Naruto es de Masashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener a todos ustedes.

La Historia Original es de Kresley Cole de la novela "Inmortales de la Oscuridad."les recomiendo leer su sagas son súper… y obvio que como son super quise hacer adaptación de una de sus historias en un SASUSAKU

#Libro5.

CAPÍTULO 10

—Sasuke, te veo mal —le dijo Hanabi, sentándose de un salto en el capó del Veyron.

—¿Y eso es nuevo?

—Supongo que sabes que Sakura no confía en ti.

—¡No debe hacerlo! Y en ti tampoco. Así que no me dejes en ascuas, ¿por qué le has mentido?

—Quería ver hasta dónde estabas dispuesto a llegar.

—Voy a seguir adelante con el plan.

Le dio al botón del maletero y abrió su bolsa. Buscó la petaca y la cogió para dar un buen trago de cerveza demoníaca. Por desgracia, tardaría en hacerle efecto, pero seguro que tarde o temprano se sentiría algo atontado.

—¿De verdad crees que serás capaz de entregar a Sakura a un malvado hechicero en vez de hacerla tuya? Has esperado nueve siglos para encontrarla.

—Tengo que hacerlo, aunque no quiero. Dios, no quiero. Pero ahora, esa bruja de Izumi tiene a mi hermano, y le debo tanto a Itachi... Éste es el único modo de compensarlo por todo loque le he hecho. El reino y toda su gente dependen ahora de mí, y sólo de mí.

La verdad de esa frase le alcanzó de lleno en mitad del pecho, como un puñetazo en el plexo solar. «Maldición.» El destino de todos los rothkalianos estaba en manos de la oveja negra de la familia, en el bueno para nada.

«Hablando del asunto...»

—Le dijiste a Itachi que la mortal Tsunade había muerto. ¿Estás segura?

—Pues claro.

Sasuke no se dio cuenta hasta entonces de las esperanzas que había depositado en que no fuera así. «No pienses en eso...» Hanabi se quedó mirándolo.

—He decidido seguirte el juego con Sakura porque estoy convencida de que no serás capaz de entregársela a Orochimaru. Y, no, no he visto el futuro. Es sólo un presentimiento. Y también porque creo firmemente en lo de «educar con mano dura». Necesita que la espabilen, lisa y llanamente, y no se me ocurre nadie mejor para eso que tú.

—¿Qué quieres decir con que «la espabilen»? Sakura es la mujer más lista que conozco.

—Quiero que aprenda a vivir la vida. Quiero que le saques la venda que se ha empeñado en llevar ante los ojos y de la que tanto depende. Creo que eres el tipo de persona adecuado para mostrarle todo lo que no sabe y no quiere saber. Mi sobrina es muy inocente, y llega un momento en la vida de una mujer en que la inocencia equivale a ignorancia.

—¿Cuan ignorante puede ser en los tiempos que corren?

—Ha estado evitando todo lo que pudiera desencadenar sus tendencias valquíricas, todo lo que la excitaba o la ponía nerviosa. En su ordenador tiene un sistema de vigilancia de las página de Internet, y en su casa no tiene satélite. Hasta ahora, su vida ha sido apta para menores. En su intento por controlar dichas tendencias, ha llegado incluso a ponerse enferma.

—¿De eso va ese rollo de controlarlo todo?

Hanabi asintió.

—Y cuando no lo logra, toma pastillas. Lleva horas pidiéndolas.

—Bueno, como tía suya digo que no vamos a dárselas. Seguro que otras valquirias habrán detectado esa energía emergente. Pronto empezarán a buscarla.

—Tienes que distraerlas.

—Lo haré —contestó Hanabi tras un largo silencio.

—Si tú me juras no hacer ninguna parte del viaje en avión.

—Me lo pides porque sabes que así estaré más tiempo con ella y que me enamoraré todavía más; y sabes que al final terminaré por acostarme con Sakura y decidiré quedármela para mí.

—Sí.

—Maldita sea, tardaremos muchísimo en llegar, quizá semanas. El campamento de Orochimaru podría estar en País del Sonido . —Sasuke dio otro trago.

—Y Itachi me dijo que la fecha límite para la entrega es la próxima luna llena. ¿Qué pasará si no llegamos a tiempo?

—Esa es mi condición.

—Así correrá más peligro. Piénsalo... Cuanto antes lleguemos a donde esté Orochimaru, antes estará segura.

—O lo tomas o lo dejas. Pero sin mi ayuda no pasarás de la primera base.

—Está bien —farfulló Sasuke.

—Acepto la condición. —Más tiempo con Sakura. Más tiempo para encariñarse con ella.

