"Un Negocio Arriesgado"
Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.
Pareja: Edward Cullen/Bella Swan
Summary: Desesperada por sacar de la cárcel a su padre inocente, Bella acude al único con el suficiente poder para hacerlo: su multimillonario y arrogante jefe Edward Cullen, a quien jamás ha tratado. Para cobrar una herencia bastante importante, Edward necesita una esposa y la necesita ya. En un arrebato de desesperación, lo que surge como un negocio puede convertirse en el arreglo más peligroso de sus vidas.
Notas de la autora: Hola mis lectores! Espero hayan tenido unas excelentes fiestas, porque aquí les traigo un nuevo capítulo que salió mucho más largo de lo que esperaba! Sé que como a mí me gustó escribirlo a ustedes les encantará leerlo, y espero que soporten a esos personajes desagradables que les mencioné el capítulo pasado, así como espero que disfruten de lo que sigue para nuestra parejita.
No tengo mucho que decir, salvo gracias por todos sus reviews! Espero sigan dejándome más, que me ayudan mucho de inspiración para poder escribir más seguido!
Espero el título del capítulo les ayude a descifrar un poco de lo que tratará el capítulo, y como podrán ver hay mucho Bella's POV que probablemente vaya disminuyendo conforme avanzan los capítulos.
Sin más que decir, los dejo disfrutar!
Capítulo 11°: Noche Amarga con Final Dulce
~Bella's POV~
Con mi celular pegado a un oído mientras mi mano terminaba de colocar el zarcillo de diamantes en el otro, escuchaba la estridente voz de mi mejor amiga al otro lado de la línea.
Volvió a gritar de nuevo y cerré mis ojos con fuerza para amortiguar el sonido. Para entonces mi tímpano estaba a punto de reventar.
Pero tampoco podía evitar sonreír como una idiota y emocionarme junto con ella.
-Basta Nessie! Tranquilízate!-
-¿Qué me tranquilice? ¿Me estas pidiendo que me tranquilice?- volvió a gritar- Eso es imposible! No después de lo que me acabas de contar! Es que…- tomó aire- No lo puedo creer! Edward y tú!-
Sin más remedio que dejarla gritar, mordí mi labio inferior y di un ligero saltito de emoción.
Llevaba apenas diez minutos al teléfono y para entonces Renesmee era un torbellino que no paraba de hacerme preguntas sobre Edward y lo que había pasado anoche, desde las más simples e inocentes hasta las más obscenas e íntimas. Abochornada, le había contado lo más posible sin revelar demasiadas cosas, pero estaba segura que no necesitaba hacerlo para que Nessie sacara sus propias conjeturas.
Por enésima vez desde que estaba hablando con ella mordí mi labio inferior emocionada mientras me miraba en el espejo. Estaba casi lista.
-Lo sé, Ness. Fue tan…increíble-
-Ya me imagino- respondió sarcástica- Por lo que te he logrado sacar y como te escucho ahora, se nota que Edward sabe lo que hace-
En el espejo pude notar mis mejillas encenderse y aferré más el celular.
-Renesmee!-
Al otro lado de la línea solo obtuve una estruendosa carcajada y una vez que mi amiga se calmó, tomé aire y me senté en el taburete de mi tocador para abrocharme los zapatos.
-Bueno, está bien, ya me calmo- soltó una risa tonta- De todas maneras pienso sacarte más información esta noche, será más divertido hacerte esas preguntas viendo tu cara!-
Sin más remedio que entornar los ojos, solté un largo suspiro mientras tomaba el hermoso vestido esmeralda que estaba en la cama y sonreí.
-Bien, porque te voy a necesitar amiga- saqué el vestido de su funda- Me alegra que Edward te haya invitado-
-Lo hace por ti, Bells- sonreí ligeramente- Pero a mí también me encanta la idea-
Tan emocionada estaba que no escuché el sonido de la puerta abriéndose, y aún sonriente me puse el vestido para despedirme de Renesmee.
-Bien, te veré esta noche-
-Claro, nos vemos en un rato Bells. Vete súper guapa ¿De acuerdo?-
Solo entonces sentí la presencia de alguien y al reconocer el olor de la colonia de Edward giré mi cabeza y mis ojos se abrieron de par en par al toparme con los suyos. Sin poder evitarlo, lo recorrí de arriba abajo con la mirada mientras él caminaba hacia mí y abrí ligeramente mis labios.
Se veía simplemente delicioso en ese traje.
Cuando recordé que Renesmee seguía al teléfono, parpadeé rápidamente para contestarle. Edward se detuvo a escasos centímetros de mí para mirarme con esos intensos ojos verdes, y sentí mis piernas flaquear.
-Hasta pronto, Ness-
Colgué antes de que ella pudiera decir más y sin dejar de mirar a Edward dejé el teléfono en la cama y aferré el vestido a mí. De pronto era muy consciente del hecho de que el zipper en mi espalda estaba completamente abierto.
Percatándose de esa reacción, sonrió de medio lado algo arrogante y dio otro paso hasta quedar prácticamente pegados. Sonreí nerviosa.
-Hola-
-Hola-
-Estaba…hablando con Renesmee-
-Sí, pude notarlo- sonrió aún más- Venía a ver si estabas lista, pero creo que aún falta algo muy importante-
Noté la mirada apreciativa que le echó al espejo de cuerpo completo que estaba detrás de mí y con mis mejillas ardiendo, sonreí un poco y miré el largo vestido esmeralda.
-Algo que me gustaría hacer a mí-
A escasos centímetros de mí, Edward hizo una seña para que me diera media vuelta y durante unos instantes no hice más que parpadear sorprendida. Debido a que el vestido era halter no llevaba sostén y por lo tanto mi espalda estaba totalmente descubierta hasta donde comenzaba el encaje de mis bragas, y la mirada de Edward no estaba ayudando en nada para calmarme.
Pero él no parecía dispuesto a ceder. Con timidez, di media vuelta hasta quedar de frente al espejo mientras Edward acortaba la distancia entre nosotros para subir el cierre. Con respiración contenida, sentí el zipper subir mientras sus dedos acariciaban ligeramente mi espalda a su paso, una simple caricia que me puso la piel de gallina mientras esperaba a que terminara.
Demonios. Solo el roce de sus dedos y reaccionaba de esa manera. Sin poder evitarlo, los recuerdos de la noche anterior y de esa tarde volvieron a mi cabeza y sintiendo mi cuerpo arder, meneé la cabeza para tranquilizarme.
Detrás de mí, Edward me miró en el reflejo del espejo sin decir nada y paseó su mirada desde la punta de mis pies hasta mi sencillo pero elegante peinado.
-Estás hermosa-
Le sonreí de vuelta y volví a mirarme. Frente al espejo estaba una mujer muy diferente a la que conocía hace un mes y medio atrás, pero me gustaba. Para esa noche había decidido utilizar un largo vestido halter de seda en color verde esmeralda, con un pronunciado escote en "V" y un ligero pero sexy tajo en la pierna izquierda. Mis sandalias de tacón de aguja Jimmy Choo en color verde a juego y una simple gargantilla y zarcillos cortos de y esmeraldas terminaban el atuendo, y como peinado, había decidido recoger todo mi cabello en un rodete vertical dejando algunos mechones caer por mi cuello.
Me veía diferente. Me sentía diferente.
Y estaba segura que la ropa que llevaba tenía poco que ver con eso.
-Gracias- me giré para mirarlo- Pero todo es tuyo-
-No, es tuyo- negó- Además, estoy seguro que nadie lo luciría mejor que tú-
Le dediqué una sonrisa algo burlona y alcé una ceja.
-¿Por eso viniste a terminarme de vestir?-
Como respuesta soltó una ligera risa y dio un paso al frente hasta quedar pegado a mí.
-Quería terminar de vestirte, Señora Cullen- susurró contra mi oído -Porque tengo la esperanza de desvestirte esta noche que lleguemos de la fiesta-
Abrí mis ojos sorprendida y sin poder evitarlo un escalofrío me recorrió la espalda al escucharlo decir aquello. Antes de poder decirle algo y satisfecho de mi reacción, se alejó de mí y me tomó de la mano para salir de mi habitación.
