Aviso: Este capítulo habla en su mayoría de un tema bastante delicado, porque menciona parte de una violación, están avisados, pero no amerita cambiar el rating.
También, muchas escenas son completadas de lo del capi 8 porque no había sido explicado, así que lo que se agregó está con negritas.
FELICITO A TODOS LOS INVOLUCRADOS EN LA PELICULA DE CÓMO ENTRENAR A TU DRAGÓN 2, QUE GANARON UN MERECIDO PREMIO GOLDEN EL DOMINGO PASADO, y para honrar eso, aquí hay una actualización.
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Capítulo 11: Siempre hay una esperanza. (Segunda parte)
"Y ahora que sus ojos de rubí se fijan en el oro, no pueden ver a sus lágrimas,
Porque parece que están riendo en lugar de llorar.
Es un recordatorio constante que me dan, de la capacidad humana de crear algo bello,
incluso cuando las cosas están en oscuridad ".
Cómo robar la espada de un dragón. –Cressida Cowell
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Dagur se plantó frente a la puerta del cuarto de su esposa.
Con una mirada ordenó a los guardias que la vigilaban que se marcharan y no regresaran en toda la noche. Inmediatamente obedecieron, pero también pensó que era importante que ellos se mantuvieran allí en caso de que Astrid quisiera escapar, pero ya se arreglaría con eso.
Se sentía mareado debido a los efectos de la bebida en su cuerpo, pero no eran tan caóticos como para que le impidieran mantener la postura.
Decidió dar una vuelta alrededor de la construcción, para pensar bien en lo que estaba por hacer, pero vio una sombra a lo lejos, la siguió y se fue lejos. Se alertó por un momento, si acaso era la rubia… no quería ni imaginar que se fuera a escapar.
De inmediato fue al cuarto de Karena. No estaba allí… algo andaba mal. Karena tenía prohibido salir de su habitación a menos que fuera para ir a ver que Camicazi estuviera bien.
Maldición, debía hacer algo ya. Debía actuar ya.
Pensó en llamar a los guardias, pero antes, debía asegurarse que su esposa estuviera aun en Berserker.
Preparó su espada, y entró de la manera más cautelosa posible, temió lo peor, temió no tener a nadie… esa sensación de vacío le invadió otra vez.
Cerró la puerta tras su espalda, queriendo mantener la esperanza de que ella estuviera allí, así que se volteó lentamente.
La habitación, que no tenía ventanas, era iluminada por una tenue luz que emanaba la vela, pero fue lo suficiente para apreciar el cuerpo de la rubia, que estaba allí
Seguía allí.
Dagur sonrió. Era hora de tenerla por completo.
Camicazi se estaba cambiando de ropa, seguramente para prepararse para dormir, así que ella estaba de espaldas, quitando su vestido.
Sonrió maquiavélicamente, todo se había acomodado para hacer de las suyas.
Sopló un poco de aliento, lo suficiente para apagar la vela.
-Oh. –exclamó la rubia, sorprendida por la falta de luz, pero rápidamente se sintió acorralada contra la pared.
-Ya fue suficiente Astrid. –bramó comenzando a golpear su cabeza contra la pared. –Ya me cansé de cada uno de tus desplantes.
-¡Suéltame Dagur! –pidió en un chillido, con voz irreconocible, haciendo sus codos hacia atrás, tratando de pegarle a él, pero era en vano, ese vikingo era mucho más fuerte que ella.
Pero esa petición sólo incrementó el deseo y la excitación por parte de Dagur.
-Jamás.
La volteó y ahora sí, la tuvo frente a sí mismo. No la veía por la oscuridad, pero sí podía tocarla con violencia para asegurarse que ese momento no era una ilusión más de las que su mente le jugaba cada noche desde varios años atrás.
Y después de tantos años, degustó esos finos y exquisitos labios que lo habían vuelto más desquiciado noche tras noche.
-Ámame… al menos… un poco de cómo quieres al cojo.
La rubia sollozó por la agresividad.
-No…
EL berserker enfadó más de la cuenta y le propinó un golpe que casi traspasó todo su vientre, haciendo que la muchacha se encorvara y contrajera por el dolor que ese puñetazo le había causado en la parte baja de su abdomen.
