Bad Penny, interpreta Rory Gallagher

CAPITULO XI


Solo tres días habían pasado desde que se publicara el artículo de Hermione Granger y Draco Malfoy; y diariamente había algunos paparazos agazapados a la entrada de su casa; para conseguir una fotografía de la chica, o mejor aún, para captar el momento en que el millonario se apareciera por ahí. Pero no obtuvieron una cosa, ni la otra.

-Vamos, Hemione. Aquí encerrada les das la razón. –Le decía Ginny.

-Tú eres mi agente. Has que se vayan. –Dijo enfurruñada la castaña, que permanecía encerrada en su habitación.

-Pero debes salir, Hermione. –Le dijo Luna. -Recuerda que tu vuelo sale a las dos y no podemos cancelar el boleto, a menos que no quieras el reembolso.

-Imposible –Dijo Ginny negando con la cabeza. –De nuevo el boleto fue pagado por Malfoy ¿Recuerdas? –Ambas voltearon a ver a la castaña, que gruñó e hizo con la cabeza un gesto afirmativo.

-Bien. Iré. Pero únicamente por que unas cuantas fotos no hacen daño a nadie. –Dijo finalmente poniéndose de pie y dirigiéndose al baño para prepararse antes de partir.

-Aquí no importa mucho, pero deja que se enteren que va a Nueva York y a quien va a ver y ahí se puede armar lo grande. –Dijo Luna a la pelirroja. -¿No crees que deberíamos acompañarla?

-No. –Pronto desechó esa idea. –Se que esto de la fama y ser el centro de atención no le agrada a Hermione; pero con este revuelo, habrá mas gente queriendo comprar su próximo libro y si no me equivoco, algo de esto ha de imaginar el señor Malfoy.

Hora y media después, salía Hermione de su casa. El avasallador sol debió desalentar a algunos paparazos, porque pudo llegar sin dificultades al aeropuerto John F Kennedy; y pronto se alojó en la exclusiva sala de espera. El vuelo fluyó sin mayores dificultades. Hermione se sentía algo inquieta sin saber muy bien porque.

El aeropuerto estaba a reventar, Hermione agradeció internamente a cada trausente por estar ahí presentes. El constante flujo de personas la hacía pasar fácilmente desapercibida, por lo que no obtuvo ningún contratiempo desagradable. A la salida del aeropuerto JKF, sonrió saludando a un apuesto moreno de ojos verdes, que la esperaba sujetando un letrero que tenía su nombre escrito en él.

-¿Cómo supiste? –Preguntó sintiéndose extrañamente feliz conforme se acercaba al atractivo joven.

Harry llevaba puesta una camisa a cuadros que se tensó en su pecho cuando se encogió de hombros –Tengo mis métodos. –Sonrió –Aunque debería estar molesto porque no fue por ti que me enteré.

-Lo siento. –Se disculpó Hermione con sinceridad. –Son asuntos de trabajo los que me traen aquí.

-¿Me avisas o me amenazas? –Preguntó tratando de sonar herido sin éxito, pero ayudándola con la pequeña maleta que llevaba arrastrando.

Iba a responderle, cuando le tocaron el hombro. Hermione volteo despistada. –Señorita Granger. –El mismo chofer que la había recogido la vez anterior estaba ahí, evidentemente esperándola. –Su transporte aguarda.

-No sabía que iban a recogerme. –Mencionó ella sin saber que hacer. –Harry…

El joven sacudió su negrísimo cabello con una mano; en un gesto azorado. –Lo entiendo, Mione. Tendrás una agenda que cumplir. –Intentó parecer despreocupado soltando la maleta y llevando ambas manos a los bolsillos de su pantalón negro, tratando de parecer relajado.

Hermione mordió su labio inferior, y Harry tuvo que resistir el deseo de besarla. –Talvez podrías venir con nosotros. –Dijo mirándolo con algo de esperanza.

-Uhm… Sería genial. –Respondió él volteando a ver al elegante chofer que aguardaba un poco apartado por Hermione. –Pero traigo vehículo. –Rechazó la invitación dejándose ver un poco tenso, pero tras unos segundos bromeo relajado. -Una completa idiotez si estas en Nueva York…

Hermione sonrió amable. –Lo lamento, Harry. ¿Te parece que te llame en cuanto me desocupe? –Pidió poniendo una de sus temblorosas manos sobre el antebrazo del moreno. -Podríamos ir a ese restaurante del que me hablaste o podría ir al club donde…

-Si. Me parece bien. –Harry le dio un abrazo de despedida y besó su frente con suavidad. –Esperaré tu llamada. –Murmuró cerca de su oído.

