Hola! Decidí que de vez en cuando subiré extras. No interferirá con la subida regular de la historia principal :) Pero de vez en cuando entre medio de los períodos de espera mandaré alguno de estos, para conocer un poco la historia desde el punto de vista de otros hermosos personajes. Esta vez, toca el fabuloso Feliks. (Y no será la primera vez ;D). Si hay interés por saber la visión de algún personaje en especial (Ya tengo varios en mente) pueden comentar sus opiniones. Espero que disfruten el extra~.
Extra I
Feliks
Aquél día, Feliks despertó antes que la alarma de su teléfono móvil. Y eso podía considerarse un pequeño triunfo. Vivía para los pequeños triunfos. Le ayudaban a seguir motivado y adelante.
Se desperezó, corrió las cortinas y comenzó a estirar con algunas poses de yoga, aunque no pudo tomarse su tiempo: estaba demasiado impaciente.
¡Era el primer día de clases! Pero no cualquier primer día de clases como años anteriores, claro que no.
Sería el día en el que le declararía sus sentimientos a su mejor amigo.
Mientras comía su desayuno saludable, fantaseó para sí mismo con la escena que tendría lugar. Sabía exactamente qué iba a decir, dónde, cuándo, que llevaría puesto. Y a Feliks le gustaba atenerse a los planes. Le daban seguridad.
¡Es que su amigo, Toris, le gustaba tanto! Estaba convencido de ello. Se conocían prácticamente desde que eran niños. Y el lituano era sumamente guapo. Y amable. Un muy buen chico. Seguro que hasta era genial como novio. Y estaba seguro que le había visto abdominales las últimas veces que habían ido a la playa juntos, aunque no era como que Feliks pudiera espiar demasiado sin ser notado.
Sí, Toris era el hombre perfecto para él, y estaba decidido a confesarse ese día. Y cuando Feliks se proponía algo, nada ni nadie podían distraerlo de su meta.
Se sintió como un rey al entrar por los pasillos de la escuela... aunque hubiera ido en ómnibus como un simple plebeyo.
Bien, lo cierto era que se sentía fabuloso. Se había aplicado un poquito de rímel de su madre (ese que le queda muy poco en el fondo, apenas para resaltar sus pestañas sin parecer exagerado ni dejar grumos), y se había delineado levemente con un lápiz verde los ojos. Cualquiera que lo viera notaría como resaltaban esas esmeraldas verdes que decoraban su cara, pero tampoco podrían darse cuenta de que estaba maquillado a no ser que lo vieran cuidadosamente. Le encantaba eso. Con todos esos aburridos uniformes, había que resaltar de alguna manera. Por eso llevaba los jeans un poco más ajustados que el resto de sus compañeros. No lo dejaban innovar mucho.
Entró alegremente al salón, esperando ver a sus amigos allí.
—¡Ya llegó su lodo, pinches puercas! —exclamó, dirigiéndose al pupitre en el que Paulo y Cian conversaban.
—Pero si llegó la puerca mayor—se burló el irlandés—¿Qué tal tus últimos días de vacaciones?
—Espantosos. Mis tías solteronas todavía quieren mandarme al confesionario porque toda la familia piensa que soy gay.
—Pero es que lo pareces, Felks—comentó Paulo, suspirando.
—Y yo sigo diciendo que no emitiré confesión hasta que tenga novio. Ahí pueden sí etiquetarme como homosexual si quieren. Mientras no haya carne para mí...
—Basta, ya no quiero escuchar más de esta conversación—pidió el portugués, rodando los ojos—Por cierto, ¿no es raro que Stefan llegue tarde?
—Vete a saber. No contestó en el grupo de Whatsapp... —Cian parecía decepcionado.
—Déjalo. Ha de estar en el período o algo así... —suspiró Feliks, pero se interrumpió al ver una cara desconocida entrar al salón.
Tuvo que reprimir soltar un silbido de admiración. No porque el chico fuera guapo. Era lindo, pero no era el tipo de Feliks. Demasiado... adorable.
El silbido de admiración era porque tenía un buen trasero.
No podía evitarlo. Aunque por lejos el que ganaba era el del hermano de Paulo, el de el chico nuevo estaba bastante bien. No se podía comparar el trasero de un Dios con el de un simple mortal. Y para ser un simple mortal, no estaba mal.
