Bueno, como le prometí a Staraky os traigo un nuevo capitulo antes de lo pensado jajajaja
Os dejo con la tan esperada conversación, quizá no es exactamente lo que esperabais pero espero que os sorprenda un poco
Como siempre muchas gracias por leer y seguir este fic, me encantan vuestras reviews y DMs, son lo que hacen que tenga más ganas de seguir con esto
En fin...disfrutad =)
Capitulo 11
- ¿No deberías ir a detener al sospechoso nuevo? – pregunté intrigada.
- No, los chicos pueden encargarse de eso – dijo ella sin pestañear - ¿vamos a la sala de descanso? – hizo un gesto con la cabeza como queriendo indicar la dirección hacia la sala.
- Claro – tragué saliva.
Nos dirigimos las dos juntas hacia la sala, sin mediar palabra. Entré primero y Beckett cerró la puerta tras de sí.
Nos quedamos paradas, una enfrente de la otra, algo alejadas, y por nuestras caras, parecía que ninguna de las dos sabía muy bien qué decir.
- Castle yo…- empezó a decir Beckett dubitativa.
- ¿Quieres un café? – la interrumpí nerviosa – yo necesito uno urgentemente – dije yendo directamente hasta la cafetera y poniéndome a ello.
- Si… - dijo colocándose un mechón de pelo detrás de la oreja.
El silencio volvió a reinar entre nosotras, estaba de espaldas a Beckett pero podía notar sus ojos clavados en mí. Oía su respiración agitada, nerviosa, como si quisiera decirme mil cosas pero no supiera por dónde empezar.
Acabé de hacer los cafés y los llevé hasta la pequeña mesa que había en la sala. Aparté la silla para después sentarme en ella, miré a Beckett y con la mirada le indiqué que ella hiciera lo mismo. Se sentó frente a mí, cogió el café, y le dio un sorbo.
- Gracias – dijo mirándome con una sonrisa – yo…- siguió diciendo bajando la mirada – quería pedirte perdón Castle – suspiró con voz tímida.
La expresión de mi cara cambió, pasó de preocupación a sorpresa. No era capaz de articular palabra, que me pidiera ella perdón era lo último que esperaba.
- La manera en la que me fui de tu casa no fue la correcta.
- Intenté seguirte pero… - no supe cómo seguir la frase.
- Actué como una niña pequeña Castle, y de verdad quiero pedirte perdón.
- La que debe pedirte perdón soy yo – solté finalmente – creo que he confundido las cosas y lo único que he conseguido ha sido violentarte.
- Mira Castle, con esto no quiero excusarme por mi reacción pero… - inspiró profundamente como si lo que fuera a soltar fuera una bomba – hace relativamente poco que he salido de una relación larga y difícil, con un hombre – puntualizó.
- Beckett no te estoy pidiendo explicaciones – dije poniendo mi mano sobre la que ella tenía libre, con la otra sujetaba el café.
Ella miró nuestras manos, por un segundo sentí miedo por volver a cagarla pensando que iba a apartar la mano, pero no lo hizo.
- Lo sé, pero creo que te las debo – dijo levantando de nuevo la mirada hacia mí – Yo…yo… - quería decirme algo pero no se atrevía a soltarlo - no quiero que cambien las cosas entre nosotras, sé que hace muy poco que nos conocemos, pero me gusta estar contigo y…
- A mí también Beckett – volví a interrumpirla, los nervios podían conmigo.
- No puedo negarte que…que… - decía entre suspiros de nerviosismo, yo estaba alucinada porque por primera vez, la veía insegura en algo – que me guste jugar un poco, y a veces no pienso en las consecuencias de lo que digo.
- Beckett, está bien, tranquila, la verdad es que tus comentarios son lo mejor de mi día – dije sonriéndola con toda la sinceridad del mundo.
- Me alegra saberlo – dijo sonriendo por fin, como si mi respuesta la hubiera tranquilizado.
Aún así, no me atrevía a mencionar lo del beso, y por lo que veía ella tampoco.
- ¿Has estado alguna vez con una mujer? – preguntó de golpe cambiando radicalmente de tema y haciendo que mi corazón diera un vuelco.
- Hace escasos días ni siquiera me planteaba que pudiera gustarme una – acto seguido me tapé la boca, cómo si eso pudiera impedir que Beckett me hubiera escuchado decirlo.
