Nota de la autora:
Hola!
¿Qué tal? Muchas gracias por reviews, sé que siempre digo lo mismo pero os lo agradezco de verdad. Espero que os guste este capítulo como os han gustado los demás.
Disfrutadlo
Capítulo 11: Coordenadas.
Un mes después…
Había llegado septiembre dejando atrás a agosto. Hacía un mes desde el intento de secuestro de Kelly que continuaba viviendo con Draco, Ginny y Damon, en casa de estos. La chica había sido acogida muy bien por los varones de la casa pero Ginny continuaba siendo tan desagradable con ella como siempre. La joven siempre se cohibía delante de ella.
Solo había regresado a su casa para recrear lo sucedido el día que intentaron secuestrarla y había cogido algo de ropa y algunas pertenencias. Para desagrado de Ginny, la chica parecía que se iba a quedar mucho más tiempo en su casa de lo que jamás hubiese deseado. Y lo peor de todo es que a todos parecía caerles bien pues sus padres la habían conocido porque Draco la había invitado a una de las comidas familiares que solían hacer los domingos y todos habían quedado encantados con la chica. Incluso la señora Weasley le había pedido que no fuese tan celosa.
Kelly había continuado yendo al trabajo pero nunca se quedaba a solas pues aún temían que pudiesen infiltrarse en el ministerio.
Por otro lado, se había confirmado que los niños eran hijos de cada uno de ellos, o por lo menos de sus dobles, así que al parecer en el otro mundo, todos ellos mantenían una relación. Las pruebas del ADN no fallaban. Así que era como si esos niños fuesen hijos suyos y a ninguno de ellos parecía importarle la idea de que así fuese, excepto Draco que parecía dispuesto a continuar con su distanciamiento con Damon, todos se habían encariñado con los niños.
Suzanne, Harry, James y Lily parecían cada vez más una familia. Suzanne apenas discutía con Harry y este estaba como loco con los niños a los que consentía. La pequeña Lily ya había alcanzado los nueve meses de edad y estaba algo mimosa debido a que los dientes le estaban empezando a salir.
En una situación similar estaban Ron y Hermione. Ellos parecían una verdadera familia con Rose y Hugo, estos por supuesto continuaban llamándolos mamá y papá creyendo que lo eran y a los adultos no parecía molestarle. Lo cierto es que Ron chuleaba ante todo el que quisiera escucharle de lo listos y guapos que eran sus hijos.
Pero en toda esa felicidad que parecía rodear a Ron y Hermione, continuaba existiendo la sombra de Krum que durante ese mes había visitado muy a menudo a Hermione, demasiado para el gusto de la mayoría de los habitantes de la casa, y siempre llevándola diferentes regalos. Rose y Hugo no parecían tampoco muy contentos con las incesantes visitas del búlgaro.
Y a pesar de la presencia de Kelly en las vidas de Ginny y Draco, y de alguna que otra discusión por ese motivo, se les veía verdaderamente felices con Damon que ya tenía ocho meses. El problema era que Draco parecía decidido a mantener su distancia con Damon, lo que molestaba en sobremanera a Ginny.
Por otra parte, ahora el Cuartel de Aurores y el Departamento de Misterios estaban trabajando codo con codo en el caso. Así que Draco, Ginny y Kelly se habían unido a la investigación y el escuadrón entero intentaba averiguar cómo podía funcionar el Trasportador.
Una mañana de domingo, Suzanne se encontraba en el cuarto de baño. Era su día de libranza y Harry, James y Lily estaban en el salón formando alboroto, seguramente jugaban a algo.
Ella, en cambio, en esos momentos no podía pensar en otra cosa que en la prueba de embarazo que tenía en la mano. Llevaba todo el mes, con nauseas matinales y algún que otro mareo, claros síntomas de que podría estar embarazada, lo cierto que es que se sentía como cuando estaba embarazada de James.
Pero otra vez no le podía estar pasando, otra vez no podía estar embarazada de Harry como hacía siete años había pasado, todo eso tenía que ser una falsa alarma. Había retrasado durante esas semanas ese momento por miedo a que la prueba diese positiva pero no podía retrasarlo por más tiempo.
Sabía que las posibilidades de embarazo aumentaban por el motivo de que no habían usado ningún tipo de protección el día del cumpleaños de Harry en el que se acostaron… y encima esa noche no se había conformado con una vez sino que lo habían hecho tres veces.
Sintiendo unas terribles nauseas, observó que según su reloj ya habían pasado los cinco minutos que debía esperar antes de comprobar el resultado. Se acercó al lavabo dónde había dejado el test y lo agarró con manos temblorosas.
Cerró los ojos al ver que se había vuelto de un intenso color rosa. ¡Por Merlín! Volvía a estar embarazada de Harry y seguía sin tener ningún tipo de relación sería con él.