-Pero por lo pronto, será mejor que nos vayamos- sonrió y puso mi bolso en las manos- Antes de que desista y cumpla con lo que acabo de decirte de una buena vez-
Y conteniendo mis ganas de decirle que lo hiciera, sonreí ligeramente y lo dejé arrastrarme fuera de la habitación.
~o~
El camino a la mansión de los Cullen fue tranquilo y relajado. Para mi sorpresa Edward había decidido que nos fuéramos en limusina, por lo que con el chofer encargándose de llevarnos y nosotros en la parte trasera, conversábamos mientras yo intentaba calmarme.
Al parecer Edward sabía lo que pasaba por mi cabeza, pues en todo momento había tratado de aligerar mis nervios con una copa de vino y pláticas amenas. Sorprendida y sobre todo agradecida por eso, acepté sus atenciones y aproveché para saber más de él y de su familia, la razón por la que estaba algo nerviosa.
Renesmee me había comentado que las fiestas de los Cullen eran tan espectaculares que llegaban a la primera plana de sociales, y aquello había terminado por aumentar mis nervios.
Sin embargo, con Edward a mi lado, en esa limusina y con el espectáculo de las lujosas mansiones afuera todo era simplemente excelente, y para entonces ya me encontraba ansiosa por llegar a la fiesta que tanta curiosidad me causaba.
Veinte minutos después que pasaron volando, Edward tomó mi copa vacía y la colocó con la suya junto a la botella de vino.
-Bien- tomó mi mano y la acarició ligeramente- Creo que fue suficiente charla-
-¿Por qué?-
La limusina se detuvo y Edward miró unos instantes por la ventana para después girar a verme. Sonriente, tomó mi mano y le dio un apretón.
-Porque hemos llegado, preciosa-
El corazón me dio un ligero vuelco cuando Edward abrió la puerta y sin perder su sonrisa bajó para ayudarme a bajar a mí. En cuanto puse un pie en la alfombra negra en la entrada de la enorme mansión, todo se volvió un poco caótico.
A mí alrededor solo fui capaz de ver un montón de flashes, luces, voces y vestidos y trajes elegantes, y sin tener mucha idea de lo que pasaba me vi guiada por Edward a lo largo de la alfombra mientras unos cuantos fotógrafos aprovechaban para tomarnos fotos.
Siempre cerca de mí, Edward me aferró por la cintura en gesto posesivo y se acercó a mi oído.
-Relájate y sonríe, Bells-
No tardé mucho en seguirle la corriente, y ya más tranquila, posé junto a él como la radiante esposa del magnate de Seattle mientras a nuestros lados unos cuantos más posaban también. Aunque eran pocos fotógrafos, aquello era demasiado para una fiesta de cumpleaños, y entonces comencé a entender a lo que se refería Edward.
Aquello parecía más bien una alfombra roja de artistas, y algo aturdida seguí a Edward hasta la entrada del jardín en donde un hermoso arco de enredaderas y flores blancas daba la bienvenida al enorme jardín en donde sería la fiesta.
Al llegar, abrí mis ojos de par en par.
Ahora si entendía a lo que se refería Edward sobre las fiestas de los Cullen.
Desperdigadas por todo el jardín se encontraban un montón de mesas y sillas con manteles blancos y ribetes negros, en las que pude contar a casi cien personas. Colgadas de ramas de los árboles, algunos faroles y algunos cuantos arcos, un montón de lámparas iluminaban todo el jardín a media luz, dándole un aspecto sereno, elegante y algo romántico. Al frente de todas las mesas y pegados a la parte trasera de la mansión, un cuarteto de jazz tocaba algo de música tranquila y una pequeña pista vacía esperaba ser utilizada mientras en las esquinas, unas mesas de barras de bebidas se encontraban apostadas junto con algunos bocadillos.
Montones de meseros vestidos elegantemente se paseaban por las mesas ofreciendo bebidas a los presentes, mientras distribuidos en las mesas, la familia de Edward, incluido Carlisle, cumplía a la perfección su papel de anfitriones.
Estaba segura que mi boca entreabierta delataba por completo mi sorpresa.
Aquello era demasiado.
Sentí la intensa mirada de Edward a mí lado y me gire para mirarlo.
-¿A esto le llamas una fiesta sorpresa?-
-Pues…sí, solo que llegamos después- miró a Carlisle y sonrió- Papá de todas formas lo intuía-
Meneé la cabeza al borde de la risa.
-No, me refiero a que esto no…- sonreí- Yo esperaba esconderme debajo de la mesa y gritar "Sorpresa" cuando tu papá entrara a casa y prendiera las luces. No…esto-
Edward soltó una ligera y abrió su boca para contestar.
-Ustedes dos!-
La fuerte e inconfundible voz de Alice nos distrajo, quien ataviada en un despampanante vestido de seda violeta llegó hasta nosotros en un santiamén. Solo entonces fue cuando me di cuenta que gran parte de los presentes habían dejado de hacer sus cosas y nos veían fijamente, clara señal de su interés por nosotros.
-Hasta que por fin llegan!- abrazó a Edward y después a mí para mirarme emocionada- Wow, Bella! Estás guapísima!-
Dijo aquello con evidente satisfacción, casi como si estuviera esperando verme así, y extrañada le devolví el abrazo. A lo lejos pude distinguir a una despampanante pelirroja ataviada en un sexy vestido azul y entendí la reacción de Alice.
Era Victoria, quien al darse cuenta de quien había llegado dejó de conversar con el hombre a su lado para mirarnos fijamente.
El otro hombre era James Smith.
Genial. Aquello solo había ayudado a hacer la noche aun más interesante.
-Ven, Bella! Te quiero presentar a unas personas!-
Antes de poder decir algo, fui arrastrada por Alice hasta la muchedumbre con un sonriente Edward detrás de nosotras.
~Edward's POV~
Casi una hora después, la fiesta de papá no podía ser más que un éxito. Como había predicho, mi madre no había escatimado en gastos para la fiesta y toda la alta sociedad de Seattle se encontraba ahí. Y eso incluía a las patéticas, tontas y superficiales hijas de los amigos de la familia con las que tanto mi padre como yo teníamos fuertes relacionales laborales y personales.
Y yo no podía estar más agradecido por tener a mí lado a una mujer como Bella.
Quién había demostrado no solo ser hermosa, sensible e inteligente sino extremadamente culta, refinada y sofisticada.
Apenas la había presentado a más amigos y familiares y había conversado con ellos de infinidad de temas, desde los más triviales hasta los más trascendentales. Con una enorme sonrisa y viéndose simplemente increíble, había acaparado la atención de muchos grupos y se comportaba como si siempre hubiera pertenecido a la alta sociedad, dejando a todos los que la conocían simplemente encantados.
Y a mí solo lograba fascinarme más.
A mí lado, la voz de Corin Volturi me sacó de mis cavilaciones y tuve que alejar mi mirada de Bella, quien en ese momento conversaba con Benjamin, Tia y unos cuantos amigos más.
-Tengo que decirte, amigo- me sonrió y miró a Bella- Que eres un maldito con suerte. Tu esposa es guapísima-
Como única respuesta solo atiné a sonreír y una vez que Bella dejó de hablar con el grupo me acerqué a ella con una sonrisa y choqué mi copa contra la suya.
-Debo decirte que he recibido una enorme cantidad de cumplidos y felicitaciones por mi esposa, Señora Cullen- la miré sonreír satisfecha- Yo mismo estoy impactado. Apenas una hora y los tienes encantados, lo estás haciendo increíble-
Sonrió algo coqueta y tomó de su copa.
-Me alegra estar cumpliendo con mi parte del trato como se debe-
Aquél comentario me dejó algo helado. Había olvidado por completo esa palabra, y sin embargo, esa era la que definía nuestra relación.
Un trato.
Y nada más.
