¡Hola! Muchas gracias a todos los que siguieron esta compilación de Magic Love, a todos lo que dijeron que pareja seria la siguiente, a los que le dieron Follow o Favorito, a los que comentaron, que sin ustedes no se habrían hecho las historias. Este es la ultima de esta colección, espero que la disfruten.


Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Hiro Mashima. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Disfruten.


Mini-Fic: The Last

Capítulo 3 de 3

Wendy Marvell / Romeo Combolt


Ahora se encontraba con una versión adulta de él, muy adulta, con barba y bigote y una corona en la cabeza. Estaba sentado en una enorme mesa con muchos papeles alrededor, tenía el ceño fruncido y la vista fija en unos papeles, Romeo se acercó a verlos y encontró que eran informes de los lugares que estaban siendo atacados por algo, siguió viendo los papeles y encontró el dibujo de un enorme dragón negro y entonces supuso que era ese dragón del que los protegían.

Vio como una niña entraba en la habitación corriendo y se subía a las rodillas del hombre mientras le decía si la iba a acompañar a ver los cometas que aparecían esa noche. El hombre sonrió y asintió, la cargó en brazos y salieron del lugar, llegaron hacia el jardín y se sentaron en una manta que habían extendido ahí.

- Entonces, ¿los cometas también eran dragones? – escuchó a la niña preguntarle a su padre mientras sostenía en sus manos algo que parecía ser un libro de cuentos, era obvio que era la primera vez que los vería y estaba emocionada.

- Si, eran dragones que se enamoraron de unos humanos, por ellos se volvieron humanos, para poder estar juntos, pero estos humanos fueron engañados por otros que eran malos y ambiciosos.

- ¿Los engañaron? – preguntó mientras veía a su padre con admiración.

- Si, los engañaron, les hicieron creer que los dragones habían hecho algo malo, muy malo. Los humanos no les creyeron y los persiguieron, entonces los dragones se transformaron en cometas y se fueron al cielo.

- ¿Y por qué se fueron y no se quedaron? Les podían decir a los humanos que ellos no decían mentiras.

- Porque ellos tenían una misión, y era cuidarnos de este dragón malo que está atacando, y los humanos querían matarlos, si se quedaban los iban a matar y por eso se fueron, ahora ellos nos vigilan desde el cielo y nos dejaron este problema a nosotros.

- Entonces ellos son malos.

- No, ellos no son malos, ellos nos cuidaban y nosotros no supimos agradecerles ni confiar en ellos, cuando haces eso, cuando no confías en la gente ni les dejas demostrarte que dicen la verdad, entonces la gente se siente herida y lastimada, entonces la gente dice ¿Para qué voy a cuidar a alguien que no cree ni confía en mí? Fue algo parecido lo que hicieron los dragones, nos castigaron porque los humanos no creíamos que ellos eran buenos.

- Me gustaría que los dragones volvieran y nos cuidaran de nuevo, que se derrotarían a ese dragón malo y también que la gente les pida disculpas por no haberles creído.

- A mí también pequeña, a mí también.

Romeo se quedó quieto, parado junto al hombre, contemplando el cielo y entonces lo vio, aquello que toda su vida había querido ver, la aparición de los cometas, y no de uno, de los tres que habían sido desde el inicio. La vista era maravillosa, increíble, mejor de lo que él se hubiese imaginado. A lo lejos podía escuchar la alegría de la niña, pero no duró mucho, una enorme explosión sacudió en castillo e hizo volar piedras en todas direcciones.

El rugido ensordecedor lo puso alerta y vio como los guardias se apresuraban para sacar a la niña de ese lugar, en menos de un minuto, el imponente dragón negro apareció en el lugar y destruyó el castillo con una llamarada tan inmensa que por un momento, Romeo pensó que él se quemaría junto con los hombres que gritaban envueltos en llamas. Giró su cabeza en busca de la niña y ella se encontraba siendo protegida por un muro de escudos que evitaba que cualquier cosa le cayera encima. El rey se encontraba ayudando a los hombres que se quemaban mientras el dragón seguía disparando llamaradas al lugar.