—Dat ass—comentó, casual, y los otros dos se sonrojaron.
—Feliks, no puedo creer que eso sea lo primero en que te fijes—le reprochó Paulo.
—No lo es. Apenas vi su cara, pero caminó tan rápido que tuve más vista de su retaguardia que otra cosa. No está mal.
Pero tenía a otro hombre en mente. Aunque no estaría mal hablar con el chico nuevo. Después de todo, entendía lo feo que podía ser iniciar el contacto con extraños, más cuando todos se conocían.
Estaba tan motivado y de buen humor que podía permitirse su obra solidaria del día.
Antes de que pudiera hacer algo, Toris entró al salón.
—¡Toris! ¡Querido! ¿Cómo estás? —lo saludó, contoneándose.
—Um... bien—contestó el lituano, que estaba embelesado observando a Natalia—¿Tú?
—¡Estupendo!
—No creo que por mucho tiempo—suspiró el recién llegado—¿No te enteraste? La primer hora este año tocará con Gengis Kan.
Feliks estaba a punto de dar un grito de susto, cuando Jack irrumpió en el salón.
—¡Gengis Kan no viene, somos libres! —gritó, y todo el mundo se puso de pie para irse.
Era su oportunidad para abordar a Toris. ¿Qué mejor que una hora libre?
Pero cuando se volteó para llamarlo y pedirle que fueran hacia algún lugar alejado, el lituano ya había salido como un perrito detrás de la bielorrusa y su grupo.
Le hirvió la sangre.
Al menos la oportunidad le sirvió para conversar un poco con el nuevo chico, Nikolai. Le caía bien. Tal vez podrían ser buenos amigos. Y su sonrisa nerviosa le aliviaba un poco el dolor del alma, así como las carcajadas de Cian.
Lo que no le caía bien era el no poder realizar su plan. No sabía que era peor, si morirse de impaciencia o aguantar una clase con el mongol. Y además de todo eso, ¿por qué Stefan no había aparecido? Decidió concentrarse en la conversación con sus compañeros. Tenía demasiadas cosas en qué pensar y eso le hacía mal.
Aquél día, no le confesó nada a Toris.
Al día siguiente, tampoco. Y Stefan no aparecía. Y el nuevo (se recordaba que tenía que referirse a él como "Nikolai") le caía mejor.
El siguiente a ese, tampoco le dijo nada. Su ánimo decaía. Pero al menos el estúpido de Stefan había decidido aparecer.
La semana siguiente, entrando con Paulo y Stefan a la escuela, decidió parar antes de entrar.
—Tengo que confesarles algo—les dijo, y ambos chicos lo miraron sin sorpresa. Feliks se imaginaba que esperaban algo muy mundano de su parte. Y lo cierto es que el polaco los iba a sorprender—Voy a declararle mis sentimientos a Toris.
Sus dos amigos se miraron preocupados entre sí, y a él.
—¿Estás seguro? Digo, no quiero ser quién te lo diga, pero... —comenzó Paulo.
—Está enamorado de la perra. Lo sé. No me importa.
—¿Y te vas a confesar igual? —inquirió el búlgaro.
—Sí. Lo tengo todo planeado. Creo que su enamoramiento con ella no es real. Es enamoramiento de la cabeza de abajo que pasa a la de arriba...
—Oh Dios—murmuró Paulo, un poco harto de las metáforas sexuales de su amigo.
—Pero no es enamoramiento del corazón.
—Lleva así varios años, desde que entramos al instituto creo—continuó Stefan, frunciendo el ceño. No le gustaba la idea.
—Confíen en mí, lo conozco más que ustedes. Está abroquelado con su idea de que ama a Natalia. Le diré mis sentimientos, pero no espero correspondencia inmediata. Se lo pensará, y se dará cuenta de que lo de esa rusa es una porquería, ¿y qué mejor que ser el novio de tu mejor amigo?
—Muchos discreparían con eso, Felks... —suspiró el portugués—Aunque sabemos que terminarás haciendo lo que se te antoje.
—¡Exacto! —exclamó el polaco, feliz de que lo entendieran.
—Sólo espero que hayas pensado esto cuidadosamente.
—Demasiado cuidadosamente—aseguró, y dio media vuelta para acercarse a donde estaba Cian contándole al chico nuevo (Nikolai, que tenía nombre) su historia familiar.
El miércoles, estaba decidido. Le diría todo.
