Maestros Tormenta
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Disclaimer: ALLA es propiedad de VIACOM, Nickelodeon, Mike, Bryan y Night. No sacó beneficios de esta historia.
Notas: NO QUIERO SPOILERS QUE TENGAN QUE VER CON LA NOVELIZACIÓN, NADA EN ABSOLUTO. SI LOS CONTENIDOS DE ESTA HISTORIA O CUALQUIERA DE LAS OTRAS MÍAS PREDIJERON LOS EVENTOS DEL FINAL EN CUALQUIER FORMA, POR FAVOR NO ME LO DIGAN EN UN REVIEW. GRACIAS.
Agradecimientos: ¡Irrel, OrePookPook, MouseThatRoared, H-Thar, Drisela, Katsari-chan, y Dailan, y a todos los que traen arte nuevo! ¡Gracias, chicos!
Solo gana su vida y libertad quien todos los días los toma por tormenta –Goethe
Después del desayuno a la mañana siguiente, le dieron a cada uno su habitación. Ni Li ni Lo dijo por qué, solo que era claro que Katara se estaba sintiendo mejor y por lo tanto ya no necesitaba permanecer en la enfermería. Las dos ancianas le devolvieron su viejo uniforme de la casa de té, luego la escoltaron a ella y Zuko por una única escalera que los condujo a lo profundo del palacio a un ala pequeña detrás de tres juegos de puertas que se abrían solamente cuando alguien le arrojaba fuego a un raro tubo de oro con la forma de un dragón. Incluso si Katara se las arreglaba para escabullirse fuera, escabullirse dentro supondría un problema.
El cuarto mismo era tan grande como él que tenía en Ba Sing Se – por lo que Katara podía decir en la súbita oscuridad. Katara había estado esperando una especie de palé y quizás unas cuantas ratas. Pero no – había una enorme y mullida cama a lo largo de la pared más lejana. Aunque la cama era todo: ni un espejo, ni un mueble ni un florero que pudiera romper y usar luego, ni agua, ni siquiera una planta. Ni siquiera una ventana. Solo una cama. O eso fue lo que sus inquisidores dedos le dijeron. Era difícil de estar segura sin una lámpara. Y no le habían dado ninguna roca-chispera.
Katara se giró, caminó con cuidado hasta la puerta, y la golpeó.
-¡Ey! ¡Está oscuro aquí!
-Enciende una vela –replicó uno de los guardias.
-¡No hay ninguna roca-chispera! –Volvió a azotar la puerta-. ¡No todos somos maestros fuegos, sabes!
Hubo un rezongo al otro lado de la puerta.
-Mala suerte –se burló una voz.
-¿Y qué hay de un baño? –preguntó Katara, contenta de que por el momento los guardias no pudieran verla.
-Los maestros agua no necesitan uno –contestó la voz-. Órdenes de la Princesa Azula.
-Tienes que estar bromeando… -Katara pateó la puerta, y de inmediato empezó a saltar de un pie al otro. Dejó salir su frustración pura-. ¿Qué se supone que haga?
-Deja de quejarte, y estaremos más dispuestos a dejarte salir cuando lo pidas.
Desde el cuarto a su derecha, Katara escuchó golpes y gritos similares. Desde afuera de su puerta, hubo un juramente apagado. Un momento después, escuchó a alguien gritar exasperado:
-¡La maestra agua está perfecta! ¡Para ya ese jaleo!
Zuko. Uno tenía que reconocerlo: realmente sabía como hacer su parte. ¡Por supuesto que estaba preocupado! ¡Se suponía que era su novio! En la lejanía, Katara deseó estar en una posición mejor para mirar ese engaño por lo que valía: si no estuviera atascada en esa estúpida habitación, lo tendría corriendo por aquí y allá buscándole lo que le pedía. No que tuviera alguna idea de que pedir, pero la parte donde podía darle ordenes y él no podía protestar sonaba divertida.
Aunque quizás las cosas eran diferentes en la Nación del Fuego. Todo en el lugar parecía volteado de cabezas y a la inversa, así las que probablemente también las relaciones eran extrañas. Katara lo consideraba mientras gateaba por el piso buscando alguna rajadura en la pared. Zuko había parecido decepcionado cuando le contó de la edad de compromiso estándar. Quizás las cosas pasaban mucho después en la Nación del Fuego – las oficiales que Katara había conocido no parecían exactamente madres, pero tampoco seguían siendo niñas. Se preguntó si todavía vivían en casa.
Por otra parte, Zuko había estado extraño en general, anoche. Al menos, más extraño de lo habitual. Las drogas tenían algo que ver, por supuesto. Pero se preguntó si quizás lo habían golpeado demasiadas veces en la cabeza, durante su período en prisión. Zuko tenía una manera de parecer fuerte incluso cuando estaba vulnerable: podía arrojarse de rodillas y luego exigir ser llevado como prisionero, como si aún tuviera algo de control sobre la situación. Era atípico de él ser tan incapaz. ¿De alguna forma los eventos de los días pasados lo habían quebrado? En la oscuridad, Katara meneó la cabeza. Imposible. Zuko nunca se rendía. Uno podía contar con eso, como con el sol o las mareas o con esa serpiente en el Paso.
Tac, tac, tac.
Un buen ejemplo, él también estaba verificando las paredes. Katara se estiró y dio golpecitos a la pared más cercana a la que había oído el ruido. Zuko contestó. Katara se apretó contra la pared y golpeó de nuevo. Sería mucho más fácil si tuvieran una especie de código.
-Desearía que tuviéramos un código.
-¿Qué? –su voz llegó ahogada.
-Un código –repitió a la pared, ahuecando sus manos alrededor de la boca.
Él contestó algo que sonó vagamente como un "sígueme", y siguió golpeando suavemente a lo largo de la pared. Katara lo siguió, golpeando también. Siguió el ruido por encima de su cama y hasta un rincón. Cerca del suelo, escuchó a Zuko golpear de nuevo. Se echó sobre la cama, y espió un diminuto hoyo donde la pared se unía con el suelo por el brillo dorado que pasaba a través de él. Desapareció de repente.
-Hola –dijo Zuko.
Katara se acostó en el piso con sus piernas bajo la cama y la cara contra la pared.
-Hola.
-… ¿estás bien?
-Sí, estoy perfecta. Aunque no hay rocas-chisperas. Estoy en la oscuridad.
Hubo un sonido parecido a un gruñido, y un breve destello de luz.
-Mantendré algo quemándose para ti.
-Gracias –tragó-. Ey, ¿tienes un baño ahí?
-¿Por qué, tú no?
-Eh, no –se acurrucó contra la pared-. Creo que todo lo del sabotaje al sistema de agua en ese almacén de municiones pueda tener algo que ver con eso.
Un apagado bufido de risa.
-Sí, quizás.
Katara acomodó la cabeza sobre su brazo.
-¿Te sientes mejor?
-Mi cabeza me duele un poco, pero eso es todo –escuchó el gemir de las tablas del piso-. ¿Qué hay de ti?
-¿Qué hay conmigo?
-Tu muñeca. La estaba agarrando bastante fuerte.
-Oh, está bien –recordó Katara-. Creo que los estropajos personales de tu hermana hicieron más daño
-¿Te lastimaron?
-Solo mi orgullo –admitió Katara-. Ty Lee me golpeó en los brazos así que no puede hacer agua control. Luego empezó a preguntarme todo sobre ti mientras armaban jaleo encima de mí. Fue realmente humillante.
Hubo un ruido como si la frente de él hubiera dado contra la pared.
-¿Qué te preguntó?
-Bueno… -Katara se alegraba de que los separara una pared-. Quería saberlo todo sobre nosotros, ¿sabes? Sobre tú y yo. Juntos.
-Juntos.
-Como, cuando pasaron las cosas –continuó Katara-. Ella cree que tú querías raptarme en tu barco.
Hubo un silencio.
-¿Acaso no sabe lo que significa agua control?
A su pesar, Katara se rió.
-Supongo que no. Yo podría…
-Alguien viene –lo oyó moverse; un instante después escuchó que su puerta se abría. Katara se tiró a la cama y se llevó las rodillas al pecho. Intentó verse lo más derrotada posible. No fue difícil, cuando su propia puerta se abrió con un chirrido y la figura de Azula la llenó.
-Hay alguien que quiere verte –anunció, y se volvió.
Cansinamente, Katara caminó hacia la luz.
Un puñado de Dai Li los escoltó con grillos especiales hasta el jardín. Katara hizo una mueca al salir a la luz del sol. De repente no pudo recordar la última vez que había estado afuera. ¿Realmente había sido solo unos tres o cuatro días atrás? Entornó los ojos. Al pasar bajo un arco de piedra, vio una pagoda y un estanque rodeado por sauces. Dentro de la estructura estaban sentadas Mai, Ty Lee y una mujer que se parecía a Mai: alta, delgada, con un rostro angular y con el brillante pelo recogido para que no le cubriera la cara. la mujer dejó su taza de té, se paró y se apresuró por las escaleras de la pagoda hacia ellos.
-Gracias, Princesa Azula –agradeció, inclinándose gravemente.
Azula se inspeccionaba las uñas.
-No hay de qué.
