Hoooola, a todos, déjenme decir que los he extrañado :( Pero, ustedes han dejado de comentar y eso me desmotiva, es como "bah, para qué actualizo, si a nadie le gusta"

Pero he vuelto y este es el último capítulo antes del epílogo, y espero que les guste.

Espero sus comentarios, con sugerencias, reclamos, etc...

Los quiero y espero no demorarme tanto en actualizar,

besos.


Verdades.

El ambiente de la casa de los Weasley-Granger pareció separarse del resto del ambiente del mundo, como si estuvieran en una burbuja. El tiempo se detuvo para todos.

No había un sentimiento en general como rabia o algo por el estilo, sino como una mezcla de todos.

Adentro de Rose, creciente como la marea azul de sus ojos estaba el miedo pero algo que la oprimía aun más era la culpa. Culpa de sus actos, culpa de durante muchos años haber ocultado tanto, culpaba de haberse rendido ante la tentación.

Sin embargo, ahora estaba con ella una sensación que antes no la tenía. 'Ahora o nunca'.

Sí, claro que temía ver a su padre, pero lo quería saber, ahora o nunca. Quería saber si la odiaba, si algún día su relación podría ser la misma de antes. Y por primera vez desde que esa puerta se volvió a abrir se dio cuenta que había sido la mejor decisión.

Mejor era saber las cosas tarde que temprano y en ese mismo momento quería saber si su padre la odiaba o no lo hacía y ya hace mucho que se había cansado de preguntárselo cada noche, y no quería seguirlo postergando. Y no, no iba a seguir subyugada a la pena, podría vivir con ello. Levanto sus ojos azules del pavimento y miró directo a los ojos de Ron, que se había desconectado del mundo y sólo podía mirar a Rose.

No se podía describir exactamente de qué forma lo hacía, sólo lo hacía.

Después de unos segundos de intensas miradas, Ron se fue, volvió al interior de la casa.

Algo dentro de Rose se terminó de romper, sin embargo, quería escucharlo de su propia boca, iría tras él y le haría saber lo que siempre se calló. Pasó por el frente de todos y pasó bajo el marco de la puerta. Escuchó la puerta del jardín abriéndose y luego cerrándose bruscamente. Con cada paso que daba dentro de la casa sus ojos se sentían cada vez más pesados y las lágrimas empezaban a tomar poder de ellos, sin embargo, ninguna logró escapar.

Pronto estuvo en el jardín y la espalda ancha de su padre estaba frente a ella. Dio los pasos necesarios hasta que estuvo a centímetros de él y con una determinación que creía inexistente en ella, puso sus manos sobre su espalda y lo hizo girar.

Cuando Ron Weasley se volteó, algo en su mirada hizo que Rose sintiera el impulso de pedir perdón y con esto, cada uno de los posibles monólogos que le daría a su padre sobre todo lo que había sentido en todos esos años, se desvanecieron al instante.

Por su parte, Ron no sabía qué hacer o cómo reaccionar. Los momentos en los que estallaba de rabia al recordar lo de Rose con James habían pasado hace mucho tiempo, con el paso de los meses la había empezado a extrañar. Sin embargo, ahora que el momento había llegado, muchas cosas se habían olvidado y otras reaparecido. Había olvidado las palabras de consuelo que le daría a su hija cuando volviera, había olvidado cómo decirle cuánto la había extrañado, había vuelto ese sentimiento de rabia, de traición, de desconsuelo.

-Lo siento. -Fue lo único con lo que Rose rompió el silencio que se instalaba entre los dos, sin embargo, sus palabras no eran consistentes con su tono de voz. Eran secas, duras y tenaces.

-Rose... -Empezó a decir Ron, dándose cuenta de la verdadera intención de ella con esas palabras.

-No... -Rose reaccionó y recordó todo lo que había pensado. - No, papá... no lo siento... No me arrepiento de nada, la verdad. ¿Sabes? Nos pudimos haber quedado acá y decirle la verdad a todos, incluso mucho antes de que esto pasara, pero... pero ustedes no lo aceptarían. La perfectísima familia Weasley-Potter no lo aceptaría ¿por qué? Porque pareciera que todo el cargo de los apellidos que ninguno de nosotros, nuestros primos pedimos, recayera sobre nosotros. -Dijo Rose, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. -No, ninguno de ustedes tienen ni idea de qué secretos se esconden entre nosotros, porque pareciera que tendremos que ser perfectos para honrar estos "apellidos" -bufó- ¿Qué pensaría la gente más importante del mundo mágico al ver que la hija de Ron Weasley y Hermione Granger caminando de la mano con su primo, el hijo de Harry Potter? ¡Qué verguenza! -dijo Rose irónicamente- ¿Qué pensarían los amigos del ministerio al saber que su hija está embarazada de su primo? ¿Qué pensarán los amigos al saber que a una de mis primas hace mucho que le dejaron de interesar los hombres?