-Puedes estar segura de que yo estoy cumpliendo con el mío-
Sus ojos se iluminaron y yo no pude evitar sentirme más satisfecho de ser yo el causante de su felicidad. Aunque no lo había mantenido muy informada para no darle muchas esperanzas, el proceso de sacar a su padre de la cárcel fluía increíblemente y Sam se había encargado de reunir todas las pruebas necesarias para sacarlo de ahí. Por un montón de razones que no entendía, era necesario esperar unos días hasta tener un juicio del caso, pero para entonces los pronósticos eran excelentes.
Y verla feliz era la mejor de las recompensas.
-Creo que estamos teniendo una buena noche entonces-
Sonriendo de medio lado, me acerqué a ella tanto que nos rozamos y me acerqué a su oído.
-Y será excelente una vez que nos vayamos- la sentí temblar- Me muero de ganas de sacarte de aquí y llegar a casa cuanto antes-
Bella me miró con sus mejillas encendidas y antes de poder decirme algo, la suave voz de mi asistente nos sacó de nuestra burbuja.
-Buenas noches-
-Nessie!-
Ataviada con un vestido color azul celeste, Renesmee abrazó a Bella ligeramente y me besó en la mejilla.
-Wow Bells, estás guapísima!-
-Igual tú! Te ves increíble-
Con mi brazo alrededor de la cintura de Bella, miré a Renesmee sonriente y sobre todo agradecido por su presencia. Estaba seguro que a Bella le caería bien una cara conocida, y quien mejor que su mejor amiga para acompañarla.
-Bella tiene razón, Renesmee. Te ves increíble- me sonrió- Me alegra que hayas podido venir-
-Gracias por invitarme, Edward-
-No hay de qué- me encogí de hombros- Mis padres te aprecian mucho-
Recibí otra sonrisa a cambio.
Durante unos segundos ambas mujeres permanecieron calladas mientras se miraban fijamente, como si no se hubieran visto en años. Conocía esa mirada. Era la mirada de dos mujeres que necesitaban desahogarse, e intuyendo muy bien de lo que iban a hablar, sonreí de medio lado y solté mi amarre de Bella.
-Bien, creo que esta es una conversación en la que no soy requerido- noté la sonrisa algo apenada de ambas- Si me disculpan-
Plantándole un beso en la coronilla a Bella, las dejé conversar a solas y me retiré del enorme grupo que estaba cerca para dirigirme a la barra de bebidas por otro trago sin darme cuenta que una cara muy conocida se acercaba hasta donde yo estaba.
Entonces fui interceptado por mi mejor amigo moreno, algo que por alguna extraña razón no me hacía tan feliz como a Bella le hacía la presencia de Renesmee.
Y recordando la conversación que había tenido con él anoche y como había hecho exactamente lo contrario a lo que me había aconsejado tan solo media hora después, me di cuenta del porqué.
-Hola, desaparecido- se paró a mi lado en la barra de bebidas- Hasta que por fin te encuentro solo-
Sonreí ligeramente y tomé dos vasos para pasarle uno a él.
-Estaba presentando a Bella con todos- la miré a lo lejos- No quería que se sintiera agobiada-
-A mí me parece que no tiene ningún problema con eso- me miró y sonrió burlón- Lo está haciendo excelente-
Obviamente no se creía nada el cuento de que no me había acercado a él por Bella, y fingiendo no entender su tono sarcástico, sonreí sin dejar de mirarla.
-Tiene a todos maravillados. Y ustedes dos son tan convincentes como pareja que ni parece que su matrimonio es una farsa-
Con un evidente sarcasmo y una suave sonrisa, Jake tomó un poco de su vaso de whisky y yo lo miré como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago.
Farsa, trato. Al parecer esta noche todo mundo me estaba recordando cosas importantes, y sobre todo, cual era la verdadera relación entre Bella y yo. Algo que no tenía que olvidar.
-¿Cómo vas con lo que...- pareció pensar la palabra- sientes?-
Maldición. Esperaba que no me lo preguntara, y sin embargo después de nuestra plática la noche anterior era obvio que lo haría.
Excelente, amigo, tan excelente que anoche hice exactamente lo opuesto a lo que me pediste y le hice el amor toda la maldita noche.
También era obvio que no iba a contarle la verdad. Después de lo que Jacob me había dicho la noche anterior sobre Bella así como sus advertencias de mantenerme alejado de ella, no podía decirle lo que había pasado.
No cuando ni siquiera yo mismo sabía que rayos estaba haciendo al hacer precisamente lo que no debía hacer.
Hacerla mía, cuando todo era un simple trato.
Una mentira.
-Todo está bien, Jake- tomé de mi vaso- Fue solo un lapso de estupidez que no va a volver a repetirse. Bella es solo una mujer guapa, y fue una simple atracción estúpida-
No supe si me creyó o no, pero decidido a no ahondar más en el asunto, se encogió de hombros y tomó de su vaso. Yo agradecí mentalmente que dejara el tema por la paz.
-Por cierto, ¿Has visto la cara de tu primo cuando entraste con Bella?-
Ante esa pregunta, sonreí con algo de arrogancia y volví a tomar un sorbo de mi whisky. Por supuesto que había visto a James al llegar a la fiesta, y por supuesto que la expresión que había hecho al vernos entrar a Bella y a mí no tenía precio: sus ojos abiertos de par en par, su mandíbula tensa y su evidente fastidio habían sido tan obvios que estaba seguro no había sido el único que lo había notado.
-Por supuesto. Esta que se lo lleva el demonio- miré a Bella- Y mucho más al ver que mi esposa- hice algo de hincapié en las últimas dos palabras- No es lo que él esperaba-
Jacob miró su vaso y sonrió de medio lado.
-Creo que no es el único. Debo decir que mi hermana tampoco se puso muy feliz al verlos-
Claro que también sabía eso. Darme cuenta que estaba ahí no había sido ninguna sorpresa, pues aún cuando ya no tuviera contacto conmigo, Victoria seguía siendo amiga de la familia. Al igual que James, a Victoria no le había caído nada bien la impresión que Bella había tenido en todos y durante casi toda la velada había podido notar sus miradas altaneras y desdeñosas a mi esposa, claramente molesta de no ser el centro de atención.
Recordé el beso que me había dado días atrás. Seguía sin entender por qué rayos se comportaba conmigo como si todavía le interesara, cuando había sido muy clara al terminar nuestra relación que ya no me quería.
Y sinceramente, si de alguna forma yo había vuelto a interesarle, no podía importarme menos.
-Lo sé-
-Sinceramente no la entiendo, amigo- confesó fastidiado- Le he intentado preguntar pero siempre evade cualquier tema referente a ti-
Sin saber qué rayos contestarle, me encogí de hombros y volví a tomar de mi vaso para seguir mirando a la hermosa mujer de vestido esmeralda que conversaba con su mejor amiga y reían juntas como si hablaran de una travesura.
Sonreí al darme cuenta de que "travesura" estaban hablando.
~o~
Media hora más tarde, mientras Bella conversaba con mis padres, Alice y algunos cuantos amigos más, di el último sorbo a mi tercer vaso de whisky.
Después de conversar con Benjamin y unos cuantos socios de papá y amigos cercanos a la familia, había buscado un lugar para estar solo y desde entonces me había refugiado a un lado de la barra, lejos de la vista de todos.
Un lugar en donde podía admirar a Bella y sobre todo que estaba lejos de Jake, Victoria, Alice, o cualquier otro que pudiera interrogarme sobre Bella y nuestra relación. No quería hablar de eso cuando ni siquiera me había dado el tiempo de pensarlo.
Cuando tuve otro vaso de whisky en la mano y tomé un sorbo, una conocida voz me sacó de mis cavilaciones.
-Buenas noches, primo-
Contuve una maldición. Me había olvidado de él por completo.
-Buenas noches, James-
Miré a James de reojo y sin moverme de lugar, aún recargado en la barra a mí espalda mientras miraba a Bella, esperé a que hablara y tomé otro sorbo del líquido que de pronto me pareció indispensable.
A mí lado James miró en la misma dirección que yo y sin poder evitarlo me puse alerta de inmediato.