La mujer se irguió. Sus ojos se clavaron en Zuko y los arrugó. Se movió rápidamente y Katara escuchó la bofetada golpear el rostro de él antes de que su mente verdaderamente comprendiera lo que estaba pasando.
-Eres un tonto, un traidor y un cobarde sin corazón –exclamó-. ¡Traicionaste a tu país, rompiste el corazón de mi hija, y te hayas encargado de esta maestra agua cuando podías haber estado cumpliendo las obligaciones para tu gente!
Zuko desvió la mirada.
-¿No tienes nada que decirme? –inquirió la madre de Mai.
La mirada de Zuko osciló sobre ella lentamente.
-Está demasiado preocupada por su posición –respondió-. Mai no sabe cómo ser feliz, y es su culpa –parpadeó-. Y Ozai solo envió a su familia a Omashu porque esperaba que el Rey Bumi hiciera sus vidas miserables. No fue porque los favoreciera.
Katara esperó ver otra bofetada, pero no llegó. La madre de Mai palideció hasta los labios, luego se giró a Katara. Oh, genial. Zuko la hace hervir justo para cuando me toca lidiar con ella. Mil gracias, Zuko. Hizo lo que pudo para mantenerle la mirada a la mujer.
-Y tú –saltó la mujer-. ¡Robaste a mi bebé, exigiste un rescate y te rehusaste al honor de nuestro trato!
Las cadenas de Katara repiquetearon cuando se inclinó hacia delante.
-¿Qué? ¿Los Dai Li han estado decodificando su cerebro? No robamos a su bebé ni nada parecido. Y fue Mai la que rompió el trato – ¡no le importó recuperar a su propio hermano! Y fue el Avatar el que lo devolvió…
La cachetada vino lo suficientemente fuera para que los dientes de Katara chocaran. Se tambaleó hacia la derecha y colisionó con Zuko. Éste siseó fuego.
-Cuidado, Zuzu –advirtió Azula-. No queremos tener que enviarte de nuevo a la torre, ¿cierto?
Respirando superficialmente, Zuko se enderezó. Estando así de cerca, Katara sentía la furia justo debajo de la superficie; vio como trabajaba su garganta.
-Déjennos regresar a nuestras habitaciones.
-Oh, pero si acaban de llegar –Azula cabeceó hacia la pagoda-. Tenemos otro invitado que está muy interesado en oír de ustedes. Serás un buen ejemplo para él, Zuko. Quiero impresionar a los enclenquecitos como él para que sepan lo que hacemos con los traidores.
Katara miró hacia la pagoda de nuevo. Una sombra se movió y vio la figura de un hombre. Era un poco más pequeño y de piel más oscura que el hombre promedio de la Nación del Fuego, pero se movió con eficiencia y determinación. Las rodillas casi le fallaron.
-El Maestro Piandao está muy ansioso de escuchar todo lo que pueda sobre ustedes –siguió Azula.
-Apuesto que sí –murmuró Katara.
-Por supuesto, ella discutió conmigo la aflicción de su hija por la hipocresía del Príncipe. Su preocupación sobre el corazón roto de su hija me conmovió. Y cuando la Madame Gobernadora mencionó que ella también venía a la capital, ofrecí mis servicios como escolta –explicó Piando-. Uno no puede ser demasiado cuidadoso estos días.
La madre de Mai sorbió por la nariz.
-El Maestro Piandao es demasiado modesto –afirmó-. Insistió en ocuparse de mí.
-Solo estaba cumpliendo mi deber como ciudadano –rebatió él, tocándose ligeramente la boca con una servilleta-. Si el Gobernador mismo no podía acompañarla, entonces un humilde espadachín en camino a inspeccionar su casa en la ciudad podía al menos ofrecer sus servicios.
-¿Tienes dos casas? –soltó Katara, lamentando de inmediato haber revelado tanto.
-Habla cuando te hablen –replicó la madre de Mai.
-¡Usted no es mi madre!
-Y agradezco a los dioses por eso –repuso la madre de Mai, alzando el mentón-. Yo te hubiera criado con algo de respeto.
-Estaría muerta entonces –intervino Zuko con la voz hueca. Se aclaró la garganta-. La madre de Katara está muerta. La Nación del Fuego la mató.
Silencio. Ty Lee miró fijamente su plato e incluso Mai desvió la mirada, como si intentara parecer distraída con los patos-tortuga. Zuko se volvió a Katara.
-¿Te gustaría otro bollo de semilla de loto?
-Sí, por favor. Gracias.
Las cadenas de Zuko repiquetearon cuando levantó el bollo y lo dejó caer en el plato de ella. Katara lo tomó entre sus dedos y empezó a masticarlo. Al otro lado de la mesa, Piandao se sentó un poco más derecho.
-Para responder a tu pregunta, sí tengo dos casas. Mi bisabuelo construyó una en el campo para su esposa. Tenía una delicada constitución y necesitaba aire fresco. Mi familia la ha estado ampliando desde entonces.
-Lo que significa que su casa en la ciudad está deteriorada, vieja y en mal estado –añadió Azula.
Piandao suspiró.
-Tristemente, la Princesa está en lo cierto. He estado negligente en mis deberes. Ahora el lugar se está desmoronando, y tengo que supervisar los arreglos –levantó los ojos, los clavó en los de Zuko-. Deben de tomar cierto tiempo.
-Las renovaciones son la cruz de mi existencia –exclamó la madre de Mai-. No creerían el problema que esos maestros tierra y su arquitectura nos dio. ¡Toda la ciudad estaba hecha de toboganes! ¡Toboganes!
-Me gustaban los toboganes –comentó Katara cortante.
-Te gusta todo lo escurridizo –observó Zuko. Piandao casi deja caer su taza, pero la cazó rápidamente-. Quiero decir, el hielo, el agua, la nata –agregó Zuko-. Cosas como esas.
-Supongo que es verdad –meditó Katara. Le dirigió a Mai su mirada más petulante-. Me gustas tú, Zuko, y tú eres un personaje escurridizo.
Silencio, luego una súbita carcajada de Azula. A su lado, Ty Lee rió con disimulo. Mai simplemente siguió mirando hacia otro lado. Su madre se veía apropiadamente escandalizada.
-Escurridizo –repitió Azula, sonriendo-. Tendré que contarle a Padre sobre esa.
-Por favor, hazlo –insistió Katara-. Quiero que todo el mundo sepa lo que siento por Zuko, ahora –sus ojos se deslizaron sobre Piandao-. Todo el mundo debería saber.
Piandao tragó.
-Esto es toda una sorpresa –reconoció-. Maestros agua y maestros fuego trabajando juntos…
-… en el Distrito de la Ostra, nada menos –interrumpió Azula-. Es todo muy sórdido y vergonzoso. ¿No es así, Zuko?
Zuko apretó la mandíbula. Miró a un flamenco-tucán en un árbol cercano.
-No estoy avergonzado de nada.
-Estoy seguro que esa es la actitud por la que el Avatar te desterró –dijo Azula-. Tú y su amada maestra de agua control se dejaron llevar justo debajo de su diminuta varicita, y como siempre tú fuiste más que un cobarde como para desafiarlo directamente –Azula miró a la madre de Mai-. Mi hermano tiene un serio problema con la autoridad. No parece poder reconocer quienes son sus superiores ni como respetarlos.
Zuko se giró a ella, con la boca abierta, pero Katara habló:
-Lamento no estar de acuerdo –con su tonito más sofocado. Se recostó contra los rígidos hombros de Zuko tanto como se lo permitieron las cadenas-. Tú sabes quién es el mejor maestro entre nosotros, ¿no, Chispitas?
-¿Chispitas? –reiteró Piandao.
Mai abrió la boca por primera vez en toda la tarde.
-Enfermizo, ¿no?
-Yo creo que es algo tierno –murmuró Ty Lee-. Digo, lo de los motes y todo. Mis padres tienen motes para nosotros.
-Solo porque no pueden diferenciarlas –objetó Mai-. ¿Acaso tu madre no cosió sus nombres en todas sus ropas solo por si alguna vez tenía que fijarse?
Ty Lee se limitó a seguir mirando su plato atentamente. Zuko tragó saliva.
-Tienes razón, Dulzura –asintió-. Eres la mejor.
-Y no tienes ningún problema en respetarme –prosiguió, irguiéndose en la silla-. Ahora por favor sírveme más té.
-Oh, sírvete tú misma –masculló Mai.
-Sí, Katara, sírvenos té –demandó Azula-. Estás usando ese espantoso uniformecito, después de todo. Y si voy a tener una maestra agua en el palacio debería al menos usarla –Azula sonrió-. Solo piensa en todas las bebidas en que podrías mantener frías para mí.
Katara se tragó una réplica sobre el corazón de Azula siendo lo suficientemente frío para ese trabajo en particular, recordándose que a Azula no le importaba lo que tenía que decir, y tranquilamente levantó las manos. Hacer agua control encadenada era incómodo, pero podía hacerlo. Con cuidado levantó un chorro de té de la tetera, abrió los dedos, separando el chorro en una red cuyos extremos llenaron las tazas en la mesa. La madre de Mai retrocedió, un poquito. Justo entonces un niñito corrió hacia ella.
-¡Mama!