Ron estaba desconcertado, si creía conocer a su hija, en ese momentos se daba cuenta de lo equivocado que estaba. Empezó a balbucear algunas cosas pero Rose no lo dejó continuar.

-No, papá, déjame decírtelo todo, déjame darte todas las explicaciones que me vas a pedir. Sí, James y yo decidimos irnos de aquí, lejos de todos porque no queríamos que ella, que Diane, sí, así se llama, creciera como lo hicimos todos nosotros. Quisimos que por lo menos por algún tiempo nadie supiera quién era ella, no porque nos de pena, si no porque queríamos que no tuviera ningún peso de algún apellido sobre ella. Ella va a ser quién quiera ser, y no porque sienta ninguna obligación. -Rose empezó a respirar al fin, después de su discurso había terminado exaltada, sin embargo después pensó que había sido un poco dura. -Pero... tal vez nunca eso hay sido su intención... pero, así son las cosas, papá.

Ron la miraba desconcertado, tenía tantas cosas que decir pero no quería decirlas, prefería guardárselas antes de que Rose lo odiara aun más. Después de ver cómo las lágrimas empezaban a deslizarse por las mejillas de Rose sólo se atrevió a hacer una cosa: abrazarla. Ya abría tiempo para reclamos, para explicaciones, ahora lo único que quería era abrazarla.

Cuando Rose sintió los brazos de su padre sobre ella, se desbordó. Se aferró a él tal como una niña de 5 años. Primero sólo sollozaba, pero después de un tiempo, dejó que todo saliera de ella. No recordaba llorar así en mucho tiempo. Incluso se escucharon pequeños gritos, dejó que las paredes de dolor que la recubrían se desgarraran con cada grito, con cada lágrima. Ron intentaba ser fuerte, no por lo de James y su embarazo, eso lo había superado hace mucho. Lo que le dolía en cada fibra era ver a su hija así, a su niña con tanto dolor adentro. Pero cuando se dio cuenta que ella, Hugo, y probablemente todos sus sobrinos vivieron lo mismo que Rose, algo se quemó dentro de él. Pasaron los segundos y Rose se fue calmando hasta que al final, pudieron hablar "tranquilamente". Después, Ron le pidió a Rose que lo llevara con su hija. Rose finalmente sonrió verdaderamente.

Cuando volvieron a la puerta, se dieron cuenta que Hugo ya había bajado y Rose se sintió culpable una vez más. ¿Cómo había podido abandonar a su hermano? Se había perdido tanto, ya estaba tan grande, incluso más que antes, ya era todo un hombre. Ron tosió intencionalmente y Hugo que tenía a Diane en sus brazos, se giró para encontrase con su hermana y su padre en la puerta. Sus ojos brillaron y una expresión de hombre se torno a un niño conmovido. Dejó a la niña con Hermione y corrió hasta dónde Rose para fundirse en un abrazo que había imaginado hace tiempo. Ahora era mucho más alto que Rose y la acuno en sus brazos por un largo tiempo.

Mientras ellos se abrazaban, Ron se dirigía tímidamente hacía su esposa. Ignoró por completo a James que esperaba expectante y Hermione lo halo hacia dónde de ella y puso a la niña en sus brazos. Se parecía tanto a Rose, era como si el tiempo hubiera vuelto atrás y estuviera cargando a su hija de nuevo, pero no, no era su hija, era su nieta. Era Diane Potter Weasley.

El tiempo empezó a pasar desde aquel momento y tanto Rose como James nunca habían sido tan felices desde que Diane había nacido. El mayor peso que tenían sobre sus hombros había desaparecido paulatinamente a medida que toda la familia se reencontraba. Los siguientes fueron Los Potter: tanto Albus como Lily habían quedado encantados con la niña.

Y James por fin pudo tener su momento con Lily: había tantas cosas que quería decirle y tantas palabras de perdón que hasta la dura y rencorosa personalidad de Lily cedió ante él y las lágrimas no se hicieron esperar. James la conocía tan bien que sabía que esa imagen de mala y dura que quería proyectar no era ella. Harry y Ginny también los aceptaron al instante.

Después de que la mayoría de la familia se enterara, aún había una persona con la que Rose no había hablado y era a la que más tenía que darle las gracias: Teddy. No sabía qué había pasado con él después de que se fue. Sin embargo, él estaba de viaje, no se sabía cuando regresaría y Rose no soportaba tener ese peso encima, que él creyera que ella lo odiaba.

Cinco meses después, consiguieron un apartamento en la ciudad y se instalaron allí. James pudo seguir estudiando en la academia de aurores y Rose esperaría un tiempo antes de volver a estudiar. Esperaría un tiempo antes de que la vida volviera a su ritmo habitual, claro que ahora lo habitual era que los dos tuvieran que pensar en su hija antes que en ellos mismos.