Capitulo 11

Era lunes por la mañana y Candy se preparaba para comenzar una nueva vida. Pero no todo era como lo había planeado.

- ¿Y qué te parece esta blusa? – Le preguntó a su hija, mientras se miraba en el espejo, inconforme con su imagen.

- No lo sé – Le dijo Holly, quien estaba acostada en la cama boca abajo, observando divertida a su madre, y con sus cosas listas para ir a la escuela – Creo que el problema es la falda.

- ¡Oh, por Dios! ¡Tienes razón!

Candy se sacó la falda que había escogido para ese día y volvió a su escaso armario. Debía haber supuesto que nada de lo que ella tenía era acorde con su nuevo trabajo. Ni siquiera encajaba con su antiguo empleo. Toda su ropa era demasiado vieja y aburrida, no tenía nada lo suficientemente elegante como para ir a la compañía de Terry. Estaba segura de que en cuanto la vieran cruzar la puerta, no dudarían en echarla a patadas.

Holly se levantó de la cama y fue hacia el armario. Comenzó a rebuscar entre la ropa y tiro de un vestido para que cayera de su percha.

- Este está bien.

Candy tomó el vestido amarillo que Holly le estaba ofreciendo.

- No está mal – Dijo, observándolo con detenimiento. A decir verdad, estaba bastante bien. Por supuesto no era uno de esos modelos de Valentino que probablemente usaban las mujeres con las que solía salir Terry. Pero para tratarse de una secretaría, supuso que estaría bastante bien – Solo espero que aún me quede.

Holly observó como su madre se probaba el vestido que le había dado a su madre.

- Te queda muy bonito – Le dijo sonriente.

Era cierto. Solo había usado ese vestido una vez. Había sido un regalo de una antigua compañera de trabajo que era una estudiante de diseño. Candy la había ayudado con un problema que había tenido con el dueño del club y al otro día recibió ese obsequio como agradecimiento.

Era un vestido sencillo, pero bonito. No era demasiado largo ni demasiado corto, tenía un escote discreto y un lazo azul en la cintura.

- Creo que es perfecto – Insistió Holly. De hecho si lo era, pero solo había un problema: no podía llevar el mismo vestido durante toda la semana, y también la próxima hasta que cobrara su primer sueldo. Pero ya pensaría en algo mañana.

- Bien... creo que es hora de irnos.

Candy se puso unos zapatos negros y se maquillo rápidamente. Había tardado demasiado tiempo en prepararse, y había olvidado que también tenía que pasar a dejar a Holly en la escuela. Si no se daba prisa, probablemente llegaría tarde a su primer día de trabajo, y definitivamente, no era esa la impresión que quería dar. Terry había sido muy amable en ofrecerle ese empleo, aún sabiendo que podría haber conseguido a alguien mucho mejor, y no quería ser una de esas personas que son señaladas en la oficina por haber entrado en circunstancias poco convencionales.

Afortunadamente, el bus no se retraso esa vez, y una vez que dejó a Holly en la escuela, fue perfectamente capaz de llegar a su nuevo trabajo justo a tiempo. Tuvo que ver la dirección que Terry le había dado dos veces. Ese impresionante edificio que se alzaba frente a ella no podía tratarse de la compañía donde ella trabajaría, probablemente se trataba de un edificio del gobierno. Pero no, efectivamente, esa era la dirección exacta.

Empujó la puerta giratoria y entró al elegante hall. Como lo había predicho, un guardia de seguridad la detuvo apenas intentaba cruzar el vestíbulo.

- Un momento, señorita – Se puso delante de ella, mirándola de arriba abajo - ¿A dónde va? – Le preguntó, cruzándose de brazos.

- Al tercer piso – Contestó ella con impaciencia – Soy la nueva secretaría del señor Terrence Grandchester. Hoy es mi primer día de trabajo y no me gustaría que me reganaran por llegar tarde. Así que si me disculpa... – Intentó esquivarlo y continuar su camino pero el guardia volvió a detenerla.

- ¿Tiene una credencial?

- ¿Qué? – Preguntó ella escandalizada – Por supuesto que no la tengo ¡Es mi primer día!

- Lo siento señorita, pero no puedo dejarla pasar si no tiene una credencial – En verdad parecía estar disfrutándolo.

