetsu. Ya nos estamos por marchar.
—Sólo una ducha rápida, tengo las pelotas llenas de arena —Dijo, dando demasiada información. Sasuke no se ablandó al saber esto.
—No me importa, Itachi acaba de llegar, así que ya estamos todos. Nos largamos ahora y te bañas en tu casa.
—Sasuke, por favor…
—¡No, Suigetsu! Te hubieras vuelto antes —Dijo Kisame pasando por atrás—. Ya sacamos los boletos para el autobús y sale en veinte minutos, será mejor que nos vayamos de inmediato. O te quedas y te pagas tu propio pasaje.
—¡Le voy a decir a mamá! —Sasuke rio.
—¿Cuántos años tienes?
—¿Vienen con nosotros entonces? —Naruto estaba tirando sobre la caja de la camioneta vieja una guitarra enfundada, sobre la caja ya estaba la batería y el resto de los instrumentos, bien ordenados para que varias personas pudieran sentarse allí.
—Sí, creo que será lo mejor. Vi en las noticias que los autobuses están abarrotados, igual que los trenes, los camiones…—Ino hablaba con Naruto mientras las otras chicas guardaban sus bolsos y mochilas en el asiento delantero (y único asiento) de la camioneta y Bee intentaba prender el motor con dificultades. Karui se había acomodado en la caja de la camioneta con Omoi a su lado y charlaban de cosas casuales. Darui, Atsui y Samui iban a amontonarse con Bee en el asiento largo del vehículo, mientras que los demás viajarían en la caja. Naruto subió y le tendió una mano a Ino que la aceptó sonriente y subió para acomodarse a un lado de Karui. La siguiente en subir fue Tenten, y al instante Karin, que se acomodaron también en derredor de Ino. Sakura fue la siguiente, que también aceptó la mano de Naruto; éste fue el último en acomodarse y golpeó el techo de la camioneta para que Bee arrancase y así lo hizo.
—¿Y bien? ¿Cómo te fue anoche? —Preguntó Karin impaciente a Ino, Karui y Omoi seguían hablando de lo suyo, pero Naruto sí prestó atención a la conversación de las chicas, a pesar de que no sabía de qué hablaban.
—Muy bien, fue fantástico. Todo un caballero en público… Pero una bestia salvaje en la cama.
—¡Guaj! ¿Qué mierdas hablan? —Preguntó Naruto asqueado.
—¡Es tan guapo! ¡Qué envidia! —Contestó la prima de Uzumaki sin darle importancia a su primo— ¿Cómo hiciste para llevártelo de la fiesta?
—Ah… Bueno, no hice gran cosa a decir verdad. Creo que él me estaba buscando también — Sakura no opinaba, no interfería, no decía nada pero escuchaba atenta. Una parte de ella, una muy muy interna parte de ella hubiera querido acabar con un muchacho esa noche.
—¡Uy qué belleza!
—¿Cómo te fue con Suigetsu? ¿Se pelearon? —Ahora Naruto puso más atención.
—No… Pero no me faltaron motivos —Dijo Karin cruzando los brazos de manera exagerada. Estaba mintiendo, Suigetsu nunca la había tratado tan bien antes, pero sus amigas no tenían por qué saber que hasta la había enternecido un poco la actitud caballeresca de su vecino de al lado.
Dentro de la camioneta pusieron una canción a todo volumen. Era la radio de Konoha's Rock, seguía emitiendo tranquilamente después del problema que habían tenido. Tenían que continuar con su trabajo, pero no cabía duda de que hablarían de su radio toda la semana.
Era una canción que, extrañamente, combinaba bien con el viaje que estaban haciendo, y que a su vez, levantaba el ánimo de cualquiera. Trenes, camiones y tractores, tanta fuerza, tanta fuerza.
—Qué canción más extraña —Susurró Sakura para sí misma. La había escuchado antes pero nunca le había encontrado mucho sentido a su letra, no al comienzo al menos.
—Sí, pero su ritmo es muy alegre… —Dijo Naruto contento de haber cambiado el tema. No le interesaba en absoluto la sexualidad de esas chicas. Me empujan, me empujan, me empujan, me arrastran, me arrastran, me arrastran. Por el cielo. Por el suelo. Trenes, camiones y tractores, bicicletas y peatones.
