Saludos a todos. Lamento la tardanza pero aquí les dejo el siguiente capítulo y… no, Glee no me pertenece, al igual que PLL.
Las peleas no eran muy frecuentes entre Rachel y Quinn; regularmente sus discusiones se limitaban a cosas sin mucha importancia, cosas infantiles, a veces sin sentido. La castaña de verdad se había esmerado para que esta relación funcionara, se enfrentó a sus padres cuando éstos no mostraron mucho apoyo en su relación con la verdugo que la torturó por casi la mitad de su educación preparatoria… y bueno, también tuvo que enfrentar a Judy cuando la mujer comenzó a mostrar su antigua personalidad conservadora.
La sensación que ahora experimentaba su cuerpo era indescriptible, era una mezcla de sentimientos; el nudo en su garganta era la fusión de la ira, la desesperación, la tristeza, la decepción y, lo peor de todo, la culpabilidad. Ese nudo se sentía demasiado grande, le desgarraba la garganta cuando trataba de tragárselo junto con el llanto, pero sólo se auto infligía dolor.
No tenía las fuerzas para seguir discutiendo con su ahora ex novia, sabía que esta pelea marcaba el fin de cuatro largos años, cuatro años libres de culpa y de dolor, pero Rachel sentía que había arruinado las cosas al decir 'no'… Sus ojos cafés se comenzaron a llenar de nuevas lágrimas las cuales secó con sus palmas, estaba tan cansada de seguir llorando, estaba harta de sentir ese dolor en el pecho que le impedía respirar con propiedad y los innumerables sollozos parecían desgarrarle la voz y todo porque no estaba lista para el matrimonio.
Las cosas se habían complicado por una simple negativa, por un conflicto de intereses pero la voz de Quinn seguía retumbando en la mente de la actriz: 'sólo te estoy facilitando las cosas'. ¿Cómo era posible que dijera esas palabras? ¿Cómo se atrevía a afirmar ese cruel argumento que carecía de realidad? Era probable que Rachel se sintiera más herida por aquel enunciado que por el mismo rompimiento. Sin embargo, ella era la famosa Rachel Berry, exitosa en teatro y televisión y nunca dejaría que alguien como Quinn le arruinara la existencia, eso era imposible de pensar, ya que pudo sobrevivir a la cruel pubertad que le hizo vivir… esto no sería diferente ¿cierto?
Los sollozos de la castaña no aminoraron, las lágrimas no dejaban de fluir a lo largo de sus ruborizadas mejillas y esas pequeñas gotas encontraban su fin en la almohada que la mujer abrazaba con todas sus fuerzas. Sus ojos miraron a su alrededor, se sentía asfixiada entre esas cuatro paredes, sentía que el techo se le caería encima en cualquier instante… sus dedos acariciaron el lado de la cama de la rubia, el cual no volvería a ser ocupado y en ese preciso momento sintió que la cama era demasiado grande, que se perdería entre las sábanas con el único fin de toparse con cada uno de los íntimos recuerdos que ahí se escondían.
"No te necesito," susurró la actriz para sí misma, "no te necesito," se dijo otra vez con un volumen más alto, era una afirmación, eran palabras que recitaría una y otra vez, como un mantra, hasta que se volvieran realidad, hasta que se convirtieran en una innegable verdad, porque su pasado había estado plagado de soledad, su única y leal amiga, y podía reencontrarse con ella sin temor porque había sido, precisamente la soledad la que le había dado las fuerzas para ser lo que era en ese momento: una actriz exitosa, prestigiada y amada por infinidad de personas.
Rachel se puso de pie con rapidez, su corazón latía desenfrenado, las emociones comenzaban a drenarse de su sistema, dejando simplemente el resentimiento. Miró la cama una vez más, como si en el acto pronunciara un silencioso adiós, pero algo en su interior se desató, invadiendo cada músculo y con un movimiento brusco y agresivo, se aferró a los cobertores y sábanas de su cama, arrancándolos del colchón, provocando que los cojines y las almohadas volaran por los aires. No gritó cuando arrojó las telas al otro lado de la alcoba, no emitió ni un solo sonido cuando se dirigió al almario y comenzó a sacar toda la ropa de su ex novia, no maldijo su suerte cuando encontró las maletas negras.