Ella levantó la ceja y se mordió la mejilla por dentro, ahí estaba otra vez, esa Beckett segura que tanto me ponía, como si la conversación hubiera empezado ahí y todo lo dicho antes no importara nada.
- Sabes Castle, después de pensarlo mucho, y créeme cuando digo mucho – dio un último sorbo a su café - me es imposible negarte que entre nosotras hay algo, no sé el qué, es muy pronto para saberlo – se levantó de la silla, se dirigió hacia la puerta y la abrió.
Se giró de lado, volviéndose a mirarme de nuevo.
- Pero tenemos todo el tiempo del mundo para averiguarlo – puso una expresión traviesa y se fue.
Mi cara era un poema, mi boca se abrió de golpe mientras mi mente intentaba analizar cómo había llegado la conversación seria que estábamos manteniendo a ese punto. Yo pensando que ella tendría el cabreo del siglo por que intenté besarla, y en vez de eso, acaba dejándome más confundida y con cara de tonta.
Me quedé ahí sentada, bajé la vista hasta mi taza, mirándola cómo si el poso del café pudiera darme todas las respuestas que necesitaba.
Beckett había dicho que su última relación fue con un hombre, pero decía que había algo entre nosotras, dándome a entender que sí le gustaban las mujeres, o al menos yo. Ella preguntó si había estado con alguna mujer, pero idiota de mí y de mi falta de reacción, yo no se lo había preguntado, cuando la respuesta podría haberme ayudado muchísimo.
Respiré hondo, y decidí poner rumbo a mi lugar de trabajo.
De camino a mi mesa, me encontré con Beckett sacando las fotos de la pizarra de investigaciones para meterlas en una caja y archivarlas.
No pude evitar que se me fuera la vista a su culo, esos pantalones le hacían un culo increíble. Ella se giró y me pilló mirándola de pleno, sonrió pícaramente mientras movía suavemente la cabeza como si estuviera pensando que yo no tenía remedio.
Me senté en la silla intentando no mirar más a Beckett, cogí varios papeles, y me puse a leerlos atentamente. Pero a los pocos segundos, no pude evitar mirar de reojo disimuladamente hacia ella, la verdad es que esa situación me divertía, después de la tensión vivida el día anterior y esa misma mañana, poder mirarla y no sentirme culpable era la mejor sensación del mundo.
Seguí con el papeleo, leyendo y archivando hasta que volví a mirar de reojo y no la vi.
- ¿Me buscabas Castle? – levanté la cabeza y me encontré a Beckett enfrente de mi mesa, con los brazos cruzados y mordiéndose el labio con expresión divertida.
- ¿Qué? ¿Yo? ¡Qué va! – dije llevándome una mano al pecho como si su pregunta me hubiera ofendido – estoy aquí leyendo atentamente estos interesantísimos informes, detective – dije levantando las hojas de papel que tenía en la mesa.
- Castle, te he pillado todas y cada una de las veces que me estabas mirando, eres la persona menos disimulada del mundo.
- Eso no es cierto detective, yo no le estaba mirando, solo contemplaba la comisaría para descansar la vista de estas hojas.
Beckett se rió de manera irónica y rodó los ojos.
- Admite que no puedes sacarme los ojos de encima Castle – dijo apoyándose en mi mesa y mirándome intensamente a los ojos.
- Detective, como siga así, voy a tener que ir a hablar con Gates sobre acoso laboral – dije acercándome un poco más a ella y mirándola con la misma intensidad.
Ella rodó los ojos de nuevo y se incorporó.
- Entonces deberíamos dejar el entrenamiento, no vaya a ser que pienses que te acoso – dijo poniéndose seria.
- No, no, perdona, yo no quería… - dije cambiando mi cara de golpe mostrando arrepentimiento por mis palabras.
Beckett se rió.
- Eres tan fácil de domesticar Castle.
- Serás… - dije mostrando algo de rabia por cómo me había tomado el pelo.
- Nos vemos esta noche en el gimnasio – dijo alejándose.
- Eso si voy – contesté alzando la voz para que me oyera.
- Sabes que lo harás Castle, sabes que lo harás – dijo convencida sin girarse.
