.


Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

HASTA QUE TE ENCONTRÉ


.


Epílogo


.

.

DOS AÑOS MÁS TARDE...

El estrepitoso fragor de unos fuertes aplausos me hizo bajar la mirada llena de lágrimas de emoción, agradecida por el calor de todas aquellas personas que se encontraban frente a mí y a mi al rededor. En todo este tiempo, muchas veces había sentido la sangre correr por mis venas de esa manera tan rápida, la piel erizárseme hasta provocarme un escalofrío, las lágrimas agolparse en mis ojos… pero ese día todas aquellas sensaciones las percibía de manera diferente porque dominaban mi cuerpo por otra razón distinta a Edward.

Escuché como Emmett dejaba salir de su garganta un alarido que pretendía ser de orgullo hacia mi persona, y alcé la vista para tímidamente reprenderlo en silencio. A su lado, Edward, también sentado al lado derecho en la primera fila, me sonreía y aplaudía lleno de satisfacción tras mi primera rueda de prensa.

Podía escuchar los fuertes aplausos detrás de aquella cortina verde oscuro que ocultaban las fans que lograrían una firma. Y era eso, sobretodo, lo que conseguía ponerme como un flan.

Habían pasado solo ocho meses desde que por fin salió a la venta la primera edición de "La lucha de Lucius" y tardó muy poco tiempo en convertirse en número uno de ventas, para mi sorpresa. Pensaba que había tenido mucha suerte cuando la editorial a la cual envié mi trabajo se mostró tan interesada en él y me ofreció una oferta que casi acepté al instante. Había soñado muchísimo con empezar a publicar algunas de mis historias, y lo cierto era que uno de mis mayores miedos, a parte de llegar al público, era la opinión de la editorial.

Edward había sido un gran apoyo para mí en todo momento. Desde que decidimos seguir adelante con aquella relación tan sorprendentemente mágica había estado conmigo y había sufrido con mis inseguridades respecto a ese aspecto.

Leyó la obra cuando al fin la finalicé y, sorprendido por la similitud de algunas escenas con nuestros sueños, decidió cuándo era el momento idóneo para presentarla. Al final había decidido modificar, como bien llevaba pensando hacía tiempo, el final de la historia, y lo cierto era que Alice me había dado las claves un tiempo atrás cuando me había contado su verdad respecto a lo que nos pasaba a Edward y a mí en aquel entonces.

Lo único que hice fue terminarla como debía. Era muy cierto que aquella historia posiblemente podría llegar a pasar como la historia que vivimos Edward y yo en otra época porque nacía de mis pesadillas, y porque había descubierto que muchos de mis sueños posteriores coincidían con lo escrito. Así que la explicación de Alice fue el final perfecto para una historia tan dramática. Lucius y Livia podrían disfrutar plenamente de su amor en otra ocasión, como lo estábamos haciendo Edward y yo en esos momentos.

Los sueños habían desaparecido casi en su totalidad desde que Edward y yo tomamos la decisión de seguir adelante, y eso hacía que todo se volviese más extraño aun. Solo, curiosamente, en más de una ocasión todavía los teníamos después de alguna discusión, y por eso los dos habíamos coincidido que de una forma u otra parecían querernos conducir hacia el camino correcto, el cual terminaba en brazos del otro.

La mayoría de fotógrafos y periodistas desalojaron la sala de prensa de Cullen's Gallery y prepararon en pocos minutos un pasillo para comenzar la firma de libros.

Me levanté de mi silla y caminé hasta Edward, quien se acercaba también por delante de Emmett, Alice y Carlisle. Rose no había podido asistir al evento, al igual que Jasper y mi padre por motivos laborales, aunque sabía que mi rubia amiga y mi padre hubiesen disfrutado en ese evento tan esperado por todos.

Mi madre había decidido quedarse en casa haciéndole compañía a mi padre a pesar de los vanos intentos, por parte de él, para que me acompañara en ese día. Y bueno, qué podía decir. Estaba más que acostumbrada a los desplantes de mi madre.

Se había mostrado muy emocionada cuando le anuncié que estaba saliendo con Edward y también se mostró muy efusiva cuando le anunciamos que nos íbamos a casar así como en el día de nuestra boda. Pero ahí había quedado todo… Tenía la impresión de que Renee, a pesar del cariño que sabía que me tenía, no había nacido para ejercer de madre.