Entonces notó que el muro de escudos no iba a proteger a la niña si le lanzaba una llamarada y como si el dragón le hubiese leído el pensamiento, se posicionó frente a esta y aspiró profundamente preparando el ataque inminente, Romeo se lanzó para intentar proteger a la niña pero no logro acercarse, no podía tocarlos. La desesperación lo invadió y vio como el dragón lanzaba el ataque, Romeo solo se quedó viendo la escena, paralizado, iban a morir todos y él no podía hacer nada, pero el fuego fue desviado por una enorme ventisca que formó un remolino y extinguió las llamas.

No podía creer lo que había pasado, la niña estaba a salvo y el rey estaba siendo ayudado a mantenerse en pie, tenía la frente sangrante junto con varias partes del cuerpo más. Enfocó su vista en la creatura y vio a tres jóvenes, a los dragones convertidos en humanos, atacando al dragón negro como iguales. Eran ataques conjuntos, llamaradas de fuego que iban dirigidas al atacante, viento que neutralizaba el fuego enemigo y el joven de negro lo atacaba a puño limpio. Vio como le arrancaron las escamas que le cubrían el corazón y como el joven pelirrosa le asestaba un golpe mientras los otros lo distraían. El dragón cayó inerte en el piso, dejando un rastro de sangre purpura.

Así como llegaron, así desaparecieron. No se quedaron, no hablaron, simplemente se fueron. Escuchó al hombre decir un débil – gracias – y luego todo desapareció.

Abrió los ojos de golpe, con la respiración agitada, sudando y con miedo. Miró hacia todos lados y comprobó que estaba en su habitación de hotel, buscó la hora en su reloj y vio que eran las 7:00 pm, había dormido todo el día y había sido el sueño más extraño que jamás había tenido.

- Hasta que despiertas – le dijo una voz femenina que hizo que se le erizaran los vellos de la piel. Volteó a ver a la intrusa y la encontró sentada en una de las sillas de la habitación, estaba igual que en su sueño.

- ¿Quién eres y qué haces aquí? – preguntó desconcertado. La albina solo sonrió por esa pregunta.

- Mi nombre es Mirajane Strauss – respondió con calma sin despegar su vista de él – soy una bruja, pero eso ya lo sabias.

.:o:.:O:.:o:.

Romeo corría tan rápido como sus piernas se lo permitían. Le había tomado demasiado tiempo en procesar la información que le había dado Mirajane aquella tarde que la encontró en su departamento pero no cualquiera podría creer que lo que había visto eran los recuerdos de una de sus vidas y no un sueño.

La albina le había confirmado cada palabra que había escuchado y cada escena que él había visto en su sueño. En esos momentos, mientras corría, se convencía de que todo lo que le habían dicho era real, quería creerlo. Había pasado los últimos días encerrado en su habitación de hotel pensando en cada palabra, luchando por creer y no creer en las cosas al mismo tiempo.

- Estás irremediablemente ligado a ella – le había dicho la albina momentos antes de irse de la habitación – fue ella la que te salvó cuando estuviste en cama por tu accidente, la noche en que despertaste ella se convirtió en humana. Sin saberlo, ella tomó la mejor decisión para ambos. Y ahora, tienes que buscarla, la maldición que corre por tus venas no finalizará hasta que estén juntos, tu morirás y renacerás incontables veces hasta estar con ella pero ella no, cuando ella muera no volverá a nacer – la expresión de sorpresa, incredulidad y miedo se mezclaban en el rostro de romeo – después de que acaben los 7 días nos iremos y no volveremos hasta dentro de 7 años. No tengo que decirte en donde la puedes encontrar. – Y diciendo eso abandonó la habitación del pelinegro dejando a este último con todas las emociones fluyéndole por las venas y agolpándose en cada célula de su ser.

Llegó al lugar donde sabría que podría encontrarla, el cementerio abandonado de Magnolia. Entró y corrió por entre las tumbas buscando a la peliazul, era la última noche de las siete y, aunque ya no hubiese nadie de los visitantes que llegaron a ver el cometa, él se había quedado. Llegó hasta las tumbas donde la había visto antes y sintió que algo se detenía dentro de él. Ahí, frente a las tumbas se encontraba un ramo de flores frescas y los restos aun tibios de las varillas de incienso. Había llegado tarde.

