100 Sapos y Terry Grandchester

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 11 Desagradable sorpresa


La mujer de Terry. Sigo leyendo esa oración una y otra vez en el monitor y sencillamente sigo en shock. Me pasa por estar agregando gente sin discriminar. No puedo decir que siento celos ni nada parecido, es sólo un sentimiento extraño y mi pulso se está acelerando mucho. ¿La mujer de Terry? Es difícil a nuestra edad, al menos para mí, aunque estemos activos sexualmente, referirte a tu pareja como tu mujer o tu marido, yo al menos me imagino en esos términos a una pareja de adultos que viven juntos o están casados. Por otro lado, si bien sé que Terry tiene una hija, también tenía entendido que él no estaba con la madre, que no estaban juntos y que él ni siquiera podía ver a la niña.

Sweet Candy: Pues si eres su mujer, ahora me entero y no te conocía, nunca te había visto. Por otro lado, no entiendo por qué me has contactado.

Pelotita de Golf: Terry me ha dicho que son muy amigos. Que han compartido mucho y ha estado en tu casa...

Sweet Candy: Sí, somos amigos, hemos compartido, la mayor parte del tiempo en grupo.

Pelotita de Golf: Sí, pero según él han estado muy juntos... recostados en el sofá... sobándote el pelo y cosas parecidas que no me parecen.

Cuando ella revela eso no sé cómo reaccionar. Me pregunto por qué le habrá contado Terry esos de detalles. Con qué propósito. ¿Será estúpido?

Sweet Candy: Tenía entendido que ustedes no estaban juntos ya, por tanto no lo vi mal, además, sólo somos amigos, aquí no ha pasado nada.

Pelotita de Golf: Lo sé, él me cuenta todo. Pero... a mi entender, como su mujer y madre de su hija yo me merezco un respeto.

Me pongo a pensar lo que dice y es cierto, claro, si para ese entonces yo hubiera sabido que estaban juntos. Terry no me ha dicho nada sobre eso y me voy sintiendo fatal. No puedo juzgar a la supuesta mujer, no conozco la historia de los dos y como tercera persona, sé que estoy sobrando.

Sweet Candy: Como te dije, todo el tiempo pensé que ustedes no estaban juntos. Pero... si es así, ya que tienen una hija y desean retomar su relación, bien por los dos. Yo sólo soy su amiga y no tengo interés alguno en interponerme entre los dos. Si quieren salvar su relación y volver, suerte. Yo no seré piedra de tropiezo.

Pelotita de Golf: Gracias. De hecho, ya empezamos.

Sweet Candy: Me alegro, les deseo éxito. He aquí una amiga si necesitan algo.

Pelotita de Golf: Gracias, igualmente.

Sweet Candy: Me tengo que ir, Eliza. Un placer conocerte.

Fue lo último que dije y me desconecté. Todavía estoy tratando de asimilar este extraño encuentro. Me pregunto si Terry le habrá dado mi email a su mujercita para que me agregara porque sólo así pudo haberme conseguido. Terry me debe a mí muchas explicaciones. Al día siguiente por la tarde llego al trabajo. Lo primero que veo al entrar es a Terry y me está mirando con sus ojos como platos. Entonces sabe de mi conversación con su odiosa mujer. Sé que está ansioso por hablarme, pero estamos en el trabajo, rodeado de un montón de empleados, muchos clientes y la gerente cerca. Por fortuna, yo estoy en el puesto de papas y él está en el área de fritos, justo al lado mío.

—Candy... ¿cómo fue eso que mi mujer habló contigo por MSN?— ¡Ay vaya! Su mujer. Entonces es cierto. Lo que me pregunto es por qué soy yo la última en enterarme de esta función. Aún así el semblante de Terry es preocupado y yo, yo simplemente estoy desencajada, incómoda. No sé cómo describir realmente lo que siento.

—Pues sí. Tu mujer, no sé cómo...—(Esto va con ironía.)—Consiguió mi email y me agregó para reclamar nuestros acercamientos fuera de lugar, informarme que han empezado nuevamente y de paso, marcar su territorio.

—Yo no le di tu email.— Se defiende mientras su expresión sigue siendo enigmática.

