Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Casualidad
XI
Directo al vacío
No fue difícil lo que continuó. Con el dinero reunido por Argon, Bulma se encargó de arrendar un aerocoche de lo más espacioso y elegante, digno de ser usado por la presidenta de la Corporación Capsula. Luego fueron a la mejor tienda que pudieron encontrar y cambiaron las vestimentas de pies a cabeza. Bulma parecía una elegante mujer de negocios y Argon su fuerte guardaespaldas de mirada enigmática gracias a los lentes oscuros. Lo que quedó del dinero ganado por el hombre lo gastaron en documentación falsa, ya que no podría sacar nada del banco si se presentaba con su nombre real. No fue un trabajo duro conseguirla. En los barrios bajos podían falsificar lo que uno quisiera si tenían el efectivo para pagarlo.
Para que todo saliera a la perfección, Bulma instruyó a Argon para que se comportara como lo hacen los guardaespaldas, de lo contrario podrían llamar la atención y eso era lo último que necesitaban.
Argon condujo el lujoso aerocoche y Bulma le indicó en el mapa proyectado en el parabrisas la ubicación del banco. Ya no tenía que conducir por las calles y sobre edificios. Ahora tuvo que subir y subir, dejar atrás a toda la gente y construcciones antiguas en mal estado. El cielo comenzó a cambiar y en lugar de encontrarse rodeado de smog y oscuridad, los colores celestes y blanco tomaron completo protagonismo.
Allá muy arriba en las alturas no estaba sobrepoblado, eran pocos los edificios que se encontraban cercanos a otros y la gente jamás perdía el tiempo de mirar hacia abajo, a los más desafortunados que fueron olvidados.
Vegeta continuó de pie y firme en un rincón de la oficina donde Bulma estaba siendo atendida por el gerente del banco. No todos los días un cliente iba a retirar toda su fortuna. Debía atenderla personalmente.
—Es una lástima que decida abandonarnos. Su dinero siempre fue muy bien cuidado e invertido —dijo el hombre de piel azul escamosa que vestía de manera muy elegante, de acuerdo a su profesión. Tenía un acento extraño, pero se le entendía a la perfección cada palabra.
—Lo sé, pero a veces una tiene que seguir su instinto y mi instinto ahora me dice que debo invertirlo en algo más—. Bebió de la taza de café amarillo que le sirvió el secretario del gerente. Era una bebida muy buena y cara, no perdería la oportunidad de probarla, especialmente después de haber bebido tanto vino la noche anterior. Agradecía la existencia de los anteojos oscuros.
—Esperamos tenerla pronto de regreso, señorita Queenof Theearth. Las puertas de este banco siempre estarán abiertas para usted.
—Lo sé y agradezco. Después de abrir las sucursales de la Corporación Capsula de mi padre tengo pensado volver.
—¿En qué planetas piensa expandirse? —preguntó el hombre intentando parecer interesado, pero en realidad no era así. Debía hacer conversación hasta que trajeran la absurda cantidad de dinero que pidió su cliente.
Bulma sabía que preguntaba para que no hubiera silencios incómodos, pero continuó hablando y dando detalles acerca de la empresa de su padre y de todo lo que haría. Habló sobre las naves, robots, filtros de aire y ciento de cosas más con un vocabulario tan complejo que el hombre terminó sonriendo y asintiendo.
A Vegeta le causó gracia ver a Bulma dominando la situación, relatando su vida como hija heredera de un súper imperio de estrellas lejanas. No sabía cuánto de lo que decía era verdad o mentira, pero lo decía con tal convicción que podría engañar a cualquiera. Era buena mintiendo. Demasiado.
Bulma hubiera continuado hablando de sí misma, su gran fortuna y proyectos, pero los guardias del banco finalmente llegaron con dos grandes bolsos con todo el dinero. Eran tan pesados que cuatro hombres debieron encargarse de su transporte y con sumo cuidado lo depositaron en el suelo, luego retrocedieron unos pasos y esperaron instrucciones. Era demasiado dinero para no vigilarlo.
—Creo que le tomará algo de tiempo contarlo, pero si gusta le puedo dar un poco de privacidad para…
—No es necesario, confío en usted —dijo interrumpiéndolo y rápidamente se puso de pie. Ante ese movimiento, Vegeta se acercó a ella.
El gerente se puso de pie en señal de educación.
—¿Necesita que la escoltemos a su vehículo? —se apresuró a decir, algo sorprendido por la actitud de la joven empresaria—. Los bolsos son demasiado pesados, y necesita…
Vegeta, sin problema alguno se agachó y tomó ambos como si se tratara de dos almohadas de pluma y así el tipo se callara.