—Sí claro… Ya quiero llegar a casa, me siento tan cansada —Comentó Sakura estirándose hacia atrás.
—No puedo dejar de pensar en la suerte que tuvimos de haber podido salir de allí a tiempo —Dijo Tenten como para sí—. Si nos hubiéramos quedado allí, en la comisaría de policía, habríamos tenido una noche aún peor. Barcos, aviones, submarinos, toneladas de cemento. Comenzaron a escuchar que alguien dentro de la camioneta empezaba a golpear el techo siguiendo el ritmo de la música, seguramente era Bee, y eso quería decir que estaba conduciendo con una sola mano. Naruto esperó que las chicas no se dieran cuenta de esto, o se asustarían.
—Tienes razón —Dijo Naruto—. Además, por alguna razón, Shikamaru y Chouji se quedaron con nosotros y eso fue… Bueno— Avanzan, avanzan muy lento. Me arrastran, me frenan, me siento y yo pienso: Que aunque estés despeinada me gustas igual, aunque estés en pijama y sin maquillar, aunque estés enojada por lo que pasó, aunque ya no te vea me gustas iguaaaaal.
—¿Quiénes son? —Preguntó Karin, pero no fue Naruto quien contestó, sino Sakura.
—Fueron a la preparatoria con nosotros, y toda la primaria con Naruto… Pero no se llevaban bien con él.
—Y eso que Shika es un amor —Acotó Ino.
—Ah… Tu ex—Dijo Karin asociando las cosas. Ino asintió sonriendo.
—Sí, pero era un amor contigo Ino… —Dijo Sakura seriamente— De hecho, ni siquiera contigo. Siempre fue muy poco demostrativo, nada amoroso. Y a Naruto no lo querían… Bueno, no lo quería nadie —Dijo al fin, muy sinceramente. Trenes y camiones, están quietos estancados, en carriles atascados; escapando a ningún lado o tratando de pasarse de costado esperando a que la luz se ponga verde y yo pienso que ojalá que el asfalto se haga pasto porque la gente se inquieta cuando está quieta. Y su mente empieza a pensar en el agua, en el fuego, en la casa, en la cuota del cole del nene. Y yo espero, mientras pienso.
—¿Por qué nadie te quería?
—Bueno, Naruto era muy inquieto y siempre se metía en problemas. Nadie quería quedar ligado a él, ni siquiera nosotras, para serte sincera —Fue Ino esta vez la que habló—. Pero nosotras no lo ignorábamos. Simplemente no nos acercábamos mucho cuando iba a mandarse alguna travesura.
Bee comenzó a cantar a toda voz, por encima de la música. Cantaba tan alto que algunas personas, en la carretera, se los quedaban mirando de forma extraña.
—Que aunque estés despeinada me gustas igual, aunque estés en pijama y sin maquillar, aunque estés enojada por lo que pasó, aunque ya no te vea me gustas igual, aunque valga la pena me dices que no, que no vale la pena pedirte perdón.
—Bueno, ya dejemos de hablar de mí. —Pidió Naruto mientras el vehículo paraba en un semáforo.
Shikamaru estaba en una fila, una fila larguísima; habían logrado sacar el pasaje pero la gente se había amontonado increíblemente en la estación del bus, como si eso lograra hacer que consiguieran pasajes. Es decir, después de todo, había un tope de gente que podía entrar al vehículo, y quien no tuviera pasaje simplemente no podría, no valía de nada amontonarse como cerdos. Chouji estaba detrás de él, guardaba con recelo su pasaje en el bolsillo, con firmeza, temiendo que alguien pasara y se lo arrebatara.