El acto de empacar las prendas fue mecánico pero torpe. No se molestó en doblar y acomodar, sólo quería deshacerse de todas las cosas que le recordaran a Quinn. Quizás en los días siguientes contrataría a alguien para que remodelara su departamento, nueva pintura, nuevos muebles… nueva vida.
Su atención se vio interrumpida cuando su par de ojos se fijaron en una fotografía de ambas, con sus rostros llenos de felicidad, ignorantes de lo que el futuro les deparaba… era una fotografía de dos mujeres, dos personas, enamoradas. 'Puras mentiras' pensó la castaña antes de tomar el marco entre sus manos sólo para extraer la fotografía y romperla en decenas de pedazos.
El reloj indicaba que eran las 4:15AM, pero a Rachel le tenía sin cuidado el transcurso del tiempo; sus pies la guiaban a cada parte de la casa que tuviera algo de Quinn – la sala, el comedor, la cocina, el estudio –, quería que cada recuerdo se largara con la mujer, no quería nada, absolutamente nada que pudiera distraerla de su carrera, no quería nada que pudiera iniciar un nuevo llanto o una crisis emocional.
Cerca de la puerta colocó un total de seis maletas, repletas de ropa, accesorios, libros, documentos, incluso comida. Toda su existencia estaba empacada en seis maletas, pero eso no provocó alguna satisfacción en la actriz, su respiración y ritmo cardiaco seguían acelerados, sus ojos seguían llorando pero su mente seguía repitiéndose una y otra vez: "no la necesitas, no necesitas a nadie.´
"Te acabo de facilitar las cosas." Dijo Rachel antes de darse la media vuelta y encerrarse en los confines de la habitación principal, pensando en lo fácil que podía ser olvidar, en lo sencillo que podía ser que el amor muriera.
…,
Quinn no supo en qué momento sus ojos se cerraron, pero había sido un poco incómodo dormir con los sollozos casi silenciosos de su amiga. Esa noche sintió que el corazón se le encogía cuando escuchó las plegarias de Brittany, rogando porque su hija apareciera pronto, sana y salva. La mañana siguiente había sido muy diferente, era como si la casa hubiera perdido vida; un silencio se había apoderado de todo el lugar.
La rutina sería la misma, con la única excepción de que Rachel ya no era su novia, ni amiga, ni nada. No notó los cambios porque la rubia no era una persona que captara los detalles en la mañana; regularmente las duchas eran estados de inconsciencia, eran un acto mecánico y despertaba cuando el agua tibia dejaba de correr, cuando el frío ambiente acariciaba su piel. Como cada mañana, se envolvió en su toalla, pero ahora la diferencia radicaba en que debía tocar la puerta de la habitación principal para poder vestirse.
Esperaba que uno, dos o tres ligeros golpes sobre la superficie de la puerta fueran suficientes para que la castaña abriera, pero no hubo respuesta. Repitió la acción y nada.
"Rachel, necesito entrar por mi ropa," dijo en voz alta Quinn, pensando en que tal vez la actriz seguía durmiendo. Se atrevió a tomar el picaporte, descubriendo que el seguro estaba puesto, "¡Rachel, se me hace tarde!"
"¡Déjame en paz! ¡Aquí no hay nada que te pertenezca!" Se escuchó desde el otro lado de la puerta.
"¡No seas insensata…!"
"Uhm… ¿Q?" La voz de Brittany proveniente de la sala obligó a que la editora dejara de ver con desafío la puerta de madera. "Creo que tus cosas están aquí."
Quinn se dirigió hacia la sala, descubriendo que junto a la puerta estaban seis maletas. La frustración la invadió ya que nunca se imaginó que Rachel fuera capaz de hacerle algo así, era algo inmaduro, un acto de pura venganza y su último pensamiento fue que llegaría tarde a trabajar.
