Bueno, a pesar de mi retraso, aquí les traigo la tan ansiada continuación. Es una de mis favoritas y creo que también de una personita que conozco. Bueno, tengo algunas noticias que darles:

1. Las continuaciones, oficialmente, se harán todos los Lunes.

2. Hay una nueva histora de Zero que ya está lista para ser publicada. A los interesados:

-Nombre: "Perfectos"

-Tipo: Universo Alterno

-Publicación: Lunes 04 de Agosto 2008

-Rango: M (¡Oh yeah!)

Eso es todo, disfruten de la continuación y perdón por no poder dejar los agradecimientos como acostumbro.


La Vida Que no Elegí

Zero no Tsukaima

Todo era normal con ella. Iba a terminar la Universidad, su familia era pacífica y nada podía alterarla. ¿Un accidente, tal vez? Cambio de vida, nuevos desafíos y peligros. Secretos ocultos acerca de su pasado y ahora presente. Se le ha encomendado una misión que ni ella misma está segura de poder cumplir. Ha perdido su libertad, ahora vive con miedo de ser herida o herir a otros. Ya ha perdido mucho y no está dispuesta a perder más. Mucho menos ahora que el amor ha vuelto a golpear en su puerta, mas sin embargo, no es un rostro desconocido. ¿Qué serías capaz de hacer para proteger al amor de tu vida y a la vez, mantener a salvo el mayor tesoro familiar? ¿Qué darías por su bienestar y protección?

-…- (Diálogos)

-"…"- (Pensamientos)

Blah blah blah (Flashbacks)

(…) (Notas de la autora)

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Sólo hago uso de ellos para crear una historia que me mantenga entretenida durante toda la tarde, al igual que a ustedes, los lectores.


Cáp. 11: Medidas Desesperadas

Abrió de un jalón la puerta de su auto y entró con velocidad. Sacó las llaves y encendió el motor. Miró tras de sí mientras ponía la reserva y de un volantazo se acomodaba en la salida para salir rápidamente. Debía de llegar con Louise rápido, puesto que temía que algo malo le fuera a pasar ahora que sabían de su relación con él. Cualquiera pensaría que es extraño que se preocupe más por ella que por él, pero, no puede mandar a su corazón que le indica que vaya con ella y que haga lo posible para protegerla. Estaba tan absorto en sus pensamientos que jamás se dio cuenta del vehículo que había salido segundos después que él, y que lo seguía a una distancia prudente.


Louise caminaba de un lado a otro mientras miraba de reojo el reloj que colgaba de su pared. Desde el sillón la miraban ambas chicas, quien ya se habían contagiado de la angustia de la pelirosa. Kirche suspiró, poniéndose en pie y caminar hacia ella.

-Estate tranquila--pidió—Dijo en quince minutos y estoy segura que cuando llegue te llamara para que bajes, así que relájate—añadió.

-Sí, pero no puedo estar en paz sabiendo que él posiblemente ya esté metido en esto—dijo molesta consigo misma.

-Sabe cuidarse solo—dijo Tabitha mirándola—No te preocupes más.

-No lo puedo evitar—respondió con sinceridad, sus mejillas sonrosadas la delataban.

-En cualquier momento te habla y te dice que dónde estás, por que tiene un buen rato esperando en la recepción—dijo la pelirroja guiñándole un ojo. La joven Valliére quiso creerse eso y sonrió.

-En ese caso, bajaré para esperarlo en la puerta, ¿vienen?—preguntó poniéndose en pie.

-Claro—respondió Kirche igualándola; Tabitha también se levantó sin decir palabra alguna y las tres salieron del departamento con falsa tranquilidad. Había algo muy en el fondo de ellas que les indicaban que algo malo estaba sucediendo.


