Los días habían pasado y las cosas habían mejorado, Candy cada día se sentía más tranquila y fuerte para lo que le deparara el destino, Kate y Helen a pesar de ser tan pequeñas habían comprendido muy bien todo lo que había ocurrido. Terry tuvo que regresar a Nueva York a continuar con un nuevo proyecto y a seguir haciéndose cargo de sus hijos.
Una tarde, en casa de Candy mientras ella y sus hijas tomaban la merienda llegó una inesperada visita.
- Señora, el licenciado Leblanc está aquí-
- Dígale que pase por favor- ordenó Candy y segundos después aquel viejo amigo aparecía por la puerta. Kate y Helen sonrieron al verlo y fueron a saludarlo; después de un tiempo de convivir con las niñas
- Candy, ¿podemos hablar?
- Claro, vamos a la biblioteca- dijo Candy señalándole el camino- niñas ahora vuelvo- Candy llegó a la biblioteca acompañada del licenciado- ¿qué sucede?-
- Quería saber si te llegó la carta de Michael-
- Si…cómo sabes que él…- en ese momento Candy comprendió todo, si Michael confiaba en alguna persona ciegamente era en el hombre que ella tenía en frente- él te la dio ¿cierto?-
- Si, hace unos meses me explicó todo lo de su enfermedad y lo que quería que se hiciera cuando él ya no estuviera-
- A parte de la carta qué más hay-
- Algunos negocios- Candy frunció el ceño, qué negocios tenía Michael- Michael hace mucho tiempo abrió una cuenta en un banco de Nueva York, ¿recuerdas el dinero que heredó hace muchos años de su abuelo?- Candy asintió- nunca toco un solo centavo e hizo de esa cantidad una mucho mayor, ese dinero es de las niñas, para su educación, para que nada les falte y como ese dinero está en Nueva York lo más conveniente es que se traspase al lugar donde tú vives para facilitarte su manejo.
- ¿qué hay que hacer?- fue lo único que pudo preguntar Candy ya que se había quedado sin palabras
- Como las niñas aún son menores de edad tú eres la única autorizada para manejar ese dinero, así que tendrás que hacer los movimientos bancarios, no te preocupes que yo te ayudaré en todo-
- Gracias- dijo ella con una sonrisa- ¿Cuándo tengo que ir?-
- No hay mucha prisa, pero lo más conveniente sería que fueras cuanto antes-
- Veré que puedo hacer, tengo que pedir permiso en el hospital y tengo que ver qué hago con las niñas-
- Está bien, solo avísame lo que vayas a hacer, por favor- pidió él
- Lo haré y gracias por todo-
- Lo hago con gusto, Michael era como mi hermano- los dos adultos salieron de la biblioteca y fueron a reunirse con las niñas nuevamente- les tengo una sorpresa-
- ¿qué es?- preguntaron ambas
- Cierren los ojos- las niñas con una sonrisa enorme cerraron sus ojos e imaginaban qué podría ser el regalo, Leblanc sacó de su portafolio dos pequeñas muñecas de porcelana, una con un vestido verde esmeralda, rubia de ojos claros y otra con un vestido azul, de cabello rubio igual y ojos color zafiro- ábranlos- les dijo y extendió una muñeca a cada una de ellas
- Es hermosa, gracias- dijo Kate abrazando a su padrino
- Muchas gracias, es muy bonita- sonrió Helen
- ¿cómo es qué las traías ahí?- preguntó Candy curiosa
- Ah es un secreto, recuerda que soy un mago- dijo al momento en que sacaba de la oreja de Helen una moneda, con lo que todos comenzaron a reír.
A la mañana siguiente Candy había ido a hablar con su superior para pedirle permiso de ausentarse unos días mientras iba a Nueva York
- Solo serán un par de días
- ¿cuándo se iría?-
- Entre más pronto mejor, pero no hay ninguna prisa, solo que me gustaría arreglar todo lo antes posible
- ¿le parece bien irse el fin de semana?-
- Pero los bancos no abren esos días-
- Lo sé, es solo que, ¿recuerda que pronto llegaran unas estudiantes de intercambio?
