Desesperaciones, clases y una historia.

La rutina era aburrida. Comer, dormir, comer y dormir. Era casi todo lo que hacía Anne últimamente.
Escribió cartas sin parar. Narcissa le había dado tinta y pergamino. Habían pasado dos meses ya. Necesitaba de Levana, más que querer era ya necesidad. Vaya…se había vuelto muy dependiente a su amiga. Pero ¿Qué más podía hacer? La quería demasiado.

Querida Levana:

Ya ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablé contigo. Bueno, sentía la necesidad de escribirte. Todo va muy lento por aquí. Al parecer Frederich de repente se recupera y de repente vuelve a decaer. Narcissa espera un hijo, una noticia que en verdad que ha alegrado estos dos meses que he estado apartada de mi familia y de mis amigos.
Bueno, aqui me volví a encontrar con gente que no creía volver a ver. El destino al parecer existe, Levs, y es muy cruel… Amycus y Barty han decidido venir a hacerle compañía igual a Von Tessel. Vaya coincidencia ¿No crees?
Su presencia me ha traído turbias memorias que había preferido olvidar. No he hablado especialmente con ninguno de los dos... Ninguno parece dispuesto. Han cambiado demasiado, sobre todo Barty y es una gran pena que lo hayan hecho… Te extraño de sobremanera, querida amiga. Ya quisiera regresar ahora mismo, pero me lo han prohibido. Con suerte y me han dejado escribirte, con eso de que en Suecia está muy limitada la comunicación. También quería contarte sobre mis sueños extraños y tormentosos… Levs, temo que me vuelvo a enamorar. Tengo miedo de eso. No quiero volverme a enamorar pero… Amos me dijo una vez: Una vez que te enamoras jamás dejarás de amar a esa persona… Creo que tiene razón.
Espero que ya en poco tiempo pueda volver.
¿Cómo están tus hijos? ¿Y Hauquet? ¿Qué noticias tienes de mi familia? No he podido contactarlos…
Te quiere:

Annelyne Wist

En cuanto terminó la carta, selló el sobre y la envió por una lechuza. Esperaba que llegara. Quiso escribirle igual a Amos pero no se atrevió. Quería saber también de Nathan y de Laorheen.
No sabía nada del mundo exterior y eso la estresaba de sobremanera.

Se decidió a vestirse y a salir de su habitación para poder despejarse. Miró el reloj de pared y comprobó que eran las siete de la noche. La noche era joven.

Bajó las escaleras, como siempre lo hacía y se dirigió hacia la sala que había conocido cuando entró por primera vez a la casa.
Era hora de salir de la rutina, sino la desesperación la iba a consumir.

Llegó a la sala si, ahí había mortífagos.

Se sintió satisfecha. ¿Por qué no lo había hecho antes?
Por una respuesta muy fácil: Miedo.

Tarde o temprano tenía que afrontarlo.

Miró a la sala. De nuevo; todos estaban cada quien en su propio mundo.
Anne podía romper su rutina pero al mismo tiempo podría romper la de otros.

Miró a los presentes; Regulus estaba de nuevo en su sillón frente a la chimenea, con un pipa en la boca y su vista fija en el fuego de la chimenea.
Rodolphus Lestrange estaba a un lado de su hermano, uno jugaba con su varita (Rabastan), a lanzar Avadas Kedavra a unas pobres hormigas que pasaban por la mesa. Rodolphus no hacía nada en realidad, sólo miraba con aburrimiento a su hermano lanzando hechizos a lo tonto.
Rodolphus fue el único que se percató de la presencia de Anne. En cuanto la vio, él se levantó del sillón que compartía con Rabastan y salió de la habitación, con paso arrogante y poco tolerante.
Regulus se dio cuenta de la partida de Rodolphus y desvió la vista de la chimenea.

-Buenas noches, señorita- dijo cortés mente.

