CAPÍTULO 11

El siguiente jueves por la noche, los cinco ex-capitanes estaban reunidos una vez más en el apartamento de Kuroo y Bokuto. Habían tenido una dura semana de prácticas y el calor en Tokio era tan agobiante, que el único consuelo era quedarse en un lugar cerrado y con aire acondicionado. Ellos, en cambio, solo tenían un ventilador y comían una fresca sandía mientras debatían sobre las prácticas y otros temas.

—Kenma me odia —dijo en un momento Kuroo, dejando caer la cabeza sobre la mesa.

—¿Por qué piensas eso? —inquirió Tooru, quien se abanicaba con una de las revistas mensuales de volley.— ¿Te dijo algo?

—Solo lo sé.

—Kenma siempre me pareció un chico muy calmado como para llegar a odiar a alguien —intervino Daichi.— Incluso a ti, que sabes cómo hacerte detestar.

—¡Ezo, ezo! —asintió Bokuto con la boca llena de sandia, masticando. Tragó.— Sería demasiado esfuerzo para Kenma.

—Es verdad —murmuró Kuroo.— Sería problemático para él…

—¡Exacto, no te preocupes, bro! —sonrió el chico búho, y tomó un abanico para echarle aire a su deprimido amigo.— No creo que Kenma jamás se complique con sentimientos tan problemáticos como el odio o el amor —Bokuto puso cara de confusión al ver que Tooru y Daichi le hacían gestos para que se callara… gestos que él no entendió, claro.— ¡Así que ni te odia… !

—… ni me quiere —terminó la frase el otro, siguiendo la lógica de su amigo.

—¡Claro! ¡Solo se volvió indiferente a ti! —le dio unas palmaditas en el hombro.— ¿Ves que no era tan grave?

Kuroo se incorporó observándolo con cara avinagrada, mientras Tooru y Daichi suspiraban, exasperados.

—Kuroo —lo llamó Ushijima.

—Dime.

—Toma —le pasó un control de la Play Station y señaló el juego de citas.— Tú puedes conseguirlo —le dijo con suma seriedad, alzando un puño en su honor.

—No sé… —musitó el muchacho, poco convencido.

—Es de mucha ayuda —le dijo entonces Tooru, asintiendo.— Te forja el carácter para la realidad.

—¡Yo también quiero probar! —exclamó Bokuto.— ¡Vamos, bro!

Unas horas más tarde Kuroo tenía conquistadas a casi todas las chicas del juego, salvo la única que parecía interesarle: "Kozumeki". Por otro lado, los cuatro se echaron a reír a carcajadas cuando a Bokuto lo rechazaron de plano en su primera interacción.

—¿POR QUÉEEE? —se lamentaba el chico.

—Te dijo "Hola" y le pediste casamiento, Bokuto —puntualizó Kuroo. Tooru palmeaba la mesa mientras se reía.

—¿Y eso qué tiene de raro? —replicó Bokuto.— ¡Fue amor a primera vista! Mírala —señaló la pantalla con el control.— ¡Tiene las mismas cejas que Akaashi!

—Así que lo tuyo es un fetiche con las cejas, ¿eh? Interesante.

—No-huh, es solo que me recuerda a la expresión que tiene Akaashi cuando me habla —explicó concentrándose en el juego de nuevo.— Y entonces me sale pedirle matrimonio.

Los demás se rieron por lo bajo, pero no le dijeron nada más. Mientras Bokuto seguía afanándose en convencer a "Akaane" de que lo mejor que podía pasarles era casarse y tener una docena de hijos (para formar su propio equipo de volley, con suplentes incluídos), Kuroo los observaba a todos con un tanto de envidia. Tras la semana libre que cada uno pasó en su casa, los otros habían regresado con una inconfundible aura de felicidad. Oikawa caminaba raro los primeros días, pero no perdía la sonrisa estúpida ni cuando dormía; Daichi, por su parte, tenía esa expresión de dicha profunda que lo hacía parecer zen en todo momento; Bokuto seguía tan idiota como siempre, pero ahora no paraba de hablar en voz alta sobre sus ideas a futuro con Akaashi; y Ushijima… bueno, él era feliz con el volley.

