HEDGEHOG'S DILEMA

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CAPITULO 10: SIN MIEDO A NADA

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Yo te fui desnudando de ti mismo,

de los "tús" superpuestos que la vida

te había ceñido...

Y ante el asombro vago de tus ojos

surgiste con tus ojos aun velados

de tinieblas y asombros...

Surgiste de ti mismo; de tu misma

sombra fecunda desgarrado

en alma viva...

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-Ahora dime la verdad -le pidió Harry al rubio, lanzándole una rápida mirada, antes de fijar los ojos en el camino -¿Realmente no has estado en un bar de rock?

-Realmente no -le juró Draco con una discreta sonrisa.

Moviendo la cabeza, Harry cambió de velocidad. Draco fijo sus ojos en la ventana y observo el hermoso paisaje rural que los envolvía. Se quitó una mota del elegante pantalón. Debió ponerse de jean, igual que Harry, pero Lauren siempre insistió en la importancia que tenía el presentarse con elegancia ante el público.

-¿Draco? -lo llamo de repente Harry, haciéndolo sobresaltarse levemente -hay algo importante que quiero decirte, pero no se como hacerlo.

-Dilo y ya -le aconsejo el rubio buscando su verde mirada.

-Draco... yo... no quiero que te enfades, pero... -Harry se detuvo sin saber realmente como decirlo. Apretó con fuerza el volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos. No se atrevía a mirar a Draco.

-Ya se que soy de mal genio, que gruño mucho, que grito otro tanto... pero puedes decírmelo con confianza, yo no me enfadare. Lo prometo -dijo el rubio acariciando brevemente la tensa mano sobre el volante.

-Draco, lo que voy a decir es con respecto a tu mano...

-Sólo dilo, por favor.

-Yo conozco a alguien en el mundo mágico que quizás podría ayudarte -por fin, sus ojos se encontraron -es una vieja amiga mía que tú también conoces. Es una gran medibruja, la mejor de todas. Incluso paso por la tutoría de Madam Pomfrey y esta recién graduada, y hasta ya tiene una larga lista de pacientes que esperan ser atendidos por ella...

-Según recuerdo, tenias muchas amigas en Hogwarts, si que por favor simplifícame las cosas y dime de una vez su nombre.

-Hermione Granger -susurró el moreno con cautela -se que no tienes una gran opinión de ella, pero dale una oportunidad. No exagero al decirte que es la mejor.

-No me interesa regresar al mundo mágico Harry, y menos a ostentar una mano lisiada.

-Hermione será discreta, nadie se enterara que estuviste consultándola.

-Ni siquiera quise ir con Madam Pomfrey¿por qué aceptar ver a tu amiguita?

-Porque no pierdes nada con intentarlo, Draco.

-He visitado a varios médicos, estoy cansado de todo esto. Al menos el medico del pueblo me anima y sus terapias no me incomodan.

-Pero los médicos muggles no tienen lo que tienen los médicos del mundo mágico, Draco.

-Severus me estuvo dando pociones hasta que me harte y deje de tomarlas. Ninguna parecía hacer efecto.

-Pero a lo mejor Hermione puede encontrar otra manera de ayudarte.

Draco meditó. Madam Pomfrey le había operado la mano, reparando los nervios desgarrados, pero se había mantenido reservada en cuanto a la recuperación total de su mano. Al regresar al mundo muggle, los ortopedistas recomendados por Lauren lo supervisaban en terapias absurdas que no sentía que sirvieran para nada.

-Esta bien, ojos de gato -accedió por fin Draco -Supongo que no me haría daño visitar a la sabelotodo. Estoy harto de apretar pelotas de hule y del excesivo ánimo que me da el doctor James.

-Gracias Draco -Harry le sonrió antes de volver su vista al frente. Sus manos se relajaron nuevamente sobre el volante -trataré de comunicarme lo mas pronto posible con Ron.

-¿Y por que con la comadreja?

-Porque él y Hermione están casados y como es difícil hallar a Hermione en la casa, le pediré a Ron que le diga a ella que se comunique lo mas pronto posible conmigo.

-¿Esta Granger manteniendo a Weasley? -Draco sonrió con cinismo.

-¡Claro que no! -Harry se indigno un poco -Para tu información, Ron trabaja en la oficina de aurores. Es aun un aprendiz, pero le esta yendo mas que bien. Recibe un buen sueldo que le será aumentado tan pronto y tenga su licencia de profesional.

-Mientras no siga el camino de su padre...

-Draco, deja de decir eso o me enfadare realmente.

-Esta bien, esta bien -dijo el rubio con voz suave -Harry, no quiero que la comadreja se entere...

-No se enterara, tienes mi palabra.

-Pero Granger...

-Ella no le contara a nadie, Draco -le aseguro Harry -ella es la esposa de Ron, pero también es una profesional en su área y como buen medico, trata de manera confidencial los asuntos que le consultan sus pacientes. Te lo digo, porque lo se por experiencia.

-¿Cómo harás para contactarte con Weasley?

-Vía chimenea -contestó Harry con sencillez.

-¿Vía chimenea? -preguntó asombrado Draco -¿Tienes en tu poder polvos flu?

-Ajá.

-Pensé que te habían prohibido traer ese tipo de cosas.

-Así es, me lo prohibieron. Pero me pareció suficiente con dejarles mi varita, mi escoba y mi lechuza. Generalmente nunca obedezco del todo a Dumbledore -en ese instante Harry recordó algo -por cierto,. ¿de donde sacaste la lechuza con la que me enviaste la carta en la que te disculpabas?

-Es un regalo de Lupin. Antes de venir a este apartado lugar, me dijo que la llevara conmigo por si necesitaba algo de él o Severus.

-¿Dónde la resguardas? Jamas la he visto en la casa.

-Esta con la veterinaria del pueblo. Le pago muy bien para que la alimente y la cuide. Yo no tengo ahora el tiempo y la paciencia necesaria para cuidarla. Nunca, hasta aquel día que te envíe aquella carta, la había utilizado.

-Mañana mismo me pondré en contacto con Ron.

-Yo no tengo mucho afán, Harry.

-Entre mas pronto mejor, Draco.

-¿Estas seguro que Granger va querer atenderme?

-Por supuesto que si, ya te dije que ella es ante todo una profesional y como tal, atiende a todos aquellos que requieren de sus conocimientos, sin importar quien sea.

