Ayñ, olvidé por completo actualizar la semana pasada. Perdón y clemencia. Les dejo el capítulo de hoy :D
El wallymóvil, parte I.
Una situación solitaria
Jinx sintió el colchón de su cama moverse por el desplazamiento de alguien encima. Al principio imaginó que sería de nuevo Señora Trapeador intentando colarse entre sus sábanas pero entonces recordó la noche anterior y una sonrisa perezosa se dibujó en su rostro al recordar también quién había dormido a su lado y qué habían hecho juntos hacía unas cuantas horas.
Rodó sobre su cama y lo vio sentado en el borde del colchón, frotándose los ojos para poder despertar completamente. Jinx sonrió de nuevo al ver su espalda salpicada de pecas al igual que sus hombros y el primer tercio de sus brazos. Le encantaba verlo despertar porque era como ver una versión totalmente nueva y diferente de Wally. Sin ropa y despeinado, parecía un ser humano normal, vulnerable, alcanzable pero perfectamente imperfecto. Y nunca dejaba de ser terriblemente guapo. Jamás. ¿Cómo le hacía? Jinx por las mañanas parecía un monstruo recién llegado de las puertas del infierno y él era todo un encanto.
Cuando Wally se dispuso a ponerse de pie, Jinx estiró un brazo y lo cogió de la mano, impidiendo que se apartara de ella. Wally pegó un brinco porque no se había percatado de que Jinx estaba despierta pero luego le devolvió la sonrisa.
–¿A dónde vas? Ni siquiera ha salido el sol.
Tiró de su mano y lo obligó a caer encima de ella. Wally rio, le besó la frente y le acarició el cabello. Los senos de Jinx rozaron con el pecho del pelirrojo así que pudo sentir las vibraciones de su tórax cuando rio.
–Sí, buenos días. También me da gusto verte.
–¿A dónde vas? – repitió su pregunta e ignoró sus propios malos modales.
–A mi casa. Mi madre se volverá loca si no me ve antes de irme a la escuela. Además, no sabe que no pasé la noche en casa… – Wally volteó a ver el reloj y otra vez pegó un brinco – Y por cierto, ya es muy tarde. Me quedé dormido.
–Pues no vayas a la escuela, ¿quién la necesita?
–Ser superhéroe no es muy remunerativo. Y tú también debes ir.
Jinx estiró los brazos, soltó un bostezo y arqueó el cuerpo. Sentía demasiada flojera de tan sólo recordar todos los deberes que tenía que hacer aquella semana.
Malditos lunes. Los odiaba.
–Pero yo entro hasta en la tarde. Aún puedo dormir un poco.
–Ayer dijiste que tenías mucha tarea que hacer – Wally desapareció pero volvió en una décima de segundo con mucha, mucha ropa encima –. Y tienes que ir a la cafetería.
Jinx gruñó y se tapó el cuerpo con una sábana. Maldito empleo. También lo odiaba.
–Que Linda me cubra. Ella no tiene nada que hacer.
Wally se puso su chamarra y le alborotó el cabello a Jinx. Despeinándola aún más y dejándola todavía más similar al monstruo traído del infierno.
–Dejé el desayuno listo. Haz tú las rondas de West Hill yo me encargaré del resto de la ciudad.
–¿Qué? – se sorprendió Jinx y se incorporó en su lugar – ¿No patrullaremos juntos esta noche?
–No. Ni el resto de la semana.
–¿Por qué no?
–Tengo cosas que hacer. Patrullaré en mi tiempo libre.
–¿Qué cosas?
–Cosas importantes.
–¿Más importantes que pasar tiempo con tu novia?
Una vez más, Wally rio y con su mano despeinó a Jinx hasta construir un nido de pájaros rosa con su cabello.
–Lindo día, Slowpoke.
–¡Wally!
Fue demasiado tarde. Él ya había desaparecido dejando tras él la fragancia de su desodorante y su nuevo perfume. La hechicera resopló y arrojó todas las cobijas lejos de ella, haciendo que cayeran justo sobre Señora Trapeador, quien dormía al pie de su cama.