Rabastan dejó de matar hormigas tan inútilmente. Levantó la vista y miró con asco a Anne. Ella no hizo nada, ni indicios de moverse. Rabastan se paró del sillón y levantó el mentón, ignorando la presencia de Anne y saliendo tras su hermano.
En ese momento entró Amycus, mirando a Rabastan con cara de pocos amigos y viceversa.

-¿Cuál es su problema? Maldito Lestrange, que no tiene nada que…- murmuraba Amycus mientras entraba y se topaba con Regulus y con Anne. Se paró en seco, mirando a Regulus y luego a Anne. En sus ojos azules mostraba sorpresa.- Regulus…Wist.- Era sorprendente como el color nunca llegaba a las pálidas mejillas de Amycus.

-Carrow, buenas noches. ¿Molesto?- Regulus dejó la pipa a un lado, viendo a los recién llegados.

-Arcturus- dijo con indiferencia el segundo nombre de Regulus- ¿Quién no estaría molesto con Lestrange? Es algo…estresante.- Amycus tomó asiento, en uno de los sillones que rodeaban un tapete, a un lado de la chimenea.

-Vaya, que descortesía la tuya, Carrow.- Regulus se levantó de su sillón. Regulus no vestía la capa negra; vestía un traje muy bien conservado y sumamente elegante. La Marca Tenebrosa era visible en sus arremangadas mangas de su camisa, su pelo estaba pulcramente acomodado (más no peinado) y su gesto era abierto.
Se acercó a Anne y le extendió una mano.- Annelyne ¿Cierto? Acompáñame por favor- dijo. Anne no tuvo tiempo de corregirle; prefería que le dijeran Wist a que le dijeran su nombre completo.
Tomó la mano de Regulus y él la guió al sillón situado a un lado de él, enfrente de Amycus.

-Tiene manos y pies, Black. Ella puede sola.- Amycus se acomodó a su gusto en el sillón, mirando todo con indiferencia.

Regulus lo ignoró.

-Si tuviera té, le ofrecería, pero creo que por ahora escasea. Tendré que ir por Kreacher.

-¿Kreacher?- Anne se atrevió al fin a hablar.

-Su elfo doméstico, Wist.- se adelantó en contestar Carrow desde su sillón, sin dirigirle la mirada.

-En realidad es de la familia, Carrow.- corrigió Regulus.- Kreacher ha pertenecido por años a la familia Black.

-Pero ¿Está en esta casa?

-¿Donde estaría si no?- Regulus volvió a tomar la pipa y empezó solo a pasearle entre sus dientes. Se acomodó igual en su sillón, pasando una pierna por encima de la otra y enderezándose en el respaldo por completo. De repente recordó a Cissy. ¿Regulus estaría al tanto de todo?
Anne solo se quedó un poco encogida en su sillón, mirando únicamente a Regulus.
Jamás había hablado con él, pero siempre le había dado alta curiosidad conocerlo.

-No lo sé…Quizá…

-Esta casa sigue siendo de los Black, solamente he dado permiso de prestarla a mis colegas y a favor eterno a mi señor, como debe de ser. La señora Black y Kreacher siguen teniendo derecho a vivir aquí.- Regulus hablaba con cortesía y con orgullo notable en su voz.

-Eres algo aburrido, Arcturus. ¿Te lo han dicho?- Amycus estaba casi ya recostado en el sillón. Veía al techo y con la varita hacía extrañas figuras de serpientes verdes en el aire.

-Te hace falta un poco de respeto, Carrow. Pensé que Dante te había educado bien. Lástima que no seas como la señorita Carrow, ella si es digna de llevar el apellido.

Amycus se enderezó de repente y miró desafiante a Regulus, quien mordía despreocupadamente su pipa.

-¿Me dices indigno?- Lo fulminó con la mirada.

Regulus miró a Amycus y le ofreció una sonrisa burlona pero dándole el toque elegante de él mismo.

-No te vuelvas a atrever a mencionar a mi hermana, Black.- Con la varita apuntó hacia Regulus, amenazándolo. Anne se puso rígida en su silla, solo mirando. Quería decirle a Regulus que parara, que mejor no provocase a Amycus, no quería que nadie saliera herido.