- Las que vienen de Inglaterra-
- Así es, y abusando de su tiempo me preguntaba…-
- Yo iré por ellas- dijo Candy resignada- ¿Cuándo llegan?-
- El domingo en la tarde llega su barco-
- Muy bien, deme todos sus datos y yo las recogeré, pero no llegaremos hasta el martes-
- Estoy de acuerdo, muchas gracias-
- De nada- dijo Candy mientras salía de la oficina, "¿cuándo será el día que no ayudes a alguien Candy?" se preguntaba mientras caminaba por el pasillo.
Cuando Candy se reunió con sus hijas les contó sobre el viaje que tendría que hacer
- Entonces no les molesta quedarse con Albert unos días- les preguntó después de haber hablado con el mismo Albert sobre la situación
- No mamá, aunque yo preferiría ir contigo- dijo Helen
- A mí también me gustaría que fueran conmigo, pero se van a aburrir demasiado en los lugares donde vamos a estar, será mejor que se queden aquí-
- Está bien- dijeron las dos niñas
El día que se había acordado Candy fue a dejar a sus hijas a casa de Albert, la abuela Elroy no estaba como de costumbre así que no había ningún problema, a pesar de los años la anciana mujer aun no aceptaba del todo a Candy y aunque nunca había tratado mal a sus hijas, al contrario las quería mucho Candy prefería no tener contacto con ella. Helen y Kate se despidieron de su madre y esta partió rumbo a Nueva York…
Las hijas de Candy disfrutaban estar al lado de Albert, era divertido, protector y consentidor y ellas lo adoraban.
- Tío, tengo sueños- dijo Kate tallándose los ojos
- Ve a dormir pequeña- dijo Albert acomodándole un rizo rebelde- te despertaremos a la hora de la comida, ¿de acuerdo?-
- Está bien- dio media vuelta y fue a la habitación que ocupaba
- ¿y tú no tienes sueño?- preguntó Albert a Helen
- No, tengo ganas de leer algo… no traje ningún libro de mi casa
- Vamos a la biblioteca, tengo unos pendientes, ¿te parece si me acompañas un rato mientras lees?
- Si- contestó la niña con una sonrisa, se dirigieron a la biblioteca y Helen repaso cada uno de los libros- este ya lo leí, este también, ya, ya, también- con su dedo acariciaba cada título recordando cual ya había leído- este es nuevo- dijo tomando un libro al fin, fue al sofá de la estancia y se puso cómoda para comenzar a leer. Albert sonrió y tomó unos documentos que tenía que revisar. Estuvieron concentrados en lo suyo por un rato hasta que Helen rompió el silencio- ¿tío?
- Dime-
- ¿hace cuánto conoces a mamá?
- Desde que éramos niños, conoces bien la historia
- Si, se conocen de toda la vida, eres el único que la conoce desde hace tanto tiempo ¿verdad?
- Eh, pues tus tíos Annie y Archie, Dorothy también, Patty, Stear y T… y ya- dijo Albert, que se vio interrumpido por el sonido de la puerta, Eliza entraba hecha una furia- Eliza, ¿qué haces aquí?