"Maldición" –pensó Camicazi, justo cuando con las pocas fuerzas que le quedaban lo aventó, provocando que el berserker cayera de espaldas, pegándose contra el suelo, oportunidad que aprovechó para correr fuera de la habitación, pero al pasar justo por el lado de él, Dagur le tomó una bota, jalándola, y provocando que azotara contra el piso boca abajo, causándole un mayor dolor.
Rápidamente Dagur se enderezó y la llevó a la cama, empezando a quitarle una que otra prenda a la fuerza.
-De ésta no te salvas, Astrid. Necesito que seas mía de una vez por todas, no quisiste que fuera por las buenas… entonces… por las malas será.
La rubia ahogó un grito por la violencia que ejercían sobre ella, pero ya era algo tarde.
Nadie estaba allí para ayudarla.
Con impotencia cerró sus ojos esperando que lo que tuviera que pasar, pasara rápido.
-Su…suéltame, por favor. –suplicó, pero el berserker la cayó con un beso.
Dagur se enderezó un poco para despojarse de su capa, casco y el cinturón.
La muchacha se resignó de nuevo cuando le quitó el vestido, quedando sólo en ropa interior.
-Serás mía…
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-¿Entonces él abusó de ti? –preguntó Brutilda a la otra rubia, preocupada por ella.
Sotma se incomodó, hablar de eso era algo difícil a fin de cuentas.
-Como decía… -interrumpió Astrid en voz baja, pues todas tenían miedo que Dagur o que algunos de sus informantes escucharan.
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Astrid traía una pequeña vela que alumbrara el pasillo por donde ella se había escabullido, se colocó la capucha de tela, muy diferente a la que Hipo le regaló tiempo atrás, pero, como era parte de las ropas que Sotma y Karena le dieron, tuvo que ponérsela para pasar desapercibida.
Aun sentía la sensación de volar en Tormenta, había sido asombroso sentir el viento en la cara y las caídas en picada, y ni decir de las caricias y los labios de Hipo sobre los suyos, no sabía si la decisión de quedarse había sido acertada, pero lo que sí sabía es que debía proteger Berk. Por más que quisiera tenía que quedarse allí, o Dagur mataría a las únicas dos amigas que tenía en ese lugar.
Entró con mucha cautela a la habitación, le pareció curioso que no hubiera nadie en la puerta, al parecer Karena había hecho un buen trabajo alejando a los guardias por unos momentos mientras ella pudiera entrar, pero lo que no contaba es que tras abrir esa puerta, su estadía en Berserker empezaría a cambiar.
Abrió la puerta y la cerró sin hacer ruido.
Al no ver ninguna vela encendida puso sus sentidos alerta.
-Sotma… -llamó con voz extremadamente baja.
Y fue cuando escuchó un sollozo, identificándolo que provenía de su amiga.
Recordó que la vela estaba en la mesita al lado la cama individual, buscó un poco de aceite y logró encenderla rápidamente. De inmediato, se topó con una escena para nada agradable.
Allí estaba Sotma, tendida en la cama, con sus ropajes a medio mover y Dagur, completamente dormido, prácticamente desnudo a su lado.
-¡Sotma! –Astrid rodeó la cama, llegando hasta la rubia, ayudando a levantarse.
La mucama se enderezó y cubrió con pudor las partes expuestas de su cuerpo. Miró a su lado, comprobando que el jefe berserker seguía sin abrir los ojos.
-¿Qué sucedió? –preguntó la hooligan, poniendo una manta sobre ella.
-Dagur vino a buscarte… -informó alterada y algo temblorosa.
-¿Qué te hizo? –cuestionó furiosa.
Sotma negó con la cabeza.
-Dime la verdad. –demandó con voz baja para que no le escucharan nada.
-No pasó nada.
-¿Cómo que no?
-Es en serio. –repitió, tragando duro, tomando fuerzas para hablar. –Estaba a punto de… de… conseguirlo y de repente…
-Se desmayó. –infirió Astrid, para después comenzar a caminar y recoger un tarro que estaba tirado.
Sotma también se levantó, se vistió con sus prendas y se colocó al lado de ella.
-Había estado bebiendo de esto. –dedujo, mostrándolo.
Sotma tomó el tarro inspeccionándolo. –Vi que tomó todo el día de esto, y también fue lo que Karena le dio, siempre quiere que le preparemos uno a la semana, pero el día de hoy lo tomó durante toda la cena.
-Astrid… Dagur creyó que yo, era tú. Apagó la vela y yo no dije nada.
