Capitulo 11.

- ¡Auch! ¡Ten cuidado, joder!

- No seas nena, Dean. Ya casi acabo. – Sam cosía, con el ceño fruncido y concentrado, un feo corte en el brazo de Dean. La pelea, la dichosa pelea a la que su hermano no quiso resistirse acabo con ellos ganando. Pero Dean se empecino en pelear solo contra los suyos. No dejo al pequeño que le ayudara con los tres tipos. Sam no tardo en despachar al suyo y casi le da un infarto cuando vio brillar la hoja de una navaja que se dirigía hacia su hermano. Por suerte, Dean tenía muy buenos reflejos y la esquivo, aunque no pudo evitar que le hicieran un corte en el brazo. – Debiste dejar que te ayudara, estupido.

- No digas chorradas, anda. Lo que me jode es que me hayan destrozado mi camisa favorita. – Sam bufo.

- Si quieres le puedo hacer un remiendo después de remendarte a ti. – comento con ironía. Dean rió.

- Nah… no merece la pena. ¿Te das cuenta de que tu si que serias la esposa perfecta, Sammy? Se te da tan bien zurcir…

- Deja de decir chorradas o en vez de coserte, te pongo un parche. – gruño el pequeño terminando de coserle la herida. No era demasiado profunda, pero si grande. Le tuvo que poner bastantes puntos. Cogio una venda y tapo la herida con ella. – Ale, ya esta. – Dean se miro el brazo vendado y le sonrió divertido a su hermano.

- Lo dicho. Costurera, enfermera… la esposa casi perfecta, Sammy.

- Vete a la mierda. – rió el otro, guardando las gasas en el botiquín. – Quédate quieto un rato más que voy a ver ese corte de la cara.

- Espero que ese no necesite puntos o voy a parecer un pirata.

- Reza para que no te quede marca, capullo. – Dean rió y se dejo coger la cara por el pequeño que empezó a examinarle el corte de la mejilla, fruto de un botellazo que se ha llevado en la pelea.

- Oye… creo que antes vi a un demonio en el grupo de chicas que había enfrente nuestra. Antes de la pelea. – Sam cogio un poco de algodón empapado en alcohol y empezó a limpiarle el corte.

- Aja… así que por eso te fuiste a donde las chicas… pensé que era para cabrear más al personal…

- Bueno… también fue por eso, pero básicamente fue porque creí ver a una con los ojos negros y quería asegurarme.

- Uhm… lo jodido va a ser volver a encontrar a esa chica. Lo mas seguro es que el demonio se haya trasladado de cuerpo. – Dean casi ni respiraba. Tenía el rostro de Sam demasiado cerca. Podía oler el whisky en su aliento y el roce de sus manos le erizaba la piel. Estaba tan concentrado en eso que ni notaba el picor del desinfectante. – Vale. No hacen falta puntos aquí y no creo que quede mucha marca. ¿algún otro destrozo más?

- Pues mira… ahora que lo dices… - Dean se quito la camiseta, dejando a Sam más que sorprendido. – Me duele el hombro cosa mala. No se si se me habrá montado algún músculo. ¿Te importa mirármelo? – Sam tuvo que morderse la lengua para no reírse. Dean estaba imitando su mirada de cachorrito desvalido. Y encima le estaba saliendo bien, al muy cabron.

- Esta bien… vamos a ver ese hombro. – las enormes manos de Sam empezaron a recorrer el hombro, apretando ligeramente a veces buscando algo que no estuviera bien. A Dean se le puso la carne de gallina al notar el tacto suave de su hermano. El pequeño sintió como se le quedaba la garganta seca cuando vio los ojos oscurecidos del mayor clavados en el. Tuvo que carraspear un poco para que le saliera la voz. – Ejem… así que… ¿crees que ese demonio es el que estamos buscando? – Dean esbozo una media sonrisa.

- Es lo más probable, ¿no? ¿Cuántas posibilidades hay de que nos topemos con dos demonios en la misma ciudad y que no estén metidos en este fregado? – Sam movió una de sus manos por el brazo de Dean y la otra bajo hacia el pecho. El mayor arqueo una ceja y trato de no sonreír.

- ¿Y que hacemos ahora para encontrarla? – la mano del pequeño se deslizo suavemente del pecho al estomago, acariciando los abdominales de Dean, que ahogo un suspiro.

- Pues… deberíamos volver al bar y preguntar a ver si alguien la conoce. Sino vamos a tener que empezar a pensar en pedir ayuda con este caso. – Sam siguió bajando su mano, llegando a la cintura de los pantalones. Dean se estremeció a su pesar.

- Aja. – murmuro Sam ensimismado.

- ¿Sam?

- ¿Yeah?

- Tío… que me duele el hombro, no el estomago. – Dean casi deja escapar una carcajada al ver a Sam enrojecer. Aun así, no aparto las manos.

- Er… si… claro… Es que… estaba… estaba… estaba… uh… - estaba adorable, eso es lo que le paso por la cabeza a Dean en ese momento.