El hecho de que Samantha tuviera nueve años era una gran ventaja, a pesar de ser un niña inteligente y astuta, la inocencia que irradiaba era innegable, aún poseía ese brillo infantil que le permitía creer en muchas cosas sin la necesidad de cuestionar ni reprochar; sin embargo, la curiosidad le era inherente, era como si tuviera hambre de conocimiento, quería saber cómo funcionaba el mundo que le rodeaba pero también tenía la necesidad de saber de dónde venía.
No estaba en la edad de preocuparse del porqué su vida en casa era muy diferente a la de Santana y Emily, le importaba poco que ese departamento en el que ahora se hospedaba fuera diez veces más grande que una casa en los suburbios en Lima; seguía siendo una niña que se permitía disfrutar, se permitía imaginar… su madre siempre alentó eso en ella.
Santana miraba a la pequeña que ahora se encontraba jugando en el jacuzzi, admiraba la manera con cómo jugaba con los pocos juguetes que se encontraban en su hogar, todo gracias a su sobrino que había olvidado un barco de plástico y un pato de hule.
Sus dedos bronceados lavaban el cabello castaño de la niña sin prisa alguna y en su rostro se dibujó una sonrisa maternal, "¿por qué estás tan callada?"
La pequeña no se inmutó, no quería romper con la agradable sensación, "estaba pensando."
"Se puede saber en qué."
Samantha guardó silencio, "uhm… bueno…" la niña se atrevió a volverse provocando un agradable sonido acuático sólo para poder ver a la mujer, "se supone que cuando un hombre y una mujer se quieren mucho pues se casan y tienen hijos ¿no?" La latina asintió lentamente con la cabeza, dándose una idea de la dirección de esta conversación, "entonces cuando dos mujeres se quieren, también se casan… pero ¿cómo tienen a sus hijos?"
"Uhm…" la morena se sintió un poco incómoda, era cómo tener esa famosa conversación de 'cómo se hacen los bebés' pero entre mujeres, "bueno, hay muchos métodos… está la adopción…" sus ojos cafés se enfrentaron a los de la pequeña, "y también hay lugares que te ayudan si es que quieres tener un bebé que sea tuyo y que se parezca a tu esposa."
La pequeña castaña frunció el ceño, "¿cómo?"
Santana parpadeó rápidamente, demostrando nerviosismo, "bueno, ¿sí sabes que para hacer un bebé una mujer y un hombre deben… uhm… hacer… c-cosas porque tienen un..?"
"¿Te refieres al espermatozoide y al óvulo?" Preguntó Samantha con inocencia y naturalidad.
La modelo abrió los ojos de par en par al percatarse de lo lista que era la niña, "sí… bueno… cuando dos mujeres quieren tener un bebé, algunas van a lugares en donde… venden… espermatozoides y es como un catálogo… porque…" para Santana era difícil hablar de este tipo de cosas con una niña, "porque se puede elegir al… donador." La morena tragó saliva con dificultad, al mismo tiempo que rogaba porque esta conversación terminara.
La niña miró con suspicacia a la mujer frente a ella, indicándole que, lamentablemente, esta conversación aún no terminaba, "¿y es posible que dos mujeres puedan tener un bebé sin que deba haber un espermatozoide?"
La latina frunció el ceño, "uhm… me temo que eso es imposible."
Los ojos verdes de Samantha brillaron con esperanza, "¿y si fuera posible?"
Santana suspiró mientras que en sus labios se dibujaba una tierna sonrisa, "si fuera posible, yo sería la mujer más feliz sobre la tierra."
Tanto la adulto como la niña se sonrieron mutuamente; por un lado, porque era agradable imaginarse una situación en la cual un acto de amor fuera suficiente para crear vida y, por el otro, porque existía un secreto, un único y sorprendente conocimiento. Ambas fueron sacadas de sus pensamientos cuando el teléfono timbró.
"Debe ser Em," Santana se detuvo en el marco de la puerta sólo para observar a la invitada, se sintió insegura de dejarla sola en la bañera, aún cuando fue sumamente cuidadosa en que la cantidad de agua no alcanzara un nivel peligroso – un acto exagerado, ya que el agua ni siquiera cubría todo el pecho, "no tardo."