Su concentración se desbarató, Katara soltó el té que salpicó todo y exclamó:
-¡Tom-Tom!
La madre de Mai escondió a su hijo en su regazo.
-Mantén tus manos lejos de él –advirtió-. Ya has hecho suficiente daño.
Katara la ignoró.
-¡Se ha puesto tan grande! ¡Está corriendo, hablando y todo!
Tom-Tom se retorcía en el regazo de la otra mujer. Estaba mucho más grande, ahora, rollizo y se veía saludable, y su pelusilla de cabello negro se había expandido hasta cubrir su cráneo entero.
-¡Abajo! –Clamó, intentando en vano deslizarse de la falda de su madre-. ¡Abajo!
-No tengas miedo, mi querido, la horripilante maestra agua no te lastimará de nuevo –prometió la madre de Mai.
-Oh, él no me recuerda –aseveró Katara-. Es demasiado pequeño –se inclinó sobre Zuko para sonreírle a Tom-Tom-. ¿Te di de comer, te cambié y todo, pero eres aunque sea un poquito agradecido? ¡No, claro que no! ¿Quién es el colono más lindo de todo? ¡Tú lo eres!
La madre de Mai pareció profundamente horrorizada. Mai misma arqueó una delgada ceja.
-¿Lo cambiaste?
-Por supuesto.
-Usualmente ese es el trabajo de la niñera.
-Bueno, quizás la niñera debería de haber estado mirándolo cuando se fue a jugar a las traes con un lémur –contestó Katara-. ¿O se supone que ese era el trabajo de su hermana mayor?
-Me niego a seguir escuchando esto –exclamó la madre de Mai. Recogió a su hijo, le hizo una señal con la cabeza a una mujer de pie cerca, y le hizo un ademán a Mai para que se levantara-. Mis disculpas, Princesa Azula, pero simplemente no puedo exponer a mis hijos a esta, esta… primitiva.
-Culpa a tu escolta –replicó Azula-. La única razón por la que mi hermano y su última distracción para que no se estén pudriendo en sus celdas es porque cierto antiguo oficial quería soltar a los animales de sus jaulas –entornó los ojos. Espero que su excursión por nuestro pequeño zoológico haya sido informativo, Maestro Piandao.
-Muy –asintió Piandao amablemente. Se levantó-. Madame Gobernadora, si me permite acompañarla.
-Por favor –concedió la madre de Mai. Nuevamente le dirigió un gesto a Mai-. Mai. No nos hagas esperar.
Mai puso los ojos en blanco y se paró. Seguía con los ojos lejos de Zuko y Katara cuando pasó junto a ellos. Azula chasqueó los dedos.
-Dai Li. Llévenselos.
Los Dai Li tiraron de las cadenas y Katara y Zuko se pusieron de pie. Katara cogió un último bollo de semillas de loto, lo metió en su boca y caminó tras ellos. Más adelante, Piandao se resbaló y cayó. Ni Mai ni su madre hicieron esfuerzo alguno por ayudarlo. Katara corrió hacia él. Zuko la siguió. La cadena se tensó cuando ella se arrodilló al lado del maestro espadachín.
-Oh, gracias –dijo-. Esperen –susurró al tiempo que ella lo ayudaba a levantarse.
El estómago de Katara cayó hasta algún lugar cerca de sus pies. ¿Qué quiso decir el maestro de Sokka? ¿Esperar por qué? ¿O por quién? ¿Hasta cuándo? Zuko estaba junto a ella:
-¿Está todo bien?
-Perfecto –ella tragó saliva por la garganta seca, y forzó una sonrisa.
Zuko se la devolvió.
-Oh. Bueno. Bien, entonces –el le ofreció el brazo, las cadenas tintinearon.
Katara puso los ojos en blanco. Le agarró la mano y la apretó.
-¿Quién eres, mi papá? ¡Dame la mano!
Zuko frunció el ceño, se aclaró la garganta y refutó:
-Yo solo pensaba, que con los grillos…
-Oh cállate y dame la mano, Zuko.
Y lo hizo. Después de unos cuantos paso retorció su mano de modo que ya estuviera tirando de él; enlazó sus dedos dándole a ella un pequeño susto. Pero él siguió caminándola y sin mirarla. Los Dai Li los escoltaron hasta sus habitaciones en silencio. Mientras abrían sus puertas, Azula ordenó que se detuvieran, enlazó sus manos tras la espalda y cabeceó en dirección a ellos.
-Les complacerá saber que su pequeña nota de amor pasó muy bien entre los consejeros de Padre –anunció-. Y en tres días, verán a su familia de nuevo.
-¿Tres días? –Katara se adelantó-. ¡Les dimos una semana entera! ¡Solo por si acaso!
-¿Acaso de qué? –indagó Azula.
Las palabras de Katara se le quedaron en la garganta.
-En caso de que estuvieran muy lejos cuando recibieran el mensaje –contestó Zuko. Se estaba volviendo tan buen mentiroso como su hermana, y Katara sintió un breve e intenso arranque de gratitud-. ¿Qué pasa si no pueden llegar a tiempo para encontrarse con nosotros?
-¿Acaso tu estadía en prisión aturulló aún más tu cerebro, Zuko? –Azula alzó una ceja-. Tienen un bisonte volador. El tiempo está de su lado –se giró y echó a andar-. Disfruten sus nuevas celdas.
Katara apenas sintió cuando los Dai Li le quitaron las esposas y la empujaron dentro de su oscuro cuarto. No fue hasta que escuchó el rugido de frustración de Zuko desde la otra puerta que realmente cayó: solo tenían tres días para encontrar el arma, al Mecánico y a Longshot y a Smellerbee. Y no tenían ni la más mínima idea de cómo hacerlo.
-Tenemos que salir de aquí.
-Lo sé.
-Tenemos trabajo que hacer. Todo el mundo está contando con nosotros.
-Lo sé.
-¡Tenemos que idear un plan!
-¡Lo sé! –Al otro lado de la habitación, Zuko se dio vuelta. En la oscuridad, Katara escuchó el ruido sordo de las tablas del piso crujiendo bajo su peso-. Lo siento –se disculpó-. No estoy molesto contigo.
-Lo sé –asintió ella.
-Estoy molesto con la situación. Estoy molesto con mi Tío por hacernos esto a nosotros. Y estoy molesto conmigo por dejar que esto llegara tan lejos.
-Zuko, fue mi idea…
-¡Rescaté a Aang de Zhao sin hacer fuego control! ¡Debería poder hacer esto!
Katara se retorció de vergüenza.
-Sé que he hecho las cosas difícil… -se llevó las rodillas al pecho-. Yo fui la que quiso venir aquí. Y puse toda esa atención sobre nosotros en el depósito de municiones, y me enfermé, y le mentí a Azula. Y todas esas cosas son mi culpa, no la tuya –se rió-. Si dependiera de ti, probablemente hubiera sacudido unas espadas en sus caras y que nos mostraran el arma ellos mismos.
-Si dependiera de mí, nunca hubiéramos venido.
Katara hizo un mohín.
-Lo sé… -recostó la cabeza sobre su brazo-. No sabía como sería, ¿de acuerdo? No sabía que serían tan…mezquinos.
-¿Mezquinos? ¿Te estás quejando porque están siendo mezquinos? ¿Tienes alguna idea de lo afortunados que somos de estar simplemente vivos?
-¡Sí! ¡La tengo! ¡Yo curé a Aang; sé lo que Azula puede hacer! –Apretó los labios-. Te curé a ti también, sabes.
-Me acuerdo –Zuko se giró de nuevo-. Gracias.
-Sabes, esas partes me pertenecen, ahora –advirtió Katara-. yo las rescaté. Son mías.
-… ¿es así como funciona esto?
Su voz se había vuelto vacilante, y Katara decidió entonces que prefería más al otro Zuko, el confiado con el que podía sentirse completamente cómoda, el que le desagradaba generalmente y al que desaprobaba, porque este que se veía como él se asustaba de las cosas asustándola a ella en una forma que no podía describir. Él era Zuko. Se suponía que tenía que ser fuerte y meter miedo, y ser arrogante y molesto e intrépido. Porque lo opuesto significaba que las cosas estaban realmente, pero realmente mal.
-No –contestó-. No funciona así en realidad. Solo estaba bromeando. Pero no arruines todo mi trabajo la próxima vez que pierdas los estribos.
-Oh. Haré lo que pueda.
-E intenta también no ser envenenado.
-Oh. Eh. Claro. Lo intentaré –suspiró-. Eh... sobre eso, lo siento. Si hice algo…
-¿No te acuerdas?
-¡Por supuesto que me acuerdo! ¡Me acuerdo de todo! ¡Es solo que no recuerdo haberme disculpado, así que pensé que debería! –Se aclaró la garganta-. Entonces… ¿tu maestro de agua control es también tu abuelo?
-¿Qué? ¡No! El maestro Pakku vive en el Polo Norte. Gran-Gran vive en el Polo Sur.
-Pero tú dijiste que él había tallado…
-Eso fue antes de que Gran-Gran se fuera. Cuando era joven, alguien arregló su matrimonio. Pero ella no pudo soportarlo, así que se fue, se llevó el collar y se lo dio a mi mamá. Y mi mamá me lo dio a mí.
-¿Y tú se lo darás a tu hija?