Un escalofrío recorrió a Hermione. Se quedaron viendo unos momentos, tratando de identificar los pensamientos del otro. Cuando el chofer tosió ligeramente, Hermione rompió el contacto visual que había estado manteniendo con Harry. Le dio un último adiós y después se alejó de él siguiendo al enviado por Draco Malfoy. Pronto alcanzaron la limosina donde subió con la mayor elegancia que le fue posible.

-¿A dónde nos dirigimos? –Preguntó Hermione recordándose mentalmente que siempre debe preguntar antes de subirse a un automóvil que no sea el suyo.

-El señor ha ordenado que le lleve a su departamento privado, señorita.

-No quisiera oponerme a las ordenes del señor Malfoy, pero no me parece buena idea con todo el alboroto de la prensa. –Comentó ella, aunque después imaginó que esas revistas de chismes eran trivialidades para alguien tan ocupado.

-No se preocupe por eso. –Le contestó mirando por el retrovisor. –No vamos a llegar a la Mansión Malfoy; ni a su oficina, que es donde están algunos periodistas.

-¿Podría decirme entonces a que parte exactamente vamos?

-Nos dirigimos al barrio de Queens -Respondió el chofer que después se limitó a conducir únicamente.

Hermione se sentía nerviosa; no solía ir al departamento de alguien sino fuera después de una cita y ella accediera a subir. Almenos irían a un lugar discreto. Sacó su móvil para escribir a Ginny un mensaje. Me dirijo al depa de Malfoy. Fue lo que tecleo con tanta rapidez como sus dedos lo permitían.

Afortunada. Recibió la contestación justo cuando paraban frente a un pequeño edificio de exterior muy discreto. Un botones se acercó a abrir su puerta y darle la mano para salir. El chofer la acompañó hasta la recepción cargando su maleta y como si fuera un guardaespaldas indicó que el señor la esperaba.

Cuando la escritora estuvo en el ascensor, el guardia-chofer presionó un número, que Hermione supuso correctamente era una clave. En cuestión de segundos, se encontró sola en un pequeño pasillo alfombrado, que contaba con una cámara de seguridad. Su dedo tembló cuando lo alzó para tocar el timbre, pero antes de alcanzar el interruptor, la puerta se abrió sola.

Ella esperó que fuera un mayordomo quien abriera, pero de inmediato se topó con Draco Malfoy. -Hermione. –Le dijo con demasiada naturalidad. Este le hizo una seña para que entrara.

Sorpresivamente era un lugar muy acogedor. Altas ventanas dejaban entrar luz natural y podía verse buena parte de la ciudad. Todo el piso estaba alfombrado y las paredes eran de tonos blancos y grises. En el centro de la estancia, había una sala de buen tamaño de piel negra y una televisión tan grande como cualquiera que se podía conseguir con mucha plata. A su derecha había un minibar que parecía muy antiguo y una puerta de acero que parecía llevar a la habitación principal.

Un par de plantas naturales en rincones estratégicos, daban un poco de color y una hermosa chimenea llenaba el espacio con elegancia. A su izquierda se podía ver un costoso comedor y una cocina de mármol oscuro que volvería loca a Luna. Draco Malfoy tenía un gusto impecable. De inmediato pensó en la mansión que el chofer le había dicho existía; debía ser algo digno de verse.

-Tiene una vista muy agradable. –Comentó Hermione rompiendo el hielo.

-Así es. –Respondió regresando del minibar con una copa de vino tinto que Hermione no pidió y un vaso con algo que parecía bastante fuerte.

No le quedó de otra más que recibirlo por educación, cuando le tendió la copa de cristal. Agradeció y bebió unos cuantos sorbos. Ella no sabía de vinos, pero podía jurar que este era especialmente delicioso.

-Siéntate, Hermione. –Otra vez su nombre. La escritora obedeció sin alegar. Justo como si fuera un soldado al que le dieran una orden.

