El pequeño muchacho
-¿Te pilló?- exclamó Alice, con los ojos como platos y una mano en la frente
-¡Estoy metida…en una gran mierda!- gimió Emma dejándose caer el sillón tras haber dado vueltas por la habitación durante más de veinte minutos.
Alice la miró, perpleja, había escuchado con atención el relato de la rubia antes de escapar un grito de espanto. Vio a Emma bajar la mirada y quiso inmediatamente subirle el ánimo. Colocó bien la sábana antes de lanzar la pregunta.
-Bueno, ¿qué dijo ella?
Emma bajó la cabeza, estaba realmente avergonzada y sabía que acababa de destruir la confianza que su profesora le había concedido.
-Emma, ¿qué dijo ella?- insistió la enferma
-«Es de la confianza que nace la traición»
-Ah, joder…- silbó Alice haciendo una mueca
-No volvió en toda la noche. Esta mañana, cuando finalmente volvió, quise hablar con ella, pero no me miró y vi algo en su mirada que…me apenó…un desgarro…algo…extraño…Y me pidió que no le dirigiera la palabra…No quiso escuchar nada…
-¡Jo, vas a tener que emplearte en serio para hacerte perdonar!
Emma la fusiló con la mirada, cruzando las manos en el pecho, hundiéndose en el sillón.
-¿Cómo?
-Ah, no lo sé, te recuerdo que yo nunca he estado en ese tipo de situación, así que…
-¡Oh, por favor, te lo suplico! ¡Ayúdame!- rogó Emma
-¡Eh, bueno…En las películas hay una cena o algo parecido, y…al final…sexo!
-¿Sexo? ¡Estamos bastante lejos de eso!- soltó Emma dejando caer la cabeza hacia atrás –Te juro que…le he hecho daño…he traicionado su confianza y…joder, ¡soy estúpida! ¡Creo que en el fondo…mis intenciones eran malas…realmente malas!
-¿Qué quieres decir?- preguntó Alice frunciendo el ceño
-Creo que…quería hacerle pagar lo que me hizo…quería hacerle pagar el hecho de haberme separado de mi familia y…¡ay!
Emma miró a Alice asustada. Ella acababa de lanzarle una almohada a la cara sin medir la fuerza con la que lo hacía.
-¿Qué te pasa?- dijo Emma
-¡Hizo lo que había que hacer por ti y tu familia!
La rubia se pasó una mano por los cabellos, poco convencida de lo que decía su nueva amiga.
-No lo veo así…
-¿Oh, en serio? ¡Emma, si ella no hubiera intervenido, hoy Joy quizás habría puesto fin a sus días, tú, quizás, habrías sido violada, y quizás alguno de vosotros habría recibido una paliza de muerte! Ella te dejó suficiente tiempo para que te prepararas ante el hecho de tener que llamar a los servicios sociales, y tenía razón al decir que estaba arriesgándose mucho. Ella sobrepasó muchas veces los límites por ti y ¿a ti lo que se te ocurre hacer es vengarte? ¡Es patético, Emma!
La rubia bajó la cabeza, avergonzada. Su amiga sabía cómo ponerle los puntos sobre las íes.
-¡Eres egoísta, Emma! ¡Esa mujer es una santa por aún no haberte asesinado!
Emma reviró los ojos y le devolvió de forma más dulce la almohada.
-Lo sé.
Hubo un silencio durante el cual Emma se echó una reprimenda a sí misma. Alice decidió cambiar de tema.
-¿Y cómo están los otros?
-Todos están bien, en fin, no tengo noticias de Jeremy, pero…creo que está bien. Nathan no sabe qué hacer, está en una familia estricta, pero amable. Amber y Lucy están alojadas en casa de los Nolan, así que todo bien para ellas, Joy está en casa de su mejor amiga, creo que poco a poco se está recuperando de todo, pero está conmocionada y se siente culpable.
Alice asintió dejando que el silencio se instalara. Su atención fue captada por el episodio de la serie que seguían en ese momento y sin decir nada, decidieron dejar la conversación de lado para dejarse sumergir en dos o tres episodios. Sobre las cuatro, Emma se levantó frotándose los ojos anestesiados por la pantalla de televisión.
-Ok…bueno, ¿qué hago?
-Una cena…disculpas…¡una terapia!- indicó la morena levantando uno a uno tres dedos.
-¡Voy a por las dos primeras!
Emma se dio prisa en hacer la compra y volvió a casa, con los brazos cargados de bolsas de papel. Entró en la mansión vacía, pero lo aprovechó para preparar la cena tranquilamente.
Hacia las seis, tras haber recogido y limpiado todo lo que había usado para la preparación, subió a cambiarse. Dudó largo tiempo sobre la ropa interior, pues aunque intentaba ser razonable, Alice le venía a la mente. Y si tenía razón, esa noche, pasaría a una etapa superior. Emma frunció el ceño, estaban tan alejadas…por ahora no había habido sino acercamientos discretos, una mano posada en la mejilla que se asemejaba más a un gesto maternal. No quería equivocarse. Y además, Regina seguro que se habría acostado muchas veces con mujeres.