-No debiste hacer eso Sotma, mira cómo te dejó. –comentó Astrid mientras le acariciaba la mejilla.
-Eres… eres mi amiga Astrid, te he tomado mucho cariño. –comentó. –Además, eres mi verdadera jefa, una burglar, es claro que daría la vida por ti.
La vikinga se sintió honrada por tal comentario.
-Jamás olvidaré esto que hiciste Sotma, de ahora en adelante, no permitiré que nada te pase. –sinceró, colocando su mano sobre su hombro.
Sotma negó con la cabeza, restándole importancia. –Soy una esclava berserker, no tienes que…
-Claro que sí, así que no digas más.
Se dirigió a un pequeño armario para sacar su ropa y darle la suya a Sotma, pero al abrirlo, no tomó en cuenta que la puerta estaba semiabierta debido a los forcejeos entre Dagur y la esclava, por lo que se pegó fuertemente en su mejilla.
-¿Estás bien? –preguntó la muchacha al ver que Astrid se tocaba el rostro, observando claramente que una parte de su mejilla estaba roja.
Sonrió con ironía viendo que Sotma también tenía esa misma mejilla lastimada.
-Bueno… así será más fácil que Dagur crea que era yo.
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No sabía ni la hora que era, si ya había amanecido o qué ocurría fuera de esas paredes. Karena ni Sotma habían aparecido por allí, así que debía esperar alguna noticia o señal de vida.
Astrid estaba en medio de esos pensamientos, recriminándose por no haberse ido a Berk cuando Hipo se lo pidió, si ella hubiese aceptado quizá no estaría en esa angustia de que Dagur creyera que intentó violarla la noche anterior.
Sintió un asco y una repulsión por recordar todo lo ocurrido, y se compadeció de Sotma por lo que había pasado anoche.
-¿Qué pasó? –preguntó Dagur, somnoliento y sobándose la cabeza al sentarse sobre el lecho.
"Maldición, sí despertó"
-¿Y todavía preguntas? –confrontó Astrid, poniéndose de pie, y a la defensiva, sintiéndose indigna, incapaz de ver lo a los ojos, no deseaba que descubriera la verdad.
Dagur se sentó en la cama, notando su desnudez, sólo tapado por una cobija.
Se levantó, Astrid bajó la mirada y le dio la espalda, para no ver mientras él se colocaba las prendas que estaban regadas por el suelo.
Comenzó a respirar con dificultad. Su corazón latía fuertemente, lo sentía como si estuviera a punto de salirse por su boca, en busca de un refugio donde pudiera descansar tranquilamente.
Tomó valor. Ese valor que toda mujer posee, pero que pocas se atreven a demostrar.
-Sal de mi habitación. No quiero volver a verte. –masculló, sin dirigirle la mirada, porque en el fondo además de esa reconocida valentía, también tenía miedo.
Dagur sonrió chiflado, cada insulto era como un halago para él. Se abrochó el cinturón, quedando listo con su vestimenta.
Estaba a punto de decirle que no volviera a intentar algo parecido, pero él se adelantó. Le sonrió y se dio la oportunidad de acercarse lentamente, poniendo nerviosa a la muchacha. La tomó de la cintura y la atrajo a sí.
-Dime mi amor, ¿Qué se sintió estar con un hombre de verdad? –preguntó, susurrando sobre sus labios, peligrando que fuesen besados.
Astrid no podía creer lo que pasaba, ¿de verdad cree que consiguió su cometido? Pensó rápidamente, Karena le había dicho que cuando bebía de ese té se ponía más loco, e incluso creía que en ocasiones hacía lo que sus sueños guajiros pensaban. Así que… probablemente Dagur creía que sí se había aprovechado de la chica, es decir, de ella, por lo tanto decidió seguirle el juego, pues tampoco deseaba contradecirlo.
-¿Te refieres a ti?, lo único que puedo decirte es que jamás había sentido tanto asco y repulsión por una persona. –empezó a respirar con dificultad de nuevo. –Creí que al menos sabías que… que a una mujer no se le toma por la fuerza.
Por fin lo había dicho. Esas palabras que quiso gritar desde la noche anterior, pero que por prudencia no pudo decirlas. Lo empujó con todas sus fuerzas y lo alejó de ella.
-Un hombre común no, pero yo soy el jefe, puedo hacer todo lo que quiera. –recordó con orgullo, colocándose el casco vikingo.
