10.- Entre tulipanes y Nomeolvides.

- creo que deberías levantarte.- le murmure yo juguetona al oído.

- mmm.- murmuro el abriendo los ojos.- que guapa estas.

- aja.- le dije yo sonriendo mientras entraba al baño.

- te quedaría bien el pelo rubio.- me dijo el, que aparentemente estaba frente a la puerta del baño.

- y también un tatuaje en la frente que diga "me vendo"- bromee yo, causando carcajadas de Sirius.

- no necesitas el tatuaje, se te nota.- rió el.

- imbecil.- le grite yo riendo.

- ¿Qué haces aquí?- escuche que pregunto la voz de Annelise desde fuera.

- hey Lise, se que te debo una disculpa.- comenzó el moreno.

- cállate.- le espeto ella mientras oí que tomaba algunas cosas y salía por la puerta, no sin antes azotarla.

- mmm.- murmuro Sirius mientras yo salía del baño.

- le debes un gran disculpa.- dije yo.

- ni siquiera sabes por que.- dijo el de mal humor.

- ¿ah si?... te recuerda a algo la frase, "te amo mas que a mi propia vida"- le pregunte yo.

- son una cuerda de chismosas.

- aja… donjuán frustrado.

- quisieras tu.- dijo el.

- ¿si?... dime, ¿Cuántas veces le pusiste el cuerno a Elisa?- dije yo comenzando con una pelea acalorada.

- ¡ninguna!- me grito el furioso.

- ah si… ¿y las veces que me besaste aun siendo su novio no cuentan?

- vale Miriam, ganaste… ¿quieres que te de un trofeo?- me pregunto con amargo sarcasmo.

- eres un imbecil.- le grite a todo pulmón.- y el trofeo te lo puedes meter por el culo.

- cállate pelirroja.- me espeto el.

- aja Black…- le dije yo y salí del cuarto.

Como le odie en ese momento, pero algo me distrajo de mis pensamientos, unas voces.

- ¿estas loca?- pregunto la primera voz, masculina, dulce, se me hacia vagamente conocida.

- para nada ¿y tú?- pregunto la segunda voz, de mujer, empalagosa y manipuladora.

- esto no puede seguir así.- intervino la voz con parcimonia.

- pero Remus…-comenzó la segunda.

- nada Corinne, ya de nada sirve que te escondas detrás de tu mascara y llores lagrimas de mentira, todo se acabo ¿entendiste?

- mi amor.- sollozó la voz.

- eso quedo en el pasado.- musito Remus saliendo del aula, yo estaba escondida detrás de una columna.

La rubia corrió detrás de el.

- mi amor, por favor, Remus…- imploro ella tratando de besarle.

- Corinne, ten un poco de dignidad.- le dijo el alejándose.

Como me reí viendo esa escena, y al final de todo, si, ella era una tremenda farsante, menos mal que Remus tuvo un poco de juicio y se dio cuenta.

La típica chica débil y inútil que se refugia en el inocente que cree sus engaños.

- Remus.- le alcance yo

- Miriam.- dijo el con una sonrisa.

- ¿Qué ha ocurrido?

- nada, solo Corinne y yo cortamos.

- ¿alguna razón en especial?- pregunte yo.

- no, solo me di cuenta de que no era la persona indicada para mi.

- ojala encuentres a la indicada.- le dije yo con una sonrisa.

- no me vendría nada mal.- dijo el.- ah por cierto, ¿quieres venir a jugar cartas hoy por la noche en el lago?

- yo… no se jugar cartas.- dije yo

- puedes aprender.- respondio el.- dile también a tus amigas.

- vale.

- entonces, hoy a las 9:00.

- a las 9:00.- repetí yo mientras lo anotaba mentalmente.

- bueno, tengo que irme.- dije, mientas me despedía.

- chao.- dijo el, mientras comenzaba a caminar.

Faltaba poco para la noche, las clases del día de hoy habían sido tan insoportables que me las salte todas, solo 1 maldita semana para los malditos EXTASIS.

No me apetecía para nada entrar en la sala común, vería a todos los tarados ravenclaws estudiando y me vendría un remordimiento de conciencia, si es que algún día tuve una.

Tampoco quería subir a mi habitación, probablemente me encontraría a Adrienne y Tina, les diría lo de la noche y me dejarían sola mientras se pavoneaban por el colegio con cara de soy-mejor-que-tu y contándole a todas las chicas que los merodeadores las invitaron a jugar cartas, solo por el mero gusto de ver sus caras de envidia.

Fui a mi lugar preferido para esconderme del mundo, pero no el mas agradable. El baño de Myrtle la llorona.

Entre por la puerta mientras pisaba la fría y mojada losa de piedra antigua que resonaba bajo mis pasos.

Escuche a alguien repitiendo algo por lo bajo insistentemente.

- ¿Miriam?- inquirió una voz dulzona mientras yo me daba la vuelta.

- Lils, ¿Qué haces aquí?- dije con creciente asombro mientras miraba a la figura pelirroja sentada en el piso, rodeada por montones de libros, tinteros y trozos de pergamino.

- oh, hago mis resúmenes para los EXTASIS, en la biblioteca es imposible.

- peculiar lugar.- reí yo.- ¿Lily, que es eso que sobresale de tu bolso?- pregunte viendo la brillante y pequeña piedrita.

- ¿me guardas un secreto?- pregunto.

- claro.- dije.

- James y yo nos comprometimos anoche.- dijo con emoción.

- ¡Lily!- grite yo abrazándola.- ¡felicidades!

- gracias.- sonrió ella, mostrándome el anillo con un diamante en el centro.