—¿No? ¿Y cómo coño lo consiguió?— Él se sorprende por la forma en que le reclamo, ya estamos llamando la atención. La gerente nos mira, le sonreímos y nos callamos hasta que tengamos otra oportunidad.

—Ella tiene el password de mi MSN. Así fue como te agregó.

—Oh... al parecer eso fue algo que no le contaste. Que mucha confianza hay entre los dos, eso es bueno. Ella tiene tu password del MSN. Dichosa, ¿no?

—¡Ya! Se acabó la conversación Candy y Terrence.— Dice con autoridad la gerente y el tema muere. Muere junto con toda la atracción que alguna vez sentí por él. Entiendo que no vale la pena albergar ninguna esperanza, no la quiero y no la necesito. De hecho, no sé si me pueda sentir cómoda siendo su amiga, no porque tenga celos o lo empiece a ver como veía a Archie, con ese amor imposible que me latió en el pecho durante años. Sino porque sé, porque no soy tonta, que no le hago ninguna gracia a su mujercita y sobre todo, tratándose de que tienen una hija, como su amiga, realmente deseo que ellos estén juntos. Es más saludable y sobre todo... si es que aún se quieren.

Terry terminó su turno primero que yo, pero no se fue. Se quedó un rato con los compañeros que estaban libres, charlando, riendo y yo me pregunto por qué no se habrá largado para que mi mente pueda concentrarse en otra cosa que no sea la maldita conversación que tuve con su mujer. Tuve un suave turno de cuatro horas. A pesar de todo pasaron rápido, voy a llamar a mi madre para que me recoja. Son las diez de la noche.

—Candy.— Me llama Terry y sus ojos me miran intensamente, hablan, pero no entiendo lo que me dicen. No me interesa entenderlos. Sólo quiero irme.

—Dime, Terry.

—No te había dicho que empezamos porque a penas fue ayer que lo decidimos... estamos a prueba a ver si funciona. Sólo eso.

—Esperemos que sí. Mucha suerte. Vi fotos de tu hija, es muy linda.— Ni siquiera lo miro a los ojos y me dispongo a buscar mi celular para llamar a mi mamá.

—¿Necesitas un aventón? Yo te llevo.— Se ofrece y yo dejo el celular y lo miro. Sé que se ofrece de corazón, como disculpándose, pero... ¿disculpándose de qué? Lo cierto es que esta vez no me siento cómoda con que me lleve a casa.

—No, Terry, gracias. No es necesario y no quiero más malos entendidos con tu mujer...— Cada vez que digo esa frase, las palabras me saben amargas, escupidas.

—Ay, por favor, Candy. No digas tonterías. Si mi mujer se molesta porque lleve a mi amiga a casa, pues que se chupe la mandarina, yo no voy a dejarme joder de ella.— Y yo me pregunto si Terry la quiere, porque se expresa de una manera que uno no se expresa de la persona que ama y además, no sé si soy yo, pero no lo veo entusiasmado con la idea de haber regresado con ella. De todas formas, no es mi asunto.

—No es necesario, Terry...

—¡Hey!— Se nos acerca Franchi y es mi ángel guardián en estos momentos.

—¿Necesitas un aventón o te vas con Terry?

—Yo la llevaré.— Dice Terry rápido y lo miro con rabia.

—No, Terry. Me voy con Franchi, además ella y yo vivimos por la misma ruta. Vámonos, Franchi.—Jalo a mi amiga hasta su carro y dejo a Terry ahí plantado. No entiende que no quiero irme con él. Que quiero cortar todo indicio de cualquier sentimiento que pueda estar comenzando a nacer en mí, que lo necesito lejos. Quiero estar lejos de las confusiones y si es posible, del amor y la amistad del sexo opuesto en general.

—Candy... ¿pasó algo con Terry?— Me pregunta Franchi mientras conduce y suspiro con tensión.

—No. ¿Por qué?

—No sé... los vi medios raros en el trabajo y ahora en el estacionamiento...

—Sólo trato de poner las distancias.

—¿Y eso se debe a...?

—A que ha vuelto con su mujer y...

—¿Volvió con la pendeja esa?— Los ojos de Franchi se agrandan y se apartan del volante por un momento para mirarme.