Bulma se despidió como correspondía y no tardó en salir de la oficina, con Argon tras ella.
Luego de dejar los bolsos en el maletero, Vegeta abrió la puerta del asiento trasero para que Bulma ingresara. Se subió y condujo hacia el hotel que la joven le indicó en el mapa del parabrisas.
Así de fácil fue conseguir una suculenta fortuna que la ayudaría a comenzar una nueva vida. Sólo necesitaba unas semanas oculta antes de intentar algo.
Cuando ya no había nada alrededor salvo nubes y más cielo despejado, Bulma dejó la compostura y se acercó al hombre para abrazarlo por detrás. Besó su mejilla y desaflojó el nudo de la corbata.
—Te felicito, te comportaste como todo un profesional. Recordaste todo lo que te dije.
—No fue difícil —respondió sin dejar de mirar el hacia adelante.
—Quizás antes de perder la memoria te dedicabas a trabajar de guardaespaldas. Tienes la apariencia para eso. —Le dio otro beso y luego acarició sus labios.
Vegeta hizo una mueca ante su comentario.
—No lo creo.
—¿Por qué no? Es un trabajo donde hay que tener buen estado físico, saber pelear e intimidar con la mirada, y eso lo haces muy bien.
—Es algo simple, indigno.
—Nuevamente habló su alteza —bromeó Bulma y desabotonó su camisa para poder besar su cuello a gusto y también meter una mano dentro de la ropa.
Como respuesta, Vegeta mordió las yemas de los dedos que continuaban acariciando su boca.
—¿Qué es lo que sigue ahora?
—Escondernos unas semanas. No podemos llamar la atención por un tiempo, así que no podrás pelear hasta que estemos seguros. Traspasé una suma considerable pero nada que levante sospecha y ya tengo la suite reservada. Es mucho más grande y elegante que la anterior. Te va a gustar.
—¿Qué haremos todo ese tiempo encerrados en un cuarto de hotel?
—¿En serio preguntas eso? —respondió susurrando en su oído mientras las caricias en el abdomen se intensificaban. Estaba segura que ya tenía una erección—. Hay muchas cosas que podemos hacer encerrados en un cuarto de hotel… Pensé que ya te habías dado cuenta de eso.
Vegeta sonrió de lado y encontró los ojos de la joven en el espejo retrovisor.
El estacionamiento del lujoso hotel se encontraba en la azotea y era tan grande que no tuvo problema en aterrizar. Aún era temprano, no se veía mucha gente en los alrededores, salvo una pareja que ya se marchaba y otra que era atendida por el botones para cargar las cientos de maletas que traían con ellos.
Bulma no quería que nadie los viera por el momento, por lo que Vegeta se encargó de los bolsos con dinero y ella más tarde se daría tiempo de gastar mucho en ropa, en consentirse y comprar todo lo que necesitase.
Cuando el hombre (ya no con la ropa ordenada de forma impecable), abrió la puerta para que Bulma bajara, ella continuó con el juego y rozó su erección con la mano. No lo esperó y se dirigió hacia el ascensor mientras él se encargaba del dinero. El viaje en ascensor solo duró unos segundos y casi el mismo tiempo hasta la suite que compartirían. En la puerta, Bulma ingresó una clave de seis dígitos para por fin entrar.
El lugar era gigantesco, al menos diez veces más grande que su departamento, con grandes ventanas que dejaban apreciar la vista privilegiada del cielo azul.
Bulma escuchó el ruido de los bolsos caer, pero los ignoró, quería conocer el lugar, darse un baño de tina interminable, sin embargo no pudo cuando Argon la hizo voltear para cargarla sobre su hombro.
—¿Dónde está la cama? —preguntó y se dirigió hacia donde apuntó Bulma.
(...)
Ya comenzaba a hacer algo de frío, así que se puso una camiseta larga como pijama. Vegeta continuó desnudo en la cama comiendo la comida chatarra que Bulma pidió a la recepción y ella se sirvió más vino.
—Si sigo comiendo así voy a engordar —se quejó Bulma y le dio otro sorbo a su copa—. Es increíble. Comes y comes y creo que estás en mejor condición física que antes. ¿Cuál es tu secreto? —preguntó con el ceño fruncido.
Vegeta le respondió cambiando de tema.
—¿Qué fue todo eso que dijiste en el banco?
—¿Qué cosa? Dije muchas cosas —Se puso boca abajo y cuidó de no derramar una sola gota de vino.