Katara sonrió.
-Supongo. Si alguna vez salimos de aquí, es decir.
-Claro –lo oyó acomodarse-. ¿De veras cuidaste a Tom-Tom?
-¡Por supuesto! Aunque era mucho más pequeño. Realmente se ha puesto grande. Y su cabello crece tan rápido como el de Aang.
-Aang es calvo.
-No cuando no se afeita, y no es calvo –rebatió Katara.
-Aguarda, ¿tenía cabello? ¿Cuándo?
-Después de lo de Azula.
-… Oh –un silencio-. ¿De qué color era?
-Negro. Como el tuyo, pero no tan peludo.
-Quizás tiene algo de la Nación del Fuego –sugirió Zuko-. Los Nómadas Aire eran algo… nómades.
-Un montón de gente tiene el pelo negro, Zuko. Toph tiene el cabello negro, y ella no es de la Nación del Fuego.
-El Avatar Roku era mi bisabuelo –le contó Zuko-. Entonces es casi como mi pariente.
-¿Lo era? ¿En serio?
-Del lado de mi madre.
-Oh. Claro –era fácil olvidar a veces que Zuko tenía una madre, como los demás-. ¿Realmente crees que tu madre está ahí afuera, en algún lugar?
-Eso espero. Por mucho tiempo pensé que ella estaba… muerta.
-Bueno, espero que no –Katara se mordió el labio-. Quiero decir, espero que la encuentres algún día.
-Yo también.
-Esa fue una mentira bastante inteligente, también. Decir que la estábamos buscando. Digo, tiene sentido. Tú querrías encontrarla.
-Yo quiero encontrarla. Si está ahí afuera, tengo que saberlo.
-¿Por qué no la buscaste antes? Digo, no tenías que ir con nosotros.
-¿Estás diciendo que preferirías que no hubiera ido con ustedes?
-¡No! Sólo quería decir… si era tan importante para ti, podías haberla buscado…
-Me decidí a ir con ustedes. Y estoy tratando de apegarme a mis decisiones, ahora –bufó-. Como que le esté sirviendo de mucho para alguien.
-Ey –Katara deslizó su dedo a través de la pared. Se sentía lleno de telarañas y extraño; sospechó que algo podía morderla. Intentó en vano golpearlo-. Aang sabe como hacer fuego control, ahora. Lo que sea que pase, aún eres su maestro.
-¿Esa eres tú? –algo rozó su dedo.
-Sí. Estoy intentando golpearte. Acércate así puedo picarte bien.
El dedo de Zuko tamborileó el piso cerca del de ella.
-¿Qué dijo el Maestro Piandao, de nuevo?
-Solo me dijo esperen. ¿Qué se supone que significa? ¿Por qué siempre tiene que ser tan misterioso? ¡Es tan irritante! –Frunció el ceño-. Tú no crees que están intentado hacernos escapar, ¿o sí?
-Quizás. O quizás descubrieron algo nuevo que nos ayudará, y no quieren que procedamos hasta después.
-Pero no tenemos hasta después. Tenemos que encontrar el arma ahora.
-Ellos no saben eso.
Katara azotó la cabeza con un ruido sordo contra la pared.
-¿Qué hacemos?
-Depende de ti. Eres tú la que decidió venir. Es tu decisión.
Katara suspiró.
-Necesitamos un plan.
-De acuerdo.
-¿Cómo salimos de aquí?
-Hacemos que abran la puerta, los noqueamos, y corremos.
-Pero nos perseguirán.
-Bueno, sí.
-Y estamos en el medio del palacio. Si nos atrapan, seremos hombres muertos.
-Lo sé.
-No estás siendo de mucha ayuda por aquí.
El dedo de Zuko se retiró.
-¡Bueno entonces tú piensa algo!
Katara se acostó sobre su espalda. Tenía que haber una manera de salir de esa habitación y entrar al resto del palacio mismo. Zuko había mencionado que los planes para el arma podían estar en innumerables lugares, pero que era más probable que estuvieran o en la bóveda o con Ozai o Azula. No había manera en que pudieran entrar a esa bóveda, así que eso dejaba las recámaras de la familia real. Katara ni siquiera quería pensar lo que necesitaría hacer para entrar a los cuartos de Ozai – probablemente romper algo más. (Su cara serviría bastante bien.) Además, el parecía del tipo de humillación pública – nunca la dejaría entrar en su oficina o en sus habitaciones cuando podía simplemente incendiarla en frente de una multitud alentando. Eso dejaba a Azula. El estómago de Katara dio un vuelco.
-¿Crees que le puedo pedir a Ty Lee que me lleve a peinar el cabello otra vez?
-¿Qué?
Ella se dio vuelta.
-Creo que ese cuarto a donde me llevó Ty Lee está cerca del cuarto de Azula, ¿no? Tiene que haber una forma de meterme ahí dentro si ya me están lavando. ¡Podría buscar los planos!
-Tienes razón –admitió Zuko-. Si es el cuarto que estoy pensando, están pegados. Pero no es solo una puerta, es un panel falso – el que tiene el cerezo.
-¿Y entonces como lo abro?
-Presiónalo y debería de abrirse solo.
-Oh, genial. Eso debe de ser realmente fácil de abrir sin que nadie se de cuenta.
-Puedes fingir que te caes –aventuró Zuko.
-¿Disculpa?
-Como hizo Piandao –siguió Zuko-. Solo finge tropezar. Así es como me enteré de esa entrada. Tropecé.
-¿Tropezaste?
-Era torpe.
Sonó un golpe en su puerta y Katara solo tuvo el tiempo suficiente para rodar por el piso antes de que un guardia entrara con una bandeja humeante.
-¿Qué estás haciendo ahí escondida? –preguntó ella.
-Pensé que podía ser Azula –mintió Katara.
La guardia reprimió una risita.
-Azula no va a venir a buscarte –dijo-. Está cenando ahora mismo, como tú. Así que come.
Katara se obligó a juntar las manos en un ademán de súplica.
-¿No puedo por favor tener una luz chiquitita? ¡Si tengo que comer en la oscuridad terminaré con la comida por todos lados y echa un desastre!
La guardia puso los ojos en blanco, tosió discretamente en su puño, y un candelabro de pared se encendió en una esquina de la habitación. Se giró para marcharse. Katara se puso de pie.
-¡Una cosa más!
La guardia giró sobre sus talones, arqueando una ceja. Katara hizo un mohín. Mantuvo sus manos en posición de ruego.
-¿Puedes de alguna forma pasarle un mensaje a Ty Lee? Solo quiero agradecerle por ser tan agradable.
La guardia frunció el ceño.
-¿Eso es todo?
-Bueno, sí –respondió-. No sé lo que has escuchado sobre la Tribu Agua, pero sí decimos "por favor" y "gracias" –levantó la bandeja humeante del piso-. ¡Así que, gracias! Por la cena, y todo.
-Claro –de nuevo, la guardia se giró. Cuando la puerta se azotó y quedó trabada tras ella, Katara soltó un suspiro y se llevó la bandeja debajo de la cama. Destapó la bandeja y encontró un pequeño tazón de arroz y un platito cuadrado lleno de pollo-komodo frito y mango. Había también rollos de vegetales fríos en envoltorios de papel delgado – al menos la comida era en cierta forma balanceada. Quizás estaban comiendo las sobras de la cena de la familia real. De cualquier forma, a Katara no le importaba.
Hasta que mordió el pollo de komodo. Y casi se hace un agujero en la lengua.
-¡Caliente! ¡Caliente! ¡Caliente!
Zuko azotó la pared.
-¡Come tus vegetales!
Katara se arrojó un rollito de vegetal a la boca. De inmediato, el fuego se volvió ceniza en su lengua. Tragó.
-Gracias.
-Se supone que comas el pollo y el mango al mismo tiempo, para que se equilibren.
-De acuerdo –miró la comida-. Extraño las babosas de mar ahumadas y las naranjas enanas de océano.
-No tienes remedio.
Ty Lee no contestó su mensaje. Finalmente, la vela se extinguió, y Katara tuvo que ceder su bandeja, palillos y platos, y se escoltada durante su humillante viaje hasta el baño (le dieron algo con que lavarse los dientes; eso al menos fue lindo) antes de ir a la cama.
-Ni un pío de tu parte –le dijeron-. Luces fuera.
Katara resistió el impulso de hacerle una venia falsa. Se sentó junto al hueco en la pared y empezó a sacarse la ropa. Había que concederle algo a ese uniforme: no tomaba mucho tiempo guardarlo. En el otro cuarto, escuchó una puerta azotarse y las botas de Zuko sobre el piso. Hubo un destello de luz y luego sombras moviéndose al tiempo que el se movía por la habitación. El angosto raudal de luz que entraba por la rajadura en la pared alumbraba el pie descalzo de Katara. Escuchó el sonido de sus botas golpeando el suelo y luego el de la ropa. Después movimiento.
-¿Qué estás haciendo?
-El Dragón Danzarín.
-Oh –ella frunció el ceño-. ¿Solo?
-Tengo que mantener mis habilidades en forma.