Pisó el acelerador nuevamente, mientras miraba una y otra vez por el espejo retrovisor. Hacía poco menos de dos minutos que se había dado cuenta del vehículo que lo venía siguiendo. Siempre atrás de él, separados por otro coche, pero vigilándolo todo el tiempo. Gruñó completamente molesto consigo mismo. Era una trampa, ellos sabían que los llevaría con Louise y allí…; no quería ni pensar lo que sucedería. Debía de pensar en algo rápido para salvar a la chica; él podría esperar, además de que conocía Tokio como la palma de su mano. Miró su celular y en un sigiloso movimiento se acomodó el manos libres y presionó remarcar. Vio la próxima salida y entró derrapando. Se fijó en el espejo y sí, ahí estaba, todas sus sospechas ahora estaban más que seguras. Escuchó como llamaban y tragando saliva y sintiendo su sudor correr por su frente oraba para que la chica contestara y le advirtiera del peligro y que lo más seguro es que ya no se verían por un tiempo. Debía de alejar a los tipejos lo más posible de ella.

-¿Qué pasa, Saito?—preguntó la chica al parecer tranquila--¿Por dónde vienes?--.

-Hay un pequeño problema—dijo mordiéndose un poco el labio—Era una trampa y por poco caigo en ella—explicaba mirando nuevamente por el espejo y metiéndose entre carros—Me están siguiendo, querían que los llevara contigo—seguía—Los llevaré fuera de la ciudad, tú mientras busca un lugar mucho más seguro para esconderte—murmuraba ahora tragando saliva—Suceda lo que suceda, no me busques—finalizó apretando sus manos contra el volante.

-¿Cómo?—preguntaba anonadada—No, Saito, espera…

-Lo siento—dijo cerrando su celular, dando por finalizada la conversación.Sus ojos cristalinos volvieron al frente y entre profundos respiros trataba de tranquilizarse. Ella le había dicho que no deseaba meterlo en esto, pero él no pudo evitarlo. No quería perderla para siempre, y si lo hacía, que fuera él quien terminara sufriendo, no ella. Era lo mejor, lo sabía en su interior y borraría cualquier otro pensamiento que le dictara lo contrarío.


-Louise, vamos, reacciona—pedía Kirche mirándola totalmente pálida, mirando a un punto indefinido de la calle y con lágrimas corriendo por sus mejillas. Termblaba de pies a cabeza y de repente, cayó de rodillas--¡Louise!—exclamó asustada.

-Saito, Saito—repetía ida—Lo van a matar, harán lo mismo que con mis padres, no, no…

-Reacciona, ¿Qué sucedió?—pedía agitándolo--¿Le pasó algo a Saito? ¡Louise!—exclamó asustada por su reacción. La pelirosa giró un poco para verla, pero sus ojos no reflejaban nada—Louise…

-Tengo que hacer algo—dijo de la nada, poniéndose de pie—No permitiré que le hagan nada—gruñó corriendo hacia la calle y deteniendo un taxi.

-¡Louise, espera!—exclamó la pelirroja, siendo seguida por Tabitha--¿¡Qué piensas hacer!?—preguntó tomándola por un brazo para que se detuviera--¿¡A dónde vas!?--.

-Por un automóvil, dos pueden jugar el mismo juego—dijo completamente decidida—Yo lo metí en esto y seré yo quien lo saque—añadió zafándose del agarre de su amiga—Ustedes vayan a buscar un lugar donde resguardarse, yo voy con Saito--.

-¡Eres necia!—exclamó Kirche notablemente molesta--¡Qué acaso no te entró en tu dura cabeza que vamos contigo en todo y que no te vamos a dejar sola!—agregó apretando los puños para no golpearla.

-¡Aquí tienen el mejor ejemplo de lo que sucederá si se quedan conmigo, por qué no lo entiendes!—le dijo clavando sus ojos fieros en los de ella. No vio venir lo siguiente, sólo sintió el dolor en su mejilla y después como Kirche se llevaba una mano al pecho y sollozaba.

-Louise, ¿qué acaso no confías en nosotras?—preguntó Tabitha acercándose después de haber visto la escena armada por esas dos. La joven las miró e hizo un increíble esfuerzo para no soltarse a llorar.

-Lo siento, pero lo mejor será que nos separemos momentáneamente—dijo clavando sus uñas en las palmas de sus manos.

