Disclaimer: Los personajes no me pertenecen y todos son de Meyer.
¡Hola! Regresé al fin. Me he excedido del tiempo que dije pero es que... ¡Uf! Mis neuronas y yo necesitábamos un largo descanso... ¡Pero ya volví! Y aquí tenéis un capítulo bastante largo(en Open Office son cinco páginas así que...). ¡Qué lo disfrutéis!
Capítulo 11: ¿Enferma?
Pasaron dos días seguidos sin que recibiéramos noticias de mis padres y mis tíos. Me pasaba el día yendo y viniendo por la casa, preguntándole a tía Alice si sabía algo pero, por supuesto, gracias a la influencia de Jacob y de la mía, no veía nada.
Jacob se encontraba contagiado de mi nerviosismo aunque trataba de estar sereno para no inquietarme a mí más.
La abuela se paseaba de un lado para otro preocupada. El abuelo se había marchado el día anterior al no tener noticias de ellos por lo que nuestros únicos protectores eran tío Jazz y Jacob. Jasper, en cambio del resto, parecía relajado y feliz. Desde luego, desde que me había salvado, su actitud había cambiado sobremanera, algo de lo que todos nos alegrábamos aunque aquel día hubiera...
Me había obligado a mí misma a no ponerme triste cada vez que pensaba en Seth. Recordaba nuestro encuentro(no sabía si calificarlo así)en aquel lugar tan cargado de paz, armonía... todo lo bueno de Seth se había concentrado allí.
En verdad, nunca sabría si aquello fue verdad y si Seth volvió del Más Allá o si sólo fue una manera que tuvo mi subconsciente de ayudarme. Desde aquello, me había sentido más calmada en aquel aspecto y, por supuesto, en lo referente a Jason. Yo sólo me había protegido, había protegido a los que me amaban. Eso no era ser un monstruo.
Aquella tarde, algo extraño sucedió. La abuela Esme estaba preparando un poco de pollo frito en la cocina. Tía Alice se había prestado a ayudarla.
Jacob y yo estábamos sentados en la mesa del salón. Estaba enseñándole a jugar al ajedrez(¿a qué hora se me ocurrió hacer esto?).
—Jaque—dijo Jake con sonrisa triunfal.
—No..., Jake... —suspiré—. Eso no es jaque...
Entornó los ojos y frunció los labios.
—Sí lo es.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No... —el olor del pollo frito me inundó la nariz y...
...Edward y Alice no podrían volver a utilizar aquel juego de ajedrez.
—¡Nessie! —gritó alarmado Jake mientras me sostenía por lo hombros.
Tía Alice llegó en aquel instante y me recogió el pelo.
—¿Qué ha pasado? —preguntó mientras sus ojos se alternaban entre Jake y yo.
—Ha vomitado—le explicó Jacob. Su voz sonó entre perpleja y preocupada.
Todos los habitantes de la casa se unieron al instante. Tío Jasper le dijo a Jake y Alice que me dejaran respirar.
Estaba tan increíblemente asustada. Había leído sobre aquella sensación tan humana pero nunca la había experimentado. Era desagradable, muy desagradable.
—Llevarla al baño de arriba—les ordenó mi abuela mientras me tocaba la frente—. Yo limpiaré esto y llamaré a Nahuel.
De un segundo a otro, me encontré en los brazos de tío Jazz y subiendo las escaleras a velocidad vampírica. Estuve en el espacioso y casi nunca utilizado baño Cullen en cuestión de milésimas de segundo. Justo a tiempo.
Me arqueé sobre la taza. Tío Jazz me sujetó por los hombros y tía Alice me recogió el pelo de nuevo.
—¿Qué ocurre? —le pregunté a la abuela nada más que la vislumbré por el rabillo del ojo.
—Nahuel dice que nunca le ha ocurrido—me explicó de forma atropellada—. También dice que puede ser debido a que llevas demasiado tiempo tomando comida humana.
—Esa teoría es absurda—masculló tío Jazz.
—¿Tienes tú alguna mejor? —replicó con sarcasmo Jacob mientras acudía a mi lado y sustituía a Jasper.
—Demasiado tiempo en tú presencia—replicó Jasper, mordaz. Mi novio le dirigió una mirada envenenada.
—Dejadlo ya—sentenció tía Alice—. No hay tiempo para peleas. Ahora, lo que importa es averiguar que le sucede a Nessie, ¿vale?
Ambos asintieron. De nuevo, toda la atención se concentró en mí. Tenía todos los músculos en tensión y el sabor de mi boca no era nada bueno. Tragué saliva y procuré relajarme. Al cabo de unos minutos me encontré bien y algo sedienta.
—Ya me siento bien—les aseguré—. Quiero enjuagarme la boca.
Tía Alice me soltó pero Jacob me acompañó hasta el lavabo.