El celular de Shikamaru comenzó a vibrar desenfrenadamente en sus vaqueros. Lo tomó irritado, era como la cuarta vez en la mañana que su madre lo llamaba, las primeras tres veces no le había contestado, y ahora necesitaría una buena excusa, pero por suerte, él ya sabía qué decirle exactamente. Y todo era parte de su plan, para que la loca de su madre, dejara de molestarlo en sus días libres. La mujer era insufrible, en cada desayuno, almuerzo y cena lo molestaba con que ya estaba grande y necesitaba una pareja estable. Que si continuaba de esa manera moriría solo y sin hijos, que quería nietos antes de morir y otras exageraciones. Y sus días libres ¡Mierda! Era insoportable, cada vez que lo veía dormir hasta tarde, o lo encontraba jugando videojuegos un sábado por la noche comenzaba a repetirle que sería sano que saliera más seguido, que si tuviera una novia podría hacer muchas cosas más. Bien, pues ahora le daría una novia. Temari había accedido, ahora ambos sacarían ventajas de eso.
—¿Hola?
—¡SHIKAMARU NARA, MALDITA SEA! ¿POR QUÉ NO LE CONTESTAS EL TELÉFONO A TU MADRE? ME ENTERO DESESPERADA, POR LAS NOTICIAS DE…
—Tranquila mamá, está todo bien. Yo estoy bien, Chouji está bien…
—¡¿POR QUÉ NO ME CONTESTASTE ANTES?! ¡VUELVE AQUÍ INMEDIATAMENTE!
—Estoy en eso, mamá… Haciendo fila en una estación para tomar el condenado bus.
—¡Shikamaru Nara! ¿Por qué no me contestaste antes? —Al menos ya no gritaba tan fuerte.
—Estaba hablando con alguien más, mamá.
—¡Si a Chouji lo tienes al lado, ahora, más vale que te expliques muchacho! —Shikamaru sonrió de lado y guardó su mano libre al bolsillo, de forma calmada, dispuesto a inventarle una buena historia, que de hecho, ni era del todo falsa.
—No era Chouji —El aludido, prestaba suma atención a la excusa que su amigo le daría a su madre—. Hablaba con alguien más.
—¿Kiba y Shino salieron bien?
—Sí, claro, tampoco hablaba con ellos —La conversación no estaba yendo hacia el lado que Shikamaru había planeado. Si su madre seguía preocupándose por sus amigos, nunca podría decirle que había conocido a una chica.
—¿Y con quién tanto hablabas, Nara Shikamaru? ¿Por qué no le contestabas el teléfono a tu madre? —Eureka. Bingo. Lo había conseguido.
—Hablaba con una chica a la que conocí anoche, quería saber si llegó bien a su casa. Me tenía preocupado —Su tono de voz para nada sonaba preocupado, pero sabía que convencería a su mamá de igual manera.
—¿Chica? ¿Qué chica? —El tono de voz de la mujer sí había hecho cambios. Había pasado de fiera enojada a punto de atacar a mujer madura intrigada. Shikamaru se sintió orgulloso de sí mismo.
—Una chica a la que conocí anoche, en la fiesta… Estuvimos hablando y nos llevamos bien. No necesitas saber detalles mamá. Simplemente, me comuniqué con ella para saber si había logrado salir a salvo ¿Ok?
—Ah, qué agradable, Shika… Ya te llamo más tarde, avísame cuando estés cerca así te preparo tu baño.
—Mamá, no tengo cinco años… Puedo hacerlo yo solo… —La mujer colgó el teléfono. Shikamaru volteó y le sonrió a su amigo victorioso. Éste se sonrió también.
Temari despertó tirada en un sofá, en una enorme habitación rústica, con una chimenea con portarretratos familiares encima, una ventana que dejaba entrever la luz solar, suelo de moqueta bordó y paredes grises de ladrillos ordenados y prolijos pero que daban un aspecto antiguo. El sofá era negro e impecable. Había una mesita ratona del mismo color frente a ella y dos sillones más, individuales también negros y ocupados. En uno de ellos Gaara dormía con la boca abierta y el delineador corrido sobre sus ojos; en el otro Kankuro estaba muy similar a su hermanito menor, con su gorro negro tirado en el suelo y su cabello castaño despeinado y desprolijo estaba muy alborotado sobre sus ojos y sobre ellos. Sai estaba a sus pies, despierto, pero hacía poco tiempo, con ojeras grises sobre su pálida piel, miraba a la nada y a Temari le dio algo de miedo. Parecía loco.