- Necesito hablar con usted- dijo seria
- Yo los dejo solos, con permiso- dijo Helen tomando su libro para salir rápidamente del lugar
- ¿qué modales son esos Eliza?- preguntó serio…
Helen, con su libro en la mano se fue a sentar a la sala y continuó leyendo. Una… dos… tres… cuatro páginas… un capítulo entero hasta que la puerta de la biblioteca se abrió de nuevo, salió Albert y le dedicó una sonrisa a la niña, segundos después salió Eliza y aprovechando que Helen estaba sola fue a hacerle "compañía"
- ¿me puedo sentar?-
- Adelante- respondió la niña
- ¿sabes yo también conozco a tu madre desde que éramos niñas?- en ese momento Helen sintió curiosidad por saber más sobre su mamá, era una duda que había tenido desde poco tiempo atrás, quería saber la razón por la cual se había ido del colegio de Inglaterra, pero recordó las palabras de su madre "prométeme que nunca vas a hacer caso de lo que te diga, no quiero que envenene tu corazón con intrigas"
- Que suerte la suya, mi mamá es una persona muy buena y todos los que estamos a su alrededor somos muy afortunados de tenerla como mamá, amiga y esposa- Helen se puso de píe- con permiso señora- salió de la sala y fue a la cocina- ¡hola Dorothy!- gritó para asustarla
- Helen, ¡qué susto!-
- Así tienes la conciencia- bromeó la niña
- La conciencia no, es que tenemos huéspedes traviesos- dijo pegándole con su dedo índice en la nariz-
- Y hambrientos, ¿ya está la comida?
- Ya falta poco-
- ¿puedo comer de una vez?- dijo con una mirada suplicante con la que convencía a todos
- Está bien, lávate las manos y siéntate- dijo derrotada ante esa mirada; Helen sonrió e hizo lo que Dorothy le dijo
En Nueva York Candy fue directo a registrarse a un hotel, dejó su equipaje y se dispuso a descansar, tenía años que no visitaba la Gran Manzana, desde aquella despedida.
- Ya no pienses en eso Candy, olvídalo- se dijo agitando su cabeza para sacar esos recuerdos de su mente. Después de dos horas de estar en su habitación decidió salir a dar una vuelta por la ciudad, salió del hotel y tomó un taxi, dio una dirección y se sumergió en su sus pensamientos. Después de veinte minutos de camino el chofer la saco de sus cavilaciones
- Señora ya llegamos-
- ¿qué?
- Llegamos, esta es la dirección que me dio- contestó señalando una elegante casa de dos pisos
- Ah, si aquí tiene, quédese con el cambio- dijo dándole unos billetes antes de salir del auto
- Gracias- dijo el hombre sonriendo. Candy bajó del auto y se quedó mirando la casa, no la conocía pero el simple hecho de escribir tantas veces esa dirección que la dijo al chofer inconscientemente- ¿qué rayos haces aquí Candy?
- ¡Candy!- escuchó tres voces que la llamaron, Terry, Edward y Harry iban llegando a su casa
- Hola- dijo ella nerviosa recibiendo el abrazo de los niños- ¿cómo están?
- Bien-
- Hola Candy
- Hola Terry
- ¿qué te trae por aquí?
- Trabajo y un asunto de Michael
- ¿de Michael?
- Si, una cuenta en un banco de aquí
- Pero sabes que los bancos no abren hasta el lunes
- Lo sé, pero también tengo que recoger a unas estudiantes de nuevo ingreso que vienen de Inglaterra y debo ir por ellas-
- ¿Cuándo?
- Llegan mañana
- ¿entonces tienes el día de hoy libre?- dijo Edward emocionado
- Sí, eso parece
- ¿te quedas con nosotros a comer?- preguntó el pequeño
- Eh, no sé, no avise que venía así que no es correcto
- Quédate Candy, por favor- intervino Terry
- Está bien, gracias- sonrió y los cuatro entraron a la casa.
- ¡abuela!- gritaron los niños buscando a Eleonor
- ¡no corran!- dijo Terry- hola mamá
- Qué bueno que ya llegaron… pero… Candy… ¡qué sorpresa!
- Señora es un gusto verla- dijo saludándola
- Candy se quedará a comer mamá-
- Qué bien, pediré que pongan la mesa, toma asiento Candy- le señaló el uno de los sillones de la sala.