- ¿Por qué no llama al señor Grandchester?

- El señor Grandchester aún no ha llegado – Volvió a dedicarle una mirada, esta vez más lasciva – Pero supongo que podría llamar a alguien de personal.

- Si no hay más remedio...

Candy se quedó parada en medio del vestíbulo mientras el guardia se dirigía hacia su escritorio y tomaba el teléfono, sin quitarle la mirada de encima.

Después de unos cuantos minutos, una mujer de cabellos negros salió del ascensor y se dirigió hacia ella.

Esa mañana había estado conforme con su sencillo vestido amarillo, pero después de ver el espectacular traje de diseño de aquella mujer, su autoestima cayó por el piso.

- ¿Quién es usted? – Le preguntó con hostilidad.

- Mi nombre es Candice Whi...

- No he preguntado su nombre – La interrumpió, alzando su voz – Quiero saber qué es lo que está haciendo aquí.

- Soy la nueva secretaría del señor Terrence Grandchester – Contestó Candy, apretando los dientes y bajando la cabeza. No le gustaba que la trataran de menos, pero tampoco iba a hacer una escena en su primer día de trabajo.

- No tengo entendido que Terry haya contratado ninguna secretaria nueva.

Para Candy no paso desapercibida la familiaridad con la que aquella mujer se había referido a Terry. Era evidente que no se trataba de una simple empleada más de la compañía. Candy tuvo deseos de retorcerle el cuello. Intento de conversarse de que esa reacción se debía al modo en el que la estaba tratando, pero no podía dejar de admitir que había sentido ciertos celos al escucharla hablar así de Terry.

- Tal vez se le olvido comentarlo.

- No lo creo – La mujer sonrió con sorna – Terry y yo somos muy... cercanos. Él prácticamente me lo cuenta todo.

- Bueno pues...

- ¿Clara?

Candy se dio vuelta para ver a la mujer que había entrado a la compañía ¡Genial! Otra supermodelo. Aparentemente, ese no era su día de suerte.

- Susana – Dijo la mujer con sorpresa – No creí que vinieras por aquí en un tiempo... después de todo lo que ha pasado.

- Lo sé – Contestó la rubia – Pero ya es hora de superar el pasado.

- Bien – Era obvio que nada estaba bien. La rivalidad entre ambas mujeres era evidente – Imagino que ya te habrás enterado que mi padre compro parte de las acciones de la compañía – Sonrió cínicamente - ¿No es genial que ambas trabajemos en el mismo lugar?

- Terry ya se ha encargado de ponerme al corriente de todos los asuntos.

Al parecer, no solo era una, sino dos, las mujeres que se disputaban en amor de Terry. Porque si de algo estaba segura Candy, era que el principal motivo de tención en aquella conversación, era Terry.

- Entonces porque no subes a tu oficina – Concluyó la morocha – Yo me encargaré de este asunto – Volvió su mirada a Candy.

- ¿Quién eres tú? – Le preguntó Susana.

- La nueva secretaría de Terry – Candy no se molesto en presentarse, al parecer su nombre no importaba allí.

- No te preocupes – Intervino la otra mujer – Ya te dije que me encargo de esto – Pero Susana no la escuchó.

- Debes ser Candice White – Le dijo con una sonrisa.

Candy se sorprendió de que aquella mujer supiera su nombre. Al parecer la había juzgado mal.

- Si.

- Mi nombre es Susana Marlowe, y Terry me ha encomendado especialmente que te ayudara a establecerte en tu primer día de trabajo. Él se ha retrasado un poco, pero no te preocupes, puedes contar conmigo.

- Gra... gracias – Dijo Candy, sin entender muy bien que estaba sucediendo.

- Ven por aquí - Susana condujo a Candy hacia los ascensores, dejando a Clara atrás – Creo que no has empezado con el pie derecho ¿Verdad?

- He tenido problemas para entrar... si no hubiera sido por ti, probablemente me hubieran devuelto a mi casa.

- No le hagas caso a Clara – Llegaron hasta el tercer piso, y Susana le indico el camino hacia la oficina de Terry – Ella siempre ha estado detrás de Terry, e imagino que no le habrá resultado para nada gracioso saber que su nueva secretaria era una mujer tan guapa - Candy se sonrojó – Pero yo ya sé cual es u verdadera relación con Terry.