—Esa farsa de ser la presidenta de una corporación. Sonabas creíble.
—Eso no es mentira. —Estiró la mano para sacar una papa frita del gran recipiente que había entre ellos—. Pienso crear la compañía de mi papá en algún planeta que sepa apreciarlo. Por supuesto voy a ser la presidenta y dueña de todo.
—Estás decidida a hacerlo.
—Para todo eso es el dinero. —Bebió más vino y continuó—. El sueño de mi padre siempre fue construir una base de la Corporación Cápsula en otro planeta. En ese entonces él no sabía que ya había vida en otros planetas y lo descubrió de la peor manera.
—Quieres honrar a tu padre.
—Sí, supongo que sí. Además de recuperar el lugar que me robaron. No quiero deberle nada a nadie, quiero que los que me menospreciaron se arrepientan y quieran matarse por no asociarse conmigo cuando pudieron.
Bulma continuó hablando de sus planes de expansión, los modelos de nave y las cosas que se le iban ocurriendo a medida que hablaba, que solo necesitaba estudiar un poco más e investigar para concretarlos. No se detuvo ni a tomar aire, era un tema que le apasionaba y no tenía muchas oportunidades de compartir.
Vegeta se mantuvo en silencio escuchándola. Había muchas cosas que no lograba comprender, otras que sí, pero no entendía cómo.
Era interesante escucharla y hablar con ella.
(...)
En cuanto entraron al departamento Vegeta fue directo al sofá y Bulma se sacó los tacones.
—Ha sido una completa pérdida de tiempo —murmuró el hombre, molesto.
—Tenía que intentarlo, ¿no? —Prendió la radio para al menos escuchar algo de música y luego fue al mini bar por una botella de algo que sería equivalente al tequila de la Tierra y dos vasitos largos. Los dejó en la mesa de centro junto al hombre y sentó a su lado.
Se escuchaba de fondo un tema movido, pero el volumen era el indicado para hablar sin problema.
Vegeta la miró con el ceño fruncido, se había sentido estúpido y totalmente incómodo. Sentía que era el momento más desagradable que había vivido.
—Fue estúpido —repitió.
Bulma no resistió más y volvió a reír. Le había dado un ataque de risa desde que decidieron regresar y recién se calmó en el ascensor, pero de solo acordarse de la escena estallaba en risa nuevamente.
—Ni siquiera lo intentaste. Te quedaste quieto y pusiste tu peor cara. En serio, pensé que serías buen bailarín, considerando lo ágil que eres cuando peleas y lo bien que te mueves durante el sexo, pero me equivoqué. Simplemente apestas. —Llenó los dos vasos e intentó contener la risa.
Después de mucho insistir Bulma pudo convencer a Argon de ir a bailar a una de las tantas discotecas del hotel. Desde el momento que entraron, el hombre se quejó de los ruidos molestos y el mal olor. Logró tenerlo media hora en un privado bebiendo, pero cuando lo llevó casi a rastras a bailar fue un verdadero desastre. Jamás había visto a alguien tan incómodo y tieso. Fue como bailar con un grueso tronco apoyado en una pared.
—Sigo sin recordar nada, pero estoy seguro que jamás había bailado —dijo convencido.
—No fueron ni cinco minutos en la pista de baile.
—Y esos serán los primeros y últimos minutos que dedicaré a tan ridícula actividad—. Bebió el contenido del vaso en un solo sorbo y luego añadió—. Me sentí estúpido.
—Estoy segura que un hombre como tú debió bailar más veces de las que cree con muchas mujeres.— También bebió y se encargó de que no estuvieran vacíos mucho tiempo.
Después del quinto vaso, comenzó a sonar un tema lento, mucho más agradable que los anteriores o los que escucharon en la discoteque.
—Cuando vivía en la Tierra solía ir a bailar los fines de semana. Me encantaba en ese tiempo. Es una lástima que no te guste, porque tendré que buscar a otro para hacerlo. —Quiso ponerlo celoso, pero no lo consiguió, el hombre estaba decidido a no volver a pisar un lugar así.
—Adelante, diviértete.
—Al menos deberías intentarlo aquí, que estamos solos —Totalmente motivada por el alcohol y el buen rato que estaban pasando, se puso de pie y le ofreció la mano para que se levantara—. No hay nadie mirando.
Él se cruzó de brazos y la miró. No le llamaba para nada la atención eso de bailar.
—No bailo.
—Al menos inténtalo una vez. Vamos, consiénteme. La música está perfecta. —Le guiñó un ojo y mantuvo la mano frente a él esperando que la tomara—. Será un minuto y no te molestaré más.
