DESDE QUE VOLVISTE DEL INFIERNO
(La mirada de Sam)
"Family Remains"
¡Cómo he estado tan ciego! Estaba recibiendo pistas todo el tiempo y me resistía a aceptarlas. Es mi culpa haberle dejado llegar hasta aquí sin intentar hacer nada por ayudar.
Quiero creer que podré hacer algo, que no está tan mal, que lo superará. Pero no sé cómo actuar, cómo decirle que puede contar conmigo para lo que sea, como siempre.
Desde que me contó lo que le ocurrió allí abajo, lo que hizo… Es como si fuese incapaz de descansar, apenas duerme si no está conduciendo. Cuando a base de insistir consigo que pare en una cuneta, en lugar de echar una cabezada se pasa el rato buscando un caso detrás de otro.
No le importa mentirme, no le importa nada más que trabajar y trabajar, sin descanso. Estas dos últimas semanas actúa como si no me hubiese contado nada, como si todo estuviese bien. A veces tengo la sensación de que no volverá a estarlo nunca.
Los últimos trabajos sumergen a Dean en una depresión que oculta a base de bebida y más trabajo. Como si cada persona que salvan le salvase a él. Por eso, cuando fallan, cuando llegan tarde porque es imposible llegar a tiempo, una amargura insondable rodea al pecoso haciendo que su hermano se desespere.
Sam sabe que el atormentado cazador sólo tiene un poco de paz cuando están trabajando. Por eso se había mordido la lengua durante varias semanas esperando que ese torbellino de culpabilidad se vaya apaciguando. Lo hace, la furia está disminuyendo, pero lo que no disminuye es la desesperación que va hundiendo a su hermano más y más.
Apenas ha dormido dos horas. El castaño abre los ojos y ve que Dean está leyendo en la oscuridad, con una linterna. Le ha mentido, nuevamente, dijo que estaba cansado, reclinó el asiento y cerró los ojos. Posiblemente fingió hasta que Sam se quedó dormido.
Por un lado querría gritarle que no conseguirá nada si sigue haciendo eso, pero no puede porque ¡Es el infierno lo que tortura a Dean! Lo único que puede hacer es estar a su lado.
Llegaron a ese pueblo de Nebraska dónde, al parecer, un espíritu furioso mató a un hombre en una habitación cerrada. Salvo el hecho de que la principal sospechosa fue incinerada todo calza a la perfección con su hipótesis del fantasma vengativo.
El problema es que la casa que tienen que "limpiar" ha sido vendida y sus propietarios aparecen entorpeciendo su trabajo. Se quedaron en la calle, ocultos de la vista de esa familia, vigilando para interceder ante cualquier cosa extraña.
El trabajo se complicó, no se trataba de un fantasma sino de algo mucho más terrorífico, un par de personas enloquecidas por un trato cruel e inhumano. Pocas veces se habían enfrentado a personas, sin ningún tipo de magia de por medio.
Como decía Dean en casos así, "¿Los monstruos? ¿Los fantasmas? Vale, tienen reglas… ¿los humanos? Los humanos están locos".
Pero salvaron la vida a esa familia, no a todos… pero ese matrimonio y sus dos hijos estaban vivos, no habían podido hacer más.
Sam Winchester lleva días tratando de convencer a su hermano de que no es el monstruo que cree ser ahora. Tratando inútilmente de hacerle reconocer que hicieron cuanto estuvo en sus manos. Que no podrían haber salvado a esos hermanos encerrados y torturados hasta la locura homicida que los llevó a la muerte.
- Era demasiado tarde para ellos, Dean – repite por enésima vez temiendo por dónde van los tiros.
- Eran sólo críos, Sammy, no conocían nada más, ni siquiera tuvieron una oportunidad de ser personas – el mayor se mira las manos y Sam es capaz de saber que sólo ve sangre en ellas - ¿y si seguimos trabajando?
- Dean.
- Sam, por favor – El castaño duda un segundo entre hacerle hablar o darle una tregua, pero no es su decisión – por favor, ya es demasiado duro.
- No eres un monstruo, era el infierno Dean, no tenías elección.
- La tenía, la tomé, me convertí en uno de ellos – lo mira con ese vacío insondable que habita dentro de los ojos de su hermano desde que volvió.
- Si fueras uno de ellos no tratarías de salvar a toda la gente que encuentras en tu camino, no intentarías detener el Apocalipsis – Sam contiene el impulso de apoyar sus manos en los hombros de Dean, sabe que le rechazaría – lo que sientes ahora irá perdiendo intensidad, no digo que lo vas a superar fácilmente, pero lo harás, y lo harás porque eres mucho mejor de lo que crees.
Sam sabe que sus palabras no son tenidas en cuenta, pero espera que pueda procesarlas y asimilarlas como ciertas. Dean no insiste, ¿qué sentido tiene? Ninguno es capaz de convencer al otro. La lluvia cae torrencialmente fuera del puente bajo la autopista. Los dos, sentados en el quitamiedos de la carretera observan como el mundo se emborrona, volviéndose gris y frío.
El castaño comprende a su hermano mayor mejor de lo que cree. Comprende la desesperación, hacer cualquier cosa para que el propio dolor desaparezca, saber que estás haciendo algo que está muy mal, y sentirte bien haciéndolo porque disipa los miedos y no hay más que esa percepción de poder ocultando la soledad, el miedo, el abandono.
Continuará...