- Sam, ven aquí. – susurro, mirándole con los ojos entornados y cogiendole del cuello de la camisa para tirar de el. Sam no se hizo de rogar y se acerco hasta que sus labios casi se rozaron.

Dean no estaba muy seguro de que iba a hacer, pero si tenía claro lo que quería. Lo que no estaba tan claro en su mente era si Sam hacia eso por culpa del influjo del súcubo o por otro motivo… así que tomo una decisión. Una parte de el la consideraba ligeramente humillante pero las ganas eran demasiadas como para andarse con tonterías como el orgullo en ese momento. Total, ya lo había hecho antes. Se dejo caer de espaldas sobre la cama, arrastrando con el a Sam hasta tenerlo encima y le beso, suave y despacio, consiguiendo que le dejara paso en su boca. Se entretuvo desabrochándole la camisa mientras el beso subía de intensidad.

Sam se deshizo de su camisa en cuanto esta estuvo libre de botones y se quito la camiseta lanzándola bien lejos de la cama. Dean le observaba, tumbado y mordiéndose los labios. Antes de que pudiera arrepentirse de la decisión que había tomado antes, le desabrocho los vaqueros a Sam y tironeo de ellos hasta que el pequeño se los quito del todo y le ayudo a quitarse los suyos.

Cuando Sam se volvió a recostar para besarle, Dean coló su mano en los calzoncillos del pequeño que soltó un fuerte gemido cuando le empezó a masturbar. Sam casi se puso bizco por el placer que le estaba brindando su hermano y no quiso ser menos. El mayor se revolvió excitado como un gato cuando la enorme mano de Sam le acaricio su miembro por debajo de la ropa. Ambos se fundieron en un beso apasionado que les dejo prácticamente sin resistencia.

La ropa interior voló y Sam noto como Dean le cogia la mano y se la guiaba hasta su entrada. Le miro asombrado y con los ojos abiertos como platos.

- Dean… ¿estas…? – el mayor le agarro fuerte del pelo, como enfadado, el ceño fruncido terriblemente y los ojos brillantes.

- Sam… no me digas que necesitas una autorización escrita y por triplicado, no me jodas… - le gruño antes de besarle, dejándole casi sin aliento. La única neurona que le funcionaba aun a Sam se volvió al bar a tomarse una copa y el pequeño se lanzo a devorar a besos a su hermano y de camino a hacer lo que le había pedido.

Acaricio con los dedos la entrada antes de introducir uno y empezar a dilatarlo. Dean gruño cuando su hermano le obligo a quedar boca abajo en el colchón y le metió dos dedos. Sam le besaba y mordía en la nuca y en los hombros sin dejar de mover sus dedos en el interior de Dean, que prácticamente gemía de gusto. El pequeño casi acaba antes de tiempo al oir el ronroneo de placer que se le escapo a su hermano.

El mayor se tenso y ahogo un gemido de dolor cuando Sam reemplazo los dedos por su miembro. El pequeño lo noto y, aguantándose las ganas, trato de ir más despacio, de ser un poco más suave, aunque se moría por entrar del todo. Era tan estrecho, tan caliente… lo más íntimo que había sentido en mucho tiempo.

Despacio, sin prisas pero sin pausa, termino de entrar al fin. Sam paro un segundo, jadeando en el cuello de Dean, esperando a que el otro se acostumbrara a la intrusión. No se esperaba que Dean reculara y le gruñera, claro.

- ¡Muévete, joder! ¿Qué te crees que soy, una virgencita? – Sam frunció el ceño y se aguanto las ganas de preguntar a que había venido ese comentario. Iba a tener una conversación mas que interesante con su hermano sobre eso y ese extraño con el que Dean tuvo un supuesto lio en el pasado. Aunque eso seria mas tarde. Ahora solo pudo empezar a embestir fuerte y profundo, arrancando gemidos al mayor.

A partir de ahí ninguno pensó en nada que no fuera lo que ocurría en esa cama. Fue todo dejarse llevar y la habitación llenándose de gemidos, jadeos y susurros apagados, como si hablar o alzar la voz fuera a romper el momento.

Cuando Sam se vio cerca de acabar, llevo su mano a la entrepierna de Dean y empezó a masturbarle para que acabara primero. El mayor no tardo mucho y se corrió en su mano, arqueando el cuerpo. Eso acabo con la poca resistencia que le quedaba a Sam, que termino un minuto después, cayendo exhausto sobre Dean, que se revolvió y trato de quitárselo de encima casi a manotazos.

- ¡Quita, Big Foot! ¡Que me aplastas! – Sam ignoro sus quejas, riendo, y le agarro volviendo a pegarle a su cuerpo.

- No gruñas mas, petardo, que se que te ha gustado. – Dean suspiro y se dejo abrazar sin dejar de refunfuñar.

- Que mas quisieras, imbecil. – el pequeño bostezo y se acomodo mejor en la cama, tirando de las sabanas para taparlos.

- Ni intentes disimular, tarado.

- No te creas tan bueno, perra.

Continuara…