– ¿Estás nerviosa? – Preguntó Edward abriéndome sus brazos para darme un cariñoso abrazo.

–Más bien emocionada y excitada con todo esto. – Le contesté apartándome un poco para entrelazar nuestras manos. –He soñado tantas veces con estar en un lugar así y escuchar a todas esas personas a las que les ha encantado mi historia…

–Nuestra historia… – Susurró bajito, sonriendo y besando mi frente.

– ¿Qué tal la experiencia? – Preguntó Carlisle, el padre de Edward. Me miraba con aquella sonrisa tan paternal y bonachona de siempre. Me separé un poco más de Edward, pero sin dejar de sentir el contacto de su mano entre la mía.

–Increíble. Aunque creo que lo que me queda ahora es mejor. – Miré hacia la cortina que ocultaba el grupo de personas que en breves comenzaría a desfilar para conseguir una firma mía, y sentí como los ojos se me humedecían. – Es tan emocionante.

–Ey, cariño, no vayas a llorar. Estás guapísima. – Me dijo Alice acercándose hasta mí para rodear mi cintura con su brazo.

–No sé cuantas personas habrá pero ya estoy feliz de que al menos haya asistido alguien. – Confesé.

– ¡ ¿Y a caso lo dudabas? ! - Exclamó Emmett de esa forma tan traviesa e infantil que utilizaba a menudo. - Mira Belli, he salido un minuto antes de que acabaras la rueda de prensa y te aseguro que está abarrotado… ¡Eres una genia! – Me alabó sonriendo con esos hoyuelos tan graciosos que le salían a cada lado de la boca. Sentí como el estómago se me contraía al igual que el corazón me daba un fuerte latido y las manos me hormigueaban. Edward me dio un apretón tranquilizador en la mano.

– ¿Señora Cullen? – Escuché la voz de Zafrina tras de mí y me giré poniendo los ojos en blanco.

Me había casado con Edward hacía tan solo unos seis meses y aun me costaba adaptarme a mi nuevo apellido.

–Zafrina, llámame Bella, por Dios. – Le repetí por centésima vez desde que la conocí. La secretaria de Edward me miró con una pequeña sonrisa y la disculpa en la mirada. – ¿Es que nunca lograré que te dirijas a mí de la misma manera que te diriges a Edward?

–Disculpa, Bella. No logro acostumbrarme. – Yo solo le sonreí. – Ya están esperando. Cuando quieras…

Miré a mi familia sintiendo mi corazón latir con fuerza y escuchando las voces de mis admiradoras hablar a tan solo unos metros de mí. Mi suegro, mi cuñado y mi amiga me desearon suerte antes de alejarse a un rincón. Respiré hondo fijándome en aquellos ojos verdes que me miraban con orgullo y pasión.

–Seguro que son encantadoras… – Me guiñó el ojo. – Anda ve, voy a estar mirándote desde donde esté.

–Estoy tan feliz… – Me alcé de puntillas para dejar sobre sus labios un dulce beso, que aunque fue corto hizo que una vez más mi cuerpo se estremeciese.

–Te quiero. Nos vemos en un ratito. – Asentí y esta vez fue él quien se inclinó para besarme otra vez.

Mis fans comenzaron a desfilar y para mi sorpresa fue mucho más fácil de lo que hubiese esperado jamás. Mi libro estaba dirigido a una población adulta y muchas de ellas hicieron referencia a la calidad de mi escritura a pesar de mi juventud, consiguiendo que los colores llegasen a mis mejillas con muchísima facilidad.

–Te felicito, mi marido también se ha enganchado y eso que no quería leerlo. – Me comentó una chica frente a mí a la vez que observaba como firmaba. – Tengo una niña de dos años acostumbrada a escuchar los cuentos de su padre para lograr quedarse dormida, y desde que lee tu libro tengo que hacerlo yo. – Sonreí amablemente tendiéndole el libro firmado.

–Es un placer para mí poder estar aquí con todas mis fans. Es un sueño hecho realidad, así que gracias por haber venido. –La chica sonrió satisfecha y negó con la cabeza.

–Gracias a ti por dejar que disfrutemos de tu talento… ¡Si ya escribes así, no quiero ni imaginar con qué nos deleitarás en unos años más! – Bromeó.

Y era todo tan gratificante para mí… Incluso había firmado el libro de algún que otro hombre, cuando jamás hubiese imaginado que alguno de ellos hubiese deseado conocerme en persona y llevarse una firma mía.