- Candy, Candy me aprendí un nuevo poema- dijo el pequeño Edward- ¿quieres oírlo?- pidió emocionado
- Claro- sonrió Candy, el niño se puso recto, se aclaró la garganta y comenzó
Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.
Es la llama de mi alma cual lumbrera,
que brilla en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna…
ni la muerte la puede aniquilar.
¡Acuérdate de mí!… Cerca a mi tumba
no pases, no, sin darme una oración;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que olvidaste mi dolor.
Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que vengas a mi tumba a sollozar.
- El niño terminó de recitar y sonrió porque había hecho una buena ponencia, pero se sintió mal al ver que el rostro de Candy se había llenado de lagrimas
- ¿estás bien Candy?—preguntó el niño preocupado
- Si Edward, es que es muy hermoso el poema, lo hiciste muy bien- le dijo dándole un beso en la frente
- Ven Edward vamos a ayudar a la abuela con la mesa- dijo el mayor de los niños dejando solos a Candy y a Terry
- Lo lamento mucho- dijo Terry apenado
- No te preocupes, son niños y no lo hizo con mala intención, ¿sabes? a pesar de todo me gustó mucho, la primera vez que lo oí no me gustó mucho pero ahora… Edward tiene mucho talento- dijo sonriendo
- Si, le encanta la poesía-
- Deberías incluirlo en alguna de tus obras
- Ja, ja, no le des ideas, aún es muy pequeño, tal vez después, solo si él lo quiere-
- Pasen a sentarse- dijo de pronto Eleonor
- Ya vamos- dijo Terry extendiéndole su brazo que ella aceptó y juntos entraron al comedor donde los niños ya estaban esperándolos. Eleonor, Candy, Terry y los niños disfrutaron de una comida a gusto.
HOLA! ESPERO ESTE CAPITULO HAYA SIDO DE SU AGRADO, EL POEMA PRESENTADO SE LLAMA "ACUÉRDATE DE MI" DE LORD BYRON
GRACIAS A:
lucero: hola, no me digas eso que me pongo roja jajaja gracias por tus palabras, creo que me tardé mucho con este capitulo pero al fin aquí esta, un saludo
Amparo de Grandchester: hola, que bueno que te gustara, espero no hayas leido 100 veces el cap anterior jajaja sobre tu propuesta no te prometo mucho tan pronto, pero lo que si les prometo es que quedaran juntos, un saludo y espero te haya gustado este capitulo :)
Conny de Grandchester: hola, si que me hiciste reir con tu magnifica descripcion de Terry, pero te imaginas que Michael haya escrito eso en su carta jajaja como que no vdd? concuerdo en que la carta no salio como esperaba pero no pude hacerla mas melancolica, no se porqué, pero creo que la idea se entendió vdd? un abrazo y gracias por tus palabras :)
Oligranchester: hola, gracias por comentar, dicen que la sangre llama supongo que la de Helen y Terry no son la excepcion, espero te guste este cap. un saludo :)
Carmen: hola, espero haber aclarado tu duda, queria explicarlo en otro capitulo donde llega otra pero bueno, mejor se los aclaraba antes, gracias por leer, un abrazo
Yeyaho: hola, que alegria que te guste la historia, espero que sigamos así, un saludo
Nadia: hola! muchas gracias por leer mis historias y por tus lindas palabras, espero te sigan gustando, aqui poco a poco Candy y Terry se iran acercando y en el otro fic ya se van a casar! espero publicar pronto, un saludo y muchas bendiciones para ti también
Gema Grandchester: hola, gracias a ti por leer, con la carta de Michael y con el viaje a Nueva York las cosas iran mejorando como todas quieren, un saludo
tamborsita333: hola, bienvenida a reencuentro, que gusto que te hayas interesado en este fic, espero te siga gustando y ya sabes si tienes alguna duda, queja, sugerencia o comentario son muy bien recibidos, un saludo y nuevamente bienvenida
GRACIAS POR LEER, HASTA EL PRÓXIMO CAPITULO.