—Eso lo veo difícil.
Al final cedió y se puso de pie, e igual que hace un rato se mantuvo tieso con las manos inertes en los costados de su cuerpo.
Bulma pensó que sería una batalla perdida, pero el sugestivo tema que sonaba en la radio invitaba a intentarlo.
Tomó las manos del hombre y las llevó a su cintura, luego rodeó su cuello con los brazos.
—Te prometo que bailar este tipo de música es mucho más fácil. Sólo tienes que seguirme y no soltarme —susurró contra su oído y sonrió cuando sintió sus fuertes brazos apretarla y reducir el espacio entre ellos.
Fue realmente placentero y mucho mejor que en la estridente discoteca repleta de gente. Estaban los dos solos, con luz baja y el tema adecuado.
—Te dije que sería más fácil.
Vegeta no respondió. Simplemente apoyó la frente contra la de ella. Hace menos de una hora se había sentido tan incómodo y fuera de lugar que estuvo a punto de romper algo o golpear a alguien si tenía la oportunidad, y ahora sentía su mente relajada y sus sentidos en reposo. Olía en los labios de Bulma el agradable aroma del licor de fruta que había bebido, la música que sonaba en la radio no lo distraía y aunque continuaba pensando que esto del baile era alto totalmente inútil y sin sentido, le gustó la dinámica. Le gustaba ella, y mucho.
—Me gusta cómo te mueves —continuó ella—. Ahora sí pareces todo un experto. —Acarició su labio con el índice, como se había acostumbrado y él respondió igual: abrió ligeramente la boca para morder la yema sensible.
Antes que terminaran la canción ellos interrumpieron el baile para besarse.
(...)
—Debe haber algo que te guste, no puedes detestar cada actividad fuera de este cuarto. Ni siquiera has encontrado algo entretenido en el televisor.
—Esto no es algo que acostumbraba hacer antes de perder la memoria —comentó Vegeta cambiando de canal sin parar. Tenían un televisor enorme en la pared frente a la cama.
—Lo único que te ha gustado hasta ahora es pelear, tener sexo y comer… Y ahora ver programas de guerras —dijo Bulma cuando lo vio detenerse en un canal que hablaban sobre una guerra que involucró a más de una decena de planetas de esta zona del universo y duró más de cinco años. Tenían mucho material para desarrollar.
—Es lo único que interesante dentro de este aparato inútil.
Bulma dejó de mirar la pantalla de su computador y lo quedó mirando. Estaban sobre la cama con comida y una botella de vino. Ella acostada boca abajo viendo cosas de interés, como naves, motores, partes robóticas, chips, etc. Él sentado, con la espalda apoyada en la almohada, viendo el televisor.
—Eso no es interesante, es terrible. Millones de personas murieron en esa guerra y la gran mayoría era inocente. Viví demasiada violencia en mi planeta natal para ver ahora documentales al respecto.
—¿Qué pasó en tu planeta? —preguntó mirándola.
—Lo mismo que en otros planetas. Atacaron, esclavizaron y destruyeron. Milk es la única humana sobreviviente que conozco.
—Es por eso que necesitas el dinero para hacer tu negocio. No vas a trabajar para esa gente. Imagino que con un cerebro como el tuyo te han localizado de empresas importante para trabajar para ellos.
A Bulma le llamó la atención que en verdad le había puesto atención cada vez que hablaban. Y le encantó la forma que se refirió a ella.
—Sí, más de una vez, pero no contribuiré en la invasión de planetas. Eso es trabajo de bárbaros asesinos. —Dejó el computador en el suelo, se le acercó y quitó el control remoto para apagar la televisión—. Tengo en mente algunas cosas para pasar el día. —Lo besó en la boca y él la abrazó.
(...)
Un par de botellas de vino vacías yacían en el suelo luego del arrebato ocurrido en la mesa de la cocina. Un plato con comida cayó y se quebró en tres grandes pedazos y otra decena de pequeños que no se encontrarían hasta el dia siguiente, (y algunos nunca), aunque no era nada comparado con el desastre en la habitación, donde las únicas cobijas que se salvaron del vino derramado fueron las que habían terminado en el suelo. Incluso una silla y una lámpara sucumbieron al desenfreno de la pareja, que luego de jugar en la cocina, se dirigieron al mullido sofá de tres cuerpos que perdió la compostura cuando Vegeta tendió a Bulma para penetrarla con más fuerza que minutos atrás. En respuesta la mujer gritó y enterró las uñas en la espalda, jadeando, completamente excitada por la brutalidad de su compañero.
