Los personajes que aparecen en esta historia no son de mi pertenencia.

Capítulo 11: Problemas

Tras semanas y semanas la niña que había estado día y noche en la cama muy dolorida, pudo ponerse en pié. Dio por así decirlo "sus primeros pasos" lo cual asustó bastante a los adultos. Hasta ahora habían podido mentirle, asegurando que la madre de la niña estaba bien y que no había sufrido ningún daño pero ahora se verían obligados a decirle toda la verdad.

Unos días después del ataque a la madre y a la niña, las autoridades habían encontrado un cadáver mutilado, a las afueras del bosque. Pelo moreno y liso, en lo que quedaba de los ojos podía apreciarse un color miel, sin duda era el vivo retrato de su hija.

Habían encontrado la cabeza, un brazo y de cadera para abajo todo menos los pies. Había sido suficiente como para relacionar a madre e hija.

La dirección, sabía lo que estaba pasando dentro de la academia y se preocupó mas que nada de que la voz no corriera, por otra parte querían averiguar, que hacían madre e hija en los terrenos de la academia, pero no pudieron averiguar nada no, hasta que la niña no estuviera en sus plenas facultades. Lo único que podían hacer, a espaldas del clero era hacerle la autopsia al cadáver.

Lo primero que dijeron los sabios, fue que ya que no tenía joyas consigo, ni nada de valor, había sido victima de un robo brutal. La causa de que separaran su cuerpo en varias partes, podía ser fruto de una tortura o de que los ladrones intentaron esconder el cadáver. Luego se averiguó que había sido violada.

Pero el pánico llegó cuando se descubrió que su cuerpo había sido separado a la fuerza. No habían utilizado ningún filo, sino la fuerza bruta. Existía el torno, que se paraba el cuerpo humano, pero ¿Llevar el torno a los bosques de la academia? ¿Cómo? No, transportar un torno a través de las fronteras de la academia y sacarlo, a plena luz del día bajo la vigilancia de miles de guardias armados era imposible.

¿Y si la muerte se había producido fuera de la academia? ¿Y si habían utilizado los bosques de la academia para esconder algunas partes del cuerpo? Entonces la aparición de la niña no tenía explicación.

Las cosas que la niña dijo se tuvieron muy en cuenta, más de lo que tendrían en un caso normal. Pero venían tantos señores que no conocía que la niña se asustaba y se limitaba a decir que estaban en el bosque ella y su mamá cuando aparecieron unos chicos y les hicieron daño.

Pasado el tiempo la duda de por qué estaban ella y su madre en la academia fue resuelta por la niña, que dijo que su madre tenía la intención de encontrar trabajo como criada.

La sirvienta mientras tanto, le cantaba las cuarenta a cualquier persona que viniera a la casa y se pasara de la raya con la niña pero sobre todo le indignaba que se considerara un robo ya que la mujer no llevaba cosas de valor en cima, pero ¡desde cuando las aspirantes a sirvientas llevan cosas de valor consigo!

Sin duda la academia intentaba ocultar, que era posible que un grupo de vándalos por diversión hubiera atacado a la madre y a su hija.

Mientras tanto sirvienta y noble, se separaban más y más cada día. Ya no dormían ni comían juntos, ella ya no quería aprender a leer, ya no se reían juntos, él ya no la llamaba princesa, ella ya no se revelaba, ya no se demostraban el cariño.

La niña dormía en el cuarto de la sirvienta, por lo tanto ella dormía en la lujosa silla junto al fuego del salón. Todo esto a Honey la vino genial, quien veía que las cosas volvían a ser como antes de que aquella mujer llegara.

Ahora Honey se veía como una reina, el noble, le compraba todo lo que quería, la llevaba a todas partes, hacía todo lo que ella quería... siempre concedía hasta el más quisquilloso capricho. La joven noble estaba en el cielo y volvía a tratar a la sirvienta como a un perro mientras el otro se hacía el loco.

La sirvienta había dejado sus clases de lectura y de ver a su amo por casa. Siempre estaba de compras con Honey, o estudiando con Honey, o comiendo con Honey, o ayudando con un problema a Honey, o consolando a la "pobre y desdichada" Honey, o con sus amigos hablando de Honey... ella lo era todo. La joven sirvienta siempre tan sola había empezado a hablar con la niña y ahora eran amigas inseparables, la chica siempre estaba al borde de la cama de su amiga.