-Creo que debo felicitarte- sonrió ligeramente- Vaya esposita que te has conseguido-
Conseguido. La palabra me alertó aún más.
-Gracias-
Contesté sin expresión alguna.
-Vaya que fue una verdadera sorpresa- tomó de su vaso- La tenías bien guardada primo- me miró- Nadie sabía de su existencia por lo que veo-
Aquellas simples palabras, dichas de una manera aparentemente inocente, terminaron por convencerme que las intenciones de James por saber de Bella eran precisamente las que me imaginaba.
Que, como era de esperarse, creía que todo era una farsa para obtener la herencia que me correspondía.
Y que él quería que fuera suya a como diera lugar.
-Tal vez tu no- me encogí de hombros- Siento no habértela presentado-
Dije aquello con una nota de sarcasmo, y a mí lado, James soltó una ligera risa y me miró con cejas alzadas.
-No me ofendo, no te preocupes- miró de nuevo a Bella- Después de todo creo que ni tu llevas mucho de conocerla, ¿O sí?-
Aquello fue lo último que necesité escuchar. Convencido de las intenciones de James y sin ganas de aguantar sus evidentes intentos por sacarme la verdad, algo que no pensaba hacer, terminé de un solo sorbo el resto de mi bebida.
-Si me disculpas primo, creo que es hora de ir con mi esposa-
E ignorando por completo su estúpida pregunta, dejé el vaso en la barra detrás de mí y me alejé de él para comenzar a caminar hacia Bella.
Intentando controlar mis ganas de golpear algo. Estaba furioso.
~Bella's POV~
Más de una hora después, me encontraba tomando mi tercera copa de champagne de la noche mientras conversaba de temas triviales con Esme, Alice y Carlisle, mientras intentaba esquivar los excelentes intentos de la hermana de Edward por obtener información sobre mi matrimonio.
A pesar de ser adoptada, Alice tenía la misma tenacidad de su hermano para conseguir lo que quería, y para entonces se me habían agotado todas las maneras posibles de esquivar el tema. Haciéndome preguntas simples sobre que tal iba la vida de casada hasta cuando planeábamos comenzar una familia, Alice había insistido tanto en que hablara sobre ello que ya no sabía que decir.
A su lado, Esme y Carlisle me miraban con sonrisas y miradas conciliadoras, claramente conscientes del acoso incesante de Alice y divertidos con la situación. Durante toda la velada había tenido la oportunidad de observarlos y para entonces estaba segura que a pesar de los años que llevaban casados, o tal vez gracias a ellos, se amaban profundamente y se divertían juntos sin necesidad de nadie más.
Y por supuesto, no podía entender como si Edward había tenido ese ejemplo de matrimonio toda la vida, le interesaba tan poco tener uno.
La respuesta la había tenido al mirar a Victoria, quien en toda la velada no había dejado de dirigirme miradas cargadas de desdén y algo de fastidio. Y claro que no me habían pasado desapercibidas sus miraditas cargadas hacia mi esposo, que para entonces ya me molestaban demasiado.
-¿Y siempre si piensan ir de luna de miel?- la voz de Alice me sacó de mis cavilaciones- No pueden no tener una, mereces una luna de miel decente Bells!-
Dejé la copa en la bandeja del mesero que pasaba.
-Eh…- lo pensé un poco- Bueno, aún no lo hemos hablado, pero por lo pronto no podemos hacerlo. Nuestros horarios de trabajo están algo apretados y…-
-Tonterías! Esa no es excusa! Necesitan una luna de miel de verdad!-
-Y tú necesitas dejar de hacer eso-
La suave e inconfundible voz de Edward se escuchó detrás de mí y de manera instantánea me relajé y sonreí ligeramente. Era increíble el cambio que había tenido su efecto en mí, cuando antes lo único que hacía al escucharlo era ponerme tensa y nerviosa, ahora me resultaba reconfortante y emocionante.
Y ahora que llegaba como caído del cielo, no pude evitar alegrarme al escucharlo.
Antes de que Alice pudiera decir algo, llegó hasta donde estábamos y me aferró por la cintura para pegarme a él. Sonriente, levanté mi cabeza para mirarlo y tuve que hacer un esfuerzo por no fruncir el ceño. Parecía molesto.
-¿Acosando a mi esposa con tus preguntas, hermanita?-
Esme y Carlisle rieron ligeramente y Alice hizo un puchero malcriado.
-Solo lo necesario, hermanito- se cruzó de brazos- Aunque parece ser que tanto convivir contigo la ha estropeado. Es casi tan difícil como tú para dar información-
Como única respuesta, Esme, Carlisle, Edward y yo reímos con fuerza mientras Alice bufaba exasperada y en ese momento uno de los tantos organizadores de la fiesta- los reconocía porque llevaban micrófonos y audífonos en los oídos- llegó a donde estábamos para susurrarle algo a Esme.
-Bueno, creo que debemos ir a atender más invitados, pero diviértanse- nos miró sonriente- Y Alice, deja en paz ya a tu hermano y a tu cuñada ¿Quieres?- Edward sonrió triunfalmente y Alice le enseñó la lengua- ¿Vamos, cariño?-
Enroscó su brazo al de Carlisle y se alejaron sonrientes mientras conversaban con el agitado organizador, dejándonos solos a Edward, a Alice y a mí.
-Bien, creo que los ha salvado el hecho de que tengo que darles de cenar a Liam y Chelsea- comenzó fastidiada- Pero esto no se queda aquí!-
Edward soltó una risa burlona.
-De acuerdo, hermanita, de acuerdo- entornó los ojos- Estaremos esperando ansiosos, ahora ve y alimenta a mis dos sobrinos, no tienen la culpa de tener una mamá loca-
Cómo única respuesta, Alice entornó los ojos y giró para caminar rumbo a la puerta escondida de la mansión que estaba abierta, desapareciendo finalmente para dejarnos solos.
Con el brazo de Edward aún alrededor de mi cintura, giré en sus brazos y pegué mis manos a su pecho para mirarlo.
-Gracias por salvarme- sonreí- Llegaste en el momento perfecto-
-No fue nada- aferró más mi cintura- Además estaba aburrido. Desde que llegamos a la fiesta no hemos tenido un momento a solas- sonrió ligeramente- Creo que tengo una esposa demasiado solicitada-
Sin poder evitarlo, abrí mis ojos sorprendida y alcé una ceja. Jamás había visto a Edward así, y a pesar de lo que había pasado anoche aquella extraña complicidad aún me resultaba algo difícil de seguir.
Pero tenía que admitir que me encantaba.
-¿Celoso?-
Su mirada antes serena se volvió seria y su amarre en mi cintura se hizo más fuerte.
-Nunca-
La seguridad con la que dijo aquello fue aplastante, y vagamente recordé su expresión de enojo cuando había llegado. Tratando de aligerar su evidente tensión, me alejé ligeramente y ladeé la cabeza.
-¿Estás bien? Pareces molesto…-
Edward abrió sus ojos algo sorprendido durante dos segundos para después mirar la barra de bebidas al otro lado del jardín.
-Creo que los dos necesitamos unas copas- miró en todas direcciones- ¿Dónde demonios están los meseros cuando se necesitan?-
Intenté no sonreír burlona y esperé a que decidiera que hacer.
-Iré por unas copas de champagne- se giro para mirarme y soltó su amarre- Enseguida vuelvo-
Dejándome completamente sorprendida y confundida en mi lugar, Edward dio media vuelta y se alejó rápidamente hasta la barra de bebidas que se encontraba vacía. Algo molesto entornó los ojos y girándose hacía mí para hacerme señas de que entraría a la casa por unas copas, desapareció por la puerta y me quedé completamente sola.
A mí alrededor, bastantes grupos de personas con las que había estado conversaban animadamente, y procurando no hacerme notar para no tener que conversar con nadie- estaba harta de hacerlo- , me dispuse a admirar el hermoso jardín decorado mientras esperaba a Edward.