-Baja tu varita, Amycus y siéntate correctamente. ¿No ves que hay una dama presente?- Anne reprimió una sonrisa. Regulus parecía el padre de Amycus.

-Eres enfermizo, Arcturus.- Aún se reusaba a decirle por su primer nombre a Regulus.

-No avergüences más a tu familia, mejor guárdate tus comentarios.

-¡Ya me cansaste!- Amycus se levantó de la silla y aún con la varita en alto y apuntando a Regulus hizo un movimiento.
Regulus sacó su varita y con un muy rápido e imperceptible movimiento hechizó primero a Amycus.

-"Imperio"- Dijo con firmeza, alcanzando a Amycus. Anne ahogó un grito y se llevó las manos a la boca, para no gritar ni decir nada.

-Muy bien, ahora si nos entendemos, Carrow.- Amycus estaba bajo la maldición de Regulus. Él despreocupadamente movió su varita hacia la silla.- Siéntate correctamente y cierra la boca.- ordenó más que una petición.

Amycus hizo lo que le ordenaron. Llegó a la silla y tomó la misma posición que Regulus, espalda recta, hombros en alto, frente y barbilla levantada con orgullo y no hizo ni un ruido ni réplica.
Anne se quedó anonada. Jamás había visto actuar a Amycus de esa forma, o si lo hacía era por compromiso, no por gusto propio.

-Mucho mejor.- Regulus se guardó la varita en el bolsillo del traje. Amycus seguía recto y callado.- Siento que hayas tenido que ver esto.- dijo, y miró con atención a Anne- Jamás has hecho una, ¿verdad?

-¿Perdón? ¿Una qué?- Anne trató de sonar lo más propia posible. Sí, su familia era una familia de sangre pura, pero jamás fueron tan rectos como los Black. Los Black eran considerados algo así como la realeza, entre otros apellidos. "Toujours pur" Ese era su lema: Siempre puros.

-Una maldición.- Regulus lo dijo tal como si nada, como si estuviera hablando de Cronos de Ranas de Chocolate.

-No…- Vaya mortífaga resultaba; ni siquiera sabía hacer una maldición imperdonable. Llevaba dos meses con los mortífagos y no había hecho nada en realidad.

-Vaya. Dos meses aquí y aún no has aprendido nada. ¿Qué anduviste haciendo? Llegué a pensar que solo habías venido de paso aquí y que tus misiones las harías fuera de Grimmauld Place.- Anne se sonrojó intensamente. Se preguntó si Amycus estaría consciente de lo que veía, aún estando hechizado.

-Creo que has de ser instruida cuanto antes, Annelyne. Me has agradado en lo poco que te conozco. Seré tu tutor.

Anne se quedó sin habla un momento, casi boquiabierta, mirando a Regulus con sorpresa.

-Claro, solo si tú estás de acuerdo.

-Oh, por su puesto.- trató de no sonar tan emocionada.- Sería un gran honor.- No sabía cómo referirse a él.

-El honor es mío, querida.- Sonrió, mostrando una hilera de dientes perfectos. Regulus era muy recto y era asombrosamente caballeroso.- Creo, Annelyne, que será mejor empezar cuanto antes. El tiempo corre, no camina.

-Dime Anne, por favor. O Wist; tampoco me molesta. Pero Annelyne no, por favor- Siempre tenía que ridiculizarse con lo mismo, recién conociendo a alguien.

-Como gustes. Al parecer compartimos ese gusto a algo más informal en cuanto a nombres.- Anne vio lo curioso de sus palabras. ¿Regulus informal?- Para ti sólo soy Regulus, Anne querida.

Anne sonrió. Regulus en verdad que le empezaba a agradar demasiado. Lo consideraba ya un amigo.

-Muy bien, iré por Kreacher. Necesito encargarle algo. Prometo no tardar. En cuanto regrese empezaremos tu instrucción.

Regulus se puso de pie, dejando la pipa en la mesita que siempre estaba a un lado del sillón que él siempre ocupaba.