Jinx ignoró las quejas de su mascota y se dispuso a empezar el día aunque no de la manera en que le hubiera gustado. Tomó un baño rápido pero se arrepintió al instante porque cuando fue a la cocina se dio cuenta de que el desayuno que le había preparado Wally ya se había enfriado.
Mientras mascaba la comida, reparó en la rosa roja que había en un vaso de vidrio. Wally nunca olvidaba dejar la rosa roja, sin importar qué. Estaba tan aburrida que Jinx se preguntó si algún día esa bonita costumbre cambiaría o qué pasaría cuando Wally se sintiera molesto con ella. ¿Le dejaría rosa roja o no?
Agitó la cabeza y dejó de pensar esas cosas. Wally nunca se había sentido enfadado con ella y no había motivos para que lo hiciera.
Aquél día, pasó demasiado lento. Y los siguientes también. No pudo ver a Wally ni siquiera por un minuto. Cuando le marcaba a su teléfono nunca le contestaba o le contestaba la grabación de él diciéndole que estaba demasiado ocupado como para hablar. "¡Hey! Probablemente estoy ocupado o comiendo. Deja tu mensaje y te llamaré después… o no". Pero Jinx nunca dejaba su mensaje porque no quería ser demasiado enfadosa. Supuso que Wally tenía alguna misión súper importante con su tío, el gran Flash, así que no insistió demasiado.
Sin embargo, en la segunda semana, comenzó a sentirse alterada. Era demasiado extraño que Wally no pudiera dedicarle ni siquiera un par de segundos para estar con ella. ¿Por qué le costaría tanto? Es decir, era el chico más veloz con vida, ¿qué no le era posible hacer un espacio en su tiempo para dedicárselo a ella? ¿Y qué era eso tan importante que debía hacer? ¿Por qué no podía decírselo? ¿Acaso ya no la quería y esa era su forma de expresárselo?
Comenzó a sentirse miserable a partir de la tercera semana, a pesar de que ya por fin había conseguido hablar con él por teléfono y ponerse en contacto a través de mensajes de texto. Incluso se puso a escribir cosas deprimentes en su diario porque a veces sentía que Wally la estaba evitando para poder terminar con ella y esa era su forma más sutil de decírselo. Se sentía muy insegura respecto a todo. ¿Y si había encontrado a otra chica mejor que ella? Tal vez alguien más poderosa, o más bonita, o más paciente, o más divertida. Tal vez se conformaba con alguien que se riera de todos sus chistes malos o que supiera cocinar increíbles cantidades de comida en períodos muy cortos de tiempo.
Al inicio de la cuarta semana, se tragó todo su orgullo y le pidió a Wally que se vieran aquél día. Incluso le dijo que ella le pagaría la nieve si aceptaba salir con ella, pero nada de lo que intentó para sobornarlo surtió efecto.
–Lo siento, Jinxy, no podrá ser hoy.
Jinx colgó el teléfono con demasiada fuerza y se sintió muy decepcionada pero también enojada. Apoyó la cabeza sobre una mano y con la otra comenzó a tamborilear la mesa de su barra desayunadora, sin saber muy bien qué más hacer. Resopló un rato, acarició a Señora Trapeador, limpió por segunda vez aquél día su departamento, se puso a dar marometas sobre el sillón de la sala, revisó cada minuto su nuevo comunicador T, hizo algunas cuantas bromas telefónicas y cuando miró de nuevo el reloj, tan sólo habían pasado veinte minutos.
¡Aggh!
Si fuera cualquier día menos domingo tendría algo más interesante que hacer, como ir a la escuela o trabajar en la cafetería. Cualquier cosa que le distrajera de su desesperante situación.