Con Chloè Tinker…
Emma suspiró frustrada, Regina sin duda ya se habría acostado incontables veces con la enfermera del instituto y eso le molestaba mucho. Se puso un vestido que Ruby le había regalado hacía un tiempo y que moldeaba perfectamente sus curvas. Miró por un momento su reflejo en el espejo y a pesar de todos los esfuerzos que había hecho, se encontró fatigada y enflaquecida. Suspiró y bajó a la cocina para vigilar la cocción final de su pollo. Tuvo cuidado en no dejar caer nada en su vestido blanco mientras esperaba pacientemente la llegada de la morena.
Hacia las ocho, escuchó la puerta de la entrada abrirse y Regina subió los pocos escalones que la separaban de la cocina abriendo como platos sus ojos. Emma estaba ahí, esperándola en un vestido que dejaba ver sus largas piernas. Encontró el camino hacia los orbes verdes y hundió su mirada allí dentro. Emma, turbada al máximo, logró, sin embargo, tomar la palabra.
-He preparado la cena, me gustaría hacerme perdonar y además…usted ha cuidado de mí, creo que es hora de que yo la cuide un poco- dijo Emma con voz débil.
Antes de que Regina pudiera abrir la boca, Emma avanzó hacia ella y le atrapó la mano.
-¡Se lo ruego, no me diga que no! Siéntese, me gustaría de verdad reparar mi falta de tacto.
-Yo…voy primero…a tomar una ducha, Swan- respondió ella con voz fría apartando secamente su mano.
Se dio la vuelta antes de que Emma hubiera podido captar la menor emoción en su rostro. Instantáneamente, la rubia supo que no estaba nada ganado y aunque un millón de preguntas inundaban su mente, se juró dejarle a la morena tiempo para que digiriera su traición.
Cuando Regina volvió a bajar, se había puesto una falda lápiz y una blusa beige, sencilla. Emma desearía poder arrancársela al final de la cena, pero calmó sus ardores. Emma había puesto la mesa en el comedor y se sentaron en un silencio total. La cena se desarrolló en calma, Regina realmente no era habladora y Emma podía sentir una certera tristeza ampararse de ella. Felicitó, de todas maneras, a Emma por la cena y le dio las gracias. Después, antes de que Emma pudiera responder algo, la morena se levantó y comenzó a lavar la loza.
Mientras Regina lavaba y la estudiante secaba, esa última carraspeó para llamar la atención.
La directora adjunta se secó las manos y se apoyó contra la encimera de la cocina, cruzando sus brazos sobre su pecho.
-Profesora, de verdad quería disculparme, yo…
-Déjelo estar, Swan.
Regina se había sentido decepcionada numerosas veces a lo largo de su vida, y el hecho de estarlo una vez más no hacía sino demostrarle que había concedido su confianza demasiado rápido. Le abría su casa a una estudiante y se encontraba herida y con su intimidad violada. Emma había recibido su total confianza y Regina había sido engañada como una tonta.
-No, por favor, no «lo dejo estar». Yo…soy una pequeña estúpida, pero…quería tener información sobre usted y en vez de preguntarle directamente, preferí hurgar un poco por todos lados…estoy de verdad avergonzada y lo siento, pero no quería hacerle daño…en ningún momento, ¡tampoco quería perjudicarla! Profesora, la aprecio sinceramente y créame cuando le digo que no quería hacerle ningún daño, solo saber más…
-¡No tiene por qué saber más sobre mí, Miss Swan! Solo es una alumna a la que acojo por…
-¡Yo la aprecio!
Regina cruzó los brazos bajo su pecho y frunció el ceño. Emma siguió
-Solo quería saber lo que esconde la gran Regina Mills…estuvo fuera de lugar y estúpido, pero…¡quiero ayudarla!
-¿Ayudarme a qué?- preguntó la morena de repente curiosa
-A sacar esa tristeza que hay en usted…
Regina barrió el rostro de la rubia con una rápida mirada y no vislumbró ninguna huella de mentira. Durante varios segundos, no supo si debía gritarle o darle una bofetada o sencillamente tomarla en sus brazos. No se movió, pues el candor de la joven tiraba por los suelos las barreras que había alzado a lo largo de la velada y asintió, mostrando a la susodicha que había ganado una primera batalla, pero precisó de todas maneras.
-Miss Swan, tengo que decirle que nada ni nadie podría ayudarme, y ciertamente no una de mis alumnas.
La rubia habría deseado gritar. Ella no quería ser solamente una alumna. Quería ser mucho más. Emma le lanzó una tímida mirada, después, tomando el toro por los cuernos, dio un paso lento hacia delante y pasó sus brazos alrededor de la morena. Si le hubieran dicho que un día le haría un cariño a Regina Mills, habría llorado de la risa. Incomoda al principio, Regina se relajó finalmente e incluso apreció el contacto. La rubia alzó la cabeza y se perdió un momento en la mirada de Regina. Esta última sintió que Emma se ponía de puntillas para enderezarse, sus labios se acercaban. Regina la soltó enérgicamente y se desplazó hacia un lado rápidamente.
-Bien, buenas noches y…hasta mañana- murmuró dejando la cocina para correr hacia las escaleras.