Anne miró a Amycus, quien seguía en una pose rígida y callada. Verlo así le causó un nudo en la garganta.

-Am… ¿Él se quedará así?- Dirigió una mirada a Regulus. Él se dio la vuelta.

-Oh, casi lo olvidaba.- Sacó su varita y apuntó a Amycus- Una persona que es hechizada por un encantamiento Imperio, no recordará nada de lo que ha hecho, dicho o de lo que haya pasado a su alrededor.- Y empezaba entonces su instrucción.
Regulus murmuró algo y un destello verde salió de su varita, tocando a Amycus y revirtiendo el hechizo.

Regulus desapareció de la estancia.

Anne miró a Amycus. Se paró del sillón y fue con él. Carrow parecía estar inconsciente.

-¿Amycus, estás bien?- Anne tomó su cabeza entre sus manos y la acomodó en el almohadón del sillón.

Amycus seguía semi-inconsciente. Veía con sus ojos azules a Anne, pero parecía que no la reconocía. Ella acarició su cabello oscuro, como si de un hijo se tratara.

Amycus poco a poco salió del trance y en cuanto salió se levantó bruscamente, rozando el rostro de Anne con el suyo. Anne temió a que Amycus perdiera el equilibrio y tomó la muñeca de Amycus con firmeza.

-¡Wist! ¿Qué rayos? ¿Dónde está Black?- Miró hacia todos lados. Ella no sabía exactamente qué decirle, no iba a decirle "Fuiste alcanzado por un Imperio, mientras yo charlaba alegremente con Regulus y luego él fue a buscar a su elfo"

-¿Qué pasó? ¿Qué haces? ¿Por qué estaba acostado?- Amycus la fulminó con la mirada.

-No debes mirarme así, lo único que hice fue asegurarme que estabas bien.

-¡Por Salazar!- exclamó Amycus, parecía molesto.- Ese sucio de Black me ha controlado a su gusto. ¿Qué fue lo que hice, Wist? ¿Disfrutaste de la función?

Anne decidió ignorarlo, dándole por su lado.

-En realidad te comportaste como un verdadero caballero.- contestó solamente. Se irguió de donde estaba y se fue a sentar, en el mismo sillón donde Regulus la había dejado.

Amycus suspiró y una fría seriedad vino a su rostro.

-Me sacas de mis casillas.

Anne no supo cómo tomar eso, si era un halago; era pésimo para complacer a una mujer y si era un insulto, era demasiado benévolo, tratándose de Amycus.

Llegó de repente Regulus, con una criatura a su lado. Regulus venía con su capa negra puesta y la criatura era de pequeña estatura, anciano en todos los aspectos. Vestía con harapos, tenía cara de pocos amigos y su mirada lúgubre se fijó en Amycus y en Anne.

-Llegué a pensar que ya no estarías aquí, Carrow.

-Te equivocaste al pensar que era un cobarde.- Amycus estaba de pie ya, mirando enojado a Regulus.

-No volvamos a empezar. Kreacher, lleva al caballero Carrow a su habitación.- Kreacher asintió sin rechistar y caminó hacia Amycus.

Él se apartó.

-Ni creas que tu horrenda criatura me tocará.

-¡Basta ya los dos!- Soltó Anne.

Amycus y Regulus se volvieron hacia ella, ambos con desprecio en el rostro. Regulus mejoró su expresión al momento, dedicando una sonrisa galante a Anne, ignorando a Amycus. Amycus parecía estar echando chispas, y su fría mirada pesaba en los hombros de la chica.

El elfo doméstico se paró dubitativo, mirando a su amo. Regulus notó su mirada y con la mano hizo una señal de aborto.

-Kreacher, ve con la señora Black y luego haz lo que te encomendé hace unos minutos.- Kreacher miró a Regulus y con un asentimiento de cabeza salió de la sala y se escucharon sus pequeños y pesados pasos se escucharon subir las escaleras.

-Bueno, al parecer entonces tendré que instruir a dos- Regulus sacó su varita del bolsillo de la túnica negra y levantó una ceja.