La niña sonrió ampliamente mientras observaba como la mujer prácticamente corría al teléfono. Sus ojos verde olivo observaron el pato de hule, un objeto que le hacía sentir cerca de su hogar, cerca de su mamá. No cabía duda de que extrañaba a Brittany, una parte de ella quería regresar a su casa pero sentía que debía hacer esto porque tal vez no tendría el suficiente tiempo para conocer más a fondo a su otra madre.
"Sí, ya te dije que me encargaré de la ropa cuando regresemos del parque," dijo Santana a lo lejos con un tono de reproche, el mismo tono que Samantha utilizaba cuando debía hacer las tareas que más detestaba.
Sus esbeltos dedos acariciaron el juguete flotante, los ojos inanimados del pato parecían fijos en los suyos propios y la transportaron al día en que descubrió que, efectivamente, era una niña sin padre.
…
La primera vez que Samantha preguntó por papá, Brittany respondió que en el trabajo, sin embargo, los ojos de la niña de ocho años le comunicaban que no se refería a Artie, sino a su padre biológico. La mujer no supo qué responder, no encontraba las palabras correctas para explicarle algo a su hija que ni ella misma entendía. La segunda vez que la niña preguntó por su padre fue algo como '¿por qué papá no está aquí?' Esa pregunta fue respondida con una indirecta que no dejó satisfecha Samantha. La siguiente vez, la pregunta fue más una afirmación que poseía una simple entonación inquisitiva:
"¿Papá no me quiere y por eso no está aquí?" Brittany se encontraba alistando a la castaña para ir a dormir. Sus ojos azules miraron a unos tristes ojos verdes que querían, necesitaban, escuchar una respuesta.
"No es eso. Verás," la rubia hizo una pausa para acomodar los cobertores alrededor de su hija, para evitar que Samantha se destapara en el transcurso de la noche, "las cosas son un poco complicadas. Prometo que te explicaré, pero no hoy." Brittany se puso de pie, para luego abandonar un tierno beso en la frente de su hija, "pero tienes que saber que tú," el delgado dedo de la mujer tocó la punta de la nariz de la niña, "eres el más grande regalo que me dio."
La curiosidad de Samantha no se detuvo ahí, de hecho se incrementó; sabía que no obtendría respuestas de su madre ni de su padrastro quien evitaba a toda costa el tema del 'padre biológico', así que un día, mientras Brittany se encontraba trabajando y Artie se encontraba calificando unos exámenes, la niña se aventuró a subir al lugar más espantoso de la casa: el ático.
Esa parte de su casa era un poco húmeda, el olor era a pura madera vieja, la duela crujía cada vez que se daba un paso y algunas telarañas se dejaban ver en los rincones en los que apenas llegaba un poco de luz. Estaba lleno de cajas y cosas que ya no se utilizaban, sus ojos observaban con detenimiento el lugar, cuidándose de no encontrarse algún desagradable insecto. Las cajas estaban rotuladas con marcador rojo, las más grandes eran los adornos de Navidad, cerca de ellas estaban los de la noche de brujas y en el rincón más alejado encontró unas cuantas que decían simplemente 'Brittany'.
Una capa de polvo cubría la superficie, el instinto de Samantha fue soplar con fuerza para evitar tocarlo, pero el resultado fue una nube que le provocó alergia, estornudó un par de veces y sus ojos se irritaron, por lo que la castaña agitó las manos con el objetivo de dispersar las partículas de polvo. Las primeras cajas guardaban juguetes y ropa, entre esas cosas un par de pompones y un uniforme rojo, además de gorros de diferentes formas y tamaños; en resumen, no había nada que le interesara.