Ya que no podía pelear para no llamar la atención, Vegeta se encargó a matar el tiempo y consumir el exceso de energía con otras actividades y hasta el momento continuaban congeniando e inventando toda clase de escenarios para no aburrirse. Aunque para ser francos, faltaba mucho para que eso ocurriera.
Tan desorientada se encontraba Bulma a causa del alcohol y el sexo de ensueño que abrazó su cintura con las piernas y lo movió para que cambiaran de posición. Vegeta perdido en el cuello de Bulma, obedeció y la hizo girar antes de recordar que ya no se encontraban en la cama.
Sonó el golpe en seco cuando el cuerpo del hombre golpeó el suelo con ella encima. Bulma perdió un poco la concentración y el ritmo a causa de la risa que la invadió por el sonido que hizo la cabeza del Argon al golpear el piso.
Vegeta frunció el ceño y la miró. Estaba despeinada, con las mejillas rojas y su cuerpo empapado de sudor a causa de la extensa sesión de sexo y la noche calurosa.
Cuando se calmó continuó meciéndose sobre él, con lentitud y disfrutando el sentirlo en su interior, a un paso del dolor. Tomó sus masculinas manos y las llevó a sus pechos para estimular los pezones. Los movimientos se fueron haciendo más rápidos e intensos, al igual que los jadeos del hombre que usualmente no se quejaba demasiado en voz alta. Bulma no le quitó la vista de su rostro, quería verlo acabar. Autoritaria, removió sus manos y llevó a las caderas para poder apoyar las palmas en su pecho y ayudarse a incrementar la rudeza, igual que él.
Vegeta se quejó más fuerte de lo normal cuando el orgasmo llegó y esa arruga que se le formaba en el entrecejo pareció marcarse más. Apretó la mandíbula y no logró continuar seguir con la pelea de miradas que Bulma había iniciado hace unos días. Él solía ganarlas, pero esta vez perdió miserablemente.
Sin separarse aún, Bulma se apoyó en su pecho y besó su cuello. Le gustaba el sabor de su piel.
—Gané —susurró contra su piel, riendo, muy agitada, intentando respirar con normalidad. Le dolía todo el cuerpo, especialmente los muslos y las caderas.
Vegeta no respondió. Aún intentaba recuperarse.
(...)
Luego de un pesado día de compras y spa, Bulma regresó a la suite. Dejó las bolsas en la entrada y se sacó los zapatos para que descansaran. Por un momento se sintió de nuevo en la Tierra, ahora solo faltaba que saliera su madre a recibirla con algo delicioso para comer y luego encontrar a su padre en la cocina para compartir la cena, y una vez terminada, al laboratorio a trabajar, después de todo el camino a la presidencia no era fácil.
Suspiró y dio por terminado el momento de añoranza que sólo conseguían ponerla triste. Frotó sus pies y fue al cuarto en busca de Argon, pero no lo encontró. Recorrió el piso entero buscándolo sin éxito. Cuando ya se había dado por vencida lo vio a través de las cortinas de la terraza. En silencio se acercó y observó. Estaba sentado en el balcón, con los pies colgando hacia la nada y los ojos cerrados disfrutando del frío aire en su rostro. Lucía tan relajado que Bulma se acercó en silencio y con cuidado, no quería asustarlo, podía caer y a semejante altura no terminaría bien.
—Sé que estás aquí —dijo el hombre sin abrir los ojos. El viento movía su cabello y lo despeinaba de tal manera que a ratos parecía tener flequillo.
Bulma consideró que le quedaba bien el cabello así. Se veía más guapo.
—¿Cómo me oíste? —Fue hasta su lado con cuidado. Le daba vértigo mirar hacia abajo, pero el paisaje era un sueño luego de vivir tantos años en el área oscura y contaminada del planeta. En cambio aquí reinaban nubes blancas y el hermoso cielo limpio y despejado.
—Siempre sé dónde estás, eres muy ruidosa. —dijo abriendo los ojos y le ofreció una mano para que se sentase a su lado. Al ver que dudaba volvió a hablar—. ¿Miedo?
—Por supuesto que no. —Tomó su mano y aceptó la ayuda. Cuando sus pies colgaron junto los de él, se aferró a su fuerte brazo y se atrevió a mirar hacia abajo. Era como estar volando, ellos estaban mucho más arriba que las nubes. El corazón le latía con rapidez. Le gustó la sensación de no tener nada más que aire bajo sus pies—. ¿Cómo sería una caída desde aquí? Llegar hasta allá abajo a la otra ciudad... —preguntó en voz alta.
