CAPITULO 11: DIME QUE ME QUIERES.
PVB
Me pareció como si el viaje de vuelta a Sand Rock hubiera pasado más rápido que el de ida a Clayton. Juraría que Edward estaba haciendo que los caballos fueran mas rápido que antes.
-Wow, no puedo creer que ya estemos en casa- dije cuando oí el silbato del tren en la distancia, anunciando su llegada a la estación.
Edward sonrió y con esa sonrisa obtuve mi respuesta. Definitivamente había estado haciendo que los caballos fueran mas deprisa para que llegáramos antes. Giré mi cara hacia un lado para que no viera mi sonrisa. Estaba encantada de que estuviera tan ansioso por pasar tiempo conmigo, a solas, lejos de miradas indiscretas. Sabia que ya era hora de que tuviéramos una conversación seria a cerca de nuestra relación. Yo quería mas. Sentía que estaba preparada para algo mas. Sabia que él estaba listo para mas, solo me estaba esperando.
Teníamos mucho de qué hablar. A mi me preocupaba su empleo. Pensaba que no podría casarme con él si seguía dirigiendo el Salón. Quizá aquello era juzgarlo con facilidad por mi parte, pero vivir bajo aquella atmósfera no era lo ideal. Por una parte estaban los hombres borrachos y escandalosos con los que tenia que lidiar y por otra parte, estaba Tanya. Ella siempre se estaba intentando colgar de Edward de alguna manera y hacia comentarios odiosos y soeces contra mí. Edward se lo reprochaba cada vez que lo hacia y yo me enfadaba extremadamente con ella por eso. Pero aún así, ella seguía allí. Quería preguntarle a Edward sobre eso. Me empezaba a preguntar si habría habido algo entre ellos mas de lo que yo sabia.
-qué es lo que estás pensando, amor? Parece que estuvieras a miles de kilómetros de aquí- me dijo Edward devolviéndome a la realidad.
-En nada...-le dije.
-De verdad?
Me giré para mirarlo y vi que tenia una mirada preocupada en los ojos.
-Si- dijo golpeando su hombro con el mío- te lo prometo.
-Oct- dijo tranquilamente mientras entrábamos en la ciudad.
A los caballos no les había dado tiempo a parar por completo frente al salón cuando Edward soltó las riendas, saltó del carro y corrió hacia mi lado para ayudarme a bajar.
-Dónde está el fuego?- le dije riendo cuando me puso en el suelo.
Él rió echando la cabeza hacia atrás antes de abrazarme fuertemente contra él.
-Solo quiero pasar todo el tiempo posible contigo- dijo soltándome con una sonrisa- volveré tan pronto como encuentre a Félix, de acuerdo?
-De acuerdo, yo les haré compañía a los caballos.
-Que suerte tienen los caballos- murmuró dirigiéndose hacia el salón.
Sonreí mientras lo veía alejarse, casi corriendo hacia la parte trasera del edificio en busca de Félix. Félix era otro de los empleados de Edward, uno de los buenos. Me trataba con amabilidad y siempre tenia algo divertido que decir. Edward siempre decía que no había nadie mejor para encargarse de sus caballos.
-Hey Bella!- gritó Félix girando la esquina del edificio con Edward.
-Hola Félix! Qué tal estás hoy?
-Bien, señorita- dijo con una sonrisa y un saludo con el sombrero.
A Félix también le gustaba flirtear un poco, pero no de mala manera. Su mujer, Heidi, lo colgaría por los pies si fuera de otra manera.
-Bien Ed, me encargaré de los caballos y les daré de comer. Vosotros marchaos y pasad un buen rato.
-gracias Félix y no me llames Ed- le dijo con una mueca.
Edward odiaba cuando le acortaban el nombre, pero a Félix parecía no importarle. Era algo común entre ellos.
-Listo, amor?- me preguntó tendiéndome el brazo.
-Siempre-lo miré a los ojos entrelazando su brazo con el mío.
Caminamos juntos disfrutando de la compañía del otro mientras nos dirigíamos hacia nuestro prado.
Estaba excitada y nerviosa al mismo tiempo con cada paso que dábamos.
-una tarde preciosa- dije en voz alta.
El cielo era de un azul brillante y había unas pequeñas nubes alargadas en el horizonte. El sol brillaba iluminando todo bajo él y la brisa era fresca al tiempo que acariciaba mi cara y alborotaba mi pelo.