-Claro –Katara se paró y se movió en las posturas de meditación de sangre control que Akna le había enseñado. Se movió por cada postura una vez, luego de nuevo, antes de sentirlas completamente bien. Deseó algo de agua – su comida había involucrado solo algo de té muy negro que claramente había sido sacado del fondo de la tetera. Usando las figuras de agua control para centrarse se sentía bien. Había tanto fuera de su control: su tratamiento, la disposición de sus captores, lo que Aang y los demás estarían haciendo. Esto, al menos, era algo que podía controlar. Podía hacer que sus músculos se estiraran y sus articulaciones sonaran. Podía saborear su respiración y la paz que le daba.
-Me voy a la cama –declaró Zuko.
-Yo también.
-Bueno, buenas noches entonces.
-Buenas noches.
Gateó hasta su cama, se tiró las mantas encima, e intentó dormir. Intentar era la palabra clave; su mente se negaba a dejar de correr. Patinaba en todas direcciones, primero Ty Lee y la cámara de baño y cómo meterse en el cuarto de Azula, luego la enigmática palabra de Piandao en su oído, después el folklore de la Nación del Fuego de Zuko. En el Distrito de la Ostra, le había dado su alias a Parir como Kuma, como la mujer en la historia sobre el duelo entre Agni y Kai. Quizás la historia era su favorita, así que lo había elegido por esa razón. O quizás estaba intentando halagarla en su manera Zuko llena de circunloquios, al nombrarla por alguien a quien los espíritus encontraban digna de que se les uniera a ellos. O quizás la había llamado así por el Gran Dragón Azul del Cielo Norte – ella sí que usaba un montón, después de todo, y su temperamento, al menos por declaración de Sokka, legendario. Pero ella no era del Norte, incluso si Gran-Gran lo era, y Zuko no había sabido eso cuando le eligió el nombre… los párpados comenzaron a pesarle y finalmente se relajó dejando que su mente se sumergiera con imágenes de fuego control en tinta descolorida. Si iban a pelear por ella así, deberían simplemente preguntarle que quería.
Satisfecha con su sabiduría, Katara se durmió. Soñó con un festín que tenía que preparar, y un pote negro gigante con solo tres diminutos granos de arroz en el fondo. En su sueño, le preguntaba a Gran-Gran cómo era posible que pudiera estirar tan pequeña cantidad para alimentar a tantos huéspedes, pero Gran-Gran solamente se iba. Katara vio su sombra dentro de la puerta, y escuchó un extraño traqueteo…
…y despertó, escuchó alguien cruzando por el piso cerca de su cama. Chilló y levantó las manos antes de poder evitarlo. El intruso era humano, al menos; su sangre había respondido a su llamado y lo azotó de cuerpo entero contra la pared opuesta justo cuando una púa de dolor le agujereaba la cabeza. Desde la otra habitación le llegó el ruido del puño de Zuko contra la puerta. Estaba gritando – era difícil escuchar y concentrarse en su atacante a la vez – y entonces la puerta se abrió y vio la cara del intruso –la cara de Piandao – antes de que se ocultara tras la puerta. Zuko claramente acababa de salir de la cama: tenía sus pantalones y nada más, y su cabello estaba todo de un lado.
-¿Qué pasó?
Katara tragó.
-Un mal sueño –respondió con la voz finita que sonaba demasiado forzada incluso para sus oídos. La mano del guardia hizo contacto con su cara. Katara encontró su voz de nuevo-. Eh, ¿puedes entrar, Zuko? Estoy, eh, todavía muy asustada.
-Agh –exclamó el guardia. Zuko se volvió hacia él con la irritación escrita en todas sus facciones, pero el guardia estaba mirando fijamente a Katara. Se balanceó sobre sus talones-. Incluso la antigua realeza sigue llevándose lo mejor de todo, ya veo –se encaminó hacia la puerta-. ¡No hagan nada que yo no haría! –se detuvo-. No hagan nada que yo haría, tampoco. Y no se demoren mucho en eso.
Katara quedó boquiabierta. Se adelantó para darle con algo al guardia, pero entonces la puerta se cerró con violencia y Zuko la agarraba de los hombros y Piandao casi como se desprendía de su escondite tras la puerta.
-He…
-¡Tú! –Zuko habló en un siseo. Se movió y agarró a Piandao por la garganta apretándolo contra la pared. Tenía una pequeña llama en su palma-. ¿Qué estás haciendo aquí?
-Su familia está a salvo –respondió el maestro espadachín, aparentemente inmutable.
Zuko lo soltó.
-¿Qué?
-El General Iroh y el Avatar están a salvo –Piandao se acomodó el cuello de su ropa y miró a Katara-. Así como tu hermano y padre.
-Toph –saltó Zuko-. ¿Cómo…?
-Sólida como roca –cortó Piandao-. Sin intención de hacer juego de palabras, por supuesto.
La visión de Katara se hacía borrosa.
-Están bien…
-Tengo poco tiempo –apuró Piandao. Estaba buscando algo dentro de las piernas de su pantalón. Sacó dos ajustados rollos de tela negra-. Estos deberían de ayudarlos. ¿Qué saben del arma?
-Solo que nadie la ha mencionado –respondió Zuko-. Azula arregló un encuentro con Tío Iroh en tres días. Es una trampa. Tiene que serlo. Ella cree que hemos acordado espiar al Avatar.
Piandao alzó las cejas.
-Bueno, ahora mismo ella cree que estoy sufriendo de indigestión por esa abismal comida en el comedor.
-¿Qué hacemos si no podemos encontrar el arma a tiempo?
Piandao parpadeó.
-No lo sé. Pero el General Iroh hallará una manera para que permanezcan dentro del palacio. Sigan su ejemplo.
-¿Eso es todo lo que tienen? –Inquirió Zuko-. ¿Sigan su ejemplo?
-Y sus instintos.
-¿Instintos? –Katara volvía a ser ella misma-. Hemos sido atados, golpeados, muertos de hambre, interrogados, pinchados y obligados a hacer cosas, ¿y todo lo que tienen es instintos?
-Lo que dijo ella –asintió Zuko, apuntándola.
-Instintos, y un mapa –agregó Piandao, desenrollando uno de los rollos de tela y exponiendo un diminuto pergamino-. Esto les dirá la ubicación de todos los pasadizos secretos del palacio. Justo como el que estoy a punto de usar ahora, por ejemplo –le entregó a Zuko el pergamino, luego se dirigió a la pared. Se agachó, presiono un panel, y éste se deslizó hacia arriba. Detrás del panel, había un pequeño espacio circular, y una escalera de acero.
-Están siendo vigilados –advirtió Piandao-. Sus paredes tienen mirillas. Desde ese lugar, Azula u Ozai pueden observar a todos los que duermen en este piso. Eso los incluye a ustedes dos y a cualquier otro invitado. Así que tengan cuidado con lo que dicen. Pero esta ruta también les permitirá escapar a otros pisos. Sólo sigan la escalera, luego el mapa. Y tengan cuidado.
-Gracias –dijo Katara.
-No, gracias a ustedes –rectificó Piandao-. Deséenme suerte.
-Buena suerte –expresaron Katara y Zuko al unísono. Observaron como Piandao deslizaba de nuevo el panel a su lugar tras de sí. Una vez que se hubo ido, quedaron en la oscuridad.
-Oh, lo siento –Zuko volvió a encender la llama. Parecía que estaba mucho más cerca, ahora.
-Está bien –Katara sonrió-. Ellos están bien. Todos están de veras bien.
-Sí –Zuko suspiró-. Gracias a los sabios por eso –tragó-. ¿Qué fue todo ese ruido antes?
-Me asustó, así que tomé control de su sangre y como que, eh, lo arrojé contra la pared.
-¿Te duele la cabeza?
Katara asintió. El dolor había vuelto con vehemencia, ahora que lo mencionaba. Se movió para sentarse. Zuko levantó la punta de su colchón y acomodó el material negro debajo de él.
-¿Qué son esos?
-Ropa –respondió Zuko. Frunció el ceño-. Se parecen un montón a mi equipo del Espíritu Azul…
-¿Por qué Piandao nos daría ropa?
-Para escabullirnos –acertó Zuko-. Tu uniforme de la casa de té no será tan útil si te raspas la rodillas –miró el diminuto mapa-. Quédate con esto. Yo ya conozco algunos de los pasadizos.
-Gracias –Katara tomó el pergamino. No tenía ni un bolsillo o cajón para guardarlo. Con la cara ardiéndole, Katara apartó su sostén de su piel con un dedo, y dejó caer el rollo dentro. Ahora el pergamino descansaba contra su pecho. Zuko la miraba fijamente. La luz se apagó de repente, sumiéndolos en la oscuridad.
-Lo siento…
-No, está bien –Katara pasó su peso de un lado a otro-. Prefiero que no puedas verme ahora mismo, de todas formas.
En la oscuridad lo escuchó retroceder.
-¡Perdón! En serio. No fue mi intención...
-Estoy tan avergonzada como tú ahora, Zuko –se rió súbitamente. Las palabras eran sorprendentemente liberadoras. Se sentía diez libras más ligera-. Es solo por mi papá –confesó-. Hizo tanto drama por usar esas ropas delante de Aang, que me hizo conciente.
-Ya veo… digo, ¡no veo! No puedo ver. Y eso es bueno –tragó saliva audiblemente-. Quizás deberías meterte en la cama –se aclaró la garganta-. De esa forma estarás, eh, bajo las mantas.