—Así es. Y digamos que yo no soy santa de la devoción de la mujercita...

—¿La conociste?— Me pregunta más sorprendida aún.

—¡Já! Que si la conocí. La conocí ayer, me agregó al MSN.

—¿Quéééé?

—Como lo oyes.— Le relato toda la conversación que tuvimos y hasta río con todas las expresiones de sorpresa de su rostro.

—Bueno... que pena... yo tenía la esperanzas de que ustedes se juntaran, se ven bien juntos... digo, ¿no?

—No. Su vida es muy complicada, mejor así y además... yo también tengo mis propios demonios con los que luchar.

—Aún así... Terry es un imbécil. No sé cómo siquiera considera la idea de volver con la ex después de todo lo que la puta esa le hizo.— Con eso Franchi se gana todo mi interés porque no conozco los detalles de esa relación, pero Franchi estudiaba con Pascual en la misma escuela, de hecho, yo también estudié con ellos, sólo que por alguna razón, nunca nos vimos.

—¿Por qué dices eso?

—Nena, esa mujer, es una puta. Ella estuvo con un montón de muchachos antes de él. Siempre se insinuaba con todos... al parecer ella quería embarazarse... y entonces apareció el gordo bobalicón de Terry y le cumplió el deseo.— Ahora si me quedo en shock y no entiendo nada...

—Espera... ¿gordo bobalicón? ¿Estamos hablando del mismo Terry?

—Sí, querida. Terry era gordito y bobo antes de conocerla. Perdió todos esos kilos de golpe por la depresión que le causó la turbulenta relación que tuvo con la puta de Eliza y sobre todo, cuando nació la niña y no le permitieron verla.— Me quedo de piedra... ¿Terry gordo?

—Pero... ¿por qué hicieron eso?

—No entiendo. Terry siempre estuvo con ella todo el tiempo, la visitaba. Creo, no estoy segura, que fueron rumores sobre la paternidad de la niña. Algo que comentó la madre de Terry... insinuó que el tiempo de gestación no coincidía con la fecha en que ellos follaron.— Oh, sólo Franchi puede soltar las cosas así.

—¡Qué fuerte!

—Entonces los padres de la puta se disgustaron y siendo ella menor de edad, pues ya sabes, los padres tomaron todo el control.

—Que pena. Pero bueno... eso ya es asunto de ellos. Gracias por traerme, Franchi.

—No hay de qué. Ah, y Candy... ese hombre será tuyo, no lo dudes.— Me grita riendo y se va chillando gomas. Pongo mis ojos en blanco y sonrío. Una vez en casa, me como la comida que me traje del trabajo sin muchas ganas. Me baño y a dormir porque tengo que madrugar para ir a la uni.

A pesar de todo, Terry y yo seguimos siendo amigos, a pesar de su fastidiosa mujercita. Él pudo ver a la bebé en un par de ocaciones, según él mantienen la relación en secreto y ella le muestra la bebé a escondidas porque sus padres son los tutores legales al ser ella menor de edad y no quieren saber nada de Terry. La chica es bastante inmadura y caprichosa. Han sido más las veces que he visto a Terry discutir fuertemente con ella por teléfono. Lo cierto es que no veo que sea feliz con ella en ningún sentido.

—Bueno, chicos, ¿cuántos están libres el viernes?— Nos pregunta Terry entusiasmado mientras estamos en el salón de descanso de los empleados.

—Yo estoy libre.— Dice Franchi.

—Yo también.— Respondo y Tito se pone a ver el horario en el boletin board.

—¡Coño! Yo también estoy libre. ¿Pa' dónde es?— Dice Tito y todos reímos por su entusiasmo. El plan está hecho, otra salida en grupo, a divertirnos. A penas es lunes, así que falta bastante para nuestra salida del viernes. Llego a casa y por milagro de Dios me pongo a estudiar, cosa que nunca hago, yo nunca repaso nada, pero ese día yo, Candy, estoy estudiando. Suena mi celular y lo tomo con indiferencia. Pienso que seguramente debe ser Palillo o Annie...

—Hello.— Contesto un poco seca porque estaba enfrascada en aprenderme unas difiniciones.

—¡Nena! ¿Estás bien?