-Y lo repito, eres un desperdicio de hombre y una decepción como jefe.
Dagur bramó, acercándose a ella, de nueva cuenta, en busca de los labios que degustó dominantemente durante toda la noche anterior, o al menos creyó degustar.
Astrid se mordió la lengua tratando de no decir algo que la pusiera en peligro, si él creía eso, que lo hiciera, ya se encargaría de desmentir.
-No quiero verte. Sal de mi vista ya. –demandó, señalando la puerta zafándose de ella.
Dagur sonrió victorioso, tratando de besarla, pero sólo consiguió acariciar con un ligero ósculo en la mejilla, una mejilla que notaba con un moretón, seguramente producto de los agarres y movimientos de la noche pasada que él pensaba le había provocado, sin pensar y que habían sido producto de una puertita.
-No me vuelvas a tocar. –demandó, ladeando su cabeza para evitar cualquier contacto mayor.
El jefe sonrió satisfecho, caminando hacia atrás.
-Ya lo veremos, Cami… ya lo veremos. Ahora eres mía, me perteneces… y ya no puedes hacer nada para cambiarlo.
Se dirigió hacia la puerta, y cuando la abrió se pudo divisar a Karena, que hablaba con los guardias, esperando a entrar a la habitación, quien al notar que Dagur salía de ésta, arreglándose sus ropas, emblanqueció su rostro, pidiendo una explicación con la mirada.
Dagur siguió avanzando, los guardias abrieron paso para que saliera.
-Ya que has cumplido con tus deberes conyugales, puedes salir de la habitación, siempre y cuando sea bajo vigilancia, ahora menos que nunca puedes irte de Berserker. –estableció, abandonando la habitación, sonriendo satisfecho.
En cuanto se fue, Karena entró rápidamente al cuarto. Se colocó frente a Astrid, esperando que ella empezara a hablar, pero no consiguió nada.
-¿Qué sucedió? –preguntó la de los ojos grises, imaginándose lo peor.
Astrid suspiró tranquila, sabiendo que Dagur ya no estaba allí.
Apretó el collar que llevaba en su cuello y tomó la decisión de buscar su vestimenta cotidiana, no quería seguir así semidesnuda, además su amiga no tardaba en traer la ropa que un día antes le prestó para hacerse pasar por ella.
-Sotma me dijo que anoche regresaste al cuarto, por eso dejé de rondar por estos lugares, evité que Dagur viniera aquí…. Astrid… ¿qué te hizo mi hermano? –susurró al borde de un colapso nervioso.
La rubia trató de encontrar la mejor forma de iniciar con esa explicación, pero en definitiva no sabía. Iba a comenzar con lo que había pasado desde que regresó anoche, se sentía incómoda por hablar de esos temas, pero en seguida, Sotma entró al cuarto para llevarle el desayuno igual que todas las mañanas y la ropa que ella había usado.
-Te aseguro que no es lo que tú crees.
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-Waaa… esta es la mejor historia de intriga y drama que me han contado, quien haya inventado esto es un genio. –exclamó Brutilda sin creerse todo lo que Astrid le decía.
-Mi hermano tomó demasiado té de hongos, ésos, en exceso causan alucinaciones, es algo común en Berserker. –comentó Karena, evidenciando. –También se usan para obligar a las personas a que hagan lo que uno desee.
-¿Y están seguras que Dagur se quedó con esa idea?
-Completamente. –afirmaron las tres.
Con esa información, Brutilda también comenzó a vivir en Berserker, sin saber, que su vida también comenzaría a cambiar.
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-¿Crees que por comprarnos como esclavos te vamos a perdonar? –preguntó Valka, quien estaba atada de manos junto al mástil. –No sé para que nos quieres. Ve y disfruta de tu riqueza por cortar la cabeza al cuerpo de mi hijo.
Heather rodó los ojos, tratando de hacerse una trenza con lo que quedaba de cabello.
-¿Ya está listo el bote? –preguntó la castaña a los hombres.
-Sí, jefa. –actuó e ironizó Eret. –Su barco puede zarpar, ¿a dónde quiere su majestad que la llevemos? –preguntó con fingimiento.
-No seas un bufón. –regañó la chica. –Eres mi hermano.
-No, tu hermano es Dagur. Yo sólo soy el hijo de la familia que te acogió cuando fuiste abandonada, pero no soy un traidor como tú. –enfrentó de mala gana, hablando de uno de los temas más delicados para ella.