Se dirigió a la biblioteca, donde el lituano se solía reunir con sus otros amigos. Se encontró a Cian un poco hiperactivo molestando a Nikolai y Stefan, quién sabía por qué. Pasó de largo, y sólo el búlgaro pareció inmutarse de su presencia.
Acercándose a la mesa de Natalia y los tres chicos, carraspeó para hacerse oír. Los cuatro se sobresaltaron.
—Hombres—saludó—Natalia. —La chica sólo lo observó con el ceño fruncido. ¡Cómo la odiaba! Encima de todo, parecía que a Cian también le gustaba. La bielorrusa parecía querer robarle a todos sus amigos. Era cierto que era muy bella (la chica más hermosa que Feliks podría haber conocido jamás), pero le ardía la sangre y se le agitaba el corazón cada vez que la veía. Mucha rabia acumulada. Desde el primer momento en que a Toris se le ocurrió posar sus ojos en ella.
Sabía, en el fondo, que probablemente no era culpa de ella. La chica era demasiado tranquila, no se metía en los asuntos de nadie y era fría como el hielo. Se juntaba con los chicos bálticos porque la dejaban en paz. Ni siquiera era tan perra, que Feliks supiera, jamás la había visto con un chico. Y Feliks se enteraba de todo. Absolutamente todo. Incluido los romances entre sus profesores. (De lo cual no diría nada. Ética estudiantil. Horas castigado en la sala de profesores forjaba lazos extraños que no se sentía cómodo revelando).
—Toris, me gustaría hablar contigo—dijo, intentando sonar lo más encantador posible. El aludido se mantuvo estático en su asiento—A solas. Afuera.
—Oh—el otro joven se sonrojó, y se levantó con torpeza de la silla. ¡Qué encantador era cuando se ponía nervioso!
—Tal vez quieras sentarte—le dijo Feliks, señalándole el banco. El lituano le hizo caso, y él se mantuvo de pie frente a él.
Tomó aire antes de continuar hablando.
—Quiero decirte algo, que espero no interfiera de ningún modo con nuestra amistad.
—Oh. Oh. Oh—Toris parecía a punto de entrar en pánico—Dime por favor que no te gusta Natalia. El otro día me alcanzó una hoja de papel. Voy haciendo progresos. Por favor, no me digas que te gusta, no podría competir...
—No hablo de esa tipa, calma—Feliks tuvo que guardarse el maldecirla. ¿¡Por qué estaba siempre presente!? Se suponía que ese momento sería sólo de ellos dos, que ella no tendría nada que ver...
—No la llames así. ¡Es la chica que me gusta! No entiendo por qué te esfuerzas en odiarla.
—Te diré por qué la odio, querido. Y no conlleva mucho esfuerzo de mi parte, te aseguro—cortó el rubio, cruzándose de brazos—¡Es que estoy enamorado de ti, Toris!
El tiempo transcurrió muy lentamente. Los ojos verdes de su mejor amigo de la infancia se abrieron como platos, se puso rojo y dejó la boca entreabierta.
Primer paso: efecto sorpresa; logrado.
—Entiendo que pueda ser un poco "shockeante"... pero bueno, obviamente puedes tomarte el tiempo que quieras para pensarlo.
—No tengo que pensar nada—murmuró el lituano, y Feliks lo escuchó.
El corazón se le aceleró. Eso iba mejor de lo esperado. ¿Podría ser, que después de todo, hubiera algún sentimiento romántico plantado en el corazón de su amigo...?
—... lo siento, pero no. No puedo corresponderte, Feliks.
Al aludido se le cayó el alma al piso. Sintió ganas de llorar. Pero debía ser fuerte.
—Ay, o sea, entiendo que tal vez suena mal. Pero tómate tu tiempo, ¿sí? —pidió, bastante nervioso. Su seguridad se había esfumado ante las palabras del otro.
—No necesito tiempo, Feliks. Ni siquiera me gustan los hombres. ¡Y estoy enamorado de alguien más! ¡Y... lo sabes! ¿¡No entiendo por qué me dices esto!? —el lituano tomó aire—Lo siento. No... no me siento bien—Toris se puso de pie rápidamente, dirigiéndose al edificio principal.
Feliks no tenía ganas de moverse. Y mucho menos tenía ganas de volver a la escuela. Había estado emocionado por la fiesta de Jack y porque se declararía. Ni siquiera se había molestado porque Cian no le contara sus cosas (aquél día).