-Eso si que no—dijo Kirche desde atrás, asustando a la pobre chica—Vamos contigo y fin de la discusión, en el camino pensaremos qué hacer, Saito no puede esperar—dijo moviéndose dentro del taxi para que las otras dos chicas se sentaran dentro.

-¿Cómo te escabulliste así?—preguntó Louise cuando la puerta se cerró.

-Eres demasiado despistada—dijo mirándola—Y creo que no sería mala idea que pusieras más atención—añadió mientras medio escuchaba como Tabitha le decía la hombre donde ir.

-¿A qué agencia?—preguntó la chica de lentes, girándose hacia ambas. Louise miró a la chica y sonrió ampliamente. Era hora de la venganza…


Ya estaba llegando a las afueras de la ciudad y al parecer esos hombres ya se habían dado cuenta de que los estaba llevando en círculos, angostos callejones y empedradas y maltratadas calles. Tragó saliva mientras daba un giro rápido para entrar en una nueva calle que al inicio parecía ser completamente plana, pero después de pasar un tope, comenzó una empinada pendiente. Vio como pronto la bajada terminaba y tuvo que girar por completo el volante para esquivar la pared que parecía acercarse a toda velocidad. No pudo por completo, y dio un golpe, provocando una pequeña abolladura del lado derecho del frente del BMW, haciendo colapsar parte del faro. Soltó un gruñido mientras veía al dichoso auto bajar también. Cambió la palanca de velocidades y pisó el acelerador, entrando por una nueva calle. Ya no sabía bien en donde se encontraba, pero no le daba mucha importancia a ese simple hecho, lo que más deseaba era encontrar una salida para perderlos por completo.

Al fin pudo ver una calle más ancha y salió a toda velocidad. Pero lo que encontró al frente le dio como un puñetazo en la cabeza. Verde, todo era verde. Eran plantíos de arroz y estaba sobre una calle sin pavimentación y llena de charcos con lodo. Estaba demasiado lejos de la cuidad. Miró a su alrededor, no sabía para donde irse. Escuchó el motor del auto tras él y giró a la derecha, subiendo una pendiente y encontrándose con una calle del mismo tipo que parecía llevar a una zona habitada. Con las manos temblándole sujetaba el volante y miraba continuamente por el espejo retrovisor. Escuchó una especie de chillido sonar de repente dentro de su auto y prácticamente saltó soltando un grito. Miró al celular que vibraba y sonaba anunciando una llamada. Lo tomó y vio el número.

Louise…

Tomó aire y contestó. Tal vez su voz lo relajara lo suficiente.

-¿Te encuentras bien?—fue lo primero que escuchó.

-Sí—dijo tragando saliva--¿Y tú?--.

-Bien—respondió la chica con voz seria--¿Dónde te encuentras? ¿Ya los perdiste?—preguntaba al parecer concentrada en algo.

-No—respondió con sinceridad—Pero casi lo logro—añadió para tranquilizarla, mintiendo un poco.

-¿Dónde estás?—preguntó nuevamente, molesta y perdiendo la paciencia. Él guardó silencio. Si le decía, vendría inmediatamente, aunque para ser sincero, ni él mismo sabía en donde se encontraba y ese parecía ser su mayor problema--¿Saito?—interrogó ella.

-Tengo que irme—dijo entrando en una nueva calle.

-¡No te atrevas a colgarme!—exclamó ella y eso fue lo último que escuchó antes de hacer todo lo contrario a lo que le acaba de gritar. Lanzó el celular al asiento de al lado y volvió a concentrarse en el camino.

Vio una entrecruzada de calles y después volteó hacia el espejo, encontrándose que el dichoso auto ya no estaba tras él. Suspiró tranquilamente cerrando los ojos, pero al abrirlos vio el automóvil frente a él, completamente quieto en el cruce. Pisó el freno rápidamente, deteniéndose por completo a menos de un metro de los agresores. Era oficial, estaba totalmente perdido.

