EPÍLOGO:

Kakashi estaba terminando de vestirse. Se observó en el espejo e intentó peinar su rebelde cabellera gris, fue en vano. Aún seguí portando su característica máscara, pero ahora sólo llegaba hasta la nariz, ambos ojos estaban descubiertos. Había perdido el Sharingan durante la última Gran Guerra. Había demasiados recuerdos aún, le fue imposible no repasar lo que había sucedido en los últimos meses, la forma en la que todo había acabado, estuvo a punto de convertirse en un desastre, de realmente perderla.

Flashback:

No podía creer lo que veía, debía estarlo imaginando, algún truco de su mente o era una pesadilla.

Obito estaba frente a él, sin máscara, ni esa máscara naranja que siempre había utilizado para esconder su verdadera identidad, y no sólo eso, se habían encontrado un par de ocasiones, formaba parte de Akatsuki, el mismo grupo que destruyó la Hoja, que estuvo a punto de llevarse a Naruto y que había logrado secuestrar a Gaara, que causaba tanto miedo y destrucción. Se negaba a creer que él fuera el responsable de todo, el iniciador de la Guerra. Y a su lado, estaba Rin. Estaba viva y al lado de Obito, detrás de toda la Guerra y el caos.

Lo sofocó ver esa escena, eran sus dos compañero de equipo, la razón por la que había llegado tan lejos. En ese momento no sintió culpa, estaba furioso. Ellos dos habían olvidado las enseñanzas de Minato, su entrega con la Aldea y el compromiso para protegerla, se enfureció con Obito por dejar que el odio lo hubiera manipulado de esa forma. Y Rin, no había justificación para lo que estaba haciendo, él pudo equivocarse al lastimarla pero eso no le daba derecho a vengarse de manera tan desastrosa, había ninjas inocentes, Neji había muerto. Y ella había tenido más de una oportunidad para detener la Guerra, pudo detener a Obito, convencerlo del error en el que estaba, pudo volver a la Aldea y explicarlo todo. Pero no lo hizo.

Y Sakura, ella había estado en verdadero peligro, la habían atacado directamente como parte de una venganza absurda. Buscó a su alumna entre la multitud, la joven estaba unos metros atrás, tenía el rostro más pálido y sus ojos jade reflejaban la sorpresa ante lo que veía. Era un blanco fácil, ni siquiera estaba prestando atención a su alrededor.

Corrió hasta ella, estaba parada pero no reaccionaba.

-¡Sakura!- le gritó tomándola del rostro. Por fin sus ojos jade se encontraron con su mirada -¡Tienes que irte de aquí!-

Su relación seguía siendo un secreto, pero en ese momento lo que menos le importaba era evidenciarse, lo que el resto pudiera pensar o el escándalo que surgiera.

-No puedes proteger a nadie, Kakashi- era Obito -Prometiste cuidar a Rin, y está conmigo ahora…-

-¡Esto es diferente!- vociferó el ex ANBU. No se detendría a explicarle por qué Sakura era diferente, porque daría hasta la última gota de vida para protegerla. Estaba dispuesto a enfrentarse a ellos, a su equipo, sólo para proteger a su alumna. Recibiría cada golpe por ella, se convertiría en su escudo.

-Tranquilo…- La voz de Sakura estaba llena de calma, incluso le ofrecía una ligerísima sonrisa -Saldremos de esto, juntos-

El ninja hubiera querido apartarla del campo de batalla, llevarla hasta un lugar seguro, era la única manera de estar tranquilo. Sabía que estaba aterrado de no poder protegerla, ¿qué sucedería si después de todo no podía protegerla?, no soportaría perderla, no soportaría volver a la Aldea si no era con ella.

-No lo entiendes, Sakura. No puedo perderte a ti…-

-No me perderás, yo siempre estaré contigo-

Esa no era la respuesta que quería, necesitaba ponerla a salvo. Pero no había tiempo para hablar, estaban en medio de la guerra.

Después de eso, todo se volvió un caos absoluto, el campo de batalla exigía concentración absoluta pero el ninja no perdía de vista a Sakura.

-¿Realmente cambiaste a Rin por esa jovencita?- le preguntó Obito.