Pero al parecer, mis planes de estar tranquila no se cumplirían en lo absoluto esa noche.
-Buenas noches, Bella-
La suave voz de Victoria Black me sacó de mis cavilaciones, y extrañada, miré a la extravagante, guapa y sofisticada mujer que tenía frente a mí con dos copas de champagne en la mano y me miraba de arriba abajo.
Contuve una maldición. Eso era lo único que me faltaba.
-Buenas noches-
Con una sonrisa falsa me ofreció una de las copas que llevaba y tomándola por cortesía, la miré serena mientras mi mente trabajaba a mil por hora.
¿Qué rayos quería esa mujer?
-Hasta que por fin te encuentro sola- comentó casi sarcástica- Por lo visto has sido la sensación de la noche-
¿Qué rayos podía contestar?
-No era mi intención- me encogí de hombros- Todos han sido muy amables-
-Me imagino- el mismo tono de sarcasmo no me pasó desapercibido- Después de todo eras el tesoro que querían conocer. La misteriosa esposa del magnate Edward Cullen-
Sin saber que decir me limité a mirar a mi alrededor solo para darme cuenta que estábamos en un lugar bastante iluminado y concurrido, casi al centro del jardín y a un lado de la pista. Y por supuesto, varios curiosos- por no decir muchos- ya nos miraban, y codeando a algunos a sus lados, cuchicheaban ligeramente.
La esposa y la ex prometida de Edward Cullen conversando en una fiesta familiar. Claro que eso debía ser un buen espectáculo. Maldición ¿Por qué rayos Edward me había dejado sola?
-Seguro querían saber que fue lo que Edward vio en ti para desposarte tan rápido- me miró de arriba abajo y tomó un sorbo de su copa- Yo también me lo pregunto, de hecho-
Abrí mis ojos sorprendida. Bien, ese sí había sido un ataque directo. Al parecer Victoria no se andaba por las ramas, y tal vez por despecho o mera curiosidad, realmente quería saber sobre mi matrimonio con Edward.
Y dejar en claro que no le agradaba nada.
-Porque sinceramente, no puedo entender cómo es que Edward se casó tan rápido con una completa desconocida y por supuesto, con una mujer fuera de nuestro nivel- cruzó sus brazos y meneó su copa- Bastante extraño, la verdad-
Ante ese evidente insulto, no pude quedarme callada por más tiempo y solté un simple quejido entre divertido y ofendido para mirarla de arriba abajo.
Comenzaba a hartarme.
-Creo que eso es algo que no te incumbe, Victoria, la verdad- me crucé de brazos y ladeé mi cabeza- Lo que Edward haga o deje de hacer no es tu asunto, así como yo no tengo porqué contestarte-
Frente a mí, Victoria alzó las cejas sorprendida y sonrió de medio lado.
-¿De veras?- se acercó un paso- Creo que no lo sabes querida, pero yo debería estar en tu lugar ahora-
-Pero no lo estás- sonreí- Y tú misma decidiste no estarlo cuando terminaste tu relación con mi esposo- me acerqué otro paso- Así que lo que él haga ya no es tu asunto-
-Vaya, vaya. Al parecer no estás tan ajena como yo pensaba- alzó las cejas de nuevo- Conociendo a Edward, me sorprende que sepas algo sobre él o su vida- lo pensó un momento- Digo, porque supongo que de lo único que estás enterada es de lo rico que es y la herencia que recibirá ¿O no?-
Ante esa última oración, abrí mis ojos de par en par y la miré unos instantes sin saber que decir. Maldición. ¿Acaso Victoria sabía o sospechaba algo de mi trato con Edward?
Maldición, Bella, contrólate! Decidida a no flaquear, recompuse mi expresión y la miré serena de nuevo.
-La herencia que recibirá por haberse casado contigo, por cierto-
No contesté. A nuestro alrededor, el silencio comenzaba a extenderse y todos comenzaban a mirarnos. Para entonces estaba tan enojada que no sabía si podría contenerme, y por dentro solo rezaba porque Edward llegara.
Pronto.
-Bueno, creo que ya lo sabes, querida- sonrió sarcástica- Esa es la única explicación a este absurdo…¿Matrimonio? ¿Podemos llamarle así?- rio irónica- Porque por cómo te veo, estoy segura que Edward jamás se fijaría en ti para…- me miró casi con lástima- Bueno…tu sabes-
Contuve el aliento y aferré mi copa con más fuerza. ¿Cómo era posible que esa maldita arpía hubiera sido prometida de Edward?
-Aunque eso no te concierne- me atreví a hablar- Mi matrimonio con Edward es como todos los demás. Algo que a ti no te interesa-
-Vaya, eso si no lo esperaba- tomó otro sorbo- Aunque bueno, me imagino que Edward debe satisfacer ciertas…necesidades. No creo que no te aproveche-
Inhalé profundamente y cerré mis dedos aún más alrededor de mi copa, con tanta fuerza que estaba segura que se quebraría en mi mano.
No podía más.
-Digo, porque no serás tan ilusa para creer que una vez que cobre su herencia se quedará contigo-
Se acercó a mí un poco más.
-¿O a poco eres tan ilusa, Bella?-
Con mi cuerpo tenso y mi cabeza a punto de reventar, tomé aire de nuevo. Frente a mí, Victoria bajó la voz un poco y sonrió de medio lado.
-¿Crees que te ama por qué te está follando por mera satisfacción?-
Aquello fue más de lo que pude soportar.
En un movimiento casi involuntario tiré el resto de mi caro champagne en la cara de Victoria quien, soltando un ligero gritito indignado se quedó boquiabierta mientras el líquido terminaba de arruinar por completo su peinado, su maquillaje de mal gusto y su vulgar vestido.
Yo me quedé estática en mi lugar, sintiendo las miradas de todo mundo sobre nosotras.
Y todo lo demás ocurrió en cámara lenta.
El silencio sepulcral que vino después fue tan pesado e intenso que no se escuchaba absolutamente nada salvo la música de fondo, mientras a nuestro alrededor el montón de personas que antes nos miraba de reojo ahora nos miraba fijamente y boquiabiertos.
Con mi respiración algo acelerada y sin saber qué hacer, miré entre la multitud a Renesmee, a Alice y a Esme quienes boquiabiertas tenían una expresión de verdadera diversión en sus rostros.
Y finalmente miré a Edward, quien con dos copas de champagne en su mano, boquiabierto y con sus ojos abiertos de par en par, me miró sorprendido y estático desde su lugar.
A escasos cuatro metros de nosotras, parpadeó ligeramente y sabiendo que estaba lo suficientemente cerca para oírnos, me acerqué a Victoria para hablar.
-No sé cual sea tu problema, pero que te quede claro que no voy a permitir que me insultes a mí o a mi esposo- dije entre dientes- Te metes con lo mío y no respondo, Victoria-
Sentí a Edward acercarse lentamente, y decidida a no dejar que me regañara frente a todos o hiciera algo que me humillara más, rematé con Victoria.
-Y si me disculpas, no pienso seguir perdiendo el tiempo contigo-
Antes de poder largarme de una buena vez del lugar y de esa incómoda situación, sentí la presencia de Edward detrás de mí e incapaz de dar un paso atrás o siquiera girar y enfrentarme a su mirada, me quedé en mi lugar y esperé a que la idiota de Victoria reaccionara.
Eso hizo, y pretendiendo que no existía levantó la vista para mirar a Edward y agarró un mechón de su estropeado cabello en la mano.
-¿Vas a dejar esto así?-
Ante aquella pregunta chillona y malcriada, entorné los ojos esperando un regaño por parte de Edward que nunca llegó.
-Creo que mi esposa fue clara contigo, Victoria-
Aquella seria oración, dicha en voz baja pero con una fuerza aplastante, nos dejó sorprendidas tanto a Victoria y a mí durante unos segundos en los que saboreé internamente la frase. Frente a nosotros y haciendo una rabieta digna de premio, Victoria soltó un gemido frustrado y dio media vuelta para meterse a la casa como alma que se le lleva el diablo.