-Bien -dijo Draco antes de volver a posar su mirada gris en la ventanilla. Minutos después se volvió hacia Harry y le dijo: -Gracias.

Harry lo miro y le regalo una deslumbrante sonrisa.

-¿A dónde vamos exactamente? -preguntó el rubio después de un tiempo.

-Al mejor centro nocturno de Bristol.

-¿Has estado ahí antes?

-No, pero un amigo que jugaba como bateador en el equipo si. Él suele frecuentar los sitios muggles nocturnos mas divertidos y siempre nos los recomendaba. Nunca hasta hoy tuve la oportunidad de venir a conocer la vida nocturna de Bristol. Creo que hemos llegado, Lagartija Rubia -le indicó, luego de que leyó el letrero de una calle. Después de estacionar el coche, lo rodeó para ayudar a Draco a bajar.

-¿Hay algo que quieras advertirme antes de que entremos? -inquirió el rubio, contemplando la puerta abierta al fondo de una escalera de cemento.

-No te quites los zapatos -respondió el moreno con los ojos brillando como esmeraldas, con vetas de oro -No le ruegues a la orquesta que toque el "Claro de Luna". Y si alguien te invita a bailar, le dices que yo te acompaño.

-Sí, amo -accedió, con fingida obediencia el rubio. A través de la puerta abierta salía una cacofonía de voces humanas y cuerdas de guitarra. El interior del club daba la impresión de estar lleno de gente y Draco tomó a Harry del brazo para no perderlo.

Un joven robusto, con un pantalón desgarrado, muy a la moda, cuidaba la puerta. Después de revisarlos de pies a cabeza, buscando armas o drogas, los dejo pasar.

Reinaban el ruido y la oscuridad, y el aire apestaba a humo de cigarrillo. Harry guió a Draco a través de un laberinto de mesas, hasta un punto más remoto del lugar, cerca de un rincón.

Una velita chisporroteaba en el centro de una mesa pequeña. Harry instaló a Draco en una silla de madera y él ocupo la de enfrente. Se quitó la chaqueta y la colocó sobre el respaldo de su asiento.

Antes de que Draco pudiera hablar, una sexy camarera se materializó entre las sombras.

-¿Qué te gustaría tomar? -preguntó Harry.

Aunque Draco deseaba una copa de vino blanco, no se atrevió a pedirla

-Una cerveza, supongo -contestó, apostando que era una elección adecuada.

Harry ordenó dos cervezas.

-Otra advertencia: si tienes sed después de bailar, no te atragantes con la cerveza. Conseguiré un vaso de agua.

-¿Quién dijo algo acerca de bailar, ojos de gato? -lo atacó Draco con una sonrisa -Pensé que sólo íbamos a sentarnos a escuchar la música, para que me explicaras los puntos clave de este guitarrista.

-Este guitarrista se lo cedo a los gusanos -comentó Harry, de manera definitiva -Esperemos a que toquen algo más animado y entonces sacudiremos el esqueleto.

-No bailo muy bien -le advirtió Draco. Recordaba haber aprendido algunos pasos con sus amiguitos Slytherin antes del baile de cuarto año, pero hacia tanto tiempo que se confundía con la prehistoria.

-Sólo tienes que relajarte y no preocuparte por verte ridículo -lo tranquilizo el moreno.

-Parece fácil -musitó el rubio.

-Aflójate, Draco -se rió el Gry, echando la cabeza hacía atrás -Nadie se quejará si das un paso en falso. Se supone que vienes a divertirte.

La camarera les sirvió las bebidas y el Sly esperó hasta que estuvieron a solas de nuevo antes de hablar.

-¿Quién te enseño a bailar?

-Yo mismo, con algo de ayuda de Hermione, Luna, Ginny y Cho -respondió Harry.

Draco no dijo nada, simplemente se dedico a mirar a la pista de baile y sorbió su cerveza, contento de que la oscuridad ocultara su gesto de enfado. Odiaba oir hablar a Harry de la horrible Cho.

-Esta es para ti -dijo Harry, cuando la orquesta se embarcó en una melodía alegre -Pon atención a las palabras.

Se esforzó por descifrar la lírica, por encima del ruido de las voces y la distorsión de los amplificadores. Adivinó que la canción predecía que el rock reemplazaría a la música clásica.

-Roll Over, Beethoven -le informó Harry -De Chuck Berry. Un clásico de clásicos.

-No tiene armonía.

-No la necesita.

-En tu opinión -arguyó Draco, aunque no pudo suprimir una sonrisa.

-Vamos. Tratemos -le propuso, señalando la pista de baile.

-¿Me prometes que no te burlaras de mí? -preguntó el rubio, mientras Harry rodeaba la mesa.

-Te lo prometo -lo pescó de la mano, para evitar que se escapara, y lo llevó al centro de la pista.

Allí aumentaba el sonido y la luz de los tubos de neón iluminaba los mechones rubios de Draco. Alrededor de ellos las personas giraban y saltaban. Algunos no llevaban el ritmo de la música, otros actuaban como tontos. Sin embargo, todos parecían divertirse.

Reuniendo su valor, Draco decidió divertirse también. ¡Al demonio con presentar la imagen adecuada; al demonio con absolutamente todo! En ese momento, Draco no era un concertista de piano tocando música clásica para un grupo de intelectuales; era un simple maestro de piano que bailaba con un ex-jugador de quidditch y, si se ponía en ridículo, no importaba.

"Hazte aun lado, Beethoven", pensó, interpretando el título de la otra pieza; "y ustedes también, Chopin, Bach, Lizt, Ravel y los demás."

Movía los pies sin seguridad, mirando nervioso a Harry. El moreno, en lugar de soltarlo, le tomó ambas manos e inició un paso fácil. Su sonrisa le alentaba mientras trataba con toda su alma de imitar sus movimientos.

-¿Qué es un "mojo"? –preguntó Draco, casi a gritos, para hacerse oír por encima de la música. El cantante, que sudaba a profusión, gemía que su "mojo" no servía.

Harry se rió y se acercó a él para no tener que aullar.

-Un fetiche sexual -le explicó.

-Oh -de inmediato retrocedió, bailando.

Harry se negó a soltarlo. De vez en vez le pasaba una mano por la cintura o el hombro, acercándolo a él.

-¿Por qué siento que mis pies se pegan al suelo? -preguntó el rubio arrugando la nariz.