-Elegí a Sakura, no me arrepiento-

-Estábamos ahí, en la misión del Sanbi. Rin lo vio todo, los vio en aquella ocasión, no esperabas que se quedara con los brazos cruzados-

-Te lo dije, Sakura es diferente. Con ella no hay límites-

El ninja sabía que no entenderían, ellos no sentían el fuego en su pecho cuando estaba cerca de su alumna, el cúmulo de sentimientos que se formó desde que estaba con ella. La ternura de sentirla tan frágil y pequeña, el cuidado con el que la tocaba por las noches, la satisfacción de tenerla entre sus brazos, el intenso amor que surgía por su alumna. No le importaba si nadie entendía eso, seguiría peleando por la joven, por estar a su lado.

Cuando la Guerra terminó y perdió el Sharingan, Sakura aún lo ayudaba a seguir de pie. Era más que obvio que su relación había quedado al descubierto, sentía las miradas de todos los ninjas de la Hoja sobre ellos, y era justamente lo que no quería, no por él, sino por Sakura, podrían incomodarla. Ella merecía un poco de tranquilidad después de lo que había sucedido. Él no era el único que había cambiado, su alumna ahora lucía un pequeño diamante en el centro de su frente, lo había sorprendido ver el talento y las habilidades que exhibió la joven durante la última pelea. Su nombre se convertiría en leyenda, había sido una de las piezas fundamentales de la última Gran Guerra y estaba profundamente orgulloso. Ahora el único detalle era que no habría ninja que no se fijara en ella.

Rin aún los veía, había sobrevivido y parecía tan lastimada como al principio. Aún no los perdonaba, después de la Guerra y llevar su venganza tan lejos, estaba sola. Dolía verla de ese modo, era su compañera de equipo, habían pasado tantos años juntos y habían compartido momentos importantes, hasta hace unos años aún la consideraba la mujer de su vida.

-Deberías hablar con ella- Sakura lo animó con una sonrisa.

-No estoy seguro…-

-Necesitan hablar-

Sakura se quedó con Naruto y comenzaron a hablar, era sobre la Guerra, la médico se aseguraba de que su compañero estuviera tan bien como fuera posible, pero estaba seguro de que cuando se alejara, Naruto comenzaría a interrogarla, ya estaba imaginando la lluvia de preguntas. Les esperaba un camino largo.

-Nunca quise lastimarte, Rin…-

-Luces tan feliz con ella, más que conmigo y apenas llevan unos meses…-

-Sí fui feliz contigo, es sólo que…-

-Eres más feliz con ella ¿se supone que debo aceptarlo y ya? Pasamos años juntos y parece que los borraste con tanta facilidad- el tono de la mujer no era de reproche, estaba al borde del llanto y eso era lo más doloroso.

-Algún día lo sentirás también, lo que yo siento por Sakura-

-Ya lo sentí, y fue por ti- limpió una solitaria lágrima en su mejilla -No volveré a la Aldea, no puedo-

No le dedicó una sonrisa y tampoco le deseó felicidad. Se alejó de él como si fuera una extraña. No fue fácil dejarla ir, pero no podría darle lo que deseaba. Dio media vuelta y también se alejó. Su alumna lo recibió con una sonrisa.

-Debo admitir que no me lo esperaba- Naruto se rascaba el rubio cabello y mostraba una sonrisa nerviosa -No lo vi venir, sensei. Parece que se quedó con la chica-

-Soy un tipo afortunado- besó la frente de la joven en público, lo estaba haciendo por primera vez poco después de terminar la Guerra. Ya no tendría que seguir escondiendo lo que sentía por su alumna, no más citas a escondidas, ahora podría pasar por la Aldea y sostener su mano con orgullo.

Naruto tenía razón, él se había quedado con la chica y no pensaba dejarla libre para nadie más.

Fin Flashback

El ninja terminó de vestirse, no se permitió volver a pensar en la Guerra ni en nada que pudiera tener recuerdos amargos. Era el día más importante de su vida y no permitiría que nada pudiera arruinarlo.