Emma tenía la expresión de haber recibido un cubo de agua helada sobre la cabeza. Pero en el fondo, ¿qué se había esperado? ¿Que iba a ser tan sencillo como unos buenos días? Gruñó de frustración al ver a la morena desaparecer por las escaleras. Visiblemente Alice se había equivocado, su noche no acabaría en sexo.
-¿Redge? ¡Es tarde!- gruñó una voz al otro lado de la línea.
-¡Cholè, necesito consejo! ¡Estoy…de verdad estoy en un berenjenal!- susurró Regina mientras cerraba las cortinas de su habitación.
-¡Ok! ¡Me estás dando miedo!- dijo Chloè despertándose plenamente
-Swan está en mi casa
-¿Qué?- gritó Cholè –Cuando decías «encontraré una solución» pensaba que se lo pedirías a Mary o…Will
-¡No! Yo…quiero bastante a esa chica y…¡oh por Dios! ¡Creo que estoy en un camino minado!
-¿Un camino minado? Regina, ¿qué ocurre?
-Te hablo de…estoy…¡por Dios! Cholé, creo que tengo sentimientos hacia una alumna…
Regina estaba escandalizada, ¿cómo podía tener sentimientos tan fuertes por una de sus alumnas, por una cabeza loca que es peor? Una joven torpe, inteligente pero tan perdida…una joven que se le parecía tanto. Al otro lado de la línea, Chloè no respondía, se aseguraba haber comprendido bien la situación y acabó por sacudir sus rizos rubios.
-¿Está en tu casa en este momento?- preguntó finalmente
-Sí…
-¿En tu cama?
-¿Perdón? ¡Por supuesto que no! ¡Chloè!
-Perdona, perdona, pero…jamás te he visto dejar entrar en tu casa a un alumno. Normalmente eres muy profesional, así que, si…
-¿Crees que estoy loca?- cortó Regina
Escuchó a Chloè reír dulcemente al otro lado de la línea. Después hubo un largo silencio, tan largo que Regina creyó que su amiga había colgado, miró la pantalla del teléfono y escuchó de nuevo la voz de Chloè.
-¡No! ¡Creo que finalmente sientes algo normal por alguien!
-¿Y eso qué quiere decir?
-Hace tiempo que os miro de lejos, y además…he comprendido que la operación "salvemos a los huérfanos" debía estar motivada por algo más…grande.
-¡No te sigo!- confió Regina frunciendo el ceño, notaba que un dolor de cabeza comenzaba.
-Redge, te liaste conmigo porque yo era tu tipo, porque yo tenía tiempo para nuestras quedadas, pero…al final solo era un polvo.
-¡No! Tú…
-Redge- cortó su amiga –No es algo malo lo que estoy diciendo. ¡Y ya me he recuperado de eso! Pero no había verdaderos sentimientos por tu parte. Intentabas solo…retomar contacto con la realidad. No estoy al corriente de todo lo que ha pasado en tu vida, pero sé que es demasiado grave para que no quieras hablar de ello. Esa muchacha quizás sea la persona que te pueda curar…
Un largo silencio acogió las palabras de Tink. Regina cerró los ojos.
-¿Redge? ¿Estás ahí?
-Sí, sí. Yo…lo siento Chloè
-¿Qué sientes?- preguntó la rubia, sorprendida
-Haberte hecho sufrir hasta ese punto, y…te doy las gracias por ser aún mi amiga- resopló la morena tristemente.
Tras un corto silencio en el que cada una pensó en la relación que habían tenido, Chloè retomó la palabra, con voz algo más clara.
-Redge, esa chica solo puede hacerte bien, sin embargo, ¡sed discretas! No estoy segura de que el director aprecie que su encantadora adjunta se tire a una alumna.
Regina casi se atragantó.
-Yo no me tiró a…
-Sí, sí, lo sé. Pero hay que confesar que es tentador, ¿no?- se burló la enfermera.
-¡Chloé Tinkerbell!
-¡No me llames Tinkerbell!- gritó la rubia al otro lado
Regina suspiró mirando por la ventana.
-No es solo eso…ella tiene…siete años menos…
-¿Y?
-Y es una alumna, ¡oh pero…en qué jaleo me he metido!
-¡Calma, Sarah Bernard! ¡No hay razón para estar así de mal! En menos de un año, será mayor de edad, y en menos de un año, ya no será tu alumna, solo hay que tener…paciencia y…ver cómo pasa todo.
Regina escuchó los escalones de las escaleras crujir no lejos de su habitación y contuvo el aliento.
-Cholè, hablamos mañana- murmuró Regina colocando su mano delante de la boca.
Se acercó a la puerta de su habitación, y escuchó con atención lo que pasaba detrás, pero no escuchó ningún ruido. Cerró los ojos para concentrarse más. Al otro lado, Emma se había quedado quieta al escuchar la voz de su profesora, vacilaba entre ir a verla a su habitación o seguir su camino. Finalmente, tras incontables segundos, continuó hacia la habitación de invitados. Era demasiado tarde para entrar en la habitación de su profesora, pero una cosa estaba clara, quería más que esa relación. Debía poner en práctica un plan infalible, pero sola, corría el riesgo de fracasar. Pero por otro lado, ¿con quién podría hablar? Otra cuestión martilleaba su mente: ¿quién era ese pequeño muchacho de la foto? No lo había visto por ningún lado. Ni en las fotos del salón. Había sentido algo particular al ver al niño, como si esa foto fuera un pesado misterio que rodeara esa casa. Como si debiera estar oculto para siempre. Se quedó dormida con esos atormentados pensamientos.