-Porque realmente se pegan. Cuando la cerveza se seca, se vuelve pegajosa y calculo que ya derramaron sobre la pista el equivalente a un tonel. Por tal razón te pedí que no te quitaras los zapatos.

Asintió y se preparó para que Harry lo hiciera girar.

-Hace calor,. ¿eh?

-Hay mucha gente y estás bailando –giraron otra vez -¿Quieres sentarte?

-No -contestó Draco con sinceridad. Su torpeza inicial desapareció a medida que el grupo tocaba. Se sentía menos inhibido y más acostumbrado a la música. Dejó de preocuparse por cómo se veía y se movió al ritmo de Harry.

Consciente de que la confianza de su compañero aumentaba, Harry sonrió. A diferencia de los otros que bailaban, no agitaba los brazos, ni movía la cabeza y tampoco presumía de sus habilidades. Sus movimientos poseían una gracia natural y siempre mantenía el contacto físico con Draco. No le rozaba el hombro, ni le pasaba la mano por la espalda con una intención particular. Parecía amistoso y atento, tratando de no perderlo en medio de ese enjambre de parejas bailarinas.

-Muy bien, muchachos -gritó el jefe del grupo por el micrófono -Ya es tiempo de que recuperen el aliento. Vamos a tocar un número de jazz para que nos tranquilicemos -el tambor se convirtió en un latido lento, la guitarra gimió y las parejas empezaron a unirse, fusionándose al ritmo de la música.

Draco no se opuso cuando Harry lo atrajo hacia su cuerpo. Al igual que otras personas, estaba muy cansado para seguir bailando con tanta energía, pero se divertía demasiado para sentarse. Harry le colocó la mano izquierda sobre la espalda, dejando un pequeño espacio entre ambos, mientras el cantante empezaba a quejarse de que su encanto ya no atraía a alguien.

-Necesitaba esto -le confesó Draco, agradeciendo esa melodía calmada.

-Yo también -admitió Harry, bajando la mano para acercar al rubio un poquito más -La música rápida es mortal para mí.

-¿Por qué? -pregunto Draco.

-Digamos que es por culpa de una vieja herida que me hice mientras practicaba quidditch.

-Oh... podemos sentarnos si quieres -tan pronto como lo dijo, se arrepintió. Quería quedarse donde estaba, en el círculo cada vez mas estrecho de los brazos de Harry, con aquellos tentadores labios a un centímetro de los suyos y su mano derecha apresada entre el pecho de ese moreno.

-De ningún modo –susurró el Gry, apretándolo más. A través de sus pestañas, Draco contempló el ángulo de su mandíbula y la fuerza de su cuello. Su piel olía a jabón y su palma le acariciaba los dedos. Con su otra mano bajaba hasta su cintura, luego ascendía, vagando por la nuca, rozándole esa parte sensible, para bajar de nuevo, al nacimiento de las caderas.

A Draco se le doblaron las piernas cuando el moreno se apretó contra él, de modo gradual, tan sutil, que no pudo oponerse. Sus pies se quedaron inmóviles, no por la cerveza derramada, sino por la habilidad escalofriante de Harry de absorber su fuerza vital. Deslizó una de sus rodillas entre las del rubio, flexionándola para que ambos se aproximaran, moviéndose con un ritmo instintivo, acercándose, retrayéndose y acercándose de nuevo.

El calor estalló más abajo de su vientre y el pulso se le aceleró. "Sólo estamos bailando", pensó, sabiendo que mentía, que algo mucho más profundo surgía entre los dos. Comprendía que debía detenerlo, y comprendía aún más que no lo haría porque no lo deseaba.

Captando si aquiescencia, Harry le puso las dos manos sobre la espalda para atraerlo con mayor firmeza. Una pequeña protesta se formó en los labios del Sly, pero emergió como un gemido de intenso deleite, cuando le moldeó la cadera con las manos.

-Yo pensé... -a Draco le pareció que su voz sonaba extraña, baja y espesa. Bailaban de forma exquisita. Su cabeza giraba, la espina dorsal se le derretía y sus rodillas se rozaban una y otra. Debía decir algo antes de que perdiera el control de la situación -Pensé que se trataba de una salida educativa... que venimos aquí para disfrutar, escuchando música.

Harry no se alejó, ni lo soltó.

-Yo estoy disfrutando este momento -replicó el moreno, con la risa burbujeando en sus palabras -¿Tú no?

Oh, sí, mucho más de lo que debía. Más de lo que era prudente.

-Sólo que no tengo mucha experiencia en esto. Me refiero a bailar -se apresuró a aclarar el rubio.

-Alguien como tú debe entender que la práctica es necesaria -metió su pierna con mayor profundidad entre las de su rubio compañero. A través de la fina tela de su pantalón sintió los músculos templados de Harry. Un estremecimiento cálido le recorrió la espalda.

-Oprimir una tecla es un poco distinto -opinó, débil -Creo que deberíamos regresar a la mesa y sentarnos un rato para descansar.

El moreno dobló su rodilla y usó sus manos para guiar las caderas de Draco hacia abajo, de manera que se montara sobre su muslo. El movimiento sensual hizo que Draco se atragantara y, al exhalar, pareció que gemía. Se sentía tan bien que estaba a punto de perder el control y arrinconar a Harry contra una pared para besarlo furiosa y apasionadamente.

-Quiero sentarme en una silla, no en tu pierna, ojos de gato -le susurró Draco, besándole la punta de la nariz.

La melodía llegaba a su fin, el cantante gruñía su última queja en el pesado ambiente. Draco trató de convencerse de que se sentía aliviado, pero ni siquiera cuando el baterista se detuvo Harry lo soltó, ni él al moreno. Se quedaron donde estaban, con las piernas entrelazadas, sus pechos apretados, hasta que la orquesta inició una pieza ruidosa y movida, su compañero de cabello oscuro no le quitó las manos de las caderas, ni apartó la pierna. Reacio, Draco se levantó y retrocedió. El moreno se puso tenso, inclinó la cabeza y lo sujetó de los hombros. Sus dedos se hundieron en su piel, mientras el Gry se tensaba cada vez mas, inclinándose un poco. Luchó por enderezarse, apoyándose en el Sly. Un músculo brincó en su mandíbula y cerró los ojos.

Perplejo, Draco intentó zafarse de esas manos que lo lastimaban.

-¿Harry?