- ¿Qué? Pero...

- Claro que él aún no ha querido decírmelo, pero no es algo tan difícil de deducir. Es obvio que entre ustedes dos hay algo.

- No yo...

- No te preocupes – La detuvo ella – No te estoy juzgando. De hecho quiero agradecerte por haber entrado a la vida de Terry. Él es una persona completamente diferente ahora, y estoy segura que es gracias a ti.

- Oh... yo...

Llegaron hasta un escritorio, Susana se detuvo y la miró a los ojos.

- Terry tal vez no te haya hablado de mi pero yo quiero que lo sepas todo para evitar malos entendidos.

- ¿Qué cosa? – Candy entendía cada vez menos.

- Escucha, Candy... Puedo llamarte Candy ¿Verdad? – Ella asintió con la cabeza – Bien... Candy, yo fui la prometida de Terry – Esta bien, eso sí que no se lo esperaba – Fuimos novios desde la infancia y estuvimos a punto de casarnos, pero afortunadamente ambos comprendimos que hubiera sido un gran error. Nos queremos mucho, pero no como una pareja, sino como amigos – Susana respiró profundamente – Ahora que ya lo sabes me siento mucho mejor.

- Pero... ¿Por qué me lo estas contando? Quiero decir... no hay nada entre Terry y yo. No al menos en términos de romance.

- Pero estoy segura de que lo habrá – Contestó Susana con una sonrisa – Y cuando ello ocurra, prefiero que no haya malos entendidos entre nosotras.

- No sé qué decir – En verdad se había quedado sin palabras.

- Solo quiero que hagas feliz a mi amigo.

Candy sonrió tímidamente. Ella no era la mujer adecuada para Terry, de eso estaba segura, pero no quería contradecir a Susana después de que había sido tan amable con ella.

- Bien... creo que ya te he dado todas las instrucciones – Concluyó Susana - ¿Tienes alguna pregunta?

- No – Candy sonrió – Todo está bien. Gracias.

- De nada... nos vemos luego.

Susana dejó a Candy en su escritorio y se fue para que terminara de acomodarse. Sus funciones eran sencillas: contestar el teléfono, arreglar citas, organizar la agenda de Terry, nada de lo que ella no pudiera ocuparse.

Había notado como los demás empleados de la empresa pasaban apropósito por donde ella se encontraba y la miraban con escepticismo, al igual que el guardia de seguridad. Susana le había asegurado que le darían su credencial lo antes posible para que no le volviera a pasar lo mismo de ese día.

Estaba terminando de ordenar algunas cosas en su escritorio cuando por fin apareció Terry. Se veía imponente con ese traje negro y el cabello peinado hacia atrás. Candy se sonrojó al recordar el beso de la noche anterior, y las circunstancias en que habían sido descubiertos.

- Buenos días, Candy – La saludó él con una sonrisa.

- Buenos días, señor Grandchester.

Terry se sorprendió por la formalidad con la que Candy lo estaba tratando.

- ¿Desde cuándo soy "el señor Grandchester"?

- Desde que se convirtió en mi jefe, señor.

Esa era una de las cosas que Candy había pensado con detenimiento. Hasta ahora había estado bien que se tutearan, pero las cosas habían cambiado, y fuera como fuera, en esos momentos Terry era superior a ella, era su jefe.

- Déjate de tonterías – Terry rió ante esas ocurrencias – El hecho de que seas mi secretaria no modifica nuestra relación.

- ¿Y cuál es exactamente nuestra relación?

- Pues... somos amigos ¿Verdad? – No se animo a contarle la mentira que le había dicho a Albert, acerca de que ellos dos eran pareja.

- Pero de todas formas... – Replicó Candy – No quedaría bien que los demás empleados nos vean como dos amigos.

Terry se inclinó sobre el escritorio de Candy y la miró con picardía.

- Que no te importe lo que digan los demás – Le dijo – No me importa si ahora eres mi empleada, no quiero que nuestra relación cambie. Así que puedes ir dejando a un lado eso de "señor".

Candy solo se limito a sonreírle. En el fondo, esa era la actitud que ella esperaba que Terry tomara respecto a su relación profesional.