Heather no dijo nada más.
-Pongan en marcha el barco, y ni se les ocurra tratar de escapar. –advirtió.
-Descuide lady Heather, con las cadenas que tenemos en los pies resultará muy difícil. –ironizó Patapez.
-Más les vale.
-¿A qué lugar? –preguntó Valka, inspeccionando las velas.
Heather sonrió después de ver que empezaban a alejarse del muelle. Dirigió su vista y les "ordenó".
-De regreso a Berk.
Los chicos y la madre de jefe se vieron entre sí, sin creer lo que les decía.
-Gasté casi todo mi dinero comprándolos a ustedes, un par de armas y este bote, así que vayamos a Berk. Es el único lugar que conocemos.
Los esclavos se incomodaron, especialmente Valka.
-Seguramente está sitiado. –infirió el rubio.
-Quiero ir hacia allá. –siguió, determinante.
En el muelle, Brutilda se les quedó viendo cuando empezaban a marcharse, se despidió con la mirada y después subió a uno de los muchos galeones para ir rumbo a Berserk.
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Astrid ya estaba un poco más calmada, estaba sentada en la silla, mirando al vacío, sólo acariciando su aún plano vientre. Thorson observó eso desde la cama en la que estaba recostada, pues amablemente su amiga le había permitido descansar en su lecho.
-¿Y cómo te enteraste que estabas embarazada? –preguntó Brutilda, con algo de sueño, aunque con la intención de animarla un poco.
-Porque comí anguila. –comentó como si nada.
-¿Pero si tú la odias más de lo que odiabas a Patán a los quince? –preguntó incrédula, e interesándose en la plática.
-Lo sé, por eso.
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Dagur había intentado entrar a la habitación de Astrid más veces de las que hubiese podido, pero ella se había negado a recibirlo.
Una semana pasó rápidamente, pero no había tenido noticia de Hipo, él había quedado de reportarse, y a pesar de que Sotma y Karena le podían ayudar, cada vez que algo entraba o salía de ese cuarto era inspeccionado por los guardias.
Ese día a penas y se había levantado, Dagur le había dicho que después de cumplir con sus obligaciones como esposa podía salir, pero eso significaba que debería volver a verlo y a ser presumida como un pedazo de carne, lo cual, jamás permitiría. Desayunó un poco de lo que Sotma le llevó, pero sentía un poco de agruras, por lo cual se recostó nuevamente.
Ahora que lo pensaba, tenía días estando somnolienta, con cansancio y fatiga, se mareaba seguido y ni hablar de falta de ejercicio, lo cual empezaba a notar en su abdomen.
Se rio un poco, quería volver a echar maromas y entrenar con Tormenta, pero mientras Hipo no volviera por ella, no había mucho que pudiera hacer, menos encerrada en ese cuarto.
No le gustaba estar acostada, pero a decir verdad, no estaba cómoda de otra forma.
Pronto sería el atardecer, y ya quería que Sotma llegara con la cena, pues al ser completamente franca, tenía mucha hambre.
Vio el entremés que le habían dejado, en definitiva no era de su agrado, la anguila ahumada no la comía jamás, le daba repulsión, pero ese detalle no se lo había comentado a nadie en esa isla, y como no le habían llevado eso hasta se día, tenía que aguantarse.
Daba igual, no se veía mal, incluso, si a acercaba al fuego del reciente fogón que había mandado poner, podría decirse que incluso olía bien. Agarró un pedazo de ese platillo, e inclusive le puso un poco de queso que empezó a derretirse con el paso de los segundos frente a la exposición del calor.
Lo pensó un momento, antes de llevárselo a la boca y se encogió de hombros. –Pues ya qué.
Lo peor que le podía pasar era vomitar, sin embargo eso ya ocurría con frecuencia.
Lo degustó… y… no sabía nada mal, con eso aguantaría hasta que la cena llegara. De tal forma que se comió la anguila completa. Volvió a recostarse, se rio de sí misma de nuevo, quedando boca arriba en el lecho y se tocó el vientre para calmar las tripas que comenzaban a hacer ruidos extraños. Eso ya no era normal en ella, comer a deshoras, dormirse en las tardes, andar cansada; se burló de ella misma, por favor, ni que estuviera…
Ni que estuviera embarazada.
Ese fugaz pensamiento irónico no se hizo lejano de su mente.