-Si lo es. Imaginas como estará nuestro prado en un día como este? No puedo esperar a pasar tiempo contigo allí- dijo apretándome la mano con la suya mientras yo seguía agarrada a su brazo.
-Lo veremos en un rato- dije apoyando mi cabeza contra su hombro suspirado contenta.
Quería a ese hombre, realmente lo quería.
El resto del camino lo hicimos en un confortable silencio y los nervios que había sentido desde que había decidido venir aquí con él, habían desaparecido temporalmente. Pronto vi el circulo de luz que revelaba que nos estábamos acercando a nuestro destino y los nervio aparecieron otra vez. No tenia ni idea de lo que iba a pasar en los siguientes momentos de mi vida, solo esperaba que fuera algo bueno.
Estaba casi temblando de anticipación y preocupación a la vez que empezamos a caminar dentro del prado.
-Te encuentras bien, amor?- preguntó Edward notando mi nerviosismo.
-S...s...si-tartamudee.
Edward me miró preocupado, le sonreí, intentando que viera que estaba bien, pero no lo engañé. Sabia que algo me preocupaba.
-Ven, amor. Sentémonos a hablar- dijo dirigiéndome a nuestro sitio al pié de una pequeña colina llena de hierba. El mismo sitio donde había tropezado y caído en sus brazos la primera vez.
Nos sentamos y estuvimos en silencio un rato, como siempre hacíamos cuando íbamos allí. La grandeza del valle que teníamos delante, te pedía un momento de reflexión. Todo alrededor era claro, brillante y vivo.
-Es tan bonito- murmuró.
-Si- dijo Edward. Lo miré y vi que me estaba mirando y sentí como me ponía totalmente colorada- tú lo eres. Antes de que llegara estaba seguro de que este lugar era la creación mas hermosa que mis ojos habían visto. Incluso aquel primer día, cuando estabas tan enfadada conmigo, me cautivaste. No me merecía ni que me dieras una oportunidad, pero fui un egoísta y no pude dejar pasar la oportunidad, cuando al fin me la ofreciste.
-Edward- dije interrumpiendo su declaración de culpa- claro que te mereces una oportunidad. Empezamos con mal pie. Sé que tus intenciones eran buenas cuando escribiste esas cartas. Ahora lo veo. Solo intentabas ayudar a un amigo. Aunque no fuera lo correcto, no me arrepiento de que lo hicieras. Si no hubieras convencido a Carlisle de que continuara con aquello, entonces ni tu ni yo nos hubiésemos conocido. No me imagino mi vida sin ti ahora.
-No tienes ni idea de lo bien que me suenan esas palabras, Bella. Quiero que sepas lo mucho que te aprecio. Eres mi vida. Te adoro. Te quiero con todo mi corazón. Te quiero.
Aquellas palabras hicieron que se me hinchara el corazón de alegría y las lagrimas empezaron a recorrer mis mejillas.
-Oh Edward- dije entre lagrimas- yo también te quiero, te quiero muchísimo.
Su radiante sonrisa me encendió el corazón. Este maravilloso hombre era el dueño de mi corazón.
-No llores, amor- susurró gentilmente cogiendo mi cara entre sus manos y limpiando mis lagrimas con sus pulgares.
-Son lagrimas de alegría, Edward- le aseguré.
-Bien- murmuró antes de acercarse a mi cara y besar las lagrimas de una de mis mejillas para luego hacer lo mismo con la otra- te quiero Bella- susurró antes de darme un beso en la nariz.
Lo miré a los ojos me sorprendí al ver el amor y la pasión que se reflejaban en ellos. Sabia lo que iba a pasar a continuación y hoy estaba preparada para ello.
-Te quiero- me dijo mientras continuaba acunando mi cara en sus manos mientras se acercaba a mi. Su mirada se posó en mis labios. Todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo me quemaban a la vez que sus labios tocaron los míos. Mi corazón latía acelerado y podía sentirlo en mis oídos.
-Bella- dijo separándose de mi, dándonos así espacio para que recobráramos el aliento.
Quitó una mano de mi cara y con el brazo que le había quedado libre, me rodeó la cintura acercándome mas a él. La mano que aún estaba en mi cara pasó a la parte de atrás de mi cuello mientras que sus dedos se entrelazaban con mi pelo a la vez que acercaba mis labios a los suyos de nuevo. Estaba siendo todo un caballero- cosa que adoraba- pero que quería era que me besara sin contenerse.