Pero ahora se sentía muy mal. Se había imaginado un montón de cosas que jamás pasarían. Y le dolía mucho.
No volvió a la escuela. Que llamaran a su madre si querían. No le importó.
Le dolía algo que no podía explicar. Estando así, nadie podía pretender que estudiar.
Su celular sonó varias veces. Sabía que su madre no era, porque ya lo había regañado anteriormente. ¿Quién lo molestaba en su dolor?
128 mensajes de Whatsapp en 6 conversaciones.
Ignoraría los grupos, lo cual probablemente lo dejaba con sólo 10 mensajes para leer.
De: Mamá portuguesa
Feliks, el profesor dijo que no tolerará otra falta tuya. Apúrate, por favor, te castigarán. 14:00
¿Qué pasó, por qué no viniste? 14:20
No seas idiota, recién empieza el año, no la cagues. 15:00
¿Estás bien? 17:30
Respóndeme, por favor. 18:00
Me van a salir canas por tu culpa. 19:01
Aunque todavía estaba triste, no pudo evitar esbozar una sonrisa. Sus amigos sin duda eran lo mejor. Aunque Paulo se ponía denso cuando estaba preocupado, le hacía sentirse bien el que alguien se preocupara por su bienestar, a pesar de que vivía en un estado casi permanente de estupidez y dramatismo. Siempre le daba miedo que, cuando de verdad estuviera mal por algo, la gente no le creyera por su creencia a exagerar. Le pasaba con su madre a veces.
Pero ahí tenía la prueba de que a los verdaderos amigos no se les engaña. Le respondió.
A: Mamá portuguesa
No te preocupes, yo te pago la tinta ;) 19:05
Luego se dio cuenta de que tenía mensajes de Stefan también.
De: Pseudobúlgaro
Siento que algo salió terriblemente mal, y el hecho de que no nos digas es alarmante. No te quiero presionar, pero espero que estés bien y des señales de vida. Tengo la tarea, por si te interesa, aunque dudo que te interese 17:28
Aunque le aburría la forma shakesperiana que tenía Stefan de escribir a veces, agradeció en silencio. Supuso que les debía una explicación. Lo puso en el grupo.
Los trapos de Feliks
Yo: Trapitos, tengo que contarles algo terrible que sucedió.
Mamá portuguesa: Ya era hora
Duendecillo: omg qué?
Mamá portuguesa: casi me vuelvo loco
Duendecillo: qué pasó? por qué está escribiendo una biblia?
Mamá portuguesa: tienes idea?
Pseudobúlgaro: Déjenlo escribir.
Yo: Me he declarado a Toris. Sé que no todos conocían de mi amor por él. Y salió muy mal. Me rechazó sin pensarlo. Me siento mal. Pero soy fuerte, me recuperaré.
Duendecillo: Ohhh, no tenía idea. Lo siento. ¡Pero me gusta eso último! ¡Ese es mi amigo :D!
Pseudobúlgaro: sabía que algo así había pasado.
Mamá portuguesa Lo siento mucho. Debí haber parecido un acosador. Creí que te había pasado algo.
Duendecillo: Paulo siempre entra en pánico. Felks, este fin de semana tenemos la fiesta de Jack. Deberíamos festejar allí.
Mamá portuguesa: No creo que sea la mejor idea, honestamente.
Feliks se lo pensó unos momentos. Sabía que la mejor manera de recomponerse era ser fuerte y seguir adelante. Y le entusiasmaba la idea de estar radiante en la fiesta. Y tomar mucho alcohol. Aunque eso último tal vez no era tan recomendable.
Yo: ¿Sabes qué, Cian? Estoy de acuerdo contigo. Al carajo. Voy a robarle el protagonismo hasta al mismo Jack en esa fiesta.
Pseudobúlgaro: No me gusta cómo suena eso.
Duendecillo: Siiii! Al carajo Toris!
Mamá portuguesa: No te pases Cian.
Duendecillo: plz.
Yo: Espero verlos a todos ahí. Tú incluido, Stefan.
Pseudobúlgaro: Todavía no sé si iré.
Duendecillo: Irá. Le dijo a Nikolai que iría :D
Pseudobúlgaro: Que TAL VEZ iría.
Duendecillo: pues me gusta tomarlo como un SÍ.
