Magos I
Traición
Harry regreso a Hogwarts después de instalar a Bella en la mansión de Loki, no quería a los vampiros cerca de su hermana y la mejor manera de mantenerlos alejados era dejar a Bella en un lugar donde ellos no pudiesen entrar, sonrió imaginando la cara que seguramente pondrían los vampiros cuando se enteraran que ya no podrían acercarse a sus anchas a la casa de Bella. Aun sonriente entro al castillo, lo que sucedió luego de ingresar al castillo no se lo espero nunca, cuatro rayos aturdidores le dieron directamente y él cayó al suelo. La orden del fénix se acercó al chico, James y Sirius lo miraban con la culpa pintada en sus ojos.
— Será mejor llevárnoslo ahora — Dijo Lili colocando la cabeza del pelinegro sobre sus piernas.
— Lili tiene razón, es mejor que se marchen ahora — La apoyo el director.
James levanto al inconsciente mago y Lili sujeto el guante traslador con una mano colocando su otra mano sobre el hombro de su esposo, Sirius sujeto el otro extremo y desaparecieron llevándose al chico. Dumbledore acompañado de Mcgonagall y Kinsley se alejaron hacia la oficina del director, Snape espero hasta que los tres hubiesen desaparecido para acercarse hacia uno de los muros.
— ¿Qué piensas hacer ahora? — Pregunto.
— Hiragisawua dijo antes de irse que si algo le llegaba a pasar a Hells buscara cierta persona en Ravenclaw —
— Tienes un día antes que comiencen las vacaciones de pascuas y el menor de los Potter se vaya, lo que sea que vayas a hacer debes darte prisa — Dijo el maestro de pociones.
— Ya lo sé — Contesto la persona oculta tras el muro.
Una solitaria sombra se movió por el pasillo del séptimo piso hasta una puerta tenuemente iluminada por una antorcha que le mostraba el camino, miro a ambos lados antes de abrir la puerta y entrar rápidamente.
— Llegas tarde Potter — Dijo Draco.
— Lo siento, pero Lila a estado hablando con Ginny hasta hace unos momentos en la sala común — Contesto el pelirrojo.
— Eso ya no importa, lo que debemos hacer ahora es planear la manera de ayudar a Antares a escapar del cuartel de la Orden del Fénix — Dijo la rubia saliendo de las sombras.
— ¿Qué propones Lovegood? — Pregunto Draco.
La rubia sonrío y les explico su plan, los dos chicos escucharon atentamente, Alex suspiro y miro a la chica.
— Todo está bien, pero ¿Y si él está en otro lado? ¿Qué tal si no lo llevaron al cuartel de la orden? entonces ¿Qué haremos? — Pregunto el pelirrojo.
— Estará en el cuartel de la orden Severus dijo que el anciano quiere nombrar oficialmente a Antares un miembro de la Orden del Fénix — Contesto Draco.
— Bueno, pero de momento necesitamos una manera de comunicarnos, un medio que no sea muy revelador y que solo nosotros podamos usar — Dijo Luna.
— ¿Qué sugieres? — Pregunto el rubio.
— Denme sus anillos — Pidió la chica.
Ambos magos dejaron los anillos sobre la mesa, Luna saco entonces una hermosa varita blanca y también se quitó su pulsera, apunto con la varita hacia las joyas y susurro un hechizo en un extraño idioma, las joyas brillaron un instante y cambiaron de forma, ahora eran pequeños dragones de color plata.
— Ahora son oficialmente miembros de la orden silverdrac y estos anillos solo responden a su portador, de esa manera nos comunicaremos, los anillos proyectan un mensaje que solo puede ser leído y visto por su dueño — Les explico la chica.
— Vale, entonces nos mantendremos comunicados — Se despidió Alex colocándose el anillo que se hiso invisible.
— Se prudente Potter — Dijo Draco.
— No habrá una segunda oportunidad si fallamos, así que no debe haber fallos — Les dijo Luna y paso entre ambos chicos.
Al día siguiente, Draco estaba sentado en la mesa de las serpientes, cuando varias lechuzas entraron por las ventanas y se dirigieron hacia la mesa de Slytherin, dejaron caer varias cartas frente a la mayoría de los jóvenes de quinto, sexto y séptimo, el rubio cogió la carta y al ver el sello de la serpiente casi todos en la mesa palidecieron, el rubio se levantó y salió a toda prisa del gran comedor.
En la torre de Gryffindor, Ginny había terminado de arreglar su maleta, bajo los escalones y se encontró con Hermione en la sala común, ambas chicas lucían alegres, esperaron por Ron y los gemelos para poder retirarse.
Los chicos fueron directamente a la oficina de Dumbledore donde cogieron el traslador que los llevaría al cuartel de la orden.