-No te muevas -le pidió, desviando la cara, todavía apretándolo con los dedos. Se le escapó una maldición y, al volverse, a Draco le asombro la palidez de ese rostro.

-Vámonos -le ordeno el rubio.

Hizo girar a Harry y se echó un brazo sobre sus hombros, el moreno se apoyo en él casi con desesperación, mientras el rubio avanzaba hacia la mesa. Entonces se dio cuenta de que una de sus piernas no funcionaba. La pierna que metió entre las suyas, que movió con tanta sensualidad, convirtiendo un baile común en un interludio de asombrosa intimidad.

Tenía la rodilla rígida y arrastraba el pie a medida que se acercaban, con terrible esfuerzo, al rincón. Cuando al fin llegaron a su destino, Harry lo soltó, se inclino hacia delante y se aferró al borde de la mesa para dejarse caer sobre la silla. Después se echó otra vez hacia delante, descansando su cabeza en las manos, con los ojos cerrados y la respiración lenta y profunda.

-¿En que te ayudo? -le preguntó Draco.

-No te preocupes. Por ahora solo te pediré que conduzcas el auto.

-Sí.

-También ordéname algo fuerte -Harry respiro profundamente. Cerro momentáneamente los ojos, al abrirlos miro directamente a Draco. Sus hermosas pupilas multicolores parecían opacas por el dolor.

El rubio se sentó, buscó con la mirada a la camarera que los atendía y al descubrirla la llamó. La chica alzó un dedo, luego terminó de tomar la orden en otra mesa.

Draco se volvió hacia Harry. Cerraba los ojos de nuevo y sus dientes blancos mordían el labio inferior sin piedad.

La culpabilidad lo invadió. Horas antes Harry le había dicho que tenía una herida de quidditch y que bailar rápido era mortal para él. Debió insistir en que dejaran de bailar cuando la orquesta terminó de tocar las melodías rápidas. Si hubiera escuchado su sentido común, eso no habría pasado. Si no hubiese sucumbido a esa música sensual, a la penumbra y a la magia de los brazos de Harry, él estaría bien.

-Lo siento, ojos de gato -dijo el rubio, contrito.

El moreno abrió los ojos y una sonrisa agridulce distendió sus labios.

-Yo no, lagartija rubia -murmuró, cerrando los párpados de nuevo.

"Maldición, maldición, maldición, maldición.", pensaba Harry para sus adentros. No había tenido uno de esos episodios en varios meses. Así que creyó que los había dejado atrás para siempre. Seguro, había cosas que no podía hacer hasta no estar completamente recuperado, algunas actividades bruscas afectarían su rodilla lastimada, pero bailar no estaba en esa lista.

Desde luego, Draco y él no bailaban precisamente.

De un trago consumió la mitad del whisky que Draco le había pedido a la camarera. Se suponía que el alcohol era un relajante muscular. Si no daba resultado en su pierna, quizá funcionaría en su cerebro, disminuyendo el dolor. Las punzadas en su rodilla lo torturaban, tenía el pie adormecido, su tobillo inservible y su mente, demasiado alerta, grababa cada punzada, cada convulsión que lo estrujaba.

Hacía menos de diez minutos, otra parte de su cuerpo ardía con una clase de fuego que no hubiera querido extinguir con un trago de licor. En retrospectiva, se le ocurrió que esas llamaradas eróticas quizá fueran más peligrosas que las punzadas que experimentaba en ese momento; pero quería volver a alimentar esa pasión, agregar combustible, encenderla hasta que estallara fuera de control.

Su ardiente deseo casi desapareció cuando otro espasmo, que le causó una intensa agonía, lo sacudió. Quizá debió aceptar que Hermione le hiciera una ultima revisión cuando se lo ofreció antes de llegar a aquella casa donde se reencontró con Draco. Definitivamente necesitaba hablar con ella esa misma noche, dejaría a un lado su orgullo y permitiría que ella lo revisara, regañara, animara y finalmente le diera esa horrible poción que tanto detestaba.

El whisky no lo alivió con la rapidez que hubiera querido. Bebió otro sorbo y bajó el vaso. En lugar de oler el aroma del licor, captó el del té. Miró por encima de la mesa y vio que Draco echaba un sinfín de cubitos de azúcar en una taza humeante.

Lo probó, luego estudio a su compañero. El moreno trató de adivinar lo que pensaba, pero su rostro no revelo nada. Tenía los ojos demasiado oscuros, demasiado inescrutables y sus labios, delgados, lujuriosos, magníficos, los apretaba de un modo que aun en ese estado que rallaba en el delirio, lo hacían desear besarlo.

-¿Te ayuda el licor, ojos de gato? -preguntó.

-Sí -mintió; reconsidero la situación y decidió que no mentía, después de todo. El dolor empezaba a perder su agudeza. Calculó que el alcohol lo sofocaría por completo o lo haría pasar al mundo de los sueños. Cualquiera de esas posibilidades le parecía perfecta. Vacío el vaso.

Draco le dijo algo, pero él no lo oyó porque una nueva ola de dolor lo invadió. Subía de su pierna a la cadera, ascendía de la espina dorsal al cerebro, borrando cualquier pensamiento lúcido. Cerrando los ojos, se escuchó gemir.

Sintió que el rubio le tocaba el brazo con una mano, para pasárselo por encima de sus hombros, y que metía la otra por debajo de su chaqueta, para rodearle la cintura. Al recobrar la conciencia, una vez que el último espasmo se desvaneció, empezaron el tortuoso camino hacia la puerta.

Quería aligerar esa tragedia, tranquilizar a Draco. Sin embargo, hablar requería un esfuerzo inaudito y no se molestó en intentarlo. Reunió su energía para subir los escalones que llevaban al estacionamiento. Sólo eran tres, pero sintió que le pedían que escalara el Everest.

-¿Qué quieres que haga? -preguntó Draco, preocupado.

"Bésame", pensó Harry, "anestésiame con un beso".

-¿Necesitan ayuda, guapos? -indagó el muchacho que los requiso al entrar.

-Mi compañero no esta borracho -se apresuró a aclarar Draco, con un conmovedor despliegue de discreción -Tiene mal una pierna y no puede doblar la rodilla.

El portero midió a Harry. Con un movimiento ágil tomo el otro brazo de Harry y se lo paso por su hombro. Junto con Draco lo sacaron del lugar y lo acercaron al estacionamiento.