Se contaban anécdotas jugaban a juegos y se lo pasaban bien juntas. La niña estaba al 100% de acuerdo de que con su nueva amiga el dolor se sobrellevaba mejor aunque estaba muy apenada por otra parte, ya tenía ganas de ver a su madre (supuestamente viva) aunque comprendía el no verla. Alguien tenía que pagar a todos esos señores que venían a curar y preguntar.

Claro, su madre estaba trabajando mucho en otra casa para que se pudieran permitir aquello, por eso la niña se esforzaba en recuperarse para no necesitar mas médicos y que ella y su madre pudiera estar juntas. Pero eso ya jamás ocurriría.

Todo ocurrió en una tarde soleada, el tiempo era bueno y como de costumbre la niña tenía que tomarse una medicina vía oral que resultaba muy desagradable al sentido del gusto. Una copa de cristal reposaba sobre la mesilla, con un líquido ligero en su interior.

La niña dio el primer sorbo y segundos después lo escupió. Sabía peor que de costumbre.

-Puaj -dijo- no me quiero beber esto.

Se encontraba sola en la sala y estaba muy aburrida, echaba de menos a su amiga la sirvienta quien había tenido que bajar al pueblo a comprar algo de comida. En la casa estaba un médico que estaba en el salón.

A la sirvienta, no le gustaba para nada dejar a la niña con extraños, ni mucho menos salir ella sola de la academia hasta el pueblo mas cercano. Sentía que los guardias de Queen o él mismo, le esperaban tras las esquinas. Antes contaba con el noble para ayudarla pero ahora estaría con Honey y lo pasaba realmente mal cuando se veía obligada a salir de la academia.

La niña, mientras tanto jugueteaba con la copa, haciendo ver que bebía como una nena mayor, pero no era muy habilidosa, y la copa calló al suelo haciéndose mil pedazos.

-Oh no -murmuró la niña.

Sin pensar, se levantó y escondió los pedazos bajo la cama, luego se tumbó y se hizo la dormida. El doctor alarmado por el ruido, entró en la habitación y vio a la niña dormida. También vio la medicina por el suelo y algunos cristales.

Automáticamente fue a preguntarle a la niña y no de la mejor manera posible.

-¡Oye niña! -le dijo con desprecio-. ¿¡Eso que hay en el suelo es la medicina que te he dado!?

La niña se echó a temblar.

-¡Responde! -gritó el médico enfadado agarrándola de su pequeño vestido.

-Ha sido sin querer -murmuró la niña aterrada.

-¿¡A caso te atreves a despreciar mis curas!?

-N-no.

El médico echo una furia tiró a la niña a la cama y se remangó listo para pegarle o quizá aquel perturbado tendría algo más en mente...

La sirvienta llegaba cargada hasta arriba, tanto, que le costaba ver por dónde iba. Por fin llegó al porche, dónde tropezó con los escalones.

-Soy una patosa -se recriminó a si misma.

Miró hacia la casa poniéndose en pie y volvió a intentar recoger las cosas, hasta que escuchá el grito de la niña. De su niña.

Tiró las cosas que había cogido, al suelo y corrió hacia la habitación de la niña. Rogaba a los cielos que gritara por haber vito una cucaracha.

Incansable avanzó, y al llegar abrió de golpe la puerta. La escena que se encontró no tenía precio. El médico intentaba quitarle su blanco vestidito a la niña sin su consentimiento.

La sirvienta lo único que vio al principio era a si misma muchos años atrás ocupando el lugar de la niña, pero después vio a una niña confundida que sólo intentaba defenderse en vano. Era demasiado joven, no entendía lo que estaba pasando.

Lo primero que la sirvienta hizo fue apartar al doctor y empujarlo contra la mesilla que se hizo pedazos. Después cogió a la niña y la sacó fuera de la habitación, asustada de lo que era capaz una persona cruel. Llevó a la niña en dirección a la puerta y la dejó allí en el porche.

-¡Corre! -le dijo-. ¡Yo lo entretendré!

-No, mi mamá me dijo eso antes de irse y ya no ha vuelto -dijo la niña entre lágrimas.

-Ves a la academia -dijo la sirvienta con una falsa sonrisa-. Allí te van a escuchar y yo, te juro, que estaré aquí cuando vuelvas, con la merienda preparada.

-Un juramento es muy serio.

-Sí -dijo la joven-. Es lo mas serio del mundo.

La niña asintió y se fue corriendo en dirección al gran edificio que podía verse por encima de los árboles.

-Bueno en realidad -murmuró la sirvienta cabizbaja- tu serías ahora lo mas serio del mundo para mí.

Al principio, pensó que con los que habían atacado a la madre de la niña sueltos por ahí, lo último que faltaba era dejarla sola pero ahora la primera amenaza era el doctor.