-¿Sensei, está listo?- Naruto tocó la puerta. Sonaba impaciente -Todos lo están esperando-

El ninja por fin salió de la habitación, estaba nervioso, como jamás lo estuvo -Luce bien, sensei- su alumno también se había vestido para la ocasión -Parece nervioso-

-Lo estoy-

-No tiene por qué estarlo, sólo tiene que pararse frente a todos y…-

-Algún día, y no muy lejano, me entenderás. Es una nueva responsabilidad- intercambiaron una sonrisa cómplice y partieron.

Había una multitud esperándolos, todos esperando la ceremonia. Sintió que la boca se le secaba. Estaban amigos y colegas, estaba Guy, estaba la Godaime, sólo faltaba la persona más importante. Tomo su lugar y esperó. El tiempo parecía ir más lento, los segundos se hacían eternos y la espera parecía infinita.

Por fin ella apareció y entonces se quedó sin aliento. Su corazón latió tan aprisa que no escuchaba lo que sucedía a su alrededor. Sus ojos sólo se concentraban en la mujer que se acercaba a él, lucía hermosa, no podía apartar la vista de ella. Era como ver un ángel, era una imagen que jamás se borraría, sintió sus ojos empañarse.

Tomó su mano, su delicada y suave mano, parecía más frágil que nunca.

-Eres la mujer más hermosa- le dijo besando su mano -Gracias por hacerme el hombre más feliz-

La joven no parecía estar tan nerviosa como él, tenía un semblante tranquilo pero conmovido, sus ojos jade brillaban de emoción y reflejaban una dulzura que le llegó hasta lo más hondo del pecho.

Sakura lucía un precioso vestido blanco, su cabello rosado ondeaba delicadamente y marcaba su rostro de forma perfecta. Esa mujer estaba muy lejos de cualquier hombre, era absolutamente preciosa, tenía una ternura tan conmovedora y una actitud vivaz, tenía la sonrisa más hermosa, el color de sus ojos y la forma en la que te veían era capaz de robarte el aliento. No estaba seguro de merecer a un ángel así, pero se estaba cansado con ella y ese era el final feliz que había estado buscando.

Ni siquiera el día que fue proclamado Hokage de la Aldea Oculta entre las Hojas, fue tan importante, ni siquiera ese día se sintió tan orgulloso como en este momento, cuando estaba uniendo su vida con la de su alumna, su ex alumna.

Él que nunca había imaginado casarse, formar una familia y ser el Hokage de la Hoja, ya era todo eso y mucho más, a partir de ese día comenzaba a formarse una nueva familia. Y no había nada mejor en el mudo. Había encontrado a la mujer perfecta, o tal vez ella lo había encontrado a él, o se habían encontrado ambos, pero como quiera que hubiera sido, estaba con la mujer correcta y eso era lo que había estado esperando para hacer todo aquello que prometió no hacer. Recordaba las tardes cuando no había misión, se escabullía en la habitación de la joven y se quedaban tumbados en la cama, a veces ella estudiaba y él leía uno de sus clásicos libros, pasaban horas en el silencio más cómodo que él jamás hubiera experimentado, después hacían el amor, no importaba si era de día o de noche, la joven se entregaba a él como si fuera la primera vez. Lo volvía loco, sus labios se habían convertido en un vicio que siempre lo hacían regresar.

Con Sakura no había límites, no había barreras. Las horas no eran suficiente y nunca tenía suficiente de ella. Sus ojos no se desviaban con otras mujeres, ninguna otra se comparaba con la joven, no había sonrisa más hermosa ni ojos más profundos, no quería tocar otra piel o besar otros labios, probar otra esencia o llenarse de otro calor, era sólo ella. Era la única.

Sakura terminaba de recibir las felicitaciones de Tenten e Ino, durante toda la organización de la boda, ellas habían sido las más cercanas. La ceremonia había sido hermosa gracias a su dedicación y atención a cada detalle. Y es que no era una ceremonia de matrimonio cualquiera, era la boda del Hokage de la Aldea Oculta entre las Hojas, un verdadero acontecimiento que merecía una atención especial y las dos ninjas se encargaron de hacerla memorable. La decoración, la comida, su propio vestido, no había nada que no resaltara. Era una ceremonia elegante que no dejaba de ofrecer un toque fresco, romántica y llena de hermosos detalles.