Kuroo, por su parte, había pasado toda esa semana de vacaciones casi sin poder tocarle un pelo a Kenma, pues habían tenido a Hinata pegado a los talones. Sospechaba que Kenma lo había invitado a propósito al enano, usándolo de escudo contra los avances de Kuroo. Pero como la realidad era que nunca hablaban sobre su "relación", Kuroo no sabía si Kenma por fin se había aburrido de mantener aquel vínculo físico entre ellos después de unos cuantos meses libre de él, o si le sucedía algo más. Como amigos y compañeros se entendían a la perfección, Kuroo incluso advertía las necesidades de Kenma sin que el chico hablara siquiera; pero como amantes lo suyo era estrictamente físico, sin lograr una sintonía emocional armoniosa, porque Kuroo era muy intenso, y Kenma muy desapegado.

—El domingo llevarán a la playa a los equipos del campamento de volley —comentó Daichi en un momento dado, leyendo la pantalla de su celular.— Pasarán el día allí.

—¡Vayamos nosotros también! —exclamó Bokuto con los ojos brillantes.— ¡Será divertido! ¡Estará Akaashi!

—Ese día llega Suga, también podría acompañarnos —dijo Daichi con una sonrisa que podría matar a un diabético solo por cercanía.

La madre de Sugawara tendría dos semanas de vacaciones, relevándolo del cuidado diario de su abuela por un tiempo, y Koushi aprovecharía para viajar a Tokio a quedarse con Daichi. La envidia de Kuroo aumentaba. El objeto de su afecto vivía en la misma región que él, en la misma maldita ciudad, pero ahora se relacionaban tanto como si uno viviera en Mercurio y el otro en la decimocuarta luna de Júpiter. Pasar el domingo con él y el resto en la playa no sonaba mal, al menos podrían compartir el día juntos, como no hacían desde que Kuroo se mudó.

Al final todos estuvieron de acuerdo en pasar el día con sus ex compañeros de preparatoria.

—¡Bien, está decidido, nos mudamos a la playa! —anunció Bokuto muy alegre.

El domingo amaneció con un sol abrasador y los cinco muchachos, junto con Sugawara que había llegado la noche anterior, partieron a reunirse en la playa con los chicos de la preparatoria. Oikawa en verdad no tenía ninguna relación de interés con ellos (no se moría de ganas de ver a Kageyama, precisamente), y Ushijima en verdad tampoco tenía un vínculo con los jovencitos; pero aún así acompañaron a su nuevo grupo.

Las preparatorias ya se encontraban en la playa cuando ellos llegaron, todos diseminados haciendo diferentes actividades. Los de Karasuno fueron los primeros en salir corriendo a saludarlos cuando distinguieron a sus antiguos capitán y vice.

—¡Daichi-san! ¡Suga-san! —gritaban los chiquillos, corriendo hacia ellos en estampida. Todos cayeron al suelo en un abrazo grupal.

Los de Fukurodani no necesitaron ser tan efusivos en su recibimiento para Bokuto, él mismo se encargó de correr hacia ellos al típico grito de: "¡AKAAAAASHII!". Los de Nekoma, por su parte, fueron bastante civilizados si no se contaba a Lev y Taketora tratando de levantar en andas a Kuroo.

—¡El Gran Rey! —exclamó Hinata al ver a Oikawa parado unos pasos detrás de Daichi y Suga. Entonces abrió aún más los ojos.— ¡Y JAPÓN!

Oikawa esbozó su típica sonrisa plástica a modo de saludo, y Ushijima solo levantó la mano, en su habitual saludo silencioso.

Después de los recibimientos todos volvieron a lo que estaban haciendo. Noya, Tanaka y Taketora se encargaban furiosamente de proteger a las managers de miradas indiscretas; Yachi, como siempre, parecía al borde de un ataque de nervios ante tanta atención, pero la chica de Fukurodani se lo tomaba con calma. Tsukishima y Kenma se mantenían los dos apartados de los demás, ambos bajo sus respectivas sombrillas, el primero con los audífonos puestos y el segundo concentrado en su PSP. El resto, en su mayoría, se entretenían en el agua.

Como no podía ser de otra forma, pronto propusieron jugar al volley de playa, y ya que esa variante del deporte se jugaba en equipos de dos contra dos, comenzaron a formarse parejas para enfrentarse en un mini torneo improvisado.