El domingo, Emma trabajó toda el día en el Chapèlier Flou y Regina se unió a ella para terminar la última parte de su trabajo. ¡Ya no quedaba sino hacer el índice, reestructurar algunas partes y hacer incontables versiones diferentes hasta que todo estuviera perfecto!
Ninguna de las dos habló del fallido beso que casi había tenido lugar y la cena acabó rápidamente, hundiéndose tras ella Regina en su despacho y Emma en su habitación.
El lunes por la mañana, Emma se despertó al escuchar fragmentos de voces, frunció el ceño y se obligó a abrir los ojos. Creyendo, al principio, que había tenido una pesadilla, gruñó de descontento, después escuchó la voz de la directora adjunta. Ella gritaba.
Emma se levantó de un solo golpe y se puso rápidamente ropa abrigada. Bajó y no encontró a nadie en la casa, salió y rodeo la imponente mansión y se encontró delante de los establos de donde procedían los gritos.
Regina Mills estaba de pie, frente a un hombre que Emma no podía vislumbrar bien. Un hombre que estaba convencida de haber visto ya. Con sus pensamientos aún entorpecidos por el sueño, no logró identificarlo inmediatamente.
-¡Lo lamentarás!- gritaba el hombre apuntando un dedo hacia la morena.
Cuando Regina iba a replicar, sus ojos dieron con Emma y cambió inmediatamente de actitud. Recobró cierta contención y simplemente alzó una ceja cuestionadora. La mirada que Regina lanzaba tras él llamó su atención, y al darse la vuelta se encontró cara a cara con la rubia, que miraba la escena con asombro en su rostro. De repente, ella lo reconoció. Era el hombre del bar, el hombre que había agredido a Regina en el aparcamiento. Emma fijó su mirada en él, pero él no estaba para nada impresionado. Con los ojos llenos de cólera, se giró de nuevo hacia la morena, pero ella no le dio tiempo a replicar, soltó con una voz cortante.
-¡No vuelvas a poner los pies en mi casa, Sydney!
El hombre giró sobre sus talones, furioso. Sin que ella se diera cuenta, Emma lo detuvo agarrándole por un brazo y hundió sus ojos verdes en le fondo de los marrones oscuros.
-No vuelva.
No era una amenaza, más bien un consejo, un consejo muy serio que ella no retiraría. No sabía de dónde salía ese hombre, pero la amenaza era real, lo sentía en todo su ser, era peligroso. Pero si le hacía el mínimo daño a la directora, ella estaba dispuesta a devolverle el golpe.
-¡Está completamente loca!-gruñó Sydney soltándose del agarre de la rubia.
Se dirigió hacia su camioneta y subió para alejarse de allí rápidamente. Emma se giró hacia la morena que estaba con los brazos cruzados.
-¿Quién es ese tipo?- preguntó con voz inquieta.
Regina no hizo caso a la pregunta y miró su reloj como si no nada hubiera pasado. Manifestaba ese lado inquebrantable que tanto impresionaba a la rubia.
-Vamos a retrasarnos, miss Swan, vayamos a prepararnos- concluyó la morena pasando por delante de Emma sin dirigirle siquiera una mirada.
Los días pasaban y Regina no lograba decidirse a encontrarle un nuevo alojamiento a Emma, sentía que ningún otro estaría a la altura de la situación. Sin embargo, la traición de Emma la había enfriado y su razón le decía que alejara lo más rápido posible a esa estudiante de su casa. Por los pasillos, saludaban a Regina respetuosamente, pero ella respondía distraídamente, demasiado ocupada pensando en ese dilema. Su secretaria le tendió su correo y ella se encerró en su despacho para poner las ideas en orden. Tenía clase con Emma en una hora, no podía llegar allí con su mente hecha un lío. Decidió arreglar dos o tres documentos antes de dirigirse a clase. En medio de su correo, un sobre con un dibujo de un ojo que conocían bien, captó su atención. Frunció el ceño y suspiró. Otra amenaza. Decidió no abrir el sobre y lo tiró directamente a la basura. Alguien parecía estar divirtiéndose…
Durante los últimos días, Ruby, Belle y Emma habían estado tramando un plan para vengarse de Katherine, pero debía esperar al viaje escolar para poner en práctica sus planes. Mientras, Emma pasaba largas horas en compañía de sus amigas, feliz por haberlas recuperado y aliviada al ver que nada había cambiado. Ruby seguía con Peter, pero se las arreglaba para pasar el mismo tiempo con él que con las chicas, en cuando a Belle, tenía un amor secreto del que no se atrevía a hablar por miedo a que las chicas se rieran de ella. Sin embargo, un día, ella llegó al instituto con cara desolada. La cinta azul que nunca abandonaba sus cabellos no hacía sino girar entre sus manos.
