Hola. Lamento la tardanza xD Pero he estado un poco ocupada, sigo abajo y les dejo la segunda parte.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, ni sus personajes, son de Masashi Kishimoto.


La nieve caía en tormenta y Matsuri caminaba sin rumbo alguno. El aire le calaba los huesos y sentía esa terrible sensación de derrota en el alma. Sus suspiros salían como vapor de su boca, rompiendo el viento frío de un tirón.

Ya no lloraba. Las lágrimas secas en sus mejillas formaban líneas hasta su barbilla, donde se perdían irremediablemente, sus ojos negros buscaban un lugar para descansar, para dejar de sentir frío.

Era lo único en su mente. Ya no había más Gaara, ni anhelantes pensamientos sobre estar en casa con sus amigos, no había nada en su cabeza más que el atosigante deseo de calentarse, de descansar un poco.

Trastabilló sobre la nieve y resbaló, golpeándose el codo y la frente contra la congelada superficie, unas gotas de sangre cayeron de ella y la joven llevó su mano enguantada a la herida. No era profunda, sin embargo le ardía.

Se sentó, sintiendo sus extremidades entumecidas y frías protestar por la acción, y abrazó sus piernas, cansada y harta.

Bien hecho, Matsuri.

No podía luchar más, se daba por vencida. El sueño comenzó a cerrar sus párpados, y ella sabía que era el final. Si se quedaba dormida, lo haría para siempre.

De pronto, una sombra se acercó a ella lentamente, bailaba sin pies y el viento no parecía afectarla. Matsuri sólo podía ver sus manos, sus blancas y delgadas manos descubiertas y llenas de cicatrices.

Es la muerte. Ha venido por mí.

La sombra llegó hasta ella y dirigió una mano a su cara, acariciándola con ternura.

—Qué horrible te ves, Mats. Parece que te vas a morir.

Las palabras sonaron como ecos lejanos, y Matsuri cerró los ojos.

...

Despertó.

Habían pasado quizá cinco o tal vez ocho horas. Pero Gaara sabía que había estado dormido y que alguien lo había llevado lejos de su posición inicial. Sólo pudo comprobarlo al abrir los ojos y ver la luna en el cielo, sin nieve alrededor de él, ni un rastro.

—Ya anocheció —se dijo a si mismo mientras se sentaba en el pasto, acariciando las fibras verdes con los dedos—. ¿Quién me trajo aquí?

Buscó con la mirada algo que le dijera lo que pasaba, sin embargo, sólo podía ver aquellas murallas de rosas.

Estaba en un laberinto y las paredes eran flores. Podía olerlas. Eran frescas y alcanzaban al menos tres metros de largo, enredadas entre sí, impedían ver más allá. Gaara observó las pequeñas espinas que habían sido camufladas en un principio por las hojas verdes de las rosas.

No llevaba su calabaza, y no sentía fuerza en su cuerpo, como cuando acababa de ser revivido. Lo único que recordaba era haber estado congelado en su sitio, sin poder seguir a Matsuri ni hablarle. No entendía lo que pasaba, pero sabía que tenía que actuar rápido. Se levantó con dificultad y se palpó el cuerpo, al llegar a los bolsillos traseros de su pantalón, encontró la superficie rugosa de una hoja de papel.

"Sal del laberinto antes del ocaso"

Arrugó el entrecejo, mientras alzaba los ojos y buscaba más respuestas. Quien fuera que estuviera jugando con él, era astuto y el pelirrojo no podía subestimarlo.

Caminó tres pasos y luego cayó, apoyándose sobre la muralla. Las espinas le hicieron sangrar la palma de la mano y tembloroso observó los finos hilos de sangre caer por su muñeca, suspiró y luego se enderezó, de pronto observando otro papel metido entre el arbusto.

"Las rosas son venenosas, si no tomas el antídoto de la cabaña que está fuera, morirás"

Gaara miró de nuevo hacia el cielo, la luna lo miraba con calma, serena y tranquila como siempre.

—Mierda.

Una voz peligrosamente parecida a la de Temari lo regañó en su cabeza. La silenció. No le importaba soltar palabras así, estaba a punto de morir, haría lo que él quisiera.

...

Se levantó del futón donde se hallaba, las gruesas mantas le pesaban, pero ya no sentía frío.

Las estrellas decoraban el cielo negro, pintando estelas blancas y brillantes, y la luna sonreía a la castaña con amabilidad. Sin embargo Matsuri no podía encontrar la paz en su perlada armonía.

No sabía qué había pasado ni porqué estaba ahí. Miró a su alrededor, parecía la habitación del hotel, sin embargo esta era una cabaña solitaria y pequeña, con una puerta corrediza de bambú entrecerrada.

Se levantó y miró por la rendija, el aire movía suavemente el pasto y los dientes de león y la noche hacía cantar las cigarras. Unas luciérnagas a lo lejos se movían tranquilas encima de un estanque.

