Kuroshitsuji y sus perdonajes pertenecen a Yana Toboso.


-¿Cómo que te vas, Phantomhive?

-Como usted sabrá, prefecto Bluer, yo soy el encargado de la casa Phantomhive y todas sus empresas, por lo que yo debo atender todos sus asuntos.

-Ya... Entonces señor Michaelis, usted será su chaperón.

-Por supuesto. Me he dado la tarea de conseguir un sustituto para impartir las clases en mi ausencia. Adelante, señor Sutcliff.

-Buenos dííííaaaaaaas, -entró el pelirrojo shinigami mientras cantaba, luciendo su "disfraz" de humano.

-¿Es usted el profesor sustituto?

-Por supuesto.

-Hasta luego, joven Bluer. Los dejo para que conversen.

Y antes de que el prefecto pudiera decir algo más, el ojiazul y el ojiescarlata ya se habían ido.

-¿Cómo hiciste que esa molestia accediera a suplirte?

-Cosas que nadie nunca debe saber.

Ante esa respuesta Ciel se detuvo completamente, mirando de forma pasmada e incrédula a su mayordomo que pareció no darse cuenta dado que seguía caminando tranquilamente.

-¿Uhm? ¿Por qué se detuvo Bocchan, quiere que lo cargue?

-Sebastián... No me digas que tu y Grell... Que tú y él... - el jovencito abrió los ojos con sorpresa, dándole a entender a Sebastián de que era lo que estaba hablando.

-No Bocchan, nunca llegaría a algo tan bajo. ¿Por quién me toma?

-Entonces lo besaste.

-¿Perdón?

Ciel sonrió de forma malvada, era la misma sonrisa que daba cuando usaba los peones de su juego. Se acercó a su mayordomo y lo haló por la corbata, haciendo que su rostro quedara frente al suyo propio. Tomó la barbilla del pelinegro, y aún dando el bosquejo de esa maliciosa sonrisita le preguntó: -¿Por quién me tomas tú a mí? Se que Sutcliff no tomaría el riesgo de meterse en problemas con Spears sin una buena recompensa. Pero está bien, -soltó su barbilla y comenzó a caminar, al tiempo que empezaba a emplear un tono de desinterés -Solo cumples con tu deber. Después de todo, -Miró por sobre su hombro al demonio, que lo observaba aún inmóvil desde donde estaba -No somos nada del otro.

Ciel retomó su paso sin mirar atrás. Sebastián sonrió para sí, con unos exaltados colmillos y ojos rubíes resplandecientes "Es usted orgulloso, Ciel. Pero yo soy suyo y usted es mío." El mayordomo procedió con su caminar para llegar hasta el carruaje con su preciado amo.

-Espero que Lau no se niegue a colaborar o pida algún convenio. No estoy de humor para sacarle la información a la fuerza.

-Usted siempre tan agresivo joven amo.

-El ejecutor eres tú, Sebastián. Ciertamente, somos igual de despiadados.

-No, usted lo es más que yo.

-¿De que hablas?

-Alegar, -decía el mayordomo al tiempo que se acercaba al oído del ojiazul para susurrar -que usted no es mío y que yo no soy suyo, es lo más despiadado que ha hecho.

-Aléjate...

-Pero está bien, usted siempre regresará a mí, así como yo siempre regresaré a usted.

"Maldito seas Sebastián... Siempre sabes qué decirme, sabes leerme como a un libro abierto; sabes como infiltrarte en mi cabeza y atravesarme el alma con solo verme a los ojos. Te amo pero te odio."

-B...basta ya.

-Como usted ordene, Bocchan. -contestó el mayordomo con esa sonrisa tan burlesca y cínica suya al tiempo que se alejaba y se reacomodaba en su puesto.


Todo ocurrió cuando yo tenía unos pocos años. Era la hija de una madre soltera, una hermosa mujer que nos sacó adelante trabajando como bailarina y camarera en un cabaret. Nos dieron una habitación para vivir, dado que el cabaret eral realmente grande y lujoso. El mejor de toda China.

Admito que no tuve la infancia más feliz o perfecta, pero tenía a mi madre y todo el cariño que su corazón pudiera ofrecerme. Eso era más de lo que yo habría podido pedir, dado que los que nacemos como producto de un error de prostituta solemos ser despreciados, abandonados o vendidos. Pero mi mamá era diferente. Ella siempre me quizo.