—Esto es humillante—murmuré entre dientes mientras me inclinaba.
—¿Por qué? Si supieras las de veces que yo... ¡Uf! No, no quieras saberlo—una sonrisa socarrona se dibujó en sus labios.
Escupí el agua y sonreí. Siempre conseguía animarme.
—Será mejor que te acuestes un rato—comentó la abuela cuando volví a incorporarme.
—Lo apoyo—asintió mi novio.
Mis tíos también asintieron.
Me llevaron a la antigua habitación de mis padres donde aún había una cama de matrimonio que, por supuesto, mi padre nunca había utilizado. Me acostaron y arroparon con sumo cuidado(odiaba tantas atenciones). Jacob se puso a ojear los discos de mi padre.
—No hay nada bueno—concluyó cuando terminó de mirarlos todos.
—Ya—replicó tía Alice—. A Edward no le gusta el rock ni ningún tipo de música que esté de moda.
Tío Jazz rió suavemente ante la burla sutil de Alice.
Jacob rodó los ojos mientras se dejaba caer bocarriba sobre el sofá. Algo crujió.
—Edward adora ese sofá casi tanto como a Bella y Nessie—le advirtió Alice—. Yo que tú no lo trataría así.
—No le des más motivos a Edward para que te arranque la cabeza—añadió tía Jazz en un murmullo.
—Parad—supliqué en un murmullo—. No quiero que peléis.
Alice se volvió hacia tío Jazz. Debió de haber algo en su mirada que hizo que su mandíbula se tensara.
—Creo que voy a dejarte para que duermas un poco—prosiguió ella volviéndose hacia mí—. Edward y Bella llegaran en unas horas.
Alcé una ceja, perpleja.
—¿Los habéis llamado?
—Rose acaba de telefonear—intervino la abuela asomándose. Vio que aún estaba despierta y lo siguiente lo dijo en un susurro que yo no oí.
—¿Qué pasa? —pregunté, molesta.
Tía Alice me sonrió con dulzura y me acarició la mejilla.
—Nada, no te preocupes—se levantó y estuvo en el marco de la puerta en un segundo escaso—. Trata de descansar, ¿vale? Jacob se quedará contigo.
Tan pronto como dijo eso, se fue. Jacob se levantó del sofá y se sentó en el suelo junto a mi cama.
—Esto es absurdo—mascullé para mí.
Enarcó una ceja, sorprendido.
—¿Que estés enferma? Eso es humano... No debes olvidar que eres mitad humana—me recordó.
Giré la cabeza hacia él. Todo aquello me resultaba confuso y sin sentido. Nunca había enfermado, creía que en esa parte era más vampiro que humana. Y ahora resultaba que era más humana que vampiro. Aquello era horrible.
—No lo entiendo—musité.
Jacob prosiguió mirándome.
—¿Cómo funciona esto? —continué—. ¿A qué debo atenerme? No sé cómo funciona mi propia naturaleza... Agh—gruñí y me cubrí el rostro con la manta.
Me sentía tan terriblemente confusa que deseé desvanecerme. ¿Por qué tenía que complicarse todo tanto? Me abracé a mí misma e inspiré hondo. ¿Qué me estaba pasando?
—¿Nessie? —me llamó Jacob al cabo de unos minutos—. ¿Sigues ahí?
—No.
Me destapó al segundo.
—¡Eh! —me quejé—. Se supone que debo estar tapada y caliente para que lo que sea que tengo desaparezca.
—Ven a por ella—me retó.
Gran error. Me lancé sobre él con la mandíbula abierta. Rodamos por el suelo y le mordí en el hombro.
—¡Ay! —musitó Jake.
Su sangre resbaló por mi barbilla y manchó su camiseta.
—¿E as a da la anta? —le pregunté con los labios aún pegados a su piel.
El sabor de su sangre no creaba el mismo influjo sobre mí que la humana, por lo que no perdía el control cada vez que le mordía. Me recordaba más a la sangre animal.
Él me sonrió con pircadía.
—Te he dicho que tendrías que quitármela—me recordó.
Tenía el brazo alargado más allá de su cabeza con la manta fuertemente agarrada.
Me levanté con los brazos para alcanzar su mano pero él enroscó su brazo libre en torno a mi cintura y me lo impidió.
—Suéltame—sonreí tratando de zafarme inútilmente.
Él me observó, divertido. Me mordí el labio inferior de forma juguetona; aún conservaba el sabor de su sangre en mi boca.
—¿Y si no quiero? —me dedicó una pícara sonrisa.
—Me escaparé—le seguí el juego acercándome peligrosamente a sus labios. Podía sentir su musculoso torso bajo la fina camiseta.
—Lo impediré—me aseguró afianzando aún más su mano sobre mi cintura.
Me acerqué aún más a él. El olor de su camiseta era suave, dulce... Desagradable. Me aparté de él corriendo con la nariz arrugada.