Empujé mis manos contra su pecho y el se separo de mi. Un az de rechazo se dibujó en sus ojos. Le sonreí con dulzura antes de agarrar su camisa en mis manos.
-Bésame con sentimiento Edward, no te contengas- dije acercándolo a mi y besándolo con una fuerza que hasta a mi misma me sorprendió.
Solté su camisa y rodee su cuello con mis brazos, empujando sus labios con fuerza contra los míos. Me sentí salvaje.
Abrí la boca, queriendo mas y esperando a que él captara lo que quería decir con ellos. Estábamos solos, sin nadie que nos juzgara por ser participes de un comportamiento inapropiado. La verdad es que no había nada de inapropiado en lo que estábamos haciendo. Estaba besando al hombre al que amaba y quería hacerlo en condiciones, quería que fuera memorable para los dos. Él obviamente entendió mi invitación pasó tentativamente su dulce lengua por mis labios. Aquella sensación fue increíble y él aprovechó la ocasión para mordisquear su labio inferior.
Solo me habían besado un par de veces en mi vida, cosa que se podría considerar demasiadas veces para una dama como yo. La primera fue cuando yo tenia 11 años y fue con el hijo de unos amigos de la familia. Ni si quiera recordaba su nombre. El beso fue torpe, con demasiada saliva y definitivamente digno de no volverse a repetir. Mi segundo beso fue cuando tenia 17 años y fue con Jacob. Como su padre estaba tan empeñado a que estuviéramos juntos, decidimos ver si la cosa tenia futuro. Fue el beso mas asqueroso de mi vida. Fue definitivamente como besar a mi hermano. Gracias a Dios, Jacob sintió lo mismo al besarme.
Pero este beso en cambio, no era en nada como los anteriores. Edward estaba poniendo todas y cada una de sus emociones en el. Podía sentir su amor, pasión y alegría. Pareció durar una eternidad, pero sentí que no fue suficiente cuando Edward se separó de mi otra vez. Puso su frente sobre la MIA, respirando profundamente y disfrutando de la intimidad del momento.
-Wow- dije rompiendo el silencio.
Edward se rió y se acercó a darme un beso en la nariz.
-Wow de verdad. Eres maravillosa, amor. Sabia que besarte seria uno de los mejores momentos de mi vida, pero ha sido mayor que eso, mejor de lo que me hubiera imaginado.
-Estoy de acuerdo- dije separándome y sonriéndole.
Quería volverlo a besar y mi deseo se hizo patente cuando mis ojos se movieron a sus labios.
Edward se rió cuando se dio cuenta de que mi mirada, cosa que me hizo sonrojar. El se echó hacia atrás contra la pequeña colina que tenia a la espalda con una sonrisa satisfecha en el rostro.
-Ven- me llamó extendiendo sus brazos.
Me moví y me situé entre sus piernas apoyando mi espalda contra su pecho y mi cabeza en su hombro. Sus dedos se movieron por mi brazo hasta llegar a mi mano, donde entrelazó sus dedos con los míos.
-Nunca me imaginé que el día se iba a volver de esta manera- admitió con suavidad- pero no me quejo. Llevaba mucho tiempo queriendo decirte lo que sentía y llevaba queriendo besarme incluso antes de que llegaras.
Me giré a mirarlo con lo que sabia que era su mirada se sorpresa en la cara. Él me sonrió y me acaricio el labio con el pulgar. Se inclinó y me besó rápidamente una, dos y hasta tres veces.
-T...tu querías besarme incluso antes de que viniera?
-Si Bella. Me enamoré de ti por tus cartas. Eran tan pasionales, tan dulces, tan extraordinarias. Tu eras todo lo que podía pedir. Es por eso que creo que continué escribiendo esas cartas en vez de convencer a Carlisle de que lo hiciera él. Quería tener una conexión contigo, aunque no fuera a tener mucha vida. Nunca imaginé que acabaría así, pero estoy agradecido de que haya sido así. No quiero dejarte ir nunca- confesó Edward.
-Entonces no lo hagas- susurré acercándome para besarlo de nuevo.
Cualquier pensamiento sobre los problemas que podríamos tener debidos a su trabajo se me olvidaron mientras que nuestros labios se movían a la vez. No podía dejar que mis miedos mancharan este momento. Tendríamos mucho tiempo para hablar de ello, pero por ahora, estaba feliz de pasar ese momento en los brazos de Edward, sabiendo que todo saldría bien y que aquel era mi lugar. Con aquel atractivo y dulce hombre. Para siempre.