Suzanne sintió el impulso de golpearse la cabeza contra la pared por no haber usado protección pero se contuvo. Sabía que todo eso sumaba un problema más a todo aquello, al parecer no tenía suficiente con la misión, tener que estar viviendo bajo el mismo techo con una niña que les habían dejado sus dobles de un mundo paralelo, y con su hijo, James, cuyo padre era Harry pero que este lo desconocía, que ahora encima venía otro bebé en camino.
Sintió ganas de llorar pero también se contuvo. Era una mujer adulta y todo se solucionaría. Por ahora había decido callarse el descubrimiento y no se lo diría a nadie, ni siquiera su madre o a las chicas y mucho menos a Harry. ¡Merlín! ¿Cómo se lo iba a decir a él?
Apartando esos pensamientos de la cabeza, se metió el test de embarazo en el bolsillo para tirarlo a la basura cuando saliese a la calle y salió del cuarto de baño cuando oyó como Harry la llamaba desde el salón.
Tomando aire para que no se diese cuenta del dilema en el que se encontraba, salió del baño y fue al salón. James y Harry estaban en el suelo, de rodillas rodeando a Lily que estaba sentada en el sofá, sorprendentemente recta a pesar de su corta edad. Los dos chicos la miraban moviendo la boca estúpidamente lo que hizo sonreír a Suzanne que se acercó a ellos y se puso entre medias de los dos chicos, sentada en el suelo.
-Está a punto de decirlo- le dijo Harry sin apartar los ojos de Lily.
-¿El qué?- preguntó Suzanne.
-En cualquier momento parece que va a decir papá- soltó Harry de nuevo y James asintió, dándole la razón.
-En cualquier momento, mamá- le aseguró James como si ella en algún momento hubiese dado señal de no creer las palabras de Harry.
Los dos siguieron vocalizando la palabra papá pero después de varios minutos, la niña siguió sin decirlo. Decepcionados, James apoyó la cabeza en el sofá y Lily comenzó a tirarle del pelo, no parecía estarle haciendo daño porque el niño no se quejó.
-Pa… pa- soltó la niña.
Harry abrió los ojos de par en par y James levantó la cabeza mientras Suzanne dibujaba una inmensa sonrisa. Y de pronto los dos hombres de la casa se volvieron locos.
-¡Me ha llamado papá!- gritaba Harry como un loco- ¡ha dicho papá!
James se había subido al sofá y abrazaba a Lily con fuerza mientras reía contento diciendo una y otra vez que su hermanita era la más lista del mundo. Y Suzanne no podía dejar de sonreír al ver a todos riendo, incluida a Lily que parecía encantada de estar en los brazos de James.
Harry se acercó a los niños y levantó a los dos en brazos. Empezó a dar vueltas con ellos mientras los tres reían y Suzanne se terminó uniendo a la celebración, riendo como ellos y abrazándose a Harry que la dio un beso en la frente.
Llamaron a la puerta y Suzanne se separó de la celebración para ir a ver quién era. Mientras el alboroto seguía en el salón, ella abrió la puerta y sonrió al ver a su madre.
-Hola, cariño- la dio un beso- ¿qué sucede? ¿Por qué tanto alboroto?
La chica la condujo hacía el salón mientras la decía:
-Lily ha dicho papá- sonrió Suzanne riendo- y todos lo están celebrando.
La señora Voss sonrió cuando vio a Harry con los dos niños que seguía saltando con ellos mientras todos reían contentos. Suzanne carraspeó y todos se percataron de la presencia de la señora Voss.
-Abuela- rió James- Lily ha dicho papá, es la hermana más lista del mundo ¿verdad, Harry?
-Claro que sí, campeón- le dijo Harry mientras se acercaba a las dos mujeres.
James le dio un beso a su abuela y luego Harry le dejó en el suelo. Harry también le dio un beso a la señora Voss para luego entregarle a Suzanne a Lily que pareció encantada de ir a los brazos de la joven.
-Prepararé yo la comida- le dijo Harry- tú quédate con tu madre- Suzanne asintió y el chico miró a la señora Voss- ¿Te quedas a comer, no?
-Vale- asintió la mujer no había podido evitar sonreír al ver que parecían una verdadera familia.
-Yo quiero ayudarte- soltó James aferrándose a uno de sus brazos para que le mirase- quiero ayudarte a preparar la comida.
-Está bien, serás mi ayudante de cocina- le dijo Harry- pero primero tengo que ir al cuarto a dejar una cosa, quédate aquí con ellas.
El niño asintió y Harry agarró la cabeza de Suzanne y le dio un beso en la sien que ella no esperaba. Se miraron a los ojos y él sonrió.
-Ha dicho papá- susurró con una inmensa sonrisa consiguiendo dibujar otra en el rostro de ella.
Harry se fue hacía su cuarto que estaba ocupando Suzanne mientras esta no dejaba de mirarle, cosa que no pasó desapercibida para la señora Voss.
-Si alguien que no os conociese, entrase por esa puerta, pensaría que sois una familia- soltó la mujer y su hija le miró- una preciosa familia, si me permites decirlo.