—¿Dónde estoy?

—A salvo, por ahora.

La voz hizo brincar a la castaña y temerosa enfrentó a la persona que la veía desde el otro lado de la habitación.

Despojado de su capa negra, el joven rubio afilaba un cuchillo en la esquina sentado sobre un banco de madera, sus ojos negros veían con burla a la joven y su pie derecho seguía el ritmo de una melodía inaudible.

—Sheps.

—Ése es mi nombre, no lo gastes, criatura.

Matsuri estaba confundida, se había encontrado con este joven anteriormente, en una fiesta a las afueras de Konoha. Antes había sido más amigable, aunque su ironía no abandonaba sus frases. Esta vez Matsuri casi no lo reconoció, pues aunque seguía siendo el mismo, tenía aquella manera de hablarle que le daba escalofríos.

—¿Dónde estoy? ¿Cómo me encontraste?

—Matsuri, Matsuri, ¿no te acuerdas? Me has llevado sobre ti todo el tiempo. Qué falta de respeto que no lo notaras.

—Yo… no entiendo, Sheps, lo último que recuerdo es esa figura demoniaca que vino hacia mí en la tormenta de nieve… ¡Gaara-sama! ¿Dónde estamos? ¿Está lejos del país del Hierro? Mierda, sí, ni siquiera hace frío aquí, debe ser lejos.

—Cállate, destrozas mis nervios —le ordenó levantándose y cerrando la puerta de tajo, amenazante— Matsuri-chan, creo que vamos a divertirnos mucho hoy.

Su sonrisa se expandió por su cara, haciendo que la chica se confundiera aún más.

—Sheps… ¿Puedes explicarme qué estoy haciendo aquí?

El rubio soltó una risotada, poniendo la mano llena de cicatrices en la cabeza de la joven, se puso a su altura, sus orbes chocaron, negro contra negro, aunque los de Matsuri no tenían aquella aura escalofriante.

—Eres la carnada, Matsuri-chan. Eres muy tonta, ¿Sabes? Mi plan salió a la perfección —hizo una pausa, volteando y sentándose sobre el banco de madera que había abandonado anteriormente—. Me gusta jugar con chicas tontas como tú que se tragan cualquier mentira. Me arriesgué mucho calumniando al Kazekage.

—¿Por qué lo hiciste?

—Estaba aburrido —confesó encogiéndose de hombros—. Si te mueres, quizá puedas hacer bromas conmigo como esta. Juntos para siempre.

La castaña procesaba la información con rapidez, sin embargo aún tenía dudas en la cabeza.

—¿Estás muerto?

—No, tonta —soltó enfadado, haciendo una mueca de desprecio—, soy un yokai.

—¿Venías en los broches que me regalaste?

—Sí.

—¿Por qué haces esto? ¿Dónde está Gaara-sama?

—En el laberinto —dijo mientras volvía a tomar el cuchillo y comenzaba a afilarlo—, no te preocupes, ya vendrá.

—¿Por qué…? —La chica comenzó a temblar— ¿Por qué dices que si muero podremos estar juntos? ¿Quieres matarme?

Otra sonrisa apareció en el rostro del joven yokai, alzó el cuchillo y pasó un dedo por el filo, cortando su piel, manchando el cuchillo de sangre.

—No quiero estar contigo, si eso es lo que crees, una tonta humana no me atrae —comentó casualmente, observando su reciente herida—. Tampoco me interesa si vives o no, pero sería muy divertido si te murieras y ese pelirrojo se lamentara por no haberte salvado.

...

Estaba a punto de salir, podía sentir el ocaso próximo y adelantó su paso, debía encontrar la manera de salir y de encontrar a Matsuri, no podía perder el tiempo. Tambaleante se recargó en sus rodillas al observar los rosales obstaculizando su salida del laberinto, cansado de equivocarse.

Al darse la vuelta se encontró con una niña pequeña, de al menos seis años de edad. Su cabello largo y negro le llegaba a las rodillas, y sus ojos castaños y rojos lo veían con curiosidad. Estaba descalza y tenía un kimono rojo arremangado sobre los muslos.

—¿Quién eres tú?

La niña le sonrió, mientras se quitaba un pétalo del cabello.

—Me llamo May, y soy tu guardiana esta noche. Voy a preguntarte algo y si contestas bien, te dejaré salir.

—¿Me pusiste aquí? —Preguntó receloso, observando su frágil cuerpo, su estatura pequeña y su angelical rostro— ¿Estás jugando conmigo?

La niña perdió la sonrisa, y negó con la cabeza mientras tomaba un mechón de su cabello.

—Un yokai me ha secuestrado. Pero yo no te puse aquí, debo preguntarte para mostrarte la salida, contesta bien, ¿sí?