Yo: Hablando de eso, debería agregarlo a nuestro grupo.
Mamá portuguesa: Estoy de acuerdo.
Duendecillo: sí! me cae muy bien :)
Pseudobúlgaro: ¿Estás seguro?
Yo: No seas aguafiestas. Es un buen chico. Pero no hablen nada de lo que acabo de contarles. No tiene por qué verse envuelto en este drama que me acaba de pasar.
Feliks ha añadido a Niko~ al grupo.
Yo: Bienvenido a los trapitos~.
Niko~: ... ¿Por qué trapitos?
Feliks se esforzó un montón para la fiesta de Jack. Era la primera del año escolar, debía causar buena impresión. Se alisó el pelo, y eso que ya lo tenía bastante lacio de por sí; además de maquillarse sólo un poquito. Estaba listo para pasarla muy bien. Después de todo, no podía deprimirse por un rechazo. Además, Toris seguro que se lo pensaría y cambiaría de opinión. Su respuesta había sido probablemente algo impulsivo, producto de la confusión del momento. El polaco no podía culparlo.
Estaba convencido de que sería el más sexy de la fiesta, hasta que vio a Natalia vestida con una simple falda negra y sintió la conocida furia recorrer su cuerpo. ¡Con esas piernas al descubierto no le permitía a nadie resaltar!
—Mírala, así vestida—gruñó, aunque nadie le prestó atención. Decidió llevar a Nikolai a presentarle gente. El pobre chico merecía tener alguna vida social fuera de la escuela.
Con una botella de vodka, lo arrastró consigo.
En el camino se encontró con Toris. Éste parecía querer evitarlo, pero sería muy rudo hacerlo. Podía notar su incomodidad. También notaba que a la botella de vodka sólo le quedaba el fondo, pero eso no tenía tanta importancia.
—¡Y éste es Toris! —exclamó, abrazando al aludido. De última, tenía un par de buenas excusas para hacerlo. Podría fingir que estaba borracho. Y podría fingir que nada había pasado. Pero la sonrisa nerviosa del lituano, y el que todos sus músculos estuvieran tensos, indicaba que tal vez eso no sería posible.
Se quedó tan ensimismado en hablar sin que nadie sospechara nada de lo que había ocurrido, cuando se dio cuenta de que Nikolai ya no estaba, y el chico que le gustaba (no, del que se había enamorado) lo miraba con gran preocupación en el rostro.
—Feliks, has bebido demasiado—le dijo Toris, serio, intentando quitarle la botella. El rubio la apartó—Quiero ayudarte.
—Si quieres ayudarme, podrías no evitarme y dejar que siga siendo tu amigo como si nada hubiera ocurrido—no se iba a morder la lengua con nada.
—¡No es tan fácil! Te estimo, Feliks, pero es un poco incómodo. Es mejor que nos demos un tiempo. De amigos, quiero decir.
—¡Hey! —el polaco se ofendió—¡Ni que fuéramos pareja para decir eso! En la amistad no existe darse un tiempo.
—A veces... sí es necesario—contraatacó Toris, cruzado de brazos. Parecía triste—Deberías irte a tu casa. No vas a terminar bien...
—¿¡Y qué me importa!? ¡Ya no importa nada! —gritó, empinándose lo que quedaba de vodka en la botella. La garganta le ardió enormemente. Había sido un trago largo. Sintió hasta que el estómago se le revolvía. Pero aguantaría, era polaco—Spierdalaj, Toris (*) —escupió, dándose media vuelta.
Y quitándole a Yong Soo el vaso de la mano en cuanto pasó por su lado. Escuchó al coreano dirigirle un insulto, pero no le importó nada. Ya estaba aguantando las lágrimas. Se dirigió escaleras arriba a ver con qué podía entretenerse.
Al llegar, se encontró con un grupo de idiotas rodeando a Natalia. Pero no eran los idiotas de Eduard Bombón y Raivis Galante, que siempre la rodeaban. No, estos eran otro tipo de idiotas, de esos que probablemente fueron invitados por un amigo de un amigo de Jack.
Y era muy extraño que Natalia estuviera rodeada de idiotas desconocidos. Frunció el ceño.
La chica parecía enojada, y tenía los puños apretados.
—Váyanse. O déjenme ir—gruñó, enojada—Es la última vez que se los digo.