Suzanne suspiró sabiendo que en ese mes, la coraza que había instalado en su corazón se había ido rompiendo poco a poco pero aún tenía tanto miedo a sufrir. Harry no le había vuelto a decir que la quería pero la cuidaba y la trataba como a una verdadera reina y a James y Lily los adoraba.
Los hombres cuando sabían que tenía un hijo, salía huyendo por patas pero con Harry no había pasado eso, él había insistido en conquistarla con más ahínco aún al saber la existencia de James.
Todo ello y el hecho de saber ahora que había un nuevo bebé en camino, la había hecho pensar verdaderamente en perdonarle e intentarlo de nuevo con él pero no sabía cómo decírselo. Soltarle "¡Eih, Harry! Te quiero aún, James es tu hijo y vuelvo a estar embarazada" Podría conseguir que al chico le diese un ataque al corazón.
Suspirando, no pudo rebatir a su madre y se sentó en el sofá con Lily en su regazo.
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Harry cerró la puerta de su habitación después de él, todo el lugar olía a Suzanne y eso le encantaba. Estuvo tentado de tumbarse en su cama pero se contuvo.
Buscó en los cajones y por fin encontró lo que estaba buscando. Sacó un pequeño botecito de plástico en el que metió tres pelos. Cerró el bote y se lo metió en el bolsillo.
Había decidido que no podía continuar con la incertidumbre. Desde que conoció a James no había podido evitar pensar que era su hijo y todo el mundo, como él, alucinaban con su gran parecido.
Pero ahora que llevaban un mes conviviendo, estaba más seguro aún de que ese niño era su hijo… algunos gestos del pequeño eran idénticos a los de él, su forma de hablar, su forma de reír e incluso su forma de enfadarse… tenían gustos similares y bueno el parecido era claro.
Estaba dispuesto a salir de dudas y en el alboroto que se había formado cuando Lily le había dicho papá, había conseguido arrancarle tres pelos y los llevaría a analizar. Pronto saldría de dudas y si James era su hijo… Suzanne le debería una explicación.
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Draco se encontraba en su habitación, y Kelly y Ginny se habían ido a comprar unas cosas que necesitaban para hacer la comida. Damon estaba durmiendo en la cama de invitados, Draco se había negado a que le dejasen a solas con el niño por si se despertaba pero Ginny le había asegurado que no sería así, que no se preocupara.
Por eso cuando esos momentos estaba escuchando el llanto del niño, no pudo evitar soltar una maldición. Salió de su habitación y se dirigió al salón desde donde podía ver la puerta principal, tenía la esperanza de que ellas volviesen pero después de unos minutos y de seguir escuchando el llanto de Damon, se dio cuenta de que le tocaría encargarse a él de lo que le pasaba al niño.
Entró en la habitación y se acercó al niño que no paró de llorar a pesar de verle allí.
-¿Qué te pasa?- le dijo Draco sintiéndose estúpido pues sabía que el niño no le contestaría- si esperas un poco, Ginny no tardará en llegar.
Se rascó la cabeza pero el niño continuó llorando y parecía que el llanto cada vez era más ensordecedor. Terminó cogiéndolo en brazos y cuando lo hizo un intenso y horrible olor le inundó las fosas nasales.
-Mierda…- soltó Draco, "Nunca mejor dicho" pensó, mientras apartaba al niño de su cuerpo todo lo que sus brazos se lo permitían.
Cogió todo lo que Ginny utilizaba para cambiarle y se dirigió al salón, dónde puso una toalla sobre el sofá y tumbó al niño. Se rascó la cabeza y suspiró.
-Allá vamos- soltó.
Le desabrochó la ropa y luego le quitó el pañal sucio, el olor se intensificó pero Damon ya no lloraba y soltó una risita al ver la cara de Draco. Este la miró y no pudo evitar sonreír.
-Te lo estás pasando en grande ¿eh?- el niño volvió a reír y Draco le limpió con unas toallitas mientras hacía todo tal y como había visto hacerlo a Ginny.
Damon pataleó mientras Draco le intentaba sujetar las piernas para limpiarle bien.
-Vaya a Ginny no le cuesta tanto hacerlo- soltó Draco.
Luego le puso un pañal limpio y volvió a vestir al niño. Se quedó mirando a Damon que ahora sonreía, feliz, porque sus necesidades se habían visto satisfechas. Draco quedó maravillado con lo fácil que era hacer feliz a un bebé.
El niño estaba en una época babosa y cuando Draco le acercó el dedo para juguetear con él y el pequeño aferró su mano, se la llevó a la boca y comenzó a chuparla. Según le había dicho Ginny le estaban saliendo los dientes y por eso algunas noches se las pasaba llorando.
Chupó el dedo mientras miraba sin parar a Draco que no podía apartar los ojos del pequeño. El niño sonrió y soltó la mano del rubio para luego estirarle los brazos hacía él para que le cogiera.
