XI.

Rukia e Ichigo se tuvieron que poner al corriente de la vida de uno y del otro. Esa era una tarde de miércoles donde los amigos más Renji caminaban hacia la casa del pelinaranja.

- Ya fue la selección de personajes para el recital. – Mencionó la pequeña bailarina mirando al suelo. Los tres estudiantes conversaban acerca de cómo el padre de Renji estaba buscando más patrocinadores para terminar de financiar la puesta en escena del Cascanueces.

- Te perdiste las audiciones, estuvieron muy reñidas. – Comentó el pelirrojo a Ichigo recordando esa calurosa tarde de sábado donde se rompieron egos y corazones en el escenario.

- Me hubiera gustado estar ahí, ¿al final que papel conseguiste? – Por fin, la pregunta dolorosa. Rukia suspiró y levantó la mirada del suelo para después contestar con una sonrisa a medias.

- Clara, estoy muy agradecida con el papel, es decir es el protagónico, pero…

- ¿Pero? – Ichigo, quería saber si Rukia mencionaría a Kaien.

- Quería ser el Hada de Azúcar para bailar su canción favorita. – Le respondió Renji al amigo pelinaranja. – Y también quería ser ese personaje para poder bailar con su crush Kaien.

- Cállate. – Rukia le dio un codazo a Renji y los tres amigos rieron. – Además no tiene nada de malo admirar a alguien.

- No, mientras sea de lejos. – Dijo Renji de manera recriminatoriamente bromista.


En la noche Rukia y Renji se fueron de la casa de Ichigo y aunque el novio pelirrojo se ofreció a acompañarla a su casa, Rukia se negó, no quería desviarlo y mucho menos ahora que llovía ligeramente.

Se despidieron con un simple beso y emprendieron caminos diferentes. La chica tenía la mente en otro lugar, no se dio cuenta de que alguien cubierto con un impermeable venía corriendo hacia su dirección y eso ocasionó que chocaran.

- Lo siento, ¿estás bien? – Preguntó Rukia a la persona mientras recogía su paraguas.

- ¡Rukia! ¿Qué haces por aquí a esta hora?

- ¿Karin, qué haces TÚ llegando a esta hora?

- Nada, salí a pasear con un amigo.

- Ajá… ¿y ese amigo era Toshiro? – Karin se ruborizó. Era cierto, desde la fiesta donde los presentó se habían vuelto inseparables. Tenían todo en común y a la vez nada, eran ridículamente el uno para el otro.

- No te importa.

- No, solo quería hacerte enojar. – Rukia rió y Karin también, después cambió la escena… Karin se abalanzó sobre la bailarina y la abrazó escondiendo la cara en el cuello de Rukia. Ella, algo extrañada, le regresó el abrazo. – ¿Karin, te sucede algo?

- Te extrañamos en casa, detesto a Riruka. – Eso causó una catarsis en Rukia. La chica de baja estatura abrazó con más fuerza a Karin y sin que la chica Kurosaki lo notara no pudo evitar sonreír.

- Yo también los extraño muchísimo, no tienes idea de cuánto. Pero no puedes decir esas cosas de la novia de tu hermano, por más loca que esté.

- ¿Entonces por qué ya no nos visitas? Haz que ella se vaya, es caprichosa y eso no hace feliz a mi hermano. El cree que la quiere porque ella lo necesita. – Rukia deshizo el abrazo, estaban del mismo tamaño el par de pelinegras.

- Karin, ni tú ni yo podemos entrometernos en esa relación. No la juzgues por favor, no la conocemos y quizá Ichigo es lo que Riruka necesita para sentirse completa. También Ichigo está con ella por algo… llámalo como quieras: amor real, complejo de ambulancia, pero él no es tonto.


Cuentan por ahí, Karin ejem, que Ichigo y Riruka cortaron porque ella era muy posesiva y muy cara de mantener. Fue el pelinaranja quien decidió terminar la relación una tarde de viernes que estaban pasando en casa de la adinerada pelirrosa. Riruka estaba en un frenesí de celos e Ichigo le recriminaba que no podían actuar como si estuvieran cosidos, él también tenía cosas que hacer (entrenamientos de todos los clubes de la escuela). La caprichosa chica se enojó tanto que le lanzó el juego de té Noritake Abbeyville al muchacho, el aludido respondió a su violencia tomándola de las muñecas y diciéndole de manera venenosa que era una inmadura y era muy difícil de tratar. Después de eso salió de la mansión azotando la puerta y dejando a una solitaria y atónita Riruka rodeada de fina porcelana rota.


Había días en los que Renji no podía acompañar a Rukia al ballet, así que ella se iba sola. A veces Orihime la acompañaba y tenían una tarde de chicas, o incluso Karin, de alguna manera se habían vuelto cercanas y después de los ensayos juntas se iban a casa de Rukia a pasar la tarde ahí.

- ¿Crees que yo también soy una malcriada? – preguntó Rukia a Karin mientras sacaba del refrigerador una charola con una hermosa variedad de mini piezas de patisserie.

- Pues en cierta forma eres como ella, siguen la misma dieta… no entiendo como estaba tan delgada si solo comía pan y dulces. – Las chicas conversaban en la cocina de los Kuchiki. – Pero no, eres más amable. Aunque dice Ichigo que Riruka tuvo un cambio de actitud, es menos mandona. Pero quién sabe si siente eso porque ahora Ichigo trabaja en la clínica y no la ve tanto…


Un día anocheció sin que ellas lo notaran, el hermano pelinaranja llamó a Karin para preguntarle dónde diablos estaba. La conversación terminó en que él iría por ella a la casa Kuchiki pues era muy tarde para que una niña de 14 años caminara sola a las 10 de la noche.

- Tu hermano va a matarme por tenerte aquí hasta tarde. – Ambas chicas estaban sentadas en los escalones de la entrada alumbradas por el foco de la puerta principal.

- No creo, ni siquiera me regañó por teléfono.

- Él no haría eso.

- ¿No? – Con su mano hizo un teléfono ficticio e imitó la voz de Ichigo. – "¿Karin, dónde estás? ¿Estás con el vago de Toshiro? Espero que no estés en su casa, ¿sabes qué? es muy tarde, voy por ti." – Ambas estudiantes rieron. Rukia se sentía feliz porque había acertado en unir al par de prodigios, se le escapó una sonrisa a la bailarina y esta no pasó desapercibida por su amiga. – Rukia, ¿estás feliz porque vas a ver a Ichigo?

- No, estoy feliz porque estás conmigo. A él lo veo en la escuela.

- ¿Lo extrañas? – Esa pregunta ya no fue respondida porque el aludido las saludo desde el momento en que las vio a lo lejos.

El par de pelinegras se despidió y Karin corrió en dirección a su hermano quien la abrazó y cargó su mochila. Los preparatorianos no hicieron más que saludarse con un gesto de mano y una sencilla sonrisa.

Más tarde esa noche Karin recibió un mensaje.

"Sí, a veces me hace falta."