Unas gafas
Nott parecía excitado. Parecía tener un gusto inusual por el riesgo innecesario. Alguna vez había supuesto que la necesidad de redimirse por el daño causado en el pasado le llevaba a ello. Otras simplemente se cuestionaba si lo hacía por el mero placer del riesgo. De algún extraño modo, aquel chico que en principio le pareció arrogante y solitario había resultado ser uno de los bastiones principales del grupo.
Nunca supimos realmente qué fue lo que sucedió aquella noche. Sin embargo de un momento a otro, todo pareció suceder demasiado deprisa.
Si bien Hermione y Ron habían sido sus amigos desde siempre, el único nombre que se le pasó por la cabeza en ese momento fue el de Pansy. La sola idea de perderla hacía que se le nublase la mente y sus fuerzas flaquearan de tal manera que sus piernas fallaban sin remedio.
Cuando su cerebro asimiló donde estaba, la proximidad de la varita de un tal O'Malley a su pecho era casi inevitable. Un rayo rojo le pasó rozándole el hombro y causándole un dolor casi insoportable al instante. Por suerte Hermione estuvo al tanto aquella vez.
¿Pero qué haces Harry? ¡Espabila joder!- el grito histérico le hico reaccionar súbitamente.
Observó la situación alrededor y para su sorpresa comprobó con alivio que sus amigos empezaban a abrirse camino hacia la salida como podían.
Lo único que le alcanzaba la vista a ver a eran árboles y más árboles que, a su parecer, se sucedían como en un cuento infernal sin un final propiamente escrito
. El cansancio comenzaba a hacer mella en ellos mientras emprendían la huida y si el dichoso traslador estaba mucho más lejos dudaba que a alguno no le fallasen las fuerzas antes de llegar.
Por ahí chicos- indicó Ron que se encontraba primero.
Cuando llegaron tenían a los mortífagos a apenas unos metros. Hubiera sido perfecto si al tocar el traslador todos los hechizos y maldiciones dirigidos contra ellos se hubieran disipado entre la neblina de la madrugada. Todo fue muy diferente.
Sumido en el pánico, la última de las caras de los enemigos que Harry y los demás alcanzaron a ver fue la de Foster Parkinson sosteniendo una carcajada que pocos desearían haber visto nunca.
La madriguera se materializó ante ellos y tras unos segundos de contener el aliento y comprobar que nadie faltaba y nadie sobraba, la realidad agridulce cayó sobre ellos como un pesado yunque que les oprimía el pecho.
Harry dirigió rápidamente su mirada hacia ella y entonces comprendió lo poco que le importaban los malditos horrocruxes si ese era el precio que tenía que pagar para conseguirlos.
Como en una presentación de diapositivas vio como se llevaban a Pansy adentro. Las caras de desconcierto de Molly, Lupin y Arthur. A los gemelos lamentándose de no haber podido acompañarles. Y los brazos de éstos y Ron tirando de él como si de una marioneta inerte se tratase.
De algún modo que no llegaba a comprender las piernas le llevaron hasta el sofá. Veía como la gente se movía a su alrededor, le hablaban. Sin embargo, nada le hizo reaccionar hasta que no vio pasar a Hermione con una camisa que conocía muy bien en las manos.
¿Dónde está Pansy? ¡Hermione! ¡Herms, dime algo! ¿Está bien? ¿Dónde está?- se había levantado de repente y tenía a Hermione agarrada anhelando desesperadamente que le dijese algo.
Harry tranquilo. Cálmate ¿vale? Tranquilízate. Escucha- las lágrimas caían por sus mejillas- Pansy va a ponerse bien ¿vale? Esta arriba, pero no puedes subir ahora ¿me oyes?
No no, tengo que subir ¿Qué le ha pasado? Su hermano… Yo tengo la culpa, no teníais que haber venido. Lo sé.
¡Harry ya está bien!- Molly apareció por la puerta, parecía abatida- Pansy está arriba y no vas a subir. Necesita descansar y un medimago está arriba, así que cálmate. Y no quiero que vuelvas a decir que tienes la culpa de nada- lo cogió del brazo y lo guió hasta la cocina- Necesitas comer como los demás.
Nada en la vida le daba más miedo que perder a las pocas personas a las que tenía afecto en la vida. Aquellas que le habían demostrado que cuando había fondo no importaba el color, la casa o la procedencia pese a lo que le habían inculcado desde pequeño.
Potter seguía en shock en la cocina, y Hermione no paraba de deambular de un lado a otro. Pero aunque intentaba concentrarse en las idas y venidas de cada una de las personas que había en esa casa, su mente estaba un piso más arriba, con Pansy.
Lo habían compartido todo. Desde que apenas tenían conciencia del lugar en el que habían nacido y lo que con seguridad ello implicaba. Los primeros juguetes, las primeras meriendas y también los primeros besos. Y aunque aquello fue más un experimento que cualquier cosa también lo recordaba con cariño. Era su mejor amiga y Draco dudaba seriamente que eso pudiera cambiar algún día, pasara lo que pasara.
Tenía miedo, como todos, pero el hecho de haber traicionado a sus familias, y que éstas no vieran mas allá de sus ideas ni siquiera por ellos era algo que le arañaba por dentro. Había sido el propio hermano de Pansy quien la había malherido, sin miramientos ni remordimientos.
Tenía la sensación de que ganase quien ganase la pérdidas siempre estarían más acrecentadas entre ellos y la prueba de ello estaba allí mismo.
Harry ya no sabía dónde meterse, pero comprendió que debía tranquilizarse. Intentar golpear a Lupin para que le dejara pasar no fue la mejor idea que tuvo. Quizá fueron las horas más largas de su vida, o al menos, se lo parecieron. ¿O fueron sólo minutos?
Tonks asomó su cabeza por la escalera. Estaba seria, y más que seria, abatida.
Harry creo que deberías subir- le tocó el hombro al pasar en señal de apoyo
No sabía qué pensar, qué decir y ni mucho menos qué esperar.