-Tiene que ser perfecta, Sakura. No es cualquier boda, te casarás con el Hokage ¿te das cuenta de lo importante que es?- le habían preguntado Ino y Tenten, ellas parecían mucho más estresadas por cada detalle que la propia novia.

Y es que Sakura a veces aún no reaccionaba que realmente se casaría con el Hokage, cuando lo veía a la distancia, como en ese momento, recibiendo felicitaciones y charlando animadamente con Guy, lo recordaba como su sensei, y aun así se extrañaba de pensarlo como el encargado del equipo siete, para ella sólo era Kakashi, el hombre de su vida, sin títulos, nunca le habían importado para ser feliz a su lado. Era cierto que no podía evitar sonreír cuando recordaba que era la esposa del Hokage, no era cualquier ninja y ser la mujer elegida para acompañarlo toda la vida, le daba cierto orgullo. Lo había conquistado una jovencita, su alumna, recordar eso siempre le sacaba una sonrisa, de triunfo sino de tierna satisfacción.

¿Cómo había sido la propuesta? Había sido mejor de lo que hubiera podido esperar, totalmente diferente a la personalidad del ex ANBU un tanto despreocupada y su actitud hasta un poco floja. Sucedió sólo dos días después del fin de la Guerra, aún cuando todo el caos no terminaba de desaparecer. La primera noche en la Aldea, no pensó en ver al ninja en todo el día, sabía que tendría asuntos importantes qué solucionar, era un periodo de tensión entre todas la Aldeas, las secuelas de la Guerra aún flotaban por el aire, aún así él la visitó por la noche. La despertó de una de las pesadillas que aún ahora seguía teniendo y después de tranquilizarla le pidió que cerrara los ojos, Sakura ni siquiera la dudó, confiaba en él. Sintió que la tomaba de la mano, le llegaba la luz de una vela que mantenía prendida por miedo a la oscuridad, pero siguió con los ojos cerrados. Tenía su mano izquierda entre sus manos y de pronto sintió que algo frío se deslizaba en su dedo anular.

La joven abrió los ojos y se encontró con su sensei arrodillado frente a ella, aún le sostenía la mano y tenía la máscara abajo, su rostro reflejaba un nerviosismo tan extraño en él, en la otra mano tenía un gran ramo de flores e incluso notó que su rebelde cabellera estaba un poco más peinada que de costumbre. Y entonces se lo preguntó, le preguntó si aceptaría ser su esposa.

Sakura aún recordaba la sorpresa que sintió en aquel momento, su corazón latió tan fuerte que pensó que saldría de su pecho. Observó el hermoso anillo, brillaba con la luz de la vela. Sintió que sus ojos se humedecían, que las palabras se le atoraban en la garganta y lo único que pudo hacer fue asentir con fuerza. El ninja estaba bien vestido, peinado y lucía tan apuesto como siempre, en cambio ella tenía una pijama cuyo pantalón y blusa no eran de la misma, su cabellera estaba despeinada y debía verse como un completo desastre. Pero había sido el momento perfecto, que él se hubiera molestado en comprarle flores y un anillo tan hermoso.

Claro que había anhelado casarse con él, pero no estaba segura de que sucediera, su sensei aún atravesaba una etapa difícil y no creía posible que pensara en matrimonio, mucho menos con el poco tiempo que llevaban, no lo veía como la clase hombre que se casara y deseara formar una familia. La sorpresa que experimentó cuando lo vio arrodillado y ofreciéndole un anillo de bodas fue enorme, tardó más de diez minutos en poder decir una frase completa.

Y ahora estaban oficialmente casados.

Observó al ninja a la distancia, sorteaba invitados y aceptaba las felicitaciones pero no se detenía más de un par de segundos, intentaba acercarse a ella. Sakura nunca se acostumbraría a la emoción que la embargaba cuando lo sentía acercarse. Era la mujer más afortunada, él era la clase de hombre que cualquier mujer deseaba, era sumamente atractivo, talentoso e inteligente, con cierto sentido del humor, un toque de misterio, era apasionado, era cuidadoso y entregado a cada cosa que hacía, tenía un lado tan romántico y protector, nadie podría superarlo, no ante sus ojos.