—Qué encantadora. Me encantan las chicas difíciles—dijo uno de los rubios estúpidos, sonriendo.
A Feliks le disgustó mucho esa sonrisa. Tenía que intervenir. Pero eran tres contra uno. Contra dos si contaba a Natalia. ¿Desde cuándo la contaba a ella en su bando?
No era momento de odiarla. Podría haberla auto declarado su némesis, pero era su compañera de clases, y el interés amoroso de su interés amoroso. Y aunque le pesara decirlo, era una buena chica que no se merecía que un par de idiotas la acosaran por mostrar un poco de piel.
—Esto no se trata de ser difícil ni nada. Me están molestando—sentenció la chica, apretando los dientes—Y me importa una mierda lo que te guste o no. Déjame ir.
—¿Con esa boquita dices "mamá"?—comentó otro, y algo pareció romperse en Natalia, porque pasó de estar enfurecida a parecer asustada. Los otros se percataron del cambio en el lenguaje corporal de la bielorrusa—Tal vez te pueda hacer decir otra cosa~.
Feliks había tenido suficiente.
—Y yo te voy a hacer decir el nombre de tu mamá entre lloriqueos, pedazo de mierda—dijo, pegándole al idiota del medio que estaba hablando, una patada detrás de la rodilla.
El joven perdió el equilibrio, y los otros dos tardaron un poco en reaccionar, debido al alcohol.
—¿Q-qué? —interrogó, y se dio cuenta de que el polaco era el causante de su caída—¿Qué mierda haces? ¿O acaso la pinta de gay es una fachada y quieres a la belleza para ti?
Natalia recuperó su mal humor.
—Qué desagradable. Deja de hablar como si yo fuera una cosa—apartó de un empujón a uno de los otros chicos que seguía a su lado, y se alejó de ellos.
—¡Eh! ¡Vuelve aquí! —dijo el que no había hablado anteriormente—¿¡Ves lo qué haces!? —se volvió al recién llegado.
—Oh, el que huyera lo hacían ustedes solitos—comentó Feliks—Honestamente, me duele, pero tengo que estar de acuerdo con ella esta vez. Me dan asco. Mucho.
—¿Quién te crees qué eres? —le espetó el chico que había caído al suelo, mientras se ponía de pie torpemente—¿Quién te conoce? Pareces travesti. Me dijeron que el dueño de la casa era cool.
—Precisamente es cool porque me conoce—se pavoneó Feliks, atándose el pelo. Si había que partirle la cara a alguien, estaba listo. Ser fabuloso incluía saber pegar un puñetazo si hacía falta—Ahora, me decepciona ver gentuza como ustedes aquí. Eso sí que no es nada cool.
—¿Crees que un afeminado puede con nosotros tres?
—Creo, no, estoy seguro—se mofó—Y honestamente, dudo que todos ustedes juntos lleguen siquiera a uno solo...
El otro iba a decirle algo, pero una puerta se abrió y apareció Jack mágicamente. Parecía confundido. Detrás de él, apareció Yong Soo, con cara de malas pulgas.
—¿Qué está pasando? —preguntó el dueño de la casa.
—Alguien te trajo un par de fuckbois—explicó Feliks, poniéndose las manos en la cintura—Recomiendo que fumigues la casa antes de que se reproduzcan.
—No tengo idea de quiénes son—sentenció Jack, muy serio—¿Los estaban molestando?
—Estaban acosando a Natalia como unas larvas rastreras—continuó el polaco. Disfrutaba del miedo de los otros tres estúpidos. El australiano podía ser bastante intimidante si se lo proponía, y al escuchar que molestaban a una de sus compañeras, su usual cara simpática se transformó.
Yong Soo lo observó con cierta sospecha. Era irreal el ver a Feliks defendiendo a aquella joven.
—Les pido que se vayan—sentenció Jack, cruzándose de brazos. Hasta a sus compañeros les dio miedo.
Los otros chicos se pusieron de pie, intentando disculparse rápidamente, aunque el dueño de la casa los fulminó con la mirada. No quería sus disculpas, quería que se fueran.
—Lo siento. Averiguaré quién los invitó—se disculpó el australiano, suspirando, y puso una mano en el hombro de Feliks—¿Estás bien? ¿Y tú Natalia?
Ambos asintieron. El más alto salió rápidamente de ahí, abandonando al coreano.