—Oh... Terry... disculpa, sí... es que pensé que era una de las chicas... ¿cómo te va?— Le pregunto y sigo mirando las definiciones en mi libreta, las llamadas de Terry nunca han sido muy frecuentes, él dice que nunca le ha gustado hablar mucho tiempo por teléfono o en chats, que prefiere compartir de frente con la persona. Sin embargo, cuando sé que es él al teléfono, no me emociono como antes. Desde que sé que ha vuelto con su mujer, automáticamente mis sentimientos se quedaron en "hold".

—Ahora estoy mejor que nunca.— Me dice y lo siento muy animado, como antes. Como el Terry que yo conocí.

—Me alegro por eso.— Contesto con sinceridad y tengo el bolígrafo sujeto en mi boca mientras sigo rebuscando en mi mochila.

—Pues estoy soltero otra vez.— Me suelta y se me cae el bolígrafo de la boca. Me sorprendo y no entiendo de qué va Terry.

—¿Y eso? A penas ha pasado una semana desde que volvieron... no los entiendo.

—Ella me mandó a la mierda nuevamente.

—¿Y eso?

—Desde mañana ya no trabajaré en Mc Donald's. Comenzaré en el negocio de mi padre. Horario fijo, weekends libres y mejor paga.

—Eso es muy bueno, pero... ¿qué tiene que ver con que tú y tu mujer hayan tronado?

—Mucho. Como la relación era a escondidas, nos escapábamos por las mañanas y nos veíamos, en el nuevo trabajo, entro a las cinco de la mañana y ya no podrá fugarse a verme. Se molestó y me mandó al diablo por eso.

—¡Vaya madurez la de tu mujer!

—No digas eso. Ya no es mi mujer. De hecho, esto de empezar otra vez fue un error. Todo está muy dañado, ella sólo hace lo que dicen sus padres. Estuve dispuesto a que viviéramos juntos, con la niña, pero ella está en otro mundo...

—¿Pero la quieres?— Le pregunto no muy segura de querer saber la respuesta.

—Es complicado, Candy. No puedo decir que no siento nada, pero te mentiría si te digo que la quiero. Luego te contaré cómo fue que pasó todo entre nosotros, las circunstancias...

—Bueno, pues bienvenido a la soltería nuevamente, amigo.

—¡Salud!— Dice y reímos.

Llega el viernes, mi día libre y día de nuestra salida en grupo. Me arreglé impecablemente. Mi pelo lizo, brillante, plachado, me maquillo suave. Tengo entendido que vamos a San Juan. Me pongo una falda larga azúl claro, de esas estilo gitano, no me llega a los tobillos, sino a media pierna. Me pongo una blusa blanca de manguillos y mis pechos sobresaltan por el escote. Me puse una sandalias de plataforma de tela blancas, de esas que tienen una cinta que amarras en tus piernas. Mi madre dijo que parecía una muñequita, frunzo el ceño. Llega Terry, escucho el motor de su van y salgo.

—Hola. Te ves adorable.— Me mira de arriba abajo sonriendo y yo me molesto porque dijo que me veo adorable. Odio que la gente diga que soy adorable, como si aún fuera una niña. Dicen que soy tierna y adorable y eso sencillamente me molesta. Quiero verme adulta, malvada, con experiencia, pero no adorable... Neil también decía que yo era adorable, tierna, un ángel... ¡bah! Lo que quiero es verme como una chica fatal. Hecho un vistazo a mi cuarto rosado y lleno de peluches... okay, Candy... eres adorable, me digo.

—Tú también te ves bien.— Me da un beso en la mejilla y me acompaña a su auto.

—¿Y los demás?—Pregunto porque no hay nadie...

—No vienen.

—¿Cómo que no vienen?

—Cancelaron en el último momento.

—Pero... ¿y entonces?

—¿Entonces qué?

—Nuestra salida... se ha arruinado, ¿no?

—Claro que no. Ahora saldremos tú y yo solitos, Pecosa.

Continuará...


¡Hola!

Espero que disfruten el capítulo.

Gracias por sus comentarios:

Resplandor de la Luna- lupita1797- Amy C.L- WISAL- dulce lu- LizCarter- VERO- Rose Grandchester- Laura GrandChester

Hasta pronto,

Wendy