Ni Tokyo Mew Mew ni sus personajes me pertenecen… por fortuna para ellos.

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Capítulo 11

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Quietud y caos

Oscuridad y silencio. Un extraño cosquilleo en la nariz y luego una luz roja distante e incómoda seguida de un molesto murmullo que incrementa sin cesar hasta volverse nítido e insoportable. El agudo rechinido de una puerta metálica al abrir lentamente, un repentino azotar de la puerta, el choque de algo metálico contra el suelo, forcejeos y estruendo, gritos incomprensibles que llegan en forma de conversaciones inconexas. Un nuevo azotar de puerta y un fuerte dolor en mi mano izquierda, intento mover mi cuerpo, mas éste no responde, sólo puedo oír el caos, sentir el dolor de mi mano siendo tal vez estrangulada, sólo puedo ver esa rojiza luz a través de mis parpados. Sólo eso, oír, sentir y permanecer muda y quieta, como si estuviese ausente, como si estuviese muerta.

La desesperación se apodera de mí, deseo gritar, decirles que estoy aquí, decirles que los oigo, pero ni un sólo musculo responde a mis instrucciones, ni siquiera soy capaz de zafar mi mano y liberarla de ese insoportable dolor.

-No entendemos como entraron, pero ella ésta bajo control- Una voz grave y sonora logra imponerse ante el resto. –Pueden retirarse, nosotros nos haremos cargo, nos aseguraremos de que ella no vuelva a salir. -Un chillido femenino, forcejeos, lloriqueos y reclamos intangibles. – Si, no volverá a ocurrir, ahora salgan. Todos. ¡También usted joven y una vez más, suelte esa mano, la pobre ya hasta la tiene morada!

Un nuevo apretón, seguido de una tosca caricia a modo de disculpa, me indicó quien era el responsable de tanto alboroto.

-Ya le dije que yo no me muevo de su lado.- Gritó Kisshu enfurecido.

-No sea necio o llamo a seguridad.

-Haga favor de llamarlos de una vez, no quiero a "ese" cerca de ella. –Aquella voz masculina y familiar me sobresaltó, ¿Papá?

-Señor, tranquilícese y salga o seguridad también se hará cargo de usted.

De nuevo el chocar de objetos metálicos, forcejeos y más lloriqueos.

-Mire doctor, no me hable de esa forma o pondré una demanda, sabe que tengo más que motivos para ello. Ahora usted hágame caso y saque al indigente con cara de elfo de aquí o yo mismo lo saco.

El rechinar de la puerta al abrir y el sonoro golpe al cerrar dejó todo el estruendo anterior reducido a nada. ¿Serían acaso los de seguridad? Un incómodo silencio me indicó que algo iba mal, no, no eran los guardias, era, alguien más. Alguien…

-¡Aléjate de ella maldito!-

¡Aoyama! Esa era la voz de Aoyama, mi Aoyama. Si tan sólo pudiese llorar lo haría, si tan sólo pudiese verle, si tan sólo…

Un intenso dolor recorrió mi mano, un poco más y mis huesos cederían a romper en mil fragmentos, pero la inmovilidad me retenía, me evitaba defenderme, zafarme de esas garras que pretendiendo ser protectoras sólo me dañaban.

Vociferaciones y caos donde ni una frase puede ser comprendida, palabras sueltas que llegan como si se tratasen de maldiciones; el caos se desató en la habitación y de pronto mi mano fue liberada. Y entre el terror de que Kisshu fuese a hacer una locura y la sorpresa de volver a oír la voz de Aoyama logré retener la mano de Kisshu, recuperando así el control sobre mi cuerpo.

Un silencio abrumador se apoderó de la sala, me enderecé sobre la cama y furiosa observé a Kisshu aferrándome a él con todas mis fuerzas, sin embargo, él no intentó deshacerse de mi mano, al contrario, se aferró a la mía soltando una risa sínica y burlona. Enfurecida le solté bruscamente y con gran cólera le señale la puerta.

Me miró con sorpresa, como el resto de los presentes, pase una rápida mirada sobre ellos y pude ver de soslayo, sentada en el sillón a los pies de mi cama, a mi madre quien me miraba atónita con su carita llena de lágrimas y gruesas ojeras y arrugas a causa del cansancio; a su lado, retenido por dos guardias se encontraba mi padre, con el rostro al rojo vivo y las venas del cuello marcadas por la ira; junto a mi cabecera el doctor me observaba con curiosidad y duda mientras sostenía en su mano un celular que emitía un murmullo exasperado desde el otro lado; y a cada lado de mi cama Kisshu y Aoyama mirándome uno con socarronería y alivio y el otro con ira y recelo, los miré a ambos, a uno con enojo, al otro con vergüenza, y luego, volviendo a señalar la puerta le grité a Kisshu:

-¡Fuera de mi habitación! ¡Ahora!

Me miró incrédulo y tras una leve sonrisa me dio la espalda y caminó tranquilo entre las miradas furiosas del resto, abrió la puerta, salió de la habitación y cerro tras de sí con cuidado.