Durante unos incómodos segundos todo permaneció en silencio hasta que el espectáculo terminó y poco a poco todos los presentes volvieron a sus asuntos, intentando retomar sus conversaciones y mirando de reojo de vez en cuando a nuestra dirección.
Incapaz de girarme y con mis ojos cerrados esperando un regaño, sentí a Edward moverse lentamente detrás de mí hasta que sentí su agarre en mi mano con fuerza y abrí mis ojos para mirarlo.
Con la misma autoridad de siempre, una expresión serena y ojos vacíos que fui incapaz de descifrar, se inclinó hasta que nuestros rostros quedaron a escasos centímetros.
-Nos vamos-
Dijo entre dientes, y sabiendo que lo mejor sería obedecer, lo dejé jalarme ligeramente por el jardín hasta la entrada del mismo en donde se encontraban Esme, Carlisle, Alice, Jasper, Emmett y Rosalie, al parecer conocedores del carácter de Edward y seguros de que su decisión sería que nos fuéramos.
Al mirar sus rostros sonrientes fui incapaz de aguantar mi felicidad al saber que me apoyaban, y sonriendo ligeramente seguí a Edward como la esposa abnegada hasta que estuvimos frente a todos.
-Bien, mi esposa y yo nos vamos- me soltó la mano y abrazó a su padre- Feliz cumpleaños, papá-
-Vayan con cuidado, hijo- Carlisle le dio una palmada en la espalda- No te preocupes-
Una vez separados, miré a Esme y a Carlisle y los abracé ligeramente.
-Hasta luego- me separé y los miré compungida- Y siento mucho lo que…-
-No te disculpes, querida- Esme meneó su cabeza y tomó mis manos- Tu eres de la familia ahora y no tienes porque soportar insultos de nadie, mucho menos de Victoria-
Ante aquella simple revelación, sonreí agradecida y con lágrimas en los ojos aferré sus manos. Entonces recordé que mi matrimonio era una mentira, y aunque no pertenecía a esa familia, permití que sus palabras me reconfortaran.
Una vez que Edward se alejó de su hermana y siguió con los demás para despedirse, Alice me abrazó con fuerza.
-No te preocupes, todo mundo sabe como es la zorra de Victoria- susurró contra mí oído -De hecho, estoy segura que más de la mitad de los que vieron están felices porque finalmente alguien la puso en su lugar-
Me alejé de ella y la miré esperanzada.
-¿De veras?-
-Te lo aseguro- aferró mis manos sonriente- Así que yo que tu, no me preocuparía por eso- miró a Edward quien terminaba de despedirse de Emmett y Rosalie- Y me preocuparía más por tu esposito-
Ante aquella simple revelación, solté un suspiro y Alice me miró con una sonrisa conciliadora.
-Buena suerte, Bells-
Agradecí mentalmente mientras Edward tomaba mi mano y nos sacaba de ahí. Y al mirar su semblante serio y su mandíbula tensa, supe que la iba a necesitar.
Quince minutos después de tensión en la limusina y silencio sepulcral, las puertas del elevador se abrieron y entramos a la suite de Edward. Con el lugar completamente solo y a oscuras, Edward me guió lentamente por la sala hasta las escaleras y sin decirme nada comenzó a subir rápidamente, como si tuviera una idea en mente que nadie le iba a quitar hasta lograrla.
Detrás de él y sintiendo su mano aferrar la mía con fuerza, llegó al segundo piso y caminó directo a su habitación.
Algo nerviosa y sin saber que esperar, tragué saliva y me aventuré a hablar.
-¿No me dejarás ir a mi habitación?-
-No-
-¿Por qué?-
De espaldas a mí, Edward abrió la puerta de su habitación y una vez que estuvimos dentro me soltó la mano y cerró la puerta detrás de él. Con sus ojos verdes completamente oscurecidos, me miró de arriba abajo como si quisiera traspasar la tela de mi vestido de seda y yo contuve un escalofrío.
-Porque esta noche voy a hacerte mía en mi habitación- contestó sereno- Y en mi cama, Bella-
Jamás esperé aquella respuesta, y sin poder evitarlo, un escalofrío me recorrió entera.
Consciente de mi reacción, Edward comenzó a caminar en mi dirección mientras se aflojaba la corbata y se deshizo de su saco para aventarlo en el enorme sofá de la esquina.
Lentamente.
Todo sin dejar de mirarme.
-Ah…- inhalé profundamente- ¿Sí?-
Sonriendo ligeramente, se detuvo a encender las tenues luces de sus lámparas, iluminando todo el lugar a media luz y dándole un toque romántico a la habitación. Y sexy.
Bastante sexy.
Frente a mí, Edward comenzó a desvestirse lentamente y una vez que se deshizo de su saco, su corbata, su cinturón, sus zapatos, calcetones y quedó solo en camisa y pantalón, se detuvo a escasos centímetros de mí.
-Sí-
Lentamente pero sin darme tiempo a nada más, tomó mi mano y me guió por su habitación hasta que estuvimos entre su enorme cama y el espejo de cuerpo completo a un lado de la puerta del baño. Una vez ahí, tomó un pequeño taburete y colocándolo a un lado de nosotros, llevó sus manos a mi cuello para comenzar a quitarme la gargantilla de diamantes y esmeraldas que llevaba.
-Me hiciste quedar en ridículo, Señora Cullen- susurró sereno -Pero no sabes lo bien que me hizo sentir verte así por mí. Fue bastante…excitante-
Sin poder evitarlo y ayudada por la sensación de sus manos recorriendo mi cuello, contuve la respiración para después tragar saliva.
Estaba nerviosa. Muy nerviosa.
-¿Ah sí?-
Sonrió ligeramente y siguió con mis zarcillos.
-Sí- una vez que tuvo todas mis joyas en la mano las dejó en la mesita a un lado de su cama- Y por eso, creo que en vez de castigarte, te daré una recompensa-
Me miró con ojos oscurecidos y al escucharlo mi respiración se agitó de inmediato.
-¿Recompensa?-
No contestó. Sin perder su sonrisa, miró mi cabeza y señaló la horquilla que detenía mi cabello.
-Deshazte el peinado-
Eso hice. Con cuidado de no lastimarme, deshice el rodete de mi cabeza y una vez que mi cabello quedó libre, lo meneé un poco para que no se enredara y dejé las horquillas junto con mis joyas. Sin saber que más hacer y nerviosa de seguir sus instrucciones con tanta lentitud, me quedé estática en mi lugar y esperé a que hablara.
-Bien, así me gusta. Tienes un cabello precioso, Bella, y me gusta suelto cuando estas desnuda- tomó mi cabello en una mano y lo soltó para dar un paso atrás- Ahora date la vuelta. Es hora de quitarte ese vestido-
Tragué saliva. Con mi corazón latiendo desbocado, hice lo que me pedía y me giré para quedar de espaldas a él. Con una lentitud digna de premio y segura de que estaba disfrutando con aquello, sentí su presencia a escasos centímetros de mí hasta que finalmente llevó sus manos al zipper de mi cierre y haciendo exactamente lo contrario a esa tarde, comenzó a bajarlo lentamente.
Muy lentamente.
Como si quisiera torturarme sentía sus dedos rozar mi espalda conforme el zipper bajaba con extrema lentitud, y decidiendo que necesitaba distracción giré mi cabeza para mirarlo sobre mi hombro.
-Victoria fue la que me provocó, lo sabes ¿Verdad?-
Una vez que el zipper estuvo abajo, llevó sus dedos al broche de la tira de mi cuello halter para deshacerlo en un santiamén y con una facilidad increíble el vestido cayó hasta arremolinarse en mis caderas.
Dejando mis pechos y mi vientre completamente desnudos.
Entonces pegó su cálido pecho cubierto con la camisa a mi espalda desnuda y contuve el aliento.
Cuando sus manos algo frías se posaron abiertas en mi vientre, solté un ligero jadeo.
La sensación fue alucinante.