May sacó una esfera de cristal de un pequeño bolso que llevaba atado a la cintura, y le sonrió a Gaara nuevamente.

El joven kage asintió, confundido.

—Hay un animal que por la mañana es cuadrípedo, por la tarde bípedo y por la noche trípedo. ¿Cuál es?

No contestó de inmediato, una serie de recuerdos inundaron su memoria. Los panfletos que había visto en Konoha con esa niña retratada. Se había perdido en el bosque hacía varios meses, cuando Matsuri aún estaba entrenando allá.

Ningún escuadrón ninja la encontró. Y estaba frente a él, con una bola de cristal en sus manos.

—Es el humano. La mañana representa la infancia, cuando somos bebés y gateamos, la tarde, significa la adultez, caminamos en dos piernas, y la noche es la vejez, cuando usan bastón. Tres piernas.

Ella asintió y con una sonrisa se acercó a él.

—La esfera te sacará de aquí.

—Ven conmigo, May, debo sacarte.

La niña negó, moviendo la cabeza.

—No puedo ir ahora, él está vigilando.

El pelirrojo la tomó fuertemente del brazo, y ella no se resistió, aunque bajó la mirada.

—Nos iremos de aquí, te sacaré.

—Ven por mí cuando tengas más tiempo, el sol ha comenzado a salir, estaré esperando justo aquí. Si me sacas, cuando nos encuentre me matará. Debes vencerlo primero.

Gaara lo pensó y asintió mientras tomaba la esfera.

—Te salvaré, espérame.

El cristal comenzó a brillar y salió disparado de sus manos, Gaara lo siguió consternado, apenas consciente de que May le decía adiós con la mano.

Era el final del laberinto, y enfrente, una cabaña.

...

Matsuri siguió la estrella fugaz con la mirada, atenta y sonriente. Era la primera vez que veía el cielo con tanta atención. Gaara a su lado, parecía no prestarle atención mientras cerraba los ojos y descansaba del entrenamiento duro.

Era la primera vez que se quedaba a solas con él luego de que fue nombrado Kazekage. El pelirrojo la había sorprendido por la tarde, yendo a su casa cargando un pergamino y varias armas de largo alcance.

Habían entrenado en el desierto antes, más nunca tan lejos y en un lugar así, tan pacífico, donde el cielo parecía un mar de cristales rotos, despedazados y lanzados de cualquier forma sobre el universo.

—Es hermoso.

El joven abrió un ojo, encontrándose con la mirada negra de su ex alumna.

—Usted —aclaró sonriendo, pensando que Gaara creería que hablaba sobre el firmamento—. También el cielo.

...

Empujó la puerta encontrándose rápidamente con Matsuri, recostada sobre el futón. Lloraba amargamente, sosteniendo un frasquito de cristal lleno de un líquido verde.

—Matsuri…

—Gaara-sama. —gimió incorporándose— Debe beber esto, antes de que sea tarde.

—¿Es el antídoto?

Ella asintió copiosamente, abriéndolo para él, sin dejar de llorar.

—¿Qué te pasa? —preguntó cauteloso, tomando el frasco y sosteniendo a su vez la muñeca de la castaña— ¿Qué pasó?

—No pasa nada, bébalo.

—Es el antídoto para una persona, y ustedes son dos, uno muere esta noche, Kazekage-sama.

La voz de Sheps provenía de ningún lugar, el pelirrojo la buscó por todas partes, sin éxito. El sol comenzó a darle luz a la cabaña.

—Hágalo, su vida vale más que la mía.

Gaara tomó el frasco y lo sorbió, mirando todo el tiempo a Matsuri, quien seguía sollozando.

La sorprendió el kage, tirándola al piso y besándola sin contemplaciones, de pronto. Ella no lo vio venir y asustada, abrió la boca y sintió el líquido inundar su garganta. Intentó retenerlo, sin embargo, Gaara la aplastó con su cuerpo y le tapó la nariz, haciendo que ella tragara.

—¿Por qué lo hiciste?

Preguntó luego de incorporarse, asustada.

La mirada aguamarina le sonrió, aunque él estuviera tan impasible como siempre.

—No hay respuesta a esa pregunta aún, Matsuri.


No me dio mucho tiempo para revisarlo, así que probablemente tiene algunos errores o dedazos, lo siento si es así, y por favor avísenme para que pueda corregirlos.

Por otra parte, no tengo mucho humor para hablar esta vez, tengo algunos problemas, nada grave, sólo no tengo ganas de hablar ahorita. Y sí, tendrán la tercera entrega pronto, no se preocupen. Dejen un review y estaré resolviendo dudas por pm si las tienen. Los quiero :D espero su navidad haya sido bonita.

Edito: Hm, no se puede poner doble espacio y anteriormente usé la raya para separar, espero que con los tres puntitos se vea más estético.