En primer lugar, gracias por todos los comentarios. Por los follows y por seguir leyéndola.

Vuelta a las clases, lo que viene a significar: poder escribir menos y no diariamente.

Este capitulo va por todos aquellos que me han pedido que la continúe. Es capitulo transición, así que el próximo ya será el bueno jajaja. Espero comentarios y que se siga leyendo.

Se quedó mirándola frente a frente, mientras iniciaba el movimiento para ir a acariciarle la mejilla izquierda con su mano derecha, pero decidió dejar el gesto en el aire y acabo poniendo la mano sobre la almohada separando así el poco espacio que tenían entre la mejilla derecha de Kate y su mejilla izquierda.

Beckett ya no le miraba, había cerrado los ojos para desistir en ese intento de razonar con él, parecía que era inútil hacerlo.

Fue a girarse cuando Castle le tocó el hombro derecho frenándola:

-Está bien, tú ganas.

Beckett se quedó quieta a medio camino y con la nuca apoyada sobre la almohada mientras enfocaba la mirada al techo de esa habitación.

-Kate, yo…

Un silencio sucedió a ese comienzo y Castle supo que debía seguir solo, ya que la inspectora no parecía con muchas ganas de ser parte activa de esa conversación.

-¿Cómo empiezo? –se rascaba la mejilla derecha con esta primera frase- Verás yo tenía que organizar una cosa y aquí me era totalmente imposible. Busqué y google me resolvió todas mis dudas, California era la clave.

En un principio me hubiese servido sólo esa semana que tenía pensada viajar, pero digamos que una vez allí… Uno tiene contactos y un colega me pidió un favor. Sé que debería haber llamado para avisar, pero pensé que sería solo un par de días a lo sumo… y pensaba recompensártelo a la vuelta

¿Tú que hubieras hecho en mi lugar?

-¿Cómo puedes preguntarme eso? Yo para empezar no me voy una semana así como así sin dar explicaciones ni motivos. Y cuando me voy unos días llamo a quienes constituyen mí día a día, aunque sólo sea para preguntarles cómo siguen y si hay novedades.

Conforme hablaba se había ido incorporando en la cama y ahora estaba sentada taladrándole con la mirada.

-Kate no puedo decirte nada más, sólo te pido confianza.

-¿Confianza? Castle tu negativa a explicarme este tema empieza a sacarme de quicio e intuyo que debe de haber algo detrás para que tu insistencia en no contármelo sea tan grande.

Castle tomó aire un par de veces antes de contestarle, pero empezaba a perder las riendas de la conversación y la duda que leía en los ojos de Kate le llevó (cómo más tarde meditando se daría cuenta) a errar

-¿Cómo puedes ser tu la que dice eso?, La misma que me escondió durante un año que sabía de la existencia de mis sentimientos para con ella, la misma que continúa interponiendo una barrera cada vez que intento ayudarla en determinados temas... no Kate, no tienes derecho.

-Está bien Castle, creo que lo mejor será que yo me vaya. Definitivamente sólo vamos a conseguir que el ambiente se vuelva asfixiante en esta habitación y créeme, me gustaría seguir contándote como uno de mis amigos.

Castle cada vez estaba más alterado:

-¿Amigos?, Estoy harto, estoy cansado Kate. Cansado de estas discusiones tontas, de estos malentendidos, de esa confianza entrecomillada que me tienes, estoy cansado de tus dudas. Pude equivocarme, no lo dudo, pero tú también has errado y no he estado ahí haciendo leña del árbol caído.

Beckett ya había salido de la habitación dando un portazo antes de poder darle margen al escritor a decir nada más.

En ese acalorado intercambio de palabras, Kate había dejado olvidados los pantalones en el armario pero no pensaba dar marcha atrás. Por suerte la blusa era más larga de lo habitual y confió en que a esas horas, no la vería nadie conocido.

Bajo por las escaleras que conducían hasta la barra y pudo comprobar lo que ya sabia, no quedaba nadie despierto.

Giró su muñeca, las 5.45am. No tardarían en empezar a despertarse.

Sin embargo, empezó a deslizarse perezosamente hacía la puerta que conducía al porche y frotándose los ojos recibió la luz que desprendía ese sitio.

Empezó a andar a través de uno de los laterales del porche y frenó quedándose apoyada en uno de los pilares.