-¿Ruby?- la llamó abriendo sus grande ojos azules -¿Puedo hacerte una pregunta?- dijo sentándose al lado de la morena en la cafetería
Emma removía sus brócolis sin gran convicción, pero el tono de Belle captó su atención inmediatamente.
-¿Sí?- se asombró Ruby que sujetaba su vaso de coca cola
Belle respiró varias veces profundamente antes de preguntar, tanto que Ruby tuvo casi tiempo de terminarse su refresco. De repente, Belle se lanzó
-¡Enséñame a acostarme con un chico!
Ruby se ahogó y escupió la mitad del líquido sobre Emma que seguía torturando sus brócolis.
Hubo algunas risas alrededor de ellas.
-¡Mierda! ¡Emma, lo siento!- se excusó la morena ayudando a secarla.
El rubor ascendía a las mejillas de Belle y ayudó a Emma a limpiarse la cara.
-¿Qué pasa contigo, Belle?- interrogó Ruby fusilándola con la mirada -¿Por qué me preguntas eso a mí?
-Bueno, no sé, seguro que Peter y tú habéis pasado a…y….
-¿Por qué dices seguro?- se atragantó de nuevo la morena
-Bueno, ¿lo habéis hecho o no?
-No es de tu incumbencia
-¡Muy bien, en ese caso Emma podrá quizás ayudarme!- replicó Belle, disgustada con la actitud de su amiga.
-¿Hein? Belle…es que…¡eres molesta con tus preguntas!- murmuró Emma
-¿Qué? ¿Ninguna me va a ayudar?
-¿Me tomas por una zorra?
-¿Hein?- se asombró Belle
-¡No es lo que ha dicho!- replicó Emma
-¡Oh, tú, venga ya! ¡No te hagas la lista si no quieres recibir la otra mitad de la bebida!- bromeó Ruby mostrando el vaso
-Ruby, por favor, ayúdame un poco…
-Mi querida Belle, estoy segura de que habrá algún libro que…
-¡Estás loca! ¡No voy a sacar ese tipo de libro de la biblioteca!- se sofocó la morena
-¡Solo tienes que leerlo allí!
-¡Ruby!
-Bueno, bueno, de acuerdo, está bien. Pero, ¿por qué me haces este tipo de…?
-Bueno…es que esto comienza a hacerse serio y…de hecho no quiero parecer ridícula
-¿El ya lo ha hecho?
-Supongo…
-¿Supones? ¿No habéis hablado un poco antes de…?
-¡Tú qué crees!- gritó Belle sin respiración, con lágrimas en los ojos, visiblemente no se esperaba que su amiga fuera tan recalcitrante en explicarle ese tipo de cosas.
-De acuerdo, no te enfades.
Emma estaba aliviada por haber escapado a la pregunta, hundió su nariz en su plato pero sin perder palabra de las explicaciones de su amiga. Después de todo, si podía impresionar a Regina la primera vez… Emma se perdió durante unos segundos, en su mente estaba preparada para tener una eventual relación con su profesora.
Los pensamientos de Emma divagaron hasta un plan para conseguir saber más de Regina Mills, y para eso, era muy sencillo, tenía que convertirse en su confidente, su amiga. Para eso, tenía que estar con ella lo máximo posible. No recordaba haber montado ningún plan como ese con ninguno de sus profesores, por muy sexy que fuera. De repente, una constatación le cayó encima como un jarro de agua helada. El lado sexy no atraía a Emma tanto como pensaba. Era evidente que eso pesaba en la balanza, pero para ser sinceros, Emma sabía que esa mujer era alguien generoso que se ocultaba bajo una máscara de frialdad y sarcasmo. Había que usar la astucia para desvelar a la persona que se escondía debajo y para eso pondría en marcha la operación Cobra.
-¿Entonces Emma? ¿Algo que añadir?
-¿Hein? ¿Qué?
-¡Estás en la luna!- rio Ruby intercambiando una cómplice mirada con Belle
-No, pensaba solo en otra cosa…
-¿Problemas con los chicos?- preguntó Belle seriamente
-No, en absoluto, ellos están bien…bueno, Nathan lleva mal el ya no estar con nosotros, pero…está bien. Tengo que ir a verlos después de clase.
-¡Si no haces que te castiguen de aquí a allá!
-¿Por qué me castigarían?
Ruby hizo una señal con la cabeza para señalarle a alguien detrás de Emma y esta pudo ver a la profesora Mills dirigirse directamente a ella.
-¡Miss Swan, necesito verla unos minutos!
Su tono no dejaba lugar para réplica ninguna, Emma se levantó y la siguió, dejando sus brócolis y a sus amigas.
Regina encontró un pasillo silencioso y se dio la vuelta. De repente se asombró
-¡Está empapada!
Emma abrió la boca para volver a cerrarla varias veces, sus cuerdas vocales se negaban a funcionar.
-¿Swan?- se alarmó Regina posando una mano en su antebrazo, gesto que tuvo como efecto que la rubia retrocediera unos buenos metros.
-Ruby me ha escupido encima. No…no es nada.