La tercera y cuarta caja poseían cuadernos de apuntes y libros, entre ellos un anuario del año 2009. La castaña se permitió verlo, notó que el equipo de animadoras ocupaba muchas páginas, sonrió cuando vio a su madre, no había cambiado mucho pero en ese entonces se veía mucho más feliz. En varias de esas fotografías, Brittany se encontraba junto a otra chica de menor estatura, cabello negro y piel bronceada. Su sonrisa no era sincera, era fácil de adivinar, incluso se podía decir que se veía intimidante; pero cuando vio la fotografía del Glee Club, esa sonrisa fingida fue reemplazada por una genuina. Un par de minutos después, las páginas de ese anuario la llevaron a las fotografías individuales del alumnado, fue entonces que Samantha supo de la existencia de Santana López.
La pequeña sintió que sus respuestas estaban muy cerca, el apellido era una señal clara y contundente, era obvio que Santana tenía que ver con su corto pasado. No obstante, no encontraría respuestas en ese anuario, pero en el fondo de la última caja, un cofre de madera captó su atención; acarició la superficie con detenimiento, sintiendo los artesanales grabados. Lo primero que vio al abrirlo fue otra fotografía de su madre con la morena, pero ésta era diferente, ambas estaban vestidas casualmente, su cabello no estaba atado y se encontraban abrazadas, sonriéndole ampliamente a la cámara; en seguida, sus ojos se enfocaron en un brazalete plateado, el cual ya había visto en las fotografías del anuario.
Fue inapropiado que a su corta edad leyera una carta llena de dolor y resentimiento, la ventaja fue que a esa edad era difícil desarrollar prejuicios. Además, su madre le había ensañado que el amor poseía muchas formas y no era bueno juzgar o discriminar. Esa carta fue confusa, no entendía la mayor parte de esas palabras, no tenía el conocimiento necesario para saber que era el amor no correspondido, pero pudo sentir tristeza por Santana, incluso simpatía.
Ese día encontró la respuesta que tanto buscaba en el fondo de ese cofre, ahí se encontraba un sobre blanco con el símbolo de una clínica y el nombre completo de su madre; en su interior se encontraba una extraña imagen en blanco y negro, no tenía forma, era un simple sombra grisácea, pero lo que más importaba era la nota que estaba unida a esa foto por medio de un clip. Samantha identificó la inconfundible caligrafía de Brittany; con delicadeza separó la imagen de la hoja blanca de papel, la cual estaba doblada a la mitad y tenía, una vez más, el nombre de Santana. Sus ojos comenzaron a leer cada línea, prestando mucha atención al corto escrito:
"No sabes lo feliz que estaba cuando el doctor me dijo que esa imagen era un bebé, nuestro bebé. Pero fue triste también porque tú no estabas ahí para tomar mi mano y compartir conmigo ese momento. Me siento tan confundida y perdida porque no estás aquí, porque no sabes que voy a tener un bebé tuyo. Muchos creen que estoy loca porque eso es algo imposible, pero San, tú has hecho que lo imposible suceda, las dos hemos hecho nuestro propio milagro y espero decírtelo algún día. No creo que exista prueba más grande de nuestro amor que esta pequeña personita…"
Samantha miró el ultrasonido una vez más… esa imagen sin forma era ella antes de nacer, luego miró la fotografía de… sus madres, prestando más atención a la morena, delineó el contorno de sus facciones como si en el acto reconociera las más obvias similitudes como las mejillas, las largas pestañas, la boca y las coquetas ondas de su cabello; se sintió un poco decepcionada al notar que no había heredado los tiernos hoyuelos. De Brittany había heredado la nariz, el cuello y los hombros y ese ligero surco vertical en el labio inferior; el resto de su apariencia era una perfecta mezcla.
Se sintió satisfecha porque al fin había obtenido una respuesta acerca de su procedencia, pero aún necesitaba tiempo para entender y para desechar la poca información que sabía acerca de cómo se formaba la vida.
Antes de guardar todo en su lugar y abandonar el ático, la pequeña castaña tomó una fotografía de las dos mujeres que habían desafiado a las leyes de la naturaleza.
…
"Creo que ya es tiempo de que enjuaguemos tu cabello y terminemos este baño."
Samantha se vio obligada a abandonar sus recuerdos. Miró a la modelo con curiosidad, "¿qué?"
Santana sonrió, "ya es hora de que salgas, te estás arrugando."