-¿Disfruta de la fiesta, Hokage-sama?- preguntó Ino.

-Mucho, realmente se esforzaron- Kakashi abrazó a su esposa por la cintura, estaba detrás de ella.

El ambiente que reinaba en la fiesta después de la ceremonia, era fantástico, todos parecían divertirse, se oían carcajadas y en el rostro de todos había una sonrisa, Guy estaba divirtiendo a todos los presentes con sus clásicas anécdotas, no era muy sentimental, pero era uno de los invitados más importantes para él, estaba seguro de que su "eterno rival" realmente le deseaba lo mejor al nuevo matrimonio.

Ino y Tenten charlaron un poco con ellos pero luego se fueron en búsqueda de sus relativas parejas.

-¿Crees que se note si nos vamos?- le preguntó a Sakura.

-Sí, la fiesta aún está empezando-

-Pero quiero estar a solas contigo- le susurró al oído. Estaba disfrutando del ambiente, pero quería un rato sólo con su esposa -Podríamos escaparnos…-

Antes de que la joven pudiera responder, Kakashi la tomó entre sus brazos y se escabulló por donde pudo, no estaba seguro de si alguien los había visto pero nadie los detuvo y eso era lo más importante.

-Que suerte que eres el Hokage y puedes hacer lo que quieras- la joven tenía las manos alrededor de su cuello, sus ojos jade brillaban de manera tan especial, se veía sumamente hermosa con sus mejillas sonrojadas, vestida de blanco.

-Que suerte que tengo todo lo que quiero, que suerte que te tengo a ti-

La llevaba entre sus brazos mientras se alejaban de la fiesta, las calles estaban vacías. Kakashi siguió su camino hasta la nueva casa, espacial para ellos dos. Sakura era tan ligera como una pluma así que no le molestaba llevarla cargando, además no quería que se ensuciara su vestido y le encantaba tenerla así de cerca. La casa no estaba tan lejos, pero las ganas que tenía de llegar hacían el recorrido más largo de lo que en realidad era.

-¿Disfrutas ser la esposa del Hokage?-

-Creo que podría acostumbrarme…- bajó su máscara y lo besó de la forma en la que sólo ella podía. Seguían caminando pero el ninja tuvo que detenerse para disfrutar de ese placentero contacto. Sakura tenía una forma de besarlo tan único que le hervía la sangre en segundos, era una mezcla de ternura y de sensualidad. El beso estaba durando más de lo que podría considerarse decente, y había una buena razón para eso, después de que él le pidiera matrimonio, la joven había decidido que no le pondría un dedo encima hasta la noche de bodas, ni siquiera cuando lo nombraron Hokage, así que ahora, y aunque no lo admitiera Sakura, estaban necesitados el uno del otro. Las manos de la médico se enredaron en su rebelde cabellera y lo acercó más a sus labios, aún la cargaba y eso no le permitía acercarla a su cuerpo que estaba urgido de un contacto más íntimo.

-Creo que es mejor que me apresure- le dijo separándose de sus labios. Tenía que tranquilizarse, pero comenzó a caminar más rápido y no se detuvo por nada. Faltaban unas cuadras más y Sakura había bajado lo suficiente su máscara como para besar su cuello, podía sentir su lengua acariciar su piel, apretó la mandíbula y se concentró en seguir caminando. La médico en efecto era un ángel, pero tenía un lado que no era tan inocente y que él agradecía infinitamente que tuviera.

Por fin llegaron a su destino, el ninja se las ingenió para abrir la puerta él solo, no quería interrumpir los cálidos besos que su alumna repartía por todo su cuello. La casa estaba totalmente sola y a oscuras pero ni siquiera se detuvo a encender una luz para poder ver su camino, en lugar de eso sorteó todos los muebles que habían, no lo hizo de forma perfecta, terminó por chocar con carios obstáculos, pero eso no le impidió encontrar el camino hasta la escalera. Después de ahí el camino se volvió más fácil, subió con facilidad y encontró la puerta a al dormitorio. Entró con ella en brazos y entonces reaccionó que era la primera vez que ambos estaban en esa habitación, en esa casa. A partir de ese momento compartirían la casa, la cama y toda su vida, era un momento que no quería olvidar que debía ser especial. Dejó a la joven en el borde de la cama y prendió la luz de una vela, después se volvió a acercar a ella, se arrodilló y tomó sus manos.

