Hola :)

Si ven una nota de mi querida Beta Julie a lo largo del capítulo, disculpen, ando apurada estudiando/trabajando y no me dio chance de revisar más :P

Saludos a Lia, Ginaculin, Pera L.T (sin cuenta FF) Lizeth, Patata Sexy (jajajajaj) WifeMellark ;) Liliana R y Jess :D Por sumarse!

Disclarimer: Los nombres son de Meyer, la trama es totalmente mía. Todos somos lectores/escritores así que respetemos los derechos de autor y demos crédito a quien realmente lo tiene :)

Gracias por leer y comentar :) son un amor

¡ENJOY!


Capítulo 11

El Amor... y Los Mejores Amigos

EPOV

Mi vida... era todo un enredo. Sabía que era mi culpa, había sido mi estupenda idea el besar a Bella esa noche, y que conste que lo digo sin sarcasmo porque, siendo sincero, realmente había sido estupendo. Esa justamente era la razón que martillaba mi cabeza una y otra vez como la peor resaca del mundo, la maravillosa sinceridad (eso sí es sarcasmo).

Llevaba casi tres semanas distraído, pensando en Bella e inmediatamente pensando en Ángela (y viceversa), el trabajo era lo único que me salvaba de esto, porque era en lo único que podía concentrarme al cien por ciento. Phil incluso me había felicitado porque estaba entregando mis asignaciones más rápido. Si tan sólo supiera la razón

Tampoco ayudaba que tuve que ver a Irina un par de veces más; cuando por alguna bizarra razón, se apareció por la oficina de Phil y se aseguró de pasar por mi cubículo (que no estaba ni cerca de la oficina de Phil); aunque por fortuna, no me dirigió una palabra.

Las cosas entre Ángela y yo iban... genial, al menos eso era lo que parecía y lo que decían mis amigos. Seguíamos saliendo de vez en cuando a lugares nocturnos o bares cuando podíamos; pero me sentía como un autómata, porque lo hacía pensando en Bella. Sin embargo, decidí que esa vez iba a hacerle caso a mis amigos (a la propia Bella, incluso) y no iba a dejarme llevar por mis emociones. La decisión la había tomado hace casi tres semanas y pesaba como una pared de ladrillos sobre mi espalda.

En mi intento por razonar más las cosas, en vez de saltar de inmediato; me di cuenta de que no era exactamente que "temía perder mi amistad con Bella", como suelen decir en las películas. Llevábamos dos años de amistad, y sabía que de alguna forma podríamos pasarlo por alto y superarlo, en caso de ser necesario. Lo que realmente me molestaba, me inquietaba incluso, era el deseo que tenía de besarla y abrazarla otra vez. Nosotros no solíamos tener una amistad de contacto físico, como aquellos que naturalmente se tocan y abrazan, y creo que era justamente eso lo que me impedía verla realmente como mujer: su olor, sus labios, sus curvas, sus... sí, ya dije que no estaba mejorando.

Era sábado y estaba frente al espejo del baño, afeitándome y preparándome para salir con Ángela a "Il Tempo". Estaba pasando la hojilla una vez más, justo en mi mejilla izquierda, cuando escuché un grito.

—¡Edward!

No sólo fue el grito lo que me hizo saltar, sino la chica rubia que se abalanzó sobre mí.

—¡Rosalie!

—¡Edward! ¡Tanto tiempo sin verte! —exclamó alegremente. Tuve que abrazarla con un solo brazo y alejar la hojilla que sostenía en la otra mano. Cuando se apartó de mi, su sonrisa se desvaneció de repente y dio un breve pero estruendoso grito—. ¡Estás sangrando!

Me di un vistazo en el espejo y, ciertamente, justo a la mitad de mi mejilla izquierda tenía una línea como de un centímetro, que emanaba sangre.

—¡Maldita sea! —mascullé y tomé un poco de papel higiénico, para colocar sobre la herida.