En ese preciso instante la muchacha salió del baño. Llevaba el pelo recogido en un moño perfecto, todos sus «talismanes», un jersey de lo más normal, y una de aquellas faldas tubo que se le pegaban a las nalgas y que hacían que todos los hombres que la veían desearan ser el elegido para destapar la pasión que se escondía en aquella mujer de apariencia tan recatada.

Tenía los hombros echados hacia atrás y la barbilla erguida. Había recuperado la seguridad en sí misma. Esa seguridad propia de una mujer atractiva y que a él le resultaba tan sexy. Sasuke quería besarla hasta hacer que se le doblasen las rodillas.

—¿Hacia dónde tenemos que ir? —le preguntó a Hanabi sin prestar demasiada atención. Lo de pasar más tiempo con Sakura cada vez le parecía mejor idea.

—Kokuo —respondió la valquiria.

—Kilómetro setecientos setenta y cinco. Tienes que ir al norte de Inari y buscar a una demonio llamada Indra. Encontrarás más información en el pack de bienvenida que he metido en la maleta de Sakura.

—Aja. —Se tropezó al coger la maleta de la chica, y se juró a sí mismo que se quedaría callado hasta recuperar la compostura, o hasta que le hiciera efecto todo lo que había bebido.

—Quiero hablar con mi tía a solas.

Sakura estaba convencida de que Sasuke se lo discutiría, pero en vez de eso, el demonio se puso un viejo sombrero de piel, farfulló algo sobre que iba a comprar comida para el viaje y que tenía que poner al día a Shisui, y entró en la gasolinera.

—Míralo, con ese sombrero —comentó Hanabi.

—Debería estar prohibido ser tan sexy. —Se quedó mirándolo hasta que desapareció de su vista. Ronroneó y, con movimientos bruscos, se ajustó la espada que llevaba colgada a la espalda.

Sí, quizá Sasuke fuera atractivo, pero seguía siendo un demonio... con cuernos incluidos.

—Los de ahora no son como los de antes —suspiró Hanabi, mirando a su sobrina. Sakura se sorprendió de nuevo al ver lo guapa y peculiar que era su nueva tía.

—Quería darte las gracias por traerme mis cosas, pero ¿a qué viene lo de la ropa interior nueva?

—Toda la que tenías era práctica y de diario. —Puso cara de asco.

—Y a las valquirias nos gustan las cosas sexys y bonitas; tu ropa interior práctica no reunía ninguno de esos dos requisitos.

Así que he decidido regalarte un pastón en cosas nuevas. Sakura necesitaba esa ropa interior tan poco sexy precisamente para eso: para sentirse poco sexy.

—¿Cogiste por casualidad alguno de los botes de pastillas que había en mi casa?

—Ah, ¿te refieres a esos que estaban perfectamente alineados y en grupos de tres? En tu apartamento todo está en línea recta. O en grupos de tres. O en ángulos de noventa grados — comentó la valquiria con sus ojos Perlas mirando, primero hacia el interior de Sakura en busca de su alma, y quedándose después vacíos.

—Lo he pasado muy bien desordenándolos y alterando todos tus patrones de clasificación.

A Sakura le dio un vuelco el corazón. La imagen de su perfecto e inmaculado piso, tal como ella lo había dejado antes de irse, la había ayudado a superar aquella noche. Estaba convencida de que, cuando todo aquello acabara, podría regresar allí y retomar su vida como si no hubiera pasado nada.

—¿Desordenándolos?

Justo cuando creía que iba a vomitar, un rayo iluminó el cielo a su espalda. Hanabi sonrió al verlo, satisfecha consigo misma.

—Ya no necesitas esas pastillas. Las utilizabas para acallar tus instintos de valquiria, porque no los entendías. Pero ahora ya no tienes que hacerlo.

—No, yo quiero anular todo este proceso. Necesito hacerlo. Odio los cambios... no los puedo soportar —dijo, llevándose las manos a la cabeza.

—¿Cuánto tardaremos en llegar hasta donde está ese hechicero?

—Entre una semana y un mes.

—¿De cuánto tiempo dispongo para dar marcha atrás a la transformación?

—Más o menos del mismo. Después, serás una valquiria en toda regla.

—Si las píldoras conseguían acallar mis instintos de valquiria, ¿no podrían retrasar la. transformación? ¿No me darían más margen de tiempo para encontrar al hechicero?

—Es posible. —Hanabi se encogió de hombros y se echó hacia atrás la melena negra más sedosa que Sakura había visto jamás.

—Pero no estoy segura. No tengo ninguna visión, y se me escapan los conceptos farmacéuticos de los humanos.

—Hanabi, por favor, tal vez no lo parezca, pero ahora mismo estoy a punto de tener un ataque de nervios.

—Lo sé —asintió severa.

—En el baño has tenido ganas de gritar y de tirarte de los pelos. Y, querida, ya han mandado a alguien a limpiar todo el estropicio que has hecho.

«¿Cómo lo sabe?»

