BANQUETE

El banquete transcurrió casi sin incidentes. Los Cullen sonreían a todo el mundo, aunque la gente recelaba un poco de los muchachos y sólo hablaba con Carlisle y Esme. Durante todo el tiempo que yo había estado probando menús siempre me había preguntado qué harían ellos el día de mi boda y una vez que llegó el momento de la verdad lo descubrí: escondían una buena ración en la servilleta, comían otro poco cuando alguien les miraba de forma perspicaz. Emmet y Jasper además deslizaban los trozos que les sobraban en los platos de las personas que había cerca.

Estaba allí casi todo Forks. Nadie había querido perderse la boda de la hija del sheriff con el apuesto hijo del también apuesto doctor Cullen. Sin embargo mi felicidad no era completa.

A pesar de que habíamos invitado a los miembros de la Push sólamente dos habían venido. Billy Black había asistido a la boda sólo por no hacerle un feo a mi padre. Aunque por culpa de la huida de JAcob su relación fuera más distante Billy quería demostrar así a mi padre que le estimaba.

El otro quileute que había asistido a mi boda era Seth. A pesar de ser sólo un niño había madurado muy rápido y parecía comprender mucho mejor que otros que los Cullen no eran realmente una amenaza y que yo no había traicionado a los licántropos al elegir a Edward. Eché de menos a Jacob; me habría gustado poder verle sentado en una de las sillas del banquete con su ropa de fiesta, saludándome con esa mueca suya. Verle natural y divertido, libre de problemas, siendo mi Jacob, ese muchacho con el que había pasado tantas tardes arreglando motos a escondidas de Charlie y de Billy. Entendía los motivos por los que mi amigo licántropo no querría estar en mi boda con su mayor enemigo: un vampiro.

Sabía que Edward le había invitado porque había oído un día a Charlie hablar por teléfono con Billy de ello, por supuesto mi padre no sabía qué era exactamente lo que pasaba allí. Nunca se lo había dicho a Edward, sabía que había invitado a mi mejor amigo por el cariño que yo aún sentía por él y no podía reprocharle que le invitara para hacerme feliz. Claro que eso había sido antes de que Jacob desapareciera inentando escapar de mí. Me odiaba a mí misma por hacerle esto pero ya no podía dar marcha atrás y tampoco quería hacerlo. Elegir a Jacob significaría perder a Edward lo que acabaría con mi vida.

Agradecí enormemente a Billy y a Seth su presencia y aproveché para preguntarle a este último acerca del paradero de Jacob, pues Billy nunca me lo diría.

- La última vez que hablé con él estaba en la frontera con México- me dijo Seth en voz baja para que Billy no lo oyera.

"México, por supuesto. Un lugar cálido en el que un vampiro no podría estar. Bravo Jacob" Pensé, de todos los lugares que había tenía que elegir el que no podría visitar siendo vampira.

Mi corazón se encogió de tristeza y la angustia comenzó a invadirme. Sin embargo no tuve mucho tiempo para culparme por la huida de Jacob pues Edward se acercó a mí para indicarme que el vals nupcial estaba a punto de empezar. La sola mención del baile hizo que mi torpeza, que tan escondida había estado durante la ceremonia y el banquete, reapareciera. Edward tuvo que sujetarme varias veces mientras íbamos a la zona de baile para evitar que mi cara diese contra el suelo. Sentí que mi rostro se convertía en un faro rojo cuando entramos en la pista de baile, iluminada por las luces que Alice había colocado.

Como mis dotes en el baile eran más bien escasas me dejé llevar por Edward y me sumergí en los maravillosos topacios que eran sus ojos. La música desapareció, así como el resto de invitados. Sólo estábamos Edward y yo, bailando. Los dos juntos, volando sobre la pista, deslizándonos con gracia y agilidad. Las manos de Edward me asían con fuerza, sujetándome, uniéndome a ese mundo mágico que me prometía con sus ojos. No me percaté de que poco a poco la pista se iba llenando de parejas que nos emulaban. Pero no había nadie que bailase como Edward, ni siquiera el resto de miembros de su familia. Sólo Alice podía a veces estar a la altura de su danza.

Yo me sentía volar, notaba como mi cuerpo se volvía etéreo, mis pies se separaban del suelo y me elevaba sobre las cabezas de los invitados a mi boda. Sumergida en los ojos de Edward viajé por el universo, me sumí en un paisaje de estrellas. Exploré galaxias remotas, hermosas nebulosas que estallaban y desaparecían formando una explosión agonizante de brillantes colores. Veía la música, notaba cómo fluía en mi interior y hacía que todo mi cuerpo la sintiese. No oía nada, no veía nada que no fueran las maravillosas joyas que eran los ojos de mi marido. Deseé que la canción no acabara nunca, no tener que volver a la realidad; seguir así, unida al mundo y tan alejada de él a la vez.

Los músicos tocaron las últimas notas del vals nupcial y mi amado disminuyó la gracia de su baile, de forma suave; haciendo que mi bajada a la tierra fuera lo menos brusca posible. Intenté resistirme y seguir en aquella nube en la que me hallaba pero me fue imposible. Los aplausos y las voces de la gente hicieron que mi nube se volviese gaseosa, dejándome caer de forma brusca a la realidad.