-Esta será nuestra casa a partir de ahora, pero tú siempre serás mi hogar, Sakura. El lugar donde tú estés es donde yo quiero estar- la joven se acercó a él y unió sus frentes. Su piel estaba cálida y podía oler su delicado perfume.

-¿Realmente es así como deseabas que todo acabara?-

-Es mucho mejor, todo lo es cuando estás cerca. Estuve cerca de proponerte matrimonio cuando regresaste de la Arena, pero no quería verme tan desesperado- Sakura rio contra sus labios. Le fascinaba ese sonido sobre cualquier otro -Y eres la mujer más hermosa-

-Te amo- le susurró ella.

-También te amo- le dijo antes de besarla. Sakura tenía la cualidad tan especial, cuando estaba con ella, cuando sus labios se juntaban o lo tocaba, podía hundir a sus demonios, los ponía a dormir, borraba cualquier cicatriz que pudiera tener, le gustaba el hombre que era, se enorgullecía por ser el Hokage. No le importa su merecía una joven así, tan única, pero la amaba. Le había contado todo sus pasado, sin omitir ningún detalle, cada error y estupidez que había cometido en sus pasado, el relato estaba lleno de vergüenza por su comportamiento, pero cuando terminó, la médico le dedicó una sonrisa llena de ternura, le dio un corto beso en los labios y lo llevó hasta el baño, lo desvistió con mucho cuidado y ella también terminó por quitarse su ropa, al final se ducharon juntos. Kakashi pudo sentir como también se lavaban sus errores. También fue la primera vez que ella le dijo que lo amaba.

El beso que compartían se extendió durante largos minutos, había un sentimiento especial en besarla porque eran los mismos labios, la misma mujer, pero ahora era su esposa y no había sensación que pudiera superar a lo que en ese momento sentía. Ahora estaba completo.

Se tomó las cosas con calma, se puso de pie y también la jovencita. Sus manos recorrieron su cuerpo sobre el vestido, la acariciaron sobre la suave tela que la envolvía, estaba saboreando el momento. De apoco comenzó a desvestirla, pero lo hizo con mucho cuidado, no quería dañar ese vestido tan especial, cuando la prenda cayó al suelo el ninja la recogió y la acomodó en una silla para que no se arrugara. Volvió con su esposa y se tomó unos segundos para observarla. Su ropa interior era blanca y resaltaba el color de piel, su cabello rosado y sus ojos jade se veían más angelicales, no olvidaba que era una década menor.

Acarició su cuello y hombros, delineó la curva de su cintura y pasó el dedo índice por el centro de su pecho hasta llegar al ombligo. Entonces la besó, la besó con más clama de lo habitual, una de sus manos envolvió su desnuda cintura y la atrajo hasta su cuerpo, la otra mano llegó hasta el delicado rostro de su mujer y lo acarició con ternura. La deseaba, nunca podría tener suficiente de ella, de su esposa.

Siguió acariciando su cuerpo, sus manos no se estaban quietas, pero era caricias suaves. Llegaron hasta su espalda, hasta delinear esa femenina curva que la definía. Sus manos se enredaron en el broche de su sostén pero pudieron desabrocharlo en pocos segundos, un escalofrío lo invadió, sintió como el vello de la piel se le erizaba, nunca le había confesado lo placentero que era verla desnuda. Acarició su piel y rompió el beso para terminar de sacar esa prenda, para que sus manos pudiera acariciar sus senos desnudos que se endurecían bajo sus hábiles dedos. Comenzó a besar su fino cuello, el lugar donde su aroma tan distintivo estaba almacenado y el lugar donde, cuando lo besaba, perdía el control, sus manos seguían acariciando sus sensibles senos. Sakura jadeaba con suavidad, de esa forma tan deliciosa que lo incitaba a continuar, la respiración de ambos se estaba acelerando. Bajó sus manos hasta las bragas de la joven y las bajó, delineó sus largas piernas y acarició su intimidad. Una de sus manos llegó hasta la pequeña cintura de sus esposa y la sostuvo con fuerza mientras la seguía acariciando, era tan ligera como una pluma y no le importaba sostenerla, sus piernas se movían inquietas. Estaba totalmente desnuda entre sus brazos.