Castle que había tardado en reaccionar, se vistió lo más deprisa que fue capaz y bajo a buscarla antes de que fuese demasiado tarde.

Al no encontrarla en el comedor, siguió descendiendo por las escaleras hasta la barra de la planta baja. Tampoco la veía por ahí. ¿Dónde se habría metido?

Intentando no hacer demasiado ruido salió al porche y tras verse obligado a cerrar los ojos por la luz que ya irradiaba esa mañana de verano, volvió a abrirlos, encontrándosela en la esquina de ese lateral apoyada sobre ese pilar.

La abrazó por atrás; como a él le gustaba, y le dio un beso en el cuello mientras girándosela hacia sí le pedía perdón una y otra vez.

-Lo siento Katherine.

Al oírle pronunciar su nombre completo, Kate levantó los ojos mirándole con esa mirada que sólo ella conseguía y que hacía imposible conocer que pensamientos le rondaban por la mente en ese preciso instante.

-Vaya... pensaba que no querías tenerme cerca –dijo a modo de saludo – no, espera. ¿Se te ha olvidado algo por decir y vienes a desahogarte?

- Kate…

-no, vamos, expláyate Castle.

-Estamos sacando todo de contexto. Escúchame –apoyó su mano derecha sobre el hombro izquierdo de ella- se me ha ido de las manos. Lo siento, lo siento de verdad.

-No, creo que por una vez has sido sincero. Así que no lamentes el haberme dejado conocer tus verdaderos pensamientos.

-De verdad, ¿vamos a hacer de toda conversación una pelea?

-No, yo de hecho me marchó ahora mismo. En un par de horas tendría que estar en la comisaria y veo que he vuelto a perder mi tiempo, intentando arreglar algo que está claro que no tienen arreglo posible.

Empezó a andar, pero esta vez Richard estuvo rápido y la frenó atrapándola entre el siguiente pilar y su pecho.

-mírame.

Por toda respuesta Kate resopló y miró hacia uno de los laterales.

-¿Un hombre que en verdad estaría cansado de una persona con la que está saliendo, organizaría un viaje a California de una semana exclusivamente para sorprender a esa persona?

Beckett no pensaba ceder, intentaba desviarla del tema y culpabilizarla a ella de haber llegado a la situación en la que estaban.

-en serio, déjame pasar. Tengo que arreglarme, he llamado a Esposito y no tardará en llegar para llevarme de vuelta a la ciudad.

-Beckett, tú querías saber el motivo de mi viaje a California, te lo estoy contando.

-Muy bien Castle. Ahora déjame pasar –insistió todavía atrapada en esa especie de abrazo entre el pilar y el pecho del escritor.

-Beckett…

Entonces decidió guardar silencio, apartarse y dejarla pasar. Se había equivocado, pero le había pedido perdón. Le había contado la verdad de ese viaje y sin embargo, ella prefería marcharse.

No tenía nada que hacer, así que la vio desaparecer por la puerta que conectaba el porche con la planta baja y dándole un margen de unos minutos para que pudiera subir las escaleras, sin tener que volver a cruzarse con él, salió.

Por ella. Que había estado en California una semana entera por ella. ¿A quién pretendía engañar? Conocía sus límites, pero esta vez había rebasado el tope.

Sin embargo, ¿Por qué sentía esa congoja en el pecho?

Decidió pensar en otra cosa y una vez arreglada, bajo a desayunar, rezando para no tener que volver a encontrárselo esa mañana.

Pero para su sorpresa fue a Lanie y Esposito a quienes se encontró al pie de la escalera.

-Felicidades amiga, felicidades –Lanie se le lanzó a los brazos sin darle tiempo a entender el porqué de tanto entusiasmo.

-¿Lanie?

-Me lo ha contado Espo, tengo que decirte que por una vez el mono escritor me ha sorprendido. Tiene que estar muy enamorado de ti para prepararte algo así –dijo lanzándole una indirecta a Esposito.- Pero cuéntame, ¿Cuándo os vais? Y ya una vez allí, aprovecharéis para quedaros unos días, ¿no?

-Lanie te juro que…

-Y no se te olvide contarme todo con pelos y señales a tu vuelta. Quizás, quien sabe… de ese viaje vuelva una nueva Beckett.

Lanie no paraba de hablar y en uno se esos monólogos, Beckett decidió explicarle claramente que desconocía de que estaba hablando.