El rubio lo hizo y se lo pegó al pecho. Damon le miró a los ojos y agarró su rostro con ambas manos. Luego se acercó a él y pegó su boca con la del rubio como si le fuese a dar un beso pero lo único que consiguió fue babearle la boca.
Draco se echó a reír y él niño le imitó.
Se quedó en silencio mirando al bebé ¿A quién pretendía engañar? Ya se había encariñado con ese pequeño que le miraba como si fuese algo interesante. Lo había estado evitando pero el niño era demasiado cariñoso y dulce como para no cogerle cariño. Además de que durante ese mes, a pesar de su intentó de no acercárselo, Damon parecía decidido a que le hiciese caso, porque cada vez que estaba cerca, se aferraba a su ropa o a uno de sus dedos y Draco se le quedaba mirándole, embobado, sorprendido aún por la fragilidad de los bebés.
Era imposible no quererle.
-¿Sabes una cosa? Creo que te quiero- sonrió y el niño también lo hizo- no, estoy seguro de que te quiero y eres mi hijo… siempre lo vas a ser, pase lo que pase.
Damon soltó una risita y continuó babeando. Draco sonrió y recogió el pañal sucio del suelo para llevarlo a la basura. Al darse la vuelta, vio a Ginny y Kelly que habían vuelto de la compra. Las dos chicas sonreían y Ginny se acercó a él para darle un beso en los labios que el rubio correspondió.
Cuando se separó y miró a su novia a los ojos, supo que se había ido dejándole con el niño, con la esperanza de que hubiese un acercamiento entre ellos. Apoyó su frente en la de la joven y sonrió.
-Bruja- le dijo cariñosamente.
-Lo sé- rió Ginny y le dio otro beso.
A partir de entonces, Draco se encargaría más del bebé.
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Había llegado la noche y Ron y Hermione cayeron rendidos al sofá después de un domingo muy ajetreado. Rose y Hugo eran incasables y no habían parado de jugar a un montón de cosas que los habían dejado agotado. Ron no se cansaba tanto desde que tenía que entrenar para pasar las pruebas para ser Auror.
Los dos se miraron sin ser capaces de moverse y se sonrieron. Estaban agotados pero en el fondo esos niños les alegraban los días y las noches. Rose era una dulzura y Hugo era tan tímido, a veces, que tenías la necesidad de protegerle. Pero cuando se juntaban eran como ver en miniatura a Fred y George.
-Ahora entiendo porque mi madre regañaba tanto a los gemelos- soltó Ron causando la risa de Hermione- si eran tan agotadores como esos dos terremotos, mi madre se ha ganado el título de santa.
Hermione volvió a reír y apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos para descansar un poco. Ron estiró una mano y agarró la de la chica, acariciándola con suavidad. Él apoyó la cabeza sobre la de Hermione y también cerró los ojos, disfrutando de la paz que producía ese silencio que no existía cuando los niños estaban despiertos.
Durante ese mes ambos, se habían quedado maravillados con la convivencia con el otro. Hermione se había sorprendido al darse cuenta de que Ron era una buena ama de casa, la ayudaba con la comida (no lo hacía tan mal pues la señora Weasley le debía haber enseñado algo) e incluso a limpiar. Lo único que se negaba a hacer era planchar porque decía que no se le daba bien ese hechizo pero lo cierto es que en todo lo demás la ayudaba.
Y bueno el hecho de dormir todas las noches junto a él, era increíble. Una mañana se habían despertado abrazados el uno al otro, ambos se habían azorado, avergonzados pero con el tiempo se habían acostumbrado a despertar juntos y les encantaba hacerlo.
El timbre les sacó de esa paz en la que habían caído. Abrieron los ojos y miraron hacía la entrada. Hermione suspiró y se puso en pie para abrir. Ron se puso en pie y pudo ver quien era.
Krum estaba parado en el umbral sonriendo a Hermione.
Ron suspiró y se metió las manos en los bolsillos mientras veía como la mano de Krum le acariciaba la mejilla. Ese era el único problema en su relación… la existencia del búlgaro en sus vidas. Si él no existiese, tal vez el pelirrojo se aventuraría a decirle a Hermione lo que sentía pero con él rondándola, era incapaz, no porque le tuviese miedo sino porque más bien temía que ella estuviese sintiendo otra vez algo por él.
No queriendo ver la escena, se fue hacía el cuarto de Hermione y se sentó en la cama. Sabiendo que no podría quedarse en esa casa para siempre.
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Draco levantó la cabeza de unos papeles cuando escuchó como llamaban a la puerta del despacho que Ginny y él tenían en la casa.
-Adelante- dijo.
Kelly entró y Draco la sonrió, pidiéndola que se sentara. La joven lo hizo y quedaron frente a frente.
-¿Pasa algo?- preguntó el joven.
-Verás, Draco, venía a decirte que creo que ya llevo demasiado tiempo aquí y que creo que sería mejor que me buscara otro sitio dónde vivir hasta que solucionase esto- explicó la joven y la sonrisa de Draco se borró.