Apenas llegaron las chicas, subieron a dejar sus cosas en una de las habitaciones de la mansión Black, Hermione decidió ir a echar un vistazo y dejo a Ginny sola. La pelirroja se sentó en la amplia cama y abrió su maleta de donde extrajo un libro color negro, parecía haber sido forrado con alguna clase de piel, con letras rojas estaba escrito su título, paso su mano por cada una de las letras acariciándolas, cero los ojos y suspiro.
Tu tuviste la culpa, si no le hubieses prestado tanta atención a ella yo habría mantenido tu secreto, pero hora ya no hay vuelta atrás — Dijo la pelirroja mientras sostenía en sus brazos el libro.
Flash back
Semanas atrás. Harry se levantó tarde ese día y después de asearse salió del cuarto de los de quinto, estaba pensando en que podría comprarles de regalo a los chicos, después de todo, solo faltaban cuatro días para navidad. Se sentó en la confortante sala común de la torre y saco el libro que aún le faltaba leer, después de comprobar que no había nadie abrió delicadamente su viejo libro "Horcrux, creación y destrucción" decía en letras rojas, estaba a mitad de su lectura cuando…
— ¿Qué lees Antares? — Pregunto curiosa Ginny acercándose por su espalda.
El pelinegro cerró el libro rápidamente y se levantó para ver a la pelirroja que no quitaba los ojos del oscuro libro.
— Hola Ginny — La saludo él con una sonrisa nerviosa e intentando esconder lo mejor posible el libro.
— ¿Es un libro de artes oscuras el que tienes allí? — Dijo la chica mirándolo suspicazmente.
— N… no ¿Cómo crees? Solo tiene la cubierta oscura — Contesto él.
— Vamos, no me quieras engañar, sabes que yo también he tenido contacto con la magia oscura o no lo recuerdas— Dijo la chica bajando la cabeza.
— Vamos, este libro es muy diferente al diario de Riddle — Contestó Harry.
— ¿Por qué te estas ocultando Harry? — Pregunto la chica.
— Yo… —
— No quieras negarlo, porque me acabas de confirmar que eres Harry Potter — Dijo la pelirroja cruzándose de brazos.
— No se lo digas a nadie por favor— Pidió él.
— ¿Me contaras la razón? — Pregunto la chica.
— Ahora no puedo, pero en el momento adecuado te diré lo que quieras saber — Dijo él.
— Vale — Contesto ella.
La pelirroja de Gryffindor guardo el secreto y todo estuvo bien hasta aquel día, los Gryffindors tuvieron herbologia conjuntamente con los Ravenclaw de cuarto año, Luna y Ginny salían tranquilamente de los invernaderos hasta que a pocos metros Ginny vio a Harry acompañado de Hiragisawua, el peliazul las vio y les sonrío, ambos chicos se acercaron hasta ellas. Harry estaba algo distraído, pero cuando el peliazul le presentó a la rubia Harry se quedó contemplándola largo rato, Ginny sintió por primera vez celos de Luna, los días que siguieron a ese, Harry no hiso más que empeorar los celos de la pelirroja, ya que si no se encontraba con su extraño grupo, siempre estaba en algún pasillo conversando con la rubia, pero en navidad todo pareció mejorar o eso creyó Ginny, ya que fue cuando el pelinegro le regalo aquella hermosa cadenita de plata.
¡Cuán equivocada había estado! Ya que ese mismo día Luna y Harry se encontraron a orillas del lago negro y el pelinegro le dio una fina caja blanca a la rubia y además también le obsequio una pulsera, lo peor fue cuando la rubia de Ravenclaw abraso sorpresivamente al pelinegro, pero él en lugar de alejar a la chica solo correspondió el abraso .
Aquel día la pelirroja decidió decirle a Dumbledore que Antares era realmente Harry Potter, el anciano le pidió que lo vigilara, entonces ocurrió ese incidente, en donde el equipo de Quidditch de Gryffindor estaba entrenando aquel fin de semana, Harry estaba extrañamente solo esperando a sus amigos para poder ir Hosneyd cuando repentinamente el chico se puso serio y fijo sus ojos en el bosque prohibido, Luna salía en ese momento y Ginny los vio intercambiar unas palabras, después la chica abraso a Harry quien luego se fue en dirección al bosque corriendo.
Cuando Ginny finalmente alcanzo a Harry lo encontró con otro joven, Harry lucia molesto y la hierba a su alrededor estaba muerta mientras sostenía un extraño aparato.
— ¡Vamos! — Dijo finalmente el pelinegro.
— ¡Harry! — Grito la chica saliendo desde atrás del árbol.
— ¿Ginny? ¿Qué haces aquí? — Pregunto el pelinegro.