—¿Qué pasó? Escuché un grito, ¡Rosalie! —Emmett llegó hablando apresuradamente y con una mirada salvaje y preocupada en sus ojos. Tomó a Rosalie por los hombros y la movió de un lado a otro observando su cuerpo.

Otra razón más; para confirmar que mi hermano realmente, daba la vida por su novia.

—Estoy bien, mi amor. Es que Edward se cortó y me sorprendió verlo sangrar —sonrió Rose.

Emmett me lanzó una mirada matadora y se retiró del pequeño baño; en el que definitivamente, no necesitaban estar tres personas.

Rosalie y Emmett llevaban tres años y medio de novios. Era una chica muy agradable y realmente nos llevábamos muy bien; pero su ocupada agenda como estudiante de derecho, no le permitía venir a visitar muy a menudo (era Emmett, quien generalmente la visitaba a ella). Aunque muy en el fondo; sospechaba que por alguna bizarra razón, a Emmett no le gustaba que me llevara muy bien con su novia. Como si yo pudiese ser capaz de... ni siquiera puedo pensarlo.

—Qué milagro verte por acá, Rosalie Hale —sonreí saliendo de baño, rumbo a mi habitación.

—Siempre es un gusto verte, Edward Cullen —bromeó también.

De inmediato; noté que todo su cabello rubio cenizo, estaba impecablemente sujeto en una cola ajustada, siempre era así. Cuando se me ocurrió preguntarle por qué no lo dejaba suelto, me miró como si estuviese completamente loco, exclamando que quién la vería como una abogada seria y profesional, si lo primero que viesen fuese su cabello de barbie. Siempre pensé que era una completa exageración, pero... yo no iba a decirle eso.

—Lástima que llegas, cuando yo voy de salida.

—¡Uh! ¿Gran cita esta noche? ¿Besarás a otra rana, para ver si se convierte en princesa? —bromeó, moviendo sus cejas de arriba hacia abajo de manera sugerente.

—Ja, ja, ja —repliqué sin humor—. No me digas que tú también piensas igual que Jasper y Emmett.

—Era una broma Ed —respondió ella, con una sonrisa más suave. Se acercó a mí y comenzó a arreglar el cuello de mi chaqueta—. Sabes que siempre he apoyado tu lado romántico. Creo que es admirable que una persona sea capaz de tomar riesgos y que también crea y valore el amor abiertamente. Especialmente siendo un hombre.

Sus alentadoras palabras fueron como un respiro de aire fresco, después de todo lo que me había estado pasando anteriormente. Sonreí y coloqué mis manos en su cintura esperando que me mirara a los ojos. Cuando lo hizo, sus brazos bajaron a sus costados.

—Gracias —Lo dije sinceramente—. Ahora sal de mi habitación, antes de que mi hermano tenga más razones para mirarme feo en las mañanas —bromeé. Guiñé un ojo, giré su cintura y la empujé suavemente haciéndola caminar hasta mi puerta, mientras ella reía.

Justo en ese momento, Emmett apareció nuevamente y me dirigió un movimiento de su cabeza, como apuntándome con su barbilla. No supe exactamente porqué y no me quedaría para averiguarlo. Me despedí rápidamente y salí del apartamento.

Estábamos en un lugar llamado "Karma" (¿Por qué siempre tenían esos nombres?). De todos los que había visto, este era mi favorito porque tenía una zona de restaurante, un nivel inferior con pista de baile de música electrónica, ambas zonas tenían bares con largas barras. Las luces tenues daban un ambiente romántico y parejas era lo que más abundaba en el lugar.

Ángela y yo decidimos... mejor dicho, ella decidió que comiéramos primero y mi bistec New York, estaba realmente delicioso. Ángela prácticamente rebotaba de emoción en su asiento; por sus ganas de bajar a bailar, pero insistió en que primero tenía que ir al tocador a arreglar su maquillaje. Así que, opté por esperarla sentado, en uno de los banquillos del bar.