El tiempo se estaba yendo demasiado lento. ¿Era así como se sentía un velocista en cada momento? Qué infierno debía ser su vida. Y qué infierno era la vida de Jinx en aquellos días. Nunca creyó que odiaría tanto los fines de semana. O los días sin Wally. El problema era que se había vuelto adicta a él. Así como la gente normal creaba adicciones al alcohol, o al tabaco, o a la cocaína, o a la marihuana, ella había desarrollado una seria adicción al timbre de su voz, a sus chistes malos, a su súper velocidad y a todo lo demás que él representaba. Odiaba más que nada en el mundo el síndrome de abstinencia por el que estaba pasando en aquél momento. Lo odiaba más que los lunes y más que su trabajo.
¿Y por qué le costaba tanto decirle el motivo por el que no podía verla? ¿Por qué siempre le hacía eso? No era la primera vez que sucedía y seguramente tampoco sería la última. A Wally le encantaba ocultarle cosas a Jinx y le gustaba aún más desaparecer de su vida por períodos indeterminados sin dar algún tipo de explicación.
¿Y si la engañaba con otra chica? ¿Y si ya no la quería más y no sabía cómo decírselo? Wally era demasiado amable, quizá ese fuera el motivo de todo aquello porque probablemente pensaba que era mejor apartarse de Jinx que confrontarla directamente y romperle el corazón. Seguramente pensaba que era lo más adecuado desaparecer sutilmente de su vida y dejar que el tiempo hiciera el resto del trabajo.
Jinx se sintió bastante frustrada así que se dirigió a la sala y encendió el televisor, buscando algo en qué entretenerse pero no había nada, absolutamente nada. Además, sólo transmitían comerciales donde anunciaban productos tontos de limpieza o máquinas para gente que buscaba adelgazar pero que era demasiado floja como para hacer ejercicio.
Rodó los ojos y vio en la mesita de la lámpara su diario abierto y una rosa roja entre sus páginas. Pegó un brinco porque ella jamás dejaba su diario tan expuesto y porque definitivamente tampoco se dejaría a sí misma una rosa. Entonces llegó a la conclusión de que Wally había estado ahí y había leído su diario. ¡Otra vez! ¿Por qué jamás entendía que no debía hacerlo? ¿¡Y por qué rayos si había pasado a su departamento a dejarle una rosa no se detuvo un momento para saludarla!?
¡Maldita sea! ¡Lo odiaba!
Tomó el diario entre sus manos y leyó la última entrada que ella misma había escrito, tres días atrás, donde descargaba todas sus frustraciones y dudas encima de las amarillentas hojas de papel. Pero debajo, encontró un mensaje, escrito con el puño y letra de su novio, si es que aún podía llamarlo así.
"Sólo en caso de que estúpidamente lo hayas olvidado, nunca estoy sin pensar en ti"
– Wally West
Releyó la nota un millón de veces más hasta que su corazón se tranquilizó y sintió un gatito ronroneando en el interior de su estómago. Wally era un idiota, un completo y absoluto idiota. Pero era su idiota. Y ya no lo odiaba… tanto.
Sin embargo, como su vida era una tragedia y estaba rodeada de mala suerte, un comercial que se transmitía en el televisor en aquél preciso momento le llamó la atención. En él, aparecía nada más y nada menos que Kid Flash rodeado de un montón de chicas guapas en bikini anunciando una barra de chocolate que como él mismo decía "proporcionan energía para hacer todas tus actividades de día… y de noche". Y después de decir eso, tomaba a dos modelos por la cintura, una en cada brazo y las llevaba al interior de una lujosa suite a la orilla del mar.
«¿Así que nunca estás sin pensar en mí, eh?» Jinx hizo rechinar los dientes, demasiado enfadada como para hacer algo más al respecto «No te tolero, Wallace Rudolph West».
¡Gracias por leer!
La frase de Wally, no es de Wally. Es de Virginia Woolf en Selected Diaries.
Y sólo para aclarar, Señora Trapeador es una perrita que Jinx adoptó de la calle. Es algo así como su primera amiga.
Es todo, nos leemos la próxima semana con la parte II.
:)