-Lo sé- subió sus manos lentamente por mi vientre hasta detenerse en mis pechos- Sin sostén- sin aviso alguno, acunó mis senos y los apretó con fuerza, sacándome un gemido- Eso me gusta-
Incapaz de hablar, lo dejé jugar con mis pechos a su antojo mientras sus labios depositaban un reguero de besos por mi cuello y mi hombro, debilitándome y excitándome lentamente. Alternando caricias suaves con caricias rudas, masajeaba y apretaba mis pechos y pellizcaba mis pezones con fuerza, obteniendo a cambios gemidos que iban en aumento mientras me pegaba a él.
Jugando lo suficiente para excitarme pero no para satisfacerme, dejó mis pechos y llevó sus manos a mis caderas para tomar la tela de mi vestido que cayó por mis piernas en un santiamén.
Dejándome desnuda excepto por mis bragas de encaje y mis zapatos de tacón.
-Da un paso a tu derecha-
Eso hice, y una vez que salí del vestido por completo, Edward tomó el taburete y lo colocó frente a mis pies para tomar mi mano.
-Bien- aferró mi mano y señaló el taburete con la otra -Ahora, pon tu pie en este taburete- lo hice sin chistar- Quítate el zapato-
Con algo de dificultad, deshice el broche y una vez que me quité el zapato y lo dejé en el piso, me enderecé para mirarlo.
-Yo no quería…-
Sin darme tiempo a decir más, Edward me miró con ojos que podían atravesarme y que para entonces estaban tan oscurecidos que se veían de un esmeralda intenso.
-Callada, ahora- me calló al instante -Ahora tu otro pie y quítate el otro- repetí el proceso con el otro pie -Perfecto-
Una vez que estuve mucho más bajita que Edward y quedé de frente a él casi desnuda y completamente sonrojada, hizo algo que jamás hubiera esperado. Con una lentitud increíble, se hincó frente a mí y llevando sus manos a la parte trasera mis muslos, miró mi entrepierna aún cubierta como si fuera un tesoro y soltó aire con fuerza para llevar sus dedos a los bordes de mis bragas.
-De estas me encargo yo-
Sin decir nada más, bajó mis bragas lentamente por mis piernas y una vez que cayeron al suelo las deslizó por mis pies para aventarlas al otro lado de la habitación.
Dejándome desnuda y con mi entrepierna descubierta a la altura de su rostro.
La sangre comenzó a correr como loca por mis venas, y como si quisiera torturarme más, colocó sus manos extendidas en mis muslos, con sus dedos muy cerca de mi entrepierna.
-Te quiero besar…aquí- subió su mirada para toparse con la mía y sus dedos rozaron mi entrepierna -Pero no sé si aguantes parada la primera vez-
Sin poder evitarlo, abrí mis ojos sorprendida y jadeé ligeramente. ¿Cómo podía decir esas cosas y excitarme tanto?
Antes de poder responderle, Edward se levantó hasta que quedamos frente a frente y acarició mi rostro con su mano.
-Te deseo tanto…- lo pensó un poco, y una vez que lo decidió, me tomó de la mano y me guió hasta su cama- Ven, siéntate en el borde-
Obedecí, y no solo pensando en satisfacerlo a él, sino a mí. Con algo de timidez y reticencia, me senté en el borde de su mullido colchón cubierto aún y una vez que estuve acomodada Edward se hincó de nuevo en el suelo y su rostro quedó a la altura de mi entrepierna otra vez.
Tragué grueso y abrí mis ojos ligeramente.
-Ahora abre las piernas-
¿¡Qué!?
Durante unos segundos me limité a mirarlo con mis ojos abiertos de par en par, intentando controlar el mar de emociones y sensaciones que me asaltaban al punto de impedirme pensar claramente.
Maldición, y todavía no me hacía nada!
Pasando de la sorpresa a la duda, lo miré sin saber qué hacer y Edward sonrió ligeramente, entendiendo mi reacción.
-Vamos, cariño, no seas tímida. Abre tus piernas y déjame verte-
Durante unos instantes pensé en lo que me había pedido y lo que eso significaba.
Verme. Expuesta a él. Rendida a él. Eso significaba.
Entonces supe que quería hacerlo, y con algo de timidez abrí mis piernas y lo dejé hacerlo. Con mis ojos cerrados, solo las puntas de mis pies tocando el suelo y mis piernas completamente abiertas, mi respiración entrecortada y mi pulso acelerado, dejé pasar unos segundos hasta que finalmente abrí los ojos y bajé la mirada para ver a Edward.
Solo para toparme con una expresión que jamás olvidaría. Con sus labios entreabiertos y su respiración irregular, mirándome como si no pudiera creer lo que veía.
Mirándome ahí. En el centro de mi placer.
Admirándome. Admirando hasta el último rincón de mí.
-Maldición. Eres aún más hermosa de lo que imaginaba- finalmente llevó sus manos a tocar mis rodillas -Ahora, te voy a besar y acariciar con mi lengua, Bella. ¿Estás lista?-
Con su lengua!
Como única respuesta, solo atiné a asentir ligeramente mientras mi cuerpo me pedía a gritos sus caricias y Edward sonrió ligeramente, claramente satisfecho de mi reacción. Imaginaba lo excitada que debía verme ahora, y darme cuenta que eso le gustaba me excitó mucho más de lo que podía imaginar.
Tomándose su tiempo y de manera tortuosa, como él bien sabía hacer, dejó vagar sus manos por mis piernas a su antojo y lentamente, bajando por la parte delantera de mis pantorrillas hasta los dedos de mis pies y subiendo de nuevo por la parte posterior hasta mis rodillas de nuevo.
Entonces se inclinó ligeramente para depositar un ligero beso unos cuantos centímetros debajo de mi rodilla y solté un jadeo extasiado. Un simple beso que prometía mucho más pero que era muy poco para satisfacerme.
Entonces siguió con su tortura. Lentamente, comenzó a dejar un reguero de besos por mis piernas mientras formaba un camino en forma ascendente. Cada rincón que sus manos acariciaban eran cubiertos con un beso, e incapaz de alejar mi mirada de él, disfruté cada caricia que resultaba casi tan tormentosa como placentera. Con una habilidad increíble, besó y lamió la punta de mis dedos, mis pantorrillas y mis rodillas mientras sus manos subían en la misma dirección, y mis ligeros jadeos aumentaban conforme la tensión en mi entrepierna lo hacía también.
Y cuando finalmente depositó un beso en la parte interna de donde comenzaban mis muslos, me arqueé ligeramente y tuve que colocar mis manos en el colchón detrás de mí para sostenerme.
Como respuesta, sentí la ligera sonrisa de Edward contra mi piel ardiendo mientras su boca subía por la parte interna de mis muslos de forma alternada y sus manos acariciaban en dirección contraria.
Entonces lo sentí cerca, muy cerca de ese lugar que lo esperaba con ansias desde hacía rato, y como si supiera lo desesperada que estaba porque llegara ahí ya, se alejó lentamente para mirarme y yo reprimí un gemido frustrado.
Me iba a volver loca.
-Tienes unas piernas increíbles Bella. Me encantan- me miró fijamente -Como me encanta todo de ti- bajó su mirada para mirar mi entrepierna -Pero hay algo que hace mucho tiempo me muero por probar-
Aquello fue demasiado.
Con mi respiración irregular y mordiendo mi labio inferior para evitar gemir en respuesta, esperé a que hiciera lo que acababa de decirme. Pero Edward no pensaba dejármelo fácil.
Con una lentitud digna de premio, se acercó de nuevo solo para depositar un beso en mi vientre justo por encima de mí entrepierna, e incapaz de soportar más aquella agónica y deliciosa tortura, arrugué las sábanas debajo de mí con fuerza y solté un gemido casi agónico.
Aquello era más de lo que podía soportar, y para entonces estaba tan mojada que lo necesitaba dentro de mí con desesperación.
-Edward…- gemí su nombre en una súplica- Por favor-
-¿Por favor qué, cariño?-
Como pude, bajé la mirada para toparme con sus intensos ojos esmeralda mirándome de regreso, y tomé una larga bocanada de aire para decir algo coherente.
