Capítulo 10: Celos

Inuyasha no le dijo nada, simplemente cerró la puerta tras él y se dirigió hacia ella. No había ido a buscar sexo ni nada por el estilo sólo quería poder oír su voz después de tanto tiempo. La había echado muchísimo de menos y se había contenido todo lo que había podido para que no se sintiera forzada a verle. En ese momento, necesitaba más que nunca verla, oír su voz, saber que estaba bien y que no le odiaba aunque eso último lo dudaba. Se sentía como si la hubiera violado a pesar de que ella le respondió.

Kagome le miró sin poder creerse que estuviera allí, que hubiera ido a verla después de tantos días. ¿Estaría preocupado por ella?, ¿la echaría de menos?, ¿querría volver a mantener relaciones sexuales con ella? Ojala no fuera eso último porque ella no estaba dispuesta a tener sexo con él, otra vez no. Quería mucho más que sexo, quería hacer el amor, quería que ambos se fueran allí e iniciaran una nueva vida juntos, quería tener hijos con Inuyasha y el descubrimiento de lo que en verdad deseaba la asustó. Su cuerpo tembló con extremada violencia y se envolvió entre las sábanas y las mantas.

- No me tengas miedo…

Inuyasha parecía creer que ella le temía y a veces era cierto pero también le amaba.

- ¿Por qué iba a tener miedo? – le miró confusa- tú no me forzaste a hacer nada que no quisiera pero yo… no es así como lo había imaginado…

- Kagome yo… estás decepcionada conmigo, ¿no?

- ¡No!

A lo mejor contestó demasiado de prisa pero sintió la necesidad imperiosa de gritarlo. Inuyasha no la había decepcionado, aquel momento fue realmente maravilloso y si tuviera que cambiar algo, sería lo que ocurrió después. Ambos se comportaron mal. Ella no pertenecía a nadie y él no tenía por qué haber sufrido las consecuencias de su ataque de ira. Deseaba tanto un hijo suyo…

- ¿Kagome?

- Yo, no te odio… nunca te he odiado…- le aseguró- pero no te pertenezco… no puedo pertenecerte- sacudió la cabeza- yo soy libre, necesito ser libre… necesito saber que lo soy… - vio que iba a decir algo pero se lo impidió continuando- no puedes pedirme que sea tuya… tú me has secuestrado…

- ¡Maldita sea, escúchame!- exclamó.

Inuyasha se subió a la cama y le cogió de los hombros apartando las mantas y haciendo que ella quedara de rodillas frente a él, con los ojos abiertos como platos y la boca en forma de o. No se esperaba aquel movimiento y mucho menos que Inuyasha reaccionara de aquella forma. No temía que le hiciera daño pero parecía muy alterado.

- ¡No estaba en mis cabales cuando te traje a esta cama! – exclamó- me di cuenta demasiado tarde y comprendo que puedas insultarme u odiarme. Me lo merezco por haberte forzado a hacer el amor conmigo, yo…

¿Hacer el amor?, ¿él veía más que sexo en su relación? A lo mejor estaba equivocada respecto a lo que sentía Inuyasha.

- Tú… tú crees… - balbuceó- ¿tú crees que hicimos el amor?

- Claro que lo creo aunque a lo mejor me equivoco- suspiró frustrado- a lo mejor te deseaba tanto que te veía acariciarme cuando en realidad me golpeabas… - apoyó su frente contra la de ella- a lo mejor te violé y ni siquiera soy consciente de ello y eso me mata… yo te deseaba, te sigo deseando y seguiré así hasta el día en que me muera- acarició su cabello- te amo Kagome y eso no cambiará jamás- la miró- Kagome, ¿te violé?

La amaba, sí eso ya lo sabía pero se sentía tan confundida. La había secuestrado, tuvo una amante a pesar de decir que la amaba, era tan posesivo y celoso. No sabía qué pensar o hacer, tenía miedo a confesarle lo que sentía por él y equivocarse. Aunque tenía claro que debía aclararle algunas cosas.

- No me violaste, Inuyasha.