- Terry, que bueno que llegas – La mujer que había interceptado a Candy en un primer momento se acercó a Terry y se colgó de su brazo, hablándole en un tono por demás cariñoso – Hay un par de cosas que debemos discutir – Lo arrastró hacia la puerta de la oficina, pero antes de entrar se dirigió a Candy – Tráenos café – Le ordenó.

- No, Candy... no es necesario – La detuvo Terry. Pero Candy era consciente del lugar que ella ocupaba en la empresa.

- Enseguida se lo traigo, señor – Candy se puso de pie y se retiro a buscar lo que aquella mujer le había pedido.

No conocía muy bien la empresa, pero Susana le había dado algunas indicaciones, así que no le costó demasiado trabajo encontrar la cafetería. Pidió dos cafés expresos y se los llevó.

Golpeó la puerta de la oficina y entró con los dos cafés, dejándolos en el escritorio.

- Gracias, Candy – Le sonrió Terry. Y para ella no había pasado desapercibida la expresión en el rostro de la mujer, quien se llevo la tasa a los labios y no espero ni un segundo para arremeter contra Candy.

- ¿Qué es esto? – Espetó con expresión de asco.

- El café que me pido.

- ¡Te pedí un descafeinado!

- Disculpe señorita pero no creo haber escuchado que me pidiera...

- ¿Me estas llamando mentirosa? – Se puso de pie violentamente y la enfrento. Pero Candy estaba demasiado acostumbrada a esa clase de tratos como para amedrentarse. Estaba a punto de contestarle cuando Terry intervino.

- ¡Ya basta, Clara! No quiero que le faltes el respeto a Candy – Dijo con voz dura.

- Pero...

- Se muy bien lo que estás haciendo, y te agradecería que te retires y no volvieras a mi oficina a no ser para hablar de temas importantes.

Clara echaba fuego por los ojos.

- ¿Le estas dando mayor entidad a una simple empleada que a mí?

- Solo estoy siendo objetivo ¿Olvidas que yo también estaba presente cuando le pediste a Candy el café? En ningún momento le especificaste que el tuyo lo preferías descafeinado.

Clara ya no tuvo nada más por lo que replicar, así que sin decir otra palabra, se dio media vuelta y salió de la oficina.

- Lo siento mucho – Le dijo Terry a Candy.

- No tienes porque disculparte.

- Claro que sí – Terry se levanto y se dirigió hasta Candy, poniéndose en frente de ella – Susana me contó lo que paso con Clara esta mañana – La abrazó por la cintura, sorprendiendo a Candy – No quiero que le hagas caso a las cosas que dice... no es una buena persona, pero de ello ya te has dado cuenta.

Candy rió con nerviosismo. La verdad es que no había creído que el beso que se habían dado la tarde anterior volviera a suceder, pero parecía que Terry no opinaba lo mismo. Poco a poco la distancia fue desapareciendo, y Candy volvió a sentir el sabor de los labios de Terry, esta vez sin el temor de que Holly los descubriera.

- ¿Eres consciente de que puedo demandarte por acoso laboral? – Le dijo ella divertida.

- Prefiero arriesgarme – Le contestó él, antes de volver a besarla.

Candy sabía que estaba mal, pero no podía evitar sentirse bien con el beso de Terry. Toda aquella situación le provocaba un perverso placer al saber que estaba manteniendo una relación clandestina con su jefe, exactamente como pasaba en las películas. Pero aquello era la vida real, y sabía que las cosas podían no salir no tan bien.

- Por cierto – Comentó Candy – Susana me ha contado el pasado que los une.

Terry rió.

- Debí suponer que lo haría.

- Dijo que entre tú y yo había "algo"

- Supongo que desde que nos separamos se siente responsable por mi felicidad. Insiste en que debería comenzar una nueva relación, y piensa que tú eres esa persona.

- ¿Y eso porque?

- No tengo idea – Mintió él.

En realidad sí sabía porque Susana creía que Candy era la mujer indicada. Terry le había confiado a su ex prometida que existía una mujer, y ella no pudo dejar de deducir que se trataba de la secretaria que él mismo había contratado sin tener en cuenta sus antecedentes laborales, ni sus estudios. Lamentablemente, Clara también había llegado a la misma conclusión, y eso podría traerles problemas.

Continuará...


Gracias por todos los comentarios =)

Espero que les guste este nuevo capítulo!

Besosssssss