-¿En cual coche? -inquirió, viendo el mar de autos que llenaban el lugar.

-Ese -dijo Draco arrastrando con todo el cuidado del mundo al moreno. Cerrando los ojos por el dolor, Harry sintió que el grandulón hombre lo sostenía bruscamente mientras Draco abría la puerta del pasajero. Sin mucho cuidado, el portero medio lo arrastro, medio lo levanto, hasta echarlo en el asiento. En alguna parte, a kilómetros de distancia, Draco se lo agradeció al empleado.

El dolor se convirtió en náusea. Harry se sentía débil, angustiado. De repente despertó, al sentir que una mano examinaba su bolsillo.

-Necesito las llaves -le explicó el rubio.

-Estan en el otro bolsillo -murmuró y un gemido se le escapó.

Draco le enterró la diestra en el bolsillo de su cadera y Harry apretó los dientes; no por dolor, sino por placer. Rayos. En otro momento, en otra circunstancia, le hubiera encantado que la mano de ese guapo Sly lo tocara, rozándole la piel desnuda, el cuerpo entero, buscando, explorando, poseyéndolo, acariciándolo por donde se le antojara.

-E-en el otro -susurró el moreno, con la voz entrecortada -En frente.

Parecía que trataba de evitar el bolsillo profundo, sobre su pierna izquierda. Si tuviera la fuerza suficiente, le explicaría que mover su manos sobre el muslo no alteraría lo mal que se sentía.

-Ajusta el asiento -le indicó, al escuchar el tintineo de las llaves.

Draco tomo la palanca y empujo el asiento para poder tener acceso al bolsillo de Harry. Un nuevo y doloroso espasmo recorrió la rodilla del moreno haciendo que lanzara varias maldiciones.

Ignorando ese lenguaje vulgar, Draco le abrochó el cinturón de seguridad. Su deliciosa y fresca fragancia tranquilizó al moreno. El Sly olía a té y a otoño, a la esencia de la compasión.

-Gracias -musitó, cuando el rubio se enderezó. No sólo le agradecía que abrochara el cinturón, sino su paciencia y tranquilidad para manejar el asunto.

Sus ojos verdes se cerraron por un instante y el rubio le sonrió con un gesto enigmático.

-De nada.

El motor ronroneó, suave. Draco conducía con cautela, exigiendo poco del auto. Permaneció callado, permitiéndole a Harry conservar la poca fuerza y cordura que le quedaba.

Quizá tenía suerte de que su pierna hubiera fallado. De lo contrario, en ese momento conduciría el auto, excediendo los límites de velocidad de kilómetros para volver a la casa, en donde le suplicaría a Draco que le hiciera el amor, que lo tomara una y otra vez sin importar lo incorrecto que aquello seria.

-No te muevas -le ordenó el rubio, apenas se estacionaron -Yo te ayudaré.

Le permitió que moviera su pierna y antes de que el sufrimiento invadiera su conciencia, ya había salido del coche y usaba a Draco de muleta. Entraron a la casa y Harry contempló las largas escaleras que lo conducirían a su habitación.

-Por ahora no es buena idea ir a tu habitación -le comento Draco mientras lo arrastraba hasta la sala y lo soltaba con cuidado sobre el piso. El sofá podía resultar demasiado suave, demasiado acolchonado. Por lo menos en el suelo se mantendría en posición recta.

-¿Estas cómodo? -preguntó Draco, encendiendo la chimenea y después hincándose a su lado.

-Casi -intentó sonreír.

Se incorporó para quitarle la chaqueta y ponerle un cojín debajo de la cabeza.

-¿Aun queda algo de aquel coñac que me ofreciste la vez que me caí por las escaleras?

-Sí. Aun queda un poco.

-Por favor, tráeme la botella. Beberé lo que quede.

-¿Estas seguro de que quieres beber?

-Necesito de alguna manera calmar el dolor. No te preocupes, este terrible dolor que siento impedirá que me emborrache.

-¿Que piensas hacer?. ¿Beber hasta que el dolor se calme?

-No. Solo beberé hasta que Hermione pueda venir a revisarme -en el momento en el que el dolor empezó a disminuir soltó el aliento -¿Podrías traerme los polvos flu?

-Por supuesto, solo dime donde los guardas.

-Esta en uno de los cajones de la mesita de noche -buscó sus llaves, para mostrarle a Draco con cual podría abrir el cajón, pero en ese momento recordó que el rubio las tenía consigo. Revivió su abrupta partida del centro nocturno, el whisky que consumió, las cervezas... soltó otra maldición -Se me olvido pagar la cuenta.

-No te preocupes -lo tranquilizó el rubio -Yo lo hice.

-Rayos. Se supone que yo te invite. ¿Que clase de cita fue esta?

-No concertamos una cita. Se trataba de una salida educativa.

-Déjame pagarte -alzó las caderas para sacar su billetera, pero Draco lo empujó para que se recostara.

-Déjate de tonterías, Harry. No es necesario que me pagues nada -dijo mientras se ponía de pie -¿En donde es que guardas los polvos flu?

Harry se lo explicó y el rubio subió presuroso las escaleras. Harry suspiró mientras lo veía subir. Su pierna ya no le causaba una agonía tenebrosa, aunque todavía sentía el pie dormido, y el tobillo le pesaba una tonelada.

Unos minutos después, el rubio volvía a bajar por las escaleras y le tendía el recipiente que contenía los polvos flu.

-Gracias -susurró el moreno.

-De nada. Ahora voy por tu coñac.

Draco se arrodilló a su lado para ayudarlo a semi sentarse y le acerco la botella de coñac que prácticamente estaba vacía. El rubio lo observaba con una mezcla de preocupación y reproche.

Después de beber todo el contenido de la botella de un solo trago, Harry intento arrastrarse para estar más cerca de la chimenea y poder arrojar a las llamas el polvo flu. Al hacer ese movimiento, el dolor en su pierna pareció regresar. Ahogo un gemido mientras veía como Draco le arrebataba los polvos flu y los lanzaba él mismo acercando su cara todo lo posible al fuego, que en ese momento se tornaba algo verdoso. La firme voz de Draco pronunciaba el nombre y apellido de su pelirrojo amigo mientras el fuego chisporroteaba y las llamas bailoteaban.

Unos minutos después, se le permitió el acceso al rubio y la cabeza de Ron apareció en medio de las llamas.