A pesar de que Santana López había sido ciudadana de Nueva York por muchos años, no tenía ni la menor idea de los lugares que eran apropiados para una niña de nueve años, por lo que su primera tarea de ese martes fue investigar la localización de parques, museos y otras atracciones infantiles.
Luego de vestir a Samantha en un encantador vestido estilo jumper color gris, un par de leggings negros, botas para nieve de Burberry, bufanda y abrigo, ambas estaban listas para iniciar su día. La primera parada fue el Museo para Niños de Brooklyn, en donde Santana no podía evitar sentir una cálida sensación en su pecho cada vez que la niña tomaba su mano sólo para arrastrarla a otra parte del museo, o cuando veía que sus ojos brillaban con curiosidad por cada cosa que se mostraba en el centro recreativo. La siguiente visita fue al acuario en donde la mecánica fue la misma, esa emoción tan inocente y dinámica resultaba ser extremadamente familiar… la morena no tenía amnesia, sabía a la perfección a quién le recordaba, la primera chica de la que de verdad se enamoró… por alguna razón, Samantha tenía cierto – o mucho – parecido con Brittany.
Luego del acuario, decidieron almorzar para luego visitar el zoológico de Central Park y, finalmente, ya entrada la tarde, el lago de ese mismo lugar, pues la niña quería alimentar a los patos. No cabía duda de que esta pequeña era una clase de reencarnación de esa rubia que había quedado en Ohio y en la parte más alejada de su mente.
La tarde era fría y los árboles comenzaban a perder su vivo color; pronto las aves emigrarían, así que era un buen momento para estar a la orilla de ese gran estanque. Los ojos cafés de Santana miraban la manera en cómo Samantha dejaba las migajas de pan, una sonrisa se dibujó en su rostro cuando los animales comenzaron a acercarse a la niña en busca de más alimento.
"¿Te la estás pasando bien?" La modelo acarició el suave y brillante cabello de la niña cuando ésta se sentó junto a la mujer después de haber alimentado a las aves.
Samantha esbozó una sonrisa que mostraba una blanca dentadura, casi tan perfecta como la suya propia, pues parecía que su canino superior derecho apenas estaba creciendo, "ha sido uno de los mejores días de mi vida." Sin previo aviso, la niña abrazó la cintura de la latina con fuerza, "gracias," susurró la pequeña.
Era difícil describir la sensación que su cuerpo experimentó, Santana sentía que su mente había entrado en un estado de shock, sintió un extraño escalofrío, pero su cuerpo parecía haber adquirido mente propia, ya que su primer instinto fue abrazar a la niña con firmeza; era como si no quisiera dejarla ir. De algo estaba segura la morena, cuando llegara el momento, la separación sería demasiado dolorosa.
"Creo que serás una buena mamá," añadió la castaña cuando se alejó de la mujer. El comentario era sincero, pero poseía un poco de tristeza porque Santana sería una buena madre, lo malo es que no sería la madre de Samantha.
La modelo sonrió tímidamente, desviando su mirada, "no lo sé, a veces lo dudo."
La niña tomó la mano de la latina, admirando la unión, tratando de comunicarle con el tacto la verdad que su madre había callado por tantos años, "tú podrías ser mi madre… si así lo quieres," la pequeña se mordió el labio inferior con nerviosismo y mirando de inmediato hacia el suelo con vergüenza.
Santana frunció el ceño con confusión al escuchar esas palabras. No podía engañarse a sí misma, una parte de ella se emocionó ante esa declaración, estaba dispuesta a desempeñar ese papel, pero otra parte de su mente le decía que no era sano hacerse ilusiones, tarde o temprano Samantha debía regresar a su hogar.
"Ven aquí," la modelo obligó a la castaña a sentarse en su regazo y a mirarla a los ojos, "mi vida, tú ya tienes una mamá y no creo que quieras cambiarla por mí, ¿verdad?"
La niña se encogió en hombros, "puedo tener otra."
"No conozco a tu mamá, Sam," Santana sonrió tiernamente, "además, no puedo dejar a Em, se lo prometí cuando me casé con ella."