Esto había sido mucho más de lo que nunca hubiese esperado. Permanecí al menos dos horas sentada firmando libros y dejando que alguna fan se hiciese alguna foto conmigo. Había sido testigo de algunas críticas en periódicos que recomendaban mi libro frente a un número insignificante de otras que lo consideraban "puras letras bonitas que cuentan una historia más de amor".

No me había molestado, tenía que aprender a leer y escuchar de todo ahora que la historia de Lucius y Livia era de carácter público. Me había sorprendido al ser informada de todas las copias que ya llevaba vendidas e incluso del boom que hubo hacía unos meses cuando la venta de las copias aumentaron por todo el mundo.

Eso me había hecho plantearme comenzar a escribir una segunda parte de la historia, y estaba segura de que sería bien recibida por todas aquellas personas.

La secuela trataría del reencuentro de las almas de Livia y Lucius en otra época. Aun no sabía el contexto en el que la desarrollaría pero me hacía especial ilusión transportarla a los dorados años veinte con aquellos vestidos de fiesta de flecos, esos complementos recargados o esos collares de perlas.

–Has estado maravillosa. – Me piropeó Edward cuando nos dirigíamos a casa de sus padres en el Vanquish.

– ¿Tú crees? – Pregunté con una enorme sonrisa, aun nerviosa.

– ¿Lo dudas? Nunca había visto tanta gente congregada en algún lugar. – Comentó él. Yo sonreí.

–Ha venido también una niña acompañada por su abuela para que le firmase el libro a su madre. – Suspiré. – Por lo poco que pude entender está enferma en una cama, y ella quería sorprenderla con la firma. – Sonreí emocionada.

–Es un gesto muy bonito. – Yo asentí mirándolo.

Sonreía de una forma tan hermosa como siempre, mostrando aquellos dientes blancos. Era tan guapo. Me felicité interiormente, otra vez, por ser consciente de la suerte que había tenido al encontrarlo. Ahora los sentimientos entre ambos seguían siendo inmensos pero de alguna forma u otra habíamos tenido que calmar nuestros impulsos y nuestra necesidad de estar todo el día pegados… ¡Y lo habíamos conseguido!

Caminamos juntos de la mano hacia la entrada en cuanto estacionó y me sentí ansiosa por ver a la personita que había logrado que mi atención se dividiera y que ya no perteneciese solo a Edward. Esme se acercó hacia nosotros con una Renesmee que no dejaba de estirar los brazos hacia mí con una expresión de lo más entusiasta y risueña. Se le cayó el chupete a causa de la risa de entre los labios.

– ¿Dónde está mi preciosa niña? – Le dije a mi pequeña, robándosela a Esme para llenarla de besos.

Y, evidentemente, mis cálculos y mis días no fértiles no fueron suficientes para detener a esa pequeña personita que aferraba sus bracitos alrededor de mi cuello con tanta insistencia. La concebimos de la manera más mágica y me sentí la persona más especial del planeta cuando confirmé mis sospechas, llenando a Edward de la misma dicha cuando se enteró.

Mi vida había vuelto a cambiar en tan solo un instante y en lugar de acoger la noticia de forma negativa, sorprendentemente me sentí feliz en el mismo instante en el que fui consciente de que sería madre. No me lo había planteado, de hecho hacía tan solo dos semanas que Edward y yo habíamos aclarado todo lo que nos estaba pasando.

Por alguna extraña razón estaba esperando a Renesmee, y fui consciente de lo mucho que la deseaba en ese pequeño instante en el que el predictor marcó la señal positiva.

– ¿Y no hay nada para papi? – Edward, a mi lado, me había soltado la cintura para prestarle toda la atención a aquella pequeña.

Renesmee me miró una vez más y después sonrió a su padre con esos pequeños dientes recién estrenados estirando sus bracitos hacia él.

–Aquí está mi bichito… – Susurró Edward empezando a hacerle cosquillas con los labios en su cuello. Sonreí al observar como Renesmee se carcajeaba.

–Papi, papi, papi… – Exclamaba entre risas. Elevé la mano para colocarle bien el vestidito de atrás.

Lo más difícil había sido que mi padre aceptase mi embarazo. Esme y Carlisle también se sorprendieron, pero lo aceptaron de buen grado sabiendo que Edward hacía lo correcto. Charlie había sido otro asunto. Mi padre no daba crédito a lo que había pasado en tan poco tiempo con aquel chico que había aparecido sin avisar en mi apartamento.