-Si me quedo aquí es para enseñarle igual a Wist, Black. No te sientas especial.- Amycus igual sacó su varita, más no la apuntó a nada.
Anne sabía que Carrow no lo hacía por "ayudarla" a ella, más bien estaba retando la paciencia de Regulus.

Regulus solo barrió con la mirada a Amycus.- Como quieras, Carrow- se encogió de hombros y se acercó a Anne.

-Creo que podemos practicar mejor en el Salón. – Dobló su brazo y lo ofreció a Anne. Ella estaba gustosa por la galantería de Regulus. Aceptó su brazo, enredando el suyo con el de él. Amycus bufó ante la escena.
Anne miró de reojo como Amycus tomaba el Profeta recién llegado de ese día y ponía los ojos en blanco.

Anne, Regulus y Amycus subieron al Salón de la casa Black. Anne jamás había estado ahí. Vaya que si había roto su aburrida y desesperante rutina. Le agradaba la nueva; sobre todo porque incluía a Amycus en ella…

El Salón era demasiado amplio, como imaginaba. Era una estancia alargada de techo alto cuyas paredes eran de color verde oliva y estaban cubiertas de enormes y elegantes tapices. Las cortinas de terciopelo verde musgo estaban recorridas, dejando ver un ventanal con adornos a su alrededor, donde estaba el escudo de los Black. En el centro de la enorme habitación había una alfombra del mismo color que las cortinas. Como mobiliario tenía una butaca, un sofá en, un escritorio y unas vitrinas a ambos lados de las estanterías de la chimenea. En una de las paredes había un tapiz, donde había un árbol genealógico en él.
Anne recorrió el tapiz con la mirada y pudo reconocer el nombre: Regulus Arcturus Black al final del árbol, a un lado de un agujero negro, como si lo hubieran quemado brutalmente.
En el Salón no había ni un alma. Desde la ventana enorme que relucía entre las paredes verdes, se alcanzaba a ver a Muggles paseando fuera de la casa, Anne levantó una ceja, acercándose a la ventana y mirando hacia abajo. Regulus llegó a su lado.

-Interesante, ¿No crees?

Anne lo miró confundida. ¿Qué tenía de interesante carros Muggles? Dudó que lo interesante para Regulus fuera algo muggle.

Amycus se acercó a ellos, como si no se quisiera quedar atrás.

-Me refiero a la casa.

-¿Qué se supone que debo de ver?

-¿No se te hace extraño que a los Muggles no les llame la atención una enorme casa con acabados mágicos en medio de una calle concurrida por personas muggle?

Anne levantó ambas cejas y volvió a mirar hacia abajo. Ninguna persona parecía notar la presencia de la enorme casa de seis pisos.

-La Noble y Ancestral Casa de los Black.

-¡Por Merlín! No sabes que ridículo se escucha eso.- Amycus interrumpió a Regulus.- En ese caso, yo viví en la Hermosa, Digna y Pura Casa de los Carrow- Amycus se cruzó de brazos, y puso los ojos en blanco.

Anne escondió una leve sonrisa. Siempre el sarcasmo de Carrow le sacaba sonrisas.

Regulus lo ignoró por completo.

-La casa se encuentra oculta bajo el hechizo Fidelius, entre dos casas inmundas de Muggles. La Grimmauld Place 11 y la 13. Ha pasado generaciones por los Black, aunque mi padre; Orión Black, fortificó fuertemente la casa.Hay muchas antigüedades en esta casa. Mi madre; Walburga Black sigue viviendo bajo este techo.
Esta casa es legítima a ella y será heredada a mí, por ser el hijo fiel a la sangre.

-Vaya, ha de ser un honor entonces pertenecer a los Black.

-Es un tremendo honor. Los Black son la realeza en la pureza de sangre y servimos a Lord Voldemort, que gracias a Salazar nos ha hecho dignos de pertenecer a sus seguidores.

Anne abrió mucho los ojos por las palabras tan propias de Regulus.