-Claro –Katara sintió su camino hacia atrás y dentro de la cama. Se deslizó bajo las frazadas. Escuchó el frufrú de la tela cuando Zuko se arrodilló junto a su cama.
-Entonces, supongo…
La puerta se abrió con un chirrido. Un súbito rayo de luz mostró a Zuko arrodillado en la oscuridad. Él entornó los ojos.
-¿No ves que estamos ocupados?
-Se acabó el tiempo –replicó el guardia.
-¡Sólo danos un minuto!
El guardia cruzó los brazos. Zuko apretó los dientes, luego le sonrió a Katara.
-¿Crees que podrás dormir? –preguntó, en voz alta de manera que el otro hombre pudiera oír.
Katara exageró una cabezada.
-Estoy bien ahora, gracias.
-Bien, eso es bueno –Zuko se levantó y acomodó un mechón de su cabello detrás de una oreja. Luego se inclinó y justo cuando Katara se congelaba, sus labios hacían contacto con su frente. Eran cálidos y sorprendentemente suaves y pesados. Cerró los ojos. Me está besando. Realmente me está besando. Luego él se movió, y ella sintió el tenue roce de la piel cicatrizada a lo largo de su mejilla.
-Vendré por ti esta noche –le murmuró al oído.
Dormir fue imposible. Katara estuvo despierta por lo que debió ser una hora o más, esperando cualquier ruido. Después de eso, no pudo soportarlo más. Relación falsa o no, ningún chico la había besado (aunque fuese solo la frente) y luego la dejaba plantada (no que fuera una cita, era solo un encuentro arreglado para espiar al Señor del Fuego). Se sentó en la cama, se quitó las mantas, tanteó debajo del colchón, sacó su ropa nueva y empezó a ponérsela. Naturalmente, Zuko eligió ese momento para entrar. Como ella, él ya traía su ropa negra; en la luz que emitía la diminuta llama en su dedo, parecía casi una cabeza incorpórea.
-¿Tienes el mapa?
Katara dijo que sí. Se acomodó el cabello dentro de la cogulla y se dirigió hacia la puerta.
-¿Qué tal si Azula viene a vernos mientras no estamos?
-Ya estuvo –aseguró Zuko.
La sangre de Katara se enfrió.
-¿Sí? ¿Cómo sabes?
-Escuché las ratas correr hacia el otro lado.
A pesar de sí, Katara comenzó a reír. Se tapó la boca y siguió a Zuko por una especie de túnel vertical debajo del panel. Sus pisadas sonaban huecamente sobre la rejilla de hierro. Desde el centro de la reja, la escalera seguía por encima de ellos y mucho más abajo. Caños de acero se aferraban a las paredes circuncidantes al hueco.
-Esto debe ser el conducto principal de tuberías –supuso Zuko-. Estos caños probablemente lleven todo el agua a través de este sector del palacio.
Katara sonrió con suficiencia.
-Entonces estás diciendo que podría hacer un montón de daño aquí.
Una rara sonrisa feliz cruzó las facciones de Zuko.
-Oh sí.
Mirando atentamente la escalera, Katara sacó el pergamino. De acuerdo al mapa, la escalera llevaba a otro cuarto arriba. Alguien había garabateado la palabra "Oficina" y "Ozai" dentro de un cuadrado encima de la escalera. A la izquierda de la oficina estaba el dormitorio, y a la derecha un área de recepción que se abría hacia un pasillo. Dos túneles salían del dormitorio. Uno iba hacia la izquierda, hacia los cuadrados etiquetados como "Ursa", "Azula", "Baño" y "Zuko". El otro se curvaba hacia arriba y luego hacia abajo antes de ramificarse en un puñado de túneles marcados como "Sala del Trono", "Bóveda", "Catacumbas", "Río" y "Bunker"
-Así que –observó Katara-. Hay un túnel comunicando las habitaciones de tus padres.
Zuko se había cubierto los ojos.
-No me lo recuerdes.
-En realidad, es casi tierno. Ya sabes, quizás algunos de tus ancestros eran tímidos, y ellos…
-Por favor deja de hablar.
Katara soltó una risita y miró hacia arriba de la escalera.
-¿Alguna posibilidad de que Ozai todavía esté en su oficina?
Zuko meneó la cabeza.
-Debe de estar en la cama ahora.
-¿Qué tal si no?
-Entonces esperemos que no nos oiga –Zuko miró hacia arriba, inspiró hondo, y empezó a subir. Katara frunció los labios y lo siguió.
La subida fue bastante corta. Cada unos pocos peldaños, Zuko exhalaba fuego de su boca para iluminar el camino. Terminaron debajo de una trampilla que se abría hacia arriba y dentro de lo que parecía ser un mueble-bar. Al menos, lo parecía por las astillas que Katara podía ver. Zuko siseó su frustración.
-Hay una cuerda de trampa.
-¿Qué?
-La trampilla. Está conectada a una de las botellas, ahí arriba. Él debe de abrir la vitrina cuando quiere usar el pasadizo, entonces tira una de estas botellas. Si yo abro la puerta un poco más, todo el mueble se abrirá.
-Bueno, ¿puedes escuchar algo?
Zuko permaneció callado.
-No. ¿Pero qué tal si se quedó dormido en su oficina o algo? ¿Qué tal si simplemente está siendo realmente silencioso?
-Entonces haremos ruidos de fantasmas y esperemos que crean en muebles encantados –respondió Katara.
-Sabes, si hubiera querido uno de los planes de tu hermano, lo hubiera traído a él.
-Solo abre la estúpida vitrina –replicó-. Ya estamos en la oficina de tu papá. ¡Ahora encontremos esos planos y larguémonos de aquí!
-No digas que no te lo advertí –contestó, y cerró los ojos fuertemente al tiempo que abría suavemente la trampilla. Nada pasó. Ninguna lengua de fuego vino a perseguirlos por el pasadizo. Zuko suspiró entre dientes y se deslizó hacia arriba y fuera del pasadizo. Le ofreció una mano a Katara, luego la condujo fuera del mueble. Cuando Katara se giró, vio las filas de botellas y licoreras prolijamente arregladas en sus hornacinas especiales dentro de la vitrina; la llama de Zuko relucía en sus superficies.
-Guau –exclamó papá si que bebe mucho.
-Estas son solo para aparentar –respondió Zuko-. Su verdadera colección está en su habitación.
Katara alzó las cejas, pero no dijo nada. En vez de eso, inspeccionó el cuarto con la mirada. Estaba muy ornamentado. A cada lado de un largo escritorio con apenas algunos papeles encima había anticuadas armaduras de la Nación del Fuego. Un mapa del mundo colgaba detrás del escritorio. Alfileres con diminutas banderas rojas marchaban a lo largo del mismo; Katara se di cuenta con ninguna pequeña cantidad de horror que eso indicaba el movimiento de la Armada de Fuego. Una flota entera se dirigía directamente al Polo Sur.
-Oh, no.
Zuko abandonó la investigación del escritorio de su padre y miró el mapa. Siguió su mirada hasta la horda de pequeñas banderas migrando hacia el sur. Su mandíbula se endureció.
-Vamos a detenerlo –dijo-. Te lo prometo.
-¿Y si es demasiado tarde?
-Nunca es demasiado tarde –contradijo, y empezó a buscar en los cajones del escritorio. Sacó un cajón minuciosamente tallado, pero éste se negaba a ceder-. ¿Puedes abrirlo?
-No tengo una llave…
-Solo congela la cerradura y rómpela -instruyó Zuko-. La soldare como estaba cuando terminemos.
Katara apartó los ojos del mapa y se arrodilló ante el escritorio. Reuniendo agua de la tierra de una planta en maceta cercana, congeló la cerradura. Con un puñetazo determinado, Zuko abrió el cajón. Ambos hicieron una mueca. Ningún sonido de pasos sucedió, y ambos suspiraron al unísono. Alimentando el fuego en su palma, Zuko empezó a manosear dentro del cajón.
-Una cosa a la vez –sugirió Katara-. De esa forma sabremos si perdemos algo –con cuidado sacó todo el cajón del escritorio y empezó a hojear los documentos.
Los documentos privados del Señor del Fuego eran sorprendentemente aburridos. Aparentemente tenía una afición al jengibre endulzado; Katara encontró pedazos todavía en su envoltorio encerado. También guardaba todas las cartas de Azula del año anterior, así como sus reportes de progreso final de la Academia de Fuego para Chicas. Escarbando un poco más, Katara encontró reportes miniatura sobre Mai y Ty Lee. Era información básica, nada especial.
-¿Ty Lee tiene seis hermanas?
-Todas se ven justo como ella –asintió Zuko-. ¿No hay nada más comprometedor ahí dentro?
-Aguarda, creo que veo un rollo más –Katara sacó el último y lo desenrolló. A la parpadeante luz que daba la llama de Zuko, vio una familia: Ozai, Azula, una mujer muy bonita con el cabello largo y negro y sonrisa amable, y un niño pequeño sentado derecho y mirando fijamente al artista. No tenía cicatriz, y su cara era mucho más suave y redonda, pero solo podía ser una persona.
