Bueno, aquí capítulo 11 del ya fic xD espero que os esté gustando muchísimo (por lo visto, sí) de nuevo me disculpo por las faltas de ortografías, por la posible repetición de palabras en un mismo lugar y demás cosas extrañas que pueden pasarte al excribir a las 3 de la mañana xD
Vuelvo a dar las gracias a mis lectores y comentadores habituales, ya sabéis bien quienes sois xDDD
A leer se ha dicho!
PD: Y a los que decían del Jinx x Sum... Ajejeje...
-¿Sabes? Despejaré este cuarto y será tuyo.-Dijo Sum con los brazos en jarra en la puerta de, literalmente, un almacén de chatarra.- Hay que tirar todos esos trastos rotos, revistas y muebles viejos. ¿Me echarás una mano?
Sum miró hacia atrás para encontrarse con las pupilas esquivas de su nueva inquilina.
-Vamos, no seas tan tímida.-Gruñó la vecina al verla fijar la vista al suelo.- Acércate un poco y echa un vistazo a tu nueva habitación.
Sum se echó a un lado para que Jinx viera el interior de la sala. Era espaciosa y de paredes amarillas, y debajo de aquel centenares de cajas de basura había una cama sin sábanas, mantas ni edredón, una mesita de noche y un escritorio con su silla. En el muro de la puerta, justo a la derecha, había un armario empotrado.
-Bien, el secreto de limpiar ésto rápido... Es no mirar lo que hay dentro de las cajas.-Comentó Sum, dirigiéndose hacia una de ellas y cogiéndola con un brazo, para cargarse otra aún más grande en el otro.
-Pero, ¿cómo sabes que dentro de ellas no hay nada que te sirva o necesites?-Cuestionó Jinx, viendo cómo la vecina iba sacando cajas.
-Ése es el objetivo de no mirar las cajas. Así no lo sabes y no te tiras hasta la noche seleccionando basura.-Contestó con una columna de cajas encima, caminando hacia la puerta de salida.- Ven, abre la puerta. Luego coge una de ellas y te vienes conmigo, que te voy a enseñar dónde las tenemos que llevar.
Jinx obedeció y, en unos minutos, ambas se encontraban saliendo del complejo de apartamentos cargadas de objetos. Sum guió a la peliazul hasta su todo terreno negro, aparcado a unos metros de la entrada a la propiedad, soltó las cajas en el suelo y sacó la llave del auto para abrirlo. El coche parecía viejo, muy usado, más bien sacado de un desguace. Guardaron todo en el espacioso maletero, aún sobraba sitio.
-Vale, Jinx, quédate aquí con el coche un rato en lo que termino de bajar chatarra y en seguida nos vamos.- Al final sí que revisaremos lo que hay en las cajas, pero no en casa. Lo haremos en un lugar donde se agilizará el proceso, ya verás.
Jinx comprobó que Sum era tan fuerte como imaginaba. Medía casi tanto como Vi, y era bastante corpulenta... Y diablos, todo había que decirse, Jinx le veía un atractivo indescriptible, a pesar de que físicamente era una muchacha de rasgos rudos. Ver cómo alguien cargaba tanto peso con tanta facilidad le llamaba la atención, pero con ésta chica era distinto...
-¡Bien! ¡Terminado!-Dijo Sum, sentándose en el asiento del conductor después de cerrar la puerta del maletero. Jinx estaba en el asiento del copiloto, mirando fijamente a la vecina.-¿Jinx? ¿Estás bien?
No obtuvo respuesta. La muchacha chasqueó los dedos delante de la cara de la peliazul.
-¡Eo! ¡Planeta Tierra llamando a Jinx! ¡Aterriza!-Reía Sum ante la indisposición de Jinx, que al fin reaccionó.
-S-¡Sí!-Jinx volvió la mirada hacia la luna del coche.- Es que... Hm...
-Te has quedado traspuesta, dos meses de coma te tienen que dejar hecha mierda.-Respondió Sum por ella, arrancando el coche.
-Sí... Es justamente eso...