— ¡Harry, no puedes irte, no te lo voy permitir! — Dijo ella apuntándole con su varita.
— ¡No tengo tiempo para tus caprichos Ginebra! ¿La persona más importante para mi está en peligro y tu intentas detenerme? — Dijo el pelinegro molesto, con sus ojos cada vez más oscuros.
— ¡No hay tiempo! — Dijo el chico castaño que sujeto de un brazo a Harry y ambos desparecieron dejando completamente sola a la pelirroja.
Apenas salió del bosque Ginny corrió hacia la oficina de Dumbledore para informarle lo ocurrido, el director inmediatamente convocó a la orden y se prepararon para atrapar a Harry apenas volviera al colegio.
Fin flash back
Ginny abrió los ojos al escuchar la voz de su madre llamándola desde el primer piso, al bajar se cruzó con Lila y Alexander, el pelirrojo lucia incomodo, pero ella no le dio importancia, en sus manos estaba el libro que había sacado de entre las cosas de Harry, lo pensaba presentar esa noche en la reunión que tendría la orden, estaba dispuesta a todo con tal de recuperar al antiguo Harry, nada ni nadie sería capaz de detenerla.
El sonido de la lluvia era amortiguado por las gruesas paredes de la clínica, en una de las salas de espera se encontraba una jovencita de cabellos castaños hasta los hombros y un poco más alejado estaba un chico de largo cabello plateado apoyado contra uno de los muros, las enfermeras le daban largas miradas al joven y suspiraban.
— Señorita Sakura — Llamo el peliverde que acababa de llegar trayendo dos vasos de café.
— Gracias Yamino — Dijo la chica cogiendo su café.
— Todo estará bien — Dijo el joven sonriéndole.
— Eso espero — Suspiro la castaña y se llevó a los labios el café.
Repentinamente otras dos personas llegaron al lugar, el peliplateado que había estado apoyado en el muro se movió y se sitúo a un costado de la castaña, mientras el otro chico se removió en el asiento.
— ¿Así que volviste?, es bueno que al fin te acordaras de tu padre — Dijo Sonomi molesta.
La castaña apretó los puños y la lluvia empezó a caer con más fuerza, Tomoyo se puso tensa, pero Yue coloco una mano sobre el hombro de la maestra de las cartas y la chica se relajó un poco.
— Familiares del señor Kinomoto — Pregunto un médico.
— Soy su hija — Dijo Sakura poniéndose de pie.
— Ya puede pasar a verlo — Le dijo el médico.
— Gracias — Contesto la castaña y se alejó por el pasillo seguida de Yamino y Yue.
Sonomi acompañada de su hija también fueron tras la castaña, la chica y sus acompañantes entraron en la habitación.
Sakura se sentó en la silla al lado de la cama contemplando a su padre, el hombre mayor dormía y en su relajado rostro se podía apreciar una suave sonrisa.
— ¡Papa, cuanto lo siento! — Dijo al borde de las lágrimas agachado la cabeza.
— No fue tu culpa cariño — Le contesto Fujitaka acariciando la mejilla de su acongojada hija.
— ¡Papa! — Dijo ella sobresaltada.
— Tranquila, todo está bien — Le sonrío el hombre.
— Señorita Sakura — La llamo Yamino al ver que el clima estaba cambiando bruscamente.
— Debes tranquilizarte — Dijo Fujitaka sujetando la mano de su niña.
Yue arqueo una ceja extrañado, era como si el hombre supiera que el clima loco que había en Japón desde hace dos días fuese a causa de los sentimientos inestables de Sakura.
— Lo sé desde hace mucho — Dijo sonriendo el hombre y mirando al sorprendido Yue
— Yo… Lo siento — Se disculpó Sakura.
— Cariño, cuando eras pequeña y te asustabas se desataba una terrible tormenta, y el día en que llegaste a este mundo hubo un tifón que anuncio tu llegada, desde el primer momento supe que eras especial y también sabía que tarde o temprano tu poder se manifestaría, no es tu culpa no poder controlarlo por completo — Dijo el hombre.
— Pero fue mi culpa lo que paso ese día, si me hubiese controlado… —
— Sakura, no es tu culpa y nadie te está culpando por ello —
— Pero… —
— Oye, monstruo, eso fue un accidente — Dijo Touya entrando, ayudado por Yukito.
— Hermano — Dijo la chica y corrió a abrazar al chico.
— Hijo, ya te he dicho que no le digas así a tu hermana — Dijo Fujitaka contemplando a sus dos hijos.
Touya suspiro y coloco una mano en la cabeza de la castaña, podía ser una hechicera, una diosa o un demonio, pero para Toya siempre seria su pequeño monstruo, su hermanita.