Abrió los ojos sólo un segundo antes de completar el pensamiento, y se levantó lentamente hasta quedar sentada.
No sabía mucho de embarazos, ni había discutido con nadie ese tema.
A lo mucho, por lo que su tía Gylda consultaba a las preñadas en Berk, sentían mareos, cansancio, fatiga, hambre a deshoras, cambios de humor… es decir, todo lo que ella tenía.
Ignoraba cómo reaccionar ante esa posibilidad, empezó a divagar… el té lo había estado tomando hasta unas dos semanas antes venir a Berserker por lo que no era muy probable, además, estaba la situación de que había sangrado justo cuando llegó…
No se perdió ni se desvió, porque escuchó la puerta abrirse, por lo que se puso en pie y a la defensiva, pero de inmediato notó que no era motivo de preocupación porque se trataba de Karena, acompañada de la "esclava".
-Perdona la tardanza, pero la carne no se cocía. –comentó Sotma, mientras preparaba la mesa y ponía una taza de té. –Veo que te has comido la anguila…
-¿Conocen a alguna comadrona? –preguntó de abrupto poniéndose en pie.
Las chicas se miraron entre las dos.
-¿Te sientes mal? –preguntó Karena. –Recuerda que Sotma es partera.
Las rubias se miraron.
-¿Qué sucede? –preguntó la esclava, curiosa por la actitud de ella.
-¿Qué sabes de embarazos? –directo al punto con impaciencia.
-¿Y por qué quieres saber? –preguntó incauta de nuevo.
Astrid se mordió el labio, insegura.
Sotma abrió los ojos, observándola con detenimiento.
-¿Astrid?
-No es muy probable porque… desde que Hipo y yo nos casamos tomo un té de hierbas y… -comenzó.
-¿Cuándo dejaste de tomar ese té? –preguntó la mucama, tratando de atar algunos cabos sueltos.
-Dos semanas antes de venir aquí. –comentó nerviosa.
-¿Y cuándo fue la última vez que sangraste?
-El día que llegué a Berserker… hace dos meses y medio. –respondió despacio.
-¿Duró lo de siempre?
La mujer lo pensó detenidamente. –No, en realidad… duró menos. Sólo fueron dos o tres días. –informó cayendo por sí misma en muchas cosas que aún ni siquiera reconocía.
Sotma sonrió de medio lado.
-¿Nauseas, dolores de cabeza, orinas con frecuencia, antojos? –preguntó rápidamente.
Ella asintió cada vez más efusivamente con cada síntoma que la mucama le daba.
-¡Ay por Freyja! –exclamó Karena, empezando a dar saltitos. -¿Cómo no te diste cuenta antes? –preguntó entusiasmada.
-Pensé… pensé que por el té era imposible, y… cuando Hipo y yo hablamos, pues, tenía la sangre, es decir… sangré, hasta donde sé, eso no debe pasar, ¿o sí?
-Amm… por lo regular, en las primerizas tienen su ciclo incluso después de concebir… porque es lo que queda en la matriz…
Astrid se tocó el vientre y por primera vez lo sintió diferente, o al menos fue consciente de eso.
-Soy aprendiz de partera, pero…
-Revísame. –suplicó, sentándose de nuevo. –No confío en nadie más que en ustedes… por favor. Sé que te debo la vida por lo de hace dos semanas, pero en verdad yo…
-Necesitas saberlo ya. –finalizó ella.
Las chicas asintieron.
Astrid sabía lo que le iban a hacer, había ayudado en algunas ocasiones a su tía Gylda, pero o dejaba de incomodarle un poco. Aunque si con eso salía de dudas, haría eso y mucho más.
-Sotma es ayudante de su abuela, ella es una excelente comadrona. –comentó Karena.
La rubia asintió nerviosa, comenzó a desvestirse, pero Karena le dijo que no era necesario.
-Si según tú ya han pasado más de tres meses, tu vientre debe estar más abultado, Astrid.
La mujer se colocó boca arriba y destapó su abdomen.
Sin embargo, Sotma enfocó su mirada en otra parte del cuerpo, cuando Astrid se tocó un poco el pecho.
-¿Te duele? –preguntó suspicaz.
-Un poco, al hacer movimientos bruscos, supongo que es porque no he hecho ejercicio a como acostumbro últimamente.
Sotma sonrió discretamente, un síntoma más.
-Tu busto está más… grande, ¿lo has notado?
Haddock negó tímida.