—¿Sai? —El chico la miró con ojos desorbitados pero de inmediato le sonrió— ¿Estás bien? —Temari se incorporó y se sentó en el sofá, acomodándose la blusa y mirando al mejor amigo de sus hermanos.
—Sí, sí… Claro —Parecía disperso.
—¿Seguro? Mira, sé que tuvimos una noche de mierda pero… ¿siquiera dormiste un poco?
—Sí, claro… Estoy bien —El chico se levantó y volvió a sonreírle a Temari que seguía sin comprender bien qué pasaba—. Será mejor que me vaya.
—Sai… Realmente… ¿Te encuentras…?
—Sí, estoy bien —No tenía por qué mentir, no se sentía mal, era un chico sano, se sentía bien sólo que no entendía a las mujeres. No entendía por qué esa sexy camarera que tanto se sonrojaba cuando lo veía se había comportado de esa manera. Y no era que le interesara, el chico no la conocía de nada, pero era tan incomprensible lo que había pasado la noche anterior. Probar sus labios suaves y hermosos y un segundo después haber sido rechazado astronómicamente por ella y por un muchacho mayor al que ni siquiera había visto una vez en su vida ¿Acaso ella tendría novio? Pero si era así ¿por qué lo miraba tan diferente cada vez que se cruzaban en la cafetería?
—¿Sai? —Otra vez la voz de Temari lo sacó de sus pensamientos. Se había quedado a mitad de camino. Había comenzado a caminar hacia la salida pero se había quedado a medias, pensativo.
—Estoy bien… Gracias por permitir que me quede en la noche —Comentó él antes de salir dejando a Temari bastante intrigada.
Sakura llegó a su casa, sus padres seguían atendiendo El Refugio cuando entró. Ya eran las tres de la tarde y los señores Haruno se dedicaban a trabajar. Ambos trabajaban en la fábrica los días de semana, desde el mediodía hasta las ocho de la noche, allí se habían conocido de jóvenes; y al tomar el control de El Refugio habían comenzado a atenderlo los fines de semana, pagándole a algunos empleados para que lo tomaran los días de semana; eso, hasta que Sakura tuvo edad suficiente para atenderlo ella misma y al poco tiempo el personal cambió drásticamente. Haruno Sakura había desarrollado un importante instinto comercial y sabía a la perfección qué hacer para subir las ventas, entre ello contratar a sus amigas le pareció una buena idea. Si había un ambiente de trabajo sin pleitos todo era mejor. Sin embargo, su padre y madre no daban abasto con el trabajo de los sábados y domingos ellos solos y estaban buscando personal para que colaboraran los fines de semana. Habían anunciado esto pero nadie se había presentado en busca de la labor.
Los padres de Sakura apenas la miraron cuando ésta pasó entre toda la gente y subió por las escaleras caracol, ya tendría tiempo para hablar con ellos después, ahora quería relajarse después de tan atareada jornada. Había perdido por completo el Refugio Móvil. Había quedado en el sitio de la fiesta y seguramente nadie lo había recogido. Por suerte, Naruto y los chicos habían guardado los instrumentos apenas terminaron de tocar, sobre la caja de la camioneta, lo que les facilitó las cosas al momento de la escapada. Pero Sakura no había previsto semejante escándalo. Sacó las llaves de su bolsito y abrió la puerta de entrada de su casa. Pasó con pies cansados, arrastrándolos, haciendo ruido, y sin poder contenerse, cerró la puerta de un portazo y se tiró en el aboyado sofá de su sala; que estaba tan desordenada como siempre. Se quitó los zapatos con cansancio marcado y prendió el equipo de audio que tenía al lado. Puso como siempre su estación de radio favorita, la Konoha, claro está; y una canción de Melanie Martínez la invadió por dentro. Tag, you're it tenía un ritmo tan armonioso que le inspiraba ganas de bailar. Sin embargo no se movió, se quedó oyendo la canción por varios minutos, hasta que ésta terminó y el locutor de la radio comenzó a hablar, agradeciendo por escuchar y sintonizando otro tema.
Sakura se levantó de su asiento, se estiró perezosamente y caminó con pies de plomo hasta la cocinita pequeña que tenía detrás de la mesada.