—Morirías de un ataque al corazón antes de tocar el suelo —respondió.
—Qué seguro estás —bromeó la chica y lo miró.
Vegeta no respondió, pero la miró.
—Llevamos tres semanas escondidos en este lugar —comentó un poco sorprendida. Era un mes desde que Argon la salvara del intento de rapto y el tiempo había pasado demasiado rápido—. Creo que ya es tiempo de volver.
—¿Qué tienes planeado?
—No creo que estén buscándome en casa. Quiero regresar, recolectar mis cosas de valor, pagar cuentas pendientes a Milk, el viejo, luego marcharme y viajar hasta encontrar un lugar donde poder preocuparme de la futura Corporación Cápsula —susurró feliz, y añadió como si no le importara—. ¿Y qué harás tú? Es claro que algo está pasando entre nosotros, soy inteligente y me doy cuenta, pero si gustas puedo darte un porcentaje y puedes irte donde quieras.
—No me interesa, puedes quedarte con mi parte. —Se sentía un poco incómodo respecto a eso que pasaba entre ellos y Bulma mencionó, pero sabía perfectamente qué quería hacer.
—¿Y qué vas a hacer?
—La idea de viajar suena interesante —dijo serio.
—Entonces continuaremos siendo socios —comentó sonriendo.
—Es lo que deseo —dijo, y con la gran agilidad que lo caracterizaba, volteó y bajó al balcón.
El movimiento brusco hizo que ella perdiera el balance por un segundo, pero nunca estuvo en peligro, ya que él reaccionó y la afirmó enseguida, aunque no significó que a ella no se le saliera el corazón por la boca ese corto instante. La ayudó a dar la vuelta, pero la mantuvo sentada para ponerse entre sus piernas.
—Nuevamente me has salvado la vida —bromeó cuando su corazón se calmó. Miró de reojo hacia abajo una vez más antes de concentrarse en los ojos de Argon—. Harás que me mal acostumbre.
—Eres suficientemente lista para salvarte tú sola. —Hablaba en serio.
—No importa cuán inteligente sea. Si caigo desde aquí sería el fin. —Rodeó su cuello con los brazos y sonrió coqueta—. ¿Si cayera, te lanzarías por mí?
—No estoy loco. Iría por el dinero, el aerocoche y me marcharía —respondió con una sonrisa de lado.
Bulma rio por su comentario, ya que es lo mismo que hubiera respondido.
(...)
Mientras Argon salía de la ducha y se vestía, Bulma se dirigió a la azotea del hotel con bolsas de las compras para dejarlas en el aerocoche. Ya era hora de regresar a casa, cerrar temas pendientes e irse de viaje por un buen tiempo. Tenía una gran suma de dinero en su poder que le permitiría hacer lo que quisiera por un tiempo considerable, incluso comenzar su negocio en gran escala. Por supuesto era imposible tener el poderío que alguna vez logró su padre con esa cantidad, pero era inteligente y sabía lo que debía hacer para multiplicarlo y triunfar.
Cuando el ascensor la dejó en la azotea, caminó hacia el aerocoche. No estaba muy cerca, el lugar era inmenso, con gran cantidad de vehículos estacionados. Por la hora era normal que no hubiese mucha gente en el sector, pero aun así le llamó la atención que no ver a nadie, ni una sola alma a su alrededor, ni siquiera los chicos que cuidaban los aerocoches más lujosos, ni guardias de gente importante ni encargados de limpieza. Nadie. Incluso podía oír el eco de sus tacos al caminar.
Al llegar al vehículo abrió el maletero y dejó las compras. Haría un viaje más y Argon se encargaría de los bolsos con dinero. Eran demasiado pesados para ella.
Cuando cerró el maletero y volteó, dio un pequeño salto de susto. Habían exactamente trece hombres a diferentes distancias de pie y observándola. Todos vestían exactamente igual, de negro, camisa blanca y corbata roja, salvo por el que se encontraba más cerca y reconoció enseguida.
Ese hombre de baja estatura, un poco apuesto que vestía traje morado oscuro y lentes de sol, fue una vez su jefe por un corto periodo de tiempo. Era el dueño de todo ese dinero que había unos pisos más abajo.
—Llámalo —dijo el hombre cuando se le acercó. Uno de los matones que lo acompañaba se movió con él. No dejaba solo a su jefe ni a sol ni a sombra—. Llámalo —repitió calmado—. ¿Acaso crees que no lo sé?