Samantha comenzó a jugar con uno de los botones negros del abrigo de la mujer que la cargaba, "¿la quieres mucho?"
"No sólo la quiero, la amo," la modelo suspiró soñadoramente, pensando en las cosas que más adoraba de su esposa – su manera de ser, su forma de pensar, su humildad y su lealtad. "Mi vida sería un desastre de no ser por ella."
"¿O sea que ella es el amor de tu vida? ¿Algo así como… tu alma gemela?" Los ojos verde olivo de Samantha estaban llenos de curiosidad, esa mirada era muy intensa.
Santana se sintió desprevenida, nadie le había hecho esa pregunta con anterioridad. El camino más sencillo habría sido mentirle a la niña, respondiendo con un 'sí', sin embargo, la latina no creía en eso o, mejor dicho, había dejado de creer en eso del alma gemela muchos años atrás y sería corrector mentir, porque la verdad sería cruda y podría romper con una inocente ilusión.
"Esa es una difícil pregunta," sus ojos cafés miraron hacia el lago, notando como dos patos nadaban juntos, "creo que la respuesta se va descubriendo con el paso de los años porque el amor es algo más complicado, se tiene que ir fortaleciendo con acciones," su mirada se enfocó de nueva cuenta en la niña, "¿sí me explico?"
"Eso creo," respondió Samantha, pero su rostro demostraba lo contrario.
"El amor es como…" la modelo miró hacia su alrededor, en busca de algo que explicara más claramente lo que intentaba decir, "es como un ser vivo, lo tienes que alimentar y cuidar para que con el tiempo vaya creciendo y se haga más fuerte. Si se descuida, se olvida… muere."
Samantha se veía decepcionada, sus ojos ya no miraban a la mujer y su mente recordó cierta carta en los confines de un cofre en Lima, Ohio. "Pero… si dos personas se amaron mucho y se separan, ¿entonces el amor sólo desaparece?"
La latina sintió una clase de acongoja en su pecho, era como si esta niña estuviera viendo una parte de su pasado con el simple objetivo de traerlo de vuelta, para hacerle recordar que sí existió – o existe – una persona que se acercó a ser su alma gemela. Ya no había dolor o resentimiento, es más, ésta era la primera vez, en mucho tiempo, que recordaba a Brittany.
"No es tan fácil que desaparezca, de hecho es muy difícil. Cuando una persona ama demasiado y se aleja por alguna razón, la vida se vuelve vacía, es como si perdiera todo el color; hay mucho dolor y sentimientos negativos pero con el tiempo las cosas mejoran poco a poco y al final, ese amor se vuelve un recuerdo; hay nuevas personas, nuevas experiencias que hacen que ese recuerdo sea sólo eso, un recuerdo, pero ya no es amor."
"Y si se vuelven a encontrar, ¿qué pasaría?"
Santana apretó la mandíbula con fuerza, ¿qué pasaría si Brittany de pronto caminara por aquí? No había una respuesta clara, tal vez sólo se mirarían con añoranza, tal vez se saludarían como un par de ex compañeras de preparatoria o quizás se ignorarían y seguirían con sus vidas. "No lo sé," respondió con honestidad la mujer, "creo que depende de cada persona."
Aún había tantas preguntas en la cabeza de la castaña, había tantas cosas que quería decirle a la morena, pero tenía miedo de su reacción, tenía miedo que la abandonara así como así. Estaba consciente de que cuando su madre apareciera, la confrontación sería inevitable; pero tenía esperanza de que algún día sus madres se reconciliaran y le permitieran tener una verdadera familia, la que le correspondía, en donde Emily ni Artie tuvieran lugar. Sin duda se sentía algo culpable de pensar en algo así, pues Emily era gentil, la entendía y era cariñosa y a Artie, bueno, le conocía de toda la vida y era atento y la quería… pero ninguno de ellos podía ser un buen sustituto.
"Hey," la voz de la modelo la obligó a mirarla, "se me antojó un helado, ¿quieres uno?"
Samantha sonrió, "¿de choco-chips?"
"¿Acaso hay otro?"