Sotma dirigió su vista al vientre de ella, bajó un poco la falda, sólo para tapar lo necesario, colocó sus manos y lo aplastó ligeramente, pero rebotó de inmediato.
-Por Freyja…. –exclamó, haciéndose para atrás. Tomó impulso de nuevo y palpó la cadera y el torso de ella, para dar de nuevo un último empuje en su abdomen.
Karena y Astrid se le quedaron viendo.
Sotma sonrió, asintió levemente.
-Lady Astrid, estás embarazada.
La rubia no lo creía.
Estaba… estaba embarazada. Un bebé, un hijo, un heredero.
Cuando Hipo y ella hablaron de la posibilidad de tener un bebé, no creyó que fuera tan rápido, significaba que todo ese tiempo, ella no había estado sola, que se había traído algo más especial de Berk, no sólo el recuerdo de una asombrosa vida; era una criatura, que comenzaba a crecer, a jugar y a acompañarla dentro de ella.
Esa decisión la había tomado muy a la ligera, no había recapacitado sobretodo lo que significaba tener un hijo, pero, eso también significaba que…
-El pacto está obsoleto. –susurró, poniéndose de pie. –Una alianza mayor al matrimonio y la alianza entre los burglars y los berserker crece dentro de mí.
Karena la abrazó fuertemente.
-Felicidades, Astrid.
La rubia, al recibir el abrazo, comenzó a creérselo con mayor intensidad.
-Gracias. –dijo con la voz entrecortada.
Había estado tan ocupada pensando en la manera de salir de allí, cuando en realidad siempre la tuvo dentro de ella.
-Iré a decirle a Dagur. –comentó decidida, acomodándose la blusa y queriendo salir.
Karena la detuvo alarmada.
-Si mi hermano se entera… hará que pierdas a ese bebé. –advirtió, convencida de lo que hacía ella.
-Además, tú sola… tienes que avisarle a Hipo, que venga a reclamar lo que es suyo, así no habrá manera de que falle y podrá llevarte, porque el tratado, pues… está anulado.
La rubia sonrió, era la esperanza que necesitaba.
Se llevó sus manos a su boca y comenzó a llenar de lágrimas sus ojos.
Un bebé… una unión única y perfecta entre ella e Hipo.
Allí, dentro de ella, estaba su respuesta.
-Es increíble.
Pero en definitiva, sería más increíble si pudiera compartir esa felicidad con el resto de Berk.
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Ya estaba instalándose en la nueva habitación, más cercana a la de Dagur. Era más espaciosa y al menos tenía una ventana que daba directo al amar. En ese lugar, fue donde finalizó el relato, a su nueva, y por orden directa del jefe berserker, única esclava.
-Vaya Astrid, si Hipo lo hubiese sabido. –musitó Brutilda nostálgica.
Astrid miró por la ventana, hacia el cielo.
-Yo también lo hubiese querido.
Se levantó hacia la ventana, porque se empezó a escuchar mucho ruido.
-¿Qué escandalo es ese?
"El furia Nocturna escapa"
Se escuchó por fuera.
Astrid se alarmó, por un momento había olvidado que Chimuelo estaba allí en Berkerser.
-Tengo que impedir que lo maten. –estableció con determinación.
Ese bebé y el dragón, eran lo único que le quedaban de Hipo, no permitiría que se lo arrebataran.
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(Continuará en la parte 3)
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Notas de la autora:
Tranquilos, ven?, a Sotma no le pasó nada, fue Dagur y su té de hongos, haha, en realidad existen son hongos noruegos que la tribu Berserker tomaban para ser más fuertes a la hora de la lucha, y en exceso, causaban alucinaciones.
Por fin vimos cómo es que Astrid se enteró de su embarazo, como quiera, falta una parte del capi, espero actualizarla lo más pronto posible.
Les agradezco su apoyo y comprensión, vi que la mayoría se dio cuenta, ¡disculpas aceptadas!, sé que a veces lo hacen de broma, pero al menos digan que es broma sus palabras y compártanme qué es lo que les pareció.
Le reitero nuevamente mi agradecimiento, ven? Cuando me animan, escribo más rápido jeje
Le invito a darle like a mi página en face Amai do suelo subir adelantos de mis fics.
Hasta la próxima.
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Gracias por leer
Dios los bendiga
**Amai do**
-Escribe con el corazón-
Publicado: 13 de enero de 2015
