–Edward… –su nombre se escapó de mis labios casi inconscientemente.
Como si fuese algo imposible, él sonrió.
–Bella –murmuró, manteniendo su sonrisa.
¿Estaba intentando burlarse de mi o algo?
Aclaré mi garganta y aparté la mirada de su rostro, concentrándome en la pila de cuadernos sobre mi escritorio.
–Entonces… ¿Qué estás haciendo aquí? –pregunté, intentando que mi ansiedad por tenerlo tan cerca, luego de tantos meses separada de él, no se notara.
Al parecer funcionó, ya que su rostro se veía desconcertado antes de responder:
–Vine a verte, Bella.
–¿Por qué? –dije casi inconscientemente.
–Porque debemos hablar. Bella, hay cosas que debo explicarte.
¿Hablar? ¿De qué? No había nada más que hablar entre nosotros.
–Bella, todo este tiempo…
–¡No, espera! –interrumpí alzando un brazo en su dirección e indicándole que guardara silencio–. No quiero saberlo.
Temía lo que podía llegar a decirme. Para él era tan fácil venir y decir lo que sea que este en su mente, pero sus palabras podían perjudicarme más de lo que ya lo habían hecho.
–Pero yo…
–No. No hay nada más que hablar. Cuando te fuiste dejaste todo más que claro, Edward ¿Qué se te olvido decir? –«No llores, no llores», me decía al mismo tiempo a mi misma mientras respiraba profundamente, paleando las lágrimas que empañaban mi vista–. Rompiste tu promesa.
–Me imaginé que habías cambiado en este tiempo que estuvimos separados… Pero nunca imaginé que tanto –dijo en tono bajo, como si mis palabras lo hubieran sorprendido y lastimado profundamente–. Nunca… Nunca imagine que llegarías a odiarme.
Esta vez fue mi turno de sorprenderme. De acuerdo, si. Estaba molesta. Ya había roto una de sus promesas y nunca se me ocurrió que volvería.
–No te odio –logré decir luego de un momento–. Me prometiste que desaparecerías de mi vida, nunca pensé que no cumplirías con tu palabra. De cierta forma me molesta.
Él sonrió apenas. Se veía apenado mientras bajaba la vista al suelo.
–¿Eso quiere decir que no me has extrañado para nada? –preguntó, descolocándome por completo–. Quiero decir , si te molesta que haya vuelto debo suponer que tus sentimientos hacia mi han cambiado. No me sorprende, esperaba que algo como esto sucediera.
No pude hacer más que quedarme allí de pie por lo que me pareció una eternidad, y observarlo hasta que pude ser capaz de responder.
–Me mareas, Edward. Te alejaste de mi diciendo que no me amabas y que debía olvidarme de ti, y de un día para el otro vuelves como si nada y hablas como si el hecho de que haya decidido continuar con mi vida te hiriera ¿No fuiste tú el que me dijo que debía seguir adelante sin ti?
–Lo dije –murmuró, observando sus pies –. Realmente lo dije. Tienes razón, nada de esto es tu culpa. Es algo que yo provoqué. Te hice infeliz. Te puse en peligro.
Bueno, si bien no había sido la persona mas feliz durante este último tiempo, ni la mas tranquila con respecto a mi seguridad, aún así…
–No fue tu culpa, ¿de acuerdo? No te…
–No me digas que no me preocupe, Bella. Estoy enterado de… la depresión a la que te enfrentaste en mi ausencia. Y todo el asunto de Victoria… –Se estremeció y su replica se detuvo por un momento–. Por favor, créeme cuando te digo que no tenía ni idea de todo esto. Se me revuelven las tripas hasta lo más profundo, incluso ahora que puedo corroborar que te encuentras a salvo. Y todo por mi causa. No tengo ni la más remota disculpa…
–¡Espera ahí! –le interrumpí. Conociendo a Edward, y sabiendo como había reaccionado con el asunto de James el año pasado, debí haber supuesto que algo como esto ocurriría–. Debes dejar de hacer esto, Edward. No esta bien.
–¿Esto? ¿El qué? –preguntó frunciendo el ceño y viéndome confundido.
Debía procurar elegir las palabras adecuadas, aquellas que lo liberaran de la obligación que se había creado. Eran palabras muy difíciles de pronunciar. No sabia si sería capaz de decirlas sin romperme en pedazos, ya que se trataba de Edward y por más que quisiera, olvidarlo sería tarea difícil. Pero yo quería hacerlo bien. No deseaba convertirme en una fuente de culpa y angustia en su vida. Él tenía que ser feliz, no había forma de que yo lo hiciera si él se encontraba sufriendo.
En realidad, había tenido esperanzas de no verme en la obligación de sacar este tema en nuestra, probablemente, última conversación.
Recorriendo a todos los meses que había intentado comportarme de forma normal con Charlie, mantuve mi rostro tranquilo.
–Edward –comencé. Su nombre me quemó la garganta un poco mientras lo pronunciaba. Podía sentir el espectro de mi agujero en el pecho, ahora emparchado con el pegamento más poderoso, pero aún así sentía miedo aún. Temía que se reabriese en toda su extensión en cuanto el se marchara de nuevo. Y si lo hacia… ¿Cómo lograría sobrevivir esta vez? –, esto tiene que terminar ya. No puedes ver las cosas de esa manera. No puedes permitir que esa… culpa… gobierne tu vida. No tienes por qué asumir la responsabilidad de las cosas que me han ocurrido aquí. Nada de esto ha ocurrido por tu causa, solo es parte de las cosas que me suelen pasar a mi en mi vida. Asi que si entro en depresión, tropiezo delante de un autobús, o lo que sea que me ocurra la próxima vez, haz de ser consciente de que no es cosa tuya asumir la responsabilidad. No tienes porque correr hacia aquí ante cualquier pequeña cosa que me ocurra. Aún si caí en depresión o Victoria haya vuelto para asesinarme, ya no es tu deber protegerme o hacerme sentir mejor. Sé que está en tu… naturaleza el cargar con las culpas de todo, pero de verdad… Ya no es necesario que lo hagas, al menos no por mi. Jacob esta para mi ahora. Él y el resto de la manada han estado protegiéndome y realmente estoy comenzando a sentirme mejor. Casi como la vieja Bella.
Hice una pausa para respirar profundamente con la esperanza de que eso me calmara. Tenía que liberarle. Debía asegurarme de que él no volvería a sentirse de esta forma de nuevo… Y luego dejarle ir.
–Isabella Mary Swan –susurró él, mientras le cruzaba por el rostro la más extraña de las expresiones. Parecía haberse vuelto loco–, pero ¿tú te crees que dije lo que dije porque me sentía culpable?
–¿Ah, no? –dije sin comprender en absoluto.
–Me sentía culpable, de una forma muy intensa. Mas de lo que tu podrías llegar a comprender.
–Entonces, ¿qué estas diciendo? No te entiendo.
–Bella, nunca dejaría que Victoria se acercara a ti –aseguró con miel en la voz pero con rabia en los ojos–. Incluso si me encuentro a miles de kilómetros de distancia de ti… –se estremeció al pronunciar las últimas palabras.
–Pero hay algo que aún no entiendo –dije–, y ese es el punto más importante de la cuestión: ¿Y qué?
–¿Perdona?
–¿Qué pasa con que yo haya pasado por una depresión? ¿O que sea perseguida por Victoria? ¿Qué pasaba si yo hubiese muerto?
Me miró dudando durante un momento muy largo antes de contestar.
–¿No recuerdas nada de lo que te he dicho desde que nos conocimos?
–Recuerdo todo lo que me has dicho.
Claro que me acordaba… incluyendo las palabras que negaban todo lo anterior.
En un abrir y cerrar de ojos lo tenía se escasos centímetros de mi. Sentía el frío que emanaba su cuerpo de duro mármol.
Contuve el aliento a causa de la sorpresa, mientras el rozó con la yema de su frío dedo mi labio inferior.
–Bella, creo que ha habido un malentendido –cerró los ojos mientras movía la cabeza de un lado al otro con una media sonrisa en su rostro, y no era una sonrisa feliz–. Pensé que ya te lo había explicado antes con claridad. Bella, yo no puedo vivir en un mundo donde tu no existas.
–Y te puedo asegurar que tu vida no va a durar mucho si no te apartas de ella en este instante.
Ambos nos giramos en el momento en que la enorme sombra se colaba a mi habitación a través de la ventana. Iba a tapear esa ventana, tal vez asi ellos aprenderían a usar las puertas.
Nunca había visto a Jacob con una expresión tan seria como ahora, y debía decir que daba bastante miedo.
–Pensé que me darías más tiempo con ella, Jacob Black –se mofo Edward con una pequeña sonrisa. Aún así se alejó lo suficiente para dejarme respirar con normalidad.
Jacob aprovechó el momento para acercarse a mi y sujetarme firmemente a su lado.
–El tiempo se terminó.
Espera un momento… ¿Jacob sabía que Edward se encontraba aquí?.
Dirigí mi mirada al chico a mi lado, aguardando a que respondiera las preguntas que desbordaban mi mente, pero este se encontraba bastante ocupado en una guerra de miradas con el vampiro frente a nosotros.
–¿Tanto miedo tienes de que ella vuelva a mi? –preguntó este de la nada.
–Sal de mi cabeza.
Todo el cuerpo de Jake comenzó a temblar peligrosamente, mientras apretaba la mandíbula tan fuerte que creí que se partiría la mandíbula. Temí que la situación se saliera de control de un momento a otro.
–Edward, creo que es mejor que te marches… Ahora.
–No. Él puede hacerte daño.
–Nunca… sería… capaz de… herirla –se quejó el licántropo entre dientes –. Nunca… lo haría.
–Es cierto. Jacob no va hacerme daño.
–Pero…
–Cuanto antes te marches, antes se va a calmar.
Sin una palabra, ni una protesta más, Edward se evaporó de nuestra vista.
Me acerqué a la ventana y la cerré, con la esperanza de que él comprendiera que este no era el mejor momento para hablarnos.
Los enormes brazos de Jake me tomaron por la cintura y tiraron de mi hasta que mi espalda era aplastada por su pecho.
Su cuerpo aún temblaba, aunque ya era casi imperceptible.
–¿Te encuentras bien? –dijo antes de enterrar su rostro a un lado de mi cuello.
–Si, estoy bien –aseguré, sin dejar de observar el paisaje a través de la ventana que acababa de cerrar.
Aunque lo hice para no preocuparlo, ni que se alterara más.
La cosa era que no me gustaba mentirle a Jacob.