—Soy adivina, yo lo sé todo.

—Entonces, dime, ¿ese rollo de la Elegida es cierto? —preguntó Sakura.

—Sí, por desgracia lo es. Y será mejor que escojas al padre de tu pequeño con cuidado.

—¿Por qué yo?

—Mala suerte, supongo —contestó Hanabi.

El rostro de Sakura se deformó en una mueca. La mala suerte era algo aleatorio que nunca iba a favor de nadie.

—¿Y si consigo retroceder el proceso de transformación, seguiré siendo la Elegida?

—No creo que eso sea posible. La Elegida tiene que pertenecer a la Alianza Shinobi

—Así que si consigo volver a ser como antes, la gente dejará de tratar de matarme. —Había encontrado el modo de anular aquello. Podía hacer algo para luchar contra el azar.

—En teoría sí.

«El razonamiento es el siguiente: dar marcha atrás a lo de convertirme en valquiria equivale a perder la categoría de Elegida. Es decir, dejar de tener a asesinos inmortales pisándome los talones. y a vampiros atacándome. Eliminar la dicotomía de morir o tener un bebé. Volver a mi vida anterior y doctorarme. A la larga, tener un bebé normal. Nada de seres malignos.»

—Pero creo que, cuando llegue el momento, te gustará más la persona en la que te habrás convertido —añadió Hanabi.

—Al menos serás alguien.

—¿Qué quieres decir con eso?

La valquiria le soltó un mechón de pelo del tirante moño para hacerla rabiar.

—¿Quién eres, sobrinita? No tienes ni idea, pero pronto lo sabrás. —Hanabi le sonrió como si supiera algo que la joven no sabía.

—Bueno, me tengo que ir. Lo de ser una proto-valquiria y adivina sin igual es un trabajo agotador, pero alguien tiene que hacerlo.

—¡Espera! —Sakura la siguió hasta el destartalado Bentley.

—Tengo aún muchas preguntas. ¿Mi madre murió joven? ¿Y quién era mi padre? ¿Cómo puedo ponerme en contacto contigo? ¿Hay más gente como nosotros por ahí? ¿Cómo puedo reconocerlos?

—Todas tus preguntas serán contestadas a su debido tiempo.

Eso en sí ya era una respuesta.

—¡Por favor, llévame contigo! Has dicho que era de la familia. —Y, además, tenía el presentimiento de que si pasaba más horas con Sasuke acabaría por perder el control.

—Si quieres ser una valquiria para siempre, ya puedes meterte en el coche. Nos espera una noche movidita —la invitó Hanabi, señalándole el asiento del acompañante.

Sakura miró el interior del coche y se quedó horrorizada. Estaba lleno de vasos vacíos, globos deshinchados, paquetes de cacahuetes y cajas en las que ponía «¡Peligroso! Goma C-4».

Dio un paso atrás sin darse cuenta. Hanabi siguió hablando sin inmutarse:

—Pero si estás decidida a retroceder la transformación, yo no puedo llevarte hasta donde está Orochimaru. Su campamento permanece oculto, y hay que alcanzar una serie de bases, donde recibir la información necesaria para llegar hasta él. Como mínimo, tardaríamos una semana y, dado que estoy en medio de una Ascensión, ahora no puedo permitirme tomarme tantos días libres.

Piénsalo, Sakura. —La rodeó por el hombro, y con el otro brazo dibujó un círculo frente a ella.

—Una Ascensión, un Apocalipsis; el caos total.

Ella se estremeció.

—¿De verdad quieres que por tu culpa no pueda evitar que eso suceda? —le preguntó Hanabi soltándola.

—Bueno, por supuesto que no, pero...

—Si tan decidida estás a rechazar este regalo, me aseguraré de que Sasuke te lleve sana y salva hasta el hechicero a cambio de su espada. ¿Es eso lo que quieres?

—¡Sí! Pero no quiero estar a solas con él. ¿No podrías encontrar a alguien que fuera menos...?

—¿Atractivo? ¿Sexy? ¿Con unos cuernos que no dieran tantas ganas de besar, o con un acento menos demoledor? —Negó con la cabeza y cerró la puerta del coche.

—No. Sasuke puede mantenerte a salvo. Es fuerte y despiadado.

Sakura se quedó boquiabierta. «¿Cuernos que daban ganas de besar?»

—Oh, casi se me olvida. Hanabi cogió un enorme petate del asiento del acompañante.

—Aquí tienes tu pack de bienvenida. Me tengo que ir. ¡Chao!

—Una última pregunta —dijo Sakura mientras la valquiria ponía el coche en marcha.

—De acuerdo, querida.

—¿Puedo confiar en Sasuke?

Hanabi esbozó una radiante sonrisa que no alcanzó sus ojos dorados.

—Sólo cuando duerma.

Review?