-¿Malfoy? -preguntó un sorprendido Ron.

-Sí, soy yo -dijo con desgana el rubio.

-¿Y que demoni...

-Ron,. ¿esta Hermione? -le pregunto Harry interrumpiendo la desagradable pregunta que el pelirrojo iba a descargarle al rubio.

-¿Harry? -preguntó Ron abriendo los ojos como platos -¿Que es lo que esta sucediendo aquí?. ¿No que a Malfoy se lo había tragado la tierra?. ¿Y que carajo hace él a tu lado?

-Amigo, ahora no es momento para explicaciones. Necesito urgente a Mione.

-¿Que sucede? -preguntó preocupado el pelirrojo.

-Es mi rodilla. De nuevo ha fallado.

-¡Demonios, Harry! Mione te dijo que no hicieras movimientos bruscos.

-Lo se, Ron...

-Mione aun esta en San Mungo. Tal parece que el trabajo se le ha triplicado -Ron se detuvo unos minutos para mirar de mala manera a Draco -¿Es Malfoy el culpable del dolor de tu rodilla?

-¡Claro que no! -aseguró Harry -Por favor Ron, trata de contactar a Mione y dile que venga en cuanto pueda.

-Ya mismo hablare con ella, amigo -le dijo el pelirrojo, completamente indiferente a las chispas que saltaban en torno a él y a las llamas que le lamían las orejas -¿Estarás bien mientras ella va a ayudarte? -preguntó preocupado mientras veía al rubio con desconfianza.

-Estaré bien, Ron. Mientras ella llega, Draco cuidara de mi -el moreno sonrió mientras veía la cara de desconcierto que ponía su amigo.

-Eh... bueno -aceptó el pelirrojo con cara de duda y preocupación -Mione estará contigo en unos momentos. Ya hablaremos después -masculló Ron, y luego, haciendo "¡plin!", se desvaneció. Nuevamente las llamas de la chimenea adquirieron su característico tono anaranjado.

-Esa comadreja sigue siendo tan desagradable como siempre -soltó Draco mientras arrugaba la nariz con fastidio.

-Veo que se ha llevado una enorme sorpresa al ver que estabas conmigo. Creo que tendré que soportar muchas preguntas en cuanto lo vuelva a ver.

-Pase lo que pase no le digas lo de mi mano.

-No te preocupes Draco, solo le diré lo necesario. Lo de tu mano solamente lo sabrá Hermione, en cuanto llegue a ver mi rodilla le pediré que te de una cita para que te revise la mano -Harry se quedo unos momentos pensativo -¿Para cuando te gustaría tener la cita con ella?

-Supongo que debe estar muy ocupada, así que la cita puede ser para cuando ella pueda.

-Me encargaré de que tengas la cita médica con Hermione lo mas pronto posible, te lo prometo.

-Gracias.

-De nada -le dijo Harry con una sonrisa -Lo único es que tienes que ir hasta San Mungo a verla, Draco.

-No te preocupes, me las arreglare para que nadie me reconozca.

-Me sorprende que aceptes así como así ir al mundo mágico.

-Ya estoy harto de todo Harry, lo que mas deseo en este momento es que mi mano se recupere para yo poder volver a los escenarios -un gesto de tristeza se reflejo en la cara de Draco, por instinto, Harry estiro su mano y tomo la del Sly.

-Todo saldrá bien, Draco -lo tranquilizo con una enorme sonrisa -Suceda lo que suceda, yo estoy contigo.

-Lo sé -susurro el rubio con voz suave -¿Harry?

-¿Hmmm?

-Cuéntamelo -le pidió Draco.

-¿Lo de mi pierna?

Draco asintió, solemne.

El moreno suspiró suavemente. No le gustaba relatarlo, le daba vergüenza contarle a Draco la manera como se había lesionado la pierna. Pero quería que él lo supiera.

-Fue durante un entrenamiento de quidditch. Lo demás chicos y yo sobrevolábamos el lugar a una altura baja, era una especie de calentamiento antes de ascender y dejar libres la quaffle, bludgers y snitch, para empezar en serio con el entrenamiento. Oliver también sobrevolaba el lugar, aunque fuera un jugador de reserva, entrenaba tan duro como los demás.

Yo estaba entretenido revoloteando alrededor de los aros cuando Oliver se acerco a mí y agarro la parte trasera de mi escoba. Por unos minutos hablamos de manera tranquila, e inevitablemente terminamos discutiendo.

Me aleje de él para evitar más gritos y reproches y me concentre en el entrenamiento, ignorando completamente a Oliver que intentaba volar a mi ritmo. Enfadado por mi comportamiento, le quito el bate a uno de los jugadores y con el me lanzo una bludger. La pelota me golpeo en la espalda y al tomarme por sorpresa me derribo inevitablemente al suelo, aterrizando desafortunadamente sobre mis rodillas. Por suerte en esos momentos no volaba a una gran altura.

Draco lo observaba, con una mezcla de enfado, indignación y preocupación en su expresión.

-Oliver se asusto mucho. En ese momento actúo sin pensar, solo se dejo llevar por la furia -continuó el moreno -Casi lo expulsaron del equipo, pero yo intervine a su favor. Después de todo, había sido un accidente.

-¡Un accidente! -exclamó Draco con enojo en su voz -¡Pero si ese cretino lo hizo adrede!

-Fue un accidente, Draco -aseguró el moreno con voz tranquila -De todas maneras no fue la gran cosa. Pude seguir jugando las siguientes temporadas sin ningún problema. Mi rodilla no molestaría siempre y cuando no la forzara a hacer actividades pesadas.

-No importa lo que digas, ni cuanto lo defiendas. Oliver Wood es de lo peor. Si no estuviera muerto iba en este momento y le pateaba el trasero por todo lo desgraciado que te hizo mientras estabas con él.

-Draco -susurró el moreno tomando nuevamente la mano del rubio -todo esta bien, eso es parte del pasado, ya no tiene solución. Lo hecho, hecho esta -le dijo acariciándole la mano, tratando así de aplacar la notoria furia que convertía aquellos hermosos ojos grises en mares revueltos -cometí un estúpido error al empezar una relación sentimental con Oliver, pero ya no puedo hacer nada por cambiarlo. Solo me queda continuar...

-Así es, ojos de gato. Solo te queda aprender del pasado y continuar viviendo el presente -murmuró el rubio besando la mano que sostenía la suya.

