Como habéis podido comprobar he tardado siglos y siglos en actualizar, pero bueno, me ha venido repentinamente la inspiración y este supongo que es el principio del fin, espero que me dejéis reviews y esas cositas bonitas que vosotros sabéis hacer, ¿vale? Un beso enorme! :3
Syra entendía que seguir ocultándole la verdad a su hija era la mejor opción por su bien, ¿cómo explicarle que su padre había estado de lado de Harry Potter en la Gran Batalla? Cuando aún eran jóvenes, Amelia conoció a un chico en Hogwarts, pero éste no pretendía encontrar pareja entre aquellas personas con varita que andaban de un lado a otro, él se fijó en todas aquellas cartas que la chica rubia recibía y comenzó a interesarse en aquella desconocida que se escondía tras un sobre y un trozo de pergamino lleno de letras. El tiempo hizo el resto, se conocieron, vivieron un amor a escondidas y al final, el resultado total de aquel amor fue una bonita niña: Cornelia.
¿Cómo explicarle a aquella niña que su padre había muerto en el intento de ayudar al padre de su actual pareja? Siempre le había hablado de Michael como un héroe, pero ahora que Lia salía con el hijo del 'chico que sobrevivió', su padre quedaría en segundo plano, es más no valoraría su valentía y se sentiría avergonzada y eso era lo último que Syra quería provocar.
Le encantaba un grupo de música, desde hacía muchísimos años: The Beatles, y se había convertido casi en una filosofía de vida una de sus canciones: LET IT BE; así pues eso hizo, dejarlo ser, dejar que el tiempo pasase y que las cosas fluyesen.
Sin darse demasiada cuenta, Neville Longbottom estaba siempre ahí. Cuando ella se sentía sola porque Lia se encerraba en su cuarto a estudiar o a hablar con James. Esos días en los que acompañaba a su hija, a Ginny o Amelia a Hogsmade. Siempre, en el momento más oportuno aparecía Neville, y su compañía a Syra le era mucho más que agradable. Además no hay que olvidar la atracción que sentían el uno por el otro.
Y es que al parecer, cuando menos te lo esperas el chico de tu vida, tu primer amor, la persona con la que decidiste el nombre de tus futuros hijos, se marcha. Se va y tú debes hacer tu propia vida, tienes que fingir delante de todos que estás genial pero solo esperas que llegue la noche para encerrarte en tu dormitorio a llorar.
- Te echo de menos.
- Yo también.
- ¿Cuándo es la próxima salida?
- Creo que la semana que viene –dijo algo dudoso James al otro lado del teléfono. Eso era lo bueno de tener un abuelo loco por los artilugios muggles, a fin de cuentas los utilizaba desde que era un niño.
- ¿Está bien todo esto, James?
- ¿A qué te refieres?
- A seguir juntos, solo nos vemos cada un millón de fines de semana y estoy segurísima que hay un montón de chicas mucho más guapas que yo en Hogwarts.
- Tienes razón hay un montón de chicas mucho no, muchísimo más guapas que tú aquí, pero ninguna de ellas ha sido capaz de quererme sin saber mi apellido, de entrar en mi mundo como tú lo has hecho, de tener esa torpeza al andar y aún así parecer la chica más sensual del mundo, más incluso que una veela – afirmó el chico con total seguridad en sus palabras.
- Para de decir estupideces, James.
- Además solo tú sabes hacerme reír de esa forma especial.
- Conclusión –dijo de repente Cornelia- estás conmigo porque te hago gracia –rió al escuchar su propia ocurrencia.
- No, estoy contigo porque te quiero –y entonces ambos se sonrojaron.
"James me prometió estar siempre a mi lado y tras leer tantísimos libros de amor sé que solo es un tópico, nada es para siempre, y mucho menos un amor entre adolescentes."
- Te lo prometo.
- Solo quiero tenerte aquí –dio Lia con ganas de llorar. Era finales de noviembre y las ganas de tener a James cerca cada día aumentaban.
- Me tienes aquí, pequeñaja –James le abrazó fuerte.
- No siempre –buscó sus ojos en la penumbra de la noche.
- Todas las noches, ¿te parece poco? –acarició la mejilla de la chica.
- Contigo, todo me parece poco –juntó su cabeza a la de él y le besó.