Bulma quiso retroceder, pero el aerocoche no se lo permitió. Además no había donde correr. Con toda esa cantidad de hombres ahí sería imposible.
—Vamos, Bulma. Llama al hombre que se está hospedando contigo y dile que traiga mi dinero. —Y dejó de sonreír para agregar—: todo.
Vegeta ya estaba vestido cuando sonó el comunicador del departamento. Como siempre lo ignoró, era Bulma la que contestaba o llamaba para que les llevaran comida o limpiaran las habitaciones, por lo tanto, como siempre lo ignoró y continuó guardando su ropa para partir. Segundos después se detuvo.
Miró de reojo el comunicador cuando volvió a sonar. Era molesto y agudo y no paraba. Generalmente cuando llamaban no insistían después de unos segundos sin respuesta, pero esta vez no ocurrió así y cuando creyó que no volverían a llamar, el ring, según él, sonó mucho más irritante.
Dejó lo que estaba haciendo y fue a responder. Sólo tuvo que apretar un botón para hablar.
—¿Qué demonios quieren?
—Argon…
Vegeta enseguida reconoció la voz de Bulma y supo que algo andaba mal.
—Argon, ¿estás ahí?
—Aquí estoy —se apresuró en responder. Podía escuchar la voz de la joven asustada y nerviosa.
—Necesito que vengas enseguida.
—¿Dónde estás?
—Arriba, en el estacionamiento, y trae el dinero, por favor.
—Voy enseguida —dijo, y cortó. Fue al cuarto que compartieron tres semanas y sin problema sacó los dos grandes bolsos negros.
Bulma sintió que se le saldría el estómago por la boca cuando la empujaron justo en el borde de la azotea. Sus manos se aferraron en el suelo e intentó alejarse gateando, pero no se lo permitieron.
—¿En verdad pensaste que podrías salirte con la tuya? —preguntó Keraj—. ¿Que tu novio el matón podía literalmente quebrar cada hueso de mis hombres y yo no haría nada al respecto?
Bulma no respondió. Continuó en el suelo con la mano cubriendo su boca. El hombre pese a ser delgado y aparentemente débil la había abofeteado tan fuerte que le sacó sangre. Miró a los doce hombres que lo acompañaban. Todos eran corpulentos y llevaban armas que apuntaban a ella y seguramente después a Argon.
—Me costó un poco encontrarte. En verdad es un fastidio tener que lidiar con gente que no cumple lo pactado, pero me encargaré de que pagues… Los dos pagarán.
Vegeta no tardó en llegar al área de los estacionamientos con ambos bolsos. Encontró el vehículo, pero no a Bulma ni a quienes hicieron que su voz temblara de ese modo. Decidido, caminó por el lugar en su búsqueda y cuando se alejó del sector seguro para caminar dio con la joven y el pequeño ejército de matones.
Con calma, caminó hacia ellos y no perdió el tiempo en estudiar a cada uno de los hombres. Identificó al que estaba al mando, quienes estaba encargados de protegerlo y los que seguramente se ocuparían de él. Pues bien, ninguno saldría vivo de esta, su instinto se lo decía a gritos.
—No des un paso más —ordenó Keraj cuando lo tuvo a diez metros de distancia. Debía gritar para hablar, el viento que corría dificultaba la comunicación.
Vegeta obedeció. Bulma se encontraba muy en la orilla para intentar algo brusco.
—El dinero, si fueras tan amable…
Vegeta lo miró unos segundos y luego a Bulma. No quería someterse, quería quebrarles el cuellos a todos aquellos seres que sentía insignificantes, pero ella le hizo un gesto de súplica para le hiciera caso.
Como si fuesen bolsos llenos de plumas, Vegeta arrojó los sacos a mitad de camino. Podría haberlos lanzado más cerca, pero quiso comprobar que los matones eran tan débiles como pensaba.
Ahora solo un par de armas apuntaban a Bulma, el resto eran para él.
Bastó una orden para que dos de los hombres fueran por los bolsos. Pudieron tomarlos con una sola mano, pero los movimientos no fueron tan libres como los de Vegeta.
—Realmente es fuerte —susurró Keraj.
Cuando los bolsos llegaron junto al jefe, éste en persona los abrió y luego de un rápido vistazo comprobó que era más o menos la suma que Bulma adeudaba. Por supuesto faltaba todo lo que debió consumir las tres semanas que llevaba en este hotel de lujo.
El hombre sacó un fajo de billetes y se acercó a Bulma. No se preocupó por el momento de Argon, ya que por eso había traído a sus mejores hombres. Sin decir una palabra la abofeteó con el dinero.