Jacob frunció el ceño mientras se sentaba.
—¿Qué te ocurre?
Le señalé la camiseta.
Frunció el ceño aún más. Siguió la dirección de mi dedo.
—¿La camiseta? —preguntó en voz alta—. ¿Qué sucede?
—Huele fatal—dije con lágrimas en los ojos. El olor me resultaba verdaderamente irritante.
La confusión se personificó en el rostro de Jacob. Sus cejas se rozaban.
—Pero si huele a suavizante—dijo con la nariz hundida en su camiseta—. A mí me gusta.
Me restregué los ojos mientras me lanzaba hacia la ventana y sacaba la cabeza.
—A mí no—repliqué.
Hubo un largo e incómodo silencio.
—Lo siento—se disculpó. El dolor en su voz me hizo arrepentirme enormemente de haber sido tan sincera.
Me volví jadeando con el corazón amenazando con salir despedido de mi pecho.
Jacob estaba colocando de nuevo la manta sobre la cama.
—Perdón—me disculpé yo—. No tengo excusa.
—Estás enferma, Nessie—me recordó. Su voz sonaba apagada—. Debes descansar.
Le había herido mi comportamiento y mucho. Era una estúpida.
—Jake, yo...
—Acuéstate, Nessie—repitió con aquella voz tan carente de vida.
Se dio la vuelta para dirigirse al armario de mi padre mientras se quitaba su camiseta. La visión de su espalda desnuda me dio un retortijón. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida de apartarme de aquel cuerpo tan perfecto?
—Jake, en serio que lo siento—reiteré de forma atropellada para que no me interrumpiera—. No sé lo que me pasa.
Me dejé caer sobre la cama y hundí la cabeza entre mis manos. Me sentía tan terriblemente mal por hacer infeliz a Jacob.
—No pasa nada, Nessie—sus brazos me rodearon—. No estoy enfadado.
Apoyé la frente en su pecho y me quedé así, escuchando el sonido de su corazón. Me quedé medio dormida y sentí como Jake me metía en la cama y se echaba a mi lado. Me abrazó y sentí su aliento golpear mi cabello.
—Voy a cuidar de ti siempre—me confesó creyendo que no lo oía y yo no hice nada para confirmarle lo contrario.
Abrí los ojos y me encontré tapada con la manta hasta la altura del mentón. Volví la cabeza y me encontré a Jake durmiendo en el sofá.
—Voy a matarle por hacerle eso a mi sofá—dijo mi padre desde el marco de la puerta.
Me giré para mirarle. Tardé medio segundo en comprobar que no estaba enfadado por lo sucedido la última vez.
—¿Prefieres que duerma aquí conmigo? —le respondí a su amenaza.
Pareció más dispuesto a que durmiera en el sofá. Recorrió la distancia que había hasta mí en un segundo y se sentó a mi lado. Depositó un suave beso en mi frente antes de volver a hablar:
—¿Cómo te encuentras?
Busqué algún síntoma de encontrarme mal pero la verdad es que me encontraba bastante bien.
—Mejor—sonreí y busqué un reloj con la mirada—. ¿Cuánto he... ?
—Casi un día entero—me respondió antes de que terminara.
Él y aquel don de leer la mente, a veces, resultaba muy molesto. En aquella ocasión no.
—Gracia—asentí—. ¿Y Tanya?
Mi padre frunció los labios y vaciló. Un ronquido de Jake resonó en la habitación.
—No la hemos encontrado—negó con la cabeza—. Nos ha hecho seguir otro rastro falso. Parece una experta en eso—comentó más para sí que para mí—. De todas formas, Emmett y Rose la están siguiendo.
—¿Por qué os hace seguir un rastro falso?
—Porque pretende alejarnos para... no lo sé, en verdad. Lo más seguro es que deseé acabar con esto de la única forma que no podemos dejarlo acabar... Pero tú no te preocupes, no voy a dejar que te ocurra nada—me acarició el mentón—. Tu abuelo acaba de llegar y le gustaría examinarte para comprobar que estás bien.
Asentí aunque no me agradaba la idea de que me tuvieran que hacer un reconocimiento médico.
El abuelo no tardó en subir y yo me levanté de un salto para recibirlo. Me mareé y caí, de nuevo, a la cama. Carlisle y Edward me miraron, perplejos.
—¿Te has... —vaciló mi abuelo—mareado?
Edward avanzó hacia mí pero yo le hice un gesto para que me dejara levantarme a mí sola. Aún estaba algo mareada pero conseguí mantener el equilibrio.
—Uf... —suspiré mientras apoyaba una mano en mi cadera. Entonces, fue cuando lo noté. Fruncí el ceño y levante la camisa para dejar a la vista mis caderas; allí estaba, un definido bulto entre mis caderas.
—¿Pero qué es esto? —fue lo único que fui capaz de formular.