Existen muchas clases de besos: Los besos a modo de saludo, los besos de despedida, los besos robados, los besos pactados, los besos con sabor, los besos con segundas intenciones, los besos desesperados, los besos entre risas, los besos con sabor a lágrimas; pero ahora mismo, Cornelia y James estaban besándose en medio de la noche sobe la cama de la chica a oscuras y ambos con la idea de que hay momentos únicos e irrepetibles.
Ella deslizo sus manos hasta el cuello de él y de vez en cuando tocaba su pelo. Él optó por meter la mano bajo su camiseta de dormir, le acariciaba la espalda lentamente hasta que topó con el broche del sostén. '¿Puedo', susurró y ella a modo de respuesta sonrió entre beso y beso. Soltó el sostén y acto seguido tiró de la camiseta hacia arriba. El pecho de Lia estaba por primera vez descubierto ante los ojos de James, aunque éste ya se había familiarizado con ellos. Jamás habían llegado tan lejos.
-Tengo vergüenza –susurró Lia.
- ¿De mi? –le sonrió él al separarse del beso.
- No, de lo que estamos haciendo.
- ¿Lo dejamos aquí?
- ¿Te enfadarás? –sabía que James quería eso pero ella aún no estaba preparada.
- No, pequeña, quiero que estés bien.
Cada noche James le visitaba, hasta que comenzaron las nevadas de mediados de Diciembre, aunque dejaron de verse unos días, aquellas fechas significaban dos cosas: Navidad y por lo tanto, la época favorita de Cornelia.
Syra y su hija se prepararon y junto con Neville, al cual recogieron en el camino, llegaron a la Madriguera, era veinte de Diciembre y pasarían allí unos cuantos días, pero oficialmente aquella noche empezaba la Navidad en casa de los Weasley, la cual se inauguraría con una cena.
Lia salió corriendo del coche y abrazó fuertemente a sus dos mejores amigas, tanta efusividad solo la podía tener Lia, solo ella. Después, educadamente saludó a todos los adultos y les dirigió un '¡HOLA!' a los demás primos, subió de dos en dos las escaleras y entró al dormitorio de los chicos.
- Fred, fuera –soltó la chica.
- Yo también me alegro de verte, Lia –dijo el Weasley-Johnson irónicamente y salió de la habitación.
- ¡JAMES! –gritó y corrió a abrazar a su chico.
- ¡PEQUEÑA! – la abrazó y después la atosigó a besos.
- Para, para, me vas a asfixiar –dijo riendo.
- Pues quiero que mueras –siguió besándola.
James comenzó a dar pasos, haciendo que la muggle también los diese, noto el roce de sus gemelos con la cama y ambos cayeron en el mullido colchón.
- Oh! James… -se sonrojó.
- No digas nada.
Una sonrisa cómplice, un 'te echo de menos', unos cuantos susurros y el sostén estaba desabrochado, ambas camisetas en el suelo y las manos inquietas de James revoloteando por el cuerpo de su chica.
- No quiero asustarte, pero te necesito –pausa- ahora –dijo Cornelia mientras se separaba de la cara de James para ver su reacción.
- Esta noche, te lo aseguro – le dijo al oído a pesar de que no había nadie más en la habitación. Le besó la frente, se puso su camiseta y salió del dormitorio.
Pasaron la tarde jugando al quidditch, todos los primos mientras Lia se sonrojaba en las gradas cada vez que James le miraba. Rose y Mique enseguida adivinaron que algo ocurría, así que en cuanto acabaron el partido tiraron de los brazos de su amiga y se encerraron en la habitación, en aquella habitación que sabía ya tantas cosas…
- Lo has hecho –soltó Rose sin más.
- Aún no –Lia comenzó a sonrojarse.
- ¿Cómo que aún? –Mique estaba dudosa.
- Esta noche, me lo ha prometido.
- ¿Y como te sientes? –de nuevo la pelirroja.
- Eufórica y con miedo.
- James lo hará bien, tiene práctica –rieron ambas Weasley.
- Es por eso por lo que tengo miedo, él sabe tanto y yo tan poco…
- Déjate llevar, ese es mi consejo. Peor fue lo mío que ninguno de los dos sabíamos como hacerlo –dio Mique mientras sostenía las manos de Rose entre las suyas para que ésta no empezase a llorar al recordar lo que le pasó a ella.
- Muchas gracias chicas, en serio –se levantó del suelo y las abrazó.