El doctor murmuró una rápida explicación a la persona al otro lado del celular y colgó, al parecer ya no eran necesarios los refuerzos.

Todos me voltearon a ver en busca de respuestas y yo exhausta me dejé caer en la cama haciéndome ovillo y dándoles la espalda a todos.

Aoyama acercó su mano y yo volteando a verle le miré directo a los ojos en busca de perdón o consuelo, mas él sólo me devolvió una mirada fría, reprocharte, llena de dolor y orgullo herido. El nudo en la garganta amenazó con asfixiarme y las lágrimas con comenzar a rodar, sin embargo, haciendo acopio de mi orgullo me tragué mi llanto y simplemente le dije lo más seria y tranquila que pude "Tú también, sal de aquí por favor." Le di la espalda y aunque aún sentía su presencia y su mirada llena de odio y desprecio tras de mí no quise mirarle. Simplemente cerré los ojos, como si en aquel gesto pudiese desaparecer su odio y recuperar su amor.

Escuche la puerta azotar, y sentí como algo muy cerca del corazón se encogía dentro de mí. Una mano me sacudió los cabellos amablemente y me ofreció un pañuelo que acepté a pesar de que aún no derramaba ni una sola lágrima, no importaba, me conocía, las lágrimas no tardarían en salir. Voltee a ver al dueño de la mano encontrándome con el rostro del doctor, un rostro severo pero de gesto amable, aquel era probablemente el hombre que había evitado que me desangrase, reflexioné.

Mi madre se levantó de su lugar y acercándose a mí me tomó de las manos echando a llorar, oculté el rostro entre las sabanas, y sentí una pesada mano sobre mi hombro, la mano inconfundible de mi padre.

Sentí un estremecimiento en el pecho seguido de esa sensación de que "algo" se encoje y se hace pequeñito, tal vez sea el alma, me dije, o tal vez un musculo, que se yo.

Tal vez "sólo estas asustada" susurró una voz dentro de mí, la voz de Kisshu.

Una lágrima rodó silenciosa por mi mejilla, sí, tal vez tan sólo estuviese asustada, asustada y avergonzada por haberlos defraudado, por haberme defraudado, por no haber confiado en ellos, por no saber cómo iniciar a hacerlo.

"Debiste confiar en nosotros" las palabras de Kisshu resonaron dentro de mi como un reproche lleno de decepción y angustia, un reproche hacía si mismo más que hacia mí, un reproche lleno de la decepción y la angustia que se produce al saber que no se es digno de confianza de aquel a quien se quiere, "abemos personas que te amamos", nuevamente sus palabras, siempre sus palabras, y sin embargo, ahora lo notaba, aquella vez no hablaba de él, no había un "yo" sino un "nosotros", "debiste confiar en nosotros" "abemos personas que te amamos", frases en plural, frases que no sólo las decía por él. "Ellos lo entenderán Honey, tus padres, tus amigos… lo harán"

Miles de lágrimas comenzaron a brotar desenfrenadamente. Kisshu tenía razón, era hora de decirles la verdad, era momento de que les dijese todo, ellos necesitaban saber, ellos merecían una explicación, merecían mi confianza, ellos no merecían esto, mi silencio, mis huidas, no… ellos eran mis padres, pero, cómo iniciar, cómo decirles…. ¿¡Cómo?!

Comencé a susurrar débilmente una disculpa que se atropellaba y se repetía, que se entrecortaba y se volvía ya desenfrenada ya carente de sentido. Sollozos entrecortados se intercalaban haciéndolo aún más difícil, oh cuán difícil era expresar lo que sentía. Aquel mar de emociones me iba arrastrando en el vaivén de la vergüenza, el arrepentimiento, la ira, el temor… como si fuesen olas en medio de una tormenta. Y de pronto mi cuerpo fue envuelto por los cálidos brazos de mi madre, entonces, al sentir su calor y protección, al sentir su corazón latir al lado del mío, eche a llorar inconsolablemente.

Aquel día llore todo cuanto quise, y a pesar de que sentía la tormenta sobre mí, agradecí profundamente la presencia de mis padres, aquella presencia y amor que me había negado a mí misma al sentirme sucia e inmunda, pero que, incondicionalmente, ahora lo sabía, siempre había permanecido ahí.

Aquel día les conté la verdad, la detestable y vergonzosa verdad. Ellos lloraron al igual que yo, enfurecieron e incluso mi padre destruyó parte de la habitación, pero al final… ellos estuvieron ahí, escuchándome, sosteniéndome, entendiéndome y apoyándome, pues al fin de cuentas, ellos eran las personas que más me habían amado, mis padres.

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Aunque un poco corto, espero y les haya gustado este capítulo n.n! El siguiente capítulo lo publicare el 8 de agosto, esta vez puntualmente n.n! Una vez más una disculpa por retrasarme con la publicación u/u

Saludos a todas y recuerden tomatazos, saludos, sugerencias, comentarios y dudas en los reviews n.n!