-Hiraga Saito—dijo uno de los hombres que ya se bajaban del vehículo—Ven con nosotros, tenemos algunas preguntas qué hacerte—añadió sonriendo. El chico estaba a punto de poner la reversa, cuando un arma le apunto directamente a la cabeza—Baja del auto, ahora—ordenó quitando el seguro del que parecía ser un revolver. Echando maldiciones abrió la puerta y lentamente bajó, respirando entrecortadamente y sudando mucho. Al menos todo esto había valido la pena, Louise ahora mismo se hallaría lejos y totalmente fuera de peligro. Iba a dar el primer paso, cuando comenzó a escuchar algo que acercaba con velocidad.

-¿Pero qué…?—comenzaba a decir uno de los hombres antes de que un imponente auto negro golpeara con violencia al coche blanco, haciéndolo deslizar hasta el desnivel de la calle y rodar por la baja pendiente. Los dueños de este se lanzaron al piso para esquivar el "tanque" que les acaba de arrollar. Saito dio un brinco hacia atrás al ver qué tipo de coche era. Una Hummer H2 de color negro, con los vidrios polarizados estaba estacionada frente a él. Escuchó los gemidos doloridos de los hombres que también se giraban para ver el auto. Vio como uno de ellos ya sostenía el arma, dispuesto a disparar, pero antes de que lograra apuntar se lanzó contra él, obligándolo a soltar el arma al darle un par de fuertes puñetazos en la cara. Se quitó rápidamente al escuchar como la puerta de la camioneta se abría y una persona bajaba. Las palabras se le atoraron en la boca cuando se acercó a él y tomó el arma del hombre que acababa de golpear y volvía a ponerle el seguro para después guardarla bajo su blusa. Lo miró por unos segundos y se llevó ambas manos a la cadera.

-Eres un idiota—le recriminó.

-Lo…Lo…Louise—decía entre trabas--¿Cómo me encontraste?—preguntó obligándose a sí mismo a hacer trabajar nuevamente su atontado cerebro.

-No eres el único que tiene aces bajo la manga—dijo sonriendo—Ahora ven antes de que despierten—añadió tendiéndole la mano.

-Pero, es que…--decía sin creérselo aún, levantándose siendo ayudado por la joven--¿De dónde la sacaste?—preguntó apuntando a la imponente camioneta, que parecía no tener ni un rasguño.

-De la agencia—respondió burlescamente, caminando hacia ella—Vámonos—le ordenó cerrando la puerta del conductor, donde ella ya había subido—Saito…--lo amenazó.

-Voy—respondió completamente mudo. De todos los posibles milagros que pudieron haber ocurrido, sucedió el más increíble. Subió ayudándose de un soporte y cerró la puerta--¿Por qué viniste?—preguntó ajustándose el cinturón de seguridad.

-No te voy a dejar solo cuando fui yo quien te metió en esto—respondió encendiendo la camioneta.

-Te pudo haber pasado algo—dijo mirándola.

-Lo mismo te digo a ti—contraatacó mientras giraba el volante para volver a tomar el camino por donde había venido.

-Fue algo estúpido—gruñó esquivando la mirada de la joven.

-Lo sé—respondió—Por eso te pido que no lo vuelvas a hacer—dijo sonriendo.

-¡Pero si lo digo por ti!—le dijo casi a gritos.

-Cállate—le ordenó molesta—Tenemos que ver a dónde iremos—dijo suspirando—Tokio ya no es seguro—añadía—Tal vez al caribe…

-¿Tú y yo?—preguntó visiblemente esperanzado--¿Y Kirche y Tabitha?—volvió a preguntar orando para que se le haya echo el milagro.

-Atrás de ti—respondió como si nada. Se giró al instante viendo a ambas chicas. Kirche saludándolo con una pierna cruzada sobre la otra y Tabitha leyendo un libro bastante grueso.

-Era demasiado bueno para ser verdad—dijo aguantando las ganas de ponerse a llorar ante las falsas ilusiones que ya se había hecho.

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Continuará…

¡Nos veremos en el próximo capítulo!

¡Gracias a todos!

atte: TanInu

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