-¿Le contarás toda la historia familiar o le enseñarás algo de importancia de una buena vez por todas, Regulus?- Amycus estaba a sus espaldas, recargado en lo que parecía una gárgola de piedra.

-Créeme que no hay problema en nada.- aseguró Anne, quien veía inspirado a Regulus.- Ignorémoslo.

Amycus bufó. Anne se arrepintió de sus palabras, pensando que Amycus se iría. Más él, no lo hizo.

-Muy bien. Me alegra saber que te interesa la cultura general. ¿Por qué no te han hecho una Slytherin? Vaya, que desperdicio, hubieras sido perfecta en nuestra casa que en Hufflepuff.

Anne no supo contestar. Pero Regulus continuó con su relato. Regulus se acercó al tapiz del árbol genealógico y llamó a Anne para que se acercara.
Regulus admiró su propio tapiz y señaló el escudo de armas que encabezaba la lista de nombres; era un escudo con dos galgos cargando un galón, dos estrellas de cinco puntas y una espada corta. (Galón: Cinta estrecha y fuerte de seda o de hilo plateado o dorado que se usa como adorno o para hacer ribetes)

-Mi familia ha existido desde la Edad Media, regida por nuestro lema: Toujours Pur. Que significa Siempre Puros.

-Vaya irónicos son los Black. ¿No? Black=Negro, igual a suciedad u obscuridad.- Amycus se había unido de la nada. Estaba a un lado de Anne, quedando ella en medio de los dos hombres.

-Se desconoce quién fue el fundador de la familia, pero según nuestro árbol genealógico los primeros reconocidos como Black son: Sirius I, Phineas Nigellus, Elladora, e Isla (Borrada de la familia por casarse con un muggle) los hermanos fundadores, y mis tatarabuelos.- Anne ubicó a los mencionados en el tapiz. A un lado de Elladora, había un agujero negro, quemado, igual que el que estaba a un lado de Regulus. -Phineas fue el que le dio de las mejores famas a mi familia. Fue director muy digno de Hogwarts. Su retrato está en otra planta de la casa y el otro está en Hogwarts.

Anne fue viendo a todos los componentes de la familia. Serían unos 50 en total.

-Hemos recibido premios del mismísimo Ministro, como la Orden de Merlín, por servicios especiales (Debido a mi abuelo). También otro dato importante es que las familias de magos consideradas dignas, se desposaron con los Black; así es el caso de los Crouch, de los Potter, de los Longbottom, Prewett, y ahora los Malfoy y los Lestrange. – Anne miró que cada mago estaba emparentado con alguno con otro apellido, como mismo decía Regulus.- Lástima que muchos de ellos ya no tienen el mismo respeto de antes.- Regulus arrugó la nariz.- Ahora la siguiente generación somos nosotros; Bellatrix, Narcissa y yo. Generación tras generación, todos nosotros hemos sido Slytherin.

Anne seguía viendo con curiosidad los agujeros quemados del tapiz. Se dio cuenta de que igual había un agujero al centro de Bellatrix y Narcissa. Tuvo tentación de tocar alguno pero se contuvo.
Regulus, mirándola, notó su curiosidad.

-Los que deshonran a la familia son eliminados del tapiz del árbol genealógico, quitándoles el derecho de ser reconocidos como Black.- Regulus señaló a cada uno de los agujeros- Isla Black, por casarse con un muggle, Phineas II Black; por apoyar los derechos de los Muggles. Marius Black por ser un squib, Cedrella Black; por desposar a un Weasley. Sirius III Black, mi hermano, por "fugarse" de la casa y por ser un traidor de sangre, y de casa igual; siendo un Gryffindor. Alphard Black, por apoyar a mi hermano fugado, y por último a Andrómeda Black, por desposar a un sangre sucia.

Anne se preguntó si los Wist eran sangre tan pura como los Black. No era muy posible y de verdad que todo se le hacía una exageración un tanto ridícula…en muchos sentidos.

Anne se volvió, para ver a Amycus. Él estaba en el sofá, leyendo "El Profeta" que tenía en manos.