La tomó de la cintura y la acostó sobre la cama, la luz de la vela aún estaba encendida e iluminaba cada centímetro de piel de su mujer. Era una vista estimulante, sus ojos recorrían cada parte de ella, memorizaba la forma en la que su pecho desnudo y agitado subía y bajaba apresurado, su vientre plano que se hundía y marcaba su cintura, la curva tan sensual en su cadera y su intimidad expuesta cada vez que ella movía las piernas. Comenzó a desvestirse, por más que quisiera tomarse las cosas con calma, verla desnuda lo ponía en una situación muy complicada. No tardó mucho tiempo en quitarse hasta la última prenda, y a diferencia del vestido de Sakura que permanecía colgado en una silla, él dejó su traje en el suelo.

Se recostó sobre el cuerpo desnudo de su esposa, el contacto entre ellos era tan íntimo, ambos estaban completamente desnudos. Sentía los senos de ella chocar contra su pecho, su piernas que se enredaban en las suyas, sus caderas coincidían de una forma deliciosa.

Sus labios se encontraron en un beso intenso, sus lenguas se enredaron y entonces el ninja levantó la pelvis y comenzó a entrar en ella, con suavidad se deslizó entre sus muslos tibios, estaba húmeda y lista para recibirlo.

Se movió contra el pequeño cuerpo que tenía debajo, disfrutó de cada embestida que le arrancaba roncos gemidos de la garganta, era una fricción que le estaba quitando el aliento. Besaba sus labios y su cuello, se hundía en su interior y se deleitaba con rozar su cuerpo desnudo. Le escuchaba jadear con fuerza, sentía sus uñas clavarse en su espalda, lo estaba disfrutando como si fuera la primera vez.

Sakura no era capaz de pensar en nada que no fuera el hombre que se movía contra su cuerpo. Sus fuertes brazos que la rodeaban dándole seguridad, su firme y bien marcado pectoral que presionaba sus senos, la forma tan íntima en la que entraba en ella, se movía con tanto cuidado e intensidad a la vez. Invadía cada centímetro de su cuerpo, la tomaba por completo, cada pizca pero seguía tratándola con tanto respeto que la conmovía, que la incitaba a entregarse sin reservas. Se había entregado a él en su totalidad, no había parte de su cuerpo que él no conociera. Habían hecho el amor en más de una ocasión y siempre había experimentado el mismo deseo, su sensei era un hombre apasionado, seductor y atento con ella, con lo que necesitaba. Mientras se deslizaba en su interior, jadeos incontrolables se escapaban de sus labios, una capa de sudor se formaba en su pecho y en su frente. Sentía su miembro entrar en su intimidad, empujar contra ella y cómo un calor se extendía por todo su vientre. Era un hombre en toda la extensión de la palabra, era tremendamente atractivo, su cuerpo bien definido por los músculos, sin un gramo de grasa, verlo de esa forma, sin una prenda de ropa, le elevaba el pulso de manera inmediata.

El ritmo aumentó, la embistió con más fuerza y más velocidad. Lo escuchaba gemir del placer, disfrutaba estar dentro de ella, de tocarla y de hacerla su mujer. Sintió que besaba su cuello con decisión, que succionaba ligeramente. La cama no cedía bajo el peso de ambos pero sonaba con cada embestida. Sakura abrió los ojos y se encontró con el rostro del ninja, lleno de placer, respiraba con por la boca y su pelo rebelde caía en mechones rebeldes.

-Por favor…- le suplicó cuando él bajó la velocidad de las embestidas. Su cuerpo estaba al límite y él lo sabía.