Me mordí el labio intentando controlar mi sonrisa. La felicidad por ver que las cosas entre nosotras volvían a la normalidad reinaba en mí. Pero en el fondo, me asustaba un poco ver el poder que Beckett empezaba a tener sobre mí. Dejé de lado ese pensamiento y seguí trabajando.
Cómo acabé un poquito antes de lo previsto y Beckett aún tenía algo de trabajo que hacer, me fui a casa andando a buscar la bolsa con la ropa de deporte. El rato que tardé entre ir y volver fue algo largo, así que cuando llegué de nuevo a la comisaría, Beckett ya había acabado.
Apenas había alguien en la comisaria, de hecho, solo me pareció ver al conserje y alguna que otra luz en los despachos, no vi a Beckett por ningún lado, así que me dirigí directamente al gimnasio.
Cuando entré, no había nadie, pero vi la luz del vestuario encendida y oí una dulce voz cantando una canción que no reconocí. Me paré un instante y cerré los ojos, dejando a mis oídos disfrutar con esa dulce melodía y a mi cuerpo dejándose llevar por las notas que salían de la garganta de Beckett.
Respiré hondo y continué mi paso hacia el vestuario, pero estaba tan ensimismada por la voz de Beckett, que no me di cuenta de que justo delante de mí había una especie de barra en el suelo, haciendo que tropezara torpemente, cayéndome de espaldas, pegándome el tortazo del siglo y por supuesto, haciendo un estrepitoso ruido.
- ¿Castle eres tú? – preguntó Beckett saliendo del vestuario.
Cuando me vio en el suelo, su primera reacción fue correr hacía mi y agacharse a mi lado.
- ¿Te has hecho daño? – preguntó con preocupación.
Levanté la mirada hacia ella, con la cara como un tomate.
- Eh yo…yo… - me moría de la vergüenza – había una barra…y… - ni siquiera conseguía decir algo coherente.
- ¿Te has tropezado con esa barra? – dijo señalando la asquerosa barra que me estaba haciendo pasar el momento más vergonzoso de mi vida.
Afirmé con la cabeza tímidamente, seguía sin ser capaz de decir nada más.
- Hay que mirar al suelo Castle – se le escapó una risa divertida y me ayudó a levantarme dándome la mano.
Pude contemplar como Beckett se había hecho una coleta alta, llevaba una camiseta de tirantes blanca algo escotada, haciendo que mis ojos se perdieran un segundo en su insinuante escote. Además llevaba unos shorts negros de deporte bastante ajustados y cortos, que dejaban a la vista sus moldeadas y largas piernas que acababan en unas deportivas también blancas.
Por suerte al ser el golpe de espaldas, la prótesis no se había movido de su sitio, pero tenía un dolor horrible a la altura de las lumbares.
- En qué estarías tú pensando para no darte cuenta de lo que tenías delante.
- Es que yo…te…te…- seguía nerviosa por lo que acababa de pasar.
- Castle respira y cálmate, que pareces tartamuda – dijo riéndose de nuevo completamente divertida por la situación – ahora en serio, ¿te has hecho daño?
- Un poco si – dije por fin.
- ¿Prefieres que dejemos el entrenamiento para otro día? – preguntó poniéndose algo seria.
- No, solo ha sido el golpe, seguro que se me pasa rápido.
- ¿Dónde te has dado? – preguntó interesada.
- En las lumbares.
Sin pensárselo dos veces, levantó ligeramente mi camiseta por la parte de atrás y puso su mano suavemente en mi zona lumbar. Noté su mano algo fría sobre mi piel, haciendo que se me pusiera la piel de gallina, aunque debo confesar que no solo fue por la sensación de frio sobre la zona afectada, si no que sentir su suave caricia sobre mi cuerpo desnudo, provocó de nuevo esa sensación de electricidad recorriendo todo mi ser.
- ¿Justo aquí? – preguntó mirando mi espalda – lo tienes un poco rojo, voy a buscarte algo de hielo – dijo sacando su mano y saliendo del gimnasio para ir abajo a buscarlo a la nevera de la sala de descanso.
Mi cuerpo se quedó inmóvil, y abrí la boca soltando todo el aire de golpe, como si llevara aguantando la respiración desde que puso su mano sobre mí. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta de que Beckett había vuelto, y sin decir nada, levantó de nuevo mi camiseta y me puso el hielo encima, haciendo que gritara repentinamente del susto por la sensación helada.