-¿Por qué? ¿No te gusta estar aquí?- preguntó Draco.
-No… verás… es qué- la chica se quedó en silencio mientras recordaba una conversación que había tenido esa mañana con Ginny mientras hacían la compra.
Estaban mirando las diferentes pastas que se exponía ante sus ojos cuando Ginny la dijo:
-¿Sabes que Draco, Damon y yo somos una familia, verdad?
Kelly la miró y asintió.
-Sí- respondió- una familia preciosa.
-Entonces… ¿Por qué estas empeñada en separarla?- soltó Ginny enfrentándola.
-No entiendo, yo no quiero…
-Mira, yo ese papel de niña buena e inocente no me lo creo así que deja de comportarte como si no estuvieses enamorada de Draco e intentases quitármelo- soltó Ginny. Kelly fue a replicar pero la pelirroja no la dejó- he visto como le miras, como haces todo lo posible por tocarle, como babeas por él, por favor, eres muy descarada y no me gustan las descaradas.
-Ginny, creo que te estás equivocando- soltó Kelly.
-No, la que te estás equivocando eres tú porque te estás metiendo con la persona equivocada- soltó Ginny señalándola con el dedo- no voy a dejar que destruyas a mi familia, pelearé con uñas y dientes si hace falta pero nadie me quita lo que es mío, niñata.
-Ginny…
-Búscate una familia y aléjate de la mía. No eres nadie entre nosotros y nunca lo serás- los ojos de Kelly se llenaron de lágrimas pero Ginny no las hizo caso.
-Está bien, Ginny- asintió la joven, limpiándose una lágrima- me iré de tu casa y me alejaré de Draco.
-Kelly- la voz de Draco la sacó de sus pensamientos- ¿Ha sucedido algo?
-No- mintió la joven- es solo que creo que he abusado de vuestra confianza y creo que además os pongo en peligro a todos estando aquí, si se enterasen podrían hacer daño a Damon y no me lo perdonaría jamás.
-No debes preocuparte por eso- soltó Draco- sabes que somos buenos con la magia, podemos protegerte y a Damon no le tiene que pasar nada.
-Aun así, creo que sería mejor quedarme en otro lado- le dijo Kelly con una sonrisa- además de que en el ministerio me dijeron que me podrían protección.
-Lo sé- asintió Draco, no muy seguro- solo me preocupo por ti, no quiero que te pase nada malo, Kelly.
-Gracias- ella sonrió sinceramente- ¿te importaría hablar con Harry y preguntarle donde me quedaré?
-No, claro, yo hablaré con él- asintió Draco algo apenado con la marcha de la joven- pero si en algún momento quieres volver, las puestas de esta casa estarán abiertas para ti.
Ella sonrió y asintió.
-Adiós- le dijo ella, levantándose.
Draco también se puso en pie y rodeó la mesa. Sabiendo que eso no lo podría hacer delante de Ginny porque se enfadaría, agarró la muñeca de Kelly y la atrajo hacía él para poder abrazarla. No sabía porque había tenido ese impulso pero sentir el calor de Kelly y saber que ella estaba viva, le hizo sonreír pero su sonrisa se borró al saber que ella se iba.
La joven se aferró a su ropa y enterró la cara en su pecho.
-Adiós- respondió Draco, soltándola.
Kelly salió del despacho y se apoyó en la puerta. Cerró los ojos y algunas lágrimas consiguieron traspasarlos y rodar por sus mejillas, antes de alejarse para recoger sus cosas.
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Draco se reclinó en el sillón de cuero de su despacho mientras escuchaba los pasos de Kelly alejarse de él. No entendió muy bien la extraña sensación de tristeza que se había instalado en su corazón al saber que esa chica se marchaba de su lado pero lo cierto es que se había acostumbrado a su presencia durante ese mes.
Además le había resultado muy extraño que la chica de un momento a otro hubiese decidido que debía marcharse. No sabía por qué pero ese olía que tras esa decisión se encontraba la mano de Ginny. Sabía el poco aprecio que su novia tenía hacía Kelly y lo cierto es que ese día las cosas habían estado más tensas entre ellas.
Esperando que Ginny no tuviese nada que ver en todo aquello, agarró su teléfono y buscó el número de Harry que no tardó en responder.
-¿Qué pasa, tío?- le dijo el moreno al otro lado.
-Kelly me acaba de comunicar que quiere vivir en otro sitio- explicó el rubio- al parecer tiene miedo de que nos pase algo y sobre todo a Damon.
-Entiendo…
-¿Aún sigue en pie lo de la protección para ella, no?- preguntó Draco.
-Por supuesto, se encargara mi propio escuadrón de cuidarla- respondió Harry- confío en ellos, son los mejores. Aki, Artemis y Curtis estarán encantados de quedarse con ella, y lo cierto es que yo estaré más tranquilo, Kelly tiene razón es mejor que los tipos del otro mundo no encuentren a los niños.
-Lo sé- respondió Draco.