Me repitió muchísimas veces, hasta el cansancio, que lo pensase bien, que aun era joven, que tenía toda una vida por delante y que lo mejor para mí era conocer al chico con el que apenas había empezado a salir antes de querer formar una familia. Y no podía quitarle la razón. Un padre normal desearía que su hija hubiese sido más sensata. Y ahí estaba yo, saltándome todas las lecciones impartidas vergonzosamente por mi padre sobre sexualidad.

Pero, aunque le costó admitir que Edward era un buen chico, parece que mi perfecto guerrero moderno terminó ganándoselo yendo de pesca con él un par de veces durante un fin de semana que fuimos a visitar a mis padres a Rainier. ¡La pesca y mi padre! Al volver cruzó la puerta dándole una palmada de lo más amistosa en la espalda a mi flamante novio, dejándome sorprendida.

Observé tiernamente como Renesmee abrazaba a su padre y como él seguía jugando con ella provocándole carcajadas.

– ¿Y cómo ha ido? – Preguntó Esme, verdaderamente interesada, pasándome un brazo por la cintura.

La madre de Edward se había comportado siempre como una madre para mí, e incluso, a veces, me era imposible no compararla con mi propia madre. En ocasiones me hacía sentir más hija suya, y eso me apenaba.

– ¡Bien! Muy bien, ha sido increíble. – Le contesté. – Gracias por quedarte con ella. – Agradecí observando como mis dos amores tomaban asiento en el sofá junto a su abuelo Carlisle, padrino Emmett y madrina Alice. Emmett se la acababa de robar a su hermano.

–¡Pero si la agradecida soy yo! Renesmee es adorable, cariño. ¿Quieres algo de beber? Aun estoy metida en la cocina preparando la comida. – Su brazo rodeó mi cintura y yo miré hacia Edward, quien tenía de nuevo a Renesmee en su poder. Tenía los ojos cerrados dejando que nuestra pequeña le hiciera todas las perrerías habidas y por haber en su hermoso rostro de Dios. Sonreí.

–Vamos, te ayudaré. – Le dije mirando de reojo como Alice se levantaba para acompañarnos.

La comida en casa de mis suegros estuvo bien. Un poco antes de comenzar vinieron Rose y Jasper. Mi amiga había empezado a salir con Emmett unos meses después de conocerlo para mi sorpresa. Rose había vuelto a confiar en los hombres y lo que era mejor era, que a pesar de que Emmett solía sacarla de sus casilla muy a menudo con algunos comentarios inoportunos y naturales para él, sabía que ella lo seguiría hasta el fin del mundo. Solo hacía falta observar cómo lo miraba para saber que era el hombre de su vida.

Suspiré mirando hacia el día espléndido que hacia ese 23 de marzo, y dejé a mi pequeña jugando con toda la familia para salir al jardín y respirar. Corría un poco de aire y eso provocaba que hiciese fresquito, pero la chaqueta de lana que llevaba era suficiente para combatirlo.

Llené mis pulmones de aire, rodeada de los árboles y las flores que adornaban el jardín y cerré los ojos mirando hacia el cielo, satisfecha y agradecida por todo lo que la vida me estaba ofreciendo. Había logrado publicar con éxito mi libro, que era uno de mis mayores sueños, pero sin pensarlo me había encontrado por el camino al hombre de mi alma y a aquella pequeña criatura que llegó por sorpresa. También había encontrado a dos personas que se comportaban como si fuesen mis propios padres, Carlisle y Esme, y por si fuera poco había conseguido a un hermano, Emmett.

Todo parecía estar perfecto en mi vida, y lo único que deseaba era, que a pesar de que Edward y yo a veces protagonizábamos algunos enfrentamientos sin importancia, y que Renesmee a veces se llevase alguna regañina, todo siguiese tan bien.

Sentí entonces los brazos de mi guerrero moderno alrededor de mi cintura, apretando mi espalda contra su duro pecho, y sus labios dejar un húmedo beso en mi cuello que consiguió erizarme la piel de pies a cabeza.

– ¿No estás muy solita? – Me susurró dejando un pequeño mordisquito en el lóbulo de mi oreja, para mi deleite. Jadeé involuntariamente, siempre tenía ese poder sobre mí.