-¿Por qué guardaría esto? –Inquirió Zuko-. Nos odia. A los dos, a mí y a mi madre, nos odia y desearía que estuviéramos muertos.
Katara no tenía ni idea de que responder a eso. Tal vez Ozai había olvidado que eso estaba ahí, pero ella no iba a ofrecer esa explicación en particular. En vez de eso, miró la cara que solía ser de Zuko.
-¿Cuántos años tenías?
-Nueve o diez. No importa. Ponlo en el lugar.
-Tu mamá era realmente hermosa.
-… Lo sé.
Katara empezó a enrollar la fotografía.
-Es difícil imaginarte tan pequeño.
-Te refieres a cuando me veía diferente –añadió Zuko. Él estaba mirando nuevamente el mapa.
-Bueno, eso también, supongo –la cara de Katara se calentó-. Solo quiero decir que es fácil olvidar que tú solías ser un niño pequeño.
-Era más chico que Aang cuando la desterró –confesó Zuko.
Katara presionó el fondo del cajón, esperando encontrar un compartimiento secreto. Aunque nada saltó. Presionó más fuerte, e inmediatamente retrocedió cuando algo filoso le picó el dorso.
-¡Au!
-¿Qué sucede?
-¡Tu papá guarda escorpiones en su escritorio!
-Él odia los escorpiones. Odia cualquier cosa que se arrastre –Zuko levantó el cajón y lo sacudió. Dentro, algo repiqueteó. Frunciendo el ceño, metió la mano y escarbó hasta que encontró lo algo. Lo alzó a la llama-. ¿Qué demo…?
Entre los dedos índice y pulgar de Zuko había un minúsculo modelo de un erizo de mar, una esfera con púas. Cuando él la presionó suavemente, las púas se retrajeron. Lo soltó, y las púas saltaron de nuevo.
-¿Es un pedazo de juguete? –aventuró Katara.
-No de un juego que yo conozca –respondió Zuko. Empezó a guardarlo en su camisa.
-¡No, no lo guarda! ¿Qué tal si tu padre lo busca?
-Oh, cierto –Zuko le echó otro vistazo al erizo, luego lo volvió al lugar.
-Muy bien, no hay planos del arma aquí –sentenció Katara-. ¿Dónde más pueden estar?
-Quizás con el Mecánico, pero los otros cajones no tienen nada –indicó Zuko. Miró un gabinete con pergaminos a su izquierda, y se movió a por ellos. Katara de inmediato lo agarró del hombro y lo tiró hacia atrás.
-Tienes que soldar la cerradura, ¿recuerdas? Yo revisaré los pergaminos –Katara se paró y empezó a coger los pergaminos. Parecían toscamente agrupados: mapas, finanzas, informes de cosas, y cartas. No encontró nada que se pareciera como especificaciones de diseño para un arma. Incluso las cartas eran inocentes:
-Tu papá recibió un montón de tarjetas de cumpleaños.
-Correcto, fue su cumpleaños… -Zuko hizo un mohín-. ¡Esta estúpida cerradura no encaja!
-Oh, déjame –Katara se inclinó sobre la cerradura y sopló un vaho helado sobre él. El metal se enfrió en una versión ligeramente hinchada de su forma original. Se paró y enfrentó la mirada envidiosa de Zuko-. Tenemos que mandarles un mensaje a la Tribu Agua del Sur – señaló-. Tienen que saber que la Flota del Sur está en camino. ¿En que dirección está la halconería?
-¿Quieres enviar un halcón? ¿Ahora? ¡Ni siquiera sabemos a dónde enviarlo!
-¡Te lo dije, a la Tribu Agua del Sur! ¡El Maestro Pakku está ahí ahora mismo, y él puede ayudar a la Tribu a prepararse!
-¿Prepararse para qué? ¡No tenemos información suficiente sobre el arma para arriesgarnos a entrar a la halconería! ¡Está siete pisos arriba en dirección a la torre al otro lado del palacio! –De repente pareció mucho más cerca-. Puede que solo tengamos una oportunidad –puntualizó-. Tenemos hacer que valga.
Destelló luz bajo la puerta. La sangre de Katara se congeló. Zuko la agarró por la muñeca y tiró de ella detrás de una cortina. El saltó silenciosamente al alféizar de la ventana y tiró de ella para hacerla subir. Katara tembló sobre el alféizar pero un agarre de hierro la sostuvo por el codo. Zuko los mantuvo a ambos contra la pared con una mano. Ella escuchaba su aliento en oído y el sonido de alguien moviéndose por la oficina. Aparecieron sombras bajo la cortina y cerró los ojos. En cualquier minuto, Ozai correría la cortina, y todo habría acabado. No podía respirar. Entonces escuchó que abrían un cajón, y arrugaban un papel.
Ozai estaba comiendo su jengibre endulzado.
Katara casi rió. Le saltaban las lágrimas de los ojos. Escuchó el crujido de una silla, y un suspiro satisfecho. El Señor del Fuego probablemente estaba echándose hacia atrás, con los tobillos cruzados sobre el escritorio, chupando feliz su delicia, ignorando completamente a los dos espías escondidos en su oficina. Debajo de la cortina, destelló luz, y escuchó el sonido de dos manos restregándose. Ozai probablemente acababa de quemar el envoltorio del dulce. Un momento después, la silla crujió de nuevo. Oyó pasos alejándose, y el ruido de los goznes de la puerta. Abrió los ojos de una. ¿Qué tal si se dirigía a mueble-bar? ¿Qué tal si quería ir a verlos, y ellos no estaban allí? Buscó la mirada de Zuko pero él se llevó un dedo a los labios y meneó la cabeza. La puerta se cerró y la luz abandonó la habitación. En silencio, Zuko contó hasta cinco con una mano. Muy lentamente, movió la cortina, antes de rápidamente disparar fuego a las sombras. No hubo respuesta. Suspirando profundamente, apoyó la frente contra la pared junto a la cabeza de ella.
-¿Podemos irnos a la cama ahora, por favor?
De vuelta en el hueco del sistema de cañerías, Katara tomó la escalera que pasaba por sus cuartos. Zuko saltó de la escalera, encendió fuego en su palma, y la miró a través de la reja.
-¿A dónde vas?
Ella siguió descendiendo a las sombras.
-A explorar.
-Tú no puedes ir a explorar. ¡Ni siquiera sabes a dónde ir!
-Tengo un mapa –replicó Katara-. Estoy segura que puedo sacar algo en limpio
Zuko cerró su mano alrededor de la llama. Todo el hueco quedó a oscuras.
-No puedes leer un mapa sino puedes ver.
-Zuko, regresa la luz.
-… No. Y estás esto haciendo de la manera equivocada.
-Quieres decir que lo estoy haciendo a mi manera.
-¡Sí! ¡Y se supone que somos un equipo! –el fuego centelleó en su palma. Se sentó sobre sus rodillas, con una mano alrededor de la reja-. ¿Cómo puedo cubrirte la espalda si no sé tu plan? ¡No puedo leer tus pensamientos!
Katara frunció el ceño.
-¿No quieres ir a buscar al Mecánico?
Zuko puso los ojos en blanco.
-¡Por supuesto que quiero! ¡Es solo que quiero saber a donde vamos, primero!
-Bueno, hay una torre prisión…
Su ojo sano se abrió como plato.
-¿Estás loca? ¿Tienes siquiera alguna idea de lo lejos que está? ¿O cuántas paredes hay en medio? ¡Hay arqueros Yu Yan aguardando a los intrusos a cada lado!
Guau, Toph tiene razón. La gente maternal es molesta. ¿Realmente soy así?
-¿Cómo sabes tanto?
-¡Porque he estado ahí! ¡Solía escabullirme por la noche para ver al Tío Iroh!
Katara sonrió.
-¿Entonces sabes como llegar ahí?
Se le desencajó la mandíbula y se puso de pie.
-De ninguna manera. Cada vez que fui, fui como el Principe Zuko. Es por eso que me dejaban pasar. No hay forma de que eso funcione, ahora.
Ella hizo una mueca.
-Vamos, Zuko. No puede ser más difícil que robarle Aang a Zhao, o irrumpir en un barracón secreto Dai Li, o resolver un acertijo de los Guerreros Sol. Tú hiciste todas esas cosas.
-Con la ayuda de Aang. Dos veces.
-Y ahora tendrás mi ayuda –insistió Katara. Arqueó una ceja-. No estás diciendo que desearías que fuera Aang, ¿o sí?
-¡Por supuesto que no! ¡Es solo que preferiría hacerlo solo!
Katara había subido tres peldaños antes de verdaderamente darse cuenta que estaba avanzando. Subió las escaleras pisando con fuerza y saltó fuera de ella. Lo picó a Zuko en el pecho.
-¿Disculpa? ¿Acabo de oírte decir que preferirías hacer esto solo? ¿No quieres mi ayuda?
-No. No la quiero.
-Oh. Bien. Perfecto. Es simplemente genial –arrojó las manos en el aire y se marchó ofendida hacia la pared-. ¿Quieres ir solo? Adelante. Ve solo. Sé mi húesped. Pero después no esperes que te cure cuando...