Sus pasos hacían eco en la inmensidad del cementerio, caminaba despacio, preguntándose qué era lo que le podía haber dicho – hola, soy Romeo – pronunció en voz alta en la soledad del cementerio – y sé que tú eres el cometa que desapareció - ¿y qué más? No la conocía, no sabía nada de ella, solo la había visto tres veces y no habían sido muy largas las conversaciones, por lo general era él espiándola y sonrió ante eso – y lamento haberte espiado esas dos veces, yo no soy así – y entonces, ¿qué más? – y gracias por salvar mi vida hace siete años…

- De nada – escuchó que le contestaba la peliazul a sus espaldas. Inmediatamente se volteó para verla y ahí estaba ella, sonriente, con su largo cabello azul cayéndole por la espalda y una flor blanca en las manos.

- Yo… yo… - se había quedado mudo – pensé que te habías ido – le dijo con nerviosismo en su voz.

- Te escuché venir, haces mucho ruido cuando corres, me escondí, era mi turno de verte. – El pelinegro se llevó una mano a la cabeza mientras miraba hacia otro lado y reía nerviosamente – supongo que ya sabes quién soy – se le quitó la sonrisa – ¿no te da miedo?

- Te mentiría si te dijera que no – se puso serio – es mucha información la que me dio tu amiga y no se ni como llevar esto. Me dijo que tú y yo estamos ligados y yo no sé cómo llevarlo, no me gusta la idea de estar con alguien a quien no conozco solo porque una fuerza mística lo pide.

- Te entiendo – le habló la peliazul mientras se sentaba en una de las bancas del cementerio y jugaba con la flor en sus manos.

- Yo sé, yo vi, lo que sentías por Romeo, lo que él sentía por ti, era algo muy inocente y puro. No debió dudar de ti y sé que después se arrepintió de haberlo hecho.

- Lo sé – le dedicó una sonrisa triste – yo solo pedía verte, verlo, y me alegra que estés bien, que no hayas muerto y que yo haya ayudado a eso aun sin saberlo. Quizás en otra vida.

Y la peliazul se levantó del asiento y le dio un beso en la frente como alguna vez, hace demasiados años, aquel niño le había dado cuando habían estado juntos. La acción dejó sin palabras a Romeo. Cuando recuperó el habla ya Wendy se había ido.

.:o:.:O:.:o:.

El espacio en donde se había colocado la lápida era demasiado grade pero cuando Mirajane había comprado el terreno lo había hecho pensando en que todos estarían con su pareja, jamás pensó que ultimo de los dragones, el más pequeño de ellos, no podría descansar junto con la persona que estaba destina estar. Le dolía en el alma eso pero no pudo hacer más.

Wendy había vivido la vida como lo hubiese hecho cualquier humana, regresaba cada 7 años a las tumbas a visitar a sus amigos y tuvo una vida prospera hasta que una mañana ya no despertó.

Después de ese encuentro con romeo ya no lo volvieron a ver ni a saber de él, ya nadie regresaba a Magnolia cada 7 años a ver a los cometas, ya no había marejadas de personas emocionadas por el suceso único y mágico que solo tenía lugar ahí y del cual la albina había sido responsable.

La última vez que Mirajane pisó Magnolia, les llevó flores a sus amigos, les prendió un incienso para que sus plegarias llegaran hasta donde ellos se encontraban y se despidió de ellos regresándoles el regalo que ellos le habían otorgado, la inmortalidad. Se despidió de aquel don que ella tanto disfrutó y con el cual pudo ver la vida de sus seres queridos sin perderse detalles de ésta. Mientras abandonaba el cementerio se le dibujó una sonrisa al recordar la escena que la había llevado a despedirse de ellos.

- Wendy – habló la dulce voz de una mujer a la pequeña niña peliazul que se escondía tras ella – no seas penosa, sal para que él te pueda ver – la niña hizo lo que la mujer le pedía y quedó parada frente a un niño pelinegro con los ojos grandes no más grande que ella – vamos, preséntate – le dijo a la niña.

- Mi nombre es Wendy – dijo con pena mientras sostenía una pequeña flor blanca en sus manos que había cortado del jardín de su casa.

- Hola, soy Romeo – le sonrió el niño mientras le tomaba una mano – vamos a jugar a los columpios – y la niña asintió.


Gracias por leer... nos vemos en la proxima historia que suba :D

Se despide Luna :D