- que genial.- reí yo, imaginando a los hijos de James y Lily, pelinegros y ojiverdes, definitivamente serian un encanto.

- y…-empezó ella.- ¿Qué viniste a hacer aquí?

- es me lugar preferido para…- me detuve, pensando que a Lils no le haría ninguna gracia la palabra "fumar".- arreglarme el pelo.- termine, saliendo del apuro.

- ahh.- dijo ella, dudosa.- estos EXTASIS me tienen neurótica.

- jajaja.- dije yo soltando una risa nerviosa.

- ¿a ti no?- pregunto ella.

- emm…la verdad Lils, no he abierto un libro.

- ¡ESTAS LOCA!- exploto Lily.- ¿quieres mis resúmenes para estudiar?.

- tranquilízate Lilian, mi memoria es fotográfica.

- ¿ahh?- pregunto ella confundida

- es una forma de decir que al ver una pagina la memorizo al instante.

- genial.- dijo ella, abriendo sus ojos de par en par.

- ¿Por qué otra cosa crees que soy ravenclaw?- bromee yo.

- ni idea.- me dijo ella.

- bueno, Lils, creo que me voy.- dije.- tengo que ir a jugar cartas con los chicos.

- oh yo no voy a poder ir, me queda tanto por hacer…- me dijo con una mirada desilusionada.

- vamos, ven, por una noche no pasa nada.- dije yo.

- no lo se…

- mira, si quieres cuando llegamos estudias toda la madrugada, cosa que no es nada necesaria por que eres un genio atrapado en una terca cabeza pelirroja.

- vale…- dijo ella, sonriendo y jugando con el anillo de compromiso entre sus dedos.

- vamos.- dije yo, jalándola de un brazo.

- ¡Miriam!- gritaron 4 voces al unísono.

- chicas, están invitadas a jugar cartas con los merodeadores, vengan.- dije yo con fastidio mientras tapaba mis oídos para evitar los grititos de emoción que lanzarían Adie y Tina.

Lily me miro con cara divertida.

Bajo el gran árbol donde siempre se recostaban los merodeadores estaban James y Remus, charlando y riendo.

- ¡hey!- grito James, sonriéndonos.

- hola.- dije yo, saludando con los acostumbrados dos besitos a los dos merodeadores, percatándome de la ausencia de cierto individuo de ojos grises.

- ¿Dónde esta Sirius?- pregunte con un tono de casualidad.

- es que te trae loquita Miriam.- bromeo James, revolviéndome el pelo, tal como le hacen a los niños pequeños.

- no es cierto.- proteste yo cruzándome de brazos.

- ya cállate, mi amor.- dijo Lily plantándole un beso a James, cuando se dio cuenta que iba a abrir la boca.

- genial…- murmuro James con ojos soñadores mientras miraba a su querida pelirroja.

- ah chicas, se nos perdieron las cartas.- dijo Remus con cara de inocencia.

- pero tenemos whisky de fuego.- inquirió James, sacando 4 botellas de debajo de su capa.

- James…- protesto Lily, cuando se vio acallada por un beso de James.

Como que eso de callar a la gente con besos se esta volviendo moda.- pensé para mi misma.

- bueno…¿Quién se anima?- pregunto Remus, sirviendo con la varita siete vasos.

Yo fui la primera en tomar uno de los vasitos que contenían aquel líquido ambarino.

Todos, después de mi tomaron un vasito, y entre risas y whisky pasamos la noche…

- creo que deberías subir, Miriam.- dijo Remus que era el unico que estaba un poco cuerdo.

Lily y James estaban abrazados en el piso mientras dormitaban como dos pequeños bebes y mis cuatro locas amigas estaban despiertas, con los ojos ligeramente desenfocados, común en la gente ebria, murmurando cosas inteligibles, las cuatro botellas estaban tiradas en el césped, totalmente vacías.

- no quiero subir.- proteste yo, algo mareada.- Remus ¿Por qué no haz tomado nada?

- eh… no me gusta el alcohol, pero tu fuiste la que mas tomo, y estas mas lucida que todos ellos.

- costumbre.- sonreí yo encogiéndome de hombros.

- ¿quieres que te acompañe arriba?- pregunto Remus con un tono de suplica.

- vale.- dije yo parándome apoyada en sus hombros.

Me acompaño a subir las escaleras y me dejo en la puerta de mi dormitorio pidiéndome que no hiciera ruido, y que prendiera la luz antes de dormirme, pues la túnica que llevaba estaba mojada por el rocío y el no quería que amaneciera con un resfriado.

Vi su silueta desvaneciéndose en la oscuridad mientras yo prendía la luz y me encontraba con una agradable sorpresa.

Sobre mi cama habían Tulipanes púrpuras, de mi color preferido y también unas pequeñas Nomeolvides azules.

Había una hoja de papel con un boceto, lo mire.

Era un retrato, una chica pelirroja con una nariz graciosa y bonita, llena de pecas, unos labios carnosos y unos pequeños hoyuelos dibujados en sus mejillas, que se formaban por su dulce sonrisa, a su lado, un chico con cabello negro y sedoso, una nariz perfecta y unos labios tan seductores que daban ganas de besarlos a cada segundo.

Éramos el y yo, agarrados de la mano paseando por el lago.

Unas lágrimas se escurrieron por mis ojos, quemando mis mejillas.

El dibujo estaba firmado y había una pequeña notita.

"Nunca me olvides". Sirius Black.

La sorpresa me hizo llorar durante algunos minutos, el por que lloraba no lo sabia a ciencia cierta, pero algo sabia, y aunque me odiara por eso, me iba a ser imposible olvidarte, Sirius Black…