-En serio que no sé de que estas hablando.

-Oh, vamos, me alegro por ti, en serio, … ¿CÓMO? –dijo frenando de repente.

-¿No te lo ha contado todavía Castle?

Esposito pronto dedujo que algo no iba bien.

-Kate, ¿dónde esta?

Kate le miró a los ojos:

-Hemos cortado

-¿qué has hecho QUÉ?

-chicos, no estoy para sermones. Tengo que estar en comisaria a las 8.00 y ya son las 6.00 am.

-Kate, ¿has dejado que se explicase?

-Oh, si. ¿Y cómo era? –dijo llevándose la mano a la barbilla mientras fingía reflexionar las palabras que se le habían grabado en la cabeza nada más oírlas de boca de una de las personas que más importancia tenía para ella. – no soy digna de recriminarle nada, yo tengo mi barrera para determinados temas, además esta harto de mis dudas, de mi confianza entrecomillada, …

-Kate, no podía estar hablando en serio. Se ha molestado demasiado por una persona de la que supuestamente está harto. ¿Por qué discutisteis?

-Vamos, no quiero hablar del tema…

-Deduzco que ha tenido que ser el viaje a California-dijo tomando parte en la conversación de nuevo la forense.

-¿Entonces no sabes el motivo del viaje?- preguntó el policía.

-Se supone que el motivo soy yo.

Esposito y Lanie se miraron meneando la cabeza mientras fruncían los labios y la miraban.

La inspectora fue a pagar la habitación, pero el joven le respondió que la había pagado un rato antes el señor.

Otra vez Castle.

Refunfuñada, salió del hotel-restaurante y se montó en la parte de atrás del coche, esperando a que Esposito o Lanie se montasen al volante y se alejasen de ese sitio.

Asomó la cabeza por la ventanilla y los vio a unos pasos cuchicheando. Entonces Lanie se acercó hasta el coche y le pidió que bajase un momento.

-Lanie…

-Ven Kate, hay una cosa que debes saber.

Por compromiso, más que por voluntad, bajo del coche y se acercó hasta donde estaba su amigo.

-¿qué pasa?

Espo miró a Lanie todavía indeciso.

-¿No ves que si no lo escucha, no va a creérselo?

-¿Creerme el que?- preguntó Beckett alzando una ceja, mientras empezaba a cabrearse de verdad.

Esposito sacó un pequeño objeto de la cazadora, que a primera vista podía pasar tanto por un mp4, como por un teléfono móvil.

En seguida pudo darse cuenta, no obstante, de que se trataba de una grabadora.

-No me mires, la idea fue suya –respondió el policía a la mirada de Kate mientras señalaba a Lanie.

-Y menos mal que se me ocurrió. Sabía que iba a ser necesario…

-Toma. Te esperamos en el coche, ¿bien?

Acto seguido, se alejaron de ella y una vez sola, mordiéndose el labio superior, encendió la grabadora y le dio al play.

-¿Castle?

-Por tu voz deduzco que no estabas precisamente viendo una película. Dile a Lanie que no me odie –se escuchó con voz de pucherito.

-tíoo…

-Esta bien, sólo quería pedirte ayuda.

-Son más de las 3.00 am de la mañana… ¿no puedes esperar a que amanezca?

-no, es algo urgente. Es algo que tiene que ver con Kate.

-Dime

-Ahora mismo no puedo hablar mucho, anda buscándome. Parece que la cosa va algo mejor que hace un rato, pero si sale a relucir el tema, ¿cómo le explicó que el viaje a California fue para prepararle esa sorpresa que te comenté hace unos meses que quería organizarle cuando llegásemos a los dos años?

-Tío, ¿en serio le has preparado lo que estuviste hablando conmigo y Ryan? ¿El viaje también?

-Todo. Pero deduzco que no va a creerme cuando intenté explicárselo.

-Escucha, ….

Kate paró la grabación mordiéndose el labio. Por una vez Castle no le mentía, habían podido discutir, él se podía haber equivocado, pero ahora sabía que indudablemente ella también lo había hecho.

Quería llamarlo, aunque por otra parte no lo tenía tan claro.

Marcó el número y se quedó jugando con el iPhone entre las manos sin saber si dar o no dar el siguiente paso. Al final, gano la corazonada y no la lógica y pulsó el botón de llamada.

Se escuchó el primer tono y se llevó el móvil al oído.