-He traído el resto del libro. Bueno, casi todo, me faltan unos dos capítulos y puede que el epílogo. –Comenzó a decir rápidamente. El no respondió, solo la miraba fijamente y con mucho interés. Hermione se sintió mareada por lo que dejó la copa sobre la mesita que tenía a un lado. Sacó de su bolso una pequeña memoria USB. –He pensado, señor Malfoy que deberíamos…

-Deja de decirme Señor, no soy mi padre, ¿Sabes? –La calló abruptamente acercándose a ella con el pretexto de tomar la memoria de sus manos.

-Lo siento. –Se disculpó apenada. –Antes no parecía molestarle –quiso aclarar.

-Hermione iré al grano. –Dijo el rubio. Lo observó por primera vez a los ojos desde que llegara. –Habrás leído la nota que se publicó sobre nuestra supuesta relación. –Hermione asintió con las mejillas ardiendo. – Pues me parece de lo más…

-Terrible –Se mostró de acuerdo de inmediato; talvez demasiado a prisa.

-Contrario a lo que tú crees; me parece de lo más oportuno. –Draco miraba ahora con fijeza su vaso que iba a la mitad.

Hermione frunció el ceño. -Me temo que no entiendo como una mentira semejante pueda ser tan oportuna.

El hombre que era considerado uno de los más ricos del mundo, giró los ojos como solo ella podría hacerlo; pero no tuvo tiempo de ofenderse porque él prosiguió. –Creo que como su editor, me interesan las finanzas que su libro generará por sí mismo. Y bien se que las ventas esperadas incrementarían al menos un veinte por ciento con la expectativa que la noticia sobre nosotros generará.

-¿Quiere decir que estar en un… escándalo, ayudaría a incrementar las ventas de mi libro? –Preguntó Hermione sin poder creer la conversación que estaban teniendo.

-Yo no diría escándalo. Será un negocio que beneficiará a ambos. –enfatizo encogiéndose de hombros.

-¿Cómo puede algo tan falso beneficiarme a mí? No se ofenda, pero mentir no es algo que haga a menudo.

-¿Y porque mentiríamos? –Hermione lo miró con extrañeza. –Salgamos el tiempo en que se venda su libro y después volvamos a la normalidad. Si mis pronósticos son correctos; firmaremos un contrato por cinco libros más; le beneficiará bastante.

-¿Salir? –Hermione necesito apurar un buen trago de vino que le raspó la garganta impidiéndole hablar por unos segundos.

Draco Malfoy, que la miraba divertido como se bebía el carísimo vino, se levantó y acercó hasta poder ver el panorama a sus pies. –Escucha, Hermione. Es una oportunidad única y no creas que he pensado en los pros y los contras de esta situación. Será un negocio de ganar-ganar. Incluso la gente que vive de la farándula y del espectáculo obtendrá lo que quiere.

-Señor Malfoy. –Dijo Hermione olvidando que minutos atrás le pidió llamarlo por su nombre de pila. – Usted es extremadamente rico; veinte por ciento en ventas por un libro será insignificante en comparación a lo que sus empresas generan en un año fiscal. ¿Cuál es el verdadero beneficio que usted obtendrá de esto?

Draco Malfoy dejó de mirar la ventana y dirigió sus pasos al bar. Tomó su tiempo para añadir unos hielos y algo de licor más a su vaso. No se molestó e ofrecer más vino a Hermione, pese a que su copa estaba vacía. –Digamos que necesito alguien que me acompañe a algunos eventos sociales y de negocios.

-Pero usted tiene a tantas mujeres que matarían por estar con usted y que con gusto cumplirían esas funciones de acompañarlo.

-Es todo lo que le diré, Señorita Granger. –dijo finalizando la conversación sobre sus asuntos personales. – Le insisto que acepte mi oferta de inmediato.

-Necesitaría hablar con mi agente. –Recordó Hermione deseando haber ido acompañada.

-¿Qué la detiene? Pongámosla en alta voz y negociemos el acuerdo. –se acercó a donde estaba la escritora y presionó un botón de un teléfono inalámbrico que estaba ahí.

-No he dicho aun que acepto. –Declaró ella marcando el teléfono celular de Ginny. Esperaron en silencio durante algunos segundos, en lo que contestó la pelirroja.

-¿Diga?