-Bésame, ya-
Como única respuesta, Edward sonrió de medio lado satisfecho y me echó una última mirada antes de enterrar la cabeza entre mis muslos.
-Con gusto-
Finalmente sus labios se pusieron en contacto con mi sexo, y como única respuesta solté un sonoro gemido y me arqueé hacia atrás para arrugar las sábanas con fuerza.
La sensación fue simplemente alucinante, y entre mis piernas Edward se detuvo unos instantes tal vez para dejarme absorber el placer.
Algo que logré en muy poco tiempo.
Entonces movió su lengua y comenzó su suave tortura. Con una cadencia desquiciante, Edward se limitó a conocer, explorar y tomar todo a su paso, suaves caricias con su lengua mientras reclamaba mi sexo y obtenía a cambio suaves gemidos que salían de mi boca y se hacían cada vez más fuertes.
Ese hombre iba a volverme loca de placer, y para entonces, no tenía noción ni de quién era.
Ofuscada por la increíble sensación de su lengua haciendo maravillas en mi sexo, todo a mi alrededor desapareció por completo y solo fui consciente de la cabeza de Edward entre mis piernas, lamiendo y reclamando todo a su paso. Yo por mi parte solo era capaz de jadear y gemir con fuerza, y sin saber qué rayos hacer para soportar el placer llevé mis manos a acariciar su broncíneo cabello mientras sus caricias me llevaban poco a poco a la gloria.
Entonces sentí su lengua tocar mi clítoris para después comenzar a hacer círculos alrededor de él, y como única respuesta, gemí su nombre y jalé su cabello con fuerza.
-Edward!-
Y cuando rodeó mi hinchado clítoris con su boca y succionó con fuerza, me arqueé mientras sentía como desfallecía de placer.
-Por Dios, Edward!-
Ante ese ruego algo contradictorio, Edward solo pareció excitarse más y bajó su boca unos cuantos centímetros para enterrar su lengua dentro de mi mojada cavidad, sacándome un grito de placer que me atronó los oídos.
No se detuvo. Con una agilidad increíble para saber cómo y dónde acariciarme para volverme loca de placer, Edward aumentó el ritmo de las caricias y aferró mis temblorosas piernas con fuerza mientras penetraba mi sexo con su lengua, asaltando ese punto exacto de mi placer.
Continuó su tortura. Tumbada en la cama, sentada en el borde mientras hincado frente a mi Edward se dedicaba a probarme y explorarme con su lengua, estaba totalmente expuesta y a su merced. Y la idea de que el hombre que tenía entre mis piernas era mi hombre, quien me hacía sentir tan deseada y deseosa que lo único que podía pensar era en tenerlo dentro de mí, me golpeó con fuerza y me di cuenta de lo vulnerable que estaba.
Perdida.
Entonces lo sentí. Como una espiral envolviéndome, el placer acumulándose en mi vientre y en mi entrepierna, en mis manos que aferraban su cabello, en mis piernas que temblaban entre sus manos. El placer de mi próximo orgasmo, y todo perdió sentido.
Entonces levanté la vista y con la mirada borrosa pude apreciar mi reflejo en el espejo de cuerpo completo frente a mí, y entendí a la perfección porque Edward eligió ese lugar para hacerme el amor.
Me vi sentada en su cama y con mis piernas completamente abiertas, desnuda, jadeante, sudorosa; y a Edward entre mis piernas, totalmente vestido, hincado y dándome placer con su lengua.
Edward. Amándome.
Y aquello fue lo último que necesité para llegar al orgasmo, que me golpeó con una fuerza increíble y me desconectó de toda realidad. Soltando un largo gemido con su nombre, me arqueé con fuerza y arrugué las sábanas entre mis manos, y con Edward aún entre mis piernas saboreando los restos de mí clímax con su lengua, me dejé caer en la cama detrás de mí, con mi respiración ajetreada, mi pulso acelerado y mi cuerpo incapaz de responder.
Drenada de toda energía pero satisfecha hasta el último rincón de mi cuerpo, cerré mis ojos e intenté recuperar el aliento.
Algo que no pude hacer en absoluto.
Diez segundos más tarde, aún aletargada por el clímax y sin saber cómo rayos había logrado desvestirse y ponerse el maldito condón tan rápido, Edward me arrastró al centro de la cama para colocarse encima de mí y sin mayores ceremonias me penetró. Fuerte.
Solté un fuerte grito de placer.
-Ah!-
Edward gruñó satisfecho.
-Bella…- me besó con un gemido ahogado en su garganta- Bella-
Repitió mi nombre como si fuera una liberación, y ofuscada por la sensación de tenerlo dentro, me arqueé en respuesta y me aferré a él con fuerza.
Inundada de placer pegué mi cuerpo al suyo y lo besé con fuerza para comenzar a moverme debajo de él, pero contrario a lo que hubiera esperado, él no lo hizo. Enterrado completamente en mí, me miró unos instantes como si estuviera sopesando una idea, y una vez que pareció decidirse, me devolvió el beso y llevó sus manos a mi cintura.
Con una facilidad increíble, me alzó sobre su cuerpo y se giró para quedar boca arriba, conmigo a horcajadas sobre su cintura.
Y con él enterrado hasta lo más profundo de mi interior.
-Ah…-
Solté un ligero gemido satisfactorio, y saliendo de mi impresión inicial, coloqué mis manos en su pecho y me agaché sobre él para mirarlo. No tenía idea de que hacer ahora, pero sin duda, de esa manera lo sentía más dentro de mí.
Era tan profundo en aquella posición.
Y me encantaba.
-Tú, arriba de mí- tomó mis manos- Tu mandas, Bella. Soy todo tuyo-
Mío. Yo, haciéndole el amor.
-E…entonces…- comencé atropelladamente.
-Muévete, Bells-
Y eso hice. Con algo de inseguridad al inicio pero completamente dispuesta a hacerlo, comencé a moverme lentamente arriba y abajo sobre él, descubriendo que de aquella manera todo era más profundo y las sensaciones más placenteras. Sus manos comenzaron a moverse libremente por mi cuerpo, acariciando mis piernas, aferrando mi trasero, o acariciando mis sensibles pechos, arrancándome suaves y deliciosos gemidos mientras me movía sobre él.
Entonces me di cuenta que yo marcaba el ritmo y entendí lo que me había dicho. De esa manera yo tenía el control. Yo mandaba.
Era mío. No de Victoria, ni de Tanya, ni de alguna otra de sus amantes. Mío.
Darme cuenta de aquello me excitó todavía más y una vez que me acoplé a aquella posición comencé a subir y bajar con mayor rapidez sobre él, sacándole un gemido satisfactorio mientras los míos iban en aumento.
Poco a poco sus embestidas comenzaron a aumentar en fuerza e intensidad, y llevando sus manos a mis caderas para ayudarme a moverme, comenzamos un suave vaivén en donde yo bajaba y él subía a mi encuentro, y aquello fue lo único que necesitamos para perdernos.
Para perdernos el uno en el otro.
Y eso fue lo único en lo que pude pensar. En nuestras caderas chocando en una deliciosa sintonía, en nuestros cuerpos moviéndose en sincronía.
En mí tomando las riendas y viéndolo rendido debajo de mí, permitiéndome tomarlo a mi antojo.
Haciéndolo mío.
Y el problema con Victoria se volvió tan insignificante que lo borré por completo de mi mente.
Solo éramos él y yo.
Con ese pensamiento en mente, le hice el amor hasta que ambos llegamos juntos a la cima del placer.
¿Qué les pareció? ¿James y Victoria tan odiosos como siempre o peor? ¿Se redimió el capítulo con la escena final?
De nuevo, quiero agradecer a todos los que me dejan reviews, que ya son tantos que no me da el tiempo de mencionarlos, pero saben quienes son! Gracias también a los que me agregan a favoritos y me leen.
Espero poder actualizar pronto, y como única pista les diré que el siguiente capítulo tratará de un cumpleaños. ¿De quién? Los dejo adivinar ;)
Saludos!