-Llamaré a Aki para ver si él está disponible para quedarse con ella- explicó Harry- creo que lo mejor es que no se quede en un sitio fijo, será más seguro para Kelly que se vaya de un lado a otro hasta que esto se solucione, así les resultará más difícil encontrarla.
-¿Tu escuadrón aún no sabe que está viviendo con nosotros?- preguntó Draco.
-No- asintió Harry- y no me malinterpretes, le confiaría mi vida a cualquiera de mi escuadrón pero no creí conveniente que mucha gente supiese donde estaba Kelly.
-Tranquilo, te lo agradezco- respondió Draco.
-Voy a llamar a Aki y le daré tu teléfono para que se ponga en contacto contigo y habléis- respondió Harry- Adiós, hermano.
-Adiós- contestó Draco antes de colgar.
Estuvo inmerso en sus pensamientos pero por poco tiempo pues Aki no tardó en comunicarse con él. La alegre voz del simpático tipo le resultó familiar cuando respondió.
-Iré a buscarla cuando os venga bien- respondió Aki- y me ha dicho el jefe que no le diga a nadie que se viene a mi casa. Cuidaré bien de ella.
-Estoy seguro- asintió Draco- puedes venir a buscarla hoy mismo.
-Bien- respondió el joven- en un rato estoy ahí. Adiós, tío.
-Adiós- colgó el teléfono y lo dejó sobre su mesa.
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El lunes amenazó con un día de lluvia cuando al despertarse vieron unas nubes negras que cubrían el cielo. Al parecer el verano ya había dicho adiós y poco a poco el mal tiempo volvía a reinar.
Tras dejar a James y Lily en casa de la señora Voss, Harry y Suzanne se dirigieron al Ministerio de Magia. Se bajaron del ascensor en su planta y Harry se detuvo haciendo que la chica le imitase. Se miraron.
-Vete entrando tú- le dijo el chico- ahora voy yo, tengo algo que hacer.
Suzanne asintió y se dirigió al interior del Cuartel General de Aurores. Harry se quedó parado hasta que la vio desaparecer por la puerta y luego se dirigió a Científica. Entró y saludó a las personas que se iban encontrando por camino hasta que llegó a Larry que le sonrió de oreja a oreja cuando le vio. Fue como ver al pequeño Colin Creevey pero con la diferencia de que este no llevaba una cámara de fotos en las manos sino una probeta.
-Hola, H- le dijo el joven utilizando el nuevo mote que le había puesto su admirador- ¿en qué puedo ayudarte?
-Te traigo algo para que lo analices- Harry le tendió el bote con los pelos de James y los ojos de Larry se iluminaron- es un favor personal, Larry, así que nadie debe enterarse de esto. No quiero que interrumpas tu trabajo por esto así que hazlo cuando tengas un hueco.
Larry asintió y cogió el bote.
-¿Qué quieres que haga con ellos?
-Analiza el ADN y averigua si el dueño de esos cabellos puede ser hijo mío- le dijo Harry y los ojos de Larry se iluminaron aún más- confidencialidad, Larry.
-Seré una tumba, H- rió Larry y Harry supo que podía fiarse de él.
Salió de Científica y entró en el Cuartel General de Aurores, y se dirigió a su despacho cuando entró, allí le esperaba, para su sorpresa todo el escuadrón además de Kelly, Draco y Ginny.
Curtis no apartaba los ojos de Kelly algo que no había pasado desapercibido en todo el mes para nadie. Parecía embobado con ella, lo que divertía a más de uno porque la chica no parecía hacerle ningún caso.
-Harry- sonrió Hermione- creemos tener algo.
-Decidme- les dijo el moreno.
-Creemos saber que significan los números que había en el papel que tu doble metió a Suzanne en el bolso- le explicó Hermione- creemos que pueden ser las coordenadas para viajar al mundo del que provienen los niños.
-¡Joder, claro!- soltó Harry como si la respuesta fuese obvia- ¿lo habéis probado?
-Sí- asintió Draco que llevaba consigo el Trasportador- hemos introducido las coordenadas pero claro cómo ha pasado otras veces, no es suficiente.
-¿Habéis utilizado también el hechizo que está escrito en el papel?- preguntó Harry sentándose en la silla, tras su escritorio.
-Sí, pero nada- le dijo Artemis, apoyándose en el hombro de Aki que la guiñó un ojo haciéndola sonreír.
Harry apartó los ojos de esos dos, obviando la tensión sexual y el amor que se notaba entre ellos y que traía locos a todos desde hacía años porque ninguno de los dos se decidía a dar su brazo a torcer y dejar de lado su orgullo de ligones empedernidos.
-Bueno, hemos adelantado algo pero aún nos falta algo para saber cómo viajar a otros mundos, algo se nos escapa- dijo Harry y todos asintieron- volved al trabajo- todos se pusieron en pie y se dirigieron a la salida, hablando, excepto Curtis que fue el primero en salir- Aki, quédate un momento.