La sirvienta se metió en la casa y cerró la puerta, tras ello sintió una presencia a su espalda.

La niña avanzaba por el bosque, ni si quiera llevaba zapatos. Sólo quería encontrar al chico rubio que de vez en cuando traía comida y regalos. Sabía que era el señor de la casa y así por lo menos se sentiría mas segura.

Flash Back

Cuando despertó de la pesadilla que le había impedido dormir, la pequeña, encontró a la sirvienta junto a ella con cara de intensa preocupación.

-¿Como te encuentras?

-Bien -dijo tímida.

-Te e oído gritar ¿A sido una pesadilla?

-Sí -murmuró la niña.

La sirvienta se sentó al borde de la cama y cogió la débil mano de la niña.

-¿Como te llamas pequeña?

-Me llamo Karen -dijo la niña.

-Yo soy Nami.

-¿Por que... la personas mayores no tienen pesadillas?

La sirvienta rió divertida, mientras Karen la miraba confusa.

-Las personas mayores también tenemos pesadillas, también nos dan miedo muchas cosas ¿sabes?

-¿De verdad? -preguntó Karen curiosa.

-Palabra.

-¿A ti que te da miedo? -preguntó Karen.

-Bueno, a mi... que las personas a las que quiero me utilicen, me da miedo estar sola, me da miedo reconocer lo que siento y... -se agachó sobre la niña susurrando- me da miedo la oscuridad.

Karen sonrió.

-A mí también me dan miedo esas cosas y... -susurró igual que lo había echo la sirvienta- me da miedo el monstruo del armario.

La sirvienta sonrió.

-¿Quieres que compruebe haber si está esta noche en nuestro armario?

-Si, por favor.

La sirvienta se puso en pié, fue caminando hacia el armario y suspiró antes de abrir sus puertas. No esperaba que hubiera nada, es más, cuando las puertas se abrieron sólo encontró sus vestidos, que le trajeron bonitos recuerdos. Recuerdos con su señor.

-¿Mi mamá está muerta? -preguntó Karen sacando de sus cavilaciones a la sirvienta.

-¡No! -dijo ella rápidamente-. Esta viva.

-Si ella se muere algún día... ¿Querrás ser mi mamá?

La sirvienta se estremeció aceptar aquello sería colosal, quizá demasiado impactante para ella. Una niña, eso sería una responsabilidad enorme. Ni si quiera podía cuidarse a sí misma, ¿Como cuidar a una niña? Sólo por complacer los deseos de Karen aceptó.

-Claro -dijo desanimada.

-Y el señor noble podría ser mi papá -dijo la niña realmente feliz.

-¿¡COMO DICES!?

La sirvienta, se quedó de piedra, era cierto que Karen era muy pequeña así que no podía echarle la bronca pero por otro lado... tenía que explicarle su fallo para que no volviera a cometerlo.

-Karen, tienes que entender que hay personas que no pueden estar juntas. No pueden ser papás y mamás...

-¿Por qué no?

-Pues porqué simplemente hay personas que no pueden estar juntas. Existen normas, normas morales que impiden a ciertas personas estar juntas voluntariamente. Además para que un chico y una chica sean mamá y papá tienen que quererse.

-¿Y tu odias al señor noble?

-No, para nada, él es maravilloso ¡Es increíble! No tienes ni idea de lo bueno que puede llegar a ser.

-¿Entonces porque no podéis ser papá y mamá?

-Eres demasiado pequeña para pequeña para entenderlo -dijo la sirvienta sonrojada.

Mientras tanto el noble se apoyaba en las paredes del pasillo, le encantaba cotillear en charlas de mujeres. Tenía una traviesa sonrisa, que denotaba lo mucho que se divertía con las nerviosas explicaciones de la sirvienta. Encendió otro cigarro.

-Todos los adultos me dicen lo mismo -dijo Karen desanimada.

-Mira recuerdas a nuestra señora Honey ella podría ser tu mamá y el señor tu papá, yo puedo ser tu amiga.

-No me gusta -respondió Karen-. Tengo la impresión de que le caigo mal.

-No, apenas os veis es imposible tonta.

-¿Entonces por qué me mira con cara de asco?

-Preguntas mucho ¿verdad?

-Sí, mamá decía que estoy en la edad.

-Dice, está bien, no te preocupes.

La niña sonrió.

-Pegas mucho con el señor noble. Serías los perfectos papá y mamá.

La sirvienta sonrió.

-No se lo digas a nadie ¿vale?

-¿Entonces lo admites?

-Sí -dijo la sirvienta sonriendo.