Tomé una de las servilletas azules del bar y me quedé observando fijamente el logo del lugar y acariciándolo de forma ausente. "¿Qué estoy haciendo?" Era la pregunta que pasaba por mi cabeza, una y otra vez. En esas casi tres semanas, había llegado a conocer a Ángela mucho mejor y confirmé muchas cosas, que ya sospechaba. Realmente era una persona muy inteligente, disfruta mucho viendo Discovery Channel y es fácil tener conversaciones interesantes con ella, porque la mujer sabe prácticamente un poco de todo. También he notado que, cada vez que habla de su familia, su mirada se pierde a lo lejos y sé que es porque extraña a sus padres, quienes murieron hace ya un tiempo. Puedo decir que, es una mujer independiente; si bien yo pagaba la mayoría de nuestros gastos en común, ella siempre encontraba la forma de contribuir, ya sea comprándome un trago o sorprendiéndome con el almuerzo ya listo, cuando nos veíamos en la cafetería de Webicom. Sin embargo, también había aprendido otras cosas; puede ser un tanto dominante, tiende a tomar las decisiones de ambos ella sola y... ¿cómo decirlo amablemente?... la pobre habla como una lora, parece una radio encendida y ni siquiera le importa que no responda.

Siempre era divertido besarla, y mentiría si dijese que no nos hemos quedado en su sala un par de noches, simplemente besándonos y tocándonos. Era muy atractiva, tal como lo percibí el primer día. Pero antes de llegar demasiado lejos, se presentaba alguna excusa (era muy tarde, teníamos trabajo al día siguiente, estábamos cansados), muchas veces las decía ella y a veces las decía yo, otras sencillamente, llegábamos a un punto de terminación natural. Sabía que ella probablemente, estaba esperando a que fuésemos más estables; antes de que tuviésemos sexo, pero yo... no lo sé.

—Es una perra, ¿cierto? —dijo una masculina voz a mi lado.

Lo miré inmediatamente y vi a un hombre con lentes de pasta gruesa; quien me observaba con una pequeña sonrisa, que parecía un tanto forzada, quizás incluso triste ¿Ese hombre estaba hablando de Ángela? ¿Había dicho su nombre en voz alta? La chica no era perfecta pero, ¿cómo se atrevía a llamarla así?

—¿De qué diablos estas...?

—"El karma es una perra". Así dice la frase, ¿cierto? Creo que suena mejor en inglés.

Tardé un par de segundos en procesar lo que decía, hasta que señaló mis manos con su mentón. Aún sostenía entre mis dedos la servilleta, con el logo del lugar "Karma".

—¡Ah! Sí, claro... el karma es una perra —sonreí por cortesía.

Tal vez estaba lanzando una vibra gay, estando sentado allí solo... no tenía idea. Cuando miré al hombre nuevamente, me fijé en la horrible corbata verde aceituna que colgaba de su cuello y recordé que yo había visto antes a ese hombre.

—¡Hey, tu eres...!

Antes de que pudiese terminar, Ángela estaba nuevamente a mi lado y halando mí brazo para que bajáramos a bailar. Al voltear hacia mi compañero, tal y como hubiese pasado en una mala película de terror, su banquillo ya se encontraba vacío.

Llegué a casa un poco más temprano de lo que esperaba y me encontré con Alice sentada en el sofá y viendo televisión.

—¿Dónde están los demás? —pregunté y me dejé caer pesadamente a su lado.

—Comprando suplementos —respondió ella.

Le respondí con un gemido y me quedé mirando fijamente el televisor, sin ver realmente el programa.

—¿Qué te pasa, Edward? Háblame —dijo Alice, acomodando sus piernas y doblándolas bajo ella.

—Tengo un problema —anuncié con cautela sin poder mirarla a los ojos—. Creo que me gusta Bella.