Vegeta dio unos pasos hacia ellos, pero se detuvo cuando uno de los matones apuntó directo a la cabeza de la chica. Bulma cerró los ojos y sintió gruesas lágrimas caer, pero permaneció quieta, sabía que debía mantener la calma para tener al menos una pequeña oportunidad de salir con vida.
—Tengo mucho dinero. Muchísimo, más del que pudiesen imaginar. —Arrojó el fajo de billetes al vacío y continuó hablando—. La cantidad que hay en estos bolsos puedo hacerla en una tarde y si estoy de buen humor fácilmente la gasto en menos de una hora. Esto que ven aquí no significa nada para mí —dicho eso, hizo una señal con la mano y los mismos hombres que le acercaron los bolsos se encargaron de tomarlos y lanzarlos por el borde, hacia el vacío.
—Ya entendimos. Recuperaste tu dinero e hiciste lo que querías con él. Ahora déjanos ir —dijo Bulma tiritando de frío y susto—. No pierdas más el tiempo con nosotros.
—Yo estoy aquí, Bulma para dar una lección, porque nadie se ríe de mí, y creo que aún no escarmientan. —Miró a Argon para continuar hablando—. Eres un hombre muy fuerte. Lo que le hiciste a mis dos hombres es un trabajo de un asesino profesional, puedo reconocerlo. Te hubiera ofrecido trabajo para ser mi guardaespaldas y hubieras ganado mucho, pero aún tengo que darle una lección a esta mujer que pensó que podía pasarse de lista conmigo. —Otro gesto y el matón que encañonaba a Bulma la tomó del brazo y arrastró hasta sacar la mitad del cuerpo hacia la nada.
Vegeta corrió hacia ella al verla en peligro, pero no alcanzó a avanzar más de un metro cuando uno de los hombres le disparó directo al rostro. Cayó inerte de espalda al suelo (muerto, según todos los presentes, incluyendo a Bulma).
La joven gritó y estalló en llanto ante lo ocurrido. Desde donde se encontraba creyó notar que faltaba parte de su cráneo y no pudo continuar mirando, mucho menos cuando la poza de sangre bajo su cabeza comenzó a crecer sin piedad.
Keraj se arrodilló junto a Bulma y le habló, pero ella no escuchó nada. No podía dejar de llorar, desesperada y horrorizada por la muerte de Argon. Estaba muerto. ¡Estaba muerto!
Bulma ya no fue consciente de lo que ocurría a su alrededor. Sólo pudo oír su llanto y de a ratos su corazón exaltado, el resto de las voces estaban distorsionadas e incoherentes. Por lo tanto no fue capaz de escuchar las risas estridentes y comentarios ofensivos hacia ella y Argon, tampoco los planes que tenían para ella y mucho menos los gritos de susto de todos los hombres cuando vieron a Argon sentarse con gran agilidad.
El rostro y ropa de Vegeta se había llenado de sangre por el profundo corte que le hizo el rayo en la ceja derecha, pero eso fue todo. Se puso de pie, furioso, le hervía la sangre y los haría pagar a cada uno. Corrió y derribó a dos como si se trataran de niños desnutridos y continuó su carrera hacia Bulma y Keraj. Otros matones atacaron, pero también quedaron en el camino. Parecía un toro encolerizado.
En su intento por escapar a la ira de Argon, Keraj se afirmó del hombro de Bulma para ponerse de pie y huir. La fuerza hizo que la chica se fuese hacia atrás y cayera de la azotea.
—¡No! —rugió Vegeta al verla caer.
No lo pensó. Fue su instinto el que reaccionó por él y lo empujó a seguir corriendo y lanzarse tras ella directo al vacío ante la mirada atónita de los que continuaban con vida.
Continuará...
Hola a todas! Primero que todo, muchas gracias por sus rws. Me alegraba mucho cada vez que llegaba uno.
Esta vez tardé unos días más en actualizar, pero tuve menos tiempo, estuve de aniversario con mi esposo (12 años juntos y 11 casados) así que con las celebraciones, pero de todos modos actualicé en tiempo record.
Me encantó escribir este capítulo, lo pasé super bien, creo que hasta ahora es el capítulo que más me ha gustado hacer, en especial la escena del sexo y la última escena en la azotea.
El capítulo que sigue a este también me tiene emocionada.
Bueno, nos vemos en otra actualización. Aún sigue el festejo por el aniversario, así que me voy. Espero sus comentarios para saber su impresión del capítulo.
Bye!
22/07/2018