- Yo también os quiero contar algo –dijo de repente Rose- es sobre un chico…
Cuando llegó Septiembre y volvieron al colegio, se tuvo que enfrentar a Scor, simplemente se hacía la fuerte en su presencia, es más, hacía como si no existiese, ¿cómo mirarle a la cara? Oía los cotilleos y los susurros en los pasillos cuando ella paseaba, pero cuando Albus se enteró no dejó de acompañarla, le escoltaba hasta la entrada de los baños de chicas y solo porque no le tenían permitido entrar, de lo contrario, lo habría hecho. Aquel chico adoraba a su prima por encima de muchas cosas. Y rompió su amistad con Malfoy, después de todo lo que había hecho no podía aceptar sus disculpas y mucho menos hacer como si no hubiese pasado nada. Preferiría haberle arrebatado él mismo la virginidad a su prima, aunque fuese incesto, pero se aseguró a sí mismo que hubiese sido de una bonita forma, no como aquel cretino.
Rose como cualquier chica después de separarse del chico que creía que había sido su gran amor, lloraba, cada noche. Ya no tenía los brazos de James a su alrededor, y sus susurros consoladores, ahora simplemente le quedaba acurrucase sobre sí misma y llorar en silencio para no despertar a las demás chicas.
Lo que aquella pelirroja no sabía es que después de la tormenta siempre, pero siempre, llegaba la calma y tras la calma volvía salir el sol. Cuando los demás alumnos dejaron de chismotear sobre ella y comenzaron a hablar de otros cotilleos, le sugirió a Albus que podía dejarla caminar sola, que ya no le dolía lo que la gente decía, se había hecho fuerte. Cada tarde se sentaba bajo un árbol y escribía lo que sentía, hacía los deberes, escuchaba música muggle (la cual hablaba mucho de desengaños amorosos), y hablaba con Lia por teléfono. Pero la semana antes de Navidad, recibió un avión de papel mientras estaba allí sentada como cada tarde.
' No pretendo asustarte, y sé que esto es una tontería, pero no me gusta verte sola cada tarde, preferiría verte a mi lado, compartiendo momentos juntos'.
Inmediatamente pensó en Scor, no podía ser tan canalla, miró hacia todos lados pero no encontró ni rastro del chico rubio, lo que sí encontró fue la silueta de un chico de espaldas, tenía la piel blanca, el pelo moreno y era alto, o al menos más alto que ella. Se levantó del suelo y se colgó su mochila a la espalda y corrió tras aquel chico.
- Eh, eh, espera –dijo mientras jadeaba por haber corrido.
- ¿Rose Weasley, verdad? –dijo el chico cuando se hubo dado la vuelta.
- Sí, ¿Quién eres? –dijo la chica avergonzada por la nota que acaba de recibir.
- Henry Dewloart –sonrió mientras se acercaba a ella para darle dos besos.
- ¿Tú me has mandado esa nota? –dijo incrédula.
- Sí y me he arrepentido en el momento, lo siento –aquello descolocó a Rose.
- ¿Por qué te has arrepentido?
- Te he molestado, y te habré parecido un friki.
- No me has molestado, y bueno –sonrió– un poco friki sí que me has parecido –él rió.
- Esa es la sonrisa que tanto me gusta –y acto seguido se tapó la boca con las dos manos.
- ¿Te han dicho alguna vez que eres demasiado directo? –dijo la chica siendo coqueta.
- Sí, bastantes veces, y normalmente asusto.
- A mi me gusta que le gente sea directa.
Tras aquella conversación algo extraña, lo demás no se hizo esperar demasiado. Él se había presentado a sí mismo como alguien directo y ella intentó seguir su ritmo.
Tras el relato de Rose, las chicas empezaron a preparase, para la cena de la noche. Cuando la morena hubo terminado de ponerse algo de maquillaje en su blanca piel y de rizarse aquellos rizos rebeldes, tocó la puerta de los chicos.
- ¡JAMES SAL! –gritó.
- Estás preciosa enana –le piropeó el chico, mientras se peinaba el pelo húmedo hacia atrás con la mano.
- Tú también –se acercó a él, y agarrándole del cuelo de la americana, le besó.
- ¿Aún te tienes que poner de puntillas? –dijo mirando los pies de ella.
- No te fijes en esto, tonto –le golpeó el pecho. Aún no me he puesto tacones.
- El vestido sube cuando te pones de puntillas, así que por mi, ve descalza.