Lo rodeó con las piernas y lo empujó más adentro. Movía su cadera contra él suplicante de más. Su piel estaba erizada. Estaba a punto de llegar al límite.

-Me vuelves loco…- dijo el ninja aumentando el ritmo de nuevo. Las embestidas se volvieron más fuertes, tenía la boca seca de tanto jadear. Las manos de su esposo recorrían cada rincón de su cuerpo.

Sintió su cuerpo llegar al final, su mente estaba en blanco, cada fibra de su cuerpo estaba inundado de placer, se estremecía y sintió cómo el ninja invadía su cuerpo de una manera más íntima, su esencia estaba en ella. Él también había llegado al final, seguía dentro, pero su cuerpo se relajó y hundió el rostro entre su cuello. Estaban exhaustos.

Sakura acarició la espalda desnudo del Hokage, delineó sus músculos con las yemas de los dedos, su amplia espalda bien definida. Desde aquella noche, cuando él, aún convaleciente, le susurró cómo le haría el amor, y después cuando verdaderamente se entregaron al otro, en la misión del Sanbi, hasta llegar a ese momento, como marido y mujer, la jovencita nunca imaginó que podría experimentar tanto en los brazos de un hombre, tanta seguridad y pasión mezcladas. Aún recordaba la primera vez que lo vio, lo imposible que le pareció estar con un hombre como él, y aún cuando fue su alumna las distancias le parecieron más inmensas, era su sensei, un ninja reconocido por todos, con una historia que se estaba convirtiendo en leyenda, así que ahora, aún cuando lo tenía entre sus brazos, después de hacer el amor, se llenaba de asombro de que el Hokage pudiera amarla de una forma tan profunda. De que su boda hubiera sido sólo unas horas antes.

-Eres la mujer de mi vida, Sakura- le dijo el ninja antes de besarla en los labios. La joven acarició su rostro y se observó en sus ojos negros -No sé qué tienes, de qué estás hecha, pero amo cada parte de ti. Te necesito sólo a ti, y cuando me di cuenta supe que quería acabar así, casado contigo. Que no importa mi pasado o el tuyo, como sensei y alumna, ahora eres mi mujer, eres mi esposa-

La joven sintió cómo se le empañaban los ojos, las palabras estaban atoradas en la garganta, estaba profundamente conmovida. Ese hombre la amaba, completamente, como siempre anheló que un hombre lo hiciera.

-Siempre pensé que eras muy malo con las palabras- le dijo a modo de broma.

-Con la mujer correcta, me sobran-

-Bueno, a mí con el hombre correcto, me faltan-

Estaban formando una familia, estaban listos para hacerlo. Kakashi quería ver el vientre plano de su alumna, abultado, quería verla sostener a su hijo entre sus brazos, un bebé con el cabello rosado o sus ojos jade, quería verla en la oficina Hokage y pasear con ella por toda la Aldea, tomados de la mano. Su pecho se llenaba de orgullo por tenerla como esposa, era una ninja excepcional y estaba seguro de que sería una mejor madre.

Era su sensei, sí, pero el amor era extraño y ella lo aceptaba. No le importaba buscar en los lugares comunes, entre sus compañero o amigos, con alguien de su edad o sin tanto pasado, Sakura no quería algo común, un amor simple, ella estaba buscando algo extraordinario y ese hombre era su sensei, él era el amor que estaba buscando. Sería el padre de sus hijos. Nunca se había quedado sin palabras hasta él. Cuando veía hacia atrás era difícil saber cuándo había comenzado todo, pero estando entre sus brazos, no importaba si habían hecho las cosas mal, estaban juntos y casados, si el inicio no era perfecto, el final sí lo sería.

-Te haré la mujer más feliz-

-¿Lo prometes?- le preguntó ella.

-Lo prometo, preciosa-

Ya no tenía miedo de prometer, ya no había más miedos, más culpa o más pasado. Sólo era su alumna.

El futuro tenía forma de mujer, con cabello rosado y ojos jade.

FIN

GRACIAS POR LEERME, POR SEGUIR OTRA HISTORIA. SIEMPRE DEDICADAS A USTEDES.

YOYO