Me callé y me quedé con la explicación más simple, porque sabía lo que vendría. Sabía que en cualquier momento, comenzaría a hablar de mis terribles decisiones en el amor y de la pésima idea que era. Excepto, que me había dado tiempo de pensar en todo eso y ella aún no había emitido ni una palabra.

Cuando finalmente volteé a verla, ella me observaba con una sonrisilla extraña en sus labios.

—Es horrible —anticipé—, lo sé. Estoy seguro de que si, solo lo ignoro...

—¡No! Edward... la verdad no creo que sea tan malo —interrumpió acercándose más a mí.

—¿Qué?

Mis oídos debían estar engañándome. ¿Esa era la misma persona que hace unas semanas, criticaba mis decisiones de pareja?

—Edward, tu y Bella llevan como dos años siendo amigos, parecen llevarse muy bien...

—Exacto, y todo esto lo arruinaría por completo.

—...o tal vez no —intervino ella.

—Alice, no te entiendo. Eras tú la que me dijo que me enamoro ciegamente o algo así y que después todo termina mal.

—Lo dije. Pero Bella, no es una desconocida que acabas de ver en la calle. Tú ya la conoces... sus cualidades y sus defectos también. Tal vez...

—Tal vez estoy confundiendo nuestra amistad, con algo más —sentencié.

La sonrisa de Alice se tornó más suave y levantó su mano a mi cabeza, acariciando dulcemente mi cabello.

—¿Recuerdas cuando llevábamos poco tiempo de conocernos y te dije que me gustabas?

Su pregunta me tomó por sorpresa y evité mirarla a los ojos, cuando sentí que mis orejas se calentaban un poco.

—Sí, lo recuerdo —mascullé entre dientes.

-Nunca confundiste mi amistad con nada más y tienes otras amigas. Así que, sé que eres capaz de discernir y no enamorarte de todo lo que use falda.

—¿Gracias? Ahora estoy mucho más confundido.

—Sólo digo que si te gusta Bella... quizás, esta vez sea más real.

Sentí como si sus palabras, crearan una pesada bruma en mi pecho ¿Realmente estaba considerando que Bella y yo...?

—La quiero mucho, Alice —alegué simplemente.

Comenzaba a darme cuenta de que, lo simple me resultaba mucho mejor.

—Lo sé —suspiró mi amiga— ¿Sabes? Cuando actúas así, me recuerdas por qué me gustaste a mí, en mi primer lugar.

Sentí que mis orejas se calentaban nuevamente; pero no tuve tiempo de responder, porque la puerta se cerró con un estruendo.

—¿Te gustaba Edward? —cuestionó Jasper. Soltó las bolsas y estas cayeron al suelo con un golpe seco.

—Mierda —murmuró Alice. La expresión en el rostro de Jasper, era casi de horror—. Jazzy, mi amor...

—¡No! —Interrumpió él— ¿Como pudo gustarte Edward? ¡Es Edward! -exclamó señalándome.

—¡Hey! —reclamé

La situación ya se estaba poniendo bastante ofensiva ¿Era tan difícil creer que realmente, le gusto a ciertas mujeres? ¡Claro que no!

—¡Es un niño! Es un niño perpetuamente enamorado y tú lo sabes.

—Tiene algunas... dificultades, pero todos las tienen —defendió Alice—. Además, siempre me ha parecido... romántico.

Le di una amplia sonrisa a mi amiga y por un momento, consideré una lástima que lo único que viese en ella, fuera amistad. Jasper era un tipo afortunado.

—¿Romántico? —cuestionó Jasper.

Decidí que era mejor no escuchar más esa conversación; porque probablemente, terminaría lanzándole un golpe a mi amigo.

Tomé mi chaqueta, le di un beso en la mejilla a Alice y dos palmadas (bastante fuertes, lo admito) en la espalda del aún boquiabierto Jasper y me encerré en mi habitación. Dos minutos después, escuché a Alice llamando a Jasper a gritos y la puerta del apartamento se cerró. Así que, supe que me había salvado de tener que escuchar, esa terrible e incómoda discusión.