-¡Bien!

Las dos se rieron juntas. El noble en el pasillo sonrió y apagó el cigarrillo dejándolo en mitad de la puerta. Sabía que ella se daría cuenta de que había estado allí y ella tras acostar a la niña y cerrar la puerta se dio cuenta de que el cigarro en el suelo. Aquello era una marca.

Poco después sintió, que alguien la abrazaba por la espalda.

-Serías una perfecta mamá -murmuró una voz a su espalda.

-No puedes tener hijos con dos mujeres.

-Estas obsesionada con lo que te dije...

-No lo voy olvidar jamás. Aunque por otra parte me has recordado que sólo soy la esclava. Ahora, te voy a pedir amablemente que me sueltes.

La niña escuchaba sin poder verlos pues la oscuridad se lo impedía.

-Yo si que soy tu esclavo.

-¿Que? No, ahora en serio, quiero irme a dormir.

-Durmamos como antes -rogó él.

-Eres muy terco.

-Ni te lo imaginas, pero, no te obligaré -dijo el noble mientas la soltaba.

-Me lo imaginaba. Buenas noches.

Él le dio un beso en la frente.

-Buenas noches.

La niña sonrió, por lo menos el final había sido feliz. Sin duda echaba de menos a su madre.

Fin Flash Back

Tropezó, era clavada a la sirvienta. Karen se echó a llorar. No iba a poder encontrar a nadie a tiempo.

De pronto sintió una mano en su hombro. Miró hacia arriba era el amo de la sirvienta, aquel chico que siempre le traía regalos. Sin dudarlo se lanzó a sus brazos llorando.

-¿Que a ocurrido? -preguntó.

Su voz era tranquila, serena, era tan relajante escucharle.

-El doctor perdió la razón e intentó atacarme, entonces la señorita sirvienta se metió en medio y me dijo que corriera. Ella se encerró con el doctor, me... ¡me prometió que tendría la merienda preparada la merienda cuando yo llegara!

-No pasa nada -musitó el noble-. Va a estar bien.

Cogió a la niña en brazos y veloz, como el viento, fue a la casa. A rescatar a su princesa.

En cuanto sintió aquel frío aliento en su nuca, la sirvienta se paró en seco y se giró lentamente. Se encontró con unos ojos rojos y brillantes que la aterrorizaron. Tenía la certeza de que no era humano.

De pronto el doctor, o lo que fuera aquello, alargó una mano hacia la sirvienta.

-Doctor -dijo ella- alguien os atacó, os transformó en un ser no-humano pero sé que estáis ahí, por favor, no queréis hacer daño a nadie.

La fría mano del doctor acarició el cuello de la mujer y ella lo interpretó como una señal, de que el doctor luchaba por salir y dominar su cuerpo.

-Doctor... -dijo ella al notar su caricia-. ¿Sois vos?

La mano del doctor automáticamente agarró con fuerza el cuello de la chica y la levantó en el aire. Ella pataleó y arañó sus manos pero el doctor no parecía sentir nada. Acto seguido lanzó su cuerpo hacia el suelo.

Ella tosió e intentó entretenerle un rato mas para que no tuviera tiempo de atrapar a Karen. Tenía que aguantar viva el máximo de tiempo posible o a la niña le pasaría algo. Si intentaba luchar contra él, perdería seguro, tendría que probar otra cosa. Pero por otra parte, ¿Por qué su otro yo no aparecía? Derrotaría a aquel hombre en un santiamén, pero, muchos otros sufrirían daños.

Ya le había pasado otras veces cuando otros nobles habían intentado hacerle daño. Esta vez su otro yo tardaba demasiado en darse a conocer.

Miró hacia arriba encontrándose con una patada en la cara del doctor. Un hilo de sangre salió de su boca.

-Basta... -murmuró.

Luego el doctor cogió uno de sus tobillos y comenzó a arrastrala hacia las escaleras del pasillo. La sirvienta pataleó asustada y viendo que no podía hacer nada, se agarró al suelo con las uñas mientras era arrastrada.

La subió a golpes por la escalera y al llegar al pasillo ella empezó a defenderse desesperada. Le pegó una patada en la muñeca y consiguió escapar. Intentó levantarse para correr, pero recibió una patada en la espalda y calló al suelo. El doctor, empezó a pegarle patadas en la tripa y luego empezó a pegarle con la cabeza contra la pared hasta que ella se desmayó.

Después, la arrastró del pelo hasta la habitación del noble.

Cuando empezaba a romper su ropa la puerta principal se abrió de golpe.

Continuará...