Recuerdo muy bien todas esas veces que me acariciaba el cabello o me daba esa sonrísa tan cálida y gentil, una sonrisa que con solo verla ya secaba mis infantes lágrimas y me daba a entender que todo estaría bien. Amaba a mi madre. No saben cuánto. A la edad de once años todo ocurrió. Perdí a mi mamá, un maldito bastardo me la quitó.

La mataron. Mataron todas mis esperanzas, sueños, robaron mi alegría, mi cura. Me robaron lo único que yo realmente amé en este mundo: A mi madre. Esa bella mujer de largo cabello negro, ojos grandes y labios delicados. Mi vida cambió para siempre.

Empecé a trabajar como ayudante en ese mismo cabaret, pero ya no hablaba, tampoco sonreía y no expresaba emoción alguna. Empecé a darme a conocer bajo el apodo de Le chat blue, pero luego lo cambié a Ran Mao dado que nadie en este lugar parecía saber francés además de mi difunta madre y mi persona.

A la edad de trece años él apareció: Lau. Puso sus ojos en mí desde el momento en el que entró al cabaret. Me ofreció la oportunidad de tener una vida mejor y sin duda alguna la acepté. Él era un hombre de nobleza, y yo una sucia huérfana sin nada ni nadie, ¿Qué podía perder? Los años pasaron y el me consiguió un entrenador de artes marciales. Todas las sirvientas y criadas de su mansión me miraban con envidia. El me trataba como a su reina. Me vestía con las más finas sedas, joyas y muselinas. Me alimentó con las más finas frutas y los mejores vinos que solo serían dignos de alguien como él.

No me importó cuando descubrí que era el líder de una mafia traficante de opio o que manejara la más popular casa del placer en China. Lo amaba por haberme sacado de mi miseria, y todo a cambio de una simple condición: Nunca dejar su lado.

Aquí me encuentro, a la edad de dieciocho años, en su cama y abierta de piernas. Finalmente me lo pidió "Ran Mao, se mía." Aquí me encuentro, con mi salvador arrebatándome la virginidad bajo sus sábanas de seda. Admito que siento dolor, su miembro es muy grande y experimentado para una novata estrecha como yo, pero lo está disfrutando y eso es lo que importa. Luego de todo lo que ha hecho por mí, al diablo, podría matarme si él así lo quisiera.

Susurra mi nombre como si de una oración se tratara. Besa mi cuello para luego acariciarme el pecho. En un momento es salvaje y al otro delicado, como si se percatara de lo que está haciendo y temiera herirme.

-Ran Mao, -dijo deteniéndose de forma abrupta -Tus ojos están llenos de lágrimas, ¿Por qué no me dijiste que te estaba hiriendo?

-No importa Lau, lo estás disfrutando y eso es lo importante.

-No. Tu no eres otra mujer de objeto para mí. Nunca lo has sido y nunca lo serás. Es verdad que eres mi mano derecha, pero también eres mi igual. Si estoy lastimándote, no seguiré por mucho que lo desee. Aún tenemos muchas noches por compartir. -Me envolvió en sus fuertes brazos, y entonces se lo dije.

-Te amo Lau.

-¿Escuché bien?

-Sí...

-Eso es bueno, por que yo también a tí.


Voy a volverme loco. Estoy perdiendo la cabeza. No puedo comer, no puedo dormir, no puedo pensar. Todo lo que mi mente dice es "Gregory, Gregory, Gregory." Necesito encontrarlo, necesito saber que está bien. Quiero darle un abrazo y pedirle que me perdone por haber sido tan estúpido. Todo esto es culpa mía. Si algo le ha pasado moriré. Como quisiera poder volver a esos días donde nos dejábamos rosas anónimas en el buzón, al beso de la biblioteca, a las risas ebrias, maldita sea, incluso al día en que lo salvé de Bartolomé Noir.

Un momento... Él... Él estuvo presente en la fiesta de Dianne. Recuerdo haberle visto reposado contra la pared en uno de los rincones oscuros de la sala. No le ví más luego de eso. ¿nos habría visto en la biblioteca? ¿Y qué si ha estado vigilándonos todo este tiempo?

Mierda. Gregory y yo estamos en un serio problema.