Algo la tiró del codo y la hizo girar. Katara se tambaleó un poquito. Zuko había dejado apagar el fuego y la súbita oscuridad la dejaba repentina e intensamente conciente de la manera en que la tenía ahora por las muñecas, y de la calidez en esos dedos.
-No quiero necesitar tu ayuda –corrigió-. Quiero ser capaz de hacer esto solo.
Katara bufó y retiró sus manos.
-¿Crees que me gusta necesitar tu ayuda, Zuko? Porque es bastante molesto depender de alguien que te ha perseguido desde el Polo Sur hasta Ba Sing Se.
-… ¿tú dependes de mí?
Katara agradeció a cualquier espíritu que estaba a cargo de la oscuridad.
-Bueno, sí. Digo, no. lo que quise decir es que es molesto tener que depender de ti. Eso es lo que quise decir.
-Eso es lo que quisiste decir.
-Sí.
-¿Entonces no puedes depender de mí?
-¡No! Digo, sí. Dependo de ti para algunas cosas –intentó pensar en algo lindo para decir-. Como en el té. Y la comida. Y para no gastar todo el dinero, eso es bueno. Sokka acaba con él como agua –estaba balbuceando y lo sabía. Desafortunadamente, parecía incapaz de parar-. Y eres realmente fuerte, y eres realmente bueno con Toph, y le enseñaste a Aang como hacer fuego control, y... eh… ¿siempre te apareces inesperadamente?
Silencio.
-Eso es un montón –reconoció Zuko, finalmente.
-Bueno, ya vez, sí dependo de ti, y…
-¿Confías en mí? –escuchó botas sobre metal y el aire a su alrededor estaba mucho más caliente de repente-. No podemos hacer esto si no confiamos en el otro. He hecho mi mejor esfuerzo para redimirme, pero si tú…
-Basta –Katara intentó empujarlo, pero el no cedió. Ella terminó con un puñado de tela-. Todo eso va sin necesidad de decirlo –aseveró. Fingió alisar su túnica, como si pudiera de alguna forma detectar arrugas en la oscuridad-. Eres Zuko. No te rindes –le dio un golpecito en el pecho-. ¿Y por qué tengo que andar diciéndote cosas lindas? ¿Por qué tú no me estás halagando?
-¿Quieres que te halague?
-¡No! –Pero no sería malo tampoco… -. Solo quise decir que estamos desperdiciando tiempo. Esta escalera no se va a bajar sola, sabes –se adelantó, y de inmediato chocó contra Zuko-. Au.
La luz en su palma destelló justo para que la descubriera frotándose la nariz.
-Yo confío en ti –le dijo-. Nunca te has rendido, ni una vez. Y nunca me has mentido –él miró el espacio entre sus pies-. Y eres realmente buena haciendo agua control.
-Bueno, soy una maestra…
-¡Ya sé eso! Solo quería decir…eres realmente poderosa.
-Oh –Katara se odió por sonrojarse-. Bueno, tú también lo eres.
-No soy un maestro…
-No, quiero decir eres bastante poderoso. Tu fuego control lo es, como sea. Eres un maestro poderoso –se tapó la boca con una mano vehementemente. Hubo un sonido en su corazón como si la Tía Wu se le estuviera riendo-. Digo un maestro fuerte. Eres un maestro muy fuerte –su mano descendió dentro de su cogulla-. ¡Miremos el mapa!
-Eh… de acuerdo…
Zuko alzó su mano cerca del pergamino de modo que ambos pudieran examinarlo. La escalera seguía bajando varios niveles. Inmediatamente debajo de ellos estaba el piso del salón del trono, con una variedad de cámaras y un túnel que llevaba de allí a la bóveda. La bóveda conectaba a las Catacumbas, y después a un río que fluía bajo la ciudad y desembocaba en el puerto, así como con el bunker real. Debajo del salón del trono estaba el piso del servicio, con cosas como las cocinas, los establos y las lavanderías. Abajo estaban los cuartos de los sirvientes, y más abajo el sótano que se unía directamente a unos túneles conectados al bunker real. A pesar de ser accesible por una variedad de túneles dentro del palacio, el bunker mismo tenía solo una entrada. Alguien había intentado un brusco bosquejo del bunker, pero todo lo que Katara veía eran círculos concéntricos y curvas en zigzag.
-Ningunos de estos siquiera conecta con la prisión –finalizó Zuko-. Vamos a tener que encontrar otra manera.
-Cierto –Katara señaló la bóveda-. ¡Aunque hay un montón de otros lugares a dónde ir mientras tanto!
-Tío Iroh si dijo que los planes probablemente estuvieran escondidos ahí –recordó Zuko.
-Y solo tenemos dos días –persistió Katara-. El primero ya se ha ido.
-Y no habrá nadie a esta hora en el salón del trono… -Zuko sonrió con satisfacción-. ¿Así que crees que estás lista para irrumpir en la bóveda personal del Señor del Fuego?
-Zuko. Por favor. Nací lista –hizo una cara burlona-. Si puedo robarle a los piratas, puedo robarle a tu papá. Sinceramente, pensé que confiabas en mí.
-Nunca dude de la ligereza de tus dedos –replicó Zuko, y su voz tenía algo de su vieja aspereza. Se movió hacia la escalera-. ¿Y? ¿Vienes?
Katara se acercó a la escalera.
-Sabes, uno pensaría que un príncipe sabría lo de las damas van primero, Zuko.
-Oh, lo saben –afirmó Zuko. Le dedicó una sonrisa extraña-. Lo haremos por turnos. Tú puedes ir primero cuando subamos.
-Oh. Bueno, eso es justo, supongo.
De ser posible, su sonrisa se ensanchó. Luego empezó a bajar la escalera, exhalando fuego lentamente como para iluminar el camino. Un instante después, Katara le siguió. Mientras descendían a las profundidades del palacio, Katara exclamo:
-Sabes, nunca hubiera que el Señor del Fuego guardara los informes de progreso de su hija.
-Aprendes algo nuevo cada día –respondió Zuko. Se detuvo, y ella sintió que la estaba mirando-. Esta misión ha hecho maravillas desde mi punto de vista.
Notas: TODAVÍA NO QUIERO SPOILERS DEL LIBRO S.C. PARA NADA. POR FAVOR. GRACIAS. EN EL MOMENTO EN QUE ESCRIBAN UN SPOILER ACÁ, LO ARRUINAN PARA TODO EL QUE LEE ESTOS REVIEWS. MUCHAS GRACIAS.
Lectores que estén familiarizados con la Venganza de Ozai, estarán familiarizados con algunos de los pasadizos secretos mencionados aquí. Sin embargo, el conducto de tuberías central es nuevo. Sale de debajo de la oficina de Ozai, la cual Zuko nunca usó en VdO (Él usó la de su madre, y sospechó que Iroh tomó la de Ozai, por consiguiente otorgándole poderes a cual fuesen los espías que tenía en la nómina con más métodos para obtener información) Zuko sí dormía en la vieja habitación de Ozai, no obstante, garantizando su acceso a los túneles que llevaban a las Catacumbas y a el viejo dormitorio de Ursa. Así que mientras es técnicamente más conveniente agregar más pasadizos, la verdad es que es probable que el palacio tuviera algo similar a un conducto de cañerías, y ciertamente Azula es lo bastante astuta como para hacer uso de él. al menos, eso es lo que yo pienso.
Hola! Como les va? Jaja, estoy muy contenta, me saqué el coso que tenía en el dedo, por lo que escribo más rápido, me duele, así que dentro de un rato me lo pongo, o tal vez mañana cuando vuelva :P En fin, no me costó nada este cáp. Particularmente porque ha tenido más Zutara y porque sus reviews son lo más! En serio que dan ganas de traducir cuando se reciben revies. Además de que entré al perfil de Fandomme y nos encontré! :) Propaganda gratuita… aunque mi nombre está mal escrito, en fin, ya fue… jaja Solo una cosita, el lunes tengo presentación de Cultura y Estética, el miércoles prueba de matemáticas y de inglés, y el jueves presentar la bendita monografia así que no sé si voy a poder subir rapidito :S Bueno, espero que me deseen suerte! Y que hayan disfrutado el cáp! Próximo cáp, más Zutara y Ozai al desnudo (¿? Creo, jeje)
GRACIAS:kuchiki mabel, kata (¡Has regresado! Jajaja, ¡gracias por leer! Y espero que hayas visto de donde es Kuma, ¡Besote!), mire-can (mmm, hay un beso en este cáp, pero apuesto a que no era lo que esperabas, jaja, el beso real se viene… no me acuerdo cuando :P En fin, ¡gracias por leer y comentar!), S. Lily Potter, murtilla (pss, como quieras, o sea, con doble sentido está mucho más buena no? Jaja, me dio mucha gracia tu rr, era como que estabas en mi cabeza :P jaja, ¡gracias, gracias por leer!), Lolipop91, youweon, :), maria, paolyta,Mizuhi-Chan (Un buen Zutara si que inspira un rr, a que sí, jaja a mas de una le pasó, no? :P Gracias por darte un tiempito :P Me alegro mucho que te guste!) y Rashel Shiru
90 REVIEWS! (GRACIAS, THANK YOU Y les juro que si supiera decirlo en otro idioma lo diría, se admitien sugerencias :P)
Llegamos a los 100? :)