—¡MÍO! —anunció Bokuto, tomando a Akaashi en brazos. El chico solo suspiró cansinamente pero no se negó.

Como no podía ser de otra forma, Hinata y Kageyama formaron su combo acostumbrado. También se juntaron Ennoshita y Tanaka (que ahora eran capitán y vice de Karasuno, respectivamente), mientras Noya secuestraba a Yamaguchi. Daichi obviamente iba en par con Suga, y a Oikawa no le quedó más remedio que hacer dúo con Ushijima.

—Oye, Kenma —lo llamó Kuroo acercándose a la sombrilla bajo la que se escondía el muchacho.

—No quiero, hay mucho sol —replicó su amigo automáticamente.

—Estamos la playa, la idea es que haya sol. Vamos…

—¡Kenma-saaaaan! —Lev llegó como una exhalación y lo tomó de la mano para arrastrarlo consigo.— ¡Hagamos grupo así practicamos juntos!

Kenma pareció intentar negarse, pero casi al instante se dio por vencido y se dejó llevar. Kuroo lo observó alejarse con Lev, haciendo una mueca.

—Vaya, vaya, te rechazaron y te cambiaron, todo en menos de veinte segundos.

Kuroo bajó la vista hacia Tsukishima, ubicado bajo la otra sombrilla con una expresión burlona.

—Estamos en la misma —replicó Kuroo señalando hacia Yamaguchi, que era acaparado por un ruidoso Noya dándole grandilocuentes instrucciones de sempai.

—No sé de qué hablas —repuso el rubio en tono casual, y cerró los ojos mientras se acomodaba los audífonos de vuelta. Kuroo se los quitó.

—Tú te vienes conmigo —le dijo con una sonrisa felina, y lo arrastró con él sin darle oportunidad de negarse.

El mini torneo les ocupó buena parte de la mañana, y la final la disputaron entre Bokuto y Akaashi, contra Oikawa y Ushijima. Estos últimos fueron los ganadores.

—¡En tu cara, Tobio-chan! —se reía Tooru, sacándole la lengua.

—¡Enséñeme ese último pase, por favor, Oikawa-san! —pidió Kageyama, que había quedado fascinado con la coordinación y la fuerza de aquel dúo.

—¡Solo si te arrodillas y le suplicas al Gran Rey Setter! ¡Muajajaja! —se reía Tooru en pose soberbia. Entonces le sonó el celular y lo atendió al instante al ver de quién se trataba.— ¡Iwa-chan!

—¡DEJA DE HUMILLAR A TU KOHAI, MIERDAKAWA!

Oikawa se tapó el oído ante el grito que recibió.

—¿Cómo lo sabes…? —se tapó la boca.— ¿Llegamos a tal nivel de conexión que desarrollamos telepatía?

—Están siendo televisados en las noticias, imbécil.

Recién entonces se percataron que había una reportera con un camarógrafo haciendo una nota sobre las playas de japón, y se habían entretenido filmando el encuentro de volley entre los chicos.

—¡Hola, Iwa-chan! ¡Hola, mamá! —saludó Tooru hacia la camará, haciendo el gesto de la paz con los dedos.

Noya y Tanaka le cayeron encima, queriendo robarle cámara.

—¡Fue un FUWAHHH! ¡Y luego WOOOH! —le decía Hinata a Ushijima, comentando las últimas jugadas. El mayor lo miraba asintiendo muy serio pero sin decir nada.

—¿Acaso entiende lo que dice el idiota de Hinata? —se preguntó Tsukishima.

—Debe ser un dialecto especial entre rematadores —comentó Kuroo.

Al mediodía todos hicieron una pausa para el almuerzo. Akaashi la tuvo un poco difícil para almorzar con tranquilidad, pues Bokuto le quería dar de comer en la boca todo el tiempo. Por fin la paciencia de Akaashi llegó a un limite.

—Bokuto-san, ven conmigo un momento —le pidió.— Vamos por más bebidas para los chicos.

—¡Claro, Akaa-chi! —sonrió Bokuto. Akaashi permaneció impertérrito mientras los demás se reían por lo bajo de aquel apodo.

Cuando se alejaron lo suficiente del grupo general, Akaashi enfrentó a Bokuto.

—Bokuto-san —lo miró.— Debes parar con esto.

—¿Con qué?

—Esto —levantó su mano, la cual Bokuto llevaba fuertemente agarrada.— Para empezar.