–Edward… – Le regañé en un murmullo, dándome la vuelta. Le sonreí al ver que él lo hacía y elevé los brazos para rodear su cuello y acercarme más a él.

–Tengo ganas de llegar a casa. – Murmuró sobre mis labios. – Espero que estén casando mucho a Renesmee, porque esta noche te quiero para mí.

La pequeña de la casa llevaba tres noches seguidas llorando, sin dormir y de ese modo prohibiéndonos a Edward y a mí descansar y estar tranquilos. Así que era muy comprensible que Edward desease que cayese rendida esa noche.

–No seas malo… – Le regañé a medias. Él elevó una ceja divertida.

–Será que tú no me echas de menos… – Susurró arrastrando sus labios suavemente por la línea de mi mandíbula descendiendo hasta mi cuello y dando otro beso más allí. Cerré los ojos al sentir las sensaciones de nuevo latentes en cada parte de mi cuerpo.

–Me haces sentir tan vulnerable… – Contesté concentrada en las caricias que sus manos le daban a mi cintura, y sus labios sobre la piel de mi cuello, ahora ascendiendo hasta mis labios para atrapar el inferior entre los suyos.

–Tú también a mí, mi amor, no lo dudes. – Murmuró besándome de verdad, en serio, con una de sus manos enterrada en mis cabellos y sus labios acariciando candentemente y de forma suave los míos. Sonreímos los dos al separarnos.

– ¿Entramos? – Él suspiró demostrando con su expresión que no tenía muchas ganas, pero me beso por última vez y luego me soltó para entrelazar nuestras manos.

Cuando entramos al comedor, todos estaban inclinados hacia la televisión con sumo interés, escuchando una noticia. La única que no estaba inclinada era Alice, quien sonriendo me miró jugueteando con Renesmee, la única ajena a lo que estaba pasando.

Edward y yo escuchamos atentos también. Sabía que él disfrutaba con esos temas y, sin duda, yo había aprendido a disfrutar también de ello.

– … restos de diversos tipos de piedra que se utilizaban en el año 800 para la construcción y una civilización con forma de Imperio que podría llegar a ser un gran descubrimiento, pero como hemos dicho antes, lo que más ha impresionado al grupo de arqueólogos, ha sido esa escultura en forma de soldado que parece estar casi intacta. ¿Qué nos cuentas desde el este de Madaba , en Jordania, Elisabeth?

La imagen de la corresponsal salió en pantalla delante de un inmenso desierto y de un montón de personas que notablemente trabajaban en el terreno marcado con cuerdas y demás artilugios.

Sí, Caroline. – Afirmó esta, colocándose bien el auricular de la oreja. –Se trata de un gran reto. Como bien has hecho referencia los arqueólogos en estos momentos están analizando la escultura que han encontrado hace a penas tan solo unas horas. Y es que no creen que fuera tallada en su momento como un culto a algún Dios por la indumentaria de guerra que viste el hombre, desconocida hasta el momento si miramos hacia atrás a otras esculturas de este tipo que sí estaban dedicadas a estos seres sobrenaturales. Por otra parte cabe mencionar que el sujeto que quedó congelado en esa piedra de origen desconocido, y que parece estar situado en una especie de plaza, aunque aun estamos atentos a que confirmen ese dato de localización, muy probablemente fuera un sujeto de gran renombre que se ganó ese lugar aquí. –Terminó sonriendo.

Muchas gracias, Elisabeth. Mantendremos el contacto durante todo el informativo. – Y cambió de tema.

Pero eso no consiguió que una sensación extraña se me colase en la boca del estómago y que la historia de Alice volviese a mi memoria. Había dicho que cuando Edward murió en aquel entonces, yo había llevado a nuestro hijo a ver la escultura que le habían dedicado… ¿Por qué sentía esa extraña sensación? Quería verla…

–La quiero… – Dijimos Edward y yo al unísono. Nos miramos a los ojos extrañados al principio, pero sonriendo a continuación al adivinar qué era lo que pasaba por nuestra cabeza.

No le había contado nada a Edward sobre lo que Alice me había contado hacía ya dos años, pero en esos momentos estaba segura de que era el momento adecuado para que él también supiese lo que yo sabía. Y era libre de creer o no creer. Yo cada vez me mostraba menos escéptica al escuchar según qué cosas, y estaba segura de que a él le pasaba lo mismo.