Estaba durmiendo. Todavía me quedaban un par de horas, antes de que tuviese que despertarme para ir a trabajar y estaba a mitad del sueño más pacífico y relajante del mundo, hasta que sentí que alguien sacudía mi cama. Me desperté abruptamente, tomé el bate de béisbol que tenía siempre a la izquierda de mi cama y me preparé para batear, incluso sin abrir los ojos del todo.

—¡Edward soy yo! —exclamó alguien en la oscuridad.

Encendí la lámpara junto a mi cama y finalmente vi el rostro de Jasper... y sus manos levantadas, con las palmas abiertas como para defenderse.

—¿Qué diablos estás haciendo en mi habitación y a esta hora?

—Sólo quiero hablar contigo ¿Puedes bajar el bate?

No me había dado cuenta que aun seguía en posición de ataque, así que lo bajé y lo coloqué en su lugar.

—¿Por qué diablos no podías esperar hasta mañana?

En lugar de responder a mi pregunta, él sólo se acercó y se sentó en un lado de mi cama.

—Escucha, Alice me dijo lo que te está pasando —anunció. Esperaba con todas las fuerzas de mí ser que Alice hubiese inventado cualquier mentira en el mundo. En serio, cualquiera—... lo de Bella —culminó, y mi esperanza se fue por el caño.

—Uhm... si. Olvídalo.

—¡¿OLVIDARLO?! —cuestionó en voz alta. Parecía una adolescente emocionada.

—¿Qué te pasa, Jasperina? ¿Muy emocionada porque me gusta alguien? Si mal no recuerdo, tú fuiste uno de los primeros en decir, que me pasa todo el tiempo —comenté con sarcasmo.

—Sí, pero...

—Me gusta una chica, no es nada nuevo, sólo olvídalo —sentencié finalmente y me preparé para acostarme nuevamente.

Tuve la dicha de disfrutar de un tranquilo silencio... desafortunadamente la dicha sólo me duró como tres minutos.

—¿Sabes qué es interesante? —solté un gruñido y golpeé mi frente con la almohada— Ya me has dicho dos veces que Bella te gusta, pero en ningún momento, me has dicho que estás enamo...

Justo antes de que terminara de hablar y sin siquiera pensarlo, mi mano salió disparada hacia su boca y chocó con fuerza logrando cubrirla y acallarlo.

—¡Edward! —exclamó Jasper, apartando mi mano— ¿Por qué no quieres que diga que podrías estar enamo...

Una vez más, mi mano se movió como una autómata y tapó sus labios. Jasper me lanzó una mirada matadora; así que, aparté mi mano de inmediato y centré mi foco nuevamente en los pliegues de mi sábana, como si fuese lo más interesante del mundo.

—En algún momento tendrás que explicarme por qué no puedo, ni siquiera mencionar que podrías estar enamo...

Por tercera vez, mi mano se movió hacia él velozmente; pero esta vez su mano atrapó mi muñeca con fuerza, mientras que su otra palma, me dio un sonoro golpe en la parte atrás de la cabeza.

—¡Ouch! —Me quejé.

—Última vez que me golpeas en la cara —declaró Jasper, en un tono sombrío.

Jasper podía ser muchas cosas, pero definitivamente nunca lo hubiese descrito como "sombrío".

—Tengo sueño, Jasper.

—Está bien —rodó los ojos y bufó—. Suerte con todo.

Asentí con la cabeza y él finalmente salió de mi habitación. Apagué la luz y le di un vistazo a lo resplandecientes números rojos de mi despertador, anunciando que sólo me quedaba una hora antes de tener que despertar y salir a trabajar.

Fantástico.


¿Qué tal? El próximo es otro de mis favoritos ;) involucra la venganza de Bella por lo que le hizo Ed a su comida :P Gracias por leer.

¿Opiniones? Envíamelas en tu review aquí abajo ;)

Alessa.