Repentinamente tocaron la puerta, Sakura se puso tensa, desde que había regresado a Japón no había visto a Shaoran y no quería encontrárselo, aunque podía sentir claramente la presencia del chico al otro lado de la puerta.
— Sakura — La llamo Yue.
— Estoy bien — Contesto la chica.
— Yo veré que es lo que desea — Se ofreció Yukito y salió de la habitación.
Después que Yukito saliera de la habitación, la castaña noto como la presencia de Shaoran se alejaba. Ya más calmada se sentó en una silla después de ayudar a Toya a acomodarse.
— ¿Y donde has estado durante estos meses? — Pregunto el pelinegro.
— Bueno… —
Sakura empezó a relatarles todo lo que había vivido desde que partió de Japón, aunque obvio el hecho de que había unos vampiros detrás de su amiga, tampoco les conto sobre los metamorfos, una cosa es que su familia supiera sobre los inigualables poderes mágicos que tenía sobre los elementos, pero otra cosa era empezar a contarles sobre el mundo oculto a los mortales.
— ¿Entonces, cuando volverás a América? — Pregunto Touya.
— No lo sé — Contesto la chica.
— Debes volver lo más pronto posible, estando aquí, lejos de la barrera que protege ese pueblo, corres un grave peligro — dijo Fijitaka.
— Sí, pero… —
— Oye, tranquila Sakura, nosotros estaremos bien, en pocos días me darán de alta y solo es cuestión de semanas para que papa también vuelva a la casa, así que, no te preocupes, nosotros nos sabemos cuidar muy bien — Dijo el pelinegro.
— Ellos tienen razón señorita Sakura, si se queda más tiempo aquí corre el peligro de que ellos la encuentren y eso sería muy peligroso — Dijo Yamino.
— Entonces, esperare hasta que por lo menos Touya salga del hospital — Contesto la chica.
Sakura salía de la clínica cuando fue abordada por Tomoyo, la pelinegra lucia acongojada y no se atrevía a mirar a los ojos de la castaña.
— ¿Podemos hablar? —Pregunto débilmente la chica.
— Está bien — Dijo Sakura, luego se dirigió a los dos chicos — No se preocupen, estaré bien —
Las dos adolescentes se alejaron en dirección a una cafetería cercana, al entrar al local la castaña sintió algo muy extraño, una presencia poderosa que se ocultaba muy bien, pero repentinamente esta desapareció, "tal vez me he confundido" Pensó la chica.
— Sakura, lo que paso ese día… — Comenzó la pelinegra.
— No tienes que explicarme nada Tomoyo, sé muy bien lo que vi — Dijo ella.
— Sakura — Susurro la chica.
Repentinamente la presencia mágica de varios hechiceros se hiso notable para la joven diosa, recorrió el local con la vista y se vio completamente rodeada, ¡todo había sido una trampa!, se maldijo por ser tan confiada y se puso de pie, no la atraparían fácilmente.
— ¡Luz! — Ella llamo, la carta salió de su bolsillo cegando a todos por unos momentos.
La castaña abrió la puerta, pero se encontró con una sorpresa, no salió a la calle frente a la clínica, en su lugar se encontraba en un bosque a quien sabe cuántos kilómetros de Tokio, escucho las voces a su espalda y sin pensarlo se echó a correr, uso a Shadow y a Silen para cubrirse, a medida que corría, se adentró más y más en el bosque, podía sentir a los hechiceros acercándose, se giró para comprobarlo, pero en ese segundo de distracción choco con algo y cayó al suelo sentada, frente a ella estaba una enorme criatura que parecía ser un lobo gigante de color blanco con extraños símbolos en la cabeza, pero lo que llamo más su atención fue la flecha clavada en una de las patas de la criatura, la sangre no se detenía y su pelaje blanco se había tornado rojo, Sakura olvido que la perseguían e ignoro el gruñido por parte del lobo, sujeto la flecha y esta se deshizo en sus manos.
— Tranquilo, no te hare daño — Dijo y puso su mano sobre la herida, la carta agua salió de su bolsillo y con la ayuda de esta carta Sakura logro cerrar la sangrante herida de la bestia.
— ¿Quién eres? — Pregunto con vos profunda el animal.
— Me llamo Sakura — Dijo la chica sonriendo.
Repentinamente se sintieron voces y personas cada vez más cerca, a las manos de la castaña regresaron sus dos cartas.
— Esta por aquí — Dijo un hombre.
— ¿Te persiguen? — Pregunto el lobo.
— Si — Susurro la chica, en su rostro se podía ver el miedo.
Repentinamente el enorme lobo se puso de pie y cogió a la castaña por la chaqueta lanzándola sobre su lomo.
— Sujétate — Dijo antes de dar un gran salto y salir velozmente.
Continuara…
Lamento en serio la demora…
Prometo que tratare de actualizar más seguido
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