…
Sum había atravesado toda la ciudad hasta internarse en los suburbios. Una vez allí, aparcó el todo terreno a un lado de la carretera mal asfaltada. Estaban ante las ruinas de unas fábricas.
-Espérame aquí, ahora vuelvo. Echa el seguro al coche cuando salga, y por lo que pueda pasar, debajo de mi asiento hay un revólver. En seguida estoy aquí, no te preocupes.-Dijo Sum antes de bajar del coche e internarse en el interior de las ruinas.
Al rato, Sum apareció de nuevo, caminando junto con un grupo de personas vestidas con harapos sucios y polvorientos, hablando con ellos. Hizo una señal con la mano a Jinx para que abriera el coche, y ésta siguió sus órdenes.
-Bien.-Dijo la vecina una vez Jinx hubo bajado del coche y hubieran abierto el maletero.- Espero que puedan serviros lo que os traigo para que podáis llevar más fácilmente este mal trago...
-Te lo agradeceremos igualmente, hija.-Habló uno de los mendigos que se habían reunido alrededor del coche.- Por lo menos te has molestado en traer algo, otras personas lo tiran a la basura y nos obligan a meternos de lleno en los contenedores.
-¿Verdad? Por ello os traigo ésto. Me siento mejor sabiendo que lo va a usar gente que de verdad lo quiere y lo necesita.-Dijo Sum, comenzando a sacar cajas.- Así que venga, manos a la obra a ver qué necesitáis.
En un momento, aquella fábrica se llenó de cajas, las cuales comenzaron a abrir y comprobar su contenido. Se fue descartando lo que les podía ser útil, como mantas, ropa vieja de abrigo, algunas botas de montaña y zapatillas deportivas desgastadas, tres o cuatro mochilas añejas... Los mendigos ayudaban a las chicas, y les preguntaban, objeto por objeto, si lo querían o no, y lo válido se guardaba en el coche de nuevo. En las cajas se encontró una gran tela de lona que trajo Sum de la casa de sus padres antes de verse obligada a marcharse de allí, los mendigos podrían usarla para armar una improvisada tienda de campaña, un refugio provisional. Las cajas de cartón vacías también fueron entregadas a los indigentes para que las usaran para cubrir el frío suelo. Para sorpresa final, Sum fue de nuevo al auto y sacó del asiento trasero un paquete que parecía pesado. Cuando lo soltó, los sin techo enloquecieron de alegría al ver que eran latas de comida en conserva, un par de veintenas.
-Antes de irme, os daré un consejo.-Dijo Sum, dirigiéndose al coche.- Hace un tiempo, yo estaba en la misma situación que vosotros. En la calle, sin dinero, sin trabajo, sin comida, sin nada. Sólo una mochila con esa lona que os he dado y algo de ropa de abrigo. Estuve un año y medio así, sobreviviendo como podía, pidiendo limosna. Y aprendí que la mejor forma de llevarlo es manteniéndoos unidos. Vosotros sois una familia ahora mismo, ayudaos en todo y compartid lo que os den. Si dormís y coméis juntos, os protegeréis los unos a los otros, y algún día conseguiréis salir adelante. Y cuando lo hagáis, haced lo mismo que yo e id a echar una mano a aquellos que están donde tu estabas. Y con esto, espero que os vaya genial en la vida, porque sois personas maravillosas y no merecéis estar en la calle. Si encuentro que alguien necesita un trabajador para lo que sea, ya sé donde venir a buscar. ¡Hasta la vista!
El todo terreno se alejó de allí, dejando atrás a casi una docena de personas aplaudiendo y vitoreando, despidiéndose con las manso y dando las gracias a voces.
-Me tiré como una semana recorriendo supermercados y cogiendo latas abolladas para que me salieran gratis.-Admitió Sum, mientras manejaba el volante.- Parecía una maruja buscando chollos.
-No, me parece un acto noble de tu parte que te tomaras esa molestia.-Replicó Jinx sin más.-Debería haber más gente como tú...
Sum se quedó en silencio un momento, pensando en qué decir.
-Bueno, hay ONGs y...