Todo allí estaba tan sucio como el resto de la casa (A excepción de su habitación) estaba muy cansada para ponerse a limpiar, pero parecía que no le quedaría otra opción, cocinarse en semejante chiquero era hasta insano. Suspiró irritada y comenzó la limpieza.
—¡Ay, cariño! —Ino era abrazada y apretujada por su madre, una mujer de cabello y ojos pardos, atado en una cola de caballo alta igual a la que usaba la rubia misma, su hermano mayor, Deidara, estaba detrás de la mujer cruzado de brazos y mirando a su hermanita con calma. Eran los dos iguales, ambos tenían el pelo rubio (Deidara un poco más oscuro que Ino, pero rubio al fin) los ojos celestes y brillantes, la cara puntiaguda y la nariz perfecta. Ambos usaban el flequillo tapándoles un ojo de la cara y ambos llevaban el pelo largo atado. La diferencia sin embargo era bastante clara, Deidara era musculoso y alto, mientras que Ino era chaparrita y mucho más delicada que su hermano mayor— ¡Qué preocupada me tenías, Ino! ¿Te sientes mejor? ¿Por qué saliste antes de la fiesta, tenías fiebre?— Deidara rio socarronamente.
—Sí, claro… fiebre…
Las dos mujeres lo miraron, la madre sin comprender e Ino con una mirada fiera y asesina.
—Estoy bien mamá —Dijo poniendo voz dulce—. Sakura cuidó de mí muy bien en cuanto llegaron a la habitación.
—¿Ellas también lograron salir sin problemas?
—Tuvieron suerte… —Ino caminó hasta sentarse en uno de los sofás de su sala— Sakura y Tenten salieron rápido gracias a unas influencias de la radio, unos conocidos que trabajan allí —añadió rápidamente para que tanto su madre como su hermano entendieran— y Karin se demoró más, la perdieron por el camino y tuvo que salir por su cuenta… Pero por suerte lo hizo rápido.
—¡Ah, gracias al cielo! Te prepararé un té, para que estés relajada… Súbele a las noticias Deidara, quiero saber qué dicen —Indicó la mujer saliendo de la habitación. Deidara hizo caso, subió el volumen del noticiero que su madre estaba escuchando hasta hacía sólo minutos, en todos los canales hablaban del desastre en la fiesta, y todos daban diferentes versiones de los hechos. Todavía, nadie de la radio había salido a hablar.
—Así que… Fiebre ¿eh?
—Arg, métete en tus asuntos, Deidara.
—Si me meto en los tuyos es porque trato de cuidarte, idiota —Dijo él sin mirarla.
—Será mejor que empieces a ver tu propia vida ¿Sí?
—Te habrás acostado con algún estúpido que ni te cuida ¿no? —Ino gruñó y echó una mirada rápida a la puerta de la cocina, donde su madre había entrado.
—Déjame en paz, es asunto mío.
—También será mío cuando tengas treinta y quince hijos, y ningún hombre que se haga responsable por eso.
—¡Déjate de idioteces, Deidara! ¡Qué ganas tienes de joderme! —Esta vez, él gruñó.
—No son ganas de joderte. Son ganas de que no te jodas —Ino se levantó de su asiento enojada.
—Te lo repito, métete en tus asuntos. Ya no soy una cría, puedo cuidarme sola.
—Si pudieras hacerlo no necesitarías todo el tiempo estar acostándote con estúpidos de los que nada sabes —Le espetó él en voz baja, ojeando el hueco de la puerta de la cocina, al igual que había hecho su hermana antes.
—Mira quién habla… El señor «me acuesto con muchas chicas y me hago el liberal mientras me muero de ganas de pedirle matrimonio a mi mejor amiga»
—Estúpida.
—Imbécil.
La mujer entró a la sala sonriente, sin sospechar de ninguna discusión, con tres tazas de té en una bandeja y bizcochitos recién horneados. Se sentó en el sofá que su hija había ocupado anteriormente y escuchó atenta las noticias mientras tomaba un sorbo de su taza de té. Ino se sentó a su lado dejando de lado la pelea con su hermano y tomó su propia taza; Deidara la imitó, no sin antes echarle una última mirada de advertencia.