La fiesta continuó, aunque a mí me costó un buen rato recuperarme de mi regreso a la realidad. Edward estuvo a mi lado todo el tiempo, acariciando mi espalda, jugando con mi cabello, cogiendo mi mano y depositando en ella tiernos besos. No hablaba, como si supiera que en ese momento cualquier cosa que me dijera sería peor. Cuando por fin me recompuse esbocé una sonrisa y le besé lentamente para confirmarle que si él estaba en la tierra no necesitaba el cielo.

No quise volver a la pista de baile a pesar de los esfuerzos de Edward, por lo que me limité a ver cómo mi ya marido bailaba con las mujeres de su familia y con mi madre. René estaba feliz, encantada de formar parte de todo eso. Sabía que se alegraba por mí y eso hacía que yo me sintiera más feliz.

Poco a poco los invitados fueron despidiéndose de nosotros. Todos parecían haberlo pasado estupendamente y me agradaba que así fuera. No quería que el último acto en el que me viesen como humana fuese un fracaso.

Mis antiguos amigos del instituto fueron de los últimos en marchar. Jessica estaba disfrutando de la noche y les propuso al resto continuarla en los bares del pueblo. Contagiados por una extraña excitación todos aceptaron inmediatamente a pesar de que minutos antes algunos de ellos había dicho que se morían de sueño. Angela se despidió de mí como si nos fuesemos a volver a ver, o como si la próxima vez que lo hiciéramos todo hubiese cambiado.

- Jasper- dije una vez que mis amigos se hubieron despedido para ir a disfrutar de la fiesta a otra parte-, deberías dejar de hacer eso con mis amigos.

- Vamos Bella. No te enojes, sabes que una buena fiesta no les sentará mal.

Emmet se había acercado a nosotros.

- Ven a bailar conmigo cuñada.- me dijo con su alegría natural.

A pesar de que el cansancio me estaba venciendo y de que no quería bailar accedí, embargada por una inusitada necesidad de bailar. Mientras me dirigía con Emmet a la sala de baile escruté a Edward con el rabillo del ojo. Estaba serio, reflexivo, posiblemente enfadado por bailar con su hermano cuando había declinado todas sus invitaciones. Pero había algo más, algo que había estado presente todo el día y de lo que no me había dado cuenta. Durante toda la ceremonia y el banquete, mi ángel había estado muy extraño. A pesar de que se le veía más guapo y pletórico de lo que nunca lo había visto en un par de ocasiones me pareció notar cierto rubor en sus mejillas, además de un par de grados más de temperatura en su normalmente helado cuerpo. También el resto de los Cullen estaban más raros de lo normal. Cuando en un momento de la fiesta se lo comenté a Carlisle, éste me dijo que se debía sólo a la excitación de la fiesta y que no era nada de lo que tuviera que preocuparme.

Hacía ya un buen rato que me había desprendido de los finísmos y carísimos zapatos que Alice había encargado para mi boda y cuando me levanté para bailar y sentí la hierba bajo mis pies no pude evitar acordarme de la primera vez que Edward y yo fuimos a su prado. Él insistía en que ahora era "nuestro" prado, pero yo no podía evitar sentir que aquel lugar era sólo suyo y al compartirlo conmigo me hacía sentir al mujer más feliz del mundo.

Me divertí bailando con Emmet, hacía movimientos bastante descoordinados a propósito para hacerme reír. Había que reconocer que incluso bailando mal a propósito, Emmet tenía un gran sentido del ritmo. Cada día me asombraba descubriendo algo nuevo acerca de él. Me liberé de mis temores por unos minutos y bailé de forma libre y loca. Bella Swam se quedó sentada en la silla mientras yo bailaba y hacía el tonto con Emmet sin temor a caerme. Me sentía tremendamente feliz, a pesar de mi inicial reticencia había acabado por disfrutar de la velada. Después de todo, ahora era la señora de Edward Cullen, y pronto estaríamos juntos por siempre.

Emmet hacía ahora un baile infantil, parecía un pollo piando y revoloteando a mi alrededor. Capté que lanzaba un par de miradas furtivas a su alrededor pero no le di importancia. Quizás si lo hubiera hecho habría estado más preparada para lo que se avecinaba.

No me dí cuenta de que había empezado a reírme de forma descontrolada. Sólo cuando los brazos de Edward rodearon mi cintura me percaté de que la música había cesado y de que yo daba vueltas sobre mi misma, chillando y riendo. Enrojecí al instante.

- No tienes nada de qué avergonzarte, Bella. Tu risa es maravillosa- me susurró con voz suave.

Soltó mi cintura e introdujo su mano derecha en el bolsillo de su chaqué para sacar de allí un hermosos pañuelo de seda blanco. Antes de que pudiera preguntarle nada habló

- Tengo una sorpresa para tí.


Hola!! si, ya sé que hace mil años que no actualizo y que me merezco los peores deseos que tengais. Así que no me quejaré si decidiís ignorar mi historia, de verdad.

(Emmet): eh! eh! Eh!!!! No dejeis de leer!!! Bailaré para vosotros!! No, mejor, jasper y edward bailarán para vosotros, un bailecito "especial"

(Jasper): ¡Emmet!!! POr qué no hablas sólo por ti??? Te voy a matar!!!! Bueno, seguid leyendo y por fin vereis a nuestro Edward haciendose un hombre y ahora Emmet!! ya puedes correr cinco estados que te cogeré!!!

Besos!!

Dadle al Go, para quejaros, gritarme, mostrarme vuestra indiferencia!!