Regina barrió el aire con su mano como si quisiera borrar lo que acababan de decir.
-¿Alguna de sus amigas sabe que está viviendo conmigo?
-¿Qué? ¡No! ¡No! ¡No se lo he dicho a nadie del instituto!
-¿Está segura, Miss Swan?
-¡Se lo juro!- aseguró Emma
Regina sondeó los ojos de la chica y asintió
-¿Este símbolo le dice algo?- preguntó la morena sacando un trozo de papel de su bolsillo.
Emma escrutó el trozo de papel con expresión perpleja. Un ojo con una pupila negra, resplandeciente, estaba dibujado.
-No, ¿por qué? ¿Qué ocurre? ¡Dígamelo!- suplicó la joven de repente inquieta.
Regina lanzó una mirada alrededor de las dos, poco tranquila.
-¿Nunca ha visto este símbolo?
-¡No! Un ojo completamente normal, pero…yo no lo conozco, quizás haya alguien que pueda ayudarla…
-¿Ah sí?
-¡Belle! Ella conoce todos los símbolos del mundo entero así que si este tiene algo de particular, ¡ella lo encontrará!
-No, ya he mirado en Internet…¡no hay nada!
Emma cogió el trozo de papel rayado y ofreció una sonrisa misteriosa a la directora.
-¡Belle nunca busca en Internet!- murmuró ella
Se alejó manteniendo el contacto visual algunos instantes, después dio la vuelta para volver con sus amigas mientras que Regina volvía a su despacho, con una pequeña sonrisa en los labios. Se sorprendió al ver a Killian delante de la puerta, esperando balanceándose de un pie al otro, incómodo.
-¡Este chico intentaba salir del centro sin autorización!- le informó la secretaria
Regina le lanzó una severa mirada y le señaló con la mano el despacho.
-Señor Jones, ¿por qué quiere dejarnos tras la pausa del almuerzo? ¿La comida no ha sido de su agrado?- preguntó ella cerrando la puerta tras ella.
-No, pero tengo que irme
-¿Por qué?
-Profesora, déjeme salir, deme una autorización para…
-Perdón, jovencito, debo haber escuchado mal, ¿me está ordenando darle una autorización?
Él cerró los ojos, los nervios a flor de piel, y cerró los puños. Ella no estaba para nada impresionada y sencillamente frunció el ceño lanzándole una mirada glacial.
-¡Escuche, solo necesito medio día!
-¡Siéntese, señor Jones!- impuso ella
Tras un suspiro contenido, él se dejó caer en la silla ante la mesa y se tomó la cabeza entre las manos.
-¡Señor Jones, tengo que saber qué ocurre!
-¡No es necesario que me ayude, profesora! ¡Se va a meter en jodidos problemas!
-¡Vigile su forma de hablar!- le llamó la atención.
-¡En serio, profesora Mills, le pido que deje de ayudarme! ¡No intente interponerse más!
-Jones, honestamente, ¿creía que iba a dejar a uno de mis alumnos en apuros?
-¡Si continúa, le harán daño!
-Si le dejara salir esta tarde, ¿qué ocurriría?
-¡Voy a solucionar el problema!
-Más bien vamos a llamar a la policía…- suspiró Regina, deplorando el hecho de tener, una vez más, que ir contra la voluntad de uno de sus alumnos.
Ella detestaba estar en esa posición, pero la reconstrucción de algo pasaba forzosamente por la destrucción. Killian, Emma…Los dos habían puesto su confianza en ella y estaba obligada a solucionar la situación. Cogió el teléfono, mientras Killian gruñía su desaprobación.
Fue una muy larga jornada, y Regina, cansada, llegó a su casa. Todas las estancias estaban hundidas en la oscuridad, pero divisó algunos rayos azulados filtrarse desde el salón. Se quitó los tacones y su abrigo, que colocó en el armario de la entrada y fue en dirección a Emma, acurrucada en una manta, una taza de chocolate caliente con canela entre las manos. Regina lanzó una mirada abrumada a la pantalla de la televisión y preguntó
-¿Qué es eso?
Emma se sobresaltó y dejó la taza antes de que se le cayera, se enderezó y con el mando, pausó la imagen.
-¿No lo reconoce?- dijo asombrada la joven abriendo sus ojos como platos
Regina sonrió, enternecida con la expresión de asombro de su alumna.
-Miss Swan, la imagen es una pluma sobre un papel, he tenido pistas mejores…
La estudiante giró rápidamente la cabeza hacia la televisión y asintió, comprendiendo. Después, miró de nuevo a la directora y le ofreció una tímida sonrisa.
-¿Se sienta para verla conmigo?-pidió alzando la ensaladera con palomitas para mostrarle que no faltaban víveres.
Tras una breve vacilación, Regina se sentó y alzó un trozo de manta para ponerse debajo. Su pierna encontró la de Emma y la joven rio ligeramente, turbada.