-¿Podemos hacer algo mejor? Me aburren las historias familiares.- Amycus no apartó la vista de su periódico, hojeándolo con "mucho interés".
Regulus se acercó a Amycus, viendo al diario.

-¿Algo nuevo, Carrow?- preguntó Regulus.
Anne fue con los dos y se asomó al periódico. Hace dos meses que no había leído uno.

-Lo mismo de siempre; los aurores quieren darnos caza, y Rufus Scrimgeour anda detrás de todo esto. Según se les hizo ver a Greyback, en una de sus muchas noches de lobo y lo están "rastreando"- hubo cierto sarcasmo en su voz.

Anne de repente recordó a los aurores. Los aurores eran magos especializados para cazar a los mortífagos, magos lo suficientemente valientes para hacerlo.
Conocía a varios; Frank y Alice Longbottom y a su amigo; Hauquet Blaccwen.
Y de nuevo se le vino a la mente, cuando lo empezaba a olvidar: Levana y Amos…

-¿Pasa algo, Wist?- Amycus dejó el periódico a un lado, mirando a Anne atentamente. Regulus siguió la mirada de Amycus y acudió junto a Anne de inmediato.

-Estás algo pálida, Anne. Toma asiento.- Anne obedeció. Se sentó en el sillón, a un lado de Amycus, quien la veía algo extrañado.

-¿Te encuentras bien?- Regulus tomó su rostro entre sus manos y lo comenzó a inspeccionar.

-No es nada, solo un poco de mareo. No he comido aún. Suelo ponerme así, no es nada.

Regulus asintió y se alejó un poco de Anne, como si le diera espacio.

-¿Entonces… a qué hora comenzaremos?- Anne sintió como poco a poco el color retornaba a sus mejillas.

Regulus la miró y se irguió.

-Creo que será en otro momento. Quiero que estés bien preparada para lo que te enseñaré. Mañana será mejor- Regulus sonrió ampliamente.

-Perfecto- contestó Anne y se levantó de un salto del sillón.- Entonces iré a comer algo y luego descansaré.

-Excelente, nos veremos mañana a primera hora aquí mismo.- Regulus caminó hacia ella, tomó su mano y depositó un galante beso en ella, dejando algo anonada a Anne.- Descansa, querida.

Anne sonrió y le dieron ganas de tomar su túnica y hacer una reverencia, pero no lo hizo. Mejor bajó la cabeza a modo de despedida.

-Buenas noches, Regulus.

Anne se dio media vuelta, sin despedirse de Amycus.

-Carrow, acompaña a la dama a su habitación, por una vez sé un caballero.

-Por supuesto, Black. ¿Otra cosa? ¿Una almohada y su pipa?- Amycus sin embargo se paró del sillón y fue hacia Anne.
Tomó su codo con delicadeza sorprendente y la guió fuera de la habitación. Ella no pudo escuchar la contestación de Regulus.

-Pensé que en verdad te enseñaría algo.

-¿Por qué te ofreciste a ayudarme?

-Me encanta hacerle la vida imposible a Regulus. Es demasiado bueno para ser mortífago.

-Tú también lo eres, Amycus. Regulus es educado, es la diferencia. Regulus no es la bondad en persona y es buen mortífago.

-¿Bueno, yo? Disculpa Wist, pero que te esté acompañando a no sé donde no significa atención, amabilidad, bondad ni nada por el estilo.

Anne sonrió.

-Cambiaste.- dijo, casi para ella misma, pero sabía que él escucharía.

-Ambos cambiamos, Wist. La vida sigue, después de la escuela.

-Tengo que admitir que te extrañé.- Anne seguía caminando junto con Amycus. Él aún la llevaba del codo.

-¿Deseas que diga lo mismo?- Amycus levantó una ceja y paró el paso. Justo estaban en el corredor que daba hacia las escaleras, para poder bajar o subir en la casa de seis pisos.

-Sólo di lo que piensas, no lo que yo quiero que digas.

-Quizá Wist, quizá te extrañé de alguna manera.

Anne sonrió de medio lado y se dispuso a continuar la marcha.