Inuyasha le soltó los brazos y se quedó frente a ella suspirando con una mezcla de alivio y felicidad. No la había violado, no estaba tan cegado por su propio deseo que tomó algo que ella no quisiera darle. A pesar de que ella no le amase, se había entregado voluntariamente a él y eso en parte era un alivio. En ese momento le faltaba solucionar el pequeño problema de sus celos y su forma de ser tan posesiva.

- Me gustaría ver a Miroku… - murmuró Kagome.

- ¿Eh?

Sintió una punzada de celos atravesándole directamente el corazón. En ese tiempo en que había encargado a su amigo que cuidara de ella había conseguido que se enamoraran ambos. Él pensaba que era solo Miroku el afectado pero aquella petición le había dejado estupefacto. Kagome debía amarle, debía haberse enamorado perdidamente de él y ya no tendría ninguna oportunidad con ella. Tal vez lo más honrado fuera entregársela pero no lo haría jamás. Si resultaba que ella prefería a Miroku, la dejaría marchar. En el caso contrario, lucharía a muerte por ella.

- ¿Por qué quieres ver a Miroku?

No era asunto suyo y lo sabía. Kagome tenía derecho a pedírselo y más aún después de todos los días en los que la tuvo abandonada. Los celos hablaban por él.

- Es el único amigo que tengo aquí… necesito hablar con él…

- Está bien.

Inuyasha se levantó de la cama con pesar y fue en busca de Miroku.

Encontró a Miroku en la zona más alejada del salón, limpiando su arma a conciencia, mientras que comprobaba que no tuviera ni un solo defecto que podría causarle problemas en un tiroteo. Desde la muerte de Sango, estaba muy obsesionado con las armas y la seguridad. No podía culparle por ser tan precavido.

Se dirigió a él a paso lento preguntándose todavía por qué le permitía verle sabiendo que él la amaba. Sabiendo que a lo mejor ella podía amarle… Le mataba la idea de que ella un día le confesara su amor por Miroku y éste otro se la llevara muy lejos de allí. Podrían huir juntos del país y tras pasarse largos años buscándolos, encontrarlos en una casa perdida de la mano de Dios con cuatro o cinco retoños. Aunque claro, a lo mejor tenía demasiada imaginación.

- ¡Miroku!

Miroku le miró un instante y luego volvió la vista al arma. Terminó de calibrar el cañón y la dejó sobre la mesa, pero no volvió de nuevo la vista hacía su amigo sin antes doblar bien el trapo con el que había limpiado el arma. Siempre había sido un obseso del orden.

- ¿Qué pasa?

- Ella quiere verte…

- Pero si antes le he dicho…

- He estado hablando con ella y le he dicho todo lo que sentía… - suspiró- ella me ha pedido que vayas…

Miroku miró a su amigo sintiéndose mal por todo lo ocurrido. Amaba a Kagome, la quería para él, odiaba con toda su alma el acto que hizo que ella se apartara de Inuyasha, pero aún así no podía evitar sentirse mal pensando que se la estaba robando. Le estaba robando a Inuyasha lo único que tenía sentido para él, le estaba robando algo más importante que respirar. Tenía que hacer algo.

- ¡Miroku!

Estaba a punto de saltar de la cama para correr hacía él, pero él fue más rápido y llegó antes de que ella pudiera bajarse. De rodillas en la cama rodeó con sus brazos el cuello de Miroku y suspiró aliviada al sentir los brazos de Miroku rodeando su cintura.

Ahora que Miroku estaba allí se sentía segura y el torbellino que nublaba su mente empezaba a disiparse. No sabía qué tenía Miroku pero lograba llevarle paz de espíritu. En esos días se había convertido en buen amigo, tal vez el mejor que había tenido en toda su vida. Sin embargo, él decía amarla y ella sólo deseaba una larga amistad por su parte. Empezó a sentirse mal por haberle hecho llamar. Miroku no tenía por qué estar entre Inuyasha y ella, no tenía por qué hacerle sufrir cuando nunca iba a corresponderle. Se merecía algo mejor por su parte.