-Entonces, ¿qué vemos?- preguntó la mayor dejando caer algunas palomitas en su boca
-Las Amistades Peligrosas
Regina se quedó un momento quieta, le dieron ganas de usar esa expresión tan usada por sus alumnos "¿en serio?" Se obligó y giró la cabeza hacia la pantalla que repentinamente se animó. Habría querido golpearse la cabeza contra una superficie dura. Emma, por su parte, hacía lo máximo para parecer relajada mientras que en el fondo, se maldecía por haber elegido tal película. Pero al cabo de varios minutos, se relajó e intentó discretamente acercarse a la morena, feliz por compartir un momento con ella.
Emma se sentía extraña, era como si quisiera aspirar su perfume desde algo más cerca, como si quisiera sentir su piel. ¿Qué textura tendría? ¿Qué olor?
Emma escuchó de repente su vientre hacer un ruido extraño. Rezó para que Regina no hubiera escuchado nada.
-¿Tiene hambre, miss Swan?
Hambre…oh sí…- pensó la joven en un primer momento.
-Sí…las palomitas nutren menos que sus deliciosos platos- susurró ella
-No lo pongo en duda, además, ¿sabe que esto está cargado de azúcar?
-¡Haré más deporte!- respondió la rubia
-Cuente conmigo para ayudarla- murmuró Regina con voz cálida
Emma no sabía si era claramente para atizarla o solo para callarse y disfrutar de la película, sintió su respiración hacerse más difícil, pero hizo un esfuerzo sobrehumano para controlar su ritmo natural. Se humedeció los labios y recuperó su taza posada en la mesita de centro para darse contención.
Las escenas carnales fueron dolorosas de ver, Emma sentía su excitación aumentar poco a poco, y decidió centrar su atención en otra cosa. Al final de la película, se encontraron en la oscuridad y Regina se levantó para encender una luz. Emma le agarró la mano para que se quedara en el mismo sitio y la dulzura así como el calor de su piel le parecieron irreales.
-Profesora…
-¡Emma, no se ve nada, tengo que encender!
La morena retiró la mano y le dio al interruptor; entrecerraron los ojos ante la luz cegadora que abarcó toda la estancia. Regina resopló al ver la cara de sueño de Emma.
-¡Es tarde, jovencita, a la cama!- ordenó suavemente
Emma se levantó y hundió sus manos en sus bolsillos, se tomó unos segundos para encontrar las palabras que quería decirle y susurró dulcemente
-Gracias, profesora, por todo esto…
A pesar de la rabia y el deseo de llorar contra la pared, recogió su taza y la ensaladera para ir a lavarlos a la cocina. Cuando iba a subir las escaleras para ir a su habitación, se sorprendió al escuchar a Regina llamarla. Volvió sobre sus pasos y se cruzó con la mirada de la mayor.
-¿Belle ha encontrado algo?- preguntó ella, escéptica
-Está en ello
Un corto silencio dejó tiempo a Regina para estirar la tela de su blusa.
-He tenido visita de algunos policías hoy en el centro y he pedido noticias de su hermano pequeño- comenzó ella
-¿Jeremy?- exclamó Emma, feliz ante la iniciativa de su profesora. Pero enseguida se desilusionó, quizás él estaba mal, quizás estaba enfermo…
-¿Está bien?- preguntó repentinamente
-Está bien, no se preocupe, Swan- la tranquilizó la directora –Está con una familia adoptiva
-¿Adoptiva? ¿Eso quiere decir que va a tener su propia familia?
-Bueno, aparentemente, la familia está "a prueba" durante un año y después, si lo desean y todo va bien, lo adoptarán.
-¿Dónde viven?- preguntó la rubia nerviosa
-Nueva York
Emma asintió. Nueva York, le parecía tan lejos…Volvió a asentir tristemente y Regina le agarró la mano para reconfortarla.
-¡Él está bien, miss Swan, está bien!- repitió ella para que la información fuera bien recibida
Emma sonrió tristemente y cerró brevemente los ojos.
-Gracias profesora…
Subieron después cada una a su habitación, y Emma suspiró y camino de arriba abajo durante un rato, tenía que acelerar las cosas, porque si no, se encontraría durmiendo delante de la puerta de la habitación de su profesora…
Al día siguiente, en cuanto acabaron las clases, corrió directamente hacia la casa de su profesora para su nuevo ejercicio de acercamiento.
-Vaya, miss Swan, ¿qué hace ahí?- preguntó la morena ofreciéndole una sonrisa, mientras Emma pasaba por las puertas de los establos.
Emma se sintió aliviada. Había creído en un primer momento que la morena no estaba ya que había encontrado la casa vacía. La miró de arriba abajo y contuvo un gemido, retiraba lo que había dicho, el aspecto sexy era importante. Regina Mills llevaba botas de cuero marrón de las que sobresalían unos pantalones de equitación marrones muy ceñidos que sujetaban una camisa de seda blanca que seguía de manera fluida todos los movimientos de la amazona. Una chaqueta azul cielo que ciertamente debía haber sido hecho a medida y que bajaba hasta medio muslo completaba el atuendo perfecto de la morena. Emma avanzó silenciosamente y le devolvió la sonrisa. No sabía verdaderamente cómo comenzar la conversación así que decidió responder a la pregunta de su profesora. Siempre tenemos que aprovechar las cartas que nos dan.