-No es lo mismo.-La cortó la ex-terrorista.- Seguro que no hay gente en particular que haga lo que acabas de hacer tú.
-Bueno, habrá personas así, serán pocas, pero las hay.-Respondió Sum.
-Me alegra que me haya acogido una de esas pocas personas.-Jinx se comenzó a sonrojar, mostrándose especialmente interesada en sus zapatillas.- Te lo digo de verdad...
-Eum...-Sum se quedó sin habla ante la confesión de la chica.- Yo... Bueno... Gracias...
Se quedaron en silencio mientras la vecina conducía hasta el complejo de apartamentos. No sabían qué decirse, pero era una tensión agradable de soportar. Al fin llegaron, Sum aparcó de nuevo en la puerta del recinto, cerró el coche y volvieron al piso.
-Bueno,-Dijo la propietaria ante la puerta de la ahora despejada habitación.- Lo único que no hemos dado a los necesitados o que no hemos tirado a la basura es ésta lámpara y mi viejo despertador. Digo yo que funcionarán. Ve al salón a ver la tele mientras yo termino de preparar tu cuarto.
-Quiero ayudarte... Digo, si es mi cuarto, es lo mínimo que puedo hacer...-Murmuró Jinx, jugando nerviosamente con sus manos.
"Parece mentira que sea tan condenadamente tímida" pensó Sum enternecida.
-Pues... ¡Venga!-Exclamó la vecina, animada.- Hay que quitar el polvo, poner cortinas y hacer la cama. Y luego ya pues lo que vayamos viendo, lo vamos poniendo.
. . .
El día había concluido. La habitación de Jinx había quedado como nueva, un dormitorio bastante decente. Sum hizo la cena mientras ésta la miraba preparar los ingredientes, ambas habían comido. Sum se duchó después de compartir mesa con Jinx, quien se quedó viendo una película en la tele. Cuando la vecina volvió del baño, se encontró a la peliazul plácidamente dormida en el sofá, ya se había puesto la sudadera y los pantalones deportivos que Sum le había dado para que lo usara como pijama y dicha ropa le quedaba adorablemente enorme. La chica se acercó a la mesa y cogió el mando. Fue bajando el volumen del televisor paulatinamente, poco a poco, hasta que quedó en silencio y la pudo apagar. Después, cogió a la durmiente en brazos, era increíble la ligereza de aquella muchacha. La soltó con recelo en la cama del nuevo dormitorio que se habilitó especialmente para ella y la metió bajo las mantas. Con mucho cuidado, deshizo las trenzas y colocó el largo cabello azulado encima de la almohada. Una vez había terminado de acomodar a la chica, salió del cuarto silenciosamente y cerró la puerta. Era hora de dormir, había sido un día muy largo.
. . .
La oscuridad la atrapaba, y no era capaz de correr. Su cuerpo estaba completamente inmóvil, inerte, no podía hacer nada. Del gran túmulo negro salió una enorme zarpa que la agarró del brazo y tiró de ella hacia abajo, sumiéndola en el olvido. Comenzó a grita en cuanto comenzó a sentir opresión en el pecho, la angustia la aplastaba por completo. Miró hacia el cielo, era tan negro como la bestia que la estaba devorando. Chilló más fuerte. Como si sus súplicas fueran escuchadas, una brecha se abrió ahí arriba, en aquella oscuridad del cielo sombrío, y un chorro de luz inundó la oscuridad. Un ángel sin rostro salió disparado hacia ella, con la mano extendida, llamándola. El ser celestial sujetó sus hombros y la sacudió, exclamando su nombre.
Jinx abrió los ojos repentinamente, estaba en la cama, sudando frío y temblando. Sum estaba sentada al lado de ella, con las manos en los hombros de la chica.
-Tranquila.-Susurró la vecina, acariciándola la mejilla con la palma de la mano.- Era una pesadilla, no pasa nada...
Jinx se echó en la cama y tiró del brazo de la muchacha, recostándola sobre ella.
-Quédate conmigo...-Susurró en su oído, abrazándola suavemente.
Si se lo pedían de aquella manera, Sum no podía negarse...