Ella empezó a reírse a carcajadas.
- ¡Joder Kate avísame antes!, casi me da un infarto – dije reaccionando.
- Eres peor que una niña pequeña Castle – dijo achicando los ojos y negando con la cabeza – si no estuvieras tan distraída con vete a saber que, te hubieras enterado de mi vuelta.
- No estaba distraída, solo estaba pensando en… - me callé de golpe, había estado a punto de decirle que estaba pensando en lo que su caricia había provocado en mí.
- ¿En qué Castle? – preguntó poniéndose delante de mí, manteniendo el hielo envuelto en un trapo sobre mi espalda, lo que provocaba que estuviéramos muy cerca.
- Yo… - no pude evitar que mis ojos se dirigieran directamente a sus labios, tan cercanos a mí en ese instante.
Tragué saliva sonoramente, podía notar como mi corazón pedía a gritos salirse de mi pecho. No, esta vez no iba a cagarla de nuevo, no ahora.
Levanté de nuevo la vista hasta sus ojos, seguía mirándome en silencio, esperando una respuesta por mi parte. Podía notar por su respiración que también estaba algo nerviosa, aunque intentaba disimularlo con su expresión dura y su mirada interesante, incluso levantó una ceja, mostrando que empezaba a impacientarse.
- Nada, estaba pensando en algo que he leído antes en un informe – dije intentando salir del paso.
Giré el brazo hasta poner mi mano encima de la suya, que seguía en mi espalda.
- Dame, ya lo aguanto yo – dije consiguiendo que sacara su mano.
Me separé de ella, cogí con la otra mano la bolsa que estaba en el suelo debido a mi repentina caída y fui hacia el vestuario con paso firme.
Ella debió de quedarse ahí plantada, porque hasta que no estuve vestida del todo, no la vi entrar.
- ¿Estás mejor? – preguntó viendo que me había sacado el hielo.
- Si, gracias, el hielo ha ayudado mucho – dije sonriéndole como muestra de agradecimiento.
- Cuando quieras empezamos.
- ¿Puedes ayudarme? Necesito atarme los cordones, aún me molesta un poquito la espalda y no puedo agacharme.
- Claro – dijo acercándose a mí.
Se agachó a mis pies y me ató los cordones de ambos lados, ya que aunque llevara la prótesis, usaba los dos zapatos. No pude evitar mirar su escote embobada mientras lo hacía.
- Esto ya está – dijo incorporándose - ¿Vamos? – dijo ofreciéndome la mano para que me levantara del banco en el que estaba sentada.
Le agarré la mano, me levanté y volvimos al gimnasio. Beckett cogió una de las colchonetas y la colocó en el suelo, cogió un cojín que había encima de un taburete y me miró.
- Bueno Castle, hoy vamos a hacer unos ejercicios que también deberás hacer en casa dos o tres veces por semana, te van a servir para ejercitar la musculatura del muslo y que te sea más fácil caminar e incluso en poco tiempo, correr – dijo a modo de explicación, parecía una profesora y me provocó una risa que no pude disimular.
- Perdón – dije intentando para mi risa.
Ella alzó una ceja como si no entendiera porque me reía.
- ¿He dicho algo gracioso? – dijo poniendo sus brazos en jarra en los laterales de sus caderas.
- No, no es eso, es que te pones muy mona cuando te sale la vena profesora – dije con toda sinceridad entre risas.
- Va Castle, estate atenta que esto es importante para tu recuperación, sobre todo si queremos que te incorpores pronto.
- Vale, vale, ya paro – dije intentando ponerme seria.
- Hoy necesito algo muy importante de ti.
- ¿El qué? – pregunté intrigada.
- Qué confíes plenamente en mí y me dejes tocarte donde tú ya sabes.
- ¿Cómo? ¿Quieres meterme mano? – dije divertida volviendo a reírme sin parar.
- No me refería a eso Castle, necesito que me permitas verte sin la prótesis.
Se me cortó la risa de golpe y mis ojos se abrieron como platos. No estaba preparada para escuchar eso.
Vaya, vaya cuando parece que todo empezaba a ir bien...ZAS! vuelven las inseguridades...¿Cómo reaccionara Rose? más, en el próximo capitulo!
No os cortéis con vuestras Reviews! me encantaría que todos y cada uno de los lectores me diera su opinión, sea buena o mala!