-Draco... -lo llamo el moreno con voz suave, tierna.

-Sí... -dijo el rubio con el mismo tono de voz.

-Bésame -le pidió el Gry con ojos ardientes.

Un gemido salió de la garganta de Draco al escuchar tal pedido, y la excitación lo invadió al ver como aquellos ojos color esmeralda de oscurecían de deseo.

-Harry... -susurró estremecido el rubio, mientras juntaba su rostro con el del moreno. En ese momento estaba más que ansioso por saborear sus labios, su cuello, su cuerpo...

Tomo con sus manos el rostro del moreno y lo acerco a sus labios. Lentamente se recostó sobre él mientras se perdía en los dóciles y suaves labios que se le ofrecían. Sorbió, mordisqueó y saboreó, conteniéndose cuando cada nervio de su enfebrecido cuerpo le exigía que tomara, invadiera y poseyera no solo los labios, sino también el cuerpo de aquel seductor moreno.

Se alejó un poco de aquellos cálidos labios para retirar los lentes y luego se dedico a besar la piel del cuello. Sus caricias provocaron un gemido y cuando Harry entreabrió los labios, Draco perdió gran parte del control. Metió la lengua por entre la hermosa fila de dientes con profundidad, jugando, probando, deleitándose con el placer de sus lenguas, que participaban sin pudor alguno en una danza erótica.

Deslizó las manos por debajo de la camisa de Harry y dejó que vagaran por la delicia de su tibia piel.

-Sé que debo detenerme, pero no quiero -susurró el rubio al mismo tiempo que sus manos ascendían hasta las tetillas.

Harry se arqueó contra él, con su cuerpo fluido y grácil, su cabello más revuelto que nunca y sus manos temblando sobre los hombros de Draco. El moreno lo contemplo y el Sly vio la humedad que sus besos dejaron en sus labios. Harry se estiro y una vez más ofreció sus labios, hundiéndose en los de su compañero, incapaz de negarse al placer que le ofrecía.

Draco acaricio y luego pellizco aquellos endurecidos pezones. Harry murmuró algo ininteligible y el rubio se tragó esas palabras con un beso profundo.

-Draco.

Su voz se desvaneció mientras el rubio le frotaba una y otra vez los pezones, incitando al placer. Le besó la barbilla, la parte baja de la mandíbula. Draco quería rasgarle la camisa, apretar la boca contra su dulce carne caliente, lamerle las sonrosadas puntas. Lo quería desnudo, bajó su cuerpo, estar dentro de él.

Harry introdujo la mano bajo la camisa de Draco y se dedico a explorar con suaves caricias y masajes, aquella espalda tibia.

-Te deseo -murmuró Draco, enterrando la cabeza en el hueco del cuello -Te deseo como no tienes idea.

Harry casi le gritó que él también lo deseaba, que su cuerpo hambriento deseaba ser poseído, explorado, acariciado, amado por sus manos, por sus labios.

Deslizo sus manos fuera de la camisa y tomo a Draco de las caderas para obligarlo a frotarse contra las suyas.

-Siii, Harry, siii -dijo Draco tratando de respirar mientras sentía como una corriente eléctrica le recorría la espalda al estar sus caderas en tan íntimo contacto. Exhalo de placer y decidido a poseer a Harry, empezó a mover sus dedos sobre los botones de la camisa para de una vez por todas quitársela y poder acceder sin restricciones a aquella ardiente piel.

De repente, sintió como el moreno se ponía tenso, sus movimientos se detenían y su caliente piel se enfriaba con desesperada rapidez.

Detuvo sus avances sobre la odiosa camisa y miro fijamente a Harry, que en ese momento miraba con frustración sublime, la chimenea.

Casi de inmediato, Draco se aparto del moreno y lo ayudo a sentar. Harry se paso una nerviosa mano por el cabello y se coloco sus lentes, presuroso se abotono la camisa.

Bufo molesto y se acomodo mejor en el suelo mientras observaba a Draco acomodarse la camisa y arreglarse el revuelto cabello.

-Lo siento, Draco -musitó Harry mientras veía con frustración como las llamas de la chimenea bailoteaban, en un claro indicio de que alguien estaba pidiendo permiso para entablar una conexión.

-No lo sientas, ojos de gato -replicó Draco, con una sonrisa de insatisfacción en el rostro -Nos dejamos llevar por las emociones en un mal momento.

-Así es -dijo el moreno mordiéndose el labio y mirando al rubio con una expresión melancólica.

-Esto no terminará aquí, tú lo sabes -le dijo el rubio sin rodeos.

-Lo sé. Es sólo el principio -aceptó el moreno.

-Deja entrar a tu amiga, si sigues tardando tanto empezara a creer que te hice algo malo y se va a preocupar. Supongo que es mejor dejarlos solos. Buenas noches, Harry -le dijo y empezó a subir rápidamente la escalera.

Harry lo observo mientras sentía como su interior se iluminaba y se llenaba de una calidez que se extendía no solo en sus músculos y sus nervios, sino en alguna parte más profunda, en algún lugar indefinido de su alma.

Con un suspiro se enfrento al insistente llamado de la chimenea y finalmente le permitió el acceso a su pelicastaña amiga que se materializo frente a él con el ceño fruncido y una expresión de total y absoluta preocupación.

-¡Harry! -dijo finalmente ella, arrodillándose a su lado para abrazarlo y besarle la frente -¿Estas bien?. ¡Tardaste demasiado en dejarme entrar!

-Lo siento, Mione. Me quede dormido. Además, no pense que llegarías tan pronto.

-¡Claro que llegaría pronto! Es obvio que no iba a dejarte esperando mucho tiempo. ¡Eres mi paciente favorito! -le sonrió la chica mientras sacaba de una enorme maleta frascos con contenidos de diversos colores. Harry arrugo la nariz asqueado cuando Hermione empezó a mezclar el contenido de los frascos para darle vida a la inmunda poción que tenía que tomar cuando el dolor en su pierna era insoportable.

-¿Harry? -lo llamo la chica mientras mezclaba cuidadosamente los ingredientes. Guardo un minuto de silencio sabiendo que en ese momento Harry estaba prestándole toda su atención, solo entonces continuo -Ronnie me dijo que Malfoy estaba contigo y...

Harry sonrío mientras escuchaba a su amiga. Al parecer le esperaba un largo, muy largo interrogatorio.

DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH DxH

Draco entro en su habitación y después de tomar una ducha de agua fría se metió en la cama aguzando el oído. Tratando desde esa distancia, escuchar algo de la conversación que estaba teniendo en ese momento Harry con su sabelotodo amiga.

Estaba preocupado por la rodilla de Harry. Sin querer saco su mano derecha de debajo del edredón y la coloco a la altura de su cara para mirarla con cierto enfado y decepción.

Harry al igual que él, tenía un daño grave en su cuerpo. Harry en su pierna, él en su mano. Eran situaciones similares, pero a la vez diferentes. Al menos el daño de Harry en su pierna no lo limitaba, no le impedía hacer algunas de las cosas que al Gry le gustaban. Mientras que el daño en su mano lo restringía de aquello que más amaba... Sin sus dos manos él no era nada, no era nadie. Sintió un gran dolor en su alma al pensar por un minuto en renunciar a tocar el piano y supo que le seria imposible hacer algo diferente durante el resto de su vida. Se volvería loco porque no podría adaptarse a algo diferente.

Él no era como Harry, quien poseía un valor infinito para continuar, para negarse a sentirse derrotado y lleno de amargura.

Se removió inquieto en la cama, contemplando a través de la ventana la oscuridad de la noche.

Cerró los ojos para tratar de dormir pero el recuerdo de los besos y caricias de Harry invadió su mente, haciendo que su cuerpo casi ardiera de nuevo.

Incomodo, dio vueltas en la cama buscando una posición cómoda. Trato de cerrar su mente a los recuerdos y sensaciones de tener el cálido cuerpo de Harry debajo del suyo, pero le fue imposible luchar contra aquella erótica y deliciosa avalancha de remembranzas.

Agitado se incorporo en la cama y corrió al baño para echarse agua fría sobre el rostro.

Con la mente en blanco se dispuso por fin a dormir. Tomo el edredón y se cubrió con el hasta las orejas. Lamentablemente el sueño no parecía querer llegar pronto y eso impaciento a Draco.

Justo cuando estaba acomodándose de medio lado, unos tímidos golpes a su puerta lo hicieron incorporarse de inmediato. Quien llamaba a su puerta solo podía ser una persona.

-¿Te desperté? -le pregunto Harry con una sonrisita tímida.

-No, no me despertaste -le aseguro el rubio mirándolo de arriba a abajo -¿Ya estas bien?

-Sí. Mione acaba de irse. Después de una larga regañina por no cuidarme y otra larga sección de preguntas con respecto a ti, se ha marchado.

-¿Que le has dicho sobre mi? -le pregunto con tono preocupado.

-No mucho -Harry lo miro fijamente -Además, he logrado concertar una cita con ella.

-¿De verdad a aceptado atenderme?

-Que si hombre. Hermione no te guarda ningún rencor y esta aliviada de que tú y yo nos llevemos bien.

-¿Para cuando quedo mi cita con ella?

-Para mañana a las 4:30 p.m. Espero que no tengas nada que hacer a esa hora.

-¿Para mañana? -casi grito Draco -¡Pense que tardaría mas tiempo en atenderme!

-Bueno, esas son las ventajas de ser amigo de ella.

-Mañana temprano iré a ver al doctor del pueblo para pedirle mi expediente y llevárselo a Granger.

-Si deseas yo te puedo acompañar a tu consulta con Hermione.

-No es necesario Harry, prefiero ir solo.

-¿Como le harás para pasar desapercibido?

-Ya me las ingeniare.

-Esta bien -Harry le sonrió -ahora si te dejo dormir. Debí darte esta noticia mañana, pero no aguante las ganas de dártela ya mismo.

-Gracias por todo, Harry.

-De nada, Draco -con su eterna sonrisa, el moreno se acerco a Draco y estirándose apenas un poco estrello sus labios en la frente del rubio. El beso tomo por sorpresa al Sly, que antes de que Harry se alejara de su lado lo agarro por la cintura para apretarlo entre sus brazos y darle un apasionado beso en los labios.

Se separaron jadeantes, con ganas de más. Pero el sentido común y el cansancio les impidió avanzar más allá de ese beso.

-Buenas noches, Draco -susurró el moreno.

-Buenas noches, Harry -susurró a la vez el rubio mientras se apoyaba en el marco de la puerta y veía a Harry encaminarse a su habitación con pasos lentos pero seguros. Suspiro aliviado al ver que Harry ya podía moverse nuevamente.

Regreso a la cama y se sentó en ella durante algunos minutos, después de pensarlo una y otra vez se encamino al piano. Levanto la tapa y se sentó frente a las relucientes teclas.

Con inseguridad acerco sus dedos y luego de respirar profundamente empezó a tocar. Tocó de una manera horrible... como de costumbre. Pero perseveró, sabiendo que Harry lo escuchaba desde su habitación. Continuó, hasta el último acorde y luego dejó caer sus manos sobre su regazo con un gemido.

A pesar de todo se sentía optimista. Por Harry continuaba ensayando hasta el final. Por él conservaba la esperanza, negándose a claudicar y rendirse.

Harry Potter, su enemigo en el pasado, su amigo en el presente, le había dado mas cosas que nadie en tan solo unas semanas. Aquel amable Gryffindor le entregó su pasión, le enseño a conocer el rock, le compartió detalles de su vida, lo escuchó sin juzgarlo, le dio esperanzas.

Pero además le comunicó su valor.

El valor para continuar con su vida, para preservar la fe.

El valor para continuar con su vida, sin miedo a nada.

.-.

CONTINUARA...

.-.

Acompáñame a estar solo,

a purgarme los fantasmas.

Acompáñame al silencio

de charlar sin las palabras

a saber que estás ahí y yo a tu lado.

Acompáñame a decir sin las palabras

lo bendito que es tenerte

y serte infiel solo con esta soledad.

Acompáñame a quererte sin decirlo

a tocarte sin rozar ni el reflejo de tu piel a contraluz

a pensar en mí para vivir por ti.

Acompáñame a estar solo

para calibrar mis miedos

para envenenar de a poco mis recuerdos

para quererme un poquito

y así quererte como quiero

para desintoxicarme del pasado.

Y si se apagan las luces

Y si se enciende el infierno

Y si me siento perdido

Se que tú estarás conmigo

Con un beso de rescate.

Acompáñame a estar solo...

(Acompáñame a estar solo – Ricardo Arjona)