—¿Y tú que hacías con él encerrado en una pieza? —inquirió el polaco, recuperando el vaso que le había robado anteriormente y dándole un trago.
—Nada que te interese—gruñó el coreano, y volvió a dicha pieza a encerrarse. Parecía que su buen humor usual en las fiestas se había evaporado.
Feliks se encogió de hombros. Iba a dar media vuelta para decirle algo a Natalia, pero no vio a la chica.
Volvió con sus amigos, y bebió bastante más. Se quería olvidar de Toris y de que había gente idiota en el planeta como aquellos chicos.
Pero la vejiga lo llamó, y si no iba a un baño iba a reventar.
Desinhibido como estaba, fue directamente hacia el baño de arriba, probablemente el secreto mejor guardado de la casa porque muy pocos sabían dónde estaba. Así que no debía esperar mucho. Eso era un pro.
El contra era que no tenía forma de trabarse.
Abrió directamente, y se encontró con que ya había alguien ahí, sentado en el inodoro.
—Uh, mierda—se le escapó, pero tampoco salió de allí. La puerta se cerró detrás de sí.
—¿¡Es que no tocas antes de entrar!? ¡Idiota! —exclamó una chica.
Se dio cuenta de que era Natalia. Estaba roja. Pero tenía toda la ropa puesta. Y la tapa del inodoro estaba baja, ella sólo se encontraba sentada. ¿Qué estaba haciendo?
A Feliks sólo se le ocurrió una cosa.
—¿Te estabas masturbando?
La chica lo observó con expresión confusa. El comentario la tomó por sorpresa. Obviamente no. De hecho, a Feliks le parecía que tenía los ojos más azules que de costumbres. Y un poco rojos. Como si hubiera llorado.
Pero era imposible. Natalia no tenía sentimientos. No podía llorar por nadie. Seguro que se le había metido algo en el ojo. Sí, esa era la explicación más racional.
—Tarado—suspiró, refregándose la cara. Realmente parecía que había llorado, pero Feliks no podía creer lo que veía. El alcohol le estaría jugando una mala pasada.
O podría ser. Tal vez se había asustado con lo que esos chicos le habían dicho. Estaba casi seguro. Pero era raro que lograran hacerla llorar.
—Lo siento—se rió nerviosamente—¿Quieres un poco? —ofreció su bebida, intentando ser caballeroso.
—No—contestó ella, poniéndose de pie—Déjame pasar.
Feliks se corrió hacia la derecha, pero ella también. Fruncieron el ceño, y ambos hicieron además de ir por el otro lado. Pero volvían a bloquearse. Una y otra vez.
Eso hizo que el polaco se mareara un poco. Sintió ganas de vomitar, y casi que se abalanzó sobre la bielorrusa para llegar al inodoro. Incluso le tocó un pecho sin querer.
"Suave" pensó, pero inmediatamente levantó la tapa y comenzó a vomitar.
Escuchó a la chica balbucear un par de cosas detrás de él, sobre ir a buscar a Paulo. Sonaba un poquito preocupada. Eso le dio más náuseas todavía. Dudaba de que esa fuera Natalia siquiera, ya la había visto demostrar tres emociones en un día y eso le asustaba de sobremanera.
Nada estaba bien con el mundo.
Alguien lo sacó del baño a rastras. Escuchó conversaciones de voces identificables.
Y cuando salió al exterior, sintió el cansancio recorrerle el cuerpo.
—No te vayas a dormir ahora... —escuchó la voz de Paulo cerca de él.
—Gracias, mamá portuguesa—balbuceó.
—Tonto. Sigue caminando. Tienes suerte de que Natalia me avisó... que estabas mal en aquél baño.
—"Suerte" y "Natalia" no pueden estar en la misma frase.
—Siempre hay una primera vez.
Feliks se aguantó contestarle, y también aguantó el sueño. Se lo debía a Paulo.
(*) Algo así como "Fuck you, Toris", en polaco. Thx buzzfeed.
Ok, esta fue la historia un poco desde el punto de vista de Feliks. Muchas cosas van a desencadenar algún acontecimiento. Y Nikolai no tiene ni idea de la mitad lol a veces es bueno ver las cosas que el narrador omite. Como se habrán dado cuenta, las últimas escenas pertenecen a la fiesta de Jack :D
Btw créditos a Neam por el nombre del grupo de wpp :3