Era imposible que la sonrisa de la niña se agrandara más, pero así sucedió cuando saltó del regazo de Santana, para luego tomar su mano y urgirla a ir a comprar el delicioso postre, después de todo, esta mujer seguía demostrando que era su otra madre.
Brittany sólo había estado en Nueva York una vez, cuando aún estaba en preparatoria. Recordaba que había sido una de las experiencias más increíbles de su vida, soñaba con algún día vivir en esa gran ciudad, pero las circunstancias le hicieron cambiar de planes. Uno de sus sueños era regresar a Central Park porque era como una pequeña parte de la gran urbe en la que se sentía libre. Sus pasos la llevaron a ese gran parque; se sentía cansada, pues había caminado toda la mañana y seguía recibiendo la indiferencia de la gente, lo cual no dejaba de ser deprimente.
La rubia cruzó uno de los tantos puentes del parque, bajo él se extendía un camino pavimentado en donde un jinete cabalgaba su caballo negro y paseaba un gran número de gente, algunos turistas, deportistas y demás. Se detuvo, sus ojos azules se enfocaron en dos personas en particular – una mujer y una niña – quienes estaban tomadas de la mano y le deban la espalda. La niña vestía un abrigo negro, pero su cabello era igual al de su hija, era el mismo color, el mismo brillo; sus pulmones estaban a punto de gritar el nombre de Samantha pero su respiración se contuvo cuando vio el perfil de la mujer. La distancia podía hacer que confundiera ese rostro, esa piel, ese cabello…
Tragó saliva con dificultad, mientras sus ojos examinaban la delgada figura de la mujer cubierta por un abrigo corto color beige, su cabello estaba recogido elegantemente. No podía equivocarse, esa mujer era Santana y esa niña era Samantha. Sus piernas comenzaron a moverse con rapidez, pero sus ojos trataban de no separarse de esas dos personas; corrió a toda velocidad, tratando de encontrar la vía que la llevara a ellas, pero cuando llegó al camino, sus ojos no pudieron encontrar nada, miró hacia todas direcciones, caminó sin rumbo buscando a su hija y a la morena que tanto amó, pero no había rastros de ellas. Por un momento se preguntó si había sido una ilusión, pero algo en el ambiente, en el aire, le indicaba que eran ellas.
Se sentía estúpida por no haber gritado sus nombres, sin embargo, era más que obvio que esa mujer le había robado el aliento, Santana le había robado el aliento una vez más… una parte de su mente le decía que ya estaba delirando, no era posible que, de todas las personas de Nueva York, Santana López hubiera sido la persona que había encontrado a su hija… la hija de ambas.
Su garganta se sentía presionada, no por la carrera, sino porque el llanto se acercaba. Estaba tan confundida, tan estresada que su mente le comenzaba mostrar lo que su corazón tanto deseaba.
Spencer estaba sorprendida de la cantidad de niñas reportadas como perdidas, era un número abrumador. No se imaginaba el dolor de los padres y esperaba nunca experimentarlo, sin embargo, debía conservar su profesionalismo y seguir buscando algún reporte que encajara con el nombre de Samantha Abrams. La ventaja de esta situación era que cada archivo tenía adjunto una fotografía de la niña extraviada.
Sus ojos castaños estaban fijos en la pantalla de su computadora portátil cuando su teléfono timbró; esperaba que fuera Santana o Emily con más información, pero se decepcionó cuando escuchó la voz de la recepcionista.
"¿Qué pasa?" Preguntó la abogada con un poco de molestia.
"Señorita Hastings, el señor Richardson requiere su presencia en su despacho por el caso Truman versus Nielson."
Spencer se recargó en el respaldo de su silla de piel, había olvidado por completo que tenía una reunión con uno de los socios principales de la firma de abogados, "voy para allá. Gracias por el aviso Mia."
La castaña colgó y se levantó de inmediato, tomó el archivo del caso y salió de su despacho con rapidez, sin saber que el siguiente archivo en su computadora era el reporte de la señora B. Abrams, quien había reportado el extravío de su hija Samantha Pierce-López…
TBC…