El corpulento joven se acercó al escritorio y tomó asiento, esperaron a que el último de sus compañeros saliese y cerrase la puerta tras él.
-Gracias por haberte hecho cargo de Kelly a pesar de haberte avisado con tan poco tiempo- le dijo Harry y el joven le quitó importancia con un gesto de la mano.
-No hay de qué, jefe, es un encanto de chica- le dijo Aki.
-¿Podría quedarse contigo hasta el viernes?
-Claro, jefe- asintió Aki sonriendo- no hay problema.
-Bien, no quiero que esté en un sitio fijo pero he pensado que hasta el viernes se podría quedar en tu casa y luego le pediré a Curtis que se encargue de ella el fin de semana- le dijo Harry- hasta entonces no le digas a nadie que está contigo. Ni siquiera a Artemis, ella ya se enterará el viernes cuando le pida el favor a Curtis.
-No se preocupe, jefe- rió Aki- además Curtis estará encantado de hacerse cargo de ella, ¿ha visto como la mira?
-Sí- sonrió Harry y miró severamente a Aki- pero no te burles de él.
-He aprendido la lección, jefe- soltó Aki- últimamente Curtis está muy irascible.
-¿Sabes lo que le pasa?- preguntó Harry, preocupado.
-Ni idea, ya sabes que es mi mejor amigo pero no me ha contado nada- soltó Aki- desde que le conozco de la academia de Aurores siempre ha sido muy reservado, no me sorprende, siempre le costaba contar las cosas incluso a Artemis y a mí. Ya lo hará, siempre me termina contando todo.
Harry sabía que el chico no mentía. Aki, Artemis y Curtis eran tres grandes amigos, los dos primeros se conocían desde la escuela, desde que tenían apenas once años. Eran unos años más pequeños que Harry pero este nos los recordaba de Hogwarts a pesar de que habían ido allí.
En el colegio Artemis y Aki se hicieron muy buenos amigos. No estaba muy seguro de si por aquel entonces también había esa tensión sexual y si se querían desde entonces, pero el sentimiento era algo más que obvio en esos momentos.
Aki siempre tuvo mucho existo con las chicas y en el colegio no fue capaz de hacer ningún buen amigo de verdad, al él le costaba entablar amistad con el sector masculino pues su competitividad y su labia hacían que consiguiese a todas las chicas y que por ello los chicos le tuviesen envidia.
Por otro lado a Artemis le pasaba algo parecido con las chicas, ella era una conquistadora nata pero con las chicas no conseguía simpatizar hasta que conoció a Suzanne, Hermione, Ginny y Kelly, con la que parecía haber hecho buenas migas.
A Curtis lo conocieron el primer año en la Academia de Aurores y desde entonces eran amigos. Aki encontró en Curtis el amigo que durante años había estado buscando… encontró a su Ron Weasley y el trío se completó, como había pasado hacía muchos años con él, Ron y Hermione en ese día que vencieron al troll en los baños.
Sonrió ante ese pensamiento y luego miró a Aki que esperaba por si tenía algo más que decirle.
-Puedes marcharte- el joven sonrió y se marchó con su característico andar seguro.
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El viernes llegó pronto y con él el fin de semana. Harry reveló a todo su escuadrón, aunque los únicos que no lo sabían eran Artemis y Curtis, que Kelly había estado viviendo en casa de Draco y que desde el viernes había estado viviendo en casa de Aki.
-Si os cuento todo esto es porque me fío de vosotros y sé que Kelly va a estar segura con cualquiera de vosotros- les dijo Harry mientras todos escuchaban atentos al chico- no quiero que Kelly se quede en un mismo lugar para que les sea más difícil encontrarla. Por eso Curtis, quería pedirte el favor de que se quedar contigo el fin de semana.
Curtis no respondió hasta que Aki le dio un codazo para que saliese de su ensoñación. Algunos retuvieron las risas menos Kelly que le miraba con una ceja alzada.
-Claro, puede venir a mi casa- asintió el chico con una sonrisa que escondía muchas más cosas de las que cualquiera de ellos podía comprender.
-Preferiría quedarme en otro lado- soltó Kelly que no miraba a Curtis.
Todos la miraron sorprendidos, nunca se había quejado de ninguna de las decisiones que habían ido tomando.
-Me sentiría más segura con otra persona- respondió aunque parecía haber algo más en todo aquello. Tal vez se sentía incomoda por el modo que la miraba Curtis, lo cierto es que el chico era muy descarado y cualquiera se habría dado cuenta de su interés por ella, aunque ninguno comprendía que su interés no era por su belleza.
-Yo puedo irme también a casa de Curtis con ellos- se ofreció Artemis que no sería la primera vez que se quedaría a dormir en casa de alguno de sus amigos- puedo quedarme si eso hace que ella se sienta más segura.
La cara de pocos amigos de Curtis hizo sonreír a Aki que estuvo tentado a hacer alguna broma pero decidió callarse al recordar lo susceptible que estaba su amigo.
-Eso me gustaría- asintió Kelly y como no vieron ningún motivo para quejarse, decidieron que Artemis les acompañase.
-Bueno chicos, sé que es vuestro primer fin de semana libre pero será mejor que no salgáis de casa para que Kelly esté más segura- les dijo Harry.
-No te preocupes, jefe- asintió Artemis- los tres podremos divertirnos en casa de Curtis.
-¡Eih!- soltó Aki con el ceño fruncido- ¿y yo qué?
-Lo siento, Aki- le dijo Artemis- el trío está completo… uno más sería ya multitud.
Kelly se sonrojó y echó una mirada rápida a Curtis que seguía con el ceño fruncido. Por eso cuando Harry dio por finalizada la reunión, fue el primer en salir mientras Artemis y Aki le seguían discutiendo. Cuando la pareja pasó por al lado de su amigo le vieron escribiendo rápidamente un papel y luego se fue a la lechucería del Ministerio.
Una hora más tarde, Artemis, Kelly y Curtis salían del Ministerio de Magia. La noche había caído sobre Londres, cubriéndolo de oscuridad. A ninguna de ellas les gustaba el horario de tarde porque cuando salían era de noche y al verdadero Curtis tampoco, pero el que en esos momentos les acompañaba adoraba ver como la luz había desaparecido para dar paso a la eterna oscuridad.
En un callejón, se cogieron de la mano y se desaparecieron en dirección al departamento del joven. Luego subieron al cuarto piso de uno de los bloques de apartamentos y Curtis les abrió la puerta.
Las dejó pasar. Artemis que fue la primera en ingresar en la oscuridad, arrugó la nariz al sentir un intenso y horrible olor que inundaban todo el departamento… era como si algo se estuviese pudriendo en aquel lugar. Kelly también pareció notarlo.
-Tío, Curtis, ¿qué coño tienes guardado para que huela tan mal?- soltó Artemis dándose la vuelta para mirar a su amigo que había entrado a la casa y había cerrado la puerta con llave. Y que parecía estaba murmurando algo sobre el picaporte.
El joven se giró con una sonrisa, la estancia tan solo iluminada por la luz de las farolas que entraban por la ventana del salón pero que fue suficiente para ver la mirada y la sonrisa maniaca que desfiguraban el rostro de Curtis.
-Mierda- fue lo único que pudo decir Artemis antes de que un rayo rojo la impactara en el pecho haciendo que su cuerpo saliese despedida unos metros hasta chocar con una pequeña mesa que se rompió bajo su pecho.
Kelly intentó sacar su varita del bolso pero esta se quedó atascada y Curtis llegó hasta ella. La dio un puñetazo en la cara que la hizo caer al suelo y que el bolso terminase bajo uno de los sillones de la casa.
La joven miró a Curtis con terror, no reconociendo al joven que ella conocía y mirándole con los ojos llenos de lágrimas, le intentó pegar una patada en el estómago pero él consiguió agarrarle el pie.
Kelly chilló pero se vio libre cuando Artemis, que se había levantado, le lanzó un hechizo a Curtis que cayó al suelo. La joven se fue hacía su bolso para conseguir su varita mientras los otros dos se enzarzaban en una violenta disputa. Los haces de luz iluminaban el lugar y Kelly comprendió que Curtis debía haber silenciado la habitación pues nadie parecía llegar ante el gran alboroto que estaban formando.
-¡Vete, Kelly, vete!- oyó que le gritaba Artemis mientras continuaba con su lucha.
Pero Kelly no podía dejarla sola, peleando con ese tipo que era muy diestro con su varita. Al ver que no podía alcanzar su bolso, agarró uno de los jarrones que había sobre una mesa y se lo estrelló en la cabeza, haciéndolo añicos.
Curtis gruñó pero no se desmayó, aun así consiguió despistarle por eso Artemis le lanzó un hechizo pero el tipo consiguió ser más rápido y agarrando a Kelly del brazo la puso como escudo.
El hechizo impactó en la joven que cayó al suelo inconsciente. Artemis quedó unos segundos desconcertada y eso fue aprovechado por Curtis que encantó unos cuchillos que había en la cocina americana que se comunicaba con el salón y los lanzó contra Artemis.
Solo uno de ellos impactó en la joven que sintió como el arma se incrustaba en su estómago. Gritó y antes de poder comprender lo que pasaba otro hechizo le impactó en el pecho y cayó al suelo, inmóvil.
Curtis o como él estaba acostumbrado a que le llamasen Alec, metió el cuerpo de Artemis dentro de un armario. Luego selló la puerta y se dirigió a Kelly que poco a poco se había despertado de su inconsciencia pero seguía un poco atontada.
Alec la agarró de la pechera de la cazadora que llevaba y la joven le miró a los ojos tan parecidos a los del Curtis que ella conocía. Los ojos se la llenaron de lágrimas y él sonrió.
-Mi querida Reina de los Dragones- le dijo Alec, divertido- con tu sangre también podremos volver a casa.