Miroku miró hacía su amigo, descubriendo que estaba a punto de estallar de los celos que le estaban comiendo por dentro, y decidió dar por terminado ese cálido abrazo.

- ¿Por qué querías que viniera, Kagome?

Kagome se sobresaltó por la pregunta y le miró sin entender. Era cierto, ella le había llamado y tenía que darle alguna explicación.

- Tenía miedo…

- ¿De qué? – le preguntó sin entender- aquí estás segura.

- No… - murmuró- tenía miedo de …

Antes de poder terminar la frase divisó a Inuyasha en la puerta y se encogió de hombros acongojada. No se atrevía a decirlo delante de Inuyasha. No podía hablar de sus sentimientos por él con Miroku, estando él delante. De hecho, se estaba empezando a plantear que tampoco debía hablarlo con Miroku. Él ya sufría bastante por su culpa, no tenía que empeorarle las cosas.

Miroku se volvió hacia la puerta para mirar a su amigo asombrado. ¿Kagome había querido decir que Inuyasha le causaba temor? Inuyasha parecía estar mucho más sorprendido que él y parecía a punto de destrozar algo o echarse a llorar. Iba a hablarle a su amiga, decirle alguna palabra de consuelo, pero Inuyasha no se lo permitió. Se acercó rápidamente a él y le apartó de Kagome.

- ¡Miroku!

Kagome estiró el brazo para agarrarle sin embargo, Inuyasha se lo agarró y la obligó a rendirse en su intento de agarrarle. Miroku no quería obedecer la silenciosa orden de Inuyasha mandándole dejarles solos, pero al mirarle a los ojos supo que jamás haría nada en contra de la voluntad de la mujer.

….

- ¡No voy a hacerte daño!- exclamó- ¿es que no entiendes que soy incapaz de hacerlo? Si te he dañado alguna vez ha sido sin saberlo y te suplico perdón pero… ¡no me tengas miedo!

- Yo… yo no te tengo miedo…

Inuyasha la creyó, no veía miedo en sus ojos, veía algo que no era capaz de descifrar pero no parecía malo. Suspirando pesadamente se sentó sobre la cama, junto a ella, y le pasó un brazo sobre los hombros para acercarla a él. Ella le miró extrañada por el cariñoso gesto y cerró los ojos fascinada por él. Ya sabía que él no le haría daño, lo que quiso decirle a Miroku es que tenía miedo de sus sentimientos. Aunque ya no lo tenía, Inuyasha había disipado todas sus dudas. Le amaba y quería decírselo, gritárselo.

- Kagome…

Kagome suspiró al escucharle pronunciar de esa manera su nombre. Sencillamente le había encantado. Miró a Inuyasha a los ojos y se sorprendió al darse cuenta de lo rápido que estaba sucediendo todo. Estaban por besarse, casi se rozaban sus labios y ella después le diría que le amaba. Todo sería tan perfecto…

- ¡Inuyasha!

Se separaron inmediatamente y miraron a Miroku que acaba de entrar en la habitación. Llevaba puesto pero sin atar el chaleco antibalas y tenía su fusil en la mano.

- ¿Qué ocurre?- exigió saber Inuyasha.

- Nos han engañado… - miró a Kagome- están aquí. Hay montones de agentes del FBI… saben que ella está aquí…

- ¿Cómo saben que…?

- Un tal Kouga Wolf… - Miroku miró a Kagome- él dio un parte de tu desaparición.

Finalmente, Kouga se había dado cuenta de que de verdad estaba secuestrada. Desgraciadamente, ella ya no quería que la rescatasen, ya no quería volver a su antigua vida. ¡Que Dios la ayudara porque quería quedarse con Inuyasha!

- ¡Tienes que sacar a Kagome de aquí!

- Sí- asintió Inuyasha- Kagome, vamos a salir a prepararnos para el combate- le explicó- ponte algo de ropa mientras estamos fuera.

Miroku e Inuyasha salieron a toda prisa de la habitación y cerraron de un portazo mientras que Kagome corría hacía el armario. Esos hombres del FBI venían a rescatarla, y se lo agradecía pero no se iría nunca con ellos.

Continuará…