-Gin, soy Hermione. Estás en el altavoz –Avisó a su a veces indiscreta amiga. –Me encuentro con el señor Malfoy. –Hizo una seña para que él continuará a explicarle el asunto que habían discutido antes. Rió para sus adentros cuando él hizo una mueca de fastidio, evidenciando su incomodidad por semejante trato que iba a sugerir. Mientras escuchaba como discutían la situación, Hermione pensaba en los pros y los contras de la idea del joven Malfoy.

Él era bien apuesto y seguramente muchas mujeres quisieran ser ella en ese momento. Inteligente como era, sabía que el escándalo vendía y que gracias a salir con el rubio, alcanzaría un público que ni siquiera la conocía. Ella no anhelaba tanto la fama y las riquezas; solo deseaba escribir libremente. Él hacía mención de un contrato por cinco libros, pero conociendo a Ginny, bien podría conseguir otros dos. ¡Un total de siete libros de lo que quisiera escribir! No tendría que escribir más cursilerías románticas que solo alimentaban los sueños de jovencitas inocentes, en espera de un romance como el de sus libros.

Podría escribir el libro de biología con ayuda de su padre o uno de arte contemporáneo con ayuda de su madre o Luna. Sin las presiones de ventas ni fechas límites de entrega tan reducidos. Talvez ella podría escoger el diseño de cada libro y podría escribir una trilogía de cuentos para niños. Cuando escuchó la cantidad por la que se firmaría el contrato, más las regalías que produciría la venta de los tomos; incluso pensó que podría iniciar una pequeña editorial para ayudar a escritores con talento que las grandes casas editoriales les negaban una oportunidad.

Después meditó en los contras. Tal vez el ser señalada como una de las amantes del millonario; pero sabía bien que la publicidad fuera buena o mala; siempre resultaría en beneficio. Sólo serían tres meses de fingir ser la pareja de alguien tan rico; conocería a personas muy importantes y hasta podría conseguir benefactores para las asociaciones filantrópicas a las que apoyaba; como esa de dar educación a niños de Colombia que eran explotados al recolectar café ganando una burla de dinero. ¡De nueva cuenta salían pros por doquier! Nadie tendría porque enterarse que todo era una farsa y nadie saldría lastimado.

Miró fijamente al rubio que pasaba su mano por la cabellera platina; desesperado talvez por la tenaz pelirroja que analizaba escrupulosamente cada detalle. –Lo haré. –Dijo en voz alta, haciendo notar que estaba ahí y que ella tenía la última palabra.

Draco Malfoy sonrió triunfante. Pero Ginny dijo a través de la línea -¿Estás segura de esto, Hermione?

Hermione puso sus ojos en los grises de él y con más seguridad de la que sentía afirmó. –Por supuesto, Ginny. Se que las condiciones las firmarán ustedes en mutuo acuerdo.

-También deberíamos firmar un acuerdo de confidencialidad. –Informó Draco Malfoy con su fría actitud muy profesional. –Y por supuesto que estipularíamos una fecha de tres meses a partir de ahora. En dos publicamos el libro y el mes restante para sostener las ventas y poder concluir la fingida relación de forma discreta.

-De acuerdo. –Habló Ginny por la línea telefónica. - Enviaré el contrato por fax con todas las condiciones y firmaremos en dos días.

-Me parece bien. - Dijeron Draco y Hermione al mismo tiempo. Sin dar tiempo a que la agente se despidiera, el blondo colgó el teléfono.

-Entonces nos vemos en dos días, señor Malfoy. –Dijo Hermione preparándose para retirarse. Las piernas le temblaron un poco al sostenerse, pero lo atribuyó al vino que bebió de golpe.

-Creo que para empezar deberíamos llamarnos por nuestro nombre, Hermione. –Dijo él como si le explicara a un infante cuanto eran dos más dos.

-Sí. –Replicó sintiéndose un tanto fastidiada. -Pues esperaré hasta que leamos las cláusulas de este asunto. –Dijo Hermione encaminándose a la salida.

-Espera.- La detuvo sujetándola del brazo. Hermione se tensó en su sitio. No se atrevió a girarse por temor a arrepentirse y salir huyendo. Pero Draco Malfoy prefirió no añadir algo más y soltó su brazo dejándola ir.


Se que la canción de hoy es más rock que blues, pero me ha gustado mucho. :D

Nos leemos pronto!