Miré a Alice por el rabillo del ojo. No me dijo nada, pero sonrió conscientemente, y ahí supe que no cabía otra posibilidad… Aunque no podía dejar de pensar tampoco en la casualidad de que el mismo día de mi primera rueda de prensa saliese a la luz el descubrimiento de esa escultura.

Era para morirse de miedo y sin embargo me encontraba más feliz que nunca.

Edward sacó en seguida el móvil de su bolsillo y se retiró. Esa escultura tenía que terminar con nosotros, de una forma u otra.

El silencio se abrió paso cuando me silencié, esperando una contestación por su parte. Le había contado la supuesta historia que nuestras almas habían vivido en un pasado lejano, y le había hablado de la idea que se me había pasado por la cabeza al escuchar la noticia en casa de sus padres y de la mirada que me había dirigido Alice.

Por fortuna Renesmee había caído rendida después de la tarde de juegos que había tenido con todos sus tíos, y dormía plácidamente en su habitación.

Edward parecía estar procesando todas las palabras que habían salido de mis labios. Me acerqué un poco más a él en la cama, aun desnuda, y acuné su rostro con mis manos.

– ¿Qué es lo que piensas? – Pregunté preocupada. Él elevó las cejas.

–Que si el hombre tallado en esa piedra fui yo en alguna otra época, no entiendo qué debí hacer para que el Emperador confiase en mí de esa manera y quisiese que quedara en el recuerdo de todo el mundo. – Sonreí tiernamente y tiré de él para que nos tumbáramos quedando de lado.

–Yo sí lo entiendo. – Él frunció el ceño. – Si fuiste tan increíble como eres ahora es normal que confiase en ti. – Puse los ojos en blanco y reí cuando comprobé que aun me miraba sin saber a qué me refería. – Vamos, ¿Qué quieres? Que te haga una lista de tus cualidades?

–Amarte a ti y a Renesmee es una buena cualidad. – Comentó acariciando con su mano mi cadera.

–También que seas cariñoso conmigo y con nuestra hija, que nos alegres el día con una broma absurda o con una mirada significativa. – Él me sonrió y yo le acaricié la mejilla. – Que sepas cuál es el límite de los caprichos de Renesmee, que me ayudes a hacer la comida y a fregar los platos, que te disculpes cuando haces algo mal y terminas dándome la razón y que defiendas tu postura cuando crees que la mía no es la más correcta pero que la respetes cuando no encuentras otra salida. – Hice una pausa y besé sus labios. –También que nos piropees, que nos apoyes, que nos hagas sentir como si perteneciésemos a la alta monarquía europea… ¿Quieres más? – Él rio entre dientes con un brillo especial en los ojos.

–Sí, por favor. – Llevé mi mano a su pecho y sentí como se estremecía.

–Que nos antepongas al trabajo siempre que es posible. – Sonreí bajando mi mano por su estómago lentamente. – Que me des siempre lo mejor de ti, que me hagas sentir como nunca nadie me ha hecho sentir, que me encontrases y que a pesar de todo supieses que era YO.

–Bella… – Susurró con la voz ronca cuando mi mano llegó a su objetivo. Acaricié con adoración aquella parte de él que era capaz de hacer que tocase el cielo con la punta de los dedos.

–Y además eres tan complaciente… – Mi voz había adoptado ese tono ronco tan característico del deseo.

En un movimiento rápido quedé debajo de su cuerpo y el mío terminó de encenderse cuando sentí sus labios en mi cuello. Un silencioso gemido salió de mis labios antes de que él se irguiese para mirarme.

–Esa escultura será nuestra, preciosa. – Murmuró antes de besar mis labios y acariciar con su miembro erecto mi feminidad ansiosa. –Te amo, para siempre.

–Y yo también, para siempre. – Contesté antes de que nuestros cuerpos volvieran a fundirse una vez más.


.

Bueno chicas, pues hasta aquí llegó mi aventura. Muchísimas gracias a todas por opinar a través de los rr. Yo he disfrutado muchísimo escribiendo la historia y más después, compartiéndola con todas vosotras y haciéndoos partícipe de ella. Espero de todo corazón que os haya gustado, y no sé si os esperabais que encontrasen la escultura dedicada a Edward, pero ahí está jajaja.

Otra vez más, muchísimas gracias a vuestros rr, y a los favoritos y alerts.

Reques... mil gracias a vosotras también... :)

Un besazo enorme, y espero que todas volvamos a encontrarnos en otra ocasión con una historia diferente... :)