—Sí, hace un poco de calor para ir de la mano —admitió pero no lo soltó.

—No es por el calor —Akaashi inspiró con fuerza.— Y no me llames Akaa-chi.

—¿Prefieres Akaa-chan? —Bokuto sonrió.— Suena como bebé —en japonés.— ¡Pero si quieres ser mi baby no hay problema! —y volvió a tomarlo en brazos.

—Bokuto-san, déjame en el suelo —dijo con voz autoritaria.— Ahora —el otro chico obedeció.— Quieto —añadió cuando vio que Bokuto pretendía abrazarlo.— Quieto. Muy bien. Muy bieeen. La patita… así, la patita. Ahora lejos —apartó la mano que buscaba entrelazarse a la suya.— Quieto. No te acerques.

—¿Pasa algo, Akaashi? —preguntó Bokuto entonces, con expresión de perrito abandonado.— ¿Ya no me quieres?

—No es eso, Bokuto-san, es… —hizo una mueca.— No podemos tener estas demostraciones en público.

—¿Por qué no?

—No es… correcto.

—¿Por qué no? ¡Todo el mundo lo hace!

—No somos como todo el mundo, Bokuto-san.

—¿Por qué no? —repetía el chico como un niño de cinco años.— ¡Te quiero y me gusta demostrarlo!

—… Lo sé, pero hay que moderarse, Bokuto-san, hay que…

—¿Acaso te da vergüenza que te vean conmigo? —preguntó Bokuto entonces.— Es eso, ¿verdad? ¡Te avergüenzas de mí! —los ojos se le llenaron de lágrimas de golpe.— ¿Es porque te pedí matrimonio muy pronto? ¡Eso dijo Akaane! —bajó el rostro mientras dramáticas lágrimas caían de sus pestañas.— ¡Lo siento por avergonzarte! ¡Lo sientoooo!

Akaashi lo miró un momento, muy serio, luego echó un vistazo a su alrededor para cerciorarse que el resto, a lo lejos, no les prestaba atención; entonces lo tomó del codo para arrastrarlo hacia una zona sin gente, detrás de los baños y los vestuarios. Bokuto seguía lagrimeando y pidiendo perdón como un niño.

—Bokuto-san… —suspiró Akaashi. Apartó las manos con que el chico se restregaba los ojos y le tomó el rostro para besarlo.

El llanto se detuvo al instante y Bokuto lo abrazó con fuerza.

—No me avergüenzo de ti, Bokuto-san —dijo Akaashi, apartándose al poco tiempo.— Solo debemos moderarnos cuando estemos con gente, ¿de acuerdo? Cuando estemos solos puedes hacer lo que quieras —se sonrojó un poco al decir esto último pero, claro, Bokuto no entendió el significado oculto tras esas palabras. Se limitó a contemplarlo con expresión de cachorro obediente y contento.

—De acuerdo —asintió.— ¿Pero por qué?

—Porque algunas personas se pueden sentir incómodas al vernos…

Bokuto puso cara de extrañeza.

—¡Pero yo soy feliz contigo! ¿Por qué les incomodaría vernos felices?

Una sonrisa involuntaria curvó los labios de Akaashi al escucharlo, pero se apresuró a poner gesto serio.

—Es complicado de explicar, pero así es el mundo —se giró.— Ahora vamos por esas bebidas de una buena vez.

Bokuto lo retuvo de la mano.

—Solo si me das un beso más —sonrió.

Akaashi cerró los ojos un momento, juntando compostura, pero le cumplió el pequeño capricho.

En cuanto terminó el almuerzo la mayoría se puso en actividad de nuevo, para no desperdiciar un solo momento del día.

—¡No se metan en el agua de golpe después de haber comido! —les advertía Suga a los chicos de Karasuno.— ¡Y usen las gorras que el sol está muy fuerte! —se giró con las manos en la cadera.— Tsuki, ¿te has puesto suficiente bloqueador de sol en la cara? Tienes la piel muy clara.

—En la mañana lo hice…

—Ven aquí, te pondré un poco más —le indicó al chico.— Y tú también, Hinata. ¡Kageyama, deja de espantar a ese perro! —el muchacho trataba de ganarse la confianza de un perro callejero que se había acercado por las sobras de comida, pero el animal gimoteaba lastimeramente ante la expresión de Tobio.— Yamaguchi, ve a rescatar a Yachi, esos chicos no la van a dejar en paz en todo el día.

Daichi lo observaba con una sonrisa. Le daba un tanto de gracia la situación, pero una de las cosas que más le gustaba de Suga era que le agradaba cuidar de los demás.

—Oye, Daichi-san, ¿qué te pasó en la espalda? —preguntó Noya, que venía llegando junto con Tanaka, Yachi y Yamaguchi.— Tienes unos cuantos arañazos.

Daichi miró automáticamente a Suga, que apartó la mirada, se calzó las gafas de sol y pretendió concentrarse en el océano. Tooru, quien tomaba sol junto a Daichi, se largó a reír por lo bajo.

—Es verdad, Daichi —comentó Oikawa.— Tienes unas marcas que se van borrando, pero aún se pueden apreciar… cuánta ferocidad.

—¡Fue un gato! —contestó el chico, muy tieso, pero sus kohais no lo notaron.

—¿Un gato? —repitió Yachi.

—Tiene más pinta de arañazo de cuervo —musitó Oikawa con una sonrisa ladina.

—¡Sí, un gato! —reiteró Daichi, manteniéndose estoico.— Ushijima rescató uno el otro día y el animal me atacó por los nervios —esa no era una total mentira, pero el gato en cuestión le había rasguñado el brazo, en verdad.— A él se le dan bien los animales —añadió señalando hacia el muchacho para desviar la atención de todos.

Ushijima se encotnraba unos metros más allá, sentado en un roca. En un brazo se le había parado una gaviota como si fuese un halcón de cetrería, y entre sus pies escarbaba un cangrejo rojizo. Una ola repentina llegó hasta esa altura y al retirarse dejó en la arena un pez, que quedó dando saltitos junto a al muchacho.

—Les presento: "Ushijima, princesa de Disney, hoy versión Ariel" —comentó Oikawa entonces.

Kageyama corrió hasta detenerse frente a Ushijima y se inclinó ante él.

—¡Por favor, enséñeme!

—¿Volley?

—¡No, a llevarme bien con los animales! —continuó con su reverencia.— ¡Por favor!

Oikawa aprovechó y le sacó una foto a Kageyama inclinado ante Ushiariel.

Un poco más allá, Kenma había vuelto a refugiarse bajo su sombrilla. Kuroo se le acercó para ofrecerle una bebida, pues hacía rato no lo veía hidratarse.

—¿Estás bien? —le preguntó sentándose a su lado.

—Gracias —musitó Kenma tomando la bebida.— Solo hace mucho calor.

—Tienes que beber algo fresco más seguido.

—Debo salir al sol para eso —objetó el chico.

Las neveras portátiles estaban junto a la mesa de los entrenadores y profesores, que charlaban animadamente.

—Podrías haberte negado a venir a la playa —comentó Kuroo entonces.— Siempre lo haces, de todas formas.

—Eso pretendía —asintió Kenma, fijando la vista en su PSP.— Pero Shouyo insistió en que viniera.

Kuro entornó los ojos, sin decir nada. Justo en ese momento, como si los hubiese oído, Hinata llegó corriendo hasta ellos.

—¡Vamos a nadar, Kenma-san!

—No, mejor no…

—¡Lo prometiste! —rió Hinata, tirando de la muñeca de Kenma.— ¡Vamos!

—En verdad, no… yo…

—A Kenma no le agrada pasar de tanto calor a tanto frío, y el agua debe estar helada —terció Kuroo, apartando la mano que Hinata mantenía sobre su amigo.— Es mejor dejarlo estar así.

—Oh, ya veo —repuso el enano de Karasuno.— Bueno, entonces…

—Iré —anunció Kenma entonces. Guardó la PSP y se puso de pie.— Vamos, Shouyo.

Y Kuroo los observó alejarse, tratando de contenerse. Podría haberlos acompañado, pero había un sentimiento complejo que le atenazaba el estómago y no se lo permitía.

—¿Otra vez plantado? —se burló Tsuki, que de nuevo estaba cerca.

—Así parece —repuso Kuroo, serio. Estuvo unos momentos en silencio.— ¿Y tu perro faldero? ¿Dónde está Pecas-kun?

Tsukishima se encogió de hombros.

—No somos siameses pegados por el hombro —aclaró con indiferencia.— Debe andar por ahí.

Kuroo lo observó un largo rato, mientras Tsukishima pretendía ignorarlo.

A medida que la tarde iba avanzando, más gente llegaba a la zona costera, pues al caer la noche habría un espectáculo de fuegos artificiales. Después de dicho espectáculo los profesores les tenían preparada una barbacoa de despedida, tras la cual todos volverían en los buses a sus hogares y, en el caso de Karasuno, a su prefectura.

Tooru salía de los vestuarios luego de haberse duchado y puesto otra muda de ropa, cuando se encontró con un grupito de chicas que lo habían estado observando toda la tarde. Les sonrió y fue lo más encantador posible ante sus preguntas, pero se negó a darles su número de teléfono.

—¿Qué haces? —preguntó Tooru de pronto, al reparar en que Ushijima estaba parado detrás suyo, con su nariz casi pegada a la nunca de Oikawa. Como no obtuvo respuesta se movió para mirarlo, pero Ushijima copió su movimiento como si fuese su sombra.— ¿Qué demonios… ?

—¡Oh, es el chico de antes! —exclamó una de las jovencitas.— ¿Así que son amigos?

—Nunca tanto, pero algo así —replicó Tooru, un poco confundido y contrariado. El idiota detrás suyo seguía utilizándolo como de escudo. Por el rabillo del ojo vio que se ponía ligeramente tenso cada vez que se le acercaba a hablar una de las chicas.— Oh, vaya…

Un rato después, cuando el grupo de acosadoras se hubo alejado, Tooru se echó a reír en la cara de Ushijima, que no había parado de esconderse detrás suyo hasta que quedaron libres.

—¿No sabes tratar con chicas? —se carcajeaba Tooru.— ¿Acaso nunca se te han declarado? ¡No, no me respondas! Aunque lo hubiesen hecho dudo que te dieras cuenta —siguió riéndose—, a menos que tuviesen un balón de volley en vez de cabeza.

Ushijima no pareció afectado por sus burlas. Se limitó a mirar en la dirección en que se habían ido las muchachas.

—Menos mal que no fueron a Shiratorizawa —fue todo lo que dijo.

La tarde iba cayendo y el sol se había convertido en una bola de fuego que se perdía en el horizonte. Las primeras estrellas comenzaban a titilar en el cielo, del lado opuesto al astro rey. El ambiente estaba cálido y la suave brisa marina era una alivio después del intenso calor del día. La gente se arremolinaba en grupos buscando un lugar cómodo para asentarse a contemplar los fuegos artificiales que no tardarían en empezar.

Daichi observaba en dirección opuesta al gentío, con cara de preocupación.

—¿Qué sucede? —le preguntó Sugawara al llegar a su lado.

—Hinata y Kageyama, hace rato no los veo —repuso sin dejar de estirar el cuello, vigilando.

Los dos chicos habían tenido una pelea más temprano. Nadie supo muy bien por qué discutían, pero ambos estaban en el mar, gritándose y empujándose, mientras Kenma permanecía de pie junto a ellos, encogiéndose con gesto nervioso. Suga los había logrado calmar, aunque la situación había quedado tensa. Y por lo poco que había escuchado al acercarse a separarlos, no discutían por el volley, precisamente.

—Déjalos, deben estar haciendo las paces por ahí —opinó Suga en tono tranquilizador.

Eso es lo que me preocupa —puntualizó Daichi con expresión grave, y su compañero se echó a reír.— ¿Qué te resulta tan gracioso?

—Eres como un padre controlador —le respondió en tono risueño.— Vigilas que no hagan lo mismo que nosotros estábamos haciendo a su misma edad.

—Nosotros somos nosotros, y ellos son ellos —explicó lo obvio.— Ese par debe mantenerse puro hasta… hasta…

—¿El casamiento? —sugirió Suga, largando otra carcajada.— ¿Y nosotros no debíamos mantener la pureza?

Daichi dejó de estirar el cuello y lo miró.

—No si quería mantenerte solo para mí —replicó con una sonrisa de lado.

—¿Quieres decir que me marcaste? —volvió a reír Suga.

—Algo así… —y como nadie les prestaba atención, con disimulo le tomó la mano, escondiéndola detrás de su espalda. Se miraron durante unos segundos cargados de intimidad, pero rápidamente apartaron la vista para no generar sospechas.

Media hora más tarde dio inicio el espectáculo de fuegos artificiales. Mientras el cielo explotaba con miles de hermosas luces de colores, Bokuto bailaba alrededor de Akaashi tirándole burbujas con uno de esos juguetes para niños; cuando lo mandaron a quedarse quieto y callarse, él gritó algo del destino y siguió con lo suyo. Akaashi se mantenía impasible.

Tsukishima estaba lejos del gentío, sentado entre unas rocas solitarias. Observaba fijamente cómo a lo lejos Yachi le tocaba el hombro a Yamaguchi mientras le señalaba algunos fuegos artificiales. El chico le sonreía un poco tontamente a modo de respuesta.

—¿No le has dicho aún, Gafas-kun? —preguntó Kuroo, ubicándose junto al rubio.

—¿Decir qué? —replicó Tsukishima.— ¿A quién?

—No te hagas el tonto —señaló con la cabeza hacia Yamaguchi.— Ni trates de negarlo.

Hubo una pausa prolongada.

—No hay necesidad de hacerlo —explicó mientras los fuegos artificiales se reflejaban en sus anteojos; fuegos a los que él no le prestaba atención, pues su vista seguía fija en su amigo de la infancia.— Así es como deben ser las cosas.

—No es bueno callarse las cosas —replicó Kuroo, aunque parecía que hablaba más consigo mismo que con su compañero.— ¿De qué tienes miedo?

—No tengo miedo… —su expresión se contrajo un tanto de pronto.

Kuroo siguió la línea de su vista y observó que Yachi se había sujetado de la mano de Yamaguchi, al asustarse por un fuego artificial que explotó muy abajo, y muy fuerte. El chico le daba unas palmaditas en la cabeza y ella sonreía apenada.

—No mires —dijo Kuroo. Pero Tsukishima parecía incapaz de apartar la mirada, hipnotizado en su angustia.— No mires —le puso una mano en la nunca y lo obligó a esconder la cara en su cuello.

—¿Qué demonios haces? —se sublevó Tsukishima, aunque no se apartó.

—Shhh, si alguien pregunta diremos que te emocionan los fuegos artificiales.

—No seas imbécil…

—¿Kuro?

Ambos se separaron al escuchar la voz de Kenma detrás suyo. Tsukishima se irguió, poniéndose los audífonos, y se alejó sin decir nada.

—Es un poco sensible a los fuegos —comentó Kuroo como quien no quiere la cosa. Kenma no dijo nada y se sentó a su lado.

Observaron el resto del espectáculo en silencio, hombro con hombro. Cuando terminó y la multitud comenzó a descomprimirse, Kenma por fin habló.

—Shouyo se peleó con su compañero —dijo en su tono neutro de siempre.— Parece que fue mi culpa.

—No te preocupes, presiento que ya se han reconciliado —murmuró Kuroo, que había visto a ese par escabulléndose entre las sombras un rato antes.

—Él pensaba que Shouyo tenía conmigo la clase relación que yo tengo contigo —siguió contando Kenma.— No sé por qué creería eso.

Kuroo observó de reojo a su amigo. A pesar de ser increíblemente racional y observador, no era consciente de los detalles importantes en las interacciones sociales. Esa suerte de ingenuidad simple y sin malicia era parte de lo que adoraba de él; le daban ganas de esconderlo del resto y tenerlo solo para sí mismo, para siempre.

—… A veces las más pequeñas tonterías crean malentendidos, eso es todo —le comentó al fin.

Kenma asintió y permanecieron en silencio. El bullicio iba mermando y solo quedaba el sonido de las olas rompiendo en la costa. Ya quedaba poca gente alrededor, la mayoría se había retirado de la playa hacia la zona más iluminada de los puestos comerciales. Los equipos de volley de la preparatoria comenzaban a arremolinarse en torno a la zona en que los profesores y entrenadores preparaban la barbacoa de despedida.

—Deberíamos ir yendo con los demás —opinó Kuroo, poniéndose de pie.— Vamos —dio un paso, pero se detuvo al sentir que le tiraban del borde de la sudadera.— ¿Kenma?

—¿Tú también?

—¿Yo también qué?

—¿Tú también pensaste lo mismo que el compañero de Shouyo?

Kuroo largó un suspiro y se pasó una mano por el cabello.

—Algo así… pero no literalmente —hizo una mueca.— Estaba tan acostumbrado a ser la única persona cercana a ti, que me resulta un poco extraño verte interactuar tan bien con los demás —explicó y le rozó la mejilla con los nudillos.

Como esperaba, Kenma inclinó el rostro hacia su contacto, entrecerrando los ojos. Siempre era así, el cuerpo de Kenma parecía reaccionar por sí mismo cuando lo tocaba, y él siempre se aprovechaba de eso. Pero ahora no. Apartó la mano y su amigo abrió de nuevo aquellos ojos ambarinos en los que le encantaba verse reflejado.

—Supongo que tengo que acostumbrarme —siguió diciendo Kuroo.— Ahora que no estamos juntos todo el tiempo, ya no soy la única persona en la que vas a apoyarte —se forzó a sonreírle.— Lo cual está muy bien, también mereces expandir tu mundo —y si Kuroo seguía a su lado todo el tiempo, eso jamás sucedería. Porque todo lo que quería es que el mundo de Kenma girara en torno a él.

Trataba de actuar como debía. Había estado pensando todo el día en su posesividad sobre Kenma, y aunque no había forma de suprimir ese sentimiento, comenzó a verse a sí mismo como un tirano opresor y acaparador, cosa que no le gustaba demasiado. Pero observalo allí sentado, con la piel clara a penas iluminada por las lejanas luces de la calle, y la brisa marina agitando aquellos cabellos que tanto le gustaba tocar, totalmente indefenso, le daban ganas de mandar las buenas intenciones a la mierda.

—Es difícil —musitó Kenma, como si se hiciera eco de sus pensamientos.

—Eh… bueno, sí, no va ser fácil que te relaciones con los demás de un día para el otro —admitió, retomando el hilo.— Pero vas bien, y poco a poco verás que…

—Es difícil sin ti —aclaró Kenma, bajando la vista.— Es difícil cuando no estás conmigo.

—… verás que allá van mis buenas intenciones —Kuroo se puso la mano en forma de visera sobre los ojos, mirando al horizonte nocturno.— Sep, allá van, justo a lo oscuro.

—¿Kuro?

Las manos de Kuroo se habían detenido a escasos centímetros del rostro de Kenma, su expresión era increíblemente seria e intensa, a penas conteniéndose. Entonces dejó caer los brazos, dando un paso atrás.

—No volveré a hacerlo —dijo con voz grave.

—¿Hacer qué?

—Tocarte, abrazarte… —inspiró con fuerza.— No lo volveré a hacer.

—Entiendo.

—No, no entiendes —lo contradijo.— Lo haré de nuevo solo si tú me lo pides… ya no es suficiente esta relación de deseo unilateral —en verdad era más que suficiente a un nivel físico. Sabía que podía pasarse la vida entera imponiendo su cuerpo sobre el de Kenma y él no se negaría jamás, dejándose amar y dominar. Pero Kuroo ya no quería solo eso, quería saber que él también era deseado y querido, no solo aceptado con anodina resignación.— Espero que pienses lo que realmente quieres, y entonces decidas.

Kenma no respondió nada, la expresión de sus ojos se veía ligeramente desconcertada, pero mantenía la misma calma desapegada y exasperante de siempre. A lo lejos comenzaron a llamarlos a los gritos para que se acercaran a comer.

—¿Qué les tomó tanto tiempo? —preguntó Bokuto mientras devoraba un bistec.— ¡La carne se iba enfriar! ¡Qué delito!

—Eh… nos demoramos porque Kenma tenía algunos dolores —improvisó Kuroo, interceptando la siguiente pieza de carne que Bokuto pretendía apropiarse.— ¡Come también vegetales, maldito!

—¿Dolores? —se preocupó Akaashi.— ¿De qué?

Kenma miró a Kuroo, después de todo había sido su mentira. El muchacho tragó lo que masticaba y carraspeó antes de responder:

—Dolores menstruales.

Akaashi alzó las cejas mientras Kenma hacía una mueca y explicaba que le habían molestado las rodillas.

Pero a partir de esa noche Bokuto comenzó a quejarse de la menstruación cada vez que sentía alguna molestia en las piernas.