Capítulos: 11/11.
terrible & hermosa, por Angelito Bloodsherry.
Epílogo
catorce años después
El tiempo es efímero. Es como el aire o el agua, se nos escapa de entre los dedos, sin ni siquiera ser conscientes de que está ocurriendo. Los años pasan a una velocidad vertiginosa. Los recuerdos, esos que han marcado nuestras vidas y que son parte de nuestras emociones más poderosas, se convierten en leves pinceladas de lo que fuimos, somos y seremos.
Estar en Londres de nuevo es extraño, pero se siente correcto. Newt sabe que su hogar no es un sitio en particular, no es la ciudad londinense ni cualquier otro lugar, sino el mundo entero: allá donde vaya, donde se le necesite o donde él sienta que pertenece. Sin embargo, aunque cueste aceptarlo o quizá ya no, pues el tiempo todo lo cura, Londres siempre será una parte esencial de él, una de la no que quiere ni puede desprenderse, porque le sería imposible. No puede negarse a pisar lo que una vez consideró su tierra, aunque sea por una breve temporada, porque sería negarse a sí mismo. Newt ha crecido demasiado para ser tan infantil.
Londres es todo lo bueno y todo lo malo que hay en él, pero, al mismo tiempo, no es absolutamente nada. Solo un sitio, una música, un paisaje, un olor, un sabor, una persona, una sonrisa o una lágrima.
Es un todo o es un nada.
O ambas cosas.
Newt sabía que algún día iba a ocurrir, que algún día volvería a Londres y se sentiría cómodo con su vuelta. Lo que nunca imaginó, y eso que hace mucho tiempo que se dijo que no tenía que imaginar nada, que tenía que dejarse llevar, ser libre cual pájaro, es qué ocurriría tan pronto. (¿Qué es pronto, si el tiempo es efímero?) Que sus heridas, esas que se niega a creer que existen o que le duelen, pero le duelen y existen, sanarían en el mismo sitio en el que surgieron. Parece estúpido, lo es realmente, la gente cree o tiene la estúpida idea de que una herida la cura una persona ajena a tu vida, a tu pasado, a tus miedos o fantasmas, pero que forma parte de tu corazón, aunque no quieras, pero no es así. Por supuesto que no es así. Es imposible. Las heridas, esas marcas invisibles que cruzan nuestro cuerpo, nuestro corazón y nuestra alma, que han marcado nuestras vidas, las sanamos nosotros, quienes las sufrimos.
Es así de simple o así de complejo.
O ambas cosas.
Newt había vuelto a su tierra natal, pero no como se marchó. No siendo un completo desconocido, un simple funcionario con ideas extravagantes, el chico expulsado de Hogwarts por un amor no correspondido o la sombra de un héroe de guerra. No, volvió siendo él mismo, siendo todos esos, pero también siendo completamente diferente.
Newt Scamander era un héroe en el MACUSA, en el mundo mágico, también el escritor de un best seller que cambiaría la perspectiva de los magos sobre las criaturas mágicas, pero seguía siendo ese niño tímido y retraído que llegó a Hogwarts y creció soñando con un mundo mejor donde los magos se permitirían conocer a las criaturas mágicas y vivir en armonía con ellas. Un niño con un sueño hecho realidad.
No era ingenuo. Hace muchos años que dejó de serlo, sabe que existe la maldad y que habrá gente que, independientemente del mundo donde viva o los privilegios que crea tener, siga pensando de forma incorrecta y haciendo daño a quiénes no lo merecen ni lo merecerán nunca. Sin embargo, hay que reconocerlo, también sabe que existen personas con un corazón enorme dispuestas a abrazar, a amar y a respetar el mundo en el que vivimos, hacerlo crecer y mejorar.
Protegerlo.
Newt ha tenido el placer de conocer a ese tipo de personas. Quiere volver a Nueva York por ellas, porque necesita ver la sonrisa mágica de Tina Goldsteins el resto de su vida, el brillo que desprende a su paso la extravagante Queenie Goldsteins y, por supuesto, necesita sentir, vivir y abrazar el amor que desprende el bueno de Jacob Kowalski que, a pesar de ser muggle, siendo muggle, estando en esa mágica desventaja, arriesgó todo por un completo desconocido con una maleta llena de sorpresas.
Sin embargo, por desgracia o, quizá, eso sea una exageración, porque todas las personas que pasan por nuestras vidas, nos marcan de alguna manera, también ha conocido personas dañinas, tóxicas que, consciente o inconscientemente, le han hecho mucho daño. Lo han roto a pedazos. Newt no tiene una larga lista de personas dañinas, es de agradecer, ni siquiera hay una lista como tal, ni un simple papel. Tiene una foto, un poco arrugada y antigua, que le ha acompañado en todos sus viajes y que siempre lleva consigo, guardada cerca de su corazón.
Literalmente.
Newt ha pensado, cientos o infinitas veces, en deshacerse de ella, pero siempre ha hallado una excusa o un motivo para no hacerlo. Sabe que son excusas, aunque las llame motivos. Newt no es idiota, nunca lo fue, ya no es ese niño ingenuo perdidamente enamorado, es un adulto. O un niño más grande. Es alguien que, gracias al paso del tiempo, a los kilómetros de distancia, a los mares, a las tierras y a los animales, ha podido pensar con calma, ver todo desde otra perspectiva más amplia y llegar a la conclusión de que Leta Lestrange, esa niña de ojos oscuros, mirada curiosa y alma quebrada, fue dañina, tóxica incluso, y que le hizo más mal que bien. Pero, aunque le duela, ya no tanto, solo a veces, también fue la persona que dio vida y forma a su sueño; fue su primer amor. No el amor de su vida, esa expresión es demasiado terrible para usarla, pero sí su primer amor.
Su primera amiga.
Su primer todo y su primer nada.
O ambas cosas.
Esa foto representa una parte de lo que una vez consideró su mundo, ahora, no sabría decir exactamente lo que es, pero sí que ya no era un peso en su bolsillo, un motivo de lágrimas silenciosas y noches en vela escondido en su maleta, ni de punzadas en el pecho. Un recuerdo, tal vez una pincelada de lo que fue, es y será.
Leta Lestrange, la que creyó conocer, la que fue y la que será o es, formará siempre parte de él, pero ya no con la misma intensidad. O eso espera.
Una vez creyó que sus caminos no volverían a cruzarse, hoy ya no piensa igual. No sabe lo que piensa o siente Leta en la actualidad. Nunca lo supo en realidad, pero sabe o cree saber que su amor por las criaturas mágicas es un lazo que todavía los une. No cree, le es imposible pensar, que Leta haya abandonado sus sueños por los deseos egoístas de su tía. Le gusta imaginarse a su ex amiga rodeada de pociones, en un lugar recóndito, y feliz. Feliz porque ha cumplido sus sueños, feliz porque supo apreciar la segunda oportunidad que Newt le dio. No puede guardarle rencor, no puede guardar nada negativo ni positivo de ella.
O, tal vez, guarda ambas cosas. ¿Quién sabe?
Nadie salvo Newt lo sabe. O, quizá, ni él siquiera.
...
Firma un nuevo ejemplar de su libro, da una sonrisa sincera, mientras lo devuelve, y un simple gracias, que no tiene nada de simple, pero lo parece. Y vuelta a empezar. Lleva toda la mañana en el Callejón Diagon, sentado en una pequeña mesa, en el exterior de su librería favorita, bajo un sol poco familiar en el húmedo Londres en el que ha crecido, totalmente relajado y feliz.
No sabe cuántos ejemplares lleva, solamente que no se marchará de allí hasta haber firmado el último. No está a favor de fechas límites ni de normas estúpidas, sí de sonrisas resplandecientes y ojos brillantes. No está dispuesto a que nadie se vaya de allí, después de haber pasado horas esperando, sin una sonrisa en sus labios. Suena egoísta, lo es. No le importa. Él ha estado en el otro lado de la fila, le es imposible imaginarse a sí mismo rechazando un libro simplemente por un par de minutos insignificantes.
Quedan pocas personas, no más de cuarenta o cincuenta. Lleva allí unas cuantas horas, está ligeramente cansado, pero es un cansancio gratificante. Toma un nuevo vaso de agua, rechaza el tentempié que le ofrecen y sigue firmando ejemplares, sigue escuchando las dulces palabras de sus lectores y sigue sonriendo. Sin saber, porque no podía saberlo, que, al final de la fila, en una distancia prudencial, había una muchacha de cabello azabache, ojos oscuros y rostro angelical, esperando con su propio ejemplar, pero sin encajar, porque no encajaba, en ese grupo de personas tan dispares, pero tan parecidas.
La sonrisa nunca desapareció en el rostro de Newt, sus ojos claros siguieron brillando como el primer día y su cabello, no tan largo como lo tenía en sus años escolares, sigue cubriendo su rostro cuando la timidez se apodera de él. No hay nada diferente en Newt Scamander, solo el paso de los años. Y es ahí donde está el problema, el tiempo cambia. Nos cambia.
Un par de personas más y Newt podría irse a descansar. Se marcharía de Londres en unos días y ese viaje quedaría en el olvido, porque sí, es importante esa firma y tiene un significado, pero no es suficiente para marcar un antes y un después en su corazón. O, tal vez, sí.
Un último ejemplar y una fina mano enguantada, es lo primero que Newt ve. No necesita alzar la mirada para saber que esa mujer, sea quien sea, no es alguien más en esa pequeña multitud. Su corazón late con fuerza, sus manos tiemblan, hasta siente la garganta seca, pero se obliga a mirar al frente, a sonreír como ha estado sonriendo todo el tiempo. Se obliga a enfrentarse a su pasado, a su presente y a su futuro.
Se obliga a mirarla.
Ella sonríe tímida, sus labios rojos podrían condenar a cualquiera, incluso a él, después de todo este tiempo.
—Lo conseguiste. Sabía que lo conseguirías —su voz es como música celestial, por un segundo, por un terrible segundo, Newt cree que no ha pasado el tiempo, que las heridas no han sanado y que esa chica, esa completa desconocida que hace llamarse Leta, tiene el control absoluto de él, pero no es así.
No es así porque no duele.
No es así porque las heridas han sanado.
No es así porque Leta Lestrange, su Leta, su amiga y su primer amor, ya no existe.
Casi sin darse cuenta, porque es inconsciente, como todo lo valioso en nuestra vida, toma el ejemplar de su mano, roza su piel enguantada sin titubear, es casi satisfactorio no hacerlo, abre el libro por una página cualquiera y, al mismo tiempo, buscando la página perfecta. Ve todas las anotaciones, acaricia la elegante caligrafía de Leta, que ha hecho, todos los papeles de colores que marcan las páginas, que las diferencian, que las hacen especiales y se siente tentado de leer alguna, porque es inevitable, porque necesita saber si Leta lo ha conseguido. Y se da cuenta, sonríe casi de forma involuntaria, que sí, que su amiga lo ha conseguido; que es todo lo que ha querido para ella y mucho más.
La mira a los ojos, ella también está sonriendo y su sonrisa alcanza esos hermosos orbes que una vez fueron su perdición. Le mantiene la mirada unos segundos y vuelve a concentrarse en el libro, toma la pluma y, casi sin pensarlo porque no hay que pensar tanto, empieza a escribir.
Durante años, durante la innumerables cartas que le envió, ha intentado imaginar cómo sería su reencuentro y, aunque sabe que en nada se parece al que está viviendo, se siente bien que así sea. Tan diferente como extraordinario.
Le devuelve el libro, no le permite que lea inmediatamente la breve nota que le ha escrito. Tampoco que hable demasiado, no es como si ella tuviera dicha intención, simplemente se miran, conectados por el pasado, por un amor que no pudo ser y por ese libro que ambos sostienen de extremos diferentes. Las sonrisas se mantienen como los buenos y los malos recuerdos, pero no el dolor, la tristeza o las horas perdidas; separados.
—Adiós, Newt.
Recupera su libro, borra su sonrisa y, por un instante, sus ojos se empañan en infinitas emociones, pero es solo eso, un segundo o menos. Newt no quiere darle más importancia, a pesar de que la tiene, porque este momento, este instante o este segundo, es lo que lleva esperando años, no para cerrar sus heridas o para dejarla atrás, sino para reconciliarse con lo que una vez sintió y, seguramente, sentirá siempre pero en menor intensidad.
Quiere dejarla marchar, pero sabe que no lo está haciendo, así que la llama. No hay vuelta atrás. No hay arrepentimientos. No cree que vaya a pararse, ni siquiera que le haya escuchado, pero lo hace. Vuelve atrás confundida, lentamente, sosteniendo con fuerza el libro que tiene más significado para ella que para cualquier otro lector. Parece esa niña pequeña y perdida que fue su mejor amiga. Lo parece.
Newt se incorpora, se aparta de esa mesa en la que ha estado horas, y extrae de su bolsillo, ese que da directamente a su corazón, la foto arrugada que le ha acompañado durante años en todos sus viajes, en cada lágrima y en cada sonrisa. La mira con cariño, echando de menos a esa chica parisina, inglesa y slytherin que una vez fue, nunca más será.
La confusión sigue bañando el rostro de Leta, pero ahora hay una nueva emoción que destaca sobre las demás. Newt no quiere darle nombre, porque sabe que está sintiendo exactamente lo mismo. Se acerca a ella, toma su mano libre, le quita el guante con cuidado, se deleita en el contacto piel con piel, le sonríe y le entrega la foto. No quiere llorar, pero sabe que es inevitable, por lo que mira los ojos llorosos de Leta y sabe que es para siempre.
—Adiós, Leta Lestrange.
[fin]
«a veces un cierre es tan necesario como un comienzo».
NOTAS:
(1) GRACIAS a todo aquel que se haya tomado un minuto para leerme. SIENTO MUCHÍSIMO si esta historia no encaja con vuestro canon mental. He intentado ser lo más fiel posible a los pocos datos oficiales que tenemos sobre estos personajes tan peculiares y, especialmente, sobre nuestra misteriosa Leta Lestrange. Espero, de verdad, Patty, que te haya gustado porque a mí me ha encantado meterme en la piel de estos dos bebés adorables que, por diferentes motivos, encajaban como dos piezas rotas de dos mundos diferentes.
(2) He intentado, no sé si lo he conseguido, recrear lo que sería una relación tóxica entre dos niños/adolescentes, pero también lo importante que es el primer amigo y/o el primer amor. No sé si habrá quedado como esperé o como esperabas, si es que tenías una idea en mente, solo sé que se ha escrito sola. Literalmente, la inspiración ha tomado el control y yo lo he dejado estar. Normalmente funciona.
(3) Pensé en escribir la historia desde la perspectiva de Leta, que fuese ella, una desconocida, quien nos contase lo que ocurrió, luego me di cuenta que no quedaría del todo bien, que Newt necesitaba tomar el control de su historia, así que, aquí estamos, dando forma a esta amistad tan trágica y peculiar. Espero que el epílogo dé el cierre que quería o que buscaba.
(4) Y este es tu primer regalo, aunque fue el segundo que escribí, no sé si en algún momento te has imaginado que era yo tu amiga invisible, Patty, espero que no ¿dónde estaría la gracia entonces? Cuando recibí la lechuza de moderación, di saltos de alegría, ¡no me lo podía creer! (NO HABÍA TENIDO QUE DAR NINGÚN SOBORNO, SALAZAR HABÍA INTERVENIDO POR MÍ). Y me habría encantado expresar esta felicidad por el foro, pero se me habría visto el plumero, si lo hubiera hecho. ¿No te parece? Ojalá te haya gustado, aunque sea solo un poco, deseando estoy de leer tu opinión.
(5) Si alguien se estaba preguntando de dónde saqué el título, diré que fue pura casualidad porque estaba pensando en el fic de Bell (La aguda espada de dos filos) cuando se me vino a la cabeza el título de uno de sus capítulos, y decidí tomarlo prestado(?. Eso fue una noche, recién acostada. ¿Cual era el título original que iba a tener esta historia? Letal, pasional y tóxica. Un poco largo, ¿verdad? Creo que los dos títulos encajan perfectamente.
gracias a todos,
¿reviews? ¿tomatazos? ¿imperdonables?
«travesura realizada».