-Bueno, las puertas de los establos estaban abiertas, así que creí que un caballo se había escapado
Regina frunció el ceño.
-Pero…ya veo que no es así…- precisó Emma arrastrando su voz
-¿Se siente bien, Swan?- preguntó Regina entrecerrando los ojos
-Sí, sí. ¡Tiene una hermosa chaqueta!- cumplimentó la joven
Regina la traspasó con la mirada y corrigió a la estudiante.
-Un frac
-¿Hein?
-¡Esto se llama frac, no chaqueta!
-Ah…bien…un frac…- carraspeó, incómoda –No había visto antes sus caballos, ¡son magníficos!- la felicitó
-Gracias
-¿Me enseñaría a montar?- preguntó la rubia un poco impresionada por el semental que tenía delante de ella
Tras un segundo de reflexión, Regina decidió responder tranquilamente.
-¿Por qué no? De momento, ayúdeme a almohazarlo
-¿El qué?
-¡Coja ese cepillo!- ordenó Regina señalándole un cubo en una esquina.
Emma obedeció sin rechistar, demasiado feliz de que Regina diera un paso en su dirección.
Ella imitó los gestos de la directora y pronto un silencio se instaló entre ellas.
-Entonces, ¿hace mucho tiempo que tiene caballos?- interrogó la rubia lanzándole una mirada por encima del resplandeciente animal.
-Algunos años, sí
-¿Por qué no un perro o un gato? Ocupan menos sitio.
-¡Ni hablar de tener pelos de animal en toda mi ropa!- replicó la morena.
Emma se tragó su sonrisa y frunció el ceño.
-Pero, cuando era pequeña, ¿no quería animales?
Regina rio, burlándose casi abiertamente de la pequeña ignorante.
-De pequeña tenía todo lo que un niño podía soñar, materialmente hablando.
-¿Materialmente hablando?- retomó Emma para que Regina fuera más explícita
Esta última dejó caer su brazo un momento antes de volver a sus cuidados meticulosos para con el caballo.
-Mi madre nunca fue muy…maternal- confesó evitando cuidadosamente cruzarse con la mirada de Emma
-Oh…bueno, la suya no la dejó al borde de una carretera…- replicó amargamente la rubia.
Regina no respondió enseguida.
-¿Sabe, miss Swan? Quizás su madre la dejó allí con el único fin de darle las mejores oportunidades en la vida. ¡Abandonar a un hijo no puede ser algo fácil!
-¡Si no ha abandonado a un niño, no puede saberlo!- bromeó Emma
Un pesado silencio siguió a la broma de la rubia. Bruscamente, alzó la cabeza para darse cuenta de que la morena rehuía su mirada, ocupada en intentar volver a ponerse la máscara de hierro que enarbolaba normalmente.
Y de repente, Emma comprendió. El pequeño muchacho, su ausencia, la tristeza de su profesora. No. ¡No podía ser eso!
-Miss Swan, yo…
-¿No? ¿Usted no…?- gimió Emma, su tono entre acusación y desilusión, como si le acabaran de dar un puñetazo en el estómago.
Sus miradas finalmente se cruzaron.
-¡La clase ha acabado por hoy, entre Swan!-ordenó Regina con voz fría y muerta.
Ella tiró el cepillo en el cubo, pasó bajo las cuerdas que mantenían atado al caballo y partió rápidamente.
-¿Es el pequeño de la foto de su habitación?- interrogó la joven haciendo lo mismo.
-¡Entre Swan!- dijo la mayor caminando rápidamente
Salió de los establos a paso apurado, seguida de cerca por la estudiante.
-¿Es ese el secreto de Regina Mills? ¿Abandonó a su hijo? ¡Qué hipócrita!
-¡Swan!
-¿Qué? ¿No quedaba bien en el salón? ¿No pegaba con las cortinas o la alfombra persa? ¿Así que prefirió dejarlo tirado en el arcén de una calle desierta?- gritó la rubia siguiendo a su profesora, fuera de ella.
¿Cómo había podido enamorarse de una egoísta? ¡Abandonar a un niño cuando visiblemente tenía los medios para ocuparse de él! Emma sintió la sangre palpitarle en las sienes. Sin reflexionar, atrapó violentamente la muñeca de la morena.
-¿Cómo he podido admirarla tanto?- sollozó ella sintiendo sus esperanzas caer en un estruendo ensordecedor.
La réplica no tardó mucho tiempo en surgir, Regina empujó a Emma contra la pared de madera de los establos, provocando un ruido sorprendente, y su mano se encontró posada en su corazón. Emma estaba convencida de que si Regina hubiera podido hundirla en su pecho y arrancarle el músculo que envía sangre a todo su cuerpo, lo habría hecho sin vacilación.
-¡Cállese! ¡No sabe absolutamente nada! ¡Así que déjeme decirle una cosa, Emma Swan, métase en lo que le incumba! ¡Sobre todo cuando no conoce ni una centésima parte de la situación!
Soltó su agarre y Emma se masajeó el pecho, recobrando un poco el aire en sus pulmones. Vio la silueta de la morena desaparecer y sintió la cólera insinuarse en